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El ciclo de inteligencia: una revisión

https://global-strategy.org/que-es-ciclo-de-inteligencia/ El ciclo de inteligencia: una revisión 2016-01-19 17:08:47 Javier Jordán Blog post Análisis y Estrategia Análisis Lecturas didácticas sobre Inteligencia Servicios de Inteligencia

Resumen: Este análisis es la segunda parte de una serie de trabajos con finalidad didáctica sobre la Inteligencia en seguridad y defensa. Centra su atención en el estudio crítico de las cuatro fases tradicionales del ciclo de inteligencia: dirección, obtención, elaboración y difusión.

Introducción

Continuamos con la serie de materiales didácticos sobre inteligencia para la Seguridad y la Defensa. El ciclo de inteligencia es un esquema útil a la hora de representar –de manera ideal– la inteligencia como proceso, según la diferenciación clásica de Mark Lowenthal, que vimos en un documento anterior.

Como sucede a menudo con los esquemas, tiene la ventaja hacer fácilmente comprensible un fenómeno complejo, pero el inconveniente de simplificar en exceso la realidad. Esto explica la paradoja de que el ciclo sea criticado, y que al mismo tiempo continúe siendo un tópico tradicional al iniciarse en los estudios de inteligencia. 

En este documento presentaremos el modelo ideal del ciclo de inteligencia y al mismo tiempo señalaremos los desajustes que se producen en su aplicación real. A continuación nos detendremos en los aspectos más destacados de cada conjunto de tareas (más que fases auténticas del ciclo), pues en seguida veremos que no son del todo secuenciales.

El contraste entre el modelo ideal del ciclo de inteligencia y la realidad

Según el modelo ideal, el proceso de inteligencia sigue cuatro etapas:

  1. Dirección. Los destinatarios de la inteligencia (también llamados por la literatura consumidores o, incluso, clientes) plantean una serie de demandas a los responsables del servicio de inteligencia. Dependiendo del tipo de inteligencia esos destinatarios pueden ser decisores políticos, altos mandos militares, responsables policiales de alto nivel, etc. En lo concerniente a los servicios de inteligencia estratégica el destinatario por excelencia es el presidente del gobierno, sus asesores, determinados ministros, asesores de estos y altos cargos de sus respectivos ministerios. Las demandas generales de inteligencia son convertidas en requerimientos específicos por los gestores de alto nivel del servicio, que a partir de ellas asignan tareas, distribuyen recursos y, cuando lo consideran necesario, reforman la estructura orgánica.
  2. Obtención. Quienes trabajan en la fase de obtención buscan y recopilan información a través de diversos medios. Y, una vez procesada, esa información se entrega a los analistas.
  3. Elaboración. Los analistas evalúan, analizan, integran e interpretan la información recibida. El conocimiento que se genera a partir de ella se plasma en diversos formatos de entrega de inteligencia.
  4. Difusión. La inteligencia como producto es entregada a los destinatarios, que pueden pedir aclaraciones sobre la inteligencia recibida o solicitar nuevas demandas, activando de nuevo el ciclo.
Modelo de ciclo de inteligencia según el Centro Nacional de Inteligencia

En la comunidad de inteligencia norteamericana las fases del ciclo reciben otro nombre, y se distingue la fase de obtención de la de procesamiento, por lo que son cinco etapas:

Hasta aquí el planteamiento teórico. Es sencillo, posee lógica interna y resulta fácil de comprender y recordar. También se corresponde en cierta medida con la organización interna de los servicios de inteligencia, que dividen sus funciones de manera acorde con las etapas del ciclo (Clark, 2013). De ahí su valor pedagógico como primera aproximación a la inteligencia como proceso, lo que explica que se siga estudiando a pesar de sus limitaciones.

Ahora bien, desde hace años la literatura especializada viene llamando la atención sobre las debilidades del ciclo a la hora de explicar el proceso real de producción de inteligencia. Arthur S. Hulnick (2006) ofrece una revisión sistemática de las incongruencias existentes entre el modelo puro y lo que sucede en la vida real, a partir de su experiencia en la comunidad de inteligencia norteamericana. Una opinión que según otras fuentes puede aplicarse al funcionamiento del sistema en otros países. Siguiendo los pasos del ciclo ideal el contraste sería el siguiente:

En consecuencia, este gráfico de Gregory F. Treverton, y C. Bryan Gabbard (2008:4) ofrecería una imagen más realista del ciclo:

Las líneas con puntos del gráfico señalan la existencia de atajos entre una y otra fase: (A) el tránsito de informaciones no analizadas desde la fase de Obtención al decisor político (o militar en caso de que el ciclo describa el funcionamiento de ese tipo de inteligencia); (C) el de indicaciones de los analistas a la del Planeamiento previo a la Obtención; y (B) el que comunica la fase de Elaboración con los consumidores, sin pasar plenamente por selección y refinamiento de los análisis en la fase de Difusión.

Por su parte, Lowenthal (2012) propone un modelo algo más complejo pero también ajustado a la realidad, pues como han advertido por ejemplo Michael McConnell (antiguo Director Nacional de Inteligencia en Estados Unidos) y el académico Michael Herman, el ciclo está compuesto por una suma de feedbacks. A lo largo del ciclo surgen incidencias (nuevas necesidades de obtención, ambigüedades en el procesamiento, resultados de análisis, cambios en los requerimientos) que ponen en marcha un nuevo proceso, e incluso un tercero, cuarto… De modo que los estratos que aparecen en la figura inferior podrían multiplicarse por varios.

Proceso multi-estratos de Mark Lowenthal

Finalmente, Robert M. Clark (2013), ofrece una visión alternativa con su modelo de Target-Centric Intelligence (proceso de inteligencia centrado en el objetivo). Según él, la finalidad del proceso consiste en construir una imagen compartida del objetivo –del asunto de interés de la inteligencia. Una imagen de la que todos los participantes en el proceso puedan extraer elementos necesarios para su trabajo y a la que todos puedan contribuir con sus recursos y conocimientos con el fin de obtener un cuadro más ajustado de la realidad. No se trata de un proceso lineal ni cíclico, aunque contenga procesos de retroalimentación. Es más bien un trabajo en red, un proceso social, donde todos los participantes centran su atención en el objetivo.

Target-Centric Intelligence, según Robert M. Clarck (2013)

Dichos participantes son, por un lado, los consumidores de inteligencia que al encontrarse con un problema se preguntan qué es lo que se conoce sobre el objetivo asociado a dicho problema (la imagen actual del objetivo) e identifican la información que necesitan. También participan en el proceso los analistas, que trabajando con los encargados de obtención que comparten su misma visión del objetivo, traducen sus necesidades en vacíos (information gaps) y requerimientos de información. Sin embargo, y a diferencia del ciclo clásico, este modelo no concede todo el protagonismo de la elaboración de la inteligencia a los analistas, sino que introduce en el proceso de elaboración a los consumidores y a quienes proporcionan la información. Ambos poseen sus propias intuiciones y valoraciones en lo que respecta al objetivo, y ambos tratan de incluirlas en la imagen final sobre él. Aun así, en este modelo los analistas también poseen una singular importancia pues se convierten en los principales gestores del proceso: son ellos quienes primero crean y mantienen la imagen del objetivo, quienes consultan y estimulan las necesidades de los consumidores y las traducen en requerimientos de información, quienes aceptan nuevas informaciones, las filtran y las incorporan a la imagen compartida, y quienes extraen inteligencia operativa de esa imagen del objetivo que pasan a los consumidores. A su vez, los consumidores y quienes obtienen la información observan la marcha del proceso y tienen por tanto oportunidad de intervenir en él.

La propuesta de Clark es interesante pero requiere dos matizaciones. En primer lugar, parece estar orientado fundamentalmente a la inteligencia operativa, donde los consumidores serían, por ejemplo, los mandos de una fuerza militar o policial. De hecho, los casos con los que ilustra su modelo responden a ese perfil, y, al mismo tiempo, la descripción del modelo guarda una estrecha relación con los cambios introducidos por el General McChrystal y su equipo en el Joint Special Operations Command para enfrentarse con más eficacia a las insurgencias en Irak y Afganistán. En segundo lugar, el modelo da la impresión de ser una propuesta a implementar para mejorar los procesos, antes que una descripción acertada de cómo son esos procesos en realidad. En ese sentido, una comparación de los modelos de Clark y de Lowenthal aplicada a un caso histórico (la gestión norteamericana de la crisis de los misiles de Cuba) concede mayor valor descriptivo-explicativo al segundo de ellos.

Una vez advertidos de las limitaciones reales del ciclo de inteligencia, vamos examinar los aspectos más destacados de cada una de sus fases. Lo haremos siguiendo las cuatro etapas del modelo español.

Fase de Dirección

Hay tres cuestiones a resaltar en esta fase: los protagonistas, el contenido de los objetivos y las prioridades dentro de ellos.

En teoría los protagonistas de esta fase son los destinatarios de la inteligencia, de modo que lo lógico sería que las prioridades de inteligencia coincidan con las prioridades de los decisores políticos. La idea que subyace bajo este planteamiento es que dichos decisores han sopesado previamente cuáles son sus prioridades y actúan siguiendo un plan estratégico. Sin embargo, la realidad no siempre coincide con esa premisa. En la práctica:

Por ello, no es infrecuente que sean los propios servicios quienes tomen la iniciativa y pasen cuestionarios de requerimientos a los policy-makers o propongan un primer borrador con las líneas de trabajo a desarrollar.

Una vez establecida, la lista de requerimientos se traduce en un documento programático. En España se trata de la Directiva Nacional de Inteligencia. Es elaborada anualmente por la Comisión Delegada del Gobierno para Asuntos de Inteligencia, aprobada por el Presidente del Gobierno, y seguida y evaluada por dicha Comisión. Por su naturaleza la Directiva es de carácter secreto.

En Estados Unidos el Consejo de Seguridad Nacional es quien determina la política y los objetivos de inteligencia. Y compete al Director Nacional de Inteligencia asignar dentro de la comunidad los objetivos prioritarios para cada uno de los organismos de inteligencia que la componen. El documento que explicita dichos objetivos y prioridades, y que en cierto modo sería el equivalente de la Directiva Nacional de Inteligencia española, es el National Intelligence Priorities Framework (NIPF). Su contenido también es secreto y se renueva periódicamente (en principio, cada seis meses).

Los plazos de renovación de estos documentos (anualmente en el modelo español, dos veces al año en el norteamericano), pueden parecer los propios de una gran burocracia, pero lo cierto es que el dinamismo de las relaciones internacionales –y más en tiempos tan volátiles como los que estamos viviendo– pone en peligro la vigencia de las prioridades establecidas. Por ello Mark Lowenthal (2012) recomienda un adecuado grado de flexibilidad en las actualizaciones de los objetivos y prioridades. Un exceso de alteraciones en cortos periodos de tiempo crearía serias disfunciones en el trabajo de los servicios, mientras que una actitud de resistencia al cambio desconectaría la inteligencia del proceso político. 

En cuanto al contenido de los objetivos, ya señalamos en el documento previo que los servicios de inteligencia asumen por lo general un enfoque integral de la seguridad, prestando atención a las dimensiones política, militar, económica, social, cibernética, etc. Más allá de esto cada país tiene sus propias especificidades en lo relativo a intereses, riesgos, amenazas y oportunidades, condicionadas por su historia, geografía, poder relativo y mayor o menor presencia global. A partir de ellas se establecen los objetivos concretos. Estos no hacen referencia sólo a países hostiles. En la práctica también afectan a países amigos y aliados, pues aunque en una esfera exista cooperación (por ejemplo, en el seno de la OTAN), en otras –como la económica– esos mismos países son competidores. Al mismo tiempo, los Estados también desean conocer cuáles son las intenciones de política exterior de sus aliados en asuntos que afectan a intereses propios (por ejemplo, para Washington, la actitud de Francia frente a Rusia en el contexto de la crisis de Ucrania o tras los atentados de París). Por lo que las escuchas de la NSA norteamericana a la canciller Merkel no resultan en el fondo tan sorprendentes… A pesar de ello, el Presidente Obama se comprometió tras el escándalo a reducir las escuchas de gobiernos amigos. Reducir, no abandonar por completo, pues Washington ha seguido manteniendo bajo vigilancia estrecha a ciertos aliados. En particular al gobierno israelí de Benjamin Netanyahu.

Por otro lado, la limitación de recursos obliga a establecer prioridades entre los objetivos. Esto supone que los últimos de la lista quedan menos cubiertos y que en ellos haya más ‘sombras radar’. Mark Lowenthal señala como como criterios la importancia y la probabilidad de que la amenaza o la oportunidad se presenten. El gráfico inferior representa los dos criterios con una tendencia creciente. Los puntos comprendidos en la elipse ocuparían los primeros puestos en el orden de objetivos.

Como puede observarse, el criterio de probabilidad no es tan relevante como el de importancia. Puede haber cuestiones altamente improbables –por ejemplo, un ataque militar a la integridad territorial de España– que por la severidad de sus consecuencias sean objeto de vigilancia permanente por parte de los servicios de inteligencia nacionales. Por el contrario, hay asuntos muy probables –choques fronterizos armados entre India y Pakistán en Cachemira– cuya importancia para España es sin embargo menor y por ello requiere menos prioridad en la lista de objetivos. Finalmente hay una serie de objetivos que por su importancia y probabilidad tienen asegurados los primeros puestos de la agenda. En el caso de nuestro país, es de suponer que el terrorismo yihadista, las amenazas a la ciberseguridad o las actividades de crimen organizado ocupen ese lugar.

La selección de objetivos y prioridades, y la asignación de recursos que de ello se deriva, conlleva riesgos inevitables. Los errores de visión y de cálculo en la fase de Dirección se traducen en vacíos de inteligencia sobre áreas de interés real pero no advertido, lo cual incrementa el riesgo de que se produzcan sorpresas estratégicas. También afecta a la capacidad de respuesta de los servicios una vez que se ha constatado la importancia de esos objetivos. Desarrollar capacidades de Obtención –especialmente de HUMINT– y de Análisis requiere periodos dilatados de tiempo, lo cual genera ventanas de vulnerabilidad en términos de inteligencia.

Finalmente, una vez que los consumidores de inteligencia establecen los requerimientos, la dirección de los servicios lleva a cabo cuatro acciones fundamentales que consisten en (Miguel Ángel Esteban y Andrea V. Carvalho (2012: 141):

Fase de Obtención

Como ya hemos señalado, el modelo español incluye tanto la obtención propiamente dicha de datos e información bruta, como la sub-fase de procesamiento y explotación. Esta consiste en convertir los datos captados por los sistemas de obtención técnicos en información utilizable por los analistas. Dicho procesamiento y explotación también entraña una evaluación de la fiabilidad de la fuente y de la información, y un pre-análisis de la información obtenida, anterior a la siguiente fase de Elaboración.

Como ya se ha señalado, la fase de Obtención debe ir precedida del diseño de una estrategia basada en el objeto de interés y en los vacíos informativos que dificultan el análisis sobre él. Los protagonistas de la estrategia son en buena medida los analistas de inteligencia. Por ello el inicio de la fase de Obtención recibe inputs, además de la fase de Dirección, de la de Elaboración (de ahí las incongruencias en el ciclo de inteligencia canónico que advertimos al comienzo de este documento).

La fase de Obtención es también la más llamativa, la que ha dado lugar a un género propio de novelas y películas. Es donde se aplican los avances tecnológicos. Y –junto a las operaciones encubiertas– es quizás la más polémica, la que de cuando en cuando provoca incidentes diplomáticos y grandes escándalos políticos. Pero más allá de las controversias que genera, es una fase enormemente compleja. Veamos de manera esquemática cuáles son los desafíos a los que se enfrenta (Lowenthal, 2012):

Son numerosos los sistemas utilizados para la obtención de información, y su adecuación depende del objeto y el tipo de información al que se quiera acceder. Rara vez es suficiente con uno solo de ellos. Y en todos los casos es muy recomendable –por no decir sencillamente imprescindible– contrastar la información con varias fuentes. En Estados Unidos existen agencias especializadas en un sistema concreto de Obtención, pero hay tres en la comunidad (CIA, la DIA –inteligencia militar– y la INR –del Departamento de Estado) que son all sources. En España el CNI y el CIFAS también pertenecen a esta categoría.

A continuación ofrecemos una clasificación didáctica y, por tanto, simplificada de los medios de obtención. Al mismo tiempo, exponemos también de manera esquemática los pros y contras de cada uno de ellos (Lowenthal, 2012):

Inteligencia de Imágenes (IMINT) y de Firmas (MASINT)

Incluye:

Ventajas:

Imágenes satélite presentadas como prueba del incremento de la presencia militar rusa en Siria previa al inicio de los bombardeos a finales de ese mismo mes de septiembre de 2015. En este caso proceden además de fuentes abiertas (OSINT)

Limitaciones:

Inteligencia de señales (SIGINT)

Ventajas:

Limitaciones:

Inteligencia humana (HUMINT)

Es la obtenida a través de diferentes tipos de personas:

Ventajas:

Limitaciones:

Inteligencia de fuentes abiertas (OSINT)

Se refiere a:

Drones de la CIA desplegados en una base de la fuerza aérea paquistaní descubiertos por OSINT de Google Earth

Esta imagen obtenida a través de una fuente abierta muestra a tres drones norteamericanos en la base de Shamsi, perteneciente a la fuerza aérea pakistaní. Pakistán tiene drones propios pero no contaba con aparatos como los Predator o Reaper que aparecen en la fotografía. Publicada en 2009, esta imagen prueba que algunos de los drones que protagonizan la campaña norteamericana contra Al Qaeda y los talibán en las Áreas Tribales Federalmente Administradas (oficialmente, una operación encubierta de la CIA) salían desde el propio territorio pakistaní, a pesar de las críticas vertidas por el gobierno de Islamabad contra dicha campaña.

Ventajas:

Limitaciones:

Cooperación con otros servicios de inteligencia

Supone otra fuente de información relevante sobre la base del quid pro quo o de un ‘banco de favores’. Muchas veces los servicios extranjeros disponen de capacidades HUMINT en áreas específicas difícilmente adquiribles por los servicios propios. Otras veces pueden proporcionar informaciones obtenidas a través de IMINT o SIGINT con medios que exceden las capacidades nacionales.

No obstante, este tipo de cooperación también se encuentra con diversos problemas: protección de las fuentes, riesgo de fugas de información (que se incrementa con el número de miembros de un club de inteligencia), intereses nacionales irreconciliables en otras áreas de inteligencia, etc. El resultado es una mezcla de tendencias hacia la ‘extroversión e introversión’ en la interacción de unos servicios con otros

Fase de Elaboración

El primer paso en la fase de elaboración consiste en recopilar la información conseguida y procesada en la fase de Obtención y evaluarla. La recopilación no es un paso que se deba dar por descontado pues muchas veces supone discriminar de nuevo entre el trigo y la paja: algo que ya se ha hecho en la fase Obtención y en la subfase de procesamiento y explotación, pero que aun así no evita que se genere un volumen gigantesco de información que acaba en la mesa de los analistas.

Al mismo tiempo, la recopilación exige consultar por un lado las bases de datos internas al servicio (el analista quedaría en evidencia si solicita a los encargados de Obtención una información ya existente). Y, por otro, las fuentes abiertas: también sería un error poner en marcha un proceso de obtención cuando la información ya está disponible en OSINT.

Existen diversos métodos para evaluar la fiabilidad. Uno genérico consiste en evaluar la credibilidad de la fuente (por ejemplo, en una escala A-E) y la consistencia interna y externa de la información recibida (en una escala de 1-5).

La puntuación puede realizarse siguiendo los criterios recogidos en la tabla:

Fuente: elaboración propia basada en (Quiggin, 2007: 171-172)

A partir de estos criterios, la mejor sería una información valorada como A1, la peor como D4 y la E5 sería información quizás válida pero por el momento poco sólida.

Otros criterios para valorar la fuente serían el conocimiento del tema sobre el que informa (un técnico en radares puede ser competente al dar los detalles de la firma radar de un avión, pero poco fiable al informar sobre las especificidades aerodinámicas del avión); su acceso a la información (directo o indirecto); y la existencia de intereses particulares o de una carga ideológica fuerte que le lleve a distorsionar la realidad (Clark, 2013).

El siguiente paso es propiamente el análisis. Requiere un esfuerzo de examen sistemático de la información, de síntesis, integración, contextualización, identificación de variables clave, establecimiento de relaciones causales y, por tanto, de interpretación de la información con una orientación al futuro que convierta el conocimiento adquirido en una herramienta para la toma de decisiones.

En un documento anterior hemos tratado de manera también introductoria las características del análisis de inteligencia, examinando las fuentes de error y algunas técnicas que contribuyen a mejorar su calidad. Del mismo modo, recomendamos el libro de Richards J. Heuer y Randolph H. Pherson (2011), Structured Analytic Techniques for Intelligence Analysis, (traducido al español por la editorial Plaza y Valdés) donde se explican decenas de técnicas para mejorar el análisis de inteligencia: mapas mentales y conceptuales, mapas de proceso, matrices, análisis de redes, brainstorming estructurados presenciales y virtuales, matrices de impactos cruzados, análisis morfológico, análisis de escenarios, técnicas de generación y competición de hipótesis, mapas argumentales, role playing, análisis de equipos diferentes, análisis DAFO, matrices de decisiones, etc.

Además de esas recomendaciones bibliográficas, añadimos unos comentarios breves sobre tres aspectos relacionados con el análisis.

En primer lugar, la tendencia creciente a favorecer la integración de la información haciendo que la información circule entre los diversos departamentos del servicio y entre los distintos componentes de la comunidad de inteligencia (en Estados Unidos, por ejemplo, a través de los Fusion Centers) con el fin de que llegue donde se necesita. Los atentados del 11-S, cuya prevención se habría beneficiado de una mayor colaboración e intercambio de información intra e inter-agencias, impulsaron un movimiento de reforma en ese sentido. Sin embargo, los escándalos ligados a las filtraciones del soldado Manning y del caso Snowden han supuesto un retroceso. A pesar de ello, la tendencia a fomentar el trabajo en red y suavizar las restricciones internas para acceder a información sigue vigente y tiene grandes defensores, como es el caso –ya desde fuera de la comunidad de inteligencia– del General McChrystal, que como ya hemos comentado lideró la gran innovación del Joint Special Operations Command: un proceso de cambio que tuvo mucho que ver con la gestión e integración de información para producir inteligencia militar operativa.

En segundo lugar, las competencias básicas que debe tener cualquier buen analista (Lowenthal, 2012):

Y, en tercer lugar, varios principios básicos sobre la gestión de los analistas que atañen a los directivos, a quienes supervisan la organización, trabajo y trayectoria profesional de los analistas (Gentry, 2014):

Fase de Difusión

Es una fase tan importante y compleja como las tres anteriores. En ella convergen dos de los tres afanes que Sherman Kent atribuye a todo analista de inteligencia: el afán de saber, el de ser creído y el de influir para bien.

Según Miguel Ángel Esteban y Andrea V. Carvalho (2012: 155), hay una serie de condiciones que deben cumplirse para que esta fase sea eficaz:

Para asegurar en la medida de lo posible todas estas condiciones, la fase de Difusión es la más estandarizada de todas, al menos en la Comunidad de Inteligencia norteamericana que es la que ofrece mayor cantidad de información pública al respecto. La inteligencia llega a los destinatarios en una gama variada de formatos: informes breves con inteligencia actual, como el ya mencionado PDB (algunos históricos ya han sido desclasificados), monografías con inteligencia estratégica, estudios estimativos como el National Intelligence Estimate, inclusión de nueva inteligencia básica en bases de datos ya existentes, briefings, etc.

Cada institución establece sus propios requisitos formales a la hora de redactar, presentar o difundir los productos de inteligencia, pero hay una serie de guías maestras que pueden ayudar:

Una vez que se dispone de la inteligencia en el formato debido, el siguiente gran reto consiste en que llegue a los consumidores que la necesitan para que puedan hacer el mejor uso de ella. Existen diversos sistemas de difusión en cada comunidad. Además de las listas de distribución asociadas a determinados productos de inteligencia actual –como el CIA World Intelligence Review (WIRe) que, además de a decisores políticos, llega a un amplio abanico de funcionarios civiles y militares–, se encuentran las bases de datos de acceso múltiple como el proyecto de la Library of National Intelligence impulsado por la Oficina del Director de Inteligencia Nacional norteamericano.

Es conveniente atraer la atención sobre la inteligencia. En cierto modo, saber venderla. Según Robert M. Clark (2013), la inteligencia debería ser como el alimento –algo demandado y fácil de colocar a los consumidores. Sin embargo, la inteligencia es similar a los seguros, se ha de llamar la atención del cliente sobre su importancia.

Y el último reto consiste en que una vez que la inteligencia llega a los destinatarios y logra atraer su atención, éstos sepan apreciarla y, si es el caso, la tengan en cuenta en sus decisiones. En buena medida esto escapa al control de los funcionarios de inteligencia. Al mismo tiempo un exceso en el deseo de ser escuchados aumenta el peligro de politizar la inteligencia, de generar intelligence to please; es decir, de adaptar el producto a las preferencias políticas del decisor con el fin de que sea aceptado.

En efecto, la inteligencia tiene mayores probabilidades de ser rechazada por el destinatario cuanto más contradiga la opinión de éste sobre una determinada cuestión. Más aún si no se trata sólo de una valoración previa sino de una política en marcha (hace cinco siglos Maquiavelo ya advertía que “los hombres no contemplarán las cosas como realmente son, sino  como les gustaría que fueran”). Uno de los ejemplos históricos más señalados fue la negativa de Stalin a aceptar los informes que alertaban de un ataque alemán inminente a comienzos del verano de 1941. Décadas más tarde la Administración Johnson no aceptó las valoraciones de la CIA que entre 1963 y 1965 advirtieron repetidamente que un incremento de las fuerzas militares en Vietnam no resolvería un conflicto que requería una salida política, no militar.  En 1983 la Administración Reagan tampoco escuchó a la Agencia cuando ésta afirmó que no habría un modo razonable de forzar la retirada del ejército sirio de El Líbano. El resultado de esa desconexión entre inteligencia y política exterior fue el despliegue militar norteamericano en el país y su abrupto abandono tras sufrir un atentado en el que murieron 241 Marines (Clark, 2013).

Finalmente, y de manera ideal, los destinatarios deberían ofrecer feedback a los servicios sobre la utilidad de la inteligencia recibida, matices a tener en cuenta, nuevos requerimientos, cuestiones a ampliar, etc. Sin embargo, los mismos problemas que reducen el protagonismo del consumidor de inteligencia al inicio del ciclo (como ya hemos señalado, falta real de tiempo, tiranía de la agenda y de la urgencia de los asuntos, y en ocasiones falta de pensamiento estratégico, escaso interés, etc) pueden afectar negativamente al proceso de retroalimentación.

Bibliografía

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Hulnick, Arthur S. (2006), “What’s wrong with the Intelligence Cycle”, Intelligence and National Security, Volume 21, Issue 6, pp. 959-979.

Lowenthal, Mark M. (2012), Intelligence: From Secrets to Policy, Washington, DC: CQ Press.

McChrystal, Collins, Stanley, Silverman, David, Fussell, Chris (2015), Team of Teams: New Rules of Engagement for a Complex World, New York: Penguin Group.

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