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Estrategia para sobrevivir en un mundo imperfecto

https://global-strategy.org/estrategia-para-sobrevivir-en-un-mundo-imperfecto/ Estrategia para sobrevivir en un mundo imperfecto 2020-12-18 10:02:01 Francisco José Gan Pampols Blog post Análisis y Estrategia Ética
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La cuestión principal que viene al caso es cómo hacer nuestro mundo más ‘vivible’, ¿qué se puede hacer para mejorarlo?

En primer lugar, creo que debemos concentrarnos en la persona, en su formación, que debe de ser generalista, sí, generalista y lo más amplia posible, para volver a colocarla en el centro de todas las actividades. El ser humano con sentido finalista, intérprete de la realidad y transformador de la misma en línea con los valores que nos son constitutivos y esenciales: la libertad, la igualdad, la justicia, la equidad…Para ello, es imprescindible que esa formación que recibimos nos proporcione criterio, a modo del que definía Jaime Balmes “El pensar bien consiste, o en conocer la verdad, o en dirigir el entendimiento por el camino que conduce a ella. La verdad es la realidad de las cosas. Cuando las conocemos como son en sí, alcanzamos la verdad; de otra suerte, caemos en error”. Posteriormente, y en función de las afinidades y capacidades de cada uno, se debe profundizar en los aspectos científicos, humanísticos o técnicos de una enseñanza de perfeccionamiento, pero sobre una base firme (la formación) que apoyándose en ese criterio nos permita interpretar correctamente el mundo que nos rodea y transformar lo que haya que transformar. Esto no es un “deus ex machina” es simplemente lo que nos permitirá seguir avanzando como sociedad del conocimiento, sin subordinarnos a ninguna distopía que pretenda un orden perfecto “deshumanizado”.

Hay que huir del igualitarismo, que lejos de mejorar e impulsar las sociedades, las cretiniza haciendo desaparecer los conceptos de mérito, capacidad, emprendimiento y responsabilidad individual. De la misma forma, hay que expulsar el relativismo de la esfera personal y social. No todo es relativo, de la misma manera que no todo es cuestionable pues de ser así, no podríamos fijar un espacio común de respeto y convivencia.

 Es imprescindible que se constituya una nueva élite que se erija en representante y referente de una sociedad de ciudadanos libres e iguales, con cultura política, informada y exigente; una élite alejada de la mediocridad y cortoplacismo de la partitocracia, que sea capaz de formular una visión que ilusione y motive, que sea capaz de adaptarla periódicamente y la concrete en sucesivos objetivos definidos, decisivos, alcanzables y medibles, que concite acuerdos y consiga unidad de esfuerzo, que sea transparente y rinda periódicamente ante la ciudadanía cuentas de lo actuado, que defina con determinación y valentía el papel de la nación en la escena internacional y que sea capaz de explicar los inevitables sacrificios que conlleva el conseguirlo. Necesitamos una élite de estadistas, no de telepredicadores ni de productos mediáticos vacíos de contenido y con una fraseología cansina y sin sentido. Nuestros líderes tienen que ser capaces de orientarnos y motivarnos, haciéndonos dar lo mejor de nosotros mismos en pos de ideales de mejora y perfección, dirigiéndonos hacia la LIBERTAD, que como decía Lord Acton: “… no es poder hacer lo que queremos sino el derecho de ser capaces de hacer lo que debemos”. Esa nueva élite forzosamente deberá constituirse alrededor de valores sólidos y bien fundamentados y ser capaz de transmitirlos. Eso no significa en ningún caso buscar la uniformidad de pensamiento sino, más bien, crear términos de referencia compartidos para facilitar el entendimiento.

En segundo lugar, hay que fortalecer los enlaces sociales, las organizaciones ciudadanas, la agregación de intereses, la capacidad de entendimiento y pacto entre posturas diversas que necesariamente deben de poder converger sobre unos mínimos que son garantía de la supervivencia de la sociedad; hay que hacer a las personas conscientes de su responsabilidad individual, de su entorno, no solo inmediato y de su obligación para con la sociedad y el futuro; hay que recuperar el concepto de ciudadano activo y militante, sujeto de derechos y obligaciones. Parafraseando a Bentham, “la mejor acción es la que produce la mayor felicidad y bienestar para el mayor número de individuos involucrados y maximiza la utilidad, a la vez que procura el mínimo perjuicio para el menor número de éstos”.

En tercer lugar, habrá que fortalecer los vínculos intra y extra nacionales sin caer en utopías al uso, la paz kantiana siendo deseable, no es alcanzable por el momento, así que habrá que trabajar por ella desde nuestra realidad, que sigue siendo nacional. Podría parecer paradójico que en esta época de globalización se pretendiera fortalecer a las naciones en detrimento de las organizaciones supranacionales; nada más alejado de la realidad, al ser los actores principales las naciones individualmente consideradas, su peso específico, voluntad de acuerdo y capacidad de esfuerzo, son los elementos más importantes de este nuevo escenario; las Organizaciones Internacionales serán lo que las naciones que las diseñan e integran quieran que sean; en la medida que el compromiso sea fortalecerlas, dotarlas de mecanismos de coordinación, cooperación y compulsión serán cada vez más útiles y respetadas. Es muy probable que el camino hacia la unidad de esfuerzo pase por fortalecer en primer lugar a las organizaciones regionales de ámbito económico-político para poder agregar intereses en ese orden y luego integrarlos a nivel global (Unión Europea, Organización de la Unidad Africana OUA, Liga Árabe, Organización de Estados Americanos OEA, Organización de estados del Sudeste Asiático ASEAN, Organización de Cooperación de Shanghái…) siendo muy deseable una figura como la Asamblea General de las Naciones Unidas, aunque su capacidad real se ve muy cuestionada por el número de miembros y la dificultad para alcanzar acuerdos de carácter operativo, siquiera a pequeña escala.

Si queremos avanzar hacia soluciones a medio plazo para los problemas que nos afectan no hay más opción que luchar por un multilateralismo eficaz. Soy consciente del problema que ello supone. Ningún país está dispuesto a ceder soberanía a cambio de nada, de forzar acuerdos en los que no es evidente el principio de ganar-ganar, y donde la ventaja competitiva se intenta explotar para beneficiar a una parte en detrimento de la otra. Pero como decía anteriormente, o será el multilateralismo la solución o no la habrá. No hay espacio para el mundo de ayer.

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Francisco José Gan Pampols

Teniente General del Ejército de Tierra español en situación de reserva

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