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Un décimo escenario para la guerra de Ucrania: solución negociada ya

https://global-strategy.org/un-decimo-escenario-para-la-guerra-de-ucrania-solucion-negociada-ya/ Un décimo escenario para la guerra de Ucrania: solución negociada ya 2023-06-18 17:28:00 José-Miguel Palacios Blog post Estudios de la Guerra Guerra Rusia - Ucrania

Most of the factors discussed so far (…), if they are reasons for one side to welcome negotiations at a given time, are reasons for the other side to shun them at the same time. That is, they are zero-sum: what strengthens the bargaining position of one belligerent weakens that of its enemy.

Paul Pillar (1983)[1]

En su frecuentemente citado libro de 1983 (Negotiating Peace), Paul Pillar[2] nos indica que el análisis de múltiples ejemplos de los siglos XIX y XX sugiere que “la mayor parte de las futuras guerras terminará con un acuerdo negociado”[3]. ¿Se aplica esta regla también o la actual guerra de Ucrania o nos encontramos, quizá, ante un “caso desviante”?

Javier Jordán ha presentado de manera sistemática algunos de los múltiples escenarios plausibles sobre la evolución del conflicto ucraniano[4] y puede resultar significativo que solo uno de los nueve que él considera esté basado en un acuerdo de paz que ponga fin al conflicto. Se trata, en cualquier caso, de un escenario que se materializaría en “un medio plazo ampliado” y que requeriría una previa “renovación de las élites dirigentes en Rusia”[5].

En este texto exploraremos la posibilidad de añadir al esquema de Javier Jordán un décimo escenario basado en que una negociación entre las partes pueda acabar con la guerra ya a corto o medio plazo.

Aquí de qué se trata

Cualquier ejercicio exitoso de resolución de problemas debe estar basado en un diagnóstico correcto de la cuestión que hay que resolver. También es este el caso. Aquel que quiera detener esta guerra deberá, en primer lugar, comprender bien su esencia y su complejidad. Y, en primer lugar, habrá de asumir que nos encontramos ante una ‘guerra trinitaria’ que, siendo una, consta de tres componentes claramente diferenciados, tres componentes que poseen una cierta autonomía:

a) Guerra internacional. La guerra de Ucrania es, en primer lugar, un conflicto armado entre dos países independientes. Es la primera idea que nos viene a la cabeza y, para muchos observadores, la única. En general, la actitud occidental hacia este conflicto está basada en el convencimiento de que, en esencia, se trata de una guerra internacional, por más que los contendientes (como, por otra parte, ocurre casi siempre) puedan contar con apoyos externos.

b) Guerra civil. La guerra de Ucrania puede considerarse también como una guerra civil de las muchas que han acompañado la desintegración y reordenación del antiguo espacio postsoviético. Cuando Rusia atacó a Ucrania en febrero de 2022, dos tercios de los rusos y de los ucranianos habían nacido antes de 1991, es decir, habían sido ciudadanos soviéticos, compatriotas. Entre estos antiguos compatriotas se encuentran los presidentes Putin y Zelenski, así como los generales que dirigen las operaciones en ambos bandos. Además, algunos de los dirigentes y bastantes de los soldados que combaten en el lado ruso son ciudadanos ucranianos (o lo eran hasta 2014). Es el caso, por ejemplo, de Aksionov, el líder de Crimea, o de Pushilin, el de Donetsk. Más aún: Vladimir Saldo, el gobernador en funciones de la parte rusa de la provincia de Zaporozhie, era hasta 2022 diputado en la Rada Suprema de Ucrania.

c) Guerra ‘por delegación’ entre Estados Unidosy Rusia. Para los rusos, este es el aspecto principal, el que da sentido a los tres, los alimenta y los explica.

Si no abordamos los tres componentes de esta trinidad bélica, es muy difícil que podamos avanzar hacia una solución negociada.

Ventana de oportunidad

Para negociar en serio, de forma que pueda llegarse a una solución aceptable para las partes, es preciso que todas ellas estén interesadas. Y, en general, estarán interesadas si esperan obtener de la negociación más de lo que obtendrían si continuaran la guerra. Por otra parte, para que haya negociación deben estar interesadas las dos partes, algo que muy difícil de conseguir. Si al bando B le están yendo mal las cosas en el campo de batalla, le interesará parar y negociar una solución de compromiso, pero, por el mismo motivo, el bando A puede querer extender su buena racha en la confianza de que su situación relativa continuará mejorando. Hay que esperar (o crear) una ‘ventana de oportunidad’ en la que, quizá por razones distintas, los dos bandos estén interesados en el fin negociado del conflicto.

Es lo que ocurrió, por ejemplo, con la guerra de Bosnia en 1994-1995. Los años de sanciones, el aislamiento internacional y el desgaste de los combates habían reducido considerablemente la ventaja inicial de los serbobosnios, que en los meses de agosto-octubre de 1995 perdieron una proporción significativa del territorio que controlaban. Croatas y bosniacos, por su parte, aunque llevaban ventaja en el campo de batalla, eran conscientes de que dependían por completo del apoyo occidental y, por tanto, de que no podrían ir más lejos de lo que Estados Unidos y sus aliados aceptasen. Los acuerdos de Dayton son fruto de la ‘ventana de oportunidad’ que entonces se abrió.

Puede surgir una ‘ventana de oportunidad’ por agotamiento simultáneo (o casi) de ambos contendientes, aunque este tipo de ventanas, más que a una solución negociada, puede conducir a la congelación del conflicto (el escenario 5 de Javier Jordán). En el caso que nos ocupa, Rusia ha resistido bien hasta ahora las sanciones que Occidente le ha impuesto y, al presente nivel de enfrentamiento, puede aguantar aún varios años. En cuanto a Ucrania, en la práctica un ‘estado fallido (…) permanentemente subsidiado’[6], puede resistir tanto tiempo como dure el apoyo externo que actualmente recibe.

Occidente como facilitador de las negociaciones

En Occidente, la guerra de Ucrania se ve, casi exclusivamente, como un conflicto armado entre dos potencias regionales. Un conflicto en el que el propio Occidente no está directamente implicado, aunque ayude, como es su obligación moral, a la parte agredida (que, además, resulta ser la más débil). En este marco, Estados Unidos y otros países occidentales pueden verse a sí mismos como facilitadores de un eventual proceso negociador entre Rusia y Ucrania. Es ese el papel que asumieron Alemania y Francia durante las negociaciones que condujeron a los acuerdos de Minsk (2014-2015).

El ejemplo de la guerra de Bosnia nos sugiere que, en determinadas circunstancias, Occidente puede ayudar a crear la necesaria ‘ventana de oportunidad’ graduando los palos y zanahorias que ofrece a cada uno de los contendientes. ¿Funcionaría este enfoque si queremos avanzar hacia una solución negociada de la guerra de Ucrania? Probablemente, no. Por tres motivos principales:

a) En 1994-1995, la diferencia de poder entre los serbobosnios (incluso si hubieran contado con el pleno apoyo de la República Federal de Yugoslavia, que no fue el caso) y Occidente era abrumadora. Además, la parte serbia carecía de medios con los que pudiera disuadir a Estados Unidos y Occidente de intervenir de manera directa en el conflicto, aunque fuera en pequeña medida. En el caso que nos ocupa, la diferencia de poder entre Rusia y Estados Unidos es muy considerable, pero no extrema. Frente a una Republika Srpska (y a una República Federal de Yugoslavia) con importantes carencias y que, además, estaban rodeadas por países potencialmente hostiles, Rusia es casi autosuficiente y tiene largas fronteras con países no occidentales. Además, Rusia posee un potente elemento de disuasión nuclear que, en principio, debería excluir toda intervención directa occidental en apoyo de Ucrania[7]. A diferencia de lo que ocurrió en la antigua Yugoslavia, esta vez ni los palos son tan duros ni las zanahorias tan sabrosas.

b) El enfoque del arbitraje occidental solo considera una de las ‘tres guerras’ que se están librando. Ignora por completo la confrontación global (la más importante para los rusos) y no ofrece soluciones para el componente de guerra civil.

c) No existe ninguna confianza entre las partes. Rusia entiende que Estados Unidos y Occidente van a violar los compromisos que eventualmente asuman y ponen como ejemplo lo ocurrido con los acuerdos de Minsk (2014-2015) y las dificultades (aparentemente insuperables) para aplicar en su integridad los acuerdos para la exportación de grano ucraniano (2022).

d) En 1995, la Republika Srpska y la República Federal de Yugoslavia aspiraban a convertirse en parte de Occidente, como lo estaban haciendo las demás partes de la antigua Yugoslavia. Por ello, de manera natural se mostraban inclinadas a confiar en la buena voluntad de los países occidentales, a los que debería convenir el fin del conflicto armado y la liquidación de sus consecuencias. La Rusia actual, por el contrario, ha renunciado a la occidentalización y ve su interés nacional en una cierta desglobalización, acompañada por el surgimiento de un nuevo orden internacional auténticamente bipolar.

China como intermediario

Si Estados Unidos y Occidente no pueden ser, en las actuales circunstancias, el ‘mediador honesto’ que se necesitaría para avanzar hacia una paz negociada, podemos plantearnos si ese papel lo podría representar un país en el que los rusos pudieran tener más confianza. Un país, por ejemplo, como China.

Desde el punto de vista occidental no se contempla una salida negociada al conflicto que no esté basada en concesiones sustanciales por parte de Rusia. Y se entiende que, al igual que en los años noventa a Milošević podía resultarle más fácil (y más justificable ante su propia opinión pública) ceder a la presión de un país amigo como era Rusia que a la de Occidente, la misma lógica podría utilizarse en este caso. Que lo que Putin niega a Estados Unidos y sus aliados puede aceptarlo si la propuesta procede de China.

¿Es ello así? No parece fácil:

a) China es mucho más fuerte y autónoma de lo que lo era la Rusia de Yeltsin. En los años noventa, los rusos ‘vendieron’ lo que quedaba del poder diplomático soviético a cambio de lo que Occidente quiso darles por él. La China de Xi tiene más alternativas.

b) China tiende a ver el conflicto de Ucrania a través del prisma de su enfrentamiento estratégico con Estados Unidos. Aunque Rusia y China no son aliados, ambos países tienen en común, sobre todo, desde la llegada de Xi al poder, ‘su disenso con el orden internacional liberal bajo hegemonía estadounidense’[8]. Por este motivo, no puede permitirse actuar como representante oficioso de los intereses y posturas norteamericanos.

c) Como el ejemplo yugoslavo sugiere, lo único que el ‘intermediario’ recibe al final del juego es una foto. No parece que sea suficiente para la China de Xi.

El problema de la presión graduada

Desde el principio de los años sesenta, Estados Unidos ha gestionado los conflictos más graves utilizando (por defecto) la técnica bautizada como ‘presión graduada’ por el equipo del Secretario de Defensa McNamara. Conscientes de la superioridad de sus recursos, se trataba de ir aumentando progresivamente el uso que hacían de ellos hasta que el adversario desistiera y aceptara la solución que se le ofrecía. Se trataba, pues, de alcanzar los objetivos políticos al mínimo coste y con el menor destrozo posible.

Este enfoque funcionó mal durante la guerra de Vietnam, fundamentalmente por la falta de apoyo popular (en Estados Unidos) a una guerra cuya necesidad la gente corriente no llegaba a comprender. Desde entonces, un componente fundamental del modo americano de hacer la guerra es el ‘acompañamiento informativo’. La demonización del adversario hace que su derrota se convierta para la población propia y para los aliados en una obligación moral, de la que resulta indecente sustraerse. Se hizo con Slobodan Milošević, se hizo con Saddam Hussein y se está haciendo en gran escala con Putin, convertido ya en el arquetipo del tirano odioso y sanguinario que hay que eliminar políticamente. En este sentido, resulta significativo que el único de los escenarios de Javier Jordán que preveía una solución negociada planteaba como condición previa la ‘renovación de las élites dirigentes en Rusia’. Es decir, que Putin y sus allegados hubieran sido apartados del poder. 

Cuando demonizamos al adversario animamos a nuestra población a que acepte todos los sacrificios necesarios para conseguir su derrota. Al mismo tiempo, dificultamos una posible negociación con él, su posible reingreso en la ‘zona de normalidad’. Paradójicamente, la ‘presión gradual’ no conduce al compromiso, sino que está estrechamente ligada a la escalada continua hasta la victoria total, si es que esa victoria llega.

En enero de 2023, The Atlantic publicaba un combativo artículo de Tom Nichols bajo el título ‘To Defend Civilization, Defeat Russia’[9]. Cueste lo que cueste, caiga quien caiga. Es la consecuencia lógica de la demonización sistemática del adversario.

A modo de conclusión

Al comienzo de su trabajo, Javier Jordán nos recordaba que ‘la prospectiva no consiste en adivinar el futuro, sino en entender cómo y por qué se pueden materializar diferentes escenarios’. En este espíritu, hemos tratado de comprender cómo podría llegar a materializarse un ‘décimo escenario’ (solución negociada que a corto o medio plazo pusiera fin al conflicto), no incluido entre los que Jordán consideraba.

Nada de lo que hemos visto nos invita a ser optimistas. Por el momento, nos encontramos ante un conflicto que, en los actuales niveles de enfrentamiento, las partes pueden seguir alimentando durante bastante tiempo:

a) Superado el choque inicial producido por las sanciones, la economía rusa se ha adaptado a la nueva situación. La situación dentro del país es estable y el presidente Putin goza de un amplio respaldo social[10].

b) El gobierno ucraniano sigue controlando bien la situación dentro del país y es capaz de movilizar recursos a medida que van siendo necesarios. Aunque la economía ucraniana no es capaz de sostener el esfuerzo de guerra, la ayuda exterior compensa esta deficiencia y es capaz de suministrar a Ucrania todo aquello de lo que este país carece.

c) Estados Unidos está librando un conflicto ‘por delegación’ sin pagar casi ningún precio por ello. Como señalaba Andrew Bacevich en un reciente artículo, ‘Estados Unidos ha optado por empeñarse en una guerra por delegación enviando miles de millones en armas y municiones mientras otros luchan y mueren. El pueblo estadounidense parece estar mayormente satisfecho con este arreglo’[11]. Por ello, no se muestra inclinado a hacer concesiones que puedan acercarnos al final del conflicto.

d) Incluso la Unión Europea, a la que se había pronosticado un ‘invierno brutalmente frío’ como consecuencia de los problemas sobrevenidos en el abastecimiento de energía[12], ha salido adelante mejor de lo esperado. Según las previsiones del FMI, terminará el año con un ligero incremento de su PIB (0,7%)[13].

¿Qué puede cambiar? ¿Qué puede hacer que lo que hoy nos parece muy improbable pase a estar sobre la mesa? Básicamente, dos cosas:

a) Ruptura del equilibrio de poder en el campo de batalla. Por ejemplo, que las fuerzas ucranianas arrollen a las rusas (pensemos en lo que ocurrió en Bosnia en septiembre y octubre de 1995). Pero también, lo que a veces se olvida, que la batalla defensiva rusa tenga éxito, que los ucranianos pierdan en su ofensiva las mejores unidades de que disponen y que los rusos se encuentren con mejores posibilidades de ataque ante fuerzas ya muy desgastadas[14],

b) Recesión económica profunda en Estados Unidos y Occidente. Aunque hay analistas que han empezado a gritar ‘que viene el lobo’[15], ya sabemos, por experiencias anteriores, que la prospectiva económica es una rama científica muy inexacta.


[1] Pillar, P. (1983). Negotiating Peace, Princeton University Press. P. 53.

[2] Durante casi tres décadas, Paul Pillar fue uno de los más brillantes analistas y ejecutivos de la CIA. Paul R. Pillar. (2022, September 28). In Wikipedia. https://en.wikipedia.org/wiki/Paul_R._Pillar.

 Pillar, P. 11.

[4] Jordán, J. (2023, 11 de junio). Escenarios de la guerra en Ucrania. Global Strategy, 11.06.2023. https://global-strategy.org/escenarios-de-la-guerra-en-ucrania/ (acceso: 16.06.2023).

[5] El propio Paul Pillar, con el que hemos empezado este texto, comparte, en líneas generales, la visión de Javier Jordán. Así, en un reciente artículo escribía que “the tragedy of the war in Ukraine, with no ceasefire agreement in sight, has much to do with the personal ambitions and now the personal political predicament of Russian president Vladimir Putin, who has staked his regime on achieving not compromise but rather victory in Ukraine”. Pillar, P. (2023, 17 de abril). Is U.S. Diplomacy as Good as Dead? The National Interest. https://nationalinterest.org/blog/paul-pillar/us-diplomacy-good-dead-206409 (acceso: 16.06.2023).

[6] Teniente General Gan Pampols, en declaraciones al canal 24 Horas, de RTVE. Citadas según canal Telegram de Liu Sivaya, 08.06.2023, a las 0949 horas. Puede encontrarse la serie de comentarios del General Gan sobre la guerra de Ucrania en la dirección https://www.20minutos.es/autor/francisco-gan-pampols/.

[7] Aunque hay quien empieza a proponerla. Véase Bell, S. (2023, 17 de junio). Western intervention is the only credible way to protect Ukraine’s counteroffensive from Russian air power. Sky News. https://news.sky.com/story/western-intervention-is-the-only-credible-way-to-protect-ukraines-counteroffensive-from-russian-air-power-12903508 (acceso: 17.06.2023).

[8] Ruiz Ramas, R. (2000). Las relaciones China-Rusia en la era de la Iniciativa de la Franja y la Ruta: la mutua adaptación a la asimetría. Estudos Internacionais, v. 8, nº 3. P. 43. DOI: 10.5752/P.2317-773X.2020v8.n3.p28.

 Nichols, T. (2023, 23 de enero). To Defend Civilization, Defeat Russia. The Atlantic Daily. https://www.theatlantic.com/newsletters/archive/2023/01/ukraine-russia-weapons-nato-germany/672817/ (acceso: 16.06.2023). Nichols es profesor retirado del U.S. Naval War College.

[10] Según el último dato facilitado por el centro sociológico VTsIOM, en la semana del 11.06.2023 el respaldo a Putin ascendía al 78,9%, algo inferior al que existía un mes atrás (80%). Ver https://wciom.com/our-news/ratings/trust-in-politicians (acceso: 17.06.2023).

[11] Bacevich, A. (2023, 20 de abril). Learning the Wrong Lessons from Ukraine. Commonweal, https://www.commonwealmagazine.org/ukraine-war-weigel-george-iraq-bush-russia (acceso: 17.06.2023).

[12] Véanse, por ejemplo, las negras previsiones de Bloomberg a principios de septiembre de 2022. Whitelaw, K. (2022, 5 de septiembre). Europe Is Bracing for a Brutal, Cold Winter. Bloomberg, US edition. https://www.bloomberg.com/news/newsletters/2022-09-05/europe-is-bracing-for-a-brutal-cold-winter (acceso: 17.06.2023).

[13] https://www.imf.org/external/datamapper/NGDP_RPCH@WEO/EU (acceso: 17.06.2023).

[14] Los tratadistas militares están, en general, de acuerdo sobre ciertos elementos que definen la naturaleza objetiva de la guerra e incluyen entre ellos la “incertidumbre”. Valdés Guía, P. (2020). The logic of war: an instituting duel, Defence Studies, 20:4. P. 337, DOI:10.1080/14702436.2020.1829973. Paradójicamente, las previsiones occidentales sobre el desarrollo de la guerra de Ucrania suelen estar basadas en la idea de una victoria ucraniana, más o menos determinante, e ignoran la posibilidad de que los rusos acaben destruyendo las Fuerzas Armadas de Ucrania.

[15] Duggan, W. y B. Curry (2023, 24 de mayo). Is The U.S. Economy Heading For A Recession? Forbes. https://www.forbes.com/advisor/investing/is-a-recession-coming/#:~:text=Rising%20interest%20rates%2C%20high%20inflation,in%20the%20next%2012%20months. (acceso: 17.06.2023).

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