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Introducción a la Inteligencia en Seguridad y Defensa

https://global-strategy.org/inteligencia-seguridad-defensa/ Introducción a la Inteligencia en Seguridad y Defensa 2015-12-09 17:12:23 Javier Jordán Blog post Análisis y Estrategia Lecturas didácticas sobre Inteligencia Servicios de Inteligencia

Resumen: Este documento con finalidad didáctica ofrece una introducción conceptual a la Inteligencia en materia de seguridad y defensa. Al mismo tiempo, desarrolla dos temas relacionados. La relación entre Inteligencia y toma de decisiones política, e Inteligencia y secreto. Finaliza con una breve taxonomía de los principales tipos de Inteligencia.

Concepto de Inteligencia

La última década ha sido testigo del desarrollo y en buena medida consolidación de los Estudios de Inteligencia en España, un área de trabajo multidisciplinar, desarrollada hace tiempo en el ámbito anglosajón, donde convergen especialistas procedentes de la Biblioteconomía y Documentación, Derecho, Ciencia Política, Psicología, Historia, Criminología, Economía, Fuerzas Armadas, Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado, y –lógicamente– el propio Centro Nacional de Inteligencia (CNI).

Su actividad se ha concretado en diversas iniciativas, como la puesta en marcha de la Cátedra de Servicios de Inteligencia y Sistemas Democráticos de la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid, diversos títulos de posgrado –como el de la propia Cátedra, el del Instituto Universitario General Gutiérrez Mellado o el de la Universidad Autónoma de Madrid–, y numerosas publicaciones.

Siguiendo la estela de esos proyectos iniciamos una serie corta de dos documentos de carácter divulgativo y pensados como material de apoyo a la docencia sobre Elementos básicos de Inteligencia en el ámbito de la Seguridad y Defensa. Aunque cada vez sea mayor el interés por la inteligencia Económica y existan puntos en común entre ésta y aquella, en estos dos documentos me limitaré al ámbito de los estudios estratégicos. Sobre el desarrollo de la inteligencia económica en España puede consultarse este artículo de Gustavo Díaz Matey (2016).

Este primer documento introduce y delimita conceptualmente la noción de inteligencia en el ámbito de la Seguridad y Defensa. Para ello me basaré –en algunos casos, literalmente– en el esfuerzo realizado por el CNI, y por las iniciativas académicas mencionadas, dirigidas a unificar el lenguaje en esta materia. Labor que ha tenido en cuenta los precedentes de la literatura anglosajona sobre estudios de inteligencia.

Entrando ya en materia recurrimos en primer lugar a la diferenciación clásica sobre la palabra inteligencia, término con el que se puede aludir a tres realidades: inteligencia como institución, como proceso y como resultado.

Inteligencia como institución

Con ella nos referimos a los servicios de inteligencia y a la comunidad de inteligencia. Los servicios de inteligencia son organismos de la administración pública a los que se encomiendan cuatro funciones fundamentales (Lowenthal, 2012):

Las cuatro funciones están presentes en los objetivos que atribuye al CNI la Ley 11/2002 reguladora del Centro Nacional de Inteligencia, tal como recoge su artículo 4.

Los servicios de inteligencia centran su atención en el nivel estratégico, con una perspectiva de 360º en lo que a la seguridad nacional se refiere. Se distinguen así de los organismos productores de inteligencia de otras ramas de la Administración del Estado como, por ejemplo, las Fuerzas Armadas (el CIFAS en el caso de España) o las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado que incluyen unidades de inteligencia en sus respectivos servicios de información, pero cuya atención se focaliza en sectores más específicos de la seguridad nacional. Esa orientación tous azimuts de los servicios de inteligencia implica que su estructura orgánica deba ser particularmente flexible con el fin de atender las demandas de un entorno estratégico cambiante (así lo recoge por ejemplo el Real Decreto que estableció la estructura del CNI) y a que la formación y procedencia de sus miembros responda también a la diversidad de funciones a desempeñar y de ámbitos a analizar.

Al mismo tiempo, los servicios de inteligencia pueden distinguirse entre internos y externos, en función de que su área de interés se focalice en lo que acontece dentro o fuera de las fronteras del Estado. Así ocurre en países como Reino Unido (MI5 y MI6), Estados Unidos (FBI y CIA) o Israel (Shin Bet y Mossad). Sin embargo, el carácter cada vez más transnacional de los riesgos y amenazas plantea dudas sobre la conveniencia de este modelo. En el caso de España no existe tal diferencia, ya que el CNI presta atención a los riesgos y amenazas, tanto internos como externos.

Por su parte, la comunidad de inteligencia es el conjunto de organismos públicos de un Estado que producen inteligencia. Su estructura puede estar más o menos formalizada, e integrar a un mayor o menor número de instituciones en función de cada país. En Estados Unidos, la comunidad de inteligencia incluye diecisiete organizaciones federales (contando la propia Oficina del Director de Inteligencia Nacional) claramente explicitadas.

Comunidad de Inteligencia norteamericana

En España, sin embargo, el modelo adolece todavía de cierta indefinición. La Comisión Delegada del Gobierno para Asuntos de Inteligencia está compuesta por el Vicepresidente/a del Gobierno, los Ministros de Asuntos Exteriores y de Cooperación, Defensa e Interior, El Director del Gabinete de la Presidencia del Gobierno, el Secretario de Estado de Seguridad y el Secretario de Estado Director del Centro Nacional de Inteligencia, que actúa como Secretario. Pero al mismo tiempo el último Real Decreto que establece la Comisión recoge que “podrán ser convocados a las reuniones de la Comisión los titulares de aquellos otros órganos superiores y directivos de la Administración General del Estado que se estime conveniente”. De este modo, la frontera institucional de la comunidad de inteligencia española queda un tanto desdibujada.

Lógicamente la existencia de una estructura no garantiza el correcto funcionamiento de la comunidad de inteligencia; en particular, el trabajo coordinado y la colaboración genuina entre los diferentes organismos que componen la comunidad. En la práctica, la arquitectura de las comunidades de inteligencia no obedece a un plan predeterminado y cada uno de sus componentes depende de, y se dirige, a consumidores distintos. Evitar que se produzcan graves disfunciones en la comunidad de inteligencia es una necesidad imperiosa para salvaguardar los intereses y la seguridad de un país. Pero al mismo tiempo resulta una tarea ardua, que debe saber conjugar culturas diferentes y vencer resistencias burocráticas. Volveremos sobre ello cuando hablemos de la fase de difusión del ciclo de inteligencia.

Por último, conviene destacar el concepto de reserva de inteligencia y, el más actual, de comunidad de inteligencia ampliada. Se trata de un conjunto de expertos procedentes del mundo académico, empresarial de los think-tanks, etc. que aportan conocimiento a las agencias de inteligencia sin ser miembros de ellas y que complementan la labor de análisis desde su propia especialización. Son de gran interés ante la complejidad de los temas abordados por los servicios y la sobrecarga de trabajo a la que a menudo éstos se ven sometidos. Un ejemplo de su resultado son los informes Global Trends, promovidos por el National Intelligence Council de Estados Unidos.

Inteligencia como proceso

La inteligencia es un proceso que se inicia a partir de los objetivos establecidos por los decisores políticos que ponen en marcha lo que se conoce como ciclo de inteligencia, concepto que abordamos de manera monográfico en el segundo documento didáctico de esta serie. La inteligencia como proceso explica que en ocasiones se confunda inteligencia con espionaje, cuando en realidad este último es una actividad que forma parte del ciclo (en la fase de obtención), y que por tanto alude a un aspecto muy puntual en el conjunto del proceso.

Inteligencia como resultado

La inteligencia también se puede entender como el producto resultante de la fase de análisis del ciclo de inteligencia. Puede ser de diversos tipos y difundirse a través de presentaciones orales o por escrito, en diversos formatos en función del tipo de inteligencia. Cuestión ésta última que abordamos en el documento sobre el ciclo de inteligencia. La inteligencia como resultado es el objeto habitual de las definiciones de inteligencia. El Glosario de Inteligencia la define como el producto que resulta de la evaluación, la integración, el análisis y la interpretación de la información reunida por un servicio de inteligencia.

Pero además de esta acepción, se pueden entender como resultados de la inteligencia las operaciones que de ella se derivan, entre ellas las acciones encubiertas (Lowenthal, 2012).

Hecha esta triple diferenciación de la inteligencia como institución, proceso y resultado, en lo que resta de este documento voy a profundizar en algunos aspectos sobre la inteligencia en materia de seguridad y defensa entendida como resultado.

Diferencia entre información e inteligencia

En el que posiblemente sea el mejor manual en español sobre inteligencia, Miguel Ángel Esteban y Andrea V. Carvalho (2012: 19-26) explican la distancia que media entre información e inteligencia a través de la pirámide informacional, compuesta por:

Como señalan Miguel Ángel Esteban y Andrea V. Carvalho (2012: 19-26), la imagen de la pirámide informacional expresa de manera gráfica la abundancia cuantitativa de los niveles más bajos frente a los más altos, la importancia cualitativa de los más elevados respecto a los inferiores, así como la necesidad de disponer de estratos de base sobre los que asentar los escalones superiores.

Reducir la incertidumbre

La finalidad de la inteligencia consiste en reducir la incertidumbre del decisor político. Disminuir, no despejar por completo. La incertidumbre es una circunstancia asociada a la condición humana y a la complejidad del mundo que nos rodea. Por ello, la frase ‘toma de decisiones en situaciones de incertidumbre’ no añade un significado especial si se interpreta literalmente, pues la incertidumbre existe siempre, aunque es verdad que a veces puede ser particularmente aguda. Ello se debe a tres razones relacionadas entre sí:

Ejemplo de sistema complejo

Por ello, según Lowenthal (2012), la verdad no puede ser el estándar de calidad de la inteligencia. En su acepción más absoluta, la verdad resulta muchas veces inalcanzable. Ante el desafío que suponen la complejidad, la información incompleta o las intenciones futuras, lo máximo que puede ofrecer un servicio son análisis que inspiren confianza por la honestidad y el rigor con que han sido elaborados.

Inteligencia y toma de decisiones

Otro aspecto a destacar es la relación entre inteligencia y toma de decisiones, en especial cuando los consumidores de la inteligencia son responsables políticos.

Lo que se espera del profesional de inteligencia es que explique a los decisores políticos qué ha sucedido, qué está ocurriendo en el momento presente y por qué, y cuáles son los escenarios de futuro más probables. De ese modo, la inteligencia de calidad se convierte en un multiplicador de fuerza que contribuye a que las políticas sean también inteligentes. Pero aunque la inteligencia como resultado pueda convertirse en parte integrante y destacada de la decisión, en sí misma, en su formato de entrega, es mero asesoramiento, distinto en su naturaleza de la decisión política.

La diferencia neta entre inteligencia y toma de decisiones tiene diversas implicaciones. Por ejemplo, en Estados Unidos la inteligencia no debe ofrecer recomendaciones políticas, algo que sí es común en los análisis de los think-tanks. La distancia y neutralidad de la inteligencia respecto al proceso político se justifica porque, además de obedecer a un principio democrático (el responsable de la decisión es el elegido por las urnas, no el funcionario de inteligencia), responde a un motivo de fiabilidad profesional. Si ante un asunto complejo el servicio de inteligencia se inclinara abiertamente por una determinada línea de actuación, correría el riesgo de comprometer la credibilidad de sus análisis. Se podría sospechar que sus valoraciones privilegian aspectos acordes con la estrategia propuesta y que relegan aquellos que la contradicen.

De este modo existe una diferencia notable entre los servicios y la mayoría de las Administraciones públicas. Éstas crean y gestionan conocimiento, y hacen uso de él cuando actúan sobre la población objeto de sus políticas públicas. A nadie le sorprende que sea así en los Ministerios de Empleo y Seguridad Social, de Sanidad o de Educación. Sin embargo, en la inmensa mayoría de los casos los servicios no pueden utilizar su propia inteligencia para actuar. Su función se limita a asesorar al decisor político para que este opte por las acciones que estime convenientes, acudiendo para ello a otras ramas de la Administración. Sólo hay dos tipos de excepciones a este respecto:

La diferencia entre inteligencia y toma de decisiones es un principio básico, y su importancia es fácil de entender. Sin embargo, la realidad resulta a veces más compleja.

Aplicando el análisis de políticas públicas se observa que los servicios de inteligencia intervienen como actores en las fases de identificación y definición del problema, ingreso en la agenda, e incluso en la de formulación de soluciones, pues el modo como se define un problema condiciona las estrategias para solucionarlo. Por ejemplo, en función de cómo presente el servicio de inteligencia de un Estado democrático una ola de protestas sociales contra el régimen autoritario de un país aliado puede afectar sensiblemente a la línea de actuación a adoptar. Si los actores que protagonizan las protestas son valorados como una opción de cambio democrático viable, el decisor político podría inclinarse a dar su apoyo a los opositores y a exigir una apertura al régimen dictatorial. Si por el contrario, la inteligencia que ofrecen los servicios pone el acento en el riesgo de perder un aliado y en las consecuencias no deseadas que podría acarrear el éxito de las protestas, la toma de decisiones se verá condicionada por esta definición del problema e inclinada actuar en consecuencia. Lógicamente los servicios no son los únicos que definen el problema y lo introducen en la agenda política. Hay otros actores (públicos y privados, nacionales e internacionales) que también participan en ese proceso y que, en caso de desacuerdo, competirán para hacer valer su perspectiva ante los decisores políticos.

Por otra parte, la relación entre inteligencia y toma de decisiones políticas no siempre es fluida. A veces los decisores políticos no entienden la contribución de los servicios de inteligencia a la toma de decisiones. En otras ocasiones, demandan y se muestran receptivos a la inteligencia actual pero relegan estratégica. O, simplemente, los decisores tienen puntos de vista muy definidos y una agenda política ya fijada, lo que disminuye el interés por los análisis que los contradigan (Petersen, 2011).

En este sentido, Odah Leslau (2010) propone un modelo para clasificar la influencia de la inteligencia sobre los decisores en función de tres variables: 1) actitud de los decisores políticos, 2) actitud de quienes elaboran y presentan la inteligencia, y 3) prestigio de la organización de inteligencia dentro del aparato burocrático del Estado. A partir de ellas Leslau prevé las distintas posibilidades expuestas en el siguiente cuadro. Van desde un alto grado de influencia hasta una marginación completa, pasando por una situación intermedia donde los decisores políticos prestan atención a la información bruta obtenida pero anteponen su propio análisis al facilitado por el servicio de inteligencia.

Fuente: Odah Leslau (2010)

Entre las diversas situaciones conviene llamar la atención sobre la politización de la inteligencia que se produce cuando entra en crisis la membrana permeable que, según Mark Lowenthal, separa el ámbito de la inteligencia y el de la política. Permeable porque los decisores políticos pueden legítimamente hacer valoraciones sobre el trabajo inteligencia pero, como ya hemos señalado, los analistas no pueden ofrecer recomendaciones de carácter político. De acuerdo con Lowenthal existen varios tipos de politización de la inteligencia:

En definitiva la politización de la inteligencia hunde sus raíces en, unas veces, en una combinación de actitudes escasamente receptivas por parte de los decisores políticos ante opiniones que divergen con sus punto de vista y, otras, en una pérdida de neutralidad por parte de los analistas y responsables de inteligencia afectados, que se convierten entonces en parte del engranaje político –no del estrictamente técnico– de la Administración del Estado. Por tanto, los remedios deben ir orientados a mejorar la receptividad de los políticos, a hacer más transparentes las disensiones en los resultados de los análisis, a ofrecer garantías a los analistas frente a los abusos que se puedan hacer sobre sus productos, y a fortalecer la neutralidad de los gestores y responsables de alto nivel de los servicios.

Por último, conviene advertir que la politización de la inteligencia también se puede producir en el ámbito puramente administrativo, sin que se vean necesariamente implicados en ella decisores políticos del máximo nivel (ministros o presidente del gobierno). De este modo podría darse, por ejemplo, la politización de la inteligencia militar. Recientemente cerca de cincuenta analistas de la Agencia de Inteligencia de Defensa (encuadrada en el Pentágono) han denunciado presiones por parte de altos mandos militares para desvirtuar su valoración sobre los resultados de la campaña militar contra el Daesh en Siria e Irak.

Inteligencia y secreto

El secreto es una cualidad asociada habitualmente a la inteligencia en su triple acepción (institución, proceso y resultado). Hasta el punto de que algunas definiciones clásicas señalaban la obtención secreta de información como un aspecto distintivo del concepto de inteligencia. La importancia actual de la inteligencia de fuentes abiertas (OSINT) ha vuelto obsoleta ese tipo de definición. Pero aun así es verdad que, como señala Lowenthal (2012), la inteligencia se distingue de otras funciones del Estado por su carácter secreto. Y ello al menos por tres razones:

Las actividades secretas no son incompatibles necesariamente con la transparencia que cabe esperar de un sistema democrático siempre que se ajusten al Derecho y se establezcan mecanismos de control que en los que participen los tres poderes.

Tipos de inteligencia

Para finalizar vamos hacer mención a algunas tipologías de inteligencia según la literatura especializada. El listado no pretende ser exhaustivo y deja fuera, por el momento, a la clasificación asociada al sistema de obtención (HUMINT, IMINT, SIGINT, MASINT, etc) que trataremos en un documento posterior. Nos limitamos a las tres taxonomías más reseñables:

Según la finalidad:

Inteligencia estratégica. Según el Glosario de Inteligencia (2007: 91), tiene como fin ayudar a la definición de los objetivos de una organización y el establecimiento de la política y los planes generales para alcanzar las metas fijadas. Para ello la inteligencia estratégica se dedica a la identificación y la comprensión de los elementos y los factores que concurren en la caracterización y la evolución del entorno en el que actúa la organización. Presta una atención especial a la vigilancia de la aparición de indicios y la evolución de los indicadores de riesgo con el fin de detectar su conversión en amenazas, así como al descubrimiento de todo aquello que pueda significar una oportunidad de éxito para la organización. Por esto se halla muy vinculada a la prospectiva y a la prevención. La elaboración de inteligencia estratégica debería ser el primer paso en cualquier proceso de planeamiento estratégico, algo que no siempre sucede ya que los decisores políticos de alto nivel se dejan atrapar a menudo por lo inmediato (McDowell, 2009: 5). Sin embargo, bien empleada, este tipo de inteligencia ayuda a diseñar estrategias robustas (Treverton & Ghez, 2012: 25). Amplía la visión al señalar un mayor número de escenarios alternativos, ayuda a reducir la incertidumbre y advierte sobre posibles cambios de paradigma.Aun así, al tratar con misterios además de secretos, la inteligencia estratégica tampoco es capaz de disipar por completo la incertidumbre. No obstante, al estar relacionada con la toma de grandes decisiones, los procesos de planificación, obtención y análisis de inteligencia estratégica requieren una mayor atención que la que se presta a la elaboración de inteligencia táctica u operacional. Por último, aunque mira hacia el largo plazo y analiza las grandes tendencias, la inteligencia estratégica también trata de explicar los hechos actuales, por lo que no es sinónimo de inteligencia estimativa o prospectiva (Treverton & Ghez, 2012: 1). En este sentido el Glosario de Inteligencia señala que la inteligencia estratégica también sirve para generar una base de conocimiento que facilita la producción de otros tipos de inteligencia. En concreto, permite disponer de un marco de comprensión de la realidad [el énfasis es nuestro] que ayuda a la validación, la integración y el entendimiento de datos durante los procesos de creación de inteligencia táctica y operacional y, en especial, durante la gestión de crisis.

Inteligencia operacional. Se trata de la inteligencia requerida para planificar y ejecutar operaciones (Clarck, 2013). Sean estas del nivel táctico o del operacional. Según el Glosario de Inteligencia (2007: 93), en el ámbito de las Fuerzas Armadas, la inteligencia operacional es la parte de la inteligencia militar destinada a la planificación y la realización de campañas en el nivel operacional. Sirve a los mandos militares para dirigir las operaciones en el campo de batalla. Posee una naturaleza estimativa porque permite emitir un juicio sobre la capacidad del adversario y las amenazas potenciales que se pueden presentar durante el desarrollo de las operaciones. En el ámbito policial, este tipo de inteligencia se orienta a la detección y detención de criminales, por lo que en esta acepción concreta también se puede entender como inteligencia táctica o de objetivo (McDowell, 2012: 15). Una equiparación que no coincide con la de inteligencia táctica en el ámbito militar. Ésta se aplica también a las operaciones pero a aquellas que tienen lugar en el nivel táctico (un nivel inferior al operacional). Por ejemplo, el asalto de un determinado edificio, la protección de un convoy, etc. La inteligencia táctica es un factor cada vez más relevante, pues las tecnologías avanzadas que proporcionan una ventaja competitiva a los ejércitos occidentales (y en especial al de Estados Unidos) se basan precisamente en la obtención, explotación y gestión de enormes magnitudes de información en procesos cada vez más acelerados. Esa es la base de lo que desde hace ya unos años se dio en llamar la Revolución en los Asuntos Militares.

Inteligencia estimativa/prospectiva. Según el Diccionario de Inteligencia y Seguridad (2013: 167), la inteligencia estimativa es aquella en la que los análisis se realizan a pesar de poseer una información incompleta y se centran esencialmente en responder a dos preguntas “¿qué está sucediendo?” y “¿qué sucederá?”. Por su parte, el Glosario de Inteligencia (2007: 93), define la inteligencia prospectiva como aquella cuyo propósito es determinar de modo anticipado las opciones de evolución de una situación y las posibilidades y probabilidades de actuación de los elementos involucrados en ella, con objeto de reducir la incertidumbre por el futuro en entornos caracterizados por la complejidad, el cambio y la inestabilidad. Al igual que la estratégica, la inteligencia prospectiva se orienta al conocimiento de potenciales riesgos, amenazas y oportunidades. Pero precisamente por su indagación anticipatoria la inteligencia prospectiva guarda una mayor relación con el análisis de riesgos. Esto es así porque según una fórmula para definir el riesgo, la probabilidad del acontecimiento negativo para la seguridad representa el problema mayor a la hora de calcular los factores de riesgo:

Riesgo = Probabilidad x Vulnerabilidad x Consecuencias

Al ser imposible determinar la probabilidad con absoluta certeza, la seguridad completa se convierte en una utopía. Y la sorpresa asociada a la amenaza (en especial la sorpresa estratégica) se convierte en lo opuesto a la seguridad. Esta situación se agrava en el ámbito de la Seguridad y la Defensa. Cuando el riesgo que se quiere medir depende sobre todo de la voluntad del oponente –que tratará de provocar la mayor sorpresa–, el cálculo de probabilidades, basado en frecuencias y que extrae de ellas la probabilidad estimada, resulta insuficiente. En consecuencia, el análisis de riesgos relacionados con la seguridad debe partir de la perspicacia del analista a la hora de interpretar la información de que dispone (Losada, 2015: 17-45). Las herramientas prospectivas abren el abanico de escenarios a contemplar y obligan a identificar y vigilar indicadores. Pero no constituyen una garantía frente a las sorpresas estratégicas.

Uno de los productos más conocidos de la comunidad de inteligencia norteamericana son los National Intelligence Estimates (NIE). Se trata de documentos abiertos a la participación de todos organismos que componen la comunidad. Tratan de ser anticipatorios y estimar (no predecir) el rumbo más probable que seguirán ciertos asuntos. En la National Intelligence Council Collection Library pueden consultarse ejemplos de antiguos NIEs desclasificados.

Otra clasificación es según el tipo de necesidad que atiende la inteligencia:

Por último, según la materia objeto de análisis, la inteligencia puede clasificarse como:

La variedad de los campos de interés de la inteligencia es una consecuencia de la ampliación del concepto de seguridad y de la complejidad del nuevo entorno estratégico, donde las amenazas no son sólo estrictamente militares y los actores relevantes muchas veces son de carácter no estatal. Un aspecto que ya hemos señalado al comienzo de este trabajo cuando aludíamos a la seguridad integral y a su reflejo en la última Estrategia de Seguridad Nacional española.

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Editado por: Global Strategy. Lugar de edición: Granada (España). ISSN: 2340-8421.

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