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La clave de la resistencia iraní: fortalezas y limitaciones de la Doctrina Mosaico

https://global-strategy.org/clave-resistencia-irani/ La clave de la resistencia iraní: fortalezas y limitaciones de la Doctrina Mosaico 2026-04-13 20:00:31 Javier Mª Ruiz Arévalo Blog post Estudios de la Guerra Irán

El rápido colapso del régimen iraquí en 2003 supuso una advertencia clara para el régimen de los ayatolás. En caso de conflicto abierto con EEUU, su sistema de mando y control militar sería incapaz de mantenerse operativo. Su degradación conduciría al colapso del régimen, ante la incapacidad de articular una defensa organizada. La enseñanza extraída es obvia: Irán debería organizar su defensa de forma que sus fuerzas militares pudieran seguir actuando en ausencia de órdenes.

Para ello, su sistema defensivo está organizado en varias capas. La primera capa actúa más allá de las fronteras de Irán y es responsabilidad de la Fuerza Quds de la Guardia de la Revolución Islámica (GRI), que opera en la retaguardia de los enemigos de Irán, directamente o a través de asociados. En el mismo plano actúan los misiles balísticos, capaces de atacar objetivos lejanos y que suponen un elemento disuasorio a tener en cuenta, al igual que lo constituirían las armas nucleares, en caso de que Irán llegara a desarrollarlas.

La segunda capa está a cargo de las Fuerzas Armadas regulares (Artesh), desplegadas a lo largo de las fronteras para hacer frente a un hipotético ataque convencional. La Guardia de la Revolución Islámica, desplegada en el interior del país, constituye la tercera capa, cuya misión es retardar el avance enemigo, desgastarle y defender terreno y líneas de comunicación críticos, así como afrontar amenazas no convencionales provenientes de grupos insurgentes o levantamientos populares. La cuarta y última capa la forman las fuerzas Basij, las milicias paramilitares de la Guardia de la Revolución, cuya misión sería acosar la retaguardia del invasor, atacando sus líneas de comunicación y sometiéndole a un desgaste prolongado.

Dentro del territorio iraní, la tercera y cuarta capas, a cargo de la GRI. En 2008, aplicando las lecciones aprendidas tras la invasión de Irak de 2003, el general Mohammad Ali Jafari reorganizó la Guardia Islámica en treinta y un mandos provinciales, cada uno con sus propios arsenales, cadenas logísticas y autoridad previamente delegada. Además, cada uno de estos mandos tenía órdenes detalladas para actuar en caso de conflicto armado sin necesidad de esperar órdenes para ello. Conformarían así un mosaico de mandos autónomos, capaces de combatir de forma aislada en caso de necesidad. Esta es la clave de la denominada Doctrina Mosaico: las diferentes unidades territoriales de la Guardia Revolucionaria, con el apoyo de los Basij, puedan seguir combatiendo, aunque se destruya el sistema de mando y control general. Tienen los recursos y la autoridad necesarios para ello.

La Doctrina Mosaico ante la Guerra contra EEUU e Israel

Tras el anuncio de un alto el fuego por parte del presidente Donald Trump, el almirante Brad Cooper, comandante del Mando Central de Estados Unidos (CENTCOM), afirmaba que «Irán ha sufrido una derrota militar generacional». Frente a este planteamiento, la respuesta del régimen iraní consiste fundamentalmente en sostener que la República Islámica sigue en pie. El régimen resiste y eso sería, en sí mismo, una victoria. Sin embargo, ese argumento confunde la cuestión. La supervivencia de la República Islámica no está en disputa; lo que se discute es si la entidad superviviente conserva la capacidad de dirigir las fuerzas que operan en su nombre.

La guerra asimétrica constituye el recurso de los Estados que no pueden prevalecer de manera convencional. La dispersión y el ocultamiento son las herramientas de un aparato militar que ya ha cedido el campo de batalla convencional. La actuación conjunta de EEUU e Israel mediante la Operación Epic Fury ha puesto de manifiesto las fortalezas y las debilidades de la estrategia iraní. Utilizando también instrumentos asimétricos, como la infiltración de elementos de inteligencia, eliminaciones selectivas y disrupción de redes han obligado a actuar a Irán bajo la premisa de que desconoce el alcance de la infiltración enemiga en sus sistemas de mando y control e inteligencia y esa incertidumbre constituye la condición más debilitante a la que puede enfrentarse un servicio de inteligencia. Aprovechando esa superioridad en el campo de la inteligencia, la muerte del Líder Supremo Ali Khamenei, la eliminación de cientos de altos mandos de la GRI y la degradación de su capacidad extraterritorial a través de la Fuerza Quds conforman una campaña de decapitación de una precisión sin precedentes.

Más importante aún, las fracturas entre el liderazgo político iraní y sus fuerzas armadas empiezan a aflorar públicamente. El 7 de marzo de 2026, el presidente Masoud Pezeshkian emitió una disculpa televisada a los Estados árabes del Golfo por los ataques con misiles y drones realizados por Irán, comprometiéndose a cesar en ese tipo de acciones. Que un presidente en ejercicio se disculpe por las acciones de sus propias fuerzas armadas pocos minutos después de su ejecución ilustra con precisión el resultado de la autoridad previamente delegada: un aparato militar del que el liderazgo político debe responder, en lugar de controlarlo. Más recientemente, ante las negociaciones mantenidas en Islamabad el 10 de abril, la GRI ha puesto de manifiesto su desconfianza ante el papel del Ministro de Exteriores iraní. El Estado paralelo desconfía del formal.

Las vulnerabilidades de la Doctrina Mosaico

La Doctrina Mosaico resolvió el problema que Sadam no pudo evitar, al impedir que la decapitación produjera un colapso inmediato del sistema de defensa iraní. Sin embargo, ante un escenario de presión sostenida y de desgaste continuado, sus virtudes no son tan evidentes. Más bien podríamos decir que, si el conflicto se prolonga, retrasa el calendario de la disolución, pero no altera su desenlace. La respuesta automática puede ser adecuada para frenar un primer golpe, pero no para articular una defensa a largo plazo.

Pero, además, la Doctrina Mosaico presenta una segunda vulnerabilidad, en este caso de carácter estructural. Su aplicación supone distribuir la resiliencia horizontalmente, a través de los mandos provinciales, pertenecientes al componente terrestre de la GRI. Sin embargo, no hay una delegación semejante en las ramas funcionales: la marina, la fuerza aérea, el cuerpo de misiles y las direcciones de ciberinteligencia e inteligencia. Estos mandos, que son los que llevan el peso de la resistencia en el conflicto actual, se articulan de manera vertical, con cadenas de suministro y estructuras de mando separadas. No hay fragmentación provincial. Estados Unidos ha desmantelado estas ramas de manera secuencial, degradando cada pilar funcional a la vez que eliminaba el liderazgo central. En este caso, el efecto en las capacidades de defensa es mucho más serio y la capacidad de respuesta autónoma mucho más limitada.

La Doctrina Mosaico puede responder a la necesidad de responder ante un enemigo que penetra en territorio iraní y al que hay que oponer una defensa “terrestre”, pero no parece tan indicado para responder ante el tipo de ataque al que está siendo sometido Irán, que requiere una respuesta integrada de sistemas de defensa aérea, misiles balísticos y sistemas de ciberdefensa.

Hay una tercera vulnerabilidad, de carácter financiero. La capacidad de la GRI para sostener sus operaciones, eludiendo las sanciones económicas, ha dependido en gran medida de Hezbolá y de una red más amplia de actores delegados capaces de movilizar fondos y proporcionar la infraestructura financiera necesaria. Ese sistema ha sido degradado. La flota en la sombra de Irán, la red de buques que transporta petróleo sancionado mediante documentación falsificada y transferencias entre buques, ha afrontado una intensificación de las interdicciones por parte de Estados Unidos. Empresas pantalla vinculadas a China, que proporcionaban cobertura financiera a la GRI, han sido sancionadas por el Departamento del Tesoro estadounidense. El 31 de marzo, decenas de cambistas vinculados a la GRI fueron detenidos en los Emiratos Árabes Unidos tras la escalada de tensiones en el Golfo posterior a los ataques iraníes, cortando una de las arterias financieras más críticas del régimen. Una red que no puede remunerar a sus operadores no permanece como red durante mucho tiempo.

Balance

En síntesis, podemos concluir que la Doctrina Mosaico ha demostrado ser un instrumento muy eficaz para evitar el colapso inmediato del régimen iraní tras unos ataques que lograron decapitar su sistema de mando y control. La capacidad de las distintas piezas que integran el mosaico defensivo iraní para seguir combatiendo en esas condiciones resultó crítica. Posiblemente, fue determinante a la hora de evitar que fueran los propios iraníes quienes lograra hacer caer a un régimen tambaleante. Sin embargo, a medida que el conflicto se prolonga en el tiempo, esta Doctrina va mostrando sus vulnerabilidades. No está diseñada para un escenario que hace imprescindible una rápida reconstitución de las capacidades de dirección del régimen.

A día de hoy, las bazas de Washington son evidentes: dominio militar, estrangulamiento financiero y una arquitectura regional que ha aislado a Teherán del mundo árabe. La respuesta de Irán ha consistido en amenazar a la economía global mediante el cierre del estrecho de Ormuz, el último recurso al que puede recurrir el régimen cuando ha agotado todos los demás. Esta amenaza es una medida de desesperación, no de fortaleza.

Para Teherán sólo cabe una esperanza: que la alianza EEUU-Israel acabe por mostrar fisuras y que Washington, Trump, no sea capaz de soportar la combinación de presiones internas y externas que le empujan a cerrar el conflicto cuanto antes, con cualquier acuerdo que pueda venderse como una victoria.

Javier Mª Ruiz Arévalo

Coronel del Ejército de Tierra español y Doctor en Derecho por la Universidad de Granada. Ha desplegado en dos ocasiones en Kabul, desempeñando cometidos en el área de la cooperación cívico militar.

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