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Guerra electrónica en Ucrania: de la sorpresa inicial a la adaptación rusa

https://global-strategy.org/guerra-electronica-ucrania/ Guerra electrónica en Ucrania: de la sorpresa inicial a la adaptación rusa 2025-12-11 18:10:52 Guillem Colom Blog post Estudios de la Guerra Global Strategy Policy Briefs Guerra Rusia - Ucrania

Global Strategy Policy Brief 4/2025

Una de las principales lecciones que está dejando la guerra de Ucrania es la revalorización del espectro electromagnético como dominio estratégico. Si la artillería ha recuperado su sitial como “diosa de la guerra”, la guerra electrónica se ha consolidado como el gran habilitador – o disruptor – de cualquier operación contemporánea. En un frente dominado por miles de drones, sensores baratos, municiones guiadas por satélite y redes de mando descentralizadas, la capacidad de interferir, confundir o saturar al adversario puede decidir el resultado de una batalla tanto como un ataque de precisión o una maniobra mecanizada.

En este contexto, Rusia ha demostrado una combinación paradójica: una potencia electrónica capaz de generar burbujas de interferencia densas y persistentes, desplegada a lo largo de cientos de kilómetros, y una institución que, en los primeros compases de la invasión, pareció incapaz de coordinar adecuadamente sus propias capacidades. Entre la sorpresa inicial de febrero de 2022 y la adaptación observable a partir del otoño de ese mismo año se despliega una historia compleja que, lejos de ajustarse a los relatos simplistas, exige entender tanto la doctrina rusa como la evolución del combate moderno.

Este post sintetiza el artículo que he escrito, en co-autoría con Cristina Marzal, “Has Russian Electronic Warfare underperformed in the Ukrainian conflict?”, recientemente publicado en el Journal of Strategic Security. Aquí presentamos sus principales conclusiones e ideas fuerza.

La ilusión de la “superpotencia electrónica” rusa

Antes de la invasión, pocos dudaban de que Rusia era una potencia excepcional en guerra electrónica. Su doctrina llevaba dos décadas otorgando un papel central al espectro; sus fuerzas habían adquirido un número significativo de equipos avanzados; y su desempeño en Crimea, el Donbás y Siria había reforzado la impresión de que Moscú poseía una ventaja cualitativa frente a cualquier adversario europeo. Se asumía que, llegado el caso, Rusia podría desorganizar la red de mando ucraniana, bloquear el GPS en amplias zonas y neutralizar la mayoría de sensores que permitieran a Kiev dirigir su artillería o sus defensas aéreas.

La invasión de febrero de 2022, sin embargo, rompió esa narrativa. Las columnas que avanzaban hacia Kiev no parecían acompañadas de una cobertura electrónica coherente; los sistemas rusos no lograban suprimir las comunicaciones ucranianas; y parte de los mandos dependían de teléfonos móviles que, además de revelar posiciones, indicaban un nivel de impreparación sorprendente. Este desfase entre expectativas y realidad llevó a hablar de “fracaso” ruso, pero el fenómeno era más complejo: la guerra electrónica rusa no había desaparecido, simplemente estaba ausente del tipo de operación que Moscú había decidido ejecutar.

La debacle de 2022 explicada por la propia “Operación Militar Especial”

Nuestro análisis muestra que sí existió un infrarrendimiento ruso en los primeros meses, pero éste no respondía a limitaciones tecnológicas, sino a errores estructurales que condicionaron todo el empleo de la guerra electrónica.

El primero fue de diseño. La operación se concibió bajo la hipótesis de un colapso rápido del Estado ucraniano, lo cual redujo la preparación del espectro, el despliegue de equipos y la coordinación entre inteligencia, fuego y maniobra. En lugar de preparar un asalto metodológico, Rusia lanzó un golpe de mano que exigía velocidad más que sincronización electromagnética.

A ello se sumó la limitación inherente al modelo de Grupos Tácticos de entidad Batallón (BTG). Pensados para operaciones lineales y rápidas, estos BTG disponían de capacidades electrónicas insuficientes y estaban sometidos a un mando rígido, poco adecuado para un avance en profundidad en un país tan grande y con un sistema de telecomunicaciones civiles mucho más denso de lo que habían encontrado en el Donbás. La saturación de señales dificultó distinguir entre emisiones militares y civiles, complicando la acción de los sistemas rusos y generando fratricidio electrónico: en varios sectores, la interferencia rusa degradaba sus propias comunicaciones más que las de Ucrania.

El tercer factor fue la resiliencia ucraniana. Desde 2014, Kiev había reforzado sus redes seguras con equipos occidentales, había descentralizado su mando y, durante la invasión, se apoyó intensivamente en Starlink como red alternativa. Esto multiplicó la redundancia sistémica y obstaculizó cualquier intento de “apagar” el C2 ucraniano en las primeras 72 horas, esas que Moscú consideraba decisivas para precipitar la caída del gobierno.

Por ello, el infrarrendimiento ruso no reveló una debilidad intrínseca de la EW rusa, sino más bien la incapacidad de integrar dicho dominio en una operación estratégica mal concebida y peor ejecutada.

2022–24: la adaptación rusa y el retorno de la ventaja electrónica

A partir del otoño de 2022, cuando el fracaso del “golpe rápido” da paso a una guerra de desgaste, observamos una transformación clara del modo de operar ruso en el espectro. Con líneas estabilizadas, una logística más coherente y un aumento del número de equipos desplegados, la guerra electrónica rusa empieza a rendir a un nivel mucho más cercano a las expectativas doctrinales.

El primer cambio significativo fue organizativo. Rusia abandonó progresivamente el modelo BTG, redistribuyó sus fuerzas en grupos de compañía más pequeños y dispersos, y otorgó mayor autonomía a mandos jóvenes con experiencia reciente de combate. Esta descentralización redujo el fratricidio electrónico y permitió una cobertura más continua a lo largo del frente, especialmente en el Donbás.

El segundo elemento clave fue la aparición del duelo drones–guerra electrónica como núcleo del combate moderno. La proliferación masiva de drones comerciales, combinada con drones militares y municiones merodeadoras, convirtió el espectro en un área especialmente crítica. Rusia respondió con una densidad creciente de sistemas antidron – desde equipos portátiles hasta plataformas especializadas – capaces de interferir, tomar control o forzar el aterrizaje de UAV ucranianos. Simultáneamente, introdujo adaptaciones improvisadas, como drones guiados por cable para evitar el jamming ucraniano. El resultado es un campo de batalla donde la superioridad electrónica no es estable, sino móvil: aparecen y desaparecen “burbujas” de interferencia que condicionan cada ataque y cada reconocimiento.

El tercer cambio fue la mejora en la capacidad de degradar municiones guiadas por GPS. La pérdida de precisión de Excalibur y el impacto reducido de algunos ataques de HIMARS reflejan un aumento de la densidad de interferencias rusas, especialmente alrededor de nodos logísticos y puestos de mando. Esto no invalida estos sistemas, pero sí reduce su eficacia y obliga a Ucrania a modificar sus tácticas de empleo.

¿Infra-rendimiento o diagnóstico equivocado?

La síntesis es clara: el rendimiento de Rusia fue muy inferior al esperado al principio, pero esa carencia no era estructural. A medida que la guerra avanzó, la guerra electrónica rusa volvió a rendir como cabría esperar de una potencia que lleva veinte años invirtiendo en este dominio. Tiene limitaciones, sin duda —especialmente en personal, adiestramiento y planificación conjunta—, pero muestra una notable capacidad de adaptación, un aprendizaje rápido y una integración creciente con la artillería, los UAV y la inteligencia electrónica.

La guerra de Ucrania muestra un futuro donde la competencia por el espectro será constante. Quien domine el espectro no ganará automáticamente la batalla; pero quien no pueda mantener un mínimo control sobre él, tendrá muy difícil sobrevivir en un campo de batalla saturado de sensores y drones.

Para quienes deseen profundizar, el análisis completo puede leerse en: Colom-Piella, Guillem and Marzal-Ruano, Cristina (2025): “Has Russian Electronic Warfare underperformed in the Ukrainian conflict?”. Journal of Strategic Security 18 (4) (2025): 78-95.

Guillem Colom

Profesor Titular de Ciencia Política en la Universidad Pablo de Olavide de Sevilla

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