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La División pentómica de Estados Unidos: una respuesta a las armas nucleares tácticas

https://global-strategy.org/la-division-pentomica-de-estados-unidos-una-respuesta-a-las-armas-nucleares-tacticas/ La División pentómica de Estados Unidos: una respuesta a las armas nucleares tácticas 2020-04-07 14:53:45 Alberto Guerrero Blog post War Studies Estados Unidos Fuerzas militares
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La aparición durante los años cincuenta del pasado siglo de las armas nucleares tácticas empujó a los principales ejércitos del momento a importantes cambios en sus organizaciones divisionarias. Se necesitaban divisiones de infantería con mayor movilidad y potencia de fuego y esto se tenía que armonizar con un menor número de efectivos y con una mayor capacidad logística. Surgieron así, por ejemplo, las brigadas Javelot y las “Divisiones de Bolsillo” en Francia o las organizaciones proyectadas para el “fallido” Ejército Europeo, entre otras. Pero quizá el cambio más destacado fue el experimentado por Estados Unidos al adoptar para sus divisiones de infantería una organización pentagonal que sería conocida como división pentómica y que fue adoptada por otros países, entre ellos España (Brizuela, 1960: 17). Se pretendía que estas nuevas divisiones fuesen capaces de luchar en un campo de batalla en el que estuviesen presentes las armas nucleares tácticas gracias a la dispersión, movilidad y flexibilidad que se esperaba que tuviesen, algo que finalmente no se pudo lograr. En resumen, en el Ejército de Estados Unidos lo que se buscaba era una división “con pocos hombres y mucho fuego” para sacar el máximo partido al “fuego atómico” (De Meer, 1963: 9).

Los ejércitos integrantes de la OTAN buscaban aumentar la potencia de fuego de sus unidades, pero también su potencia de choque, movilidad y autonomía. También se pretendía desarrollar una organización divisionaria uniforme para todos sus componentes. Esa mayor potencia de fuego se alcanzaría merced a las armas nucleares tácticas, pero también mediante un completo equipamiento de armamento convencional (Sokolovsky, 1981: 131).

La división pentómica norteamericana

La era atómica provocó importantes cambios en la forma de entender la guerra. La amenaza que suponía el uso de armas nucleares tácticas en el campo de batalla se tradujo en la transformación de los procedimientos clásicos del combate y conllevó una serie de cambios en las grandes unidades, siendo la división la menor de estas. Era tal su poder destructivo que se precisaba de unidades que tuviesen una importante dispersión y movilidad. De lo contrario, serían irremediablemente destruidas por los proyectiles atómicos en poder de las fuerzas del Pacto de Varsovia. Este espinoso asunto despertaba importantes recelos en la administración Eisenhower, por lo que adquirió una gran importancia desde los comienzos de su mandato en 1953. Como es lógico, había que transformar las unidades para poder enfrentarse con garantías en los nuevos escenarios bélicos que los rápidos progresos tecnológicos estaban planteando y que podían ser no similares a lo visto durante la Segunda Guerra Mundial y la de Corea.

Las Fuerzas Aéreas durante el mandato de Eisenhower cobraron un importante papel al ser claves en la disuasión nuclear, destacándose la flota de bombarderos intercontinentales del Comando Aéreo Estratégico (SAC en sus siglas en inglés). Eso motivó que recibiera más recursos que el Ejército, que se volvió menos relevante con la nueva política de Defensa denominada New Look, que enfatizaba esa común creencia de que las armas nucleares habían revolucionado los asuntos militares. Esa pérdida de relevancia del Ejército supuso que el número de divisiones fuese reducido a 14 hacia 1961, con un total de efectivos de 859.000. Una rebaja bastante importante si se tiene en cuenta que había acabado la Guerra de Corea con 20 divisiones y 1.500.000 soldados  (Bacevich, 1986: 14-19). Esto obligó a algunos de sus mandos a buscar la relevancia perdida, como se explicará más adelante.

En 1955, la revista Ejército recogía entre sus páginas un interesante artículo escrito por George Meray para la publicación suiza Revue Militaire, que fue traducido por el general Alonso. En el mismo se abogaba por contar con unidades “flexibles, dotadas de medios rápidos y de excelentes transmisiones” para el combate en el que estuviesen presentes las armas nucleares tácticas. Además, indicaba que era preciso crear “células de combate, fuertemente armadas y capaces de vivir aisladas”, algo que se buscaría en las divisiones pentómicas. En su artículo hacía un sucinto repaso de una de las unidades que se estaban creando durante esos años de cara al nuevo escenario atómico, la brigada Javelot francesa. Esta unidad estaba diseñada para “llenar el vacío del campo de batalla atómico para representar el papel –esencial para los ejércitos occidentales– de una tropa ligera de cobertura”. Era una unidad ligera, con menos de 10.000 soldados y, como tantas otras en ese momento, una formación experimental que sufriría continuas reformas, tal y como le sucedería a la división pentómica estadounidense (Alonso, 1955: 65-66).

Hasta mediados de los cincuenta se había mantenido en el ejército estadounidense la clásica división ternaria, pero entre 1956 y 1961 su división de infantería experimentó el denominado como período pentómico. Hasta entonces la tradicional división ternaria había demostrado su eficacia sobre todo en la ofensiva, pero no tanto en la defensiva. Por eso se consideró más eficaz una división compuesta por cinco unidades o grupos de combate autónomos, la pentómica, pues sobre el papel iba a contar con mayor poder de fuego y flexibilidad tanto en una guerra nuclear como en una convencional (Ney, 1969: 7). Al menos esas eran las características que se esperaban de esas nuevas divisiones, además de una mayor movilidad. Sin embargo, también hay que tener en cuenta en el origen de estas divisiones que en aquellos años en los que el arma nuclear se había convertido en un factor clave de la doctrina estadounidense durante el mandato de Eisenhower, el papel de la Fuerza Aérea se había reforzado en detrimento del Ejército, que sufrió incluso una importante reducción en el número de sus unidades. Es por ello que sus altos mandos buscaron volver a hacerlo relevante y en ese proceso se enmarca el nacimiento de las divisiones pentómicas. Fue gracias al esfuerzo del Jefe de Personal del Ejército, general Maxwell Taylor, y tras una serie de estudios que “presagiarían de deficiencias organizativas y doctrinales” cuando se adoptó la división pentómica (Kezdior, 2000: 23-24).

La nueva organización pentómica supuso importantes transformaciones, destacándose la sustitución de los cinco batallones con los que contaba la división ternaria por cinco grupos de combate autónomos mandados por un coronel. Se disponía de artillería y misiles capaces de fuego convencional y nuclear. Además, estos grupos de combate eran mayores que los clásicos batallones, pero menores que los regimientos (McGrath, 2004: 59). Esta primitiva organización sufriría varias modificaciones hasta su total desaparición a principios de los sesenta, cuando fue sustituida por la denominada como “División Reorganizada”

Entre las principales características de la división pentómica se pueden considerar las siguientes, tal y como recogió en la revista Ejército el teniente coronel Juan Mateo al adaptar para esta revista un artículo del mayor norteamericano Johnson H. Cushman en la revista Military Review:

  • La ya mencionada supresión de los batallones y su sustitución por cinco grupos de combate autónomos.
  • La compañía de fusileros dispondría de mayor fuerza.
  • Se añadió un grupo de escuadrones de caballería.
  • El batallón acorazado se dividió en cinco grupos compañías de carros.
  • El número de piezas de artillería se redujo, pero se contaba con medios capaces de fuego atómico.
  • El personal disponía de vehículos blindados (Mateo, 1959: 70).

Todo su equipo de combate, con excepción de sus carros de combate era transportado en aviones C-124, lo que en teoría proporcionaba una gran movilidad aérea estratégica. Su movilidad táctica se aseguraba mediante su batallón de transporte y su compañía de aviación. En cuanto a una de sus pretendidas características principales, su flexibilidad, provenía de su división en cinco grupos y de su capacidad para utilizar “carros, ingenieros y artillería para reforzar los grupos de combate”. Su elemento esencial era el Grupo de combate de Infantería, que contaba con cuatro compañías de fusileros, una de morteros y otra de Plana Mayor y Servicios. Esta compañía de fusileros era autosuficiente por contar con la mayor parte de las armas con las que contaba un batallón convencional, pero no se la podía considerar como un batallón reforzado. Por otro lado, estaba también el batallón acorazado con cinco compañías y el grupo de escuadrones de caballería con tres escuadrones, lo que daba un total de siete elementos de maniobra al mando del jefe de la división pentómica (Mateo, 1959: 70-71).

La división pentómica se planteó como una solución transitoria que, no obstante, tuvo más fallos de los esperados, por lo que obligó a volver al clásico sistema ternario. En su continua evolución es de destacar que la compañía logró una potencia de fuego comparable a la de un batallón y que se aumentó el número de compañías, que pasaron de 20 a 26, aunque al final de su vida volvieron a reducirse (De Meer, 1963: 10).

Si bien se logró reducir el número de sus efectivos, esta división se mostró pobre en fuegos tanto en la defensiva como en la ofensiva. Contaron con 3.700 hombres menos que las antiguas divisiones de infantería, es decir, con 13.748 soldados y 128 carros de combate, y sus grupos de combate, formados por 1.427 soldados antes de 1959, tenían unas dimensiones lo suficientemente grandes como para luchar de manera independiente. Sin embargo, su pretendida autonomía no fue tal al tener que depender en buena parte de la división (Kezdior, 2000: 25-26).

El ocaso de la división pentómica

La vida de la división pentómica fue muy corta tanto en los Estados Unidos como en el resto de países que adoptaron esta organización divisionaria, como fueron Alemania y Francia, que tras ver sus defectos también abandonaron esta organización y se decidieron por divisiones del “Tipo 59”, del tipo brigada mixta, muy parecidas a las inglesas. Se volvió a la organización ternaria que era casi universal, ya que tampoco ni la URSS ni los miembros del Pacto de Varsovia la habían abandonado (De Linos, 1963: 15-16). España, país en la que no contó con muchas simpatías, a partir de 1965 volvió a la clásica división ternaria y a una organización de sus divisiones inspirada en el modelo francés (García, 2015: 82). Los mandos españoles consideraron desde los primeros momentos de su adopción en el Ejército que su volumen era demasiado grande para la que debía ser “la menor de las grandes unidades”, lo que conllevaría “pesadez” en su empleo y la hacía “al mismo tiempo excesivamente grande y peligrosamente frágil” (Feliu, 1963: 9). No obstante, su adopción en España puede considerarse un revulsivo para el anticuado y escasamente operativo ejército del momento pues, como bien indica Puell, significo el primer “intento serio de convertir a aquel obsoleto ejército en una herramienta moderna y operativa” (Puell, 2010: 81).

Sus orígenes tuvieron que ver con los deseos del Ejército de Estados Unidos de adaptarse a la nueva era nuclear. Sin embargo, sus resultados no fueron los esperados quizá debido a la premura con la que fueron adoptadas. La razón estuvo en que los altos mandos no supieron ver el daño que las armas nucleares tácticas podían hacer en el campo de batalla, “dejando a la organización pentómica incapaz de cumplir predicciones ilusorias para el desempeño del ejército en el campo de batalla nuclear”. Además, sus deficiencias técnicas no aseguraban un correcto desempeño en una guerra convencional. Su escasa potencia de fuego, menor de la esperada, unida a una insuficiente dotación de vehículos que dificultaba su deseada concentración y dispersión de fuerzas hicieron que fuese incapaz de desenvolverse con garantías en un campo de batalla nuclear y convencional (Kezdior, 2000. 26-27). Otro de sus fallos fue que hacía depender “directamente del jefe un elevado número de subordinados, lo que junto con la dispersión obligada, dificultaba el mando”. En 1962 nació en Estados Unidos el Plan Road, “por el cual orientaron su organización a las normas OTAN, de divisiones constituidas por brigadas como unidades de empleo, si bien con un matiz distinto del europeo en la construcción de estas” (De Linos, 1963: 15-16). Estas nuevas divisiones elevarían de nuevo el número de efectivos de la división hasta los casi 16.000.

Bibliografía

Alonso, M. (1955), “Experimentación de una nueva G.U. La maniobra Javelot II”, Ejército, 182, pp. 64-66.

Bacevich, A. J. (1986), The pentomic era. The U.S. Army between Korea and Vietnam, Washington DC: National Defense University Press.

Brizuela, L. (1960), “La logística en la división de infantería experimental”, Ejército, 248, pp. 17-23.

De Linos, Á. (1963), “La renacida brigada mixta”, Ejército, 280, pp. 15-19.

De Meer, R. (1963), “Estudio sobre la División I Pentómica”, Ejército, 279, pp. 9-18.

Feliu, E. (1963), “La División Pentómica y la ROAD norteamericana y la posible solución española”, Ejército, 280, pp. 9-13.

García, C. (2015), “Las Fuerzas Armadas españolas en la década de los sesenta: ¿Francia, una alternativa al “amigo americano”?”, Aportes, Vol. 30, pp. 81-114.

Kezdior, R. W. (2000), Evolution and endurance. The U. S. Army Division in the Twentieth Century, Santa Monica: RAND.

Macgrath, J. J. (2004), The Brigade: A History, Its Organization and Employment in the US Army, Kansas: Combat Studies Institute Press.

Mateo, J. (1959), “La división pentómica de infantería en el combate”, Ejército, 228, pp. 70-75.

Ney, V. (1969), Evolution of the U. S. Army división (1939-1968), Kansas: Technical Operation, Incorporated Operations Research Group.

Puell, F. (2010), “El devenir del Ejército de Tierra (1945-1975)”, en Puell, F. y Aldas, S. (Eds.), Los ejércitos del franquismo (1939-1975), Madrid: Instituto Universitario General Gutiérrez Mellado.

Sokolovsky, V. D. (1981), Estrategia militar soviética, Madrid: Ediciones Ejército.

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Alberto Guerrero

Alberto Guerrero es Doctor en Historia Contemporánea por la UNED y actualmente cursa el Máster en Paz, Seguridad y Defensa del Instituto Universitario Gutiérrez Mellado (IUGM). También es miembro de la junta directiva de la Asociación Española de Historia Militar (ASEHISMI)

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