Finalmente, tras largos meses de preparación, el 10 de mayo de 1940, la Wehrmacht comenzó su esperada ofensiva sobre Francia. Este ataque se inició con un vigoroso ataque del Grupo de Ejércitos B sobre Bélgica y los Países Bajos, mientras que el Grupo de Ejércitos A ocupaba Luxemburgo… Aparentemente, los alemanes reeditaban el “Plan Schlieffen”, con la única diferencia de la ocupación de los Países Bajos (que no se realizó en 1914, pero que se contemplaba en la versión original del plan). Los acontecimientos parecían dar la razón al general Gamelin, que, consecuentemente, consideraba que había tomado el curso de acción adecuado para derrotar a los alemanes: el plan “Dyle-Breda” parecía completamente acertado. Así, la masa de maniobra aliada comenzó a entrar en suelo belga para ocupar las posiciones previstas.
De forma sorprendente, la Luftwaffe no intentó impedir ni retardar el avance aliado. El mando aliado suponía que el vigoroso apoyo aéreo que los alemanes estaban haciendo en el frente del Grupo de Ejércitos B estaría suponiendo un mayor esfuerzo para la Luftwaffe de lo esperado, o bien que sus estimaciones previas habían sobreestimado las capacidades de la Lufwaffe. En cualquier caso, era una ayuda inesperada, pero bienvenida.
El enérgico ataque del Grupo de Ejércitos B incluyó por primera vez en la Historia el empleo de paracaidistas en función de “abrelatas”. El empleo de fuerzas paracaidistas había sido muy discutido en el periodo de entreguerras, pero no se había practicado nunca. Los alemanes concluyeron acertadamente que las unidades paracaidistas carecían de la capacidad de transportar vehículos y armas y pesadas o gran cantidad de munición, por lo que su potencia de combate era reducida y de corta duración. Por ello, concentraron su empleo en la ocupación de puntos clave necesarios para el avance, pero escasamente defendidos, y situados lo suficientemente próximos a la línea del frente para posibilitar que las unidades terrestres llegasen hasta ellas antes de que el enemigo superase las débiles defensas que podían ofrecer los paracaidistas. De hecho, la única acción paracaidista realizada muy al interior del territorio aliado – el desembarco aéreo en el aeródromo de La Haya, intentando repetir el éxito alcanzado en Oslo unas semanas antes – se saldó casi con una catástrofe para los alemanes, ante el contraataque holandés, apoyado por carros… solo la rendición de los Países Bajos evitó la derrota de los paracaidistas alemanes.
El ataque alemán sobre Bélgica y los Países Bajos puso de relieve la falta de coordinación real entre las fuerzas belgas y holandesas y franceses y británicos: no había un mando único, ni un plan acordado, ni procedimientos de identificación… Todo tuvo que improvisarse bajo la presión del potente ataque alemán, con los lógicos malos resultados. El Grupo de Ejércitos B superó pronto a las fuerzas holandesas y belgas, apoyado por la acción de la Luftwaffe, y los Panzers de sus escasas – pero muy activas y agresivas – Divisiones Acorazadas, avanzando mucho más rápido de lo esperado hacia el interior del territorio belga, gracias en parte al pánico causado por el empleo de paracaidistas. Consecuentemente, el mando aliado tenía pocas dudas de que el ataque del Grupo de Ejércitos B constituía el esfuerzo principal del ataque alemán. Episodios como la toma del fuerte belga Eben Emael por fuerzas aerotransportadas ponían también de relieve la vulnerabilidad de las grandes obras de fortificación enterradas, como las que constituían la línea Maginot.
Además del empleo de paracaidistas, el aspecto más destacado – desde el punto de vista doctrinal – de las operaciones en el sector del Grupo de Ejércitos B alemán se reveló los días 12 y 13 de mayo en Hannut (Bélgica), acción que relataremos posteriormente.
El mismo 10 de mayo, en el sector del Grupo de Ejércitos A, los 41.140 vehículos del Panzegruppe Kleist comenzaron su aproximación hacia Sedán, empleando cuatro de las seis vías principales disponibles que atravesaban de Este a Oeste el macizo boscoso de las Ardenas. Al Norte, por las dos vías restantes, las dos Divisiones Panzer que constituían el XV Cuerpo de Ejército, asignado al 4º Ejército de Von Kluge, avanzaron en paralelo al Panzergruppe, pero sin depender orgánicamente de éste. Esto implicaba que cada una de las cuatro columnas del Panzergruppe ocupaba una longitud de unos 400 km de carretera (suponiendo que cada vehículo en marcha necesitase unos 40 m., cifra “conservadora”). Por imposición del Estado Mayor del Grupo de Ejércitos A (y pese a las fuertes protestas de Von Kleist), el Panzergruppe se escalonaba en tres líneas: a vanguardia el XIX Cuerpo Acorazado de Guderian, seguido del XXXXI Cuerpo Acorazado de Reinhardt y al final el XIV Cuerpo Motorizado de Von Wietersheim. Este último comenzaba a avanzar a 330 km por detrás de las vanguardias de Guderian. Sin embargo, de acuerdo al plan, el XIX Cuerpo y el XXXXI debían atacar simultáneamente la línea del Mosa, lo que implicaba el redespliegue de ambos al llegar al río, en dirección transversal a su avance, a corta distancia del enemigo y en un terreno difícil y con escasas vías de comunicación laterales.
En cualquier caso, las Divisiones de Guderian iniciaron un vigoroso avance, con sus carros en vanguardia: la velocidad era vital para el éxito del ataque alemán. La resistencia del “Groupe K” belga fue muy escasa: los belgas planearon la ejecución de su maniobra de retardo centrada en la dirección general Sur-Norte (es decir, intentando retardar un avance alemán hacia el Sur de Bélgica, que no se produjo), perpendicular a la dirección real del avance alemán, Este-Oeste. Como era previsible para todos (excepto aparentemente para los Ingenieros belgas), las destrucciones realizadas y los obstáculos emplazados apenas supusieron un leve retraso a las columnas alemanas, al no estar cubiertos por el fuego, ni estar orientados en la dirección real del avance alemán. Los chasseurs ardennais belgas tampoco aprovecharon el difícil terreno para defender las escasas carreteras e impedir o retardar el paso de los alemanes. Solo en el pequeño pueblo de Bodange – y por un fallo de comunicaciones que impidió a los belgas recibir la orden de retirada – una Compañía de chasseurs ardennais detuvo a la 1ª División Panzer durante seis horas, un ejemplo de lo que podía haber ocurrido si los aliados hubieran defendido más enérgicamente las Ardenas…
Pese a la escasa resistencia aliada, el plan de circulación del Grupo de Ejércitos A colapsó casi desde el inicio del ataque: las diferentes Divisiones no respetaron las rutas ni los horarios previstos (las Divisiones de Infantería, espoleadas por los jefes de sus Ejércitos, se “colaron” en las rutas reservadas al Panzergruppe, creando un enorme caos en el que se mezclaban unidades del Panzergruppe con elementos de las Divisiones de Infantería), y las propias rutas se revelaron incapaces de absorber la cantidad de vehículos que intentaban circular por ellas… Este fue el mayor atasco de tráfico conocido en Europa hasta ese momento.
Solo en el primer escalón, el XIX Cuerpo Acorazado de Guderian escapaba al caos del tráfico, con la 1ª División Panzer, destinada a cruzar en Sedán, en el centro, avanzando ligeramente adelantada sobre el resto del Cuerpo de Ejército.
Una consecuencia indeseada de este caos fue que los jefes de las unidades del Panzergruppe llegaron a la conclusión – no sin cierta razón – que el principal obstáculo a su avance era mucho más la jefatura del Grupo de Ejércitos A y las de los Ejércitos de Infantería que lo formaban que las débiles defensas belgas y francesas. La consecuencia fue una pérdida de confianza en la cadena de mando, que explica en parte la “flexibilidad” con la que las Divisiones Panzer interpretaron las órdenes durante el resto de la campaña de Francia.
Por su parte, al conocer el inicio de la ofensiva alemana en Bélgica, los franceses, que todavía ignoraban la presencia del Panzergruppe Kleist, avanzaron unidades de Caballería encargadas de ejecutar una operación de retardo contra un posible ataque alemán (esta vez en la dirección correcta, Este-Oeste). Los franceses consideraban que cualquier actividad alemana en el sector de las Ardenas sería un esfuerzo secundario, destinado a distraer tropas aliadas del frente defensivo del Este de Bélgica. Sin embargo, el movimiento de retardo belga – hacia el Norte – y el francés – hacia el Oeste – no estaban coordinados, por lo que el efecto real de la retirada planeada de franceses y belgas en direcciones divergentes fue el de abrir un hueco en las defensas aliadas: cuanto más retrocedían los franceses hacia el Oeste y los belgas hacia el Norte, mayor era el hueco descubierto que dejaban a los alemanes, y precisamente en la dirección de Sedán. Tanto franceses como belgas, que ignoraban las acciones de su respectivo aliado, confiaban en que la responsabilidad de cubrir ese hueco era del otro, y no suya, por lo que no se preocuparon de él.
Esto favorecía el avance del centro del Cuerpo de Ejército Acorazado de Guderian, que, pese a las condiciones de la carretera, pudo mantener su ritmo de movimiento… A esto contribuyó la resolutiva actitud ofensiva de todos los elementos del Panzergruppe: la experiencia de sus tropas – veteranos de la campaña de Polonia – les dotaba de una actitud ofensiva que les permitía imponerse a los todavía bisoños reclutas franceses y belgas, incluso en inferioridad numérica y en operaciones improvisadas. Adicionalmente, los alemanes comenzaron a emplear una táctica luego habitual en las formaciones acorazadas: ante una resistencia más o menos decidida, si existía la posibilidad de rebasarla sin combatir, los carros se despreocupaban de ella y continuaban su avance. Su autonomía logística les permitía ignorar estas resistencias y dejar la tarea de reducirlas a la Infantería que avanzaba detrás. Esta forma de actuar resultaba absolutamente novedosa en 1940, y en muchas ocasiones llevó al pánico a los defensores, que temían que los carros que penetraban en su retaguardia los dejasen a ellos aislados, dependientes como lo eran del abastecimiento que llegaba desde retaguardia por las mismas vías de comunicación que empleaban los carros alemanes para su avance. El pánico de los defensores llevó a la descomposición de las cadenas de mando y al colapso de las defensas (caso de la 5ª División Ligera de Caballería francesa en Neufchâteau).
Por otra parte, las fuerzas francesas encargadas de la operación de retardo se componían esencialmente de unidades de Caballería a lomo, dotadas de armas ligeras y sin capacidad contracarro. Los carros de la Brigada Ligera Mecanizada de cada DLC (Division Légère de Chevalerie) se repartieron entre sus unidades a lomo, por lo que siempre estaban en inferioridad numérica con respecto a las vanguardias acorazadas alemanas, por lo que su utilidad fue muy reducida. En consecuencia, sus posibilidades de combatir a las formaciones blindadas alemanas eran muy escasas.
Esto implicaba que los franceses no podían retardar el avance alemán, pero también que la Caballería francesa se veía obligada a retirarse inmediatamente ante las vanguardias acorazadas alemanas, siendo incapaz de averiguar qué entidad de fuerzas había detrás de esas vanguardias: la Caballería francesa era incapaz de cumplir las misiones de información y de retardo que se le asignaban, de forma que el mando francés carecía de información fiable sobre lo que acontecía en las Ardenas, fuera del dato de que unidades de blindados alemanas (de entidad desconocida) avanzaban por el bosque. En cualquier caso, una información aparentemente mucho menos relevante que los avances del potente ataque del Grupo de Ejércitos B en el Este de Bélgica.
Las unidades francesas en el sector de las Ardenas pertenecían al 2º Ejército y al 9º. Justo en el punto de confluencia entre ambas grandes unidades se produjo el ataque de la 1ª División Panzer, que se vio muy beneficiado por la falta de coordinación de la acción defensiva entre esas dos Grandes Unidades: inicialmente, el 2º Ejército (cuya ala izquierda guarnecía la 5ª División Ligera de Caballería) se retiró más rápido que el 9º, dejando descubierta el ala derecha de esa Gran Unidad, lo que permitió a los alemanes moverse sin oposición desde el Sur y ocupar el puente clave de Mouzaive (sobre el río Semois), en la retaguardia del 9º Ejército, al anochecer del 11 de mayo. Este Ejército, ante la presencia del enemigo en su retaguardia, inició un rápido repliegue que dejó descubierta a su vez el ala izquierda del 2º Ejército, forzándolo a retirarse apresuradamente… Las débiles penetraciones alemanas en la retaguardia francesa tuvieron el efecto de generar el pánico profetizado por los defensores de la “guerra de movimiento”.
En el avance del Panzergruppe por las Ardenas, la velocidad era el elemento fundamental. Como se ha citado, para el éxito del plan alemán, era preciso que el Panzergruppe alcanzase el Mosa lo antes posible, pero, además, que llegase completamente repostado y listo para tomar al asalto las defensas aliadas y, posteriormente, estar en condiciones de penetrar trescientos kilómetros en la retaguardia aliada. Para ello, las Divisiones Panzer idearon un ingenioso sistema de repostaje en el que, en puntos acordados situados a lo largo de las carreteras, los vehículos intercambiaban petacas de combustible vacías por otras llenas, sin detenerse, de forma que sus depósitos siempre se encontraron llenos a lo largo de la progresión por las Ardenas. Para conseguir avanzar a la máxima velocidad, las tripulaciones de los vehículos alemanes fueron provistas de Pervitín, un poderoso excitante, que permitía reducir las necesidades de sueño. Además de ello, las tripulaciones de los vehículos eran reemplazadas cuando las vencía el agotamiento, mediante tripulaciones completas que eran transportadas en camiones en los que podían dormir hasta que llegaba el momento de relevar a los combatientes. El efecto de estas medidas fue que las Divisiones Panzer avanzaron sin detenerse, ni de día, ni de noche. Esta forma de combatir sin solución de continuidad agotó a los defensores franceses y belgas, que no habían previsto una acción de retardo continua durante tres días sin reposo ninguno.
El avance alemán en las Ardenas no podía ocultarse completamente al mando aliado. Sin embargo, la escasa resistencia de la Caballería francesa y belga (que se retiraba sistemáticamente cuando los carros alemanes rebasan sus posiciones sin intentar tomarlas) no permitía a los jefes aliados hacerse una idea clara de la entidad de la fuerza alemana atacante. Solo se sabía que estaba compuesta por unidades acorazadas. Por otra parte, las acciones de reconocimiento aéreo francesas fueron poco eficaces: la Luftwaffe mantenía patrullas de cazas permanentemente sobre la zona, por lo que los reconocimientos aéreos solo podían hacerse en horas nocturnas. Y, pese a la orden de marchar con las luces apagadas, la mala calidad de las carreteras hizo que muchas unidades alemanas desobedecieran esa orden, por lo que las carreteras de las Ardenas mostraban interminables columnas de luces en la oscuridad… Sin embargo, las acciones de reconocimiento francesas se hacían con aviones aislados, y siempre acosados por la caza alemana, por lo que los informes de los pilotos franceses sobre la presencia de una masa tal de vehículos en las carreteras de las Ardenas no podían ser corroborados por otras fuentes y, por ello, no se tuvieron en cuenta, y se atribuyeron al “estrés” de los pilotos.
Es importante tener en cuenta que un “plan de decepción” (un “plan de decepción” es una – mala – traducción del término inglés “Deception Plan” o “plan de engaño”: una acción deliberada que pretende ocultar al enemigo la actuación real de las fuerzas propias, haciéndole creer que es otra distinta) funcionará tanto mejor cuanto el enemigo esté más dispuesto a creer la añagaza presentada: hay que hacer creer al enemigo precisamente lo que “quiere” creer. En este sentido, el “plan de decepción” alemán se ajustaba extraordinariamente bien a lo que el mando aliado esperaba: una repetición del “Plan Schlieffen”. Y, por este motivo, los franceses eran muy reacios a tomar en consideración las informaciones que iban en contra de esa idea preconcebida. Todavía el día 13 de mayo, cuando los primeros elementos de la 1ª División Panzer ya habían establecido una cabeza de puente tras la barrera del Mosa, en Sedán, el parte diario del alto mando aliado enviado a los gobiernos francés y británico reflejaba que “todavía no se puede saber dónde está el esfuerzo principal enemigo”.
La batalla de Hannut, 12-14 de mayo de 1940
Mientras el Panzergruppe avanzaba por las Ardenas, el XVI Cuerpo de Ejército Acorazado del general Hoepner, encabezando el Grupo de Ejércitos B, presionaba duramente el frente aliado en Bélgica, manteniendo la ficción de que llevaba el esfuerzo principal de la ofensiva alemana. En este marco se produjo la primera gran batalla de carros de la SGM, en Hannut.
En efecto, al activar el plan “Dyle-Breda”, los franceses lanzaron por delante de su 1er Ejército (encargado de cubrir el “boquete de Gembloux”, una zona de terreno de 33 km que era la única zona de Bélgica no protegida por un obstáculo fluvial) al Cuerpo de Caballería Prioux, compuesto de la 2ª y 3ª DLMs). La misión del general Prioux era ganar cinco días para permitir al 1er Ejército ocupar en fuerza y fortificar el “boquete de Gembloux”. Como preconizaba su doctrina, las dos DLMs avanzaron rápidamente hasta la zona de Hannut, donde se desplegaron en pequeños grupos de carros, constituyendo “tapones” (“bouchons”), con la idea de impedir la maniobra enemiga. En esta zona se produjo el encuentro con las dos Divisiones Panzer del XVI Cuerpo Acorazado de Hoepner. El desarrollo de este combate pone de relieve muchas de las diferencias doctrinales entre ambos Ejércitos.
Así, los franceses constituyeron una línea estática de posiciones, guarnecidas con grupos de carros, en lugar de con unidades de Infantería y trincheras. Apenas dejaron reservas de cierta entidad (nunca superiores a una Compañía), y distribuidas a lo largo de todo el frente, con idea de cerrar pequeñas penetraciones puntuales y aisladas. Su relativamente escasa Artillería de Campaña era casi el único medio de ejercer un mayor esfuerzo de defensa en un punto determinado. De esta forma, los franceses atomizaron su potente fuerza de carros (239 Hotchkiss H-35 y H-39 y 176 SOMUA, además de varios cientos de autoametralladoras) en pequeños grupos estáticos, mientras que los alemanes concentraron sus fuerzas (125 Panzer-III y IV y 498 Panzer-I y II) en grandes unidades móviles, de forma que pudieron elegir siempre el lugar donde combatir, alcanzando siempre la superioridad local. En Hannut, los alemanes descubrieron por primera vez que los cañones de sus carros eran casi ineficaces contra los pesadamente acorazados carros franceses. Tras sufrir importantes pérdidas durante la jornada del 12 de mayo, al enfrentar sus inferiores carros a los “bouchons” franceses de forma improvisada, el 13 de mayo los alemanes concentraron sus carros en un estrecho sector defendido por parte de la 3ª DLM, sin que la 2ª DLM desplazase un solo carro para apoyar a su División hermana. Esto era coherente con la doctrina francesa de dividir la zona a defender en sectores bajo la responsabilidad de sus diferentes unidades, pero implicaba desperdiciar la maniobrabilidad de las unidades de carros. Esta concentración de medios por parte alemana, junto con el eficaz apoyo de la Luftwaffe (posible gracias a la naturaleza estática de la defensa francesa, que permitía planear con tiempo los bombardeos y simplificaba la distinción entre fuerzas propias y enemigas), permitió a los alemanes romper la línea defensiva francesa. Al final del día, la 3ª DLM había perdido 75 Hotchkiss y 30 SOMUA. Por su parte, los alemanes perdieron 160 carros, principalmente Panzer-I y II, pero la defensa francesa colapsó.
Dado el carácter lineal del despliegue francés, y debido en gran medida a la penuria de radios que les permitieran coordinar sus movimientos, el Cuerpo de Caballería Prioux realizó una retirada general para acogerse al frente constituido por el 1er Ejército. A diferencia de lo establecido en la doctrina alemana, el Cuerpo de Caballería Prioux se tuvo que retirar sin apenas combatir, sin intentar retardar aún más el avance alemán, pues carecía de planes para defender líneas intermedias hasta llegar al frente del 1er Ejército, y la escasez de radios impedía la difusión de órdenes en un combate móvil. Los carros alemanes aprovecharon el movimiento francés para avanzar a corta distancia de los carros franceses en retirada, impidiendo a la Artillería francesa actuar sobre ellos, al no poder distinguir los carros amigos de los enemigos. El general Hoepner intentaba romper la línea del 1er Ejército, entrando en las líneas enemigas entremezclado con los carros en retirada de Prioux. Sin embargo, el intento de penetrar el frente francés el 14 de mayo fracasó, ante la densidad y eficacia de los fuegos de Artillería de los franceses, que causaron fuertes pérdidas al Cuerpo Acorazado de Hoepner, que se vio obligado a detener el avance. Por su parte, el Cuerpo de Caballería Prioux – con fuertes pérdidas -, fue disuelto y sus batallones de carros agregados a las Divisiones del 1er Ejército que guarnecían el frente en Gembloux.
Las operaciones de esos días en el frente del Grupo de Ejércitos B confirmaban por un lado la superioridad doctrinal de los alemanes en la guerra de movimiento, pero el fracaso en la penetración de la línea defensiva del 1er Ejército ponía de relieve las limitaciones de las Divisiones Panzer alemanas para perforar una línea defensiva bien organizada y defendida con decisión. Estas conclusiones daban la razón a Manstein en su previsión de que una repetición del “plan Schlieffen” llevaría a un estancamiento como el de la PGM, pero también subrayaban los enormes riesgos asumidos al confiar en que el Panzergruppe Kleist podría romper la línea del Mosa…
El cruce del Mosa en Sedán (13-15 de mayo)
El cruce del Mosa y la toma al asalto de Sedán es otro episodio que revela la evolución doctrinal alemana. En efecto, la 1ª División Panzer había alcanzado la ciudad en 57 horas, pero el río era todavía “el mejor obstáculo anticarro de Europa”. Por otra parte, los cálculos de los Estados Mayores franceses (coincidentes con los de la mayoría de los generales alemanes) estimaban en siete días el tiempo necesario para desplegar la artillería y acumular la munición necesaria para ejecutar un ataque metódico sobre las defensas de la ciudad. A su llegada a la orilla norte del Mosa, la eficaz artillería francesa recibió a los alemanes con un verdadero diluvio de fuego, que parecía dar la razón a los que consideraban que los medios del Panzergruppe eran insuficientes para tomar la ciudad.
La forma de operar de la Wehrmacht durante la ruptura del frente francés en Sedán supone una novedad táctica: ante la insuficiencia de Artillería de Campaña, los alemanes emplean como medio fundamental de apoyo aéreo a la Luftwaffe. Como se ha explicado, la estructura de coordinación entre las fuerzas terrestres y aéreas alemanas descansaba en los escasos Kolufts y Flivos desplegados en los Cuarteles Generales de los Ejércitos y (algunos) Cuerpos de Ejércitos. La escasez de estos medios (especialmente de Flivos, encargados de la coordinación en detalle de las acciones aéreas de bombardeo en beneficio de las fuerzas terrestres), hacía que la capacidad de realizar esa coordinación en detalle estuviese limitada a muy pocas acciones aéreas. Obviamente, el Flivo se situaba en aquella zona donde se esperaba ejercer el esfuerzo principal. El segundo problema de difícil solución era la identificación desde el aire de las tropas propias, con el fin de evitar incidentes de “fuego amigo”.
El cruce del Mosa en Sedán reunía las condiciones necesarias para efectuar el tipo de apoyos que eran posibles en la época: un obstáculo claramente identificable – el río Mosa – separaba las tropas francesas de las alemanas, solucionando en gran medida el problema de identificación, y todos los objetivos previstos estaban en una zona reducida, lo que permitía al único Flivo disponible la coordinación del planeamiento de las diferentes acciones aéreas. Por otro lado, la insuficiencia de la Artillería de Campaña disponible (diez Artillerieabteilungen – Grupos de Artillería -, con un total de ciento cuarenta piezas, con apenas doce disparos para cada una) tampoco dejaba otras opciones al general Guderian…
EL XIX Cuerpo de Ejército de Guderian planeó el cruce del Mosa como un ataque simultáneo de sus tres Divisiones. En el centro, la 1ª División Panzer llevaría el esfuerzo principal, cruzando el Mosa frente a la ciudad de Sedán, con la 10ª División Panzer a su izquierda y la 2ª División Panzer a su derecha. El cruce del Mosa lo efectuaría la Infantería y los Zapadores en botes neumáticos. Los carros tendrían que esperar para cruzar a que se pudieran tender puentes militares, lo que implicaba un retraso de varias horas.
La 1ª División Panzer recibiría casi en exclusiva el apoyo aéreo disponible y el de ocho de las diez unidades de Artillería de Campaña disponibles, junto con los cañones antiaéreos 88/56, empleados como armas antibúnker. Además de ello, la 1ª División fue reforzada con el Regimiento de Infantería Grossdeutchland y una Compañía de Zapadores de Asalto (Sturmpioniere), especializados en el asalto a fortificaciones. El terreno edificado y arbolado permitía a la 1ª División llegar a cubierto hasta la orilla del Mosa.
Por su parte, las otras dos Divisiones fueron menos afortunadas: su apoyo de fuegos se reducía a 24 obuses ligeros (105 mm) cada una, y no pocían contar con apoyo aéreo. Además, para alcanzar la orilla del Mosa debían cruzar amplias franjas de terreno descubierto y batido por la muy superior Artillería francesa y por las ametralladoras situadas en la orilla sur, más elevada que la norte, lo que daba a los defensores franceses amplios campos de tiro,
La 1ª División Panzer había ensayado repetidamente en el Mosela el cruce del Mosa en Sedán, reproduciendo las fortificaciones francesas identificadas, hasta el punto que cada uno de los intervinientes del lado alemán conocía a la perfección su tarea. Esto permitió que el general Guderian junto con el general de Luftwaffe Loerzer (II Fliegerkorps) planeasen hasta el último detalle la ejecución del apoyo aéreo, de forma que los bombarderos de la Luftwaffe atacasen en oleadas sucesivas objetivos perfectamente coordinados con el avance de las fuerzas terrestres, con el Flivo como encargado de coordinar los ajustes en tiempo y en objetivo sobre lo planeado.
La guarnición francesa en Sedán se basaba en la 55ª División de Infantería (encuadrada en el X Cuerpo de Ejército), compuesta de tropas de segunda fila (reservistas mayores de 30 años, fundamentalmente), que llevaba seis meses dedicada a construir fortificaciones. Sin embargo, había prestado poca atención a la instrucción de combate y su organización en el momento del ataque alemán era bastante caótica, como resultado del mencionado sistema de relevos del Ejército francés (había sectores defensivos de Batallón en los que desplegaban tres Compañías de tres Regimientos diferentes), a lo que se añadía el hecho de encontrarse en plena reorganización de su frente, acortándolo para dejar sitio en su flanco derecho a la 71ª División de Infantería (hasta ese momento, en reserva del X Cuerpo de Ejército), lo que añadía confusión a las cadenas de mando y cierta indefinición en cuanto a la responsabilidad de la defensa de cada sector. Además de ello, y como consecuencia de la entrada en la línea defensiva de la 71ª División, el X Cuerpo solo mantenía dos fuerzas de reserva menores cuando los alemanes iniciaron el cruce del Mosa. Los franceses disponían de una potente Artillería en la zona (hasta 174 piezas, entre la Artillería de la 55ª División y los refuerzos de fuegos de la Artillería del X Cuerpo de Ejército), eficaz en su fuego en situaciones estáticas, pese a la bisoñez de la tropa.
La Luftwaffe reunió sobre Sedán una cantidad de medios desconocida hasta la fecha en una acción puramente táctica y localizada en una zona del terreno tan reducida: 600 bombarderos medios y 250 Stukas, protegidos por 500 cazas Bf-109 y 120 cazas pesados Bf-110. Los bombarderos alemanes eran capaces de efectuar varias salidas diarias, por lo que los defensores franceses de Sedán sufrieron en uno solo día (13 de mayo de 1940) el ataque de varios miles de bombarderos.
El bombardeo de la Luftwaffe se extendió a lo largo de toda la jornada, con oleadas incesantes de aviones que descargaban sus armas sobre las inexpertas tropas francesas. Solo en los 90’ previos al cruce del Mosa en el sector central (4 km de longitud), los alemanes realizaron más de 750 salidas de bombardeo. Como en ocasiones anteriores, el efecto de los bombardeos fue más psicológico que real: pese al esfuerzo aéreo y al diluvio de bombas, los defensores solo sufrieron 56 muertos (ningún búnker fue completamente destruido), pero la destrucción de los tendidos de cable telefónico anuló el sistema de mando y control de la 55ª División, y el pánico impidió a los defensores franceses reaccionar frente al avance de las tropas terrestres alemanas, que, al final de la jornada, ocupaban la histórica ciudad, mientras que las tropas francesas se batían en desbandada.
Po su parte, los intentos de cruce del Mosa de la 2ª y 10ª Divisiones Panzer solo fueron posibles cuando el dispositivo defensivo francés colapsó ante el ataque de la 1ª División (y ante los éxitos locales de unidades muy pequeñas en los frentes asignados). Mientras la Artillería francesa fue capaz de mantener el fuego, los intentos alemanes de cruzar el río fracasaron. Sin embargo, la toma de Sedán desencadenó el pánico en las tropas francesas, que huyeron en desbandada, permitiendo el cruce del Mosa de las otras dos Divisiones del XIX Cuerpo de Ejército. El fracaso de estas dos Divisiones en cruzar el Mosa frente a la defensa francesa era precisamente el escenario que predecían los jefes de los Ejércitos y del Grupo de Ejércitos A, pero extendido a la totalidad del XIX Cuerpo de Ejército. Solo el apoyo de la Luftwaffe y la concentración de medios en el sector de la 1ª División Panzer evitaron que tuviesen razón.
La toma de Sedán incluía el establecimiento de una cabeza de puente, que sirviese de base para la explotación del éxito por parte de las unidades acorazadas alemanas. Von Kleist era partidario de establecer una cabeza de puente de unos 8 km de profundidad (con un frente de 12 km en total). Esta opción parecía la más lógica, teniendo en cuenta que solo parte de las tres Brigadas de Infantería de las Divisiones Panzer del XIX Cuerpo de Ejército habían cruzado a la orilla izquierda del Mosa (junto con unas pocas unidades menores de Zapadores y el Regimiento de Infantería Grossdeutschland), y, además, sin armamento pesado. Hasta que no se pudieran tender puentes que permitiesen el paso de medios pesados, la Infantería alemana debía resistir el previsible contraataque francés sin capacidad contracarro y con solo algunas ametralladoras ligeras. Consecuentemente, la opción “ortodoxa” era desplegar una línea defensiva corta (6-8 km por Brigada de Infantería, lo que era bastante, pero no demasiado) y dentro del alcance de la Artillería alemana situada todavía en la orilla derecha del Mosa, para asegurar el imprescindible apoyo de fuegos. Sin embargo, Guderian era partidario de establecer una cabeza de puente mucho mayor, de veinte kilómetros de profundidad, que incluyese las colinas de Bulson, frente al macizo montañoso de Stonne, punto de paso obligado para continuar el avance subsiguiente y que, bien defendidas, supondrían un importante obstáculo para los panzer alemanes. Además de ello, y vista la eficacia de la Artillería francesa, una cabeza de puente reducida como la propuesta por Von Kleist dejaría los puentes sobre el Mosa al alcance de los fuegos de los franceses. La destrucción de esos frágiles puentes pondría en serio riesgo toda la operación. Sin embargo, esto implicaba reducir aún más la capacidad de los infantes alemanes de resistir el previsible contraataque francés.
En efecto, pese a la súbita descomposición del frente francés, era de esperar un contraataque inmediato de los franceses sobre las fuerzas alemanas que habían cruzado el Mosa, y cuya situación era difícil: agotadas por horas de combate, y sin armamento pesado. En los contraataques defensivos, el momento de su ejecución es crítico: deben hacerse cuando los atacantes están reconstruyendo su organización, y antes de que tengan tiempo de descansar, de municionar y de organizar la defensa. De hecho, los alemanes estaban sorprendidos de que los franceses no hubieran reaccionado todavía. Esta ausencia de un contraataque y la desbandada de la 55ª División alentaron a las fuerzas alemanas a ampliar todo lo posible su cabeza de puente, por lo que Guderian se decidió a continuar el avance de su agotada Infantería durante la noche, lo que facilitaría enormemente el avance en días sucesivos. Y, en efecto, dejó los cruciales puentes sobre el Mosa fuera del alcance de la Artillería francesa.
Pese a la entrada en la línea defensiva de su principal elemento de reserva, la 71ª División de Infantería, el X Cuerpo de Ejército francés contaba con dos fuerzas de reserva adicionales, compuestas cada una por un Regimiento de Infantería (a tres Batallones), apoyado por un Batallón de Carros de Combate R-35 FCM. Teniendo en cuenta que la Infantería alemana al sur del Mosa no disponía de armamento pesado ni de armas contracarro, estas fuerzas podrían haber sido – en teoría – suficientes para poner en serios aprietos a los alemanes. Sin embargo, la creencia francesa en la solidez de su frente defensivo hacía que estas reservas estuvieran dimensionadas para contrarrestar cada una de ellas una penetración menor en el frente defensivo. Sin embargo, el problema del X Cuerpo de Ejército francés era sustancialmente distinto: en lugar de una o dos penetraciones menores tenía un hueco en su línea equivalente al frente de una de sus tres Divisiones. Esto requería un contraataque generalizado y coordinado de las dos fuerzas de reservas disponibles. Y, sin embargo, no existía ningún Cuartel General capaz de coordinar la acción de estas dos fuerzas de reserva, pues se habían pensado para ejecutar acciones independientes. La doctrina francesa requería además un planeamiento detallado de cualquier operación, y los contraataques no eran una excepción. Los contraataques pre-planeados (y que se habían ensayado recientemente) contemplaban un importante apoyo artillero y una información precisa sobre la entidad y posición de las fuerzas enemigas, procedente de las unidades francesas que guarnecían la primera línea. No era el caso de la situación real: la 55ª División había desaparecido con unidad de combate, por lo que se ignoraba la entidad de las fuerzas alemanas atacantes y se sabía aún menos de su localización; la Artillería divisionaria estaba desbandada, junto con la mayoría de la Artillería del X Cuerpo desplegada en la zona.
Como consecuencia, el mando del X Cuerpo adoptó una solución “atípica”, ajena a la doctrina francesa en vigor: se ordenó al Cuartel General de la 55ª División que asumiese el mando de las dos fuerzas de reserva y se ocupase de planear el contraataque. Sin embargo, el Cuartel General de la 55ª División estaba sobrepasado por el colapso de sus propias fuerzas, y, además no tenía enlace con las fuerzas de reserva (ni siquiera conocía su localización exacta), lo que precisaba establecer nuevos tendidos telefónicos y acordar procedimientos de coordinación. Además, la decisión de que la unidad que cubría la línea – la 55ª División – tomase el mando de las fuerzas de contraataque iba en contra de la doctrina oficial francesa, lo que suscitaba problemas de coordinación, e incluso de responsabilidad legal… En cualquier caso, todos estos problemas retrasaron la ejecución del contraataque. Y, en realidad, la 55ª División no planeó nada, sino que simplemente ordenó ejecutar simultáneamente los dos contraataques preplaneados, obviando el hecho de que carecían de apoyo artillero y de información sobre el enemigo, una situación para la que las tropas francesas no estaban preparadas.
Además de todo ello, las carreteras por las que esas reservas debían llegar al frente estaban colapsadas por tropas en desbandada de la 55ª División, y el miedo a los ataques aéreos – recuérdese la destaca actuación de la Luftwaffe ese día – hizo que los Batallones de Carros franceses solo comenzasen su movimiento a la caída de la noche. Como consecuencia, las tropas francesas iniciaron su ataque al amanecer del 14 de mayo. Siguiendo su doctrina, los carros se distribuyeron entre los Batallones de Infantería, y avanzaron al paso de los soldados a pie. La falta de apoyo artillero y de información sobre el enemigo hizo que el avance francés fuese extraordinariamente prudente y lento (la reserva situada al Oeste tardó más de una hora en avanzar dos kilómetros, y la situada al Este no llegó a moverse). En un marcado contraste, los alemanes fueron capaces de cruzar el Mosa esa mañana y alcanzar el límite de su cabeza de puente (más de trece kilómetros) en unos pocos minutos. Así cuando las fuerzas francesas tomaron contacto con los alemanes, se encontraron con las primeras fuerzas acorazadas alemanas. El refuerzo del frente alemán y la timidez del ataque francés llevaron al fracaso de la operación de contraataque. Al final del día, más de 800 carros alemanes habían cruzado ya el Mosa.
La torpe ejecución del contraataque francés fue consecuencia mucho más de las limitaciones de la doctrina de la “bataille conduite” (y de su inadaptación a los combates móviles y fluidos) que de la falta de calidad de las tropas o de los materiales (aunque esta doctrina había generado una aversión a la toma de responsabilidades y de iniciativa entre los mandos franceses – como ejemplo, el general Grandsard, jefe del X Cuerpo delegó en el de la 55ª División, general Lafontaine, la ejecución de los contraataques, que eran, de largo, el “esfuerzo principal” del Cuerpo en ese momento, y el jefe de la 55ª División no aceptó la misión hasta recibir una orden escrita y firmada; todo ello en un tipo de operación en el que el tiempo era vital). Especialmente, los procedimientos de toma de decisiones de los franceses eran extraordinariamente lentos, en contraste con los de los alemanes, basados en la citada auftragtaktik. El rápido ciclo de decisión de los alemanes, en contraste con el de los franceses, fue quizá el elemento clave de la victoria alemana en la campaña de 1940.
Esta lentitud del sistema de mando y control francés animó a Guderian a explotar el éxito, avanzando con sus 1ª y 2ª Divisiones Panzer y dejando la tarea de proteger la cabeza de puente – y los vitales puentes sobre el Mosa – a la 10 ª División Panzer, hasta la llegada de las Divisiones de Infantería Motorizada del XIV Cuerpo Motorizado de Von Wietersheim que avanzaban detrás.
El cruce del Mosa en Sedán
Sin embargo, mientras que en las últimas horas del 13 de mayo y en las primeras del 14 el mando aliado todavía no era consciente de la magnitud de la amenaza alemana, en la mañana del 14 de mayo, con el frente aliado roto en Sedán, el contraataque local fracasado y la evidencia de que una importante fuerza motorizada alemana estaba en condiciones de rebasar el extremo Norte de la línea Maginot ‘extendida’, ya era evidente para los aliados que una peligrosa amenaza se cernía sobre el vulnerable flanco sur de los Ejércitos aliados desplegados en Bélgica. Por si cupiera alguna duda, el cruce del Mosa al Norte de Dinant del XV Cuerpo de Ejército del general Hoth revelaba que el esfuerzo principal de la ofensiva alemana se encontraba en las Ardenas, y no en territorio belga.
La primera reacción aliada corrió a cargo de las Fuerzas Aéreas, intentando destruir los puentes (inicialmente, uno solo) que los ingenieros alemanes habían tendido sobre el Mosa, y que eran cruciales para la continuación de la ofensiva alemana. En palabras del General Billotte, jefe del 1er Grupo de Ejércitos francés – dirigidas al jefe de la Fuerza Aérea francesa -, ‘por esos puentes pasa la victoria o la derrota’. Sin embargo, los alemanes eran tan conscientes como los aliados de la importancia crucial de estos puentes, por lo que Guderian desplegó para protegerlos toda su Artillería Antiaérea: más de 300 piezas, una cobertura antiaérea nunca vista hasta ese momento. De la misma forma, la Luftwaffe proporcionó más de 800 salidas de cazas para protegerlos.
En esta operación se pusieron de manifiesto las consecuencias doctrinales del enfoque de la guerra aérea de l’Armée de l’Air: debido a la dispersión de sus aparatos por toda Francia, solo 242 de sus 932 bombarderos estaban cerca de la línea del frente; puesto que su esfuerzo lo concentraban en Bélgica, los franceses solo disponían de 43 bombarderos con alcance suficiente para operar sobre Sedán. En el caso de los británicos, las características técnicas de sus bombarderos pesados (concebidos para bombardear ciudades a alta cota) eran muy inadecuadas para bombardeos de precisión a baja altura, el tipo de misión necesaria para destruir blancos muy pequeños como eran esos puentes. En consecuencia, solo disponían de 109 bombarderos ligeros (73 Fairey Battle y 36 Bristol Blenheim) para el tipo de ataque a realizar sobre los puentes de Sedán. Como escolta de caza, podían proporcionar en conjunto unas 250 salidas.
Pese al valor de los pilotos y a su tenacidad (hasta 27 incursiones se realizaron el 14 de mayo), el resultado era previsible: solo en uno de los ataques, de los 71 bombarderos Battle y Blenheim que participaron, 40 fueron derribados. Las fuertes pérdidas sufridas por la AvIación aliada y la falta de precisión de los bmbardeos forzaron a abandonar los intentos de destruir los puentes desde el aire.
En cualquier caso, las posibilidades de reacción de los aliados eran limitadas, pero no inexistentes: si bien su reserva operacional – el potente 7º Ejército – había desaparecido como tal reserva, a consecuencia de la adopción de la variante ‘Breda’ del plan ‘Dyle’, que había llevado a esta Gran Unidad hasta la frontera con los Países Bajos -, el 2º y el 9º Ejército, desplegados sobre el Mosa eran mucho más poderosos que el modesto XIX Cuerpo de Ejército de Guderian. A esto se añadía la presencia del 6º Ejército francés, recientemente creado y al que se ordenó avanzar hacia Sedán desde su posición en Champaña, al Sudoeste.
La reacción más importante provino del 2º Ejército. Para ello, los franceses organizaron dos formaciones de entidad Cuerpo de Ejército, una de ellas (Groupe Flavigny) sobre la base del XXI Cuerpo de Ejército, compuesta de la 3ª DCR, la 3ª División de Infantería Motorizada y los elementos restantes de la 5ª División Ligera de Caballería, y otra (Groupe Rocaud), con la 2ª División Ligera de Caballería, la 1ª División de Infantería Colonial y el 3er Batallón de Carros (del GBC del 2º Ejército). Además de ello, se organizó un tercer elemento de maniobra con los restos del X Cuerpo de Ejército detraídos de la línea defensiva (parte de la 71ª División de Infantería y lo que quedó de las fuerzas de contraataque – esencialmente, la situada al Este, que apenas intervino – con un Regimiento de Infantería, reforzado por el 4ª Batallón de Carros del GBC del 2º Ejército). En conjunto, los franceses disponían de más de 300 carros. Los de la 3ª DCR eran en su mayoría B-1 bis, frente a los que los cañones contracarro alemanes (PaK-35/36 de 37 mm) y los de los carros de la 10ª División Panzer (un centenar, de los que dos tercios eran Panzer I y II, junto con una treintena de Panzer IV, con cañón de 75 mm de baja velocidad) eran inservibles. La superioridad era incluso mayor en Infantería, Artillería… El mando de la operación se confió al general Flavigny (XXI Cuerpo de Ejército), con la misión de tomar Sedán y cortar el paso del Mosa. Esencialmente, se trataba de la misma misión del fracasado contraataque del X Cuerpo de Ejército y se iba ejecutar en la misma zona, la meseta de Bulson, pero sería ejecutado con fuerzas mucho mayores.
Cuando se iniciaba el movimiento del XXI Cuerpo, las carreteras estaban todavía llenas de tropas francesas que huían en pánico, hablando de ‘miles de carros’ alemanes. Ante estas informaciones, y aplicando la doctrina francesa de ‘colmater et contraattaquer’, el general Flavigny decidió comenzar su operación estableciendo un frente sólido (‘colmater’). Para ello, dispersó los carros de la 3ª DCR en ‘tapones’ (bouchons), grupos de cuatro o cinco carros con un B-1 y varios Hotchkiss, desplegados en todas y cada una de las rutas de aproximación hacia el sur desde Bulson. Este despliegue ocupó la mayor parte del 14 de mayo. Sin embargo, esta medida hizo montar en cólera al alto mando francés, que exigía un contraataque inmediato. En consecuencia, Flavigny ordenó a la 3ª DCR que iniciase este ataque inmediatamente. Sin embargo, el despliegue defensivo del día anterior había consumido los magros depósitos de los carros franceses, por lo que era necesario proceder a su repostaje, lo que implicaba un largo retraso. Flavigny, irritado, relevó del mando al jefe de la 3ª DCR y puso a esta División bajo la autoridad de la 3ª División de Infantería Motorizada. Es decir, el general Flavigny colocó a la práctica totalidad de sus unidades que llevaban su esfuerzo principal bajo el mando de uno sus jefes subordinados (nuevamente, un Jefe de Cuerpo de Ejército prefiere delegar el mando de su operación antes que asumirlo). Como era de esperar, la 3ª División de Infantería distribuyó los carros de la 3ª DCR entre sus unidades subordinadas, en lugar de emplearlos agrupados. Los continuos retrasos en el planeamiento, en la difusión de las órdenes, en los repostajes… consumieron el día 15 de mayo, sin que el XXI Cuerpo de Ejército fuese capaz de iniciar su ataque: pese a las órdenes, el XXI Cuerpo de Ejército fue incapaz de organizar ni siquiera una modesta ofensiva, a paso de Infantería, hacia Bulson.
Por su parte, el 14 de mayo, a la izquierda del XXI Cuerpo de Ejército, por el valle del Bar, los restos de la reserva de la 55ª División de Infantería (un Regimiento de Infantería apoyado por el 4º Batallón de Carros) lanzaron un ataque secundario hacia el Norte, también a paso de infante. Como en los contraataques anteriores, el avance francés se caracterizó por su lentitud y por su prudencia. En este tímido contraataque, los franceses chocaron contra la 10ª División Panzer, que iniciaba un ataque hacia el sur, con el fin de ocupar el macizo montañoso de Stonne, posición clave para asegurar la cabeza de puente de Sedán por el sur. La superioridad en combate de movimiento de los alemanes se impuso a las fuerzas francesas, que tuvieron que retirarse con grandes pérdidas.
Así, el 15 de mayo, la 10ª División Panzer atacaba el pequeño pueblo de montaña de Stonne, en el sector del XXI Cuerpo de Ejército. Los combates en esta zona fueron excepcionalmente duros: el poblado cambió de manos diecisiete veces antes del armisticio francés. Solamente ese 15 de mayo, fue tomado por los alemanes y recuperado por los franceses en cuatro ocasiones. Nuevamente, el superior blindaje de los carros franceses puso en serios apuros a los carros alemanes. Como ejemplos, el 17 de mayo, el capitán Billotte con su carro B-1 bis llamado Eure rompió la línea defensiva, entró en Stonne y se enfrentó a una compañía de carros alemanes. Billotte destruyó trece carros alemanes Panzer-III y IV y dos cañones contracarro, recibiendo más de 140 impactos de cañón que no lograron penetrar su blindaje. Billotte tuvo que retirarse, indemne, cuando comenzó a escasearle el combustible. Al día siguiente, el teniente Doumecq, con su carro B-1 bis llamado Riquewihr avanzó nuevamente hacia Stonne, aplastando literalmente a una compañía de infantes alemanes, y alcanzó el poblado. Los defensores alemanes, desmoralizados al constatar que sus armas no tenían efecto sobre los pesados carros franceses, huyeron en pánico. Nuevamente, la falta de combustible obligó a retirarse a los carros franceses. En realidad, la carencia de capacidad ofensiva real del Ejército francés fue lo que permitió a los alemanes retener Stonne. El 17 de mayo el VI Cuerpo de Ejército relevaba en la defensa de la cabeza de puente a la 10ª División Panzer, que retomó el avance hacia el noroeste.
En este marco, entre los días 17 y 18 de mayo, un equipo de Zapadores de Asalto alemanes (Sturmpioniere) consiguió infiltrarse aprovechando la noche hasta la fortaleza de La Ferté, en el extremo Norte de la línea Maginot. Tras volar una de cúpulas con explosivos, lanzaron más cargas al interior, que provocaron la explosión en cadena de las municiones y una serie de violentos incendios, que acabaron por consumir el oxígeno y axfisiar a su guarnición, mucho más numerosa que los asaltantes. Este ataque y el realizado por paracaidistas sobre el fuerte belga de Eben Emael ponían de manifiesto la vulnerabilidad de las fortificaciones construidas en el periodo de entreguerras, lo que hizo que se perdiese la confianza en ellas. En consecuencia, a partir de ese momento, los franceses tendieron a abandonar esas fortifcaciones cuando se preveía un ataque enemigo. Esto ocasionó el abandono de parte de las obras de fortificación en la línea Maginot ‘extendida’. Además de ello, el ataque alemán a fortaleza de La Ferté reforzó la idea del mando del 2º Ejército francés de que la finalidad del ataque alemán se dirigía al envolvimiento de la línea Maginot.
Desde el punto de vista operacional, los franceses cometieron en error de centrarse en las acciones defensivas en el macizo de Stonne, en lugar de intentar cerrar la brecha sobre el Mosa… En realidad, ésa era la intención de la ‘defensiva al ataque’ de la 10ª División Panzer: proteger el flanco sur de la cabeza de puente de Sedán, manteniendo los puentes fuera del alcance de la potente Artillería de Campaña francesa. Este error del mando francés permitió al Panzergruppe Kleist avanzar rápidamente hacia el canal de la Mancha. Sin embargo, es necesario recordar que el mando aliado seguía pensando en una repetición del ‘Plan Schlieffen’, y, en 1914, en ejecución de ese plan, el 4º Ejército alemán había cruzado el Mosa en Sedán, avanzando a través de Stonne hacia Verdún, con idea de envolver por retaguardia la línea defensiva francesa. En consecuencia, ese movimiento – el avance alemán hacia el sur y no hacia el noroeste – era el que mejor encajaba con la idea del mando aliado acerca de la maniobra alemana. En consecuencia, el jefe del 2º Ejército francés, general Huntzinger, redesplegó el ala izquierda de su unidad (la que cubría el hueco entre Sedán y el límite Norte de la línea Maginot) girando su frente hacia el Norte (hacia Sedán), para defender el flanco izquierdo de la línea Maginot, dejando abierto el acceso del Panzergruppe Kleist hacia el canal de la Mancha.
El cruce del Mosa en Monthermé
En el plan original del Grupo de Ejércitos A, el XXXXI Cuerpo de Ejército del general Reinhardt, tras avanzar detrás del XIX Cuerpo de Ejército de Guderian debía girar al norte, con el fin de llegar al Mosa a la altura de Monthermé (a unos 30 km al Noroeste de Sedán) y cruzar el río al mismo tiempo que el XIX Cuerpo de Ejército. El XXXXI Cuerpo de Ejército se componía de dos Divisiones Panzer (6ª y 8ª) y una División de Infantería Motorizada (2ª). Sin embargo, el caos de tráfico provocado por la errónea planificación del Grupo de Ejércitos A llevó a que la 8ª División Panzer se quedase rezagada de las otras Divisiones, en uno de los enormes embotellamientos de las Ardenas (no llegó al Mosa hasta el 16 de mayo), mientras que la 2ª División de Infantería Motorizada llegó con un día de retraso sobre lo planeado (el 14 de mayo), para encontrar su punto de cruce previsto en Nouzonville ocupado por la 3ª División de Infantería (perteneciente al vecino III Cuerpo de Ejército), que, avanzando por una de las dos carreteras disponibles al Norte de las cuatro asignadas al Panzergruppe, había llegado el día anterior al Mosa. En contra de lo planeado, el jefe de su Ejército ordenó a la 3ª División de Infantería que cruzase el Mosa por delante del XXXXI Cuerpo de Ejército, por lo que ocupó el punto de paso que consideró más adecuado. Solo un Batallón de Infantería Motorizada, otro de carros y un Grupo de Artillería de Campaña de la 6ª División Panzer llegaron a su punto de cruce previsto en Monthermé sin más contratiempos, a tiempo de cruzar el Mosa al tiempo que lo hacía el XIX Cuerpo de Ejército más al Sur, en Sedán.
Sin apenas apoyo aéreo o artillero, y aprovechando la sorpresa de las tropas francesas (que creían que los alemanes estaban todavía muy lejos), el general Kempf (6ª División Panzer) consiguió cruzar el río y ocupar la ciudad, para verse detenido en las afueras por la tenaz resistencia del batallón de la 102ª División de Fortalezas francesa que guarnecía el sector, compuesto de tropas regulares, apoyada por la dificultad del terreno y por las numerosas fortificaciones francesas en la zona. Los reiterados intentos de la 6ª División Panzer a lo largo del 14 de mayo por romper la línea francesa se estrellaron contra la obstinada resistencia de los defensores.
Con la excusa de que el cruce del Mosa por el Panzergruppe había fracasado en el sector del XXXXI Cuerpo de Ejército, el mando del Grupo de Ejércitos A cumplió su amenaza, y ordenó la disolución de Panzergruppe, con efecto a las 12:00 del 15 de mayo. Parte de sus unidades se repartirían en los Ejércitos que formaban el Grupo de Ejércitos, y otras se constituirían como reserva.
Sin embargo, en la madrugada del 14 al 15 de mayo, la 6ª División Panzer consiguió romper la línea defensiva francesa, y, sin órdenes, el general Kempf inició un rápido avance que llevó a su División hasta Montcornet, 50 km hacia el Oeste, y muy por detrás de la línea defensiva que el 9º Ejército francés intentaba organizar al Oeste de Sedán, apoyada en el canal de las Ardenas. Montcornet era un importante nudo de comunicaciones de carretera y, sobre todo, de ferrocarril, por donde pasaba la práctica totalidad de la alimentación logística del 9º Ejército. En consecuencia, esta acción desarticuló completamente la defensa francesa en el sector del 9º Ejército, que emprendió una desordenada retirada que degeneró en huida, bajo la presión de la Luftwaffe, abriendo el camino del Panzergruppe hacia el canal de la Mancha. Como consecuencia, la orden de disolución del Panzergruppe no se aplicó.
El cruce del Mosa en Dinant
El cruce del XV Cuerpo de Ejército del general Hoth en Dinant (Bélgica), a unos 80 km al Norte de Sedán, era un esfuerzo secundario, que debía ejecutarse simultáneamente con el cruce de Guderian en Sedán y el de Reinhardt en Monthermé. El Cuerpo de Ejército de Hoth se componía de dos Divisiones Panzer, la 5ª y la 7ª. Estaba encuadrado en el 4º Ejército, por lo que su misión, en teoría, consistía en abrir paso a las Divisiones de Infantería de esa Gran Unidad, como se había hecho en Polonia.
Consecuentemente con su condición de esfuerzo secundario, recibió un reducido apoyo por parte de la Luftwaffe. Además de ello, en lugar de enfrentarse a una División francesa inexperta, el sector estaba cubierto por la 5ª División de Infantería Motorizada francesa, una unidad de elite. En coherencia con el Plan Dyle-Breda, el sector de Dinant había sido evacuado por los belgas y debía ser guarnecido por los franceses. Sin embargo, el 12 de mayo, los franceses todavía no habían llegado a ocupar su sector defensivo, suponiendo a los alemanes a cientos de kilómetros de allí. No obstante, el XV Cuerpo de Ejército avanzó mucho más rápido de lo que esperaban los propios alemanes (especialmente la 7ª División Panzer del general Rommel), llegando al Mosa la tarde del 12 de mayo.
Aprovechando que los franceses no habían completado su despliegue, el mismo 12 de mayo, Hoth intentó tomar por sorpresa los puentes sobre el Mosa en Dinant y en Yvoir (7 km al Norte de Dinant). Sin embargo, inicialmente, sus esfuerzos fueron infructuosos: los puentes sobre el Mosa fueron volados antes de que los alemanes pudieran impedirlo. Pese a ello, ese mismo día, una unidad de reconocimiento alemana encontró una esclusa en Houx (4 km al Norte de Dinant), que se apoyaba en una isla del río, pero que permitía cruzarlo. En el plan de destrucciones de los belgas no se preveía la voladura de la esclusa, pues se estimaba que su destrucción podría hacer que bajase el nivel del agua del río, facilitando el vadeo. La esclusa de Houx era el límite entre los sectores de la 5ª División de Infantería Motorizada (II Cuerpo de Ejército) y la 18ª División de Infantería (XI Cuerpo de Ejército) francesas. Sin embargo, el plan defensivo francés (redactado con bastante precipitación) no establecía claramente qué unidad era responsable de cubrir la esclusa, por lo que ninguna de las dos Divisiones consideró que tenía responsabilidad sobre ella, suponiendo cada una de ellas que estaba a cargo de la División vecina. Tanto es así, que ni siquiera se habían instalado obstáculos o minas que impidiesen el paso libre sobre la esclusa.
La batalla de Flavion
El cruce del Mosa por Hoth desencadenó una nueva crisis en el mando francés, que ordenó el 13 de mayo a la 1ª DCR la ejecución de un contraataque inmediato sobre la débil cabeza de puente alemana.
El contraataque de la 1ª DCR en Flavion, a 15 km al sur de Charleroi, el 13 de mayo ejemplifica la inadecuación de los carros franceses a la doctrina de guerra de movimiento que se pretendió adoptar parcial y tardíamente, junto con los problemas ya citados de mando y control y de organización de las unidades francesas en 1940. Por un lado, por las características técnicas de los carros de combate franceses (especialmente su escasa autonomía y la carencia generalizada de equipos de radio), por otro lado, por la organización del sistema logístico de las DCRs (especialmente por su lentitud para el repostaje y su dependencia de un reducido número de camiones cisterna con escasa capacidad todoterreno) y, finalmente, por la propia estructura de la DCR, muy influida por la idea “solo carros” (“tanks only”) imperante entre los teóricos aliados, reforzada por la propaganda de la Wehrmacht, que destacaba el papel de los carros como clave de la victoria en Polonia. Así, la 1ª DCR se componía de dos Batallones de Carros pesados, uno de ellos con 34 Char de Bataille B-1 bis y otro con 35 de ellos, dos Batallones de Carros ligeros, con 45 Hotchkiss H-39 cada uno, un solo Batallón de Infantería Motorizada, un Grupo de Artillería con 24 obuses de 105 mm, con tractores de cadenas y una Compañía de Cañones Contracarro con cañones de 47 mm.
En Flavion, la 1ª DCR se enfrentó a elementos de la 7ª División Panzer (el 25º Regimiento Panzer) y de la 5ª División Panzer (el 37º Regimiento Panzer). La 1ª DCR (reforzada por el VI Batallón de Carros) disponía de un total de 159 carros de combate. Por parte alemana, el 25º Regimiento Acorazado alemán se componía de tres Batallones (Abteilungen), cada uno con tres Compañías de Carros ligeros (con siete u ocho Panzer I y II cada una) y una Compañía de Carros medios (con una decena de Skoda 35(t) y 38(t) cada una), con un total de unos 90 carros. Por su parte, el 37º Regimiento Acorazado se organizaba de forma similar al 25º, con unos de 90 carros de combate, de los que una treintena eran Panzer-III y IV (las tres Compañías de Carros medios), y los sesenta restantes eran Panzer-I y II (en las Compañías de Carros ligeros). Como se ha explicado, las posibilidades de los cañones de los carros Skoda, Panzer-III y IV de perforar el pesado blindaje de los carros franceses eran, siendo optimistas, reducidas, mientras que los Panzer-I y II carecían de ninguna posibilidad frente a los carros franceses. Además de ello, el combate de los dos Regimientos Acorazados alemanes se produjo secuencialmente: el 25º Regimiento inició el combate en solitario, abandonando el campo para proseguir su avance hacia el Oeste a la llegada del 37º Regimiento. Y, sin embargo, la batalla de Flavion se saldó con la destrucción de la 1ª DCR como fuerza combatiente, perdiendo más de 140 carros, aunque con serias pérdidas por parte alemana (algunos autores las cifran en más de cien carros lo que es difícil de creer, habida cuenta de que la operatividad de la 5ª y la 7ª Divisiones Panzer apenas se resintió). La forma de combatir de ambos bandos en esa batalla explica este resultado:
Pese a que el Alto Mando francés pretendía ejecutar un contraataque el mismo día 13 de mayo, los comentados y habituales retrasos en la emisión y recepción de las órdenes hicieron que la 1ª DCR comenzase su movimiento el 13 por la tarde, lo que ya hacía inviable efectuar el contraataque ese día. Como también era habitual, el movimiento de la 1ª DCR fue muy lento, por la propia velocidad de sus carros y por encontrarse las carreteras obstaculizadas por unidades en retirada y civiles huyendo de los alemanes. Inicialmente, la 1ª DCR avanzó hasta Flavion, a unos 15 km de sus bases de partida. Así la 1ª DCR se encontraba a solo 5 km de los elementos avanzados de la 7ª División Panzer: los alemanes habían recorrido 60 km combatiendo desde Dinant en el mismo tiempo que había empleado la 1ª DCR en desplazarse 15 km por territorio propio, sin enemigo. Al carecer de elementos de reconocimiento, la 1ª DCR desconocía la presencia de los alemanes, por lo que decidió detenerse para pasar la noche, con idea de repostar antes de proseguir el movimiento hacia el enemigo, suponiendo a los alemanes todavía en las inmediaciones del cruce del Mosa en Dinant. Sin embargo, los elementos logísticos de la 1ª DCR desplegaban muy a retaguardia – como establecía su doctrina -, por lo que los camiones cisterna no llegaron hasta los carros de vanguardia hasta la mañana del 14 de mayo. Así, cuando los elementos de reconocimiento alemanes iniciaron su movimiento, se encontraron con los carros de la 1ª DCR en mitad del engorroso procedimiento de repostaje. Fieles a su doctrina, los alemanes iniciaron un vigoroso ataque (pese a su inferioridad numérica), lanzando al combate a los tres Batallones del 25º Regimiento Acorazado, y a los del 37º Regimiento Acorazado (que llegó algunas horas después). La llegada de los alemanes supuso la interrupción de las labores de repostaje, disminuyendo aún más la ya reducida autonomía de los carros franceses. La incapacidad de los Panzer-I y II de enfrentarse a los pesados carros franceses obligó a cada uno de los Regimientos alemanes a concentrar sobre la marcha a su treintena de Skoda y sus otros tantos Panzer-III y IV en un solo elemento de maniobra en cada Regimiento, buscando aislar a pequeños grupos de carros franceses para combatirlos con superioridad local. Para ello, los alemanes amagaban con ataques repentinos por los flancos a cargo de los Panzer-I y II, escapando cuando conseguían atraer la atención de los más lentos carros franceses. Puesto que los franceses carecían de radio, sus jefes eran incapaces de coordinar la actuación de sus fuerzas, por lo que cada carro actuaba de forma casi independiente, guiando su conducta por lo que adivinaba de la actuación de su jefe. Esta forma de actuar, bastante caótica, implicaba un gasto adicional de combustible, reduciendo aún más su limitada autonomía. Los alemanes, además, dentro de su concepto de combate interarmas, mantenían la Artillería adelantada, por lo que, si los franceses realizaban algún movimiento especialmente peligroso, la Artillería alemana reaccionaba inmediatamente contra los carros que lo llevaban a cabo. Siguiendo la tradición de la Caballería alemana, los carros ligeros alemanes intentaban atraer a los carros franceses hacia emboscadas en los que la Artillería pesada y los cañones antiaéreos de FlaK-36 de 88/56 se encargaban de destruir a los pesadamente acorazados carros franceses. Los franceses, por su parte, en su concepto “solo carros” habían mantenido su Artillería a retaguardia, por lo que carecían de apoyo de fuegos… En estas condiciones, el resultado del combate era previsible: tras dos días de combate, en Flavion y, posteriormente, en Beaumont, todos los carros franceses, excepto dieciséis, estaban fuera de combate, la mayoría de ellos destruidos por sus propias dotaciones tras quedarse sin combustible. Nuevamente, los cañones de los carros alemanes (y los de sus Baterías Contracarro) se habían visto impotentes ante los pesados blindajes de los franceses, y, sin embargo, los alemanes habían obtenido una contundente victoria en inferioridad de condiciones.
Los flancos al descubierto
La ruptura del frente aliado entre Sedán y Dinant permitía a los alemanes avanzar rápidamente hacia la costa del canal de la Mancha. Este avance volvió a poner de manifiesto que la Wehrmacht tenía en su seno unidades con movilidades muy distintas: las Divisiones Panzer y Motorizadas superaban ampliamente la movilidad de las Divisiones de Infantería que las seguían. Como consecuencia, el avance del Panzergruppe (y del XV Cuerpo de Ejército de Hoth) dejaba sin protección sus flancos y su retaguardia, pues las Divisiones de Infantería encargadas de cubrirlos estaban cada vez más lejos de las vanguardias acorazadas. Esta arriesgada exposición de los flancos suscitaba enormes preocupaciones en el alto mando alemán, que constantemente intentaron frenar el avance de los Panzer para obligarlos a esperar a las Divisiones de Infantería.
En realidad, el problema de los flancos expuestos era una de las ‘herencias’ más permanentes de la Primera Guerra Mundial. Hasta aquel momento, no existían los frentes continuos y los Ejércitos se movían más o menos reunidos, sin preocuparse de mantener ‘líneas’. Era habitual destacar unidades que protegiesen los flancos y la retaguardia. Las líneas de comunicaciones eran importantes, pero no tanto como después de la Primera Guerra Mundial. Hasta ese conflicto, los consumos de abastecimientos eran (relativamente) limitados, por lo que las unidades podían sobreponerse a un corte temporal de las vías de alimentación logística. Sin embargo, la dependencia de los fuegos artilleros que caracterizó la forma de combatir de la Primera Guerra Mundial hizo que la carga logística fuese incomparablemente mayor, y con ella, la dependencia de unas vías de abastecimiento abiertas llegó a ser crítica, por lo que las posibilidades de una unidad de seguir combatiendo sin suministros, incluso durante periodos muy cortos, eran mucho menores. Por ello, el alto mando alemán, cuya experiencia en combate venía de la Primera Guerra Mundial, tenía un acusado temor al avance de las vanguardias acorazadas en la retaguardia enemiga, con los flancos al descubierto y muy separadas de las Divisiones de Infantería encargadas de crear esa ‘línea’ que cubriese de los flancos de las unidades acorazadas… Sin embargo, las Divisiones Panzer y Motorizadas basaban su forma de combatir en la movilidad (que hacía que el lento sistema de mando y control aliado nunca tuviese tiempo de planear una de sus metódicas ofensivas, al tiempo que reducía enormemente el consumo de municiones, al evitar combatir a unidades fortificadas), y en la libertad para elegir la vía de avance donde encontrasen menor resistencia. Estos dos factores (movilidad y libertad de movimientos) eran la base de la ‘movilidad operacional’ que describiría luego Von Manstein en sus memorias (Victorias Perdidas). En realidad, las Divisiones Panzer tenían la suficiente autonomía logística como para combatir aisladas durante un cierto tiempo, por lo que su dependencia de las vías de comunicación logística era mucho menor que la de una División ‘convencional’, pero eso no era evidente para los generales educados en la escuela de la Primera Guerra Mundial.
De hecho, el 16 de mayo, tras el encuentro entre las vanguardias de Guderian y de Reinhardt en Montcornet, se produjo la primera orden de detener el ataque de las Divisiones Acorazadas, con el fin de permitir a las Divisiones de Infantería que las seguían proteger los flancos. Las enérgicas protestas de los generales ‘carristas’ (especialmente de Guderian) consiguieron revertir esa orden el 18 de mayo. Sin embargo, esos dos días de respiro dieron algún tiempo a los aliados para reorganizarse, aunque probablemente ese tiempo no tuviese consecuencias decisivas en el desarrollo de la campaña (pese a que algunos autores defienden que la retirada de los británicos a Dunquerque hubiera sido imposible sin ese retraso en la ofensiva alemana). Así, si el 16 de mayo el 9º Ejército estaba en fuga (que no en retirada), para el 18 los franceses tenían una tenue línea defensiva sobre los ríos Oise y Sambre… que no pudo resistir el empuje alemán.
Por otra parte, la orden de Hitler de detenerse en Montcornet se dirigía al Panzergruppe Kleist, pero no específicamente al XV Cuerpo de Ejército de Hoth, que pertenecía al 4º Ejército, y no al Panzergruppe. Sin embargo, la jefatura del Grupo de Ejércitos A, la extendió también al 4º Ejército. No obstante, autorizó ‘reconocimientos’ sobre las posiciones francesas… que acabaron en la penetración de la 7ª División Panzer de Rommel hasta el canal de la Mancha.
Para los aliados también resultaba evidente la vulnerabilidad de los flancos de la penetración alemana. El 19 de mayo, Churchill escribía a Gamelin comparando el ataque alemán con una tortuga que había sacado demasiado la cabeza (las Divisiones Acorazadas) del caparazón (la protección de las Divisiones de Infantería), y que era el momento de ‘cortarle la cabeza’ (efectuar un contraataque sobre los flancos de la penetración). En ese sentido se dirigía la Directiva nº 12 del general Gamelin, de ese mismo 19 de mayo, que describía ‘un gran hueco’ entre la vanguardia alemana y las Divisiones de Infantería que la seguían, que debía explotarse con un contraataque con medios ‘especialmente móviles’. Sin embargo, el general Gamelin había perdido su única reserva operacional (el 7º Ejército, desplegado en los Países Bajos, en ejecución del plan ‘Dyle-Breda’), y no había sido capaz de reconstituirla (el 6º Ejército no era más que un conglomerado de unidades menores inconexas). Los aliados no tenían esas ‘unidades especialmente móviles’. En realidad, los aliados no tenían ninguna reserva capaz de ejecutar un contraataque de envergadura contra las vanguardias acorazadas alemanas. Pese a ello, el general Gamelin estaba intentando reconstruir una reserva móvil con la que atacar ambos flancos de la penetración alemana. Para ello contaba con algunas fuerzas en diferentes estados: la 3ª DLM, del Cuerpo de Caballería de Prioux, junto con la 1ª División Acorazada británica, al Norte de la penetración alemana, y con la 4ª DCR y los restos de la 3ª y la 2ª DCRs al Sur.
Sin embargo, estas Divisiones nunca tuvieron previsto operar de modo coordinado entre ellas, sino que se organizaron simplemente como fuerzas capaces de contrarrestar una penetración local de pequeña entidad en el frente aliado. Como consecuencia, no existía un Cuartel General encargado de coordinar su acción, ni había tiempo para organizarlo, por lo que los posibles contraataques que pudieran llevar a cabo los tendrían que ejecutar aisladamente, sin más que alguna coordinación en fechas y zonas realizada desde el propio Cuartel General supremo de Gamelin, como una labor añadida a su ya difícil misión. En cualquier caso, estas Divisiones necesitaban un cierto tiempo para redesplegar. En esta situación, el 17 de mayo se produjo el contraataque de la 4º DCR del coronel De Gaulle en Montcornet. Para colmo de males, el 20 de mayo el general Gamelin fue cesado y su sustituto, el general Weygand (recién llegado de Siria) decidió retrasar los contraataques hasta que pudiera estudiar personalmente la situación. Al final, su decisión fue seguir adelante con los contraataques previstos por Gamelin: uno desde el Norte, a cargo de las fuerzas cercadas en Bélgica (1er Grupo de Ejércitos) y otro desde el sur del Somme (3er Grupo de Ejércitos). Al final, estos dos ambiciosos contraataques se limitaron al de la B.E.F. y la 3ª DLM en Arrás, mientras que el que efectuarían desde el Somme la 2ª y 3ª DCRs jamás llegó a realizarse.
En realidad, el miedo de Hitler a los ‘flancos descubiertos’ era relativamente ilusorio: los aliados carecían de unidades móviles capaces de operar fuera del rígido marco de la ‘bataille conduite’, y, además, su sistema de mando y control era excesivamente lento para adaptarse a la fluidez del campo de batalla impuesta por los alemanes.
El avance de la ‘División fantasma’
En la mañana del 16 de mayo, el XV Cuerpo de Ejército de Hoth llegaba a la altura de Maubege a las fortificaciones de la ‘línea Maginot extendida’, que cubrían la frontera entre Francia y Bélgica. Esta línea nunca fue tan fuerte como la línea Maginot propiamente dicha, por razones políticas ya explicadas. Sin embargo, constituía un obstáculo aparentemente insuperable para las Divisiones Panzer, escasas de Artillería de Campaña, de Infantería y de Zapadores, elementos clave para romper una línea fortificada. Consecuentemente, el jefe del Grupo de Ejércitos A ordenó al 4º Ejército decidió detener a los carros de Hoth, y desplegar en primera línea al V Cuerpo de Ejército (compuesto de dos Divisiones de Infantería), que, apoyado por un refuerzo importante de Artillería, abriría paso a los panzers del XV Cuerpo de Ejército. Este redespliegue implicaba un cierto tiempo de detención, pausa que se aprovecharía para reconstituir las Divisiones Panzer del XV Cuerpo. Esta decisión no fue del gusto de Von Kluge, jefe del 4º Ejército, ni de Hoth y Rommel: los tres consideraban que el Ejército francés estaba muy quebrantado y que esa pausa operacional podría darle tiempo para reorganizarse. Así, la tarde del 16 de mayo, Von Kluge ordenó a la 7ª División Panzer que ejecutase un reconocimiento de las posiciones francesas, orden que aprovechó Rommel para intentar una penetración nocturna por sorpresa de la línea francesa. La sorpresa fue completa, y la 7ª División Panzer consiguió romper la línea fortificada en Clairfayts, 15 km al sur de Maubege. Aprovechando esta ruptura, Rommel inició un rápido avance en la retagaurdia francesa en dirección a Avesnes-sur-Helpe. En la carretera de avance alemán pernoctaba la 5ª División de Infantería Motorizada francesa, junto con elementos de la 18ª División de Infantería y de la 1ª DCR. Creyéndose al abrigo de la línea fortificada francesa, estas unidades aparcaron sus vehículos a lo largo de las carreteras, dejando una mínima guardia de seguridad. En estas condiciones, la irrupción de los carros alemanes en esa ruta llevó a la completa destrucción de estas unidades: solo un puñado de carros de la 1ª DCR – que se encontraban precisamente en Avesnes-sur-Helpe – se libró de ella.
A medianoche del 16 de mayo, las vanguardias alemanas llegaban a Avesnes-sur-Helpe, donde se encontraron con los dieciséis carros restantes del Batallón de Carros B-1 bis de la 1ª DCR. Nuevamente, la sorpresa favoreció a los alemanes, que, tras un enconado combate, consiguieron destruir trece carros franceses y forzar a retirarse a los tres restantes. Desde Avesnes-sur-Helpe, Rommel continuó su avance hasta Landrecies, 16 km más al Este, donde se apoderó de un puente sobre el río Sambre. Con esa acción, la intención de los franceses de organizar una línea defensiva sobre el Sambre estaba condenada al fracaso… Sin embargo, Rommel había llegado a Landrecies solo con un destacamente de reconocimiento, compuesto de dos Batallones de su 25º Regimiento de Carros y algunas Secciones de motoristas. El resto de su División no había cruzado siquiera la brecha abierta en Clairfayts. En realidad, Rommel había ido mucho más allá de lo que sus órdenes le autorizaban, y el resto de su División solo fue autorizado a moverse a partir de la mañana del 17. Sin embargo, la acción de Rommel desencadenó el pánico en los defensores franceses, que abandonaron sus fortificaciones en la línea Maginot extendida, y se dieron a la fuga, absolutamente desmoralizados (el propio Rommel, únicamente con la tripulación de su vehículo de mando, hizo prisionera a una columna francesa de más de 40 camiones con infantes armados).
El éxito de Rommel llevó a una reorganización en las fuerzas alemanas: el XVI Cuerpo de Ejército del general Hoepner y el XXXIX Cuerpo de Ejército (dos Divisiones de Infantería Motorizada) del general Schmidt (hasta entonces perteneciente ambos al Grupo de Ejércitos B) se unieron al XV Cuerpo de Ejército de Hoth, para formar el Panzergruppe Hoth. Este nuevo Panzergruppe y el ahora disminuido Panzergruppe Kleist se pusieron bajo las órdenes del 4º Ejército de Von Kluge. La idea de esta organización era reunir bajo una sola autoridad todas las Divisiones móviles disponibles. El Panzergruppe Kleist, más al Sur, debía tomar los pasos sobre el Somme y el Aisne, mientras que el Panzergruppe Hoth debía completar el cerco de los Ejércitos aliados en territorio belga.
El contraataque de De Gaulle
De Gaulle, coronel en mayo de 1940, había sido uno de los defensores de un empleo independiente de las unidades acorazadas. Recibió el mando de la 4ª DCR el 11 de mayo de 1940, cuando la División apenas si había sido completada, y distaba mucho de ser una unidad de combate integrada. Ante la crisis creada por la penetración alemana, la 4ª DCR fue desplegada inicialmente en un sector defensivo apoyado en el río Aisne, en Laón. De Gaulle, consciente de la desesperada situación del Ejército francés y de las posibilidades potenciales de su 4º DCR decidió adoptar un papel ofensivo: en la mañana del 17 de mayo, y aún cuando solo disponía de menos de cuatro batallones de carros y algunas unidades menores, inició un ataque sobre el flanco izquierdo del XIX Cuerpo de Ejército alemán, avanzando desde el Sur, con la idea de retomar el vital nudo de comunicaciones de Montcornet.
En los momentos iniciales del ataque, los franceses se beneficiaron de la falta de preparación de los alemanes: Montcornet estaba débilmente guarnecido por elementos logísticos de la 1ª División Panzer, pues Guderian – vista la experiencia de los contraataques franceses hasta entonces – confiaba en tener tiempo de sobra para reorganizar su defensa en el improbable caso de un contraataque francés. Además de ello, los carros franceses de la 4ª DCR, por empeño personal de De Gaulle, disponían de muchas más radios que sus Divisiones hermanas, por lo que eran capaces de operar de forma conjunta con mayor eficacia que en el caso de las demás DCRs. En consecuencia, el ataque sorprendió a las columnas logísticas de la 1ª División Panzer, que sufrieron fuertes pérdidas ante los carros franceses.
Pese a ello, y aprovechando la presencia de algunas unidades de Zapadores, los alemanes reaccionaron situando campos de minas en la dirección de avance de los franceses, al tiempo que redesplegaban las piezas antiaéreas que protegían Montcornet para emplearlas (con éxito) como armas contracarro. Además de ello, los alemanes recuperaron algunos carros que se encontraban en reparación y constituyeron con ellos (tripulándolos con personal de mantenimiento) una unidad de carros ‘ad-hoc’, que sirvió para proteger las vitales columnas logísticas… Todas estas medidas, junto con la inevitable parada de las fuerzas francesas para repostar, sirvieron para detener el contraataque francés.
Durante la tarde del 17 de mayo, los Stuka del VIII Fliegerkorps comenzaron a hostigar a los franceses, pero su eficacia era limitada, ante la dificultad para diferenciar entre las fuerzas francesas y las alemanas, en un campo de batalla fluido y sin líneas claras que separasen a los contendientes.
Sin embargo, un hecho casi fortuito determinó el fracaso del contraataque francés: la 10ª División Panzer, la tercera de las Divisiones del XIX Cuerpo de Ejército de Guderian, y que hasta ese día se encontraba empeñada en los combates de Stonne, había sido relevada allí por las Divisiones de Infantería del 12º Ejército, lo que permitió que retomase su marcha hacia el Oeste. En consecuencia, el flanco derecho (hacia el Este) de la penetración francesa estaba ahora amenazado por la llegada de esta División, lo que forzó la retirada de De Gaulle.
Dos días después, De Gaulle intentó un nuevo contraataque contra el flanco sur de la penetración alemana, desde el pueblo de Crécy-sur-Serre. En esta ocasión, el reconocimiento aéreo alemán descubrió a los carros franceses en los momentos iniciales del ataque, por lo que la Luftwaffe fue capaz de frenar el contraataque sin contratiempos. En ninguno de sus dos contraataques, el coronel De Gaulle recibió apoyo aéreo de l’Armée de l’Air. Como se ha explicado, esta es la característica más sobresaliente que distinguía el concepto alemán de la ‘guerra de movimiento’ del enfoque aliado de empleo de los carros, incluso para sus teóricos más destacados, como era el caso de De Gaulle: los alemanes entendían que el apoyo aéreo era una parte integral e imprescindible de su concepto, mientras que para los aliados era solo una bienvenida ayuda.
El contraataque británico en Arrás
El avance del Panzergruppe Kleist hacia los pasos dobre el río Somme llevó a esta Gran Unidad a enfrentarse con la British Expeditionary Force (B.E.F.). Hasta ese momento, los carros alemanes no habían tenido contacto real con el Ejército regular británico. Si bien el curso de los acontecimientos había convencido a los alemanes de que poco tenían que temer de los franceses, el caso de los británicos era diferente: no en vano, habían sido los “pioneros” en el desarrollo de los carros, y muchos de los conceptos que los alemanes empleaban eran de inspiración británica.
El 19 de mayo, la 1ª División Panzer ocupaba ya una cabeza de puente al sur del río Somme, en Amiens, mientras que esa misma tarde la 2ª División Panzer ocupaba el vital nudo ferroviario de Abbeville, y establecía otra cabeza de puente al sur del Somme. En la madrugada del 20 de mayo, elementos de la 2ª División Panzer alcanzaban el canal de la Mancha a la altura de Noyelles: los alemanes habían completado el cerco. Sin alimentación logística, los aliados se encontraban con un frente orientado hacia el Este, desde donde estaban presionados por el Grupo de Ejércitos B, y ahora se veían atacados por su flanco sur y por su retaguardia por el Panzergruppe Hoth. El Ejército belga al completo, la B.E.F., y tres Ejércitos franceses (1º, 7º y 9º) se encontraban cercados en una gigantesca bolsa, sin precedentes históricos.
En esta situación, la 7ª División Panzer constituía el elemento más avanzado y el situado más al sur del Panzergruppe Hoth. En su sector era también donde el frente aliado era más débil (el avance de Rommel de los días previos había puesto en fuga a los restos del 9º Ejército francés). En consecuencia, su 7ª División era la mejor situada para envolver el frente enemigo y atacar por su retaguardia a las fuerzas aliadas que se enfrentaban al Grupo de Ejércitos B. Con esa idea, el 20 de mayo, el Panzergruppe Hoth rompió las débiles defensas apoyadas en el canal du Nord de las 12ª y 23ª Divisiones de Infantería Territorial británicas (estas dos Divisiones no habían recibido adiestramiento en combate, y carecían de Artillería o de armas contracarro, siendo solo aptas para obras). El 21 de mayo la 7ª División Panzer avanzó sobre Cambrai, y rodeó por el Sur la ciudad de Arrás, para tomar los puentes sobre el río Scarpe a su paso por Acq. El flanco Sur de la 7ª División Panzer estaba cubierto por recién creada División Motorizada SS Totenkopf, sin experiencia en combate, mientras que la 5ª División Panzer, que avanzaba ligeramente retrasada con respecto a la 7ª, cubría el flanco Norte. Sin embargo, la experiencia de Polonia desaconsejaba entrar en la ciudad de Arrás, por lo que la 5ª División Panzer no podía cubrir el flanco Norte de la 7ª mientras esta última circunvalaba la ciudad por el Sur. Como consecuencia, la 7ª tendría su flanco Norte expuesto durante el movimiento alrededor de Arrás.
Los éxitos anteriores de Rommel y la nula eficacia en combate de las Divisiones británicas con las que se había enfrentado hasta ese momento le invitaban a correr riesgos. En consecuencia, y pese a su expuesto flanco Norte, Rommel envió a su 25º Regimiento de Carros a tomar los puentes de Acq, seguidos por sus dos Regimientos de Infantería Motorizada. En consecuencia, fuera de la extrema vangaurdia, la 7ª División Panzer no disponía de un solo carro, lo que suponía un riesgo importante, dada la constatada ineficacia de los PaK-35/36 de 37 mm. de sus Baterías Contracarro frente a los bien protegidos carros franceses.
En esa situación se produjo el ataque británico desde la ciudad de Arrás, sobre el vulnerable flanco de la 7ª División Panzer. En realidad, el ataque británico debía realizarse coordinadamente con otro en paralelo, ejecutado por el Cuerpo de Caballería Prioux (con las 1ª, 2ª y 3ª DLMs) y por el V Cuerpo de Ejército francés del general Altmayer. Sin embargo, el Cuerpo de Caballería Prioux había sido disuelto tras el repliegue en el “hueco de Gembloux” y sus Batallones de Carros distribuidos entre las Divisiones del 1er Ejército. Reconstituir esta Gran Unidad en medio del caos de la retirada hubiera precisado varios días. En consecuencia, solo parte de la 3ª DLM estaba realmente bajo el mando del general Prioux. Por su parte, el V Cuerpo de Ejército había sufrido fuertes pérdidas. El mando de la ofensiva se confió al general Altmayer (V Cuerpo de Ejército). Como en ocasiones anteriores, el principal esfuerzo de las fuerzas aliadas en Bélgica se confió a un mando subordinado, en lugar de ser dirigido por el Jefe del 1er Grupo de Ejércitos (general Billotte) o, al menos, por el Jefe del 1er Ejército (general Blanchard). El general Altmayer, sobrepasado por los acontecimientos y quebrantado por las pérdidas de sus unidades, no fue capaz de organizar el contraataque solicitado, y se limitó a efectuar un tímido y tardío ataque sobre Cambrai.
Pese a ello, y por iniciativa personal del general Ironside (jefe de Estado Mayor de la B.E.F.), los británicos decidieron atacar en solitario. Sin embargo, por diversos malentendidos, el ataque planeado que implicaba el empleo de dos Divisiones de Infantería regulares y de la totalidad de la 1ª Brigada de Carros, se convirtió en un esfuerzo mucho menor, en el que la mayoría de las dos Divisiones de Infantería (reforzadas por un Batallón de Carros) se limitaron a tomar posiciones defensivas en la ciudad de Arrás, dejando muy pocas unidades para el contraataque. La 3ª DLM del Cuerpo de Caballería de Prioux se puso bajo el mando de los británicos para el ataque.

Carros pesados británicos A12 Matilda-II, mejor protegidos incluso que los Char B-1 bis franceses. Nuevamente, los alemanes tuvieron grandes dificultades para hacerles frente. Sin embargo, al igual que los franceses, carecían de radio. En la imagen se puede ver al jefe de unidad impartiendo órdenes mediante señales con los brazos
El ataque se realizó en tres columnas, con los restos de la 3ª DLM al Oeste, con 60 carros SOMUA, y dos columnas británicas al Este, más cerca de la ciudad de Arrás, cada una con un Batallón de carros de la 1ª Brigada de Carros, otro Batallón de Infantería, un Grupo de Artillería y una Batería Contracarro, todos pertenecientes a la 50ª División de Infantería del general Martel. Esta División era una unidad regular, mucho mejor armada e instruida que las menguadas Divisiones Territoriales británicas que se habían enfentado a los alemanes hasta aquel momento. En total, los británicos desplegaban 58 carros Mark I (armados solo con ametralladoras, similares al Panzer-II) y 16 pesados Matilda-II, aún más protegidos que los B-1 bis franceses. Esta fuerza atacó el flanco de las desprotegidas columnas de Infantería alemana, que a duras penas pudieron detener a los Mark I. Sin embargo, los Matilda-II atravesaron las líneas alemanas infligiendo grandes daños a las inexpertas tropas de la División SS Totenkopf. También los dos Regimientos de Infantería de la 7ª División Panzer y sus ineficaces Baterías Contracarro sufrieron fuertes pérdidas. Sin embargo, las unidades alemanas mantuvieron la cohesión, dejando pasar los carros contra los que eran impotentes, pero frenaron a la Infantería británica, escasa y excesivamente separada de sus carros. Mientras tanto, Rommel ordenó la constitución de una línea de defensa contracarro al sur de la posición de su Infantería, en la ruta previsible de los carros británicos, sobre la base de los bien probados FlaK-36 de 88/56 mm. Cuando los carros británicos, sin apoyo de Infantería o de Artillería, intentaron romper esa línea perdieron dos docenas de carros en pocos minutos, forzando a los carros supervivientes a la retirada. La Luftwaffe intervinó poco después, con 300 salidas de Stuka. Como en ocasiones anteriores, el efecto de los bombardeos fue más psicológico que real, pero acabó con la voluntad de los británicos de reemprender el ataque.
Por su parte, la 3ª DLM francesa cayó sobre el flanco del 25º Regimiento Acorazado alemán, que, ante la crisis desencadenada en su retaguardia, volvía hacia Arrás desde el Oeste. El encuentro de los carros franceses y alemanes fue muy enconado, pero, como en ocasiones anteriores, el empleo de la radio para coordinar sus movimientos dio a los alemanes una ventaja decisiva sobre los mejor armados y protegidos carros franceses. Con numerosas pérdidas por ambas partes, los franceses se vieron obligados a retirarse. La situación en Arrás hizo que los carros alemanes renunciasen a perseguir a los franceses, y se dirigiesen a Arrás, para enfrentarse a los británicos. Cuando llegaron a esa localidad, los carros británicos ya habían sufrido fuertes pérdidas ante la defensa alemana y se encontraban en proceso de repliegue. Aún así, los alemanes perdieron tres Panzer-IV, seis Panzer-III y varios Panzer-I y II, frente a la destrucción de siete Matilda. La oscuridad y el agotamiento impidieron a los alemanes la persecución, por lo que los británicos pudieron retirarse con orden al amparo de la noche.
El tímido ataque del V Cuerpo de Ejército del general Altmayer sobre Cambrai se produjo finalmente el 22 de mayo, con un Regimiento de Infantería apoyado por dos reducidos Batallones de Carros, y fue rechazado sin problemas por la Luftwaffe.
La falta de reacción del Ejército francés en la ejecución de los vitales contraataques convenció a los británicos de que Francia estaba perdida y llevó a la decisión de reembarcar a la B.E.F.
Por parte alemana, el contraataque de Arrás puso de nuevo de relieve el problema de los “flancos abiertos” y desencadenó en el mando alemán una nueva orden de detener a las Divisiones Acorazadas, hasta que las Divisiones de Infantería que las seguían pudiesen cubrir el hueco que las separaba. Esta orden se envió el 21 de mayo y se levantó el 24. Esta detención (aunque solo fue parcialmente respetada) explica la relativamente sencilla retirada de la B.E.F. hasta Dunquerque. En realidad, el Panzergruppe Hoth y el Panzergruppe Kleist (redirigido hacia el Norte tras ocupar los pasos del Somme) podrían haber ocupado sin resistencia los principales puertos del canal (Calais, Boulogne-sur-Mer y Dunquerque – el XXXXI Cuerpo de Ejército del general Reinhardt se encontraba a 50 km de Dunquerque el 21 de mayo; la ciudad carecía de guarnición) si no hubiera sido por esa orden de detenerse. Ese respiro fue aprovechado por los británicos para desplegar tropas en Calais, Boulogne y Dunquerque. Estas tropas fueron capaces de ganar el tiempo necesario para la famosa evacuación de la B.E.F. por Dunquerque.
El ‘milagro’ de Dunquerque
El llamado ‘milagro’ de Dunquerque se refiere a la exitosa evacuación de las tropas aliadas (fundamentalmente, británicas), de la bolsa de Flandes por vía marítima, a través del único puerto restante en manos aliadas. Dunquerque. El 24 de mayo, las vanguardias alemanas se encontraban a 15 km de la ciudad, habiendo superado el canal del Aa, último obstáculo natural antes de llegar a la ciudad. Los aliados carecían de una capacidad de defensa real. Sin embargo, por tercera vez, una orden de detener a las Divisiones Acorazadas había sido emitida. La principal controversia histórica sobre Dunquerque ha estado siempre en determinar el origen de esta orden de detención, casi siempre atribuida a Hitler. En realidad, las últimas investigaciones parecen atribuir esa orden a la comentada controversia entre los generales ‘de carros’ y los de la ‘vieja escuela’ sobre la seguridad de los flancos. En esa disputa, los generales veteranos salidos de la escuela de la PGM se habrían impuesto a los más jóvenes (y por ello, en puestos subordinados) generales partidarios de un empleo audaz de los carros. Para los generales alemanes más veteranos resultaba inimaginable que los respetados Ejércitos aliados careciesen de la capacidad de efectuar un contraataque eficaz sobre los débiles flancos de sus vanguardias acorazadas. Por ello, incluso llegando a Dunquerque, el miedo a los flancos descubiertos volvió a imponerse. Hitler no hizo sino confirmar esta orden de detención, a instancias del general Von Rundstedt, jefe del Grupo de Ejércitos A.
En cualquier caso, la detención de los dos Panzergruppe permitió a los británicos replegar sus unidades sin obstáculos hasta Dunquerque, cuando el 24 de mayo el grueso de la B.E.F. se encontraba todavía en la zona de Lille, en un área situada entre 50 y 100 km de Dunquerque.
Por su parte, la Luftwaffe se encontraba en una situación inédita hasta ese momento en la campaña del Oeste: si hasta ahora el esfuerzo aéreo aliado se encontraba disperso (lo que le permitió operar siempre con superioridad aérea local), sobre Dunquerque se concentró toda la caza disponible de la R.A.F., incluyendo las unidades reservadas para la defensa de las Islas Británicas. Así, por primera vez los cazas Bf-109 alemanes se encontraron con el Supermarine Spitfire, un aparato por lo menos equivalente. Además, las bases británicas se encontraban muy próximas a la ciudad, mientras que los cazas alemanes operaban al límite de su alcance. Eso hacía que los cazas británicos pudiesen efectuar cuatro o cinco salidas diarias, mientras que los alemanes podían efectuar dos como mucho, y podían permanecer muy poco tiempo sobre el cielo de Dunquerque. A lo largo de la operación ‘Dynamo’, los cazas británicos efectuaron casi 2.800 salidas. Así, la Luftwaffe no alcanzó nunca la superioridad aérea local, y sufrió fuertes pérdidas. Además de ello, el mal tiempo – poco habitual en esa época del año – impidió durante largos periodos las operaciones aéreas, favoreciendo las tareas de evacuación (de los nueve días de duración de la operación ‘Dynamo’, la Luftwaffe solo pudo operar – parcialmente – los siete primeros y solo tuvo dos días completos de buen tiempo).
El 26 de mayo comenzaron las evacuaciones desde Dunquerque, con una improvisada flota de 800 buques de todo tipo, reunida apresuradamente en el intervalo de detención de los alemanes.
Solo el 27 de mayo se levantó la orden de detención: los aliados habían ganado tres días preciosos, que permitieron el éxito de la operación de evacuación. Para entonces, los aliados habían constituido un sólido anillo defensivo alrededor de Dunquerque. Los alemanes solo pudieron tomar el puerto de Dunquerque el 4 de junio. Para entonces, 340.000 soldados aliados habían sido evacuados a territorio británico desde ese puerto (un tercio de ellos, franceses). Unos 80.000 soldados franceses fueron apresados en el sector de Dunquerque, de un total de más de 1.200.000 en el conjunto de la bolsa de Flandes.
La B.E.F. dejó atrás todo su equipo pesado: 63.000 vehículos, 475 carros y vehículos blindados, 2.400 piezas de Artillería… El Ejército británico había salvado a su personal, pero había perdido sus armas. No obstante, las armas se podían reemplazar, pero el personal formado que constituía la B.E.F. no. Este personal era el que podía adiestrar a los nuevos reemplazos y dirigir los futuros Ejércitos que se constituyeran: la práctica totalidad de los oficiales británicos que mandaron grandes unidades durante la SGM (Alexander, Montgomery, Brooke…) estuvieron cercados en Dunquerque. En ese sentido, el fracaso alemán frente a Dunquerque tuvo consecuencias de mucha más envergadura de lo aparente.
El final de la campaña de Francia
El resto de la campaña, con un Ejército francés derrotado, la B.E.F. reembarcada (con excepción de la 51ª Division Highlands, que seguía combatiendo al sur del Somme), no presenta gran interés, desde el punto de vista doctrinal, con una sola excepción: la batalla de Amiens.
Tras la evacuación de Dunquerque, el Ejército alemán se aprestó a conquistar el resto del territorio francés. Los restos del Ejército galo organizaron apresuradamente una línea defensiva – denominada ‘línea Weygand’ – sobre la ribera de los ríos Somme y Aisne (pese a que los alemanes ya habían establecido firmes cabezas de puente en la orilla izquierda de ambos ríos). Las fuerzas disponibles por parte francesa no eran muy numerosas (unas 65 Divisiones en total), y andaban escasas de carros y artillería. La experiencia en combate y la escasez de fuerzas llevaron a los franceses a cambiar sus tácticas: en lugar de defensas lineares, se concentraron en defender puntos fuertes del terreno (pueblos, elevaciones, granjas), con defensas en los 360º, y siempre con armamento contracarro (ya fueran cañones contracarro o Artillería de Campaña empleada en tiro directo). Las tropas francesas no defendían los intervalos entre los puntos fuertes, dejando pasar a los carros cuando no podían batirlos, pero sin retroceder, y combatiendo a la Infantería que seguía a los blindados. Las unidades acorazadas remanentes se empleaban como reserva, para detener las incursiones de las unidades acorazadas alemanas, confiando en la demostrada eficacia de los blindajes de los carros franceses frente a los cañones de los carros alemanes. Esta táctica surgió de la experiencia, pero también de la necesidad: las tropas francesas remanentes eran insuficientes para establecer una defensa lineal sólida.
Para superar la ‘línea Weygand’, y compeltar la derrota de Francia, el mando alemán organizó una operación (‘Plan Rojo ‘ o Fall Rot) que comenzaría el 5 de junio, con tres direcciones principales, de Oeste hacia el Este, desde la costa del canal:
- El 4º Ejército, teniendo como punta de lanza el XV Cuerpo de Ejército del general Hoth, con las 5ª y 7ª Divisiones Panzer y la 2ª División de Infantería Motorizada. El 4º Ejército avanzaría hacia el Oeste, en dirección a la zona Norte de París y Normandía.
- El Panzergruppe Kleist, compuesto por el XIV Cuerpo de Ejército (9ª y 10ª Divisiones Panzer y 13ª de Infantería Motorizada) y el XVI Cuerpo de Ejército (3ª y 4ª Divisiones Panzer), que atacaría desde Amiens hacia París.
- El recién creado Panzergruppe Guderian, organizado sobre el Cuartel General del XIX Cuerpo de Ejército y con el XXXXI Cuerpo de Ejército de Reinhardt (6ª y 8ª Divisiones Panzer y 20ª de Infantería Motorizada) y el XXXIX de Schmidt (1ª y 2ª Divisiones Panzer y 29ª de Infantería Motorizada). Este Panzergruppe atacaría desde la zona de Rethel hacia Reims y Chalons-en-Champagne, para avanzar después hacia la frontera suiza, cogiendo de revés a los defensores de la línea Maginot.
Es interesante que cada una de estas tres grandes unidades operó de forma distinta frente a la nueva doctrina defensiva francesa, con resultados también diferentes.
En la zona del 4º Ejército, el XV Cuerpo (y, especialmente, la 7ª División Panzer de Rommel) afrontó la nueva situación con el recurso a las tácticas de las Stosstruppen de la PGM: Rommel buscó uno de los muchos huecos que presentaban las defensas francesas, evitando las rutas y pueblos principales y despreocupándose de sus flancos y su retaguardia, avanzando 100 km en dos días, llegando a Rouen el 7 de junio y a Cherburgo el 17. Como ocurrió anteriormente, el rápido avance alemán llevó al aislamiento logístico y al colapso de las defensas francesas en el sector.
En la zona del Panzergruppe Guderian, la forma de operar fue diferente. Puesto que esta vez el enemigo estaba alerta y preparado para el ataque, Guderian seleccionó una pequeña porción del frente para su ruptura, sobre la que hizo avanzar a su Infantería, apoyada por numerosa Artillería y por la Luftwaffe, con carros en apoyo (un ataque estilo ‘1918’). Obtenida la ruptura el 9 de junio, las Divisiones Panzer penetraron en la retaguardia francesa, alcanzando la frontera suiza en Pontarlier el 17 de junio, cercando a las tropas francesas que defendían la ‘línea Maginot’.
Sin embargo, al sur de Amiens, el Panzergruppe Kleist sufrió un importante revés. Aquí los alemanes continuaron aplicando la fórmula que tan buenos resultados venía dando desde el inicio de la campaña de Francia: un decidido avance de las vanguardias acorazadas, que debería sembrar el pánico en los defensores franceses (como había sucedido casi invariablemente hasta entonces). No obstante, al sur de Amiens no fue el caso: los ‘erizos’ franceses resistieron el ataque alemán; cuando los carros los sobrepasaron se empeñaron contra la Infantería y la logística, y cuando los carros retrocedieron para apoyar a sus infantes se encontraron con la defensa en 360º de las posiciones francesas y con su Artillería y armas contracarro. Como consecuencia, el XVI Cuerpo de Ejército de Hoepner perdió 90 blindados en pocas horas (casi un 20% de los disponibles), y el ataque alemán tuvo que detenerse. Solo un decidido apoyo de la Luftwaffe permitió a los alemanes romper las defensas francesas después de tres días de combate y de fuertes pérdidas, inéditas hasta entonces en la campaña de Francia.
Los diferentes resultados de los combates de las unidades alemanas en el marco del Fall Rot demostraban que el empleo de los carros no era la panacea que permitía quebrar las defensas enemigas. Los carros no podían ‘hacerlo todo’, sino que su empleo debía adaptarse a las circunstancias de cada situación táctica particular. Sin embargo, los experimentados jefes alemanes del Panzergruppe Kleist aparentemente se vieron deslumbrados por su propio éxito, extrayendo consecuencias erróneas de una experiencia en combate bien reciente. No fueron los únicos.
