La decisión de detener el avance del Grupo de Ejércitos Centro en su marcha hacia Moscú para apoyar al Grupo de Ejércitos Norte y, especialmente, al Grupo de Ejércitos Sur en Ucrania es considerada frecuentemente como uno de los mayores errores de Hitler. Así lo consideraron en su día los más destacados generales alemanes especialistas en guerra móvil, singularmente Guderian, Hoepner y Manstein. Para estos generales, la decisión de Hitler era injustificable y, de hecho, sería una de las causas principales que llevaron al fracaso final de la Operación Barbarroja.
En realidad, Hitler creía tener razones sólidas para tomar esa decisión: en su experiencia, la derrota final de la Alemania Imperial en 1918 se había debido esencialmente a las penurias que el bloqueo naval británico había impuesto a la población alemana, lo que alentó la revolución social que forzó el armisticio. Esta explicación de la derrota en la Gran Guerra – conocida en la propaganda nazi de preguerra como la “puñalada por la espalda”, en la que los comunistas habrían traicionado a los soldados del frente, forzando la revolución social que llevó a la rendición – estaba profundamente enraizada en su mentalidad. Como consecuencia, a Hitler le parecía más importante asegurarse el grano de Ucrania (para evitar las hambrunas que había sufrido la población alemana en la Primera Guerra Mundial, PGM) que culminar la derrota de la Unión Soviética, que parecía inevitable en cualquier circunstancia. A esta razón de orden político, se unían algunas consideraciones militares. Por un lado, como había ocurrido en Francia después de Sedán, la penetración de las vanguardias alemanas en territorio enemigo dejaba sus flancos expuestos a un posible contraataque. En Rusia, el avance hacia Moscú del Grupo de Ejércitos Centro, muy por delante de las posiciones alcanzadas por los Grupos de Ejércitos Norte y Sur sería una versión mucho mayor de esta situación: las unidades soviéticas podrían atacar desde el Norte o desde el Sur a las unidades que avanzasen hacia Moscú. La inesperada resistencia del 5º Ejército soviético en Ucrania (que, como vimos, era en realidad una fuerza mucho mayor, compuesta de unidades de no menos de cuatro Ejércitos) parecía confirmar esta posibilidad. En ese sentido, era más “seguro” (desde el punto de vista de la táctica de la PGM, en realidad) asegurar los flancos antes de proseguir el avance. Por otro lado, el también comentado problema de las “dos velocidades” del Ejército alemán era dramáticamente visible en el avance en la Unión Soviética: las unidades a pie se quedaban cada vez más retrasadas conforme las unidades motorizadas se internaban en territorio soviético, por lo que los cercos de unidades soviéticas implicaban la detención de las unidades acorazadas alemanas hasta que podían ser relevadas por las unidades a pie, días o semanas más tarde. Finalmente, la compleja situación logística explicada podía solucionarse en alguna medida gracias a estas detenciones del avance. En conjunto, había razones políticas y también militares que justificaban la detención del Grupo de Ejércitos Centro y sus acciones ofensivas en beneficio de los otros dos Grupos de Ejércitos. Y, sin embargo, la capacidad demostrada por la Unión Soviética para reconstruir sus fuerzas militares hacía enormemente peligroso cualquier retraso.
A estas consideraciones prácticas, se unía también la experiencia histórica: Napoleón había ocupado Moscú, pero Rusia no cayó. Éste último argumento se escribe frecuentemente para descartar Moscú como el elemento clave de la resistencia soviética en 1941. Y, sin embargo, en mi opinión (y en la Guderian o Manstein, por ejemplo), la caída de Moscú habría hecho casi imposible la resistencia de Stalin.
Moscú constituía el centro político de la Unión Soviética y concentraba además casi el 50% de la capacidad industrial soviética (aunque, como hemos visto, estaba en proceso de traslado a los Urales, circunstancia todavía poco conocida para los alemanes). A estos valores simbólicos e industriales, se unía la circunstancia de constituir el principal nudo de comunicaciones de todo el país: si Stalin perdía Moscú, sus posibilidades de trasladar tropas de Norte a Sur del frente o viceversa, o de recibir nuevas unidades o suministros desde Siberia quedaban gravemente disminuidas (más aún con Leningrado cercado y Voronez en manos alemanas). Casi más que los alemanes, el Ejército Rojo basaba su logística en el ferrocarril, en gran medida por su dependencia de fuegos masivos de Artillería para su forma de combatir. La dependencia del ferrocarril era inevitable dada la pobre red de carreteras del país. En consecuencia, la importancia de Moscú iba mucho más allá de su papel como centro político.

Si caía Moscú y su región contigua, con Voronez en manos alemanas y Leningrado cercado, la capacidad de la URSS de enviar medios y recursos logísticos desde los Urales se limitaría a los tendidos ferroviarios en dirección a Stalingrado por el Sur, o hacia el propio Moscú (vía Kirov, Gorki o Vologda), con idea de retomar la ciudad. Sin embargo, la posibilidad de redesplegar fuerzas paralelamente al frente (de Norte a Sur o viceversa) sería muy escasa. La capacidad de combate de las unidades soviéticas al Oeste de Moscú se reduciría enormemente y toda resistencia en esa zona sería imposible. No era solo una cuestión de tendidos ferroviarios: de poco sirven los tendidos sin muelles de carga y medios para trasvasar la carga a los vehículos encargados de la distribución final. Y solo las ciudades grandes disponían de estos medios en la cantidad necesaria para abastecer a un ejército del siglo XX en operaciones. A diferencia del caso de la Rusia Imperial de 1812 (entonces, los rusos cedieron Moscú a Napoleón), en 1941 la Unión Soviética no podía permitirse perder su principal nudo ferroviario.
Las diferencias en la visión de la operación de Hitler y de sus Generales más activos en la guerra móvil se extendía a otros aspectos. Para los “apóstoles” de la guerra móvil, las tropas soviéticas embolsadas no constituían una amenaza, una vez que habían quedado desorganizadas y habían perdido sus suministros de municiones y de combustible (y, en consecuencia, sus vehículos). Por ello, preferían grandes embolsamientos, seguidos de una rápida explotación, incluso si parte de los soldados soviéticos escapaban del cerco, siempre y cuando sus cadenas de mando hubiesen desaparecido y dejasen atrás sus armas pesadas. En estas condiciones, no eran más que masas humanas asustadas y sin capacidad para estorbar las operaciones ofensivas alemanas. Esta forma de operar estaba enfocada a maximizar la velocidad de avance, con la idea de llegar a los objetivos previstos antes de que el mando soviético pudiera reaccionar. La inesperada capacidad de generación de fuerzas del Ejército Rojo acentuaba aún más esa necesidad de velocidad de avance.

En cambio, Hitler prefería alcanzar la completa destrucción de las unidades soviéticas embolsadas, haciendo prisioneros a todos sus componentes. Esto obligaba a realizar embolsamientos menores (las unidades disponibles eran limitadas y una bolsa demasiado grande implicaba un cerco “poroso”, con múltiples posibilidades de fuga para los soldados rodeados) y a un periodo de detención en el avance y de combates para forzar la rendición de los cercados. Esta forma de operar implicaba aumentar los consumos logísticos, por la mayor cantidad de combates y de movimientos de cerco (incrementando la presión sobre un sistema logístico que ya estaba al límite) y reducía la velocidad de avance, dando tiempo a Stalin para crear nuevas unidades y para fortificar Moscú. A cambio, daba tiempo para que las exhaustas unidades a pie alcanzasen a las vanguardias acorazadas y disminuía el riesgo de ataques sobre los flancos de las penetraciones de las unidades de vanguardia. El avance hacia Moscú fue un ejemplo de la tensión entre estas dos formas divergentes de entender la acción ofensiva de las fuerzas móviles alemanas.
La destrucción del Frente Suroccidental en Ucrania
A mediados de julio de 1941, el Grupo de Ejércitos Centro estaba inmerso en el cerco a las fuerzas soviéticas en Smolensko (unos doscientos noventa mil hombres de los 16º, 19º y 20º Ejércitos), en derrotar los intentos del Ejército Rojo de auxiliar a esas fuerzas, y en la defensa de la cabeza de puente que el 2º Panzergruppe de Guderian había establecido en El’nia, como etapa imprescindible en su avance hacia Moscú.
Mientras tanto, la Stavka intentaba coordinar un ataque contra los flancos del Grupo de Ejércitos Centro, a cargo de las unidades del Frente Occidental de Timoshenko desde el Norte, y de las unidades soviéticas supervivientes del Frente Suroccidental de Kirponos desde el Sur (lo que los alemanes identificaban erróneamente como el ‘5º Ejército’), con el fin de recuperar Smolensko y, si era posible, destruir a las unidades alemanas en esta zona y en la de El’nia. Como enlace entre ambos frentes, el Frente Central de Kuznetsov, reforzado con el recién constituido 3er Ejército, fijaría las unidades alemanas en El’nia y protegería los flancos de las unidades atacantes.

El principal avance soviético corrió a cargo del 28º Grupo de Ejércitos del general Kachalov (en realidad, un abigarrado conjunto de unidades con elementos de hasta veinte divisiones diferentes), dependiente del Frente Suroccidental, que recuperó Roslav, a unos 110 km al sur-sureste de Smolensko, y a unos 80 km al sur-suroeste de El’nia. Los ataques soviéticos confirmaron la creencia de Hitler acerca de la necesidad detener el avance y asegurar los flancos del Grupo de Ejércitos Centro, para desesperación de Guderian y Hoth.
El 19 de julio, Hitler emitió la Directiva del Führer nº 33, en la que ordenaba al Grupo de Ejércitos Sur que se ocupase de la destrucción de las fuerzas soviéticas al Oeste del Dniepr y al Sur de Kiev, al Grupo de Ejércitos Norte que continuase su avance hacia Leningrado y al Grupo de Ejércitos Centro le encomendaba tres tareas: “liquidar” la bolsa de Smolensko, que sus Panzergruppen protegiesen los flancos de los dos Grupos de Ejércitos contiguos y que continuase el avance a Moscú con una agrupación de Divisiones de Infantería apoyados por un Cuerpo de Ejército Motorizado de su Grupo de Ejércitos. En una adenda posterior, Hitler desgajó una de las Divisiones Acorazadas y otras unidades del 3er Panzergruppe y las puso bajo la autoridad del Grupo de Ejércitos Norte.
En realidad, las pérdidas de los dos Panzergruppen del Grupo de Ejércitos Centro ponían en cuestión la continuidad de los avances: el día 23 de julio, cuando cayó Smolensko, la 18ª División Panzer del 3er Panzergruppe disponía de doce carros sobre su plantilla teórica de 150; por su parte, el 2º Panzergruppe había pasado de los 953 carros con los que inició la operación a tan solo 286.
En la práctica, los ataques del Frente Occidental de Timoshenko en la zona de Dukhovshchina (a 50 km al nor-noreste de Smolensko) y del 28º Grupo de Ejércitos de Kachalov en Roslav (al Sur) hicieron abortar cualquier avance hacia Moscú. Kachalov continuó sus intentos de romper el cerco de Smolensko desde Roslav, y, tras la rendición de las unidades embolsadas, se mantuvo en defensiva en esa ciudad, protegiendo el flanco Norte de las unidades soviéticas en Ucrania. Sin embargo, la orden de Hitler de atacar al Norte y al Sur para apoyar a los Grupos de Ejércitos Norte y Sur obligó a Von Bock a retirar unidades de la bolsa de Smolensko, de forma que, cuando finalmente las unidades soviéticas se rindieron, los alemanes hicieron unos 270.000 prisioneros, pero 20.000 soldados soviéticos habían conseguido evadirse de la bolsa.
El 30 de julio, Hitler emitió la Directiva del Führer nº 34, en la que se ordenaba al Grupo de Ejércitos Centro que se mantuviese en defensiva, que se retirasen del frente sus dos Panzergruppen (uno de ellos, el 3º, muy disminuido, por sus refuerzos al Grupo de Ejércitos Norte) con el fin de descansar y reorganizarse y que se preparasen para avanzar hacia Gomel, a 300 km al Sur de Smolensko. Gomel era el nudo ferroviario que sostenía a las fuerzas soviéticas que se enfrentaban al Grupo de Ejércitos Sur en Ucrania. La ciudad se encontraba protegida por el 21º Ejército soviético. En esta Directiva, el Grupo de Ejércitos Norte continuaría su avance, empleando las unidades acorazadas procedentes del 3er Panzergruppe para cubrir su flanco Sur y mantener el enlace con las fuerzas del Grupo de Ejércitos Centro. El Grupo de Ejércitos Sur seguía empeñado en la derrota de las fuerzas soviéticas al Oeste del Dniepr, y debía preparar el avance de su 1er Panzergruppe al Este del Dniepr, cruzando el río al Sur de Kiev. El efecto de esta Directiva fue que el ala Norte del Grupo de Ejércitos Centro en coordinación con el ala Sur del Grupo de Ejércitos Norte realizasen un ataque hacia Veliki Luki (300 km al nor-noroeste de Smolensko), mientras que el ala Sur del Grupo de Ejércitos Centro en conjunción con el ala Norte del Grupo de Ejércitos Sur lo hacían en dirección a Gomel. La idea de estos ataques era la de embolsar a las fuerzas de Timoshenko en Veliki Luki y al “5º Ejército” en Gomel.

Así, Von Bock, jefe del Grupo de Ejércitos Centro autorizó a Guderian a que emplease su 2º Panzergruppe para destruir a las fuerzas de Kachalov y abrir el camino hacia Gomel. En un rápido ataque, el 1 de agosto Guderian realizó un movimiento convergente desde el Norte y desde el Oeste con sus dos Divisiones Acorazadas, destruyendo en campo abierto a las unidades de Kachalov, lo que le permitió ocupar Roslav y capturar más de 38.000 prisioneros, mientras que los 10.000 supervivientes de las tropas de Kachalov se retiraron a la orilla Este del río Desna, dejando atrás sus vehículos y su equipo pesado.
Durante este periodo de detención del avance, las unidades alemanas que avanzaban a pie fueron alcanzando a las vanguardias acorazadas, de forma que el 3er Panzerguppe pudo cederles sus posiciones defensivas en Dukhovshchina, y el resto de las unidades del 2º Panzergruppe hicieron lo propio en El’nia. Estas unidades se retiraron del frente para reabastecerse y reorganizarse.
Tras la caída de Roslav, el Grupo de Ejércitos Centro reemprendió su ofensiva hacia Gomel, con el 2º Panzergruppe en vanguardia, en conjunción con el avance hacia la misma localidad del Grupo de Ejércitos Sur, encabezado por el 2º Ejército. De la misma forma, el 3er Panzerguppe reinició su ataque hacia Veliki Luki-Toropets.
Mientras tanto, el 1 de agosto, la Stavka organizó un nuevo Frente de Reserva, con seis Ejércitos (24º, 31º, 32º, 33º, 34º y 43º, al que se unió el 49º el 11 de agosto) y lo puso bajo el mando de Zukhov. Inmediatamente, dos de estos Ejércitos (24º y 43º) atacaron en dirección a El’nia y Roslav, al Sur de Smolensko, en apoyo de los esfuerzos defensivos del Frente Suroccidental de Kirponos (el “5º Ejército” soviético). Los cinco Ejércitos restantes ocuparon posiciones defensivas en los accesos a Moscú.

La escasez de carros de las nuevas formaciones y las pérdidas de estos medios sufridas por Kirponos y Timoshenko hicieron que los ataques del Frente Occidental se centrasen en las unidades a pie que seguían a los Panzergruppen del Grupo de Ejércitos Centro. Sin embargo, el bajo nivel de adiestramiento de las tropas soviéticas y la incapacidad de sus mandos de coordinar su avance con el fuego de artillería llevaron a cuantiosas pérdidas, que forzaron la detención de los ataques a las 48 horas de iniciarlos. Simultáneamente, el 2º Panzergruppe de Guderian y el 2º Ejército alemán avanzaban convergentemente hacia Gomel, pese a la tenaz resistencia del 21º Ejército soviético. Si se perdiera el nudo ferroviario de Gomel, el Frente Suroccidental de Kirponos se quedaría sin su principal línea de abastecimiento logístico, lo que haría su resistencia imposible. Esto implicaría la inminente caída de Ucrania, y una brecha de cientos de kilómetros en el dispositivo defensivo soviético. En consecuencia, la Stavka intentó un nuevo ataque sobre los dos flancos del Grupo de Ejércitos Centro, en El’nia y en Dukhovshchina, y, simultáneamente, creó un nuevo Frente de Briansk, encargado de detener a Guderian. Este nuevo Frente recibió al recién creado 50º Ejército (pobremente adiestrado y equipado) y al baqueteado 13º Ejército, junto con una nueva División Acorazada y varias Brigadas Acorazadas independientes. Los restos del 21º Ejército se subordinaron al nuevo Frente, que, además, el 25 de agosto se reforzó con el nuevo 3er Ejército. Pese a ello, el 21 de agosto Guderian ocupaba Gomel, lo que ponía en jaque a todo el dispositivo defensivo soviético. Consecuentemente, la Stavka redobló sus esfuerzos para liberar la ciudad, empleando todas las fuerzas disponibles, tanto las del Frente Suroccidental de Kirponos, como las del Frente de Briansk de Emerenko y las del Frente de Reserva de Zukhov. Se inició así un periodo frenético de operaciones, con repetidos ataques soviéticos que se estrellaron contra las defensas alemanas, pero ganaron tiempo e infligieron fuertes pérdidas a la Wehrmacht. La Stavka continuó enviando a la batalla las unidades que se iban creando, pero la superior competencia de los alemanes en el empleo de los medios acorazados acabó por imponerse, y, hacia el 10 de septiembre, los alemanes estaban en condiciones de reiniciar el avance hacia Moscú. Sin embargo, las pérdidas alemanas eran severas: solo el XX Cuerpo de Ejército había tenido 23.000 bajas en la cabeza de puente de El’nia, y las pérdidas en otras unidades clave (como la 7ª División Panzer) eran muy elevadas.
Tras la caída de Gomel, la situación de Kirponos en Kiev era absolutamente insostenible. Esta era una posibilidad que Zhukov había previsto semanas antes, en contra del criterio de Stalin, que consideraba que los alemanes darían prioridad al avance hacia Moscú. Este desacuerdo con Stalin le había costado a Zhukov su cese como jefe del Stavka (fue reemplazado por Shaposnikov, mucho más dócil, aunque también mucho menos competente) y ésa era la razón de que Zhukov mandase el Frente de Reserva: una especie de “degradación”. Sin embargo, Zhukov tenía razón y, para el 10 de septiembre, las vanguardias de Guderian (la 3ª División Panzer del luego famoso Walter Model) ocupaban la base logística soviética de Romny, a 217 km al Este de Kiev, objetivo final de Guderian. Las pérdidas del 2º Panzergruppe eran muy altas: sus dos Divisiones Acorazadas contaban el 4 de septiembre únicamente con 137 carros, cuando comenzaron el avance Gomel con 441, lo que hacía imposible continuar su avance hacia el Sur. Sin embargo, la otra pinza del embolsamiento, la que debía materializar el 1er Panzergruppe (el del GE Sur) se encontraba todavía en Kremenchug, al Sur de Kiev y en la orilla Oeste del Dniepr, a 185 km de Romny. Kirponos, consciente del riesgo de quedar embolsado, solicitó a Shaposnikov permiso para retirar sus tropas mientras aún podía hacerlo, pero éste, temeroso de Stalin, se negó. La decisión de Shaposnikov condenaba de hecho a las unidades del Frente Suroccidental: solo su propio desgaste impedía al 2º Panzergruppe avanzar aún más hacia el Sur, cerrando la bolsa de Kiev. Por su parte, el 1er Panzergruppe, cuyo avance se había retrasado por el barrizal en el que se había convertido la estepa ucraniana, por la tenaz resistencia soviética y por sus propias limitaciones logísticas, fue capaz de cruzar el Dniepr el día 12 de septiembre. Pese a todo, la 16ª División Panzer – la vanguardia del 1er Panzergruppe – tuvo que detenerse ya el día 13 por falta de combustible. No obstante, el 14 de septiembre, unidades alemanas de exploración de la 16ª División Panzer enlazaban con el 2º Panzergruppe en Romny: el cerco se había completado, si bien de una forma extremadamente débil.

Mientras, la Stavka había reorganizado su sistema de mando, agrupando a los Frentes en “Direcciones” (conjuntos de Frentes que actuaban de forma coordinada). Como ya hemos comentado, los Frentes soviéticos correspondían más bien a las Grandes Unidades Ejército alemanas, por lo que la creación de estas “Direcciones” era una forma de crear verdaderos Grupos de Ejércitos. Las unidades soviéticas empeñadas contra el GE Sur se agruparon en la Dirección Suroccidental, bajo el mando de Timoshenko. El 15 de septiembre, consciente del riesgo de el Frente Suroccidental quedase cercado, Timoshenko envió un oficial de enlace al Puesto de Mando de Kirponos, con órdenes verbales de iniciar la retirada. Comprensiblemente, Kirponos solicitó confirmación oficial, que no llegó hasta el 18 de septiembre. Para entonces, los alemanes habían reforzado su cerco, haciendo imposible la huida de las tropas soviéticas: cuatro Ejércitos soviéticos (5º, 21º, 26º y 37º) habían sido destruidos, con unos 665.000 combatientes. El 1er Panzergruppe (redenominado 1er Ejército Acorazado o Panzerarmee) inició un rápido avance hacia el Sur y el Este, completando la ocupación de la cuenca del Donets el 17 de octubre. Despreciando nuevamente los cálculos logísticos, Kleist dirigió a sus unidades hacia el río Don y hacia Rostov. Por su parte, el 6º Ejército ocupó Jarkov el 25 de octubre, con el 7º Ejército ejerciendo de enlace entre el 6º al Norte y el 1er Ejército Acorazado al Sur.
Del resto de unidades del Grupo de Ejércitos Sur, las más retrasadas eran las rumanas. El 3º y 4º Ejércitos rumanos se componían de una variopinta colección de medios y armas obsoletas, incluyendo elementos tirados por bueyes. La falta de traductores hacía muy difícil la operación conjunta con las unidades alemanas. Además, la doctrina rumana era una copia de la bataille conduite francesa, por lo que los jefes rumanos desconocían completamente la forma de combatir de la Wehrmacht. Desde agosto, el 4º Ejército rumano cercaba Odessa. Pese al apoyo alemán en artillería de asedio y en zapadores de asalto, los rumanos sufrieron casi 100.000 bajas, un tercio de sus efectivos. Los rumanos no pudieron impedir que la Flota del Mar Negro evacuase la ciudad por mar, pero, gracias a ello, pudieron ocupar Odessa a principios de octubre, pero su capacidad de combate (ya limitada) había quedado muy mermada.
Los cercos de Viazma y Briansk
Como anteriormente en el caso del Frente Occidental, el Frente Suroccidental fue reconstituido, sobre la base de los 15.000 efectivos que escaparon del cerco de Kiev. Stalin se negaba a ser derrotado.
La destrucción del Frente Suroccidental permitía al Grupo de Ejércitos Centro reiniciar su avance hacia Moscú. Así, el 2º Panzergruppe debía volver a la zona de El’nia, mientras que el 4º Panzergruppe (Grupo de Ejércitos Norte) se uniría al 3º al Oeste de Viazma, con vistas a iniciar el avance sobre Moscú, denominado “Operación Tifón” (Taifun). En la práctica, las desesperadas resistencias del Frente Suroccidental en Kiev y en Gomel hacían muy difícil desentenderse de las fuerzas soviéticas cercadas y continuar el avance… Y, por razones similares, el Grupo de Ejércitos Norte era muy reacio a ceder su Panzergruppe para operar sobre Moscú. Esto implicó nuevos retrasos. Además de la situación táctica, el desgaste en las Divisiones móviles alemanas era muy severo. Como ejemplo, la 20ª División Panzer solo disponía de cuarenta carros operativos el 20 de septiembre, de su plantilla teórica de ciento cincuenta. Y, de ellos, la mayoría eran material soviético capturado, de calidad pobre y de consumo muy elevado. Las pérdidas de camiones eran muy grandes, hasta el punto de que las unidades alemanas se peleaban por los camiones soviéticos capturados. Sin camiones, la logística dependía completamente del ferrocarril y la única cabecera de ferrocarril disponible estaba en Smolensko, por lo que las Divisiones móviles tuvieron que retroceder en dirección a esa ciudad.

A mediados de septiembre, Hitler accedió reluctantemente a ceder 306 carros (60 carros checos Pz-38(t), 150 Panzer-III y 96 Panzer-IV), procedentes de la reserva de la Wehrmacht, para reemplazar parcialmente las pérdidas. El 4º Panzergruppe recibió además dos Divisiones Panzer (2ª y 5ª) que estaban en reorganización tras la campaña de los Balcanes. Pero todos estos medios debían llegar al frente, compitiendo con los abastecimientos regulares en el uso de las escasas vías de ferrocarril disponibles. En consecuencia, hasta el 2 de octubre el Grupo de Ejércitos Centro no estuvo en condiciones de reiniciar el avance. En teoría, disponía de 1.535 carros de combate, distribuidos en cuatro Panzergruppen que agrupaban veinte divisiones panzer y ocho divisiones motorizadas. En junio de 1941, el Grupo de Ejércitos Centro solo tenía dos Panzergruppen, pero disponía prácticamente del mismo número de carros (1.530), y ninguno de ellos eran modelos soviéticos de calidad mediocre… Haciendo un cálculo sencillo, cada división panzer o motorizada apenas disponía de una cincuentena de carros, un tercio de su plantilla teórica. La situación logística era compleja, después de haber superado ampliamente el límite máximo de avance calculado por los logistas alemanes.
La Luftwaffe no estaba en mucho mejor estado: de los 3.000 aparatos con los que inició la campaña, se había visto reducida a principios de septiembre a unos 1.000 aviones. Para el avance sobre Moscú, la Luftwaffe solo pudo reunir 549 aviones, incluyendo 158 bombarderos y 172 cazas.
La operación sobre Moscú implicaba un avance más corto que los realizados hasta la fecha: en el flanco Norte del avance, entre Viazma y Moscú hay poco más de 200 km., una distancia pequeña en comparación con lo ya avanzado; en el flanco Sur, casi 400 km. separan Briansk de Moscú. Consecuentemente, las fuerzas alemanas se reorganizaron:
- El 3er Panzergruppe de Hoth avanzaría por el Norte. Además de sus dos Cuerpos de Ejército Motorizados (XLI y LVI), recibió al VI Cuerpo de Ejército no motorizado, para proteger los flancos de su avance y para consolidar posibles cercos. Este Panzergruppe estaría subordinado al 9º Ejército.
- El 4º Panzergruppe de Hoepner, también con dos Cuerpos de Ejército motorizados, avanzaría por el centro, subordinado al 4º Ejército.
- El 2º Panzergruppe de Guderian, compuesto de tres Cuerpos de Ejército Acorazados y reforzado con dos Cuerpos de Ejército a pie avanzaría por el Sur, directamente subordinado a la jefatura del Grupo de Ejércitos Centro. A principios de octubre el 2º Panzergruppe fue rebautizado 2º Ejército Acorazado.
Esta forma de organizarse implicaba un avance más pausado (las divisiones móviles tendrían que acomodar su avance al paso de la Infantería), justo lo que los jefes de los Panzergruppe querían evitar a toda costa, peros sus protestas no fueron escuchadas.
Por su parte, los defensores se articulaban en varios Frentes. En el sector Norte frente a Smolensko, desplegaba el Frente Occidental, mandado desde el 13 de septiembre por el general Konev, compuesto de seis castigados Ejércitos, dispuestos en un amplio arco de 340 km. De Norte a Sur, entre el lago Seliger e Iartsevo, sus 22º, 29º, 30º, 19º, 16º y 20º se enfrentaban al ataque alemán. Konev, cuya experiencia militar era en gran parte como comisario político, procedió a cambiar a sus subordinados por otros políticamente más fiables, añadiendo más confusión, y dividió sus escasos carros y armas pesadas entre todos sus Ejércitos, de forma más o menos equitativa, lo que atomizó sus ya escasas fuerzas acorazadas.
Por otra parte, el despliegue soviético continuaba hacia el Sur con dos Ejércitos (24º y 43º) en la línea del río Desna, entre Iartsevo y Roslav. Estos dos Ejércitos pertenecían al Frente de Reserva de Budienny. Este Frente de Reserva alineaba otros cuatro Ejércitos (31º, 49º, 32º y 33º), que, sorprendentemente, desplegaban en segunda línea, a 35 km. en la retaguardia del Frente Occidental de Konev. Esta disposición generaba inevitables problemas de coordinación de rutas, de abastecimientos y de fuegos.
Al Sur de Roslav desplegaba el Frente de Briansk, con los Ejércitos 50º, 3º y 13º en línea, hasta Sastka. Más al sur desplegaba el Frente Suroccidental, con el denominado Grupo Ermakov y el 40º Ejército (ya bajo la autoridad de la “Dirección Suroccidental” de Timoshenko).
La extensión del frente a defender, unos 1.200 km., era excesiva para las unidades soviéticas. Esto obligó a los jefes de los Frentes a un despliegue muy tenue, con cada Ejército desplegando casi todas sus divisiones en primera línea, con no más de una o dos en reserva, y con reservas de nivel superior de pequeña entidad. Como, además, había una gran escasez de vehículos, las posibilidades de contraatacar o de reaccionar a una ruptura del frente eran reducidas. Konev disponía de 479 carros, de los que solo 45 eran T-34 o KV-1.

A finales de septiembre, el tiempo comenzó a estropearse, apareciendo lluvias frecuentes y bajando notablemente las temperaturas. El 28 de septiembre, Guderian, impaciente, ordenó a su XLVIII Cuerpo Motorizado que iniciase un ataque para probar las defensas soviéticas, en Sastka, en la unión entre el Frente de Briansk y el Frente Suroccidental. Sin embargo, la sólida defensa soviética y la reducida movilidad debida al barro detuvieron el ataque alemán. No obstante, el 2 de octubre, el GE Centro iniciaba su ofensiva en todo su frente. El ataque se inició con un vigoroso bombardeo aéreo, que quebró la moral de los bisoños soldados soviéticos. La participación de la Luftwaffe en esta operación era consecuencia de la imposibilidad de acumular suficiente munición para que la ruptura se hiciese con fuego de artillería. Pero, para ello, tuvieron que desplegar los especialistas en apoyo aéreo próximo del VIII Fliegerkorps de Wolfram Von Richthofen. El empleo de la Luftwaffe en apoyo cercano era excepcional y solo se previa para objetivos muy valiosos (como el cruce del Mosa en Sedán en 1940). Este empleo distraía a la Luftwaffe de su misión fundamental de aislamiento del campo de batalla.

Así, el 4º Panzergruppe, en el centro, consiguió avanzar en el límite entre el Frente de Reserva y el Frente de Briansk, en el sector de Roslav, dirigiéndose hacia el Noreste, a Viazma, rompiendo la débil defensa del 33º Ejército del Frente de Reserva, el situado más al Sur de los que desplegaban en segunda línea, tras el Frente Occidental. Simultáneamente, el 3er Panzergruppe penetraba por el límite entre los 30º y 19º Ejércitos del Frente Occidental, para alcanzar Viazma desde el Noroeste.
El Frente Occidental comprometió su reserva (tres Divisiones de Infantería y dos Brigadas de Carros), bajo el mando del general Boldin, en un contrataque fallido el 3-4 de octubre, contra el flanco derecho (Sur) del 3er Panzergruppe. El 6 de octubre la Stavka autorizó el repliegue del Frente Occidental, pero la superior movilidad de los alemanes hacía casi imposible escapar al cerco. Sin embargo, se habían perdido las comunicaciones con los 24º y 43º Ejércitos del Frente de Reserva, que, en consecuencia, continuaron en sus posiciones, junto con la fuerza de Boldin. En efecto, los dos Panzergruppen se encontraron en Viazma el 8 de octubre. Este movimiento convergente dejaba aislados al Oeste de Viazma a los 16º, 19º y 20º Ejércitos del Frente Occidental y a los 24º y 32º Ejércitos del Frente de Reserva.
Al Sur, Guderian operaba de forma independiente. El 2 de octubre rompió el frente del 13º Ejército (Frente de Briansk) y se dirigió al crucial nudo ferroviario de Orel. Stalin en persona ordenó al jefe del Frente de Briansk, Emerenko, que ejecutase un contraataque inmediato, pero Emerenko no disponía de reservas y tan solo tenía un puñado de carros. Emerenko solicitó permiso para retirarse, lo que fue denegado por Shaposnikov. Guderian destacó uno de sus Cuerpos de Ejército hacia Briansk, en un movimiento convergente con el 2º Ejército.
El 3 de octubre, Guderian entraba en Orel, al tiempo que el 2º Ejército alemán completaba por el Norte el cerco del Frente de Briansk. La única reacción soviética fue el empleo de su aviación, que se mostró ineficaz para detener el avance alemán.
El avance hacia Moscú
Los elementos restantes del Frente Occidental y Frente de Reserva iniciaron su repliegue a la siguiente línea fortificada, en la zona de Mozhaisk y Kaluga. Sin embargo, como en ocasiones anteriores, las fuerzas cercadas continuaron combatiendo e intentando romper el cerco (dos Divisiones consiguieron escapar la noche del 12 al 13 de octubre). Esto implicó fuertes combates y nuevos retrasos en el avance alemán.
Por su parte, Guderian insistió en continuar su avance, en lugar de mantener el cerco de las unidades del Frente de Briansk (en contra del criterio de Hitler). Tras algunas vacilaciones, Hitler accedió a las peticiones de los jefes de los Panzergruppen, y el 7 de octubre el 2º Panzergruppe continuaba su avance, a costa de dejar escapar algunas unidades desorganizadas de los 3º y 13º Ejércitos soviéticos. Poco después, el 3º y el 4º Panzergruppen reemprendían también su avance, dejando a las Grandes Unidades Ejército de las que dependían la tarea de mantener el cerco. Sin embargo, como en Briansk, la escasez de unidades de la Wehrmacht se hizo sentir: el cerco era muy débil, de forma que unidades de los Ejércitos soviéticos 16º, 30º, 33º y 43º pudieron escapar, a costa de dejar atrás la mayoría de su armamento y equipo pesado, y se pudieron incorporar a la nueva línea defensiva. La retirada de las tropas soviéticas se realizó con el apoyo de la Aviación Roja, si bien sus bombardeos fueron muy poco efectivos: sus inexpertos pilotos bombardeaban desde mucha altura, sin apenas precisión. Sin embargo, la sobreextendida Luftwaffe no fue capaz de impedir la acción de los aviones soviéticos. La inacción de la Luftwaffe mostraba que no era capaz de alcanzar la superioridad aérea local, y mucho menos de aislar la zona de la ofensiva, evitando la llegada de refuerzos soviéticos, uno de los elementos claves de la “guerra de maniobra” de la Wehrmacht. Un mal presagio para los alemanes.

La acción de la aviación soviética se combinó con una serie de contraataques locales soviéticos. Estos se realizaron de forma descoordinada, pero contribuyeron a ralentizar el avance alemán. La combinación de la tenaz defensa de las unidades embolsadas y los contraataques permitió la consolidación de la nueva línea defensiva, cuyo mando fue encomendado al competente Zhukov el día 10 de octubre. Para entonces, las vanguardias del 3er Panzergruppe habían llegado a Kalinin en la parte Norte del sector defensivo, mientras que el 9º Ejército alemán alcanzaba Kaluga en el sector del 49º Ejército, forzando una nueva retirada de unos pocos kilómetros. En la práctica, Zhukov apenas si disponía de las unidades supervivientes de la bolsa de Viazma, reforzadas con otras recién creadas, sin apenas equipo pesado, para defender la ruta directa entre Smolensko y Moscú. A cambio, lejos de ejecutar la típica “kesselschlat” (batalla “convergente”) alemana, el Grupo de Ejércitos Centro se esforzaba en cercar a las unidades soviéticas, al tiempo que intentaba proseguir el avance desde múltiples direcciones, dispersando sus limitadas fuerzas, al perseguir demasiados objetivos, con fuerzas insuficientes.

El contraataque que tuvo mayor éxito fue el realizado por el I Cuerpo de Ejército de la Guardia, compuesto por dos Brigadas Acorazadas, una de ellas, la IV, dotada de los nuevos T-34, y dos Brigadas Aerotransportadas (sin vehículos), apresuradamente aerotransportadas a la zona (el que los soviéticos pudieran transportar por vía aérea dos Brigadas casi hasta la línea del frente da una idea de la falta de eficacia de la Luftwaffe). El I Cuerpo organizó una emboscada en la que las unidades aerotransportadas detuvieron a la vanguardia del 4º Panzergruppe, al tiempo que las Brigadas Acorazadas, que permanecían escondidas en un bosque al sur de la carretera de avance de los alemanes, contratacaban a los alemanes detenidos. En el combate subsiguiente, los T-34 se mostraron muy superiores a los Panzer-IV y los carristas soviéticos mostraron una inusual habilidad en el empleo de sus unidades acorazadas, si bien es verdad que ejecutaron una operación ensayada, sin desviarse de lo planeado. Aunque las pérdidas alemanas fueron limitadas, la eficacia de los carros soviéticos llevó a los alemanes a analizar en detalle lo ocurrido: los soviéticos estaban aprendiendo.
La noche del 6 al 7 de octubre cayó la primera nevada, mucho antes de lo esperado. La nieve se derritió rápidamente y convirtió el terreno en el temido barrizal que ya habían conocido los alemanes en Ucrania: la rasputitsa había vuelto y, con ella, los problemas de movilidad, en una operación en la que la clave del éxito residía precisamente en ella. Como consecuencia, los consumos previstos de combustible se multiplicaron por tres, lo que suponía una carga adicional para el agotado sistema logístico de la Wehrmacht, al tiempo que el ritmo de avance se reducía enormemente, al tener que desatascar continuamente vehículos atrapados en el barro.

Sin embargo, lo cierto es que, a partir del 10 de octubre, los soviéticos carecían de unidades para evitar el avance alemán sobre Moscú. El 13 de octubre, Stalin ordenó la evacuación hacia Kuibyshev (sobre el Volga, al Sur de Kazán) de los organismos administrativos del Partido Comunista, de la Stavka y de los departamentos ministeriales. En las mismas fechas, la Luftwaffe comenzó a efectuar bombardeos sobre la capital… En los días 16 y 17 muchos civiles intentaron abandonar Moscú de forma descontrolada, creando disturbios en las estaciones de ferrocarril… Solo la decisión de Stalin de permanecer en Moscú evitó la extensión del pánico.
Sin embargo, el Grupo de Ejércitos Centro estaba al límite de sus capacidades. Su logística era incapaz de proporcionar suministros a sus vanguardias, en un terreno completamente embarrado, mientras que los consumos de combustible y munición excedían sobradamente todos los cálculos. Solo un tercio de sus vehículos estaban operativos, y sus divisiones contaban con la mitad o menos de sus efectivos iniciales. La distancia a las terminales de ferrocarril y la escasez de camiones hacía que los existentes se empleasen fundamentalmente en transportar munición y combustible, lo que no dejaba espacio para llevar víveres, ropa de abrigo o material para construir refugios o fortificaciones (elementos imprescindibles para sobrevivir en invierno, con éxito o sin él), y, aun así, la corriente logística era insuficiente para mantener la capacidad de combate de las unidades.
El barro afectó también decisivamente a la Luftwaffe. En efecto, los aviones alemanes operaban desde aeródromos improvisados cuyas pistas eran tan impracticables como los embarrados caminos, mientras que la Aviación Roja disponía de una completa red de aeródromos dotados de pistas de cemento alrededor de Moscú. En consecuencia, el dominio del aire estaba del lado soviético, si bien sus inexpertos pilotos no le pudieron sacar todo su potencial a esta situación ventajosa.
Al mismo tiempo, los retrocesos soviéticos acercaban a sus unidades a Moscú, su principal terminal logística.
El ‘punto culminante’ de la Wehrmacht
En este punto, los jefes alemanes eran conscientes de que habían llegado tan lejos como era posible hacerlo. El 4 de noviembre, Von Rundstedt, jefe del Grupo de Ejércitos Sur, solicitó detenerse y consolidar las líneas, para continuar la ofensiva la próxima primavera. Por su parte, un contraataque soviético en Tikhvin, en el sector de Leningrado, había roto temporalmente el frente alemán, mientras que la falta de carros de combate en el Grupo de Ejércitos Norte le incapacitaba para continuar la ofensiva. El 13 de noviembre, el núcleo del OKH – encabezado por su jefe, el General Halder – se reunía con los Jefes de Estado mayor de los tres Grupos de Ejércitos en Orsha, entre Minsk y Smolensko, para discutir las operaciones futuras. Solo entonces Halder fue consciente de la crítica situación de la Wehrmacht en Rusia, y de su incapacidad para tomar Leningrado y Moscú en 1941: incluso si las vanguardias acorazadas alcanzasen Moscú, tendrían que esperar varias semanas a que llegasen las Divisiones de Infantería necesarias para ocupar la ciudad (los alemanes tenían bien presentes las dificultades de las unidades de carros para operar en terreno urbano, como habían experimentado en Varsovia en 1939). Y el avance de las Divisiones de Infantería a pie era casi imposible en el periodo invernal que ya había hecho su aparición. La decisión adoptada fue la de detener las operaciones de los Grupos de Ejércitos Norte y Sur, y concentrar los recursos en los Panzergruppen del Grupo de Ejércitos Centro, con la idea de cercar Moscú y a las unidades del Frente Occidental que defendían la ciudad. Para ello, los 3er y 4º Panzergruppen avanzarían por el Norte en dirección a Klin y al canal Volga-Moscú, mientras que el 2º Panzergruppe lo haría en dirección Tula y Kashira, para unirse con los otros dos Panzergruppen en algún punto al Este de Moscú.

El 15 de noviembre, las temperaturas habían bajado lo suficiente como para congelar el barro, y el Grupo de Ejércitos Centro reemprendió la ofensiva. Para entonces, el Frente Occidental comprendía 240.000 soldados, con 1.254 cañones, morteros y obuses, 502 carros de combate y unos 200 aviones de todo tipo. Von Bock disponía de unos 300.000 hombres, con menos de 900 carros. Sin embargo, en octubre, Stalin había ordenado la creación de diez nuevos Ejércitos, de los que tres (1º de Choque, 20º y 10º) ya estaban disponibles. Aunque más pequeños que sus equivalentes alemanes, estas fuerzas equilibraban la balanza.

El ataque del 3er Panzergruppe se dirigió al límite entre el 16º Ejército y el 30º, sobre la autopista Kalinin-Klin-Moscú. Pese a la ruptura inicial, los soviéticos desplegaron fuerzas de reserva que consiguieron retrasar el avance alemán, con fuertes pérdidas por ambos lados. Pese a ello, el 3er Panzergruppe tomaba Klin el 24 de noviembre, alcanzando a crear una cabeza de puente en el lado Este del canal Moscú-Volga, a 35 km. del Kremlin.
No obstante, las fuerzas disponibles de la Wehrmacht eran insuficientes. Los Regimientos de Infantería alemanes ya estaban reducidos a tan solo 150-200 soldados, y carecían de armamento pesado.
Los soviéticos se concentraron en realizar contraataques locales, con la intención de retrasar el avance alemán mientras se construían fortificaciones en Moscú. Uno de estos ataques se realizó el 17 de noviembre contra el flanco Sur del 2º Panzergruppe, que enfrentó al “Grupo de Caballería Belov” (un abigarrado conjunto de unidades mecanizadas de nueva creación, de entidad División), con la 112ª División de Infantería alemana. Los alemanes estaban equipados con material francés capturado y no disponían de ningún arma capaz de hacer frente a los T-34, por lo que el combate se saldó con una contundente derrota alemana que forzó la detención del Panzergruppe hasta la siguiente jornada. En cambio, al Suroeste de Klin, la 44ª División de Caballería soviética atacó sobre sus monturas a la 106ª División de Infantería alemana, del 4º Panzergruppe: dos mil jinetes y sus monturas cayeron frente a las ametralladoras y la artillería de los alemanes, que no sufrieron bajas. La vanguardia del 4º Panzergruppe, la 2ª División Panzer, llegó a solo 30 km. de Moscú.
Por su parte, la Stavka había comprometido todas sus reservas, poniendo a disposición de Zhukov una fuerza móvil compuesta de tres Divisiones Acorazadas, doce Brigadas de Caballería y doce Brigadas Acorazadas, reuniendo casi mil carros, aunque mucho de ellos eran modelos obsoletos. Así, el 27 de noviembre, el 1er Ejército de Choque soviético consiguió forzar la retirada de los alemanes de su cabeza de puente sobre el canal Moscú-Volga.
En la pinza del Sur, el 18 de noviembre, el 2º Panzergruppe reinició su avance. La escasez de medios obligó a Guderian a concentrar todos los carros disponibles en una sola Brigada, que encabezaba el avance de sus baqueteadas unidades. Mientras que esta Brigada intentaba cercar Tula desde el Este, los restos de la 17ª División Panzer continuaron su avance hacia Kashira. Sin embargo, la Brigada Acorazada sufrió fuertes contraataques del 50º Ejército soviético, que le impidieron tomar la ciudad. Los combates subsiguientes implicaron un gran consumo de combustible y munición, y la pérdida (por avería o por daños) de un número elevado de vehículos, lo que llevó a la detención del avance alemán. Por su parte, el 26 de noviembre, la 17ª División Panzer sufrió un contraataque al Suroeste de Kashina, a cargo del improvisado I Cuerpo de Caballería de la Guardia, unidad muy predominante en carros T-34, que forzó la retirada de los alemanes, mientras que las unidades soviéticas siguieron operando libremente en grandes áreas de la zona de acción del sobreextendido 2º Panzergruppe. La situación del 2º Panzergruppe llegó a ser tan crítica como para que el siempre impetuosos Guderian solicitase la cancelación del ataque, pero solo Hitler tenía autoridad para tomar esa decisión.
Por otra parte, la continua llegada de refuerzos soviéticos permitió consolidar las defensas de Moscú, reduciendo los frentes asignados a cada División, escalonando las tropas en profundidad (en ocasiones con líneas sucesivas en una profundidad de 50 km.), mejorando las obras de fortificación y permitiendo la creación de reservas locales. Además, a diferencia de la falta de organización de la defensa en casos anteriores, esta vez el Ejército Rojo identificó correctamente las posibles avenidas de avance de la Wehrmacht, y concentró en ellas las armas contracarro, la artillería y las defensas disponibles… La experiencia en los combates anteriores iba dando sus frutos.
La fortaleza de la defensa soviética obligó a los alemanes a esperar a la llegada de sus Divisiones de Infantería, para organizar un ataque metódico sobre las líneas defensivas soviéticas. Así, el 1 de diciembre, el 4º Ejército alemán inició un ataque planeado contra las defensas soviéticas sobre la autopista Minsk-Moscú, en la zona de Naro-Fominsk. Los soviéticos esperaban esta acción, y habían preparado fuertes defensas en este sector, al tiempo que disponían de reservas acorazadas para atacar los flancos del ataque alemán. El 5 de diciembre, el ataque alemán quedó detenido, y las tropas alemanas desplegadas en un delgado y vulnerable saliente. Von Bock solicitó a Hitler refuerzos para continuar el ataque (que, en realidad, sabía que no estaban disponibles) o la autorización para replegarse a posiciones menos expuestas, sin éxito. La idea de los Generales alemanes era la de consolidar sus líneas durante el invierno. No estaban particularmente preocupados por una reacción soviética: la Inteligencia alemana consideraba que Stalin no dispondría de más fuerzas que las ya desplegadas hasta pasado el invierno.
La primera semana de diciembre, el invierno ruso apareció con todo su rigor. Las bajas temperaturas causaron graves problemas mecánicos a los vehículos y a los aviones alemanes, desplegados a la intemperie y poco habituados a operar en estas condiciones. En contraste, las tropas soviéticas disponían de materiales y de procedimientos adaptados a estas temperaturas, y sus aviones se albergaban en hangares. En estas condiciones, la ofensiva alemana no podía continuar, y la iniciativa pasó a los soviéticos.

El 6 de diciembre, el Ejército Rojo disponía en la zona de Moscú de más de un millón de soldados, 7.652 cañones, 774 carros de combate y más de 1.000 aviones. Si bien, sobre el papel, los alemanes continuaban teniendo una cierta superioridad en tropas, artillería y carros, en la práctica el Grupo de Ejércitos Centro estaba disperso, y gran parte de su material estaba inoperativo. Gracias a su superior movilidad invernal, los soviéticos concentraron sus castigadas fuerzas en algunos sectores clave: al Norte de Moscú, entre Klin y el canal Moscú-Volga y al Sur en la zona de Tula, alcanzando en ambos casos la superioridad local de fuerzas. Los objetivos de la Stavka se limitaban a reducir la presión sobre Moscú, con contraataques locales. Sin embargo, estos contraataques tuvieron un éxito mucho mayor de los esperado, forzando importantes retiradas de los alemanes.
En el sector Norte, el contraataque soviético comenzó el día 5 de diciembre, de madrugada, a una temperatura de -15ºC, y con un metro de nieve. El 29º y el 31º Ejércitos de Konev atacaron desde el Norte el flanco del 3er Panzergruppe. Al día siguiente, el 1er Ejército de Choque y el 30º Ejército atacaron desde el Este, cruzando el canal Volga-Moscú. La noche de ese día, las tropas de Konev rompían el frente alemán y alcanzaban las afueras de Klin. Al día siguiente, Zhukov iniciaba el ataque sobre Klin desde el Sur, con los 5º, 16º y 20º Ejércitos, intentando cercar a todo el 3er Panzergruppe (desplegado entre Klin y el canal Volga-Moscú), junto con XLVI Cuerpo de Ejército del 4º Panzergruppe, éste último desplegado al Oeste de Klin. Los alemanes consiguieron resistir la presión durante los siguientes días. El 14 diciembre, el 5º Ejército concentró sus Brigadas Acorazadas en un frente estrecho, e inició un ataque hacia Russa. Conseguida la ruptura del frente alemán, el II Cuerpo de Caballería de la Guardia, seguido de la XX Brigada Acorazada, reforzada con otro Batallón de Carros, se colaron por la brecha, hasta que los alemanes consiguieron cerrar el hueco en su frente tras no pocos esfuerzos y pérdidas. Los continuos ataques y la necesidad de contraatacar continuamente debilitaban progresivamente las defensas alemanas, forzando una retirada hacia el Oeste.
En la zona de Tula, el 10º Ejército, apoyado por el activo I Cuerpo de Caballería de la Guardia, junto con un ataque desde el Sur del 50º Ejército, se combinaron el 11 de diciembre para romper la cohesión de la defensa alemana, forzando a Guderian a retirarse hacia la orilla Oeste del Don el 14 de diciembre, operación autorizada por el general Von Brauchitsch, jefe del OKW.
Los ataques soviéticos, llevados a cabo por fuerzas insuficientes, no obtuvieron grandes éxitos, pero debilitaron mucho al XXXIV Cuerpo de Ejército alemán, en el flanco Sur del 2º Panzergruppe.
Ante el giro de los acontecimientos, el 16 de diciembre, Von Bock solicitó oficialmente permiso para retirarse a posiciones menos expuestas para pasar el invierno, petición respaldada por el jefe del OKH, General Halder. Hitler se negó, y decidió redesplegar trece Divisiones desde otros Teatros de Operaciones hacia el frente del Este, al tiempo que exigía un mayor esfuerzo a la Luftwaffe. Sin embargo, este traslado llevaría un cierto tiempo, y la Luftwaffe ya estaba al límite de sus capacidades, por lo que las medidas adoptadas por Hitler no solucionaban los problemas inmediatos de los generales alemanes alrededor de Moscú. De hecho, Von Bock dejó el mando del Grupo de Ejércitos Centro el 18 de diciembre, con el pretexto de una enfermedad, cediendo el puesto a Von Kluge. Hitler exigió a sus generales una resistencia a toda costa en las posiciones alcanzadas.
La batalla de Moscú. ‘Ni un paso atrás’
Aquí es preciso recordar que toda la doctrina del Ejército alemán desde el final de la Primera Guerra Mundial se basaba en la “guerra de movimiento”, o bewegungskrieg: para los Generales alemanes, el combate en posiciones estáticas era una “aberración” que había que evitar a toda costa. Consideraban que la superioridad de la Wehrmacht radicaba en su competencia en el combate móvil, y que todas sus ventajas se perderían si se limitaban a combatir pegados al terreno. La educación de sus mandos, el adiestramiento de sus unidades, sus procedimientos y tácticas de combate, el tipo de materiales que empleaban, todo, estaba dirigido a realizar un combate móvil. Consecuentemente, la orden de Hitler fue muy mal recibida por los altos mandos alemanes. Así, el 18 de diciembre, Von Brauchitsch, jefe del OKW, presentaba su dimisión, y Hitler en persona asumía el puesto de Comandante en Jefe de la Wehrmacht. En ese puesto, prohibió que se discutiese o se tomase ninguna medida en previsión de una posible ruptura soviética del frente alemán.
Si, en general, los oficiales alemanes eran firmes defensores de la “guerra de movimiento”, los jefes de los Panzergruppen eran verdaderos apóstoles de esta causa. Consecuentemente, el descontento que suscitó la orden de Hitler fue mucho más profundo entre ellos. Guderian aprovechó su popularidad para conseguir una entrevista personal con Hitler el 20 de diciembre, donde le expuso su opinión sobre la inconveniencia de detenerse en la línea alcanzada, en lugar de replegarse a zonas más defendibles. Además, sus tropas carecían de equipo de invierno o de construcciones en las que guarecerse de las bajas temperaturas. La argumentación fue en vano, y tras nuevas discusiones con Von Kluge, Guderian fue relevado del mando el 25 de diciembre.
Por su parte, Hoepner, jefe del 4º Panzergruppe, solicitó a Von Kluge permiso para retirarse del expuesto saliente de Klin, rodeado por tres lados por potentes fuerzas soviéticas. Von Kluge le indicó que solo Hitler podía autorizar esa retirada. Mientras llegaba la autorización, Hoepner ordenó la retirada de su unidad el 8 de enero de 1942, decisión que conllevaba necesariamente la retirada de su vecino 3er Panzergruppe, para no quedar rodeado. Cuando Hitler tuvo conocimiento, montó en cólera, expulsando a Hoepner de la Wehrmacht y prohibiéndole volver a vestir el uniforme (curiosamente, Hoepner recurrió la decisión de Hitler ante la justicia alemana y ganó el caso, siéndole restituido su empleo y su derecho a portar el uniforme; no obstante, fue ejecutado en 1944 por su implicación en el atentado contra Hitler).
La orden de Hitler de “resistir a toda costa” es una de las que más controversia ha levantado entre los analistas de esta campaña. Hitler pensaba que su decisión había “salvado al Ejército” de una segura destrucción por parte de los soviéticos. Algunos analistas comparten esta opinión, incluso reconociendo que no había un cálculo racional tras ella: muy probablemente fuese un “reflejo condicionado” de su experiencia como soldado de Infantería en el frente occidental de la PGM, junto con la natural reluctancia del nivel político a ceder terreno, que siempre es una señal de derrota. Sin embargo, estos analistas opinan que la Wehrmacht carecía de medios de transporte para retirarse efectivamente, y que no tenía tropas ni equipos para construir una línea defensiva más a retaguardia, ni refugios para proteger a sus soldados de la intemperie. En esas condiciones, marchar por las estepas rusas, sin vehículos ni refugio y acosados por un enemigo mejor preparado para el clima y más móvil, sería una operación casi suicida.

En la práctica, pese a su obsesión por la “guerra de movimiento”, la Wehrmacht carecía de medios para ejecutar este tipo de combate, con la excepción de las unidades motorizadas agrupadas en los Panzergruppen. La falta de vehículos hacía que la mayoría de las unidades alemanas tuviesen una movilidad muy reducida, insuficiente para los rápidos movimientos que están el corazón del concepto de “guerra de movimiento”. Y las enormes distancias del Teatro de Operaciones ruso acentuaban esta falta de movilidad y ponían de relieve su incapacidad para actuar eficazmente en ese tipo de combate. Una de las bases teóricas de la “guerra de movimiento” es que solo se defiende el terreno que tenga una clara utilidad militar, o que ofrezca ventajas al defensor (por ejemplo, la defensa de un río importante o de una cordillera). En la estepa rusa era difícil encontrar un terreno favorable a la defensa, fuera de emplear alguno de los numerosos ríos existentes. La idea de los Generales alemanes era precisamente la de retirarse a alguna de estas líneas fluviales (como hizo Guderian, retirándose tras el Don o Hoepner tras el Moscova). Cabe dudar si las desgastadas unidades móviles alemanas habrían sido capaces de proteger a las unidades a pie mientras éstas alcanzaban posiciones ventajosas tras alguno de los ríos de la zona, frente a un enemigo que comenzaba a recibir en grandes cantidades medios acorazados modernos.

Los éxitos de sus operaciones ofensivas alimentaron la ambición de los soviéticos, que se animaron a efectuar contraataques no solo en Moscú, sino en toda la línea del frente. Si bien los contraataques de diciembre-enero no destruyeron al Grupo de Ejércitos Centro, como esperaba la Stavka, sí acabaron con las esperanzas alemanas de un final rápido de la campaña del Este. En el campo soviético, Stalin comenzó a ver la posibilidad de destruir completamente a la Wehrmacht de forma inmediata.
