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Lo viejo y lo nuevo. Asedios, terror y combatientes extranjeros

https://global-strategy.org/lo-viejo-y-lo-nuevo-asedios-terror-y-combatientes-extranjeros/ Lo viejo y lo nuevo. Asedios, terror y combatientes extranjeros 2020-12-03 07:10:00 Alfredo Vázquez Ramos Blog post War Studies
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“The lesson: Be sceptical of concepts that divorce war from its political nature, particularly those that promise fast, cheap victory through technology”. H. R. McMaster, The New York Times

Como todo el mundo sabe, un  mismo hecho histórico puede dar lugar a narrativas muy diferentes y proporcionar lecciones completamente distintas en función del punto de vista o del particular momento en que se elaboran. Es el caso de las  guerras que estallaron en Oriente Medio tras las primaveras árabes de 2011 y que han generado numerosas versiones, análisis  e interpretaciones,  muchas de ellas contradictorias, ideologizadas o más o menos prejuiciadas. 

De  las múltiples facetas que estos interminables enfrentamientos bélicos  pueden ser objeto de estudio extraigo tres temas que siguen pendientes de una mayor reflexión para entender la naturaleza de este conflicto y de los que nos pueden esperar en un futuro inmediato: el empleo de los asedios, las tácticas de terror y la presencia de combatientes extranjeros.

Los asedios como arma de guerra: cercar, matar de hambre, rendir y evacuar

En un mundo donde disponer de la más avanzada tecnología se considera un factor determinante en la resolución militar  de los conflictos,  las guerras en Siria e Iraq han vuelto a poner de actualidad métodos que parecen extraídos de viejos libros de historia.Las recientes confrontaciones en Oriente Medio mezclan –en un nuevo ejemplo de guerra total-  el empleo de sofisticadas técnicas  y dispositivos de combate con las antiquísimas tácticas de asedios a ciudades. Desde su inicio en 2011, los cercos en Siria  -y no las batallas campales- han sido el principal y más exitoso método de combate en las campañas ejecutadas por las partes enfrentadas, con resultados devastadores para la población civil.

¿Por qué los sitios a áreas urbanas  son tan habituales en Siria? En marzo de 2020, a la vez que en el mundo  se declaraba la mayor pandemia que hemos conocido en generaciones, la guerra de Siria entraba silenciosamente en su décimo año. La intensidad del conflicto se ha venido manifestando, entre otros aspectos,  en la proliferación de facciones beligerantes, en la fragmentación y complejidad de las alianzas, en la existencia de múltiples, inestables y discontinuas líneas de frente, y en el sufrimiento sin límites de la sociedad civil. En una dinámica de estas características, las ciudades ofrecen siempre objetivos militares claros,  definidos, categóricos. Los objetivos de control del territorio, de la población y de las redes logísticas de sostenimiento han supuesto que la mayoría de los contendientes privilegien las operaciones de bloqueos a enclaves densamente habitados,  con la finalidad de forzar a sus oponentes y a sus comunidades de apoyo a rendirse o a extraerles concesiones políticas.

El uso de los cercos ha sido parte integral de la historia de la guerra desde el mundo antiguo. En una guerra civil los recursos suelen ser mucho más exiguos que en una contienda entre estados. El ejército sirio y sus adversarios carecen de fuerzas numerosas, y sus medios materiales son dependientes de sus aliados, por lo que sitiar núcleos controlados por oponentes ofrece ventajas operativas, reduce bajas propias  y ahorra recursos limitados.

La investigación sobre los asedios  a centros urbanos en la historia reciente es aún un aspecto poco abordado por la literatura especializada. No obstante, la historia militar contemporánea está llena de episodios de bloqueos a metrópolis en las cuales la obtención y organización de los servicios públicos y suministros básicos condicionó su capacidad de resistencia y, en último  término, el resultado de la contienda. Los ejemplos históricos de cercos (Madrid, Leningrado, Singapur, Sarajevo) permitirían un acercamiento por medio de una comparativa de diferentes escenarios bélicos  a un asunto relativamente poco tratado que tiene un inesperado protagonismo en los conflictos actuales.

En un mundo en que las ciudades son y serán, por defecto, el moderno campo de batalla, merecería la pena examinar las experiencias recientes de asedios (Damasco, Homs, Al-Raqa, Ghouta o Alepo, entre otras) y tratar de entender cómo puede operar una localidad rodeada y aislada,  clarificar de qué modo la seguridad  de la población  y la gestión de los recursos logísticos, las redes de transporte y las infraestructuras críticas aseguran el mantenimiento de la capacidad de resistencia de las grandes aglomeraciones, y, en último término, interrogarse por la relación entre el funcionamiento (o la descomposición) de los servicios esenciales y el nivel de combate y supervivencia en núcleos urbanos sitiados.

El relato del terror

La guerra de Siria ha llevado también a los medios de comunicación de todo el mundo imágenes terribles sobre el trato dado a rehenes y prisioneros de guerra. El horror que causan tales comportamientos induce a recapacitar sobre los mismos en un intento por comprender lo que ocurre.

El historiador militar encuentra en la Edad Media hispánica un entorno de enfrentamiento entre reinos y grupos de poder particularmente propicio para el análisis de esas prácticas[1].  A través del mismo se puede confirmar que el terror ha sido siempre instrumento de guerra y se vislumbra que, tras el tratamiento dado al enemigo,  subyacen pocas convicciones religiosas y muchos cálculos y condicionamientos políticos,  muy estables a lo largo del tiempo. La gran diferencia ahora es la facilidad de acceso al horror por medio de los espacios virtuales  de  nuestros  hogares y al alcance visual de cualquiera con un móvil en la mano.

El uso sistemático  por las facciones en guerra en Siria e Iraq de imágenes de atrocidades, decapitaciones, tormentos, mutilaciones  y otros castigos corporales es un instrumento de poderoso valor simbólico y proyección de fuerza. La imaginería de horror      -cuanto más brutal y explicito mejor-   profesionalmente editada y difundida en YouTube y en  redes sociales, instrumenta y  refuerza la capacidad de captación del grupo, y  envía un mensaje con una gran carga apelativa a su audiencia potencial. 

En la España medieval, el efecto demostrativo del terror como instrumento de poder o como medida ejemplarizante, por lo menos en el contexto bélico, se mezclaba con ideas y prácticas de tipo religioso y socio-económicas que jugaban en aquel contexto un papel no menos importante e influyente. La decapitación, muy presente en las crónicas andalusíes, era un ritual constante en casos de guerra, que actuaba como ver­dadera arma psicológica para desmoralizar al contrario e infundirle temor. Pero también funcionaba para llevar a cabo estrategias opuestas, ya que las cabezas cortadas también se usaban para animar o estimular el sentido de vergüenza entre los combatientes propios.

Mientras que  bajo nuestra óptica eurocéntrica es casi imposible digerir este fenómeno de barbarie, en las sociedades antiguas las mutilaciones, torturas y ejecuciones públicas, como práctica bélica común, no representaban únicamente un medio de terror para oponentes, sino que en muchos casos se aplicaban  como herramienta preventiva y de proselitismo. Esto sugiere que, ya sea en el mundo andalusí de hace cinco siglos o el sirio-iraquí de hoy, el poder dominante interviene según normas que, aunque aparentemente parecen seguir unos cánones de fanatismo religioso, se basan más bien en un pragmatismo de guerra con miras a obtener el máximo provecho político y operativo con la estrategia de las emociones, tanto sobre los suyos como sobre sus rivales.

Combatientes extranjeros

Otro de los aspectos más mediáticos de estas guerras es la presencia de combatientes extranjeros; pero tampoco es nada nuevo. Por poner un precedente histórico, uno de los episodios  que contaron con mayor cobertura en la guerra civil española fue el protagonismo jugado por los voluntarios internacionales, particularmente en  el ciclo de batallas en torno a Madrid. La prensa mundial del momento atribuyó un papel preponderante en la defensa de la capital al heroísmo de las Brigadas Internacionales, y luego le otorgó un papel esencial como espina dorsal de las fuerzas de choque del Ejército Popular Republicano. Esa campaña de opinión permitió construir una imagen que difundía a partes iguales eficacia operativa y compromiso romántico, y que perduraría incuestionada durante décadas. 

Sin embargo, las contribuciones historiográficas posteriores han venido  avivando la controversia al discutir su relevancia militar, y atribuyendo su renombre a un persistente esfuerzo de propaganda organizada y al hecho tan banal de que muchos  reporteros internacionales fueron por primera vez capaces de comunicarse en su propio idioma con aquellos combatientes. En las opiniones públicas de sus países de origen, una corriente de interés por los compatriotas enrolados en una lejana guerra y  el atractivo que un compromiso de ese calibre despertaba, alimentó el interés de la prensa  por su figura. Desde aquel mito creado en las páginas de los principales diarios europeos y americanos han pasado casi 80 años hasta que las guerras de Oriente Medio pusieron de nuevo de manifiesto el interés mediático por el papel de los militantes extranjeros.

Hoy como ayer, los extranjeros que combaten en el laberinto sirio-iraquí fueron percibidos, inicialmente con una mezcla de curiosidad, y más tarde de temor y  amenaza a la seguridad nacional. El examen de las características de  los conflictos en los que participan o han participado los voluntarios internacionales permite identificar algunos rasgos comunes. Más allá de las diferencias históricas o ideológicas que puedan existir, estos combatientes  comparten una misma visión: la creencia de que su servicio en un conflicto exterior puede proporcionar o reforzar una meta vital y un sentido de pertenencia.  Por otro lado, también puede objetarse que, aunque en determinados casos, los  voluntarios extranjeros hicieron una contribución militar significativa a las fuerzas a las que se unieron,  muchos otros encontraron problemas que obstaculizaron su efectividad en el campo de batalla.  Sin embargo todo parece indicar que donde es más consistente su impacto es en el ámbito de la propaganda y la moral. Y de hecho, es su capacidad para atraer la atención internacional, y por tanto,  los recursos para su causa, lo que ayuda a darles un significado histórico que suele ir mucho más allá de su papel militar real.

En resumen, al igual que podemos sondear los conflictos del pasado a la luz de marcos doctrinales actuales (teoría de la insurgencia, guerras coloniales,  enfrentamientos hegemónicos, etc.) la historia militar ofrece posibles lecturas que están por explorar. Los cercos encarnan sin lugar a dudas una de las señas de identidad de las guerras en Siria e Irak, y aunque existen numerosos manuales de combate en zonas urbanas, sabemos muy poco sobre cómo sostener eficazmente los servicios,  infraestructuras públicas o las cadenas de abastecimiento  en las ciudades sitiadas, sobre cómo proteger a la población civil y, en definitiva,  con qué medidas se pueden hacer a las comunidades más resilientes ante esta reedición de estrategias tan devastadoras. Seguimos también  sin descodificar  plenamente el papel de las redes sociales, de las técnicas de propaganda y de los mecanismos de captación de recursos y combatientes internacionales que alimentan estos conflictos y constituyen una amenaza para nuestra sociedad.

Estos temas de análisis  -tal vez periféricos a los grandes asuntos de seguridad y defensa-   solo pretenden sugerir  otras tantas pistas de reflexión y argumentar la conveniencia de volver la mirada hacia la historiografía para comprender el carácter del conflicto y buscar respuestas en contextos de largo plazo. El desarrollo de nuevos conceptos militares a nuestro ya sobrecargado léxico académico,  y cuya capacidad de seducción depende más de su fuerza expresiva que de su novedad, debe convivir con el estudio de dinámicas y tácticas mucho más antiguas que, aunque carentes del atractivo mediático de aquellos, cuentan con un valor que aún las hace sorprendentemente actuales y duraderas.


[1] Fierro Bello, M.(coord.) y García Fitz, F. (coord.)  (2008). El cuerpo derrotado: cómo trataban musulmanes y cristianos a los enemigos vencidos (Península Ibérica, ss. VIII-XIII). Consejo Superior de Investigaciones Científicas, CSIC.

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Alfredo Vázquez Ramos

Teniente Coronel de Intendencia del Ejército de Tierra español

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