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Disuasión: fundamento de la estrategia defensiva

https://global-strategy.org/que-es-disuasion/ Disuasión: fundamento de la estrategia defensiva 2022-10-26 18:49:00 Javier Jordán Blog post Política de Defensa Lecturas didácticas sobre estudios estratégicos Teoría estratégica

Resumen: Este documento didáctico expone los conceptos fundamentales relacionados con la teoría de la disuasión: qué es, estrategias básicas, componentes de la credibilidad disuasoria y límites de la disuasión.


¿Qué es la disuasión? Definición y conceptos relacionados

La disuasión es una variable relacional, resultado de una interacción en la que el disuadido opta por no llevar a cabo una acción –que de otro modo sí realizaría– al estimar los costes que puede entrañar (Gray, 2000: 256). El objetivo último de quien ejerce la disuasión consiste en influir sobre el cálculo de riesgos y beneficios de la otra parte para que ésta considere contraproducente un determinado curso de acción (George & Smoke, 1974: 11; Freedman, 2013: 159).

La disuasión forma parte de la familia más amplia de estrategias de influencia dentro del subtipo de estrategias de coerción, donde se utiliza la amenaza para influir en la elección estratégica de otro actor. Pero a diferencia del compellence (donde A obliga a B a hacer algo), en la disuasión (deterrence) A logra que B no haga lo que pretendía hacer. Su objetivo es la inacción. (Mallory, 2018: 3). La disuasión es de este modo componente esencial de cualquier estrategia defensiva; previene, trata de evitar el conflicto armado o de frenar su escalada una vez iniciado (Stone, 2012: 109).

Es frecuente que en muchas relaciones de disuasión ambos actores sean a la vez disuasores y disuadidos, como ocurrió por ejemplo entre las dos superpotencias durante la Guerra Fría. A la vez, la disuasión puede dirigirse a múltiples audiencias sin restringirse a una diada conflictiva particular. Patrick Morgan (2003: 9) distingue así entre disuasión general y disuasión inmediata. La primera intenta evitar cualquier tipo de ataque armado, provenga de quien provenga. La inmediata segunda se orienta a un potencial ataque específico por parte de un actor concreto, a menudo en el contexto de una crisis.

La disuasión se puede ejercer antes de que comience un conflicto (con el fin de evitarlo), pero también una vez que han estallado las hostilidades con el propósito de limitar su alcance geográfico o el nivel de intensidad del enfrentamiento (disuasión intra-conflicto). Cuando un actor consigue que su adversario se ajuste a los parámetros que él establece dentro de esa relación conflictiva se dice que posee el ‘dominio de la escalada’.

Otro concepto asociado a la disuasión es la estabilidad estratégica, que fue uno de los temas centrales de la Guerra Fría. La estabilidad estratégica se alcanza cuando los actores interrelacionados por el juego de la disuasión entienden y aceptan que las ventajas estratégicas de atacar primero quedan eclipsadas por los enormes costes de hacerlo (Brodie, 1959: 303). La estabilidad requiere una disuasión robusta, cuyas capacidades no puedan ser desbaratadas por un ataque preventivo del rival. A la vez, ha de evitar que el desarrollo de esas capacidades genere un dilema de seguridad o, peor aún, se interprete como una amenaza inminente, provocando la reacción intencionada o accidental de aquel a quien se pretende disuadir por el temor a ser objeto de un ataque preventivo (Wohlstetter, 2009: 203-205).

Estrategias disuasorias

La disuasión se puede ejercer con dos estrategias diferentes: negación y represalia (Snyder, 1961: 14-16). Ambas tratan de elevar los costes sobre los beneficios en el cálculo racional del otro actor:

Como es lógico, los dos enfoques son complementarios. Un Estado puede disuadir a otro frente a una agresión fronteriza amenazándole con una defensa firme del territorio y con represalias contra objetivos económicos del atacante (bombardeo de sus infraestructuras críticas, bloqueo naval etc.), que eleven sustancialmente el coste de la acción ofensiva.

Profundizando un poco más en el repertorio de estrategias disuasorias, otra opción es la disuasión a medida (tailored deterrence); término que se introdujo en la doctrina del US Strategic Command en 2004 y en la Quadrennial Defense Review del Pentágono en 2006 (Lantis, 2009). La disuasión a la medida requiere conocer en profundidad los valores, normas, intereses y condicionantes de quienes toman las decisiones para comprender su ‘mentalidad’ o cultura estratégica (Lantis, 2009: 470). Resulta acorde, por tanto, con una visión que trasciende los límites del modelo racional al incorporar aportes sobre ideología, cultura, sistema de gobierno, etc. (Jervis, 1978: 308; Baylis, 2009: 13; Payne, 2011: 398-399). No obstante, Patrick M. Morgan (2012: 103) advierte de la necesidad de guardar equilibrio entre multidisciplinariedad y pragmatismo, pues de lo contrario se acabarán construyendo matrices sumamente complejas, basadas en presunciones cuestionables y de escasa utilidad para el diseño de una estrategia disuasoria efectiva.

Finalmente, otro principio asociado al diseño estratégico de la disuasión es la oferta de garantías (assurances). La disuasión se basa en amenazas asociadas a traspasar determinados límites, y a la vez en aliviar la inseguridad de la otra parte garantizando que no tiene nada que temer si los respeta (Brodie: 1959: 397; Jervis, 1978: 304-305; Knopf, 2012: 375). Thomas C. Schelling (2008: 74) ilustra su importancia afirmando que “un paso más y disparo” es una amenaza disuasoria válida siempre que vaya acompañada de “y no dispararé si no lo das”. Las garantías son un componente indispensable de la estrategia de influencia que es toda disuasión, además de una ayuda a la hora de evitar dilemas de seguridad genuinos: aquellos donde dos actores sin intenciones hostiles malinterpretan las medidas defensivas de la otra parte (Tang, 2009: 598). Las garantías incluyen medidas de carácter militar propias de los regímenes de seguridad (como las medidas de confianza y seguridad militar, y la limitación de armamentos), y otras de carácter diplomático y político como demostrar autocontención, desarrollar estrategias de reciprocidad tipo ‘toma y daca’ (tit-for-tat), asumir compromisos políticos irrevocables (como fue la visita de Sadat a Jerusalén en 1977), y respetar normas tácitas e informales de competición (Knopf, 2012: 385).

El cálculo disuasorio

Como en todo ejercicio de influencia, el reto de la disuasión consiste en afectar desde fuera a un sujeto pensante (Freedman, 2004: 32). La mera superioridad militar no garantiza la disuasión (Brodie, 1959: 274). Según Snyder (1960: 167), el cálculo del potencial disuadido se ve afectado por cuatro variables:

Si se acepta la premisa de Patrick Morgan (2003: 164) según la cual la motivación –el valor otorgado al objetivo– sería el factor más importante para explicar el éxito o fracaso de la disuasión, estaría en manos del disuasor modular las otras tres variables mediante el diseño de una estrategia adaptada a ese actor y también al contexto (George & Smoke, 1974: 54; Gray, 2010: 280-281). La práctica de la disuasión es así un arte antes que una ciencia.

En el mundo real, la disuasión se enfrenta a la complejidad, a la no linealidad y a la multidimensionalidad propia de cualquier la estrategia (Gray, 2000: 258-259). El proceso de toma de decisiones del potencial disuadido está condicionado por normas, valores y modos de conducta a menudo diferentes de quien ejerce la disuasión; la estimación de costes y beneficios no es extrapolable entre uno y otro. Por ello, al cálculo racional hay que añadir factores de naturaleza ideológica, psicológica, cultural, religiosa, geopolítica, de política interna y de estructura institucional (Payne, 2011: 399). Todos ellos pueden afectar a la percepción del potencial agresor y explicar por qué en ocasiones fracasa la disuasión a pesar de la superioridad militar del agredido (Mazarr, 2018: 7).

Y para complicar aún más las cosas, tanto la variedad de factores que intervienen en el proceso de persuasión, como las limitaciones metodológicas a la hora de aislar variables, hacen extremadamente difícil probar el éxito de la disuasión (Lupovici, 2010: 709). Raro es el caso de un gobierno que reconozca explícitamente haber sido disuadido por otro (Morgan, 2003: 122; Rid, 2012: 142-143). El hecho de que no haya seguido el curso de acción que se pretendía evitar puede deberse a variables distintas de la amenaza disuasoria, entre otras la falta de interés genuino (Halas, 2019: 5).

Disuasión y credibilidad

Un principio central en la teoría de la disuasión es la credibilidad, entendida como la probabilidad percibida de que el disuasor materialice su amenaza al darse las condiciones que supuestamente deberían activar la disuasión (Press, 2005: 10). La credibilidad desempeña un rol de primer orden porque lo importante no es tanto la capacidad real de quien disuade como la ‘creencia’ de quien es disuadido (Morgan, 2003: 15).

La credibilidad depende de tres factores: capacidad, determinación y comunicación. Utilizando el símil de una operación aritmética, su relación es la de una multiplicación, no la de una suma: un fallo significativo de cualquiera de ellos afecta negativamente al resultado, por lo que es conveniente aclarar en qué consiste cada uno:

Situación del despliegue de fuerzas militares de la OTAN en el Este de Europa semanas después de la invasión rusa de Ucrania. La mayor parte de ellas ya se encontraban desplegadas con anterioridad como parte de la NATO’s Enhanced Forward Presence

La literatura clásica sobre disuasión vinculaba la credibilidad a un historial de episodios interdependientes. Se pensaba que el cumplimiento de las expectativas disuasorias –particularmente en casos donde no había un claro interés nacional en juego– reforzaba la credibilidad a la hora de responder a una agresión contra intereses mayores. En sentido contrario, los fallos de disuasión episódicos comprometían el conjunto de la disuasión. Se entendía la disuasión como una red sin fisuras (Jervis, 1979: 314-317). La literatura posterior ha cuestionado la validez de esta reputación de determinación (reputation for resolve) tanto en el plano teórico como en su aplicación práctica (Huth, 1997). Según Shiping Tang (2005: 50), un exponente destacado del realismo defensivo, la anarquía internacional obliga a que las políticas de seguridad se diseñen asumiendo las premisas más desfavorables. Esto entraña desconfiar del compromiso de los aliados y asumir que el rival actuará con determinación, aunque no lo haya hecho en situaciones previas. Tang (2005: 46-48) advierte así de los efectos perniciosos del ‘culto a la reputación’. El miedo a perder la imagen de firmeza puede ser objeto de manipulación por parte de los aliados e incita a prolongar y escalar innecesariamente los conflictos.

Los límites de la disuasión

Al tratarse de un proceso psicológico, los elementos que se acaban de exponer son necesarios pero no suficientes para garantizar el éxito de la disuasión. Como ya se ha señalado, el diseño de una estrategia disuasoria debe adaptarse a las características particulares de cada caso, pero aun así puede fallar si es mal comprendida por el oponente o si éste ignora la amenaza y acepta los daños que su acción pueda acarrearle porque otorga más valor al objetivo que pretende conseguir.

La disuasión asume el carácter racional del adversario, es decir, que actuará según un cálculo de costes y beneficios, pero dicha racionalidad puede verse limitada por alguno de los siguientes factores:

En definitiva, la disuasión –aunque necesaria– es un proceso inherentemente imperfecto. Por ello, la estrategia de defensa debe incluir líneas de actuación que contemplen respuestas al fracaso de la disuasión.

Referencias:

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