Libro: HMS aurora el último corsario. Los raids del fantasma de plata en la segunda guerra mundial (432 páginas). Ediciones Salamina. ISBN: 9788412385038.
Hace años emprendí la labor de escribir un libro de historia. De historia militar. O de historia naval militar. No era necesario para mi curriculum, y quizá era un estorbo. Porque es un tiempo (miles de horas) que no he dedicado a publicar lo debido para ‘hacer carrera’ en mi propio gremio, que no es ese. Pero mis dudas, si alguna vez las tuve, se resolvieron en dos palabras… ‘¿Y qué?’ (toda una declaración de principios, en un mundo tan competitivo como el nuestro). En efecto, iba a dedicar mi tiempo a hacer lo que más me gusta.
Corría el año 2009 y elegí la opción de reconstruir la historia de un buque de guerra de la Royal Navy. Un ‘oscuro’ crucero ligero: el HMS Aurora. Me llamó la atención la modestia del buque. En su época, allá por los inicios de la década de los 30 del siglo XX, la serie de cuatro cruceros a los que pertenecía el Aurora ya había sido diseñada como ‘baratija’. Se trataba de una especie de ‘crucero de bolsillo’ (denominación nunca estandarizada, ni siquiera en el argot) con el que se pretendía ahorrar costes, en comparación con los cruceros de verdad.
Con poco más de 150 metros de eslora (apenas algo más que cualquiera de nuestras F-100) y con poco más de 5.000 toneladas de desplazamiento estándar, ahí no cabían cuatro torres dobles de cañones de 152 mm (que era lo usual en la época) y lo proyectaron para solamente tres. Advirtieron que no cabía esperar grandes resultados en misiones ofensivas, para las que no estaba previsto. Pero que podía tener un cierto papel en la escolta de convoyes. Esa era parte de su sentido: ¿para qué generar hipotecas en buques mejor dotados, si bastaba con alguno de estos buques.
Pero, a raíz de esas lecturas que uno fue haciendo de muy joven, referidas a campañas de la segunda guerra mundial, había algo que no encajaba. Cuando llegó el momento de la verdad, el HMS Aurora se vio involucrado en misiones para las que no era idóneo. O eso decían los cánones. Sin embargo, las crónicas hablaban de que este buque había atacado a convoyes enemigos, o que había bombardeado posiciones avanzadas del enemigo. Como el suplente del equipo de fútbol que un buen día debe saltar al césped, quizá debido a una lesión de la rutilante figura de su equipo, fichada a golpe de talonario, este buque tuvo que responder a retos para los que apenas se contaba con él.
Una vez puesto en la labor de reconstruir la trayectoria de este buque, a lo largo de la segunda guerra mundial, el detalle de la realidad superó mis propias expectativas. Probablemente estemos ante uno de los buques que mejor resultado han dado, en combate, a lo largo de la historia.
En este libro, publicado por la editorial Salamina, se exponen las diversas campañas en las que participó, lo que tiene la utilidad añadida de que el lector podrá recordar algunas de las más emblemáticas de la segunda guerra mundial. Para quienes estén interesados en ello, el HMS Aurora es también una especie de cámara de vídeo que los enfoca y, hasta cierto punto, expone. Así, el libro nos lleva de la campaña de Narvik (abril-mayo de 1940) a la defensa del Reino Unido (verano de 1940); del apoyo a la huida de mercantes noruegos internados en puertos suecos (enero de 1941) o a la caza del acorazado Bismarck y de los buques de avituallamiento preposicionados por Alemania en el atlántico (mayo-junio de 1941) a la exploración y destrucción de las instalaciones al servicio de Alemania en las islas Spitzbergen (julio-agosto -septiembre de 1941); de su integración en la Fuerza K de Malta, para atacar a los convoyes italo-alemanes que trataban de reforzar al Afrika Korps de Rommel (noviembre-diciembre de 1941) a la escolta de convoyes en el África Occidental, hasta Sierra Leona (verano de 1942); del asalto de las posiciones de la Francia de Vichy en Argelia, en el marco de la operación Torch (noviembre de 1942) a la constitución de la Fuerza Q, para atacar a más convoyes del Eje en la Ruta de la Muerte del Canal de Sicilia (diciembre de 1942); del apoyo artillero a los desembarcos aliados en Pantellería (junio de 1943), Sicilia (julio de 1943) y el mar Tirreno (agosto de 1943) al apoyo a los desembarcos de Salerno (septiembre de 1943) e incluso a las posiciones alemanas del Egeo (octubre de 1943); del bombardeo de las posiciones alemanas en el sur de Francia (verano de 1944) al ataque final en el mismo mar Egeo (otoño e invierno de 1944). Para, finalmente, viajar con este buque, con Winston Churchill a bordo, a visitar al monarca de Arabia Saudita (febrero de 1945) con la mirada puesta en lo que sería el mundo en la Guerra Fría que ya se avecinaba.
Casi nada… Eso sí, con dos períodos dilatados de reparaciones, debido a graves averías sufridas en combate (por minas, en diciembre de 1941 y por un bombardeo aéreo, en octubre de 1943). En todo caso, se trata de una trayectoria envidiable, desde el punto de vista militar.
Las reflexiones que se me ocurren son muchas, también a modo de lecciones aprendidas. El buque no lo es todo, pero es (es importante que sea muy marinero, que sea mecánicamente fiable y que también lo sean sus armas). El mando es importante (los hombres hacen al buque, casi tanto como el buque hace a sus hombres). La doctrina de empleo, también (adiestramiento específico para ataques nocturnos) y, por supuesto, la capacidad para absorber modernizaciones (en este caso, la incorporación del radar). Un buque resultón y un auténtico comodín para el mando.
