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La guerra en Ucrania a la luz de la obra de Sir Basil Liddell Hart

https://global-strategy.org/guerra-ucrania-liddell-hart/ La guerra en Ucrania a la luz de la obra de Sir Basil Liddell Hart 2025-05-01 16:29:23 Augusto Conte de los Ríos Blog post Estudios de la Guerra Global Strategy Reports Guerra Rusia - Ucrania

Global Strategy Report, 7/2025

Resumen: La guerra entre Rusia y Ucrania, iniciada en febrero de 2022, está siendo uno de los conflictos más prolongados y complejos en Europa desde la Segunda Guerra Mundial. Lo que muchos vaticinaban como una rápida operación militar terminó por consolidarse como una guerra de desgaste, con episodios de estancamiento, contraofensivas limitadas y una creciente implicación internacional. En este contexto, resulta pertinente analizar su evolución estratégica desde la mirada de Sir Basil Liddell Hart, uno de los pensadores militares más influyentes del siglo XX, cuyas ideas pueden arrojar luz sobre las fallas y aciertos en la conducción de esta guerra.[1]

Para citar como referencia: Augusto Conte de los Ríos (2025), “La guerra en Ucrania a la luz de la obra de Sir Basil Liddell Hart”, Global Strategy Report, 7/2025.


Introducción

La guerra entre Rusia y Ucrania, iniciada el 24 de febrero de 2022, representa uno de los eventos geopolíticos más significativos del siglo XXI. Enmarcada en una larga historia de tensiones entre ambos Estados, la invasión rusa reconfiguró el equilibrio de poder europeo y desencadenó un conflicto de alta intensidad que se ha prolongado por más de tres años. Lo que comenzó como una “operación militar especial”, según la terminología empleada por el Kremlin, se transformó en una guerra de desgaste con implicaciones globales. Este conflicto ha puesto a prueba no sólo la resistencia militar de Ucrania y la capacidad de proyección de poder de Rusia, sino también la cohesión de Occidente, la utilidad de las alianzas internacionales y la evolución del arte de la guerra en el siglo XXI.

Desde el punto de vista de la teoría estratégica, el conflicto ofrece un escenario adecuado para aplicar y contrastar los principios formulados por Sir Basil Liddell Hart, estratega militar británico que desarrolló una crítica profunda al pensamiento de Clausewitz y propuso un enfoque alternativo centrado en la “aproximación indirecta”. Liddell Hart, activo en la primera mitad del siglo XX, observó que las guerras modernas tendían a ser más destructivas y menos decisivas, y abogó por una forma de hacer la guerra que minimizara el coste humano y material, al tiempo que desorganiza moralmente al enemigo y evita el choque frontal.

El análisis de la guerra en Ucrania desde la perspectiva de Liddell Hart permite identificar errores fundamentales en la planificación y ejecución de las operaciones militares rusas, así como destacar aquellos momentos en que la estrategia ucraniana se acercó más a los principios de Liddell Hart, logrando efectos desproporcionadamente positivos con medios limitados. Más allá de las batallas y los mapas, la guerra ha sido un conflicto de voluntades, percepciones, narrativas y maniobras políticas, todas dimensiones que Liddell Hart consideraba esenciales para comprender la naturaleza de la guerra moderna.

Asimismo, el conflicto pone en tela de juicio la vigencia de la llamada “guerra total” formulada por Clausewitz, en la que la nación entera se moviliza para la destrucción del enemigo. En mi opinión, este concepto ha mostrado sus límites, especialmente frente a un escenario donde la superioridad tecnológica, la opinión pública global y la interdependencia económica restringen la posibilidad de una victoria total por medios puramente militares. La aproximación indirecta, como la concebía Liddell Hart, se presenta no solo como una estrategia militar eficaz, sino también como una alternativa moral y políticamente viable.

Este trabajo se propone explorar los elementos clave del pensamiento de Liddell Hart y ponerlos en diálogo con los desarrollos estratégicos y operacionales de la guerra en Ucrania. Para ello, se consideran las campañas principales, los momentos de inflexión y las decisiones que marcaron el curso del conflicto. A partir de esta comparación, se buscará demostrar que muchas de las lecciones extraídas por Liddell Hart a partir de la historia militar siguen siendo relevantes hoy, y que su olvido o ignorancia ha contribuido a los errores de cálculo de los actores involucrados.

En suma, comprender la guerra en Ucrania desde la teoría de Liddell Hart no implica sólo un ejercicio de erudición o de historia militar comparada, sino también una forma de interrogar la racionalidad estratégica de nuestros tiempos, de medir los costos de la rigidez doctrinal y de reivindicar el papel del pensamiento crítico en la formulación de estrategias. Como decía el propio Liddell Hart, aprender de la historia no significa repetirla, sino evitar sus fracasos.

Liddell Hart y la guerra de Ucrania

Uno de los postulados más conocidos de Liddell Hart es que la estrategia más eficaz no es aquella que enfrenta directamente al enemigo en su punto más fuerte, sino aquella que lo desorienta, lo obliga a dispersar sus fuerzas y lo lleva al colapso por medios indirectos. Desde esta perspectiva, la ofensiva inicial rusa sobre Kiev constituyó un ejemplo paradigmático de lo que no debe hacerse: un ataque frontal, predecible y dependiente de una rápida capitulación política del adversario. Al fracasar en ese objetivo, Rusia no sólo perdió la iniciativa estratégica, sino que abrió un frente prolongado y costoso en términos humanos y materiales.

Liddell Hart insistía en que la finalidad de la estrategia es lograr los objetivos políticos con el mínimo de destrucción posible, y que el colapso moral del enemigo es más eficaz que su aniquilación física. En el caso ucraniano, si bien la defensa de Kiev fue un éxito militar, su impacto más profundo fue psicológico: galvanizó la resistencia interna y consolidó el apoyo internacional. Ucrania convirtió una defensa exitosa en una victoria narrativa, y ello refleja el tipo de enfoque que Liddell Hart valoraba: el que gana sin necesidad de destruir.

El concepto de “economía de fuerzas” también fue central en la obra de Liddell Hart. Este principio adquiere una relevancia especial al observar la asimetría entre los recursos militares de Ucrania y Rusia. A pesar de sus limitaciones materiales, Ucrania supo aplicar el principio de concentración en puntos decisivos. Las contraofensivas en Járkov y Jersón, por ejemplo, fueron precedidas por engaños, maniobras de distracción y explotación de debilidades logísticas, más que por superioridad numérica. Estas operaciones, exitosas en su momento, pueden leerse como aplicaciones empíricas de la aproximación indirecta.

En el otro extremo, Rusia incurrió en errores que Liddell Hart ya había identificado como típicos de una doctrina rígida y mal adaptada a la guerra moderna. La sobredependencia de líneas logísticas extensas, la subestimación del enemigo y la expectativa de una guerra relámpago son síntomas de una visión estratégica clausurada, que desprecia el valor de la adaptabilidad y la sorpresa. Liddell Hart subrayaba que los ejércitos que triunfan son aquellos que saben aprender rápidamente, incluso durante el curso de las hostilidades. Rusia, por el contrario, mostró una sorprendente lentitud para corregir sus fallos tácticos.

Otro aspecto esencial en el pensamiento de Liddell Hart es la moral. El estratega británico consideraba que el espíritu de lucha y la cohesión interna eran elementos tan importantes como los recursos materiales. En este punto, la estrategia comunicacional de Ucrania, liderada por el presidente Zelenski, puede entenderse como una “estrategia moral”. Al mantener su presencia física y discursiva en Kiev, al dirigirse a parlamentos extranjeros y al construir una imagen heroica de resistencia, Zelenski aplicó de forma instintiva —aunque no necesariamente consciente— los principios Liddellhartianos de liderazgo y narrativa.

También resulta ilustrativo observar la evolución de la guerra como una lucha de voluntades más que de posiciones. En varios pasajes de su obra, Liddell Hart advierte que los comandantes que buscan la victoria absoluta a través del desgaste tienden a destruir su propia capacidad de maniobra. La guerra de trincheras en el Donbás, la prolongación de la batalla de Bajmut, o la extenuación en Robotyne reflejan este error. En lugar de buscar desorganizar al enemigo, ambas partes se han sumido en combates frontales que generan pocos avances estratégicos y un alto coste en vidas.

Liddell Hart consideró que la estrategia predominante de asalto frontal, típica de la guerra de trincheras de la Primera Guerra Mundial, fue un error catastrófico. Sostuvo que los mandos aliados, especialmente británicos y franceses, se aferraron a la idea de que la destrucción directa de las fuerzas enemigas en batalla era el único camino hacia la victoria. Esta obsesión, derivada de una lectura superficial de Clausewitz, condujo a un enorme derroche de vidas y recursos sin lograr resultados decisivos.

En sus palabras, la Primera Guerra Mundial demostró que “el asalto frontal estaba condenado al fracaso a un coste enorme en vidas”, y que el agotamiento final de Alemania se debió más a la presión económica y al bloqueo naval que a las ofensivas terrestres. De hecho, Liddell Hart argumentó que la victoria aliada llegó “más por los estómagos vacíos del enemigo, consecuencia de la presión económica del dominio naval, que por la pérdida de vidas en el frente”.

También criticó la decisión británica de intervenir con un gran ejército en el continente, en vez de mantener una estrategia tradicional de “compromiso limitado” en tierra y confiar en el poder naval y económico, como había sido habitual en la historia británica. Para él, la “vía británica” en la guerra era dejar las grandes batallas terrestres a sus aliados y emplear su marina para asfixiar al enemigo, apoyando solo con fuerzas terrestres en escenarios secundarios o periféricos.

Liddell Hart reconoció el papel decisivo del poder naval británico en el desenlace de la guerra. El bloqueo marítimo impuesto a Alemania fue, a su juicio, el factor clave que llevó al colapso económico y moral del adversario, más que cualquier batalla terrestre. Así, el dominio del mar permitió a Gran Bretaña ejercer presión estratégica sin exponerse a los costes y riesgos de las grandes ofensivas terrestres.

En línea con la tradición estratégica británica, Liddell Hart defendió que el Reino Unido debía mantener la defensiva en tierra y la ofensiva en el mar, usando su flota para aislar y debilitar al enemigo. Esta visión estaba en sintonía con la doctrina de Julian Corbett, el gran teórico naval británico, y contrastaba con la tendencia de la época a buscar la decisión en el campo de batalla continental.

Desde una perspectiva del pensamiento de Liddell Hart, la clave estaría en mantener la iniciativa mediante maniobras que desequilibren al adversario, y no en batallas de desgaste donde el costo-beneficio se vuelve desfavorable. Ucrania ha tenido algunos aciertos en este sentido, como el ataque en profundidad sobre Kursk, diseñado más para desviar fuerzas rusas del frente principal que para conquistar territorio. Aunque la operación no tuvo éxito estratégico completo, sí responde a un principio esencial de Liddell Hart: atacar el equilibrio del enemigo, no su fuerza directamente.

Liddell Hart alertaba contra la ilusión de la victoria militar como sustituto del objetivo político. La guerra en Ucrania ha mostrado los peligros de una estrategia sin una finalidad política clara. Rusia parece haber confundido la ocupación territorial con el logro político, mientras que Ucrania, dependiente del apoyo externo, corre el riesgo de extender su resistencia más allá de sus capacidades estructurales. En ambos casos, el conflicto se ha prolongado por falta de una visión estratégica realista, algo que Liddell Hart consideraba esencial para evitar la prolongación estéril de las guerras.

A la luz de su pensamiento, se puede afirmar que la guerra en Ucrania constituye un laboratorio trágico de los errores que Liddell Hart buscó prevenir con su doctrina. La rigidez, la frontalidad, la negación del factor moral y la falta de estrategia política clara han sido fallas constantes. Al mismo tiempo, los momentos en que se ha aplicado, aunque sea parcialmente, su lógica de maniobra, sorpresa y moral, han sido los más eficaces y menos destructivos. En este sentido, la vigencia de Liddell Hart es incuestionable.

Conclusiones

El conflicto en Ucrania confirma, de manera trágica, muchas de las advertencias formuladas por Liddell Hart sobre cómo no debe conducirse una guerra moderna. Frente al pensamiento dominante que sigue rindiendo tributo a Clausewitz y su ideal de guerra total, la realidad demuestra que esa visión conduce a un callejón sin salida: prolonga el sufrimiento, enreda los fines políticos y destruye más de lo que permite construir. En mi opinión, seguir aferrado a esa lógica es un error histórico y estratégico que se ha vuelto cada vez más evidente en el caso ucraniano.

Liddell Hart proponía una estrategia adaptativa, flexible y centrada en reducir el coste humano. Algunas de sus máximas más lúcidas son también las más ignoradas en este conflicto. Por ejemplo, la de ajustar los fines a los medios disponibles: algo que ni Rusia ni Ucrania —por diferentes razones— han logrado hacer de manera sostenida. El primero por sobreestimar su capacidad de imponer una solución rápida; el segundo por confiar en que el respaldo exterior suplirá indefinidamente sus limitaciones internas. En ambos casos, el resultado ha sido una guerra de posiciones, desgaste y expectativas no cumplidas.

Otra de sus máximas clave es no perder nunca de vista el objetivo final, adaptando el plan a las circunstancias cambiantes. Esta capacidad de adaptación ha sido escasa, especialmente por parte rusa, que mostró rigidez doctrinal y una dirección política poco dispuesta a redefinir su apuesta estratégica inicial. Ucrania ha sido más flexible en momentos puntuales, pero también ha cedido a la tentación de perseverar en ofensivas mal preparadas, como en el caso de Robotyne. El deseo de demostrar resultados ha llevado, en ocasiones, a insistir en vías que reforzaban la resistencia del adversario, otra conducta que Liddell Hart denunciaba.

El principio de seguir la línea de menor resistencia y, sobre todo, la menos esperada por el enemigo ha brillado por su ausencia en muchas fases del conflicto. La fijación por objetivos simbólicos —como Bajmut o Avdiivka— ha llevado a ambos bandos a un callejón táctico, mientras que la opción de maniobrar hacia zonas más débiles o menos defendidas fue descartada por razones políticas o doctrinales. Liddell Hart insistía en que el éxito estratégico requiere pensamiento lateral, imaginación y cálculo, virtudes poco presentes en los estamentos militares que apuestan por la fuerza bruta.

También defendía la necesidad de plantear alternativas y objetivos secundarios para crear dilemas al adversario y mantener la iniciativa. La estrategia rusa, al fijarse de manera monomaníaca en la conquista del Donbás, facilitó la previsibilidad de sus operaciones. Ucrania, en sus mejores momentos, ha sabido explotar esta rigidez creando frentes inesperados, como en la contraofensiva de Jersón. Sin embargo, esa lógica no se mantuvo con coherencia, y las oportunidades creadas no siempre se convirtieron en ventajas sostenibles, en parte por falta de recursos y en parte por incapacidad de transformar logros tácticos en efectos operacionales duraderos.

La flexibilidad estratégica —otro de los pilares de Liddell Hart— implica no comprometer todos los recursos en un solo golpe, algo que tanto Rusia como Ucrania han hecho en distintas fases del conflicto. Las ofensivas concentradas, sin reservas adecuadas ni opciones de repliegue, han llevado a pérdidas costosas y resultados limitados. La insistencia en la acumulación de medios en frentes rígidos contradice el principio de elasticidad operativa que Liddell Hart consideraba fundamental para explotar oportunidades sin comprometer la estructura general de la fuerza.

Finalmente, Liddell Hart advertía contra el impulso de reforzar un fracaso. En sus palabras, insistir en un ataque fallido sólo refuerza la moral del enemigo. Esta máxima cobra especial sentido en la guerra de Ucrania, donde posiciones como Soledar o Bajmut se han defendido y atacado más allá de su valor estratégico real. Esa lógica de “resistencia por la resistencia” o de “conquista simbólica” sólo ha alimentado el ciclo de desgaste. Como Liddell Hart señalaba, una retirada oportuna puede ser más eficaz que una victoria pírrica.

Liddell Hart vio en la Primera Guerra Mundial la confirmación de que la estrategia de desgaste y el asalto frontal eran un callejón sin salida. Reivindicó el papel estratégico del poder naval y del bloqueo económico, y defendió una aproximación más flexible, indirecta y moderna a la guerra, en la que la batalla no fuera un fin en sí mismo, sino un medio subordinado a la política y a la consecución de una paz duradera.

En mi opinión, lo que Liddell Hart aporta no es únicamente un conjunto de recetas tácticas, sino una filosofía de la estrategia como arte del equilibrio, del pensamiento adaptativo y del ahorro de sufrimiento. Frente a una guerra que ha demostrado los límites del modelo industrial de combate y la ineficacia del choque frontal, su pensamiento se presenta como una guía para repensar la conducción de los conflictos armados en el siglo XXI.

Liddell Hart enseñaba que el propósito de la estrategia no es ganar batallas, sino alcanzar fines políticos con el menor costo posible. Si algo demuestra el conflicto en Ucrania, es que la victoria absoluta es una ilusión costosa, y que la verdadera habilidad estratégica consiste en imponer condiciones aceptables sin agotar los recursos, la moral o el respaldo político. En un mundo donde la guerra total es cada vez menos viable, necesitamos más que nunca pensar con Liddell Hart.

Volver a sus ideas es, en última instancia, un acto de responsabilidad intelectual y política. La guerra debe conducirse sin perder de vista la paz que se desea conseguir. Si se olvida este principio, el resultado suele ser una paz insatisfactoria y precaria, que contiene el germen de futuros conflictos.

Bibliografía

Colom Piella, G. (2022). La guerra de Ucrania: Los 100 días que cambiaron Europa. Los Libros de La Catarata.

Cózar Murillo, B. y Colom Piella, G. (2023). La guerra de Ucrania II: De la conquista de Lugansk a la contraofensiva ucraniana. Los Libros de la Catarata.

Cózar Murillo, B. y Vallejo Quevedo, G. M. (2025). La guerra de Ucrania IV: De la caída de Avdíivka a la invasión de Kursk. Los Libros de la Catarata.

Cózar Murillo, B. y Villanueva López, C. D. (2023). La guerra de Ucrania III: De la reconquista de Jersón al estancamiento. Los Libros de la Catarata.

Liddell Hart, B. (2023). Fundamentos de estrategia y ¿Por qué no aprendemos de la historia? Arzalia Ediciones.


[1] Este artículo ha sido realizado a partir del análisis de los cuatro volúmenes publicados sobre la guerra de Ucrania por el equipo de la revista Ejércitos, así como de la nueva edición en español de la obra de Basil Liddell Hart, que reúne “Fundamentos de estrategia” y “¿Por qué no aprendemos de la historia?”.


Editado por: Global Strategy. Lugar de edición: Granada (España). ISSN 2695-8937

Augusto Conte de los Ríos

Augusto Conte de los Ríos es Capitán de Fragata de la Armada española . Jefe de Estudios y Subdirector Escuela de Submarinos “Almirante García de los Reyes” en Cartagena

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