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Vislumbrando el futuro: juego de alianzas entre grandes potencias en las próximas décadas

https://global-strategy.org/vislumbrando-el-futuro-juego-de-alianzas-entre-grandes-potencias-en-las-proximas-decadas/ Vislumbrando el futuro: juego de alianzas entre grandes potencias en las próximas décadas 2018-05-31 17:41:30 Javier Jordán Blog post Estudios Globales Teoría estratégica

Vamos a realizar un sencillo ejercicio de prospectiva empleando este modelo de análisis geopolítico. Imaginemos que el crecimiento del PIB de las grandes potencias se corresponde con el previsto por el Ministerio de Defensa británico para el año 2045.

En este escenario, China se ha convertido con diferencia en la principal potencia económica del planeta. Sus aspiraciones han crecido en paralelo, y con el fin de respaldar una acción exterior ambiciosa  y proteger sus líneas de comunicaciones terrestres y navales se sirve de su sólida base económica para mantener unas poderosas fuerzas armadas. Las grandes inversiones en defensa, unidas al desarrollo tecnológico del país, le han convertido en el segundo exportador de armas mundial, a escasa distancia de Estados Unidos y por delante de la industria militar rusa, a la que superó en la década de 2030.

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Fuente: Development Concepts and Doctrine Centre (2014), Strategic Trends Programme. Global Strategic Trends – Out to 2045, UK Ministry of Defence, p. 7.

Esta es la situación de partida. Pasemos ahora al modelo de análisis geopolítico. Su perspectiva es realista estructural y está compuesto por cuatro imperativos geopolíticos interrelacionados: 1) alcanzar y mantener un nivel adecuado de poder relativo (cuota de poder en relación al de otros Estados que le permite defender sus intereses);  2) mantener la unidad de su territorio; 3) proteger las fronteras; 4) asegurar las conexiones externas.

A partir de estos principios podemos vislumbrar cuáles serán los inputs sistémicos, o dicho de manera metafórica en qué dirección soplarán los vientos y empujarán las corrientes marinas del sistema internacional. Esto no será suficiente para anticipar el comportamiento exacto de los Estados. Influirán muchos más factores, como la psicología e historia personal de las élites políticas, los intereses burocráticos y corporativos, el consenso o la falta de él entre los diversos actores políticos y sociales, etc. En definitiva, múltiples variables del nivel de análisis del individuo y del Estado (primera y segunda imagen de Kenneth Waltz) cuyas complejas interacciones convierten la predicción de la política exterior en algo tan difícil como saber si el mes de febrero de 2026 será seco o lluvioso en Granada.

No obstante, identificar esos inputs sistémicos resulta útil. De un modo y otro afectan a las líneas generales de la política exterior de los Estados. Si en un sistema regional emerge una potencia muy superior al resto, las variables estructurales impulsarán a que el resto de Estados se unan para contrapesarla.

Ciertamente, hay casos donde no ha sido así –Reino Unido y Francia frente a la Alemania nazi entre la remilitarización de Renania en 1936 y la crisis de los Sudetes en 1938, cuando podrían haberse impuesto– pero hay decenas de otros donde antiguos antagonistas se han coaligado frente a un potencial hegemón en coaliciones que años antes habría resultado inverosímiles: la Francia católica del Cardenal Richelieu apoyando a los diversos oponentes protestantes del Sacro Imperio y de la Monarquía Hispánica durante la Guerra de los Treinta Años, más tarde la Monarquía Hispánica y las Provincias Unidas de los Países Bajos contra la Francia de Luis XIV, Reino Unido y España contra Napoleón, la Francia republicana y la Rusia zarista frente a la Alemania en 1892, Estados Unidos y China restableciendo relaciones diplomáticas en clave de contrapeso frente a Moscú en la década de 1970, y en la actualidad el acercamiento entre el Vietnam todavía comunista y Washington frente a China, tal como evidenció por ejemplo la visita de un portaviones norteamericano en Da Nang el mes de marzo pasado. En todos esos casos los impulsos sistémicos a favor del equilibrio de poder fueron atendidos por quienes dirigían la acción exterior de los respectivos Estados.

Con esta perspectiva en mente, retomamos el escenario de una superpotencia China en 2045: ¿Cuál sería el juego de alianzas entre grandes potencias? ¿Qué dirección tomarán las corrientes sistémicas?

Mi propuesta es la siguiente:

La divergencia entre Estados Unidos y Europa, unida a una mayor atención norteamericana al Pacífico y a un acercamiento de Moscú y Washington frente a China, se traducirá en un menor compromiso estadounidense con la seguridad de los países europeos, en particular con la de Europa del Este; a no ser que Washington opte por respaldar a los países de Europa Oriental a cambio de que estos pongan trabas a los avances en materia de política exterior y de seguridad de la Unión Europea (un rol desempeñado tradicionalmente por Reino Unido).

Europa tendrá que sortear numerosos desafíos políticos, económicos y demográficos en las próximas décadas y el proceso de unión en materia de acción exterior será uno de ellos. Si el escenario con el que estamos realizando este ejercicio resulta acertado y el centro de la economía y la política mundial se traslada y consolida en el Pacífico, el éxito del proceso de unión política en su dimensión exterior se convertirá en una condición sine qua non para garantizar la seguridad y relevancia de Europa en la esfera internacional.

Para finalizar, dos breves recordatorios. 1) Lo que acabamos de exponer se basa en un único escenario donde China mantiene su crecimiento económico y se convierte en la primera potencia mundial. Una circunstancia que en absoluto hay que dar por descontada y que desde hace años es objeto de intenso debate; 2) el modelo de análisis que hemos utilizado presta atención en exclusiva a las variables estructurales. Cómo influirán las variables del nivel de individuo (elites políticas) y del politics interno de cada Estado a la hora de responder a esos inputs sistémicos resulta extremadamente difícil de prever. En cualquier caso, el modelo de análisis geopolítico nos permite teorizar de manera plausible sobre la política de alianzas en el escenario propuesto.

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