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La trampa de deuda: ¿Geopolítica o colonialismo económico?

https://global-strategy.org/la-trampa-de-deuda-geopolitica-o-colonialismo-economico/ La trampa de deuda: ¿Geopolítica o colonialismo económico? 2024-11-16 19:44:56 Adrián López García Blog post Estudios Globales

Zambia, tras su independencia del Reino Unido en 1964 se convirtió rápidamente en una economía altamente dependiente del cobre, que constituía cerca del 80% de sus exportaciones y el 25% de su Producto Interno Bruto (PIB). Durante los primeros 15 años, el país experimentó un crecimiento económico significativo gracias a la alta demanda y los precios favorables del cobre.

A finales de los años 70, y coincidente con la crisis del capitalismo, la caída global de los precios del cobre sumió a Zambia en una grave recesión. La falta de diversificación económica dejó a Zambia sin defensas frente a las variaciones del mercado internacional, lo que agravó sus problemas fiscales y aumentó su deuda externa.

En respuesta a esta crisis, el gobierno liderado por Kenneth Kaunda nacionalizó las minas a través de la Zambia Industrial and Mining Corporation (ZIMCO), con el objetivo de controlar los recursos estratégicos y lograr la autosuficiencia económica. Esta nacionalización buscaba asegurar que los beneficios derivados del cobre se reinvirtieran en el desarrollo del país. Sin embargo, la gestión estatal resultó ineficiente debido a la corrupción, la malversación y la falta de  recursos técnicos adecuados, lo que llevó a una drástica disminución de la producción minera cayendo de 700 mil toneladas en 1969 a solo 200 mil toneladas para finales del milenio.

Con un deterioro económico creciente, Zambia recurrió al Fondo Monetario Internacional (FMI) y al Banco Mundial para obtener préstamos, lo que llevó a la implementación de programas de ajuste estructural y aceptando una imposición de políticas como la austeridad fiscal, privatización de las corporativas estatales y liberalización del mercado.

La privatización durante finales de los años 90 permitió que multinacionales extranjeras adquirieran las minas bajo términos fiscales muy favorables. El estado Chino a cambio de reestructurar parte de su deuda, obtuvo concesiones y licitaciones en sectores estratégicos como la minería del cobre y explotaciones agrícolas. Las minas controladas por empresas chinas incluyen las operaciones gestionadas por CNMC, responsable de varias minas importantes como Chambishi Copper Smelter y Luanshya Copper Mines.

China paralelamente invirtió significativamente en proyectos como la revitalización del ferrocarril TAZARA (Tanzania-Zambia Railway Authority), crucial para el transporte de estos minerales desde Zambia hacia el puerto de Dar es Salaam en Tanzania, controlando la logística del país. Esta situación llega hasta nuestros días y, a día de hoy, China representa el 63% de los acreedores de Zambia.

La intervención china en Zambia actualmente también se manifiesta a través de la construcción de infraestructura clave geopolíticamente hablando, como el nuevo aeropuerto internacional en Lusaka y la rehabilitación de carreteras vitales para el transporte de mercancías. Además, China ha estado involucrada en la financiación de proyectos energéticos, como la expansión de la planta hidroeléctrica de Kariba North Bank.

Aunque en las últimas declaraciones del G20 se ha observado un aplazamiento en la agenda de deuda, junto con una inyección del FMI de 1.600 millones de dólares, esta cantidad representa solo una ínfima parte de su deuda total, que asciende a aproximadamente 40.000 millones de dólares. La calificación crediticia baja de Zambia (Fitch: CCC+ , S&P: CCC-) limita severamente su capacidad para acceder a nuevos préstamos internacionales, lo que le obliga a mantener las relaciones con sus actuales inversores. 

La trampa de deuda

Entonces, ¿puede considerarse verdaderamente soberano un Estado cuyas infraestructuras y servicios estratégicos están sujetos al control de acreedores extranjeros? ¿Cómo se concilia el deseo de desarrollo económico con la pérdida potencial de autonomía política cuando los recursos estatales son utilizados como garantías en acuerdos financieros internacionales? ¿Podemos considerar que estamos ante una nueva forma de colonialismo financiero, donde la autonomía de las naciones está supeditada a acuerdos económicos que perpetúan ciclos de dependencia?

En búsqueda de las respuesta a estas preguntas surge la teoría de “La trampa de deuda” formulada por Brahma Chellaney en 2017, la cual sugiere que China utiliza préstamos estratégicos para ejercer influencia sobre países en desarrollo, asegurando el acceso a recursos naturales y activos claves cuando estos países incumplen sus obligaciones financieras. Estas inversiones suelen estar ocultas tras megaproyectos que se presentan con una visión prospectiva demasiado favorable y que a medio y largo plazo son inviables, acompañada a menudo de sobrecostes y desviaciones presupuestarias significativas.

Esta visión teórica nace del caso del puerto de Hambantota en Sri Lanka, donde la incapacidad para cumplir los pagos resultó en un arrendamiento de 99 años a una filial china quien controla las operaciones.

Desde un enfoque teórico, la estrategia china se interpreta como una forma sofisticada de diplomacia económica que combina elementos de poder blando y duro. A través de la Iniciativa de la Franja y la Ruta (BRI), China ha canalizado más de 200 mil millones de dólares en proyectos de infraestructura global, consolidando su presencia en lo que ahora consideramos como la Nueva Ruta de la Seda.

Países como Pakistán han recibido inversiones que superan los 62 mil millones de dólares en el contexto del Corredor Económico China-Pakistán (CPEC) para incentivar el comercio con Occidente. Estas inversiones no solo facilitan el acceso a mercados y recursos críticos para China y su industria, sino que también refuerzan su presencia en toda la parte poniente de Asia.

Washington ha utilizado esta narrativa para contrarrestar la creciente influencia china, acusando a Pekín de prácticas financieras coercitivas. Esta dinámica se ha intensificado en el marco de una nueva ‘Guerra Fría’, donde los norteamericanos ven la expansión de la influencia china como una amenaza a su hegemonía global.

En respuesta, China ha defendido su enfoque como una forma legítima de cooperación Sur-Sur, argumentando que sus préstamos han facilitado el desarrollo económico en regiones desatendidas por las instituciones financieras occidentales tradicionales.

Estudios del Centro para el Desarrollo Global sugieren que sólo una fracción limitada de los países beneficiarios enfrenta riesgos significativos de sobreendeudamiento debido a préstamos chinos. Además, informes del Banco Mundial indican que muchos proyectos financiados por China fueron inicialmente solicitados por los propios países receptores, lo que sugiere una dinámica más matizada, desafiando la narrativa simplista de dominación económica.

Extrapolando el modelo

En el contexto latinoamericano, durante la década de 1970, muchos países se endeudaron significativamente con instituciones financieras internacionales, respaldadas en casi todos los casos por Estados Unidos. Estos préstamos estaban condicionados a la implementación de políticas económicas específicas, derivando a un control indirecto de las instituciones, lo que creó una dependencia estructural similar a una trampa de deuda.

La teoría de la dependencia, complementada con las visiones de metrópoli-satélite de André Gunder Franck, explica cómo estas relaciones asimétricas benefician principalmente a los países desarrollados, que actúan como centros económicos al transformar materias primas de bajo valor en productos industriales con alto valor agregado. Según esta teoría, el subdesarrollo no es una etapa hacia el progreso, sino una condición estructural resultado de la expansión de las economías industrializadas.

Cuando la Reserva Federal de Estados Unidos aumentó las tasas de interés a finales de los años 70 y principios de los 80, el costo del servicio de la deuda externa para los países latinoamericanos se incrementó drásticamente. Esto desencadenó una crisis financiera que obligó a muchos gobiernos a recurrir al Fondo Monetario Internacional (FMI) para obtener rescates. Este ciclo refleja la esencia de una trampa de deuda: los países periféricos quedan atrapados en un ciclo donde deben aceptar condiciones que no favorecen sus propios intereses.

La dolarización parcial o total en algunos países latinoamericanos reafirma esta dependencia. Al adoptar el dólar o vincular sus monedas al dólar estadounidense, estos países renuncian a su capacidad para implementar políticas monetarias independientes, y limitan o anulan la función de los bancos centrales. Cualquier cambio en las políticas de la Reserva Federal repercute directamente en sus economías, limitando su capacidad para priorizar el desarrollo interno sobre el servicio de la deuda externa.

Este análisis plantea preguntas fundamentales sobre la viabilidad del modelo económico actual: si continuamos dependiendo del endeudamiento externo y ajustando nuestras economías para satisfacer las demandas internacionales, ¿estamos condenando nuestras economías a un ciclo interminable de dependencia? ¿Qué estrategias pueden adoptar los países para romper este ciclo y fomentar un crecimiento económico autónomo y sostenible?

Conclusiones

En un mundo donde la tecnología avanza a un ritmo acelerado, las economías se ven presionadas a innovar y adaptarse rápidamente, lo que requiere inversiones cada vez más grandes. Este contexto lleva a muchos gobiernos a recurrir al endeudamiento como una solución inmediata para financiar proyectos esenciales y necesarios. Esta dependencia de la deuda puede limitar la capacidad de respuesta ante futuras crisis económicas y reducir el margen fiscal disponible para inversiones imprevistas.

Hoy, la viabilidad de la deuda no solo debe evaluarse desde una perspectiva económica, sino también desde un enfoque más amplio que considere las implicaciones sociales y políticas. Es fundamental preguntarnos si podemos encontrar un equilibrio entre el crecimiento económico y la preservación de nuestra autonomía. ¿Es posible construir un futuro en el que la deuda no sea una trampa, sino un medio para alcanzar un desarrollo justo  y equitativo?

En última instancia, la forma en que abordamos la deuda refleja nuestras prioridades como sociedad. Si logramos ver más allá de los números y reconocer el impacto humano detrás de cada decisión financiera, podríamos transformar esta herramienta en un vehículo para el bienestar colectivo, asegurando que nuestras acciones hoy no comprometan el futuro de las generaciones de mañana.

Adrián López García

Consultor y analista especializado en internacionalización de empresas, con un enfoque en criterios ESG y ODS, especialmente en temas de juventud. Cuenta con amplia experiencia en comercio, seguridad internacional y diplomacia, colaborando con instituciones públicas y privadas para facilitar la expansión global de negocios y promover prácticas sostenibles.

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