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Un informe de futuro o ¿cambio de paradigma?

https://global-strategy.org/un-informe-de-futuro-o-cambio-de-paradigma/ Un informe de futuro o ¿cambio de paradigma? 2020-05-20 07:00:00 Enrique Fojón Blog post Análisis y Estrategia Global Strategy Reports Global Strategy Reports 2020 Prospectiva

Global Strategy Report, 28/2020

Resumen: Hacer prospectiva sobre el futuro de la guerra requiere un enfoque holístico, como el que utiliza la RAND Corporation en Peering into the Crystal Ball. Holistically Assessing the Future of Warfare, donde se analizan las tendencias geopolíticas, militares, tecnológicas, económicas y medioambientales, entre otras, que afectarán a los conflictos armados de los próximos años.

Para citar como referencia: Fojón, Enrique (2020), “Un informe de futuro o ¿cambio de paradigma?”, Global Strategy Report, No 28/2020.


El trauma producido por la pandemia viral a nivel global es multifacético, afectando a la práctica totalidad de las relaciones sociales. Este hecho también ha alterado el marco de las Relaciones Internacionales afectando a la situación de Competición entre Grandes Potencias, principalmente entre Estados Unidos y China. Los numerosos análisis sobre el futuro del contexto geopolítico demuestran el interés sobre este aspecto. Es destacable cómo, en diversas publicaciones, se establecen comparaciones entre hechos actuales en su vertiente política y económica y los ocurridos en el siglo XX para intentar inferir consecuencias, entre ellas se encuentran las guerras.

Tras la experiencia de Vietnam, y en el siglo XXI en Afganistán, Irak y Siria se conceptúa como “atrofia estratégica”[1] la actitud de Estados Unidos en sus conflictos. Ninguno de ellos se puede considerar como algo parecido a una victoria. La aplicación, en cualquier caso, del “rodillo” militar con finalidad westfaliana: quien vence en el campo de batalla obtiene la victoria, se ha mostrado falsa. En Irak se practicó el cambio de finalidad estratégica, para su adecuación al cambio de situación, algo que demostró ser la base del fracaso. En Afganistán, la finalidad de democratización es impracticable.

En la publicación Conflict in the 21st Century, The rise of the hybrid wars (2007), Frank Hoffman exponía que “futuras contingencias presentarán una combinación de amenazas, hibridas, concebidas para atacar las vulnerabilidades estadounidenses”. En conversación con Hoffman me indicó que la finalidad del “paper” era tratar de cambiar la mentalidad americana sobre la percepción de la forma de hacer la guerra. No obstante, en el documento se seguían empleando antónimos como: no-convencional, irregular o asimétrico que denotan una tentación occidental de deslegitimar diversas formas de hacer la guerra pues habría que ser simétricos, convencionales y regulares. Que un conflicto se califique como no convencional, asimétrico o irregular es irrelevante pues la guerra actual no es únicamente militar, pero esas denominaciones están huecas de contenido.

De nuevo se ponen de actualidad planteamientos sobre la evolución de la guerra o, mejor dicho, sobre el modo o forma de hacer la guerra, pues la confusión parte de expresar en la traducción la distinción entre “war” y “warfare”.  El día 11 del presente mes de mayo, la RAND Corporation emitió una serie de informes sobre este ámbito, que se resumen en el titulado Peering into the Crystal Ball. Holistically Assessing the Future of Warfare. Con ello, la prestigiosa entidad rompe una lanza por modificar la forma tradicional estadounidense, ampliable a Occidente, de visualizar y conceptualizar el desarrollo de las próximas guerras.

La pregunta que RAND se plantea es la causa por la que las predicciones sobre la forma de hacer la guerra del futuro no han venido acertando. La causalidad se identifica con la carencia del empleo de un enfoque holístico de los factores que alteran el ambiente y su impacto en la forma de hacer la guerra. El enfoque sistémico contempla como contextos esenciales el geopolítico, el económico y el ambiental, actuando de catalizadores la información que configura la opinión pública y una menor influencia de la legislación internacional.

La tarea de RAND es encomiable, porque el trabajo de prospectiva tiene diversas finalidades como la de poder diseñar conceptos operativos y las correspondientes capacidades militares, algo que depende de los procesos tecnológicos y económicos, determinando las necesidades de formación y especialización del personal.

El informe, centrado en Estados Unidos, determina los factores que configurarán el conflicto, empleándolos como variables tendenciales de un sistema complejo. Comienza por identificar los elementos del sistema para identificar las tendencias de la evolución del warfare hasta 2030, posibles adversarios y zonas geográficas. Siguiendo la taxonomía del informe se exponen, a título divulgativo, los resultados:

Tendencias geopolíticas

Se establecen seis hitos que conformarían el contexto geopolítico. Inicialmente, se admite una crisis social y política en Estados Unidos que condicionaría su desempeño como superpotencia al practicar la introversión estratégica mediante el retrenchment Crisis social y repliegue estratégico de los Estados Unidos.  A este estancamiento no se le ve horizonte de vigencia.

Esta circunstancia junto las otras cinco tendencias conformarían un escenario internacional de configuración multipolar. El ascenso de China con su autonomía estratégica y narrativa adjunta, “el gran rejuvenecimiento de China”, que predica el compromiso de restaurar a China a lo que percibe como su lugar legítimo en el escenario internacional. La configuración de Eurasia como centro geopolítico mundial apoya la tendencia hegemónica de Beijing desde hace unos años materializada por la Iniciativa Belt & Road y sus ansias de control del Pacifico Occidental.

Las otras tres tendencias presentan interconexiones geográficas. Se preconiza el declive de Europa junto a una Rusia a la que se la califica de “revanchista”, cuando ya ostentaba la más conocida de “revisionista”. Moscú actúa en tres direcciones, como partner de China, freno de Europa y catalizador en Oriente Medio. El desorden en el Levante, Mesopotamia y Persia es real, complejo y con vocación de permanencia. En esta zona los conflictos pueden ser a varias bandas y los principales actores serían Arabia Saudí, Israel, Irán y Turquía. Rusia de offshore balancer.

El informe prevé que la situación conformada por estos elementos se consolide en el corto plazo y que, probablemente, moldeará las situaciones de conflicto en los próximos años.

Tendencias militares

El informe apunta a una disminución de la ventaja, denominada convencional, de los Estados Unidos, circunstancia que se produce a pesar del “resurgimiento de la Competición Estratégica a largo plazo” según la Estrategia de Defensa Nacional de 2018 de Estados Unidos. Probablemente, también perderá la “superioridad tecnológica que disfrutó durante las secuelas inmediatas de la Guerra del Golfo”.

Mientras, como ha venido poniéndose de manifiesto, el denominado Ejército de Liberación Popular de China lleva décadas configurándose para contrarrestar las ventajas de las Fuerzas Armadas estadounidenses tanto en tecnología como en conceptos operacionales. Rusia, siguiendo la pauta china, mantiene su disuasión nuclear y un nivel tecnológico aceptable. Los elementos humanos de esas potencias mantendrán un alto nivel de formación y adiestramiento.

El informe emplea la denominación de Selectively capable second-tier Powers para referirse a Irán y Corea del Norte, con determinadas capacidades como armas nucleares, indicando que Estados Unidos necesitará el empleo de contramedidas asimétricas para contrarrestar muchas de sus acciones además de poder neutralizar las numerosas fuerzas convencionales de esos adversarios.

Se pone de manifiesto la importancia de las actuaciones en la denominada “Zona Gris”, a la que equipara con las capacidades que van adquiriendo los adversarios en el ámbito puramente militar. Mientras en este ámbito existe un nivel de agresión para desencadenar el enfrentamiento abierto, en la Zona Gris, donde la actividad de confrontación es constante. El informe asigna gran importancia a aspectos como en las Operaciones de Información, encubiertas, cibernéticas, etc. Se señala que parte del éxito de las operaciones en Zona Gris proviene del debilitamiento del monopolio del Estado sobre el empleo de la violencia. Gracias a la proliferación de tecnología militar y de comunicaciones, los actores no estatales o, en el caso de los conflictos de la zona gris, fuerzas estatales, pueden tratar de desestabilizar a los estados con mayor facilidad.

Las aplicaciones de la inteligencia artificial (AI) en los desarrollos de capacidades militares se presentan como una potencialidad esencial en el desarrollo de la potencia de combate. La competición con China en AI es definitiva para obtener ventaja tecnológica dado su carácter disruptivo. Hay que contemplar un futuro en el que los Estados Unidos no ostenten el liderazgo en esta tecnología.

El informe deduce que, en conjunto, estas tendencias apuntan al hecho de que, como argumenta la Estrategia de Defensa Nacional de 2018, “la ventaja militar competitiva se ha ido erosionando” y, si no se refuerza, posibilitará que adversarios estadounidenses exploten estas debilidades en sus propias ventajas.

Tendencias espaciales, nucleares y cibernéticas

La libertad de emplear capacidades basadas ​​en el espacio exterior con cometidos de inteligencia, comunicaciones y soporte a la navegación. ha sido durante mucho tiempo una de las piedras angulares de la ventaja militar estadounidense, pero, en el futuro, esta libertad estará limitada por otras potencias y se constituirá en ámbito de confrontación.  Las tendencias nucleares son más transparentes al presentar una imagen más clara, aunque de un futuro menos optimista. En este sentido, el informe pauta lo siguiente:

Tendencias de la limitación en el uso de la Fuerza militar

 Todas las capacidades militares se ponen de manifiesto en la medida en que los actores estratégicos decidan usarlas. Una serie de factores tales como el derecho internacional, la opinión pública, la cobertura mediática, las capacidades tecnológicas, las preferencias de los socios y los imperativos operativos, configuran la cantidad de moderación que los combatientes ejercen en los conflictos, y muchos de estos factores pesarán cada vez más en cómo los Estados Unidos —Y sus aliados y socios democráticos en su mayoría liberales— lucharán en guerras en el futuro.

Como resultado de estas influencias, los Estados Unidos podrían enfrentar una “brecha de restricción” cada vez mayor entre cómo emplearán la fuerza junto con sus aliados en los conflictos y cómo lo harán sus adversarios, particularmente en guerras situadas en los lugares de baja intensidad del espectro del conflicto.

Tendencias económicas mundiales

Entre las tendencias económicas mundiales a exponer, las tres primeras tienen el potencial de gestación de futuros conflictos, mientras que las tres últimas conformarían cómo se libran las guerras. 

Tendencias ambientales

El futuro de la guerra también estará determinado por varias tendencias ambientales.

A modo de conclusión

Basándose en las tendencias conformadas en el estudio para el periodo temporal hasta 2030, RAND preconiza que, suponiendo que Estados Unidos tratara de mantenerse como la superpotencia militar global preeminente del mundo, se enfrentaría a dilemas estratégicos cada vez más profundos en lo que respecta al ámbito de la Defensa. Los adversarios —China, Rusia, Irán, Corea del Norte y grupos terroristas— probablemente no cambiarían se mantendrán constantes, pero los aliados de EE. UU. pueden cambiar a medida que Europa se fragmente cada vez más y mire hacia adentro y que Asia reaccione al surgimiento de China. Las zonas geográficas donde es más probable que Estados Unidos intervenga, no coincidirían con aquellas donde las hipótesis de  conflictos podrían ser más peligrosas para los intereses estadounidenses. La Fuerza Conjunta tendría que enfrentar al menos cuatro tipos diferentes de conflicto, cada uno de los cuales requerirá un conjunto de capacidades militares algo diferentes, a la vez que coincidirá con la disminución de las ventajas militares cuantitativas y cualitativas.  El informe deduce que los Estados Unidos de 2030 podrían haber perdido progresivamente la capacidad de preeminencia para dictar resultados estratégicos.

Algunas consideraciones de tipo general.

La serie de informes de la “bola de cristal” de RAND, presenta, a primera vista un dato novedoso: una estrategia para el rentrenchment de Estados Unidos. Se analiza el declive de una superpotencia con sus indiscutibles oponentes y sus ocasionales aliados. El catalizador del cambio se identifica en una amplia polarización política y social de la población estadounidense que impide apoyar un proyecto nacional de acción exterior. Al prever que la situación se mantendrá durante el periodo que abarca el informe, se convierte en la referencia analítica.

Desde otro punto de vista, el holistic assesment puede servir de guía para la Competición entre Grandes Potencias en los próximos años. El silencio sobre el multilateralismo y la consideración de la UE como un proyecto en crisis, añaden incertidumbre a las diferentes posturas que puede adoptar Washington con sus tradicionales aliados europeos.

El trabajo de RAND actúa sobre aspectos realistas, con alusiones tangenciales al derecho internacional y otros valores, lo que no quiere decirse que se carezcan de ellos, pero da la apariencia de analizar un contexto geopolítico pos-Covid-19. El proyecto de la democracia universal empezó su agonía en las ensangrentadas calles de Irak, es posible que RAND haya identificado el fin de la utopía.  


[1] McFATE, Sean. The New Rules of War: How America Can Win–Against Russia, China, and Other Threats. Harper Collins Publisher. 2019.


Editado por: Global Strategy. Lugar de edición: Granada (España). ISSN 2695-8937

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