“No one can know the future, and it is misleading to pretend to.”. Joseph S. Nye Jr.[1]
El día en que empezó la actual guerra de Ucrania me preguntaron cómo acabaría y tuve el suficiente sentido común como para responder con una evasiva. Dije entonces que una guerra era “la prueba de la verdad, la que nos dirá si el ejército ruso es tan potente como creíamos o si, por el contrario, sigue teniendo importantes deficiencias”[2].
A la vista de cómo iba evolucionando la situación, a los pocos días ya lo tenía más claro y me atreví a enviar a Global Strategy un texto en el que me abría a la posibilidad de que Rusia pudiera ser derrotada[3]. Lo decía de la manera más prudente que pude encontrar (“el resultado final es aún incierto y también podría ser que Rusia fuera derrotada. O, quizá, que entre la población rusa se extienda la impresión de que su país ha sido derrotado”), pero en el título, donde a menudo situamos el mensaje principal que queremos transmitir, mis convicciones de aquel momento me traicionaban: “Cuando los rusos pierdan la guerra”.
Mucho ha llovido (y nevado) desde entonces. Los ejércitos rusos y ucraniano se parecen poco a lo que eran hace dos años y ambos contendientes han sabido adaptarse a las exigencias de una guerra de alta intensidad en condiciones contemporáneas. Y, frente a lo que muchos esperábamos a finales de febrero de 2022, Rusia se ha sobrepuesto a sus fracasos iniciales y en estos momentos parece encontrarse en mejor situación que su adversario[4]. Las declaraciones y el “lenguaje corporal” de los dirigentes rusos sugieren que han recuperado la confianza y que están convencidos de que el tiempo trabaja a su favor. No sabemos lo que nos espera en el futuro, pero sí podemos decir algo sobre el pasado de este conflicto. Por ejemplo, que nos equivocamos en nuestras primeras valoraciones tras el fracaso del empuje inicial ruso.
Los errores
Para acotar el campo de reflexión, me centraré en lo publicado en aquel texto de febrero de 2022, y destacaré los errores analíticos graves que en el aquel momento cometí. A la sombra del convencimiento de que Rusia iba a perder la guerra, son cuatro las afirmaciones concretas que en estos momentos parecen especialmente erróneas:
1) Que la situación económica en Rusia iba a empeorar progresiva e irremediablemente: “En cualquier caso, el deterioro económico que sin duda se produciría…”. En realidad, la economía rusa ha superado bastante bien el choque inicial de las sanciones occidentales y se ha adaptado a producir lo necesario para alimentar la guerra, sin sacrificar en una medida notable el bienestar de la población[5].
2I) Que la población rusa consideraría una derrota “que Rusia se [viera] obligada a retirarse de los territorios que actualmente controla”. Es algo que ocurrió en el otoño de 2022, cuando los rusos, ante la presión ucraniana, debieron abandonar los territorios que ocupaban en la provincia de Járkov y en la margen derecha del río Dniepr (y antes, a finales de marzo de 2022, cuando se retiró de la región de Kíev). La opinión pública rusa, aunque acusó el golpe, no cayó en el derrotismo[6].
c) Que otro de los posibles desencadenantes de una sensación rusa de derrota sería “que el conflicto se [estancara], con tropas rusas desplegadas permanentemente en Ucrania y escaso apoyo entre la población de este país”. Es lo que ha ocurrido durante los últimos meses y la opinión pública no ha reaccionado negativamente[7].
El porqué de los errores
Mi error principal parece haber sido una falta de comprensión de la naturaleza de la guerra que se iba a librar. Al disponer Rusia de un ejército más potente y con un grado superior de preparación (más movilizado), esperaba (supongo que muchos de nosotros esperábamos) que aplicara un primer golpe potente para intentar poner fuera de combate al ejército ucraniano. Cuando este último fue capaz de soportar el primer envite ruso, cuando los rusos se vieron incapaces de alcanzar sus objetivos (entiendo que pretendían conseguir efectos decisivos en un plazo corto), creí que Rusia no podía ya ganar. Y ello, fundamentalmente, porque su “músculo económico” era menor, lo que haría que no fuera capaz de reponer pérdidas y de movilizar recursos en la misma medida en la que Ucrania, plenamente respaldada por Occidente, lo haría.
En aquel momento, no pensé en una guerra de larga duración, algo que, como se ha visto, fue un gran error. Porque, al final, este conflicto se ha acabado convirtiendo en una guerra larga como lo fueron muchas del pasado, con diferentes campañas, con un enorme desgaste de los contendientes, con un importante trabajo de movilización. A los pocos meses de conflicto, los adversarios utilizaban ya otro armamento y otros procedimientos que al comienzo. Ambos habían cambiado de hardware (en parte, al menos) y de software.

Era una nueva guerra, muy diferente de las batallas iniciales del mes de febrero y lo que entonces preveíamos había perdido por completo actualidad (e importancia). Y estaba surgiendo un nuevo orden internacional, en el que Rusia, a pesar de todos los intentos diplomáticos de Occidente, encontraba su sitio. Precisamente, entre los descontentos con el orden unipolar, controlado por Estados Unidos y sus aliados occidentales, que surgió tras el final de la guerra fría.
En alguna medida, los observadores occidentales hemos infravalorado también el potencial de la capacidad de la economía rusa de adaptarse. Se diga lo que se diga, la economía rusa no jugaba en la misma Liga que la italiana o española, ni por tamaño ni por capacidad de resiliencia. Es posible también que infravaloráramos la capacidad del soldado ruso, al aceptar ideas preconcebidas sobre su posible falta de motivación[8].
Mal de muchos…
Consuela un poco constatar que fuimos muchos los que nos equivocamos al valorar los primeros resultados de la guerra entre Rusia y Ucrania. Los propios dirigentes rusos, por ejemplo, parecen haber compartido la opinión de que, tras el fracaso de sus operaciones iniciales, la probabilidad de que la guerra terminara de manera favorable para ellos era muy baja. De hecho, a lo largo del mes de marzo estuvieron negociando con Ucrania las condiciones de una posible solución pactada del conflicto. En la reunión con una delegación de jefes de estado africana celebrada en San Petersburgo, Putin reveló que en aquel momento la parte ucraniana llegó a rubricar el borrador de un acuerdo, y aunque sus términos concretos no han sido revelados[9], los comentarios públicos sobre su contenido sugieren que en aquellos momentos las pretensiones rusas eran muy modestas. Que, más que intentar alcanzar los (vagos) objetivos iniciales, trataban de encontrar la forma de detener el conflicto “salvando la cara” (en lo posible).
1) En el ya mencionado encuentro con los líderes africanos, Putin les dijo que “Kiev obtuvo su independencia tras la disolución de la Unión Soviética sobre la base de la Declaración de Independencia, y en esta declaración estaba claramente escrito que Ucrania es un estado neutral, algo que para nosotros es fundamental. No entendemos muy bien por qué Occidente empezó a arrastrar a Ucrania hacia la OTAN”. Es decir, neutralidad de Ucrania y no ingreso en la OTAN como objetivo fundamental.
2) En estos momentos, en el debate público ruso se ha instalado la idea de que la neutralidad de Ucrania, y nada más, era el objetivo que se pretendía en aquellas negociaciones de las primeras semanas de guerra. Así, por ejemplo, Aleksandr Bedrussov afirmaba en Izvestia a finales de noviembre de 2023 que “la posición negociadora de Moscú en febrero-marzo de 2022 se reducía a un punto fundamental: la neutralidad de Kiev y la no adhesión de Ucrania a la OTAN”[10].
3) Vladimir Medinski, que fue jefe de la delegación rusa durante las negociaciones con Ucrania, ha confirmado a los periodistas que la neutralidad de Ucrania y su renuncia a ingresar en la OTAN era una de las condiciones de Rusia, pero ha añadido que “entre las exigencias irrenunciables de nuestra parte estaba el reconocimiento de la soberanía rusa sobre Crimea, el reconocimiento de la independencia de las repúblicas de Donbass, y luego hubo una gran cantidad de demandas humanitarias, partiendo siempre de la protección de la población rusófona del Donbass”[11] Por la función que desempeñaba durante el proceso negociador, el testimonio de Medinski es de gran valor y solo en apariencia contradice lo que parece ser el consenso actual ruso sobre esa materia. En realidad, a lo que Medinski se refiere es a las exigencias iniciales de Rusia, no a lo que Moscú estaba dispuesta a aceptar a finales de marzo de 2022.
Parece evidente que la oferta rusa de las primeras semanas de guerra ya no está sobre la mesa[12]. El que los rusos no hayan publicado el texto completo del principio de acuerdo que dicen haber alcanzado con Ucrania hace veinte meses sugiere que ya no se sienten ligados por lo que entonces aceptaban. En otras circunstancias, con una situación en los frentes bastante más favorable a sus intereses, sintiendo que el tiempo trabaja a su favor, parece muy probable que ahora quieran más:
1) Según Bedrussov (op.cit.), los objetivos actuales serían otros: reconocimiento de la anexión rusa de Crimea y de las provincias ucranianas de Donetsk, Lugansk, Zaporoye[13] y Jersón; protección de los derechos de los rusos en Ucrania; y apartamiento de los elementos ultranacionalistas de esferas de poder en Ucrania.
2) Según Vladímir Saldo[14], jefe de la provincia rusa de Jersón, Putin y el mando militar están decididos a recuperar la ciudad de Jersón, evacuada en noviembre de 2022. “Después vendrán Nikoláiev, Odessa e Izmail”[15] (es decir, toda la costa ucraniana del mar Negro, hasta los límites con Moldavia y Rumanía).
¿Podemos ahora aventurar un pronóstico?
Sería muy imprudente aventurar un pronóstico acerca de cómo puede terminar esta guerra. O cuándo.
Estamos ante una guerra de larga duración, en la que las fases se van sucediendo. Las circunstancias actuales, que favorecen a Rusia, pueden cambiar con el tiempo si Occidente llega a implicarse más a fondo en apoyo de su protegido. Nos encontramos ante una guerra de desgaste y, en ella, la capacidad global de Occidente es muy superior a la rusa. ¿Podría llegarse a esa aplicación total del poder militar y económico de Occidente? A estas alturas de partido, no parece probable, aunque no se puede descartar por completo. ¿Podría aumentar el apoyo occidental hasta que se alcanzara una situación de equilibrio, como la que favoreció el final de la guerra de Corea[16]? Quizá.
Todos nos sentimos presionados a intentar adivinar el futuro, y a veces tenemos la debilidad de intentarlo. Un enfoque más modesto, basado en intentar comprender el presente de manera que el futuro no nos sorprenda quizá sea más productivo.
[1] Nye Jr, Joseph S. (1994). Peering into the Future. Foreign Affairs 73, 4. P. 88.
[2] Martín, Teresa (2022, 25 de febrero). ¿Por qué Rusia ha invadido Ucrania? El origen y las claves del conflicto. Heraldo de Aragón. P. 7.
[3] Palacios, J.M. (2022, 27 de febrero). Cuando los rusos pierdan la guerra. Global Strategy. https://global-strategy.org/cuando-los-rusos-pierdan-la-guerra/. Acceso: 29.11.2023).
[4] La mayor parte de los expertos occidentales reconocen la recuperación rusa, aunque muchos creen que la situación actual se caracteriza por el equilibrio de fuerzas: “The same experts who boldly forecasted the defeat of a feckless and incompetent Russia are changing tact. Now, the claim is that the war is a stalemate that neither side can win.”. Véase Blackburn, M. (2023, 21 de noviembre). Ukraine War: Selling Stalemate and Prolonging Pain. The National Interest. https://natioalinterest.org/feature/ukraine-war-selling-stalemate-and-prolonging-pain-207395. Acceso: 23.11.2023.
[5] Jacques Sapir ha explicado con claridad por qué la economía rusa ha conseguido sobrevivir a las sanciones. Véase Sapir, J, (2023, 9 de julio). Comment l’économie russe a déjoué lesmesures de « guerre économique » del’Occident. Les crises. https://www.les-crises.fr/comment-l-economie-russe-a-dejoue-les-mesures-de-guerre-economique-de-l-occident/ (acceso: 11.07.2023). Para un comentario sobre los últimos datos económicos, véase Sapir, J. (2023, 2 de noviembre). Résultats de l’économie russe. X (ex-Twitter). https://twitter.com/russeurope/status/1720090958329741448. Acceso: 03.11.2023.
[6] Según VTsIOM, un conocido centro sociológico ruso, el “índice de confianza” en Putin (porcentaje de rusos que declaran confiar en él, frente al de aquellos que dicen no confiar) bajó entre finales de agosto de 2022 y finales de noviembre de 2022 de 65 a 60 puntos, y, después de esta fecha, dejó de descender. A finales de marzo de 2023 había recuperado los 65 puntos. https://wciom.ru/ratings/doverie-politikam/. Acceso: 29.11.2023.
[7] Según una encuesta cuyos resultados fueron hechos públicos por VTsIOM a principios de octubre de 2022 (trabajo de campo realizado en septiembre de 2022), 74% de los rusos creía entonces que V. Putin era capaz de continuar el desarrollo del país, mientras que solo 19% pensaba que no. https://wciom.com/press-release/president-of-russia-political-image-and-performance-assessments. Acceso: 29.11.2023.
[8] Burns, A.S. (2023, 22 de noviembre). The Dangers of Military Essentialism: Past and Present. The National Interest. https://nationalinterest.org/feature/dangers-military-essentialism-past-and-present-207412. Acceso: 23.11.2023.
[9] “No voy a hablar de los detalles de lo que acordamos; no sería correcto”, dijo el presidente ruso en el encuentro con los líderes africanos. Véase http://kremlin.ru/events/president/news/71835. Acceso: 30.11.2023.
[10] Bedrussov, A. (2023, 26 de noviembre). Третья мировая (Tercera guerra mundial). Izvestia. https://iz.ru/1611205/aleksandr-vedrussov/tretia-mirovaia. Acceso: 29.11.2023.
[11] Véase https://www.kommersant.ru/doc/6365726. Acceso: 29.11.2023.
[12] En el artículo que acabamos de citar, Aleksandr Bedrussov escribía, al comentar las condiciones de Rusia en marzo de 2022, “тогда, но не сейчас” (entonces, pero no ahora).
[13] Cualquier forma que tengamos de transliterar los nombres geográficos del sureste ucraniano tiene connotaciones políticas y es discutible. Como hace la edición española de Wikipedia, utilizamos Zaporoye para la provincia rusa (no reconocida por Occidente) y Zaporiyia para la ucraniana. Tanto en ruso como en ucraniano, los nombres de ambas son idénticos.
[14] Saldo es un político ucraniano, en su momento miembro destacado del Partido de las Regiones (el de Yanukóvich). Fue alcalde de Jersón entre 2002 y 2012, y diputado en la Verjovna Rada (Consejo Supremo, parlamento de Ucrania) entre 2012 y 2015.
[15] Сальдо об общении с Путиным: «Мы вернемся в Херсон, дальше будет Николаев, Одесса и Измаил» (Saldo sobre el encuentro con Putin: “Volveremos a Jersón; después vendrán Nikoláiev, Odessa e Izmail”). Federal Press, 28.11.2023. https://fedpress.ru/news/84/society/3283564. Acceso: 29.11.2023.
[16] Blackburn. Op.cit.
