When history is written, it will be stated that the ISI defeated the Soviet Union in Afghanistan with the help of America. Then there will be another sentence. The ISI, with the help of America, defeated America”. Hamid Gul, ex-jefe de los servicios de inteligencia paquistaníes (ISI). 2014.
Si Paquistán pensó en algún momento que el triunfo talibán en Afganistán significaba su propio triunfo, por haber colocado en el gobierno de Kabul a un aliado a quien tenía capacidad de controlar, el tiempo está demostrando lo optimista de sus planteamientos. Confirmando una tendencia que ya se venía vislumbrando desde hace tiempo, los talibán afganos han demostrado no ser una marioneta dispuesta a acatar las instrucciones de Islamabad. Islamabad ya no puede exigir obediencia a cambio de proporcionar un santuario, lo que otorga a sus antiguos aliados una libertad de acción de la que antes carecían. Por si cupiera alguna al respecto, basta con constatar su actitud ante los talibán paquistaníes (Tehreek e Taliban Paquistán, TTP), a los que se podría aplicar el mismo planteamiento expresado por Hamid Gul: Con la ayuda del ISI, el TTP derrotó al ISI.
Quiénes son los talibán paquistaníes
El movimiento talibán paquistaní nace formalmente en diciembre de 2007, cuando los comandantes de varios grupos paramilitares que operaban en las áreas tribales paquistaníes, independientes hasta ese momento, acordaron fusionarse. Pero su historia comienza mucho antes y está indisolublemente ligada al colapso del primer Emirato Islámico de Afganistán. Durante el período 1994-200, aunque el liderazgo del movimiento era exclusivamente afgano, entre sus filas militaban muchos paquistaníes, lo cual no es sorprendente dado lo poroso de la frontera afgano-paquistaní y la larga tradición de participación de las tribus pastunes fronterizas en el conflicto Afgano. Las madrazas Deobandi facilitaron que muchos jóvenes de las zonas tribales se unieran a los talibán, sin necesidad de contactos previos con grupos yihadistas. También contribuyó a ello el hecho de que Jalaluddin Haqqani, el ex-comandante muyahidín de mayor rango que se unió a los talibán, llevara veinticinco años en Miranshá (Paquistán), actuando como patrocinador de los paquistaníes que querían combatir con los talibán afganos.
Con el colapso del régimen talibán, los voluntarios paquistaníes regresaron a sus hogares, mientras los combatientes extranjeros buscaron refugio sobre todo en las áreas tribales. Los líderes afganos, por su parte, buscaron refugio principalmente en núcleos urbanos como Quetta, donde se estableció su cuartel general. Entre 2002 y 2004, los talibán se reorganizaron en Paquistán como grupo insurgente. En términos generales, desde su inicio, la insurgencia tuvo dos componentes diferenciados. Por una parte, el liderazgo talibán afgano, desde Quetta fundamentalmente, se centró en la lucha contra los invasores occidentales y sus “títeres afganos”, para restablecer el Emirato Islámico. Su lucha se limitaba a Afganistán, evitando cualquier actividad que las autoridades paquistaníes pudieran considerar hostil. La alianza entre el gobierno paquistaní y el liderazgo talibán era evidente. Por otra, los combatientes extranjeros, incluidas figuras clave de Al Qaeda, organizaron la insurgencia desde las áreas tribales, movilizando también a combatientes locales. Estos grupos, combatían además al Ejército de Paquistán, por anti-islámico y aliado de Occidente. A pesar de ello, mantuvieron su lealtad, al menos nominal, al Mulá Omar, situando a la cúpula talibán en una tesitura delicada frente a sus valedores paquistaníes.
El modo en que Paquistán gobierna las zonas tribales ayudó al afianzamiento de la insurgencia. Su estatus administrativo especial, reminiscencia del período colonial, implica que Islamabad gobierna estos territorios a través de líderes tribales reconocidos por el gobierno, lo que hace muy tenue la presencia estatal.
De acuerdo con este esquema, mientras los talibán afganos evitaban interferir en los asuntos internos de Paquistán, los combatientes internacionales y paquistaníes comenzaron a ejercer en las áreas tribales una suerte de control territorial, lo que acabó llevándoles a chocar con el ejército paquistaní. Pronto quedó claro que las zonas tribales, además de santuario para la insurgencia afgana, constituían el germen de una naciente insurgencia. Ya no era una réplica menor de la violencia que se producía en Afganistán, sino una insurgencia por derecho propio. Ante la magnitud que fue adquiriendo el problema, a partir en 2004 el ejército paquistaní comenzó a actuar contra los insurgentes en una serie de campañas que se sucederían durante diez años.
En diciembre de 2007, en respuesta a la ofensiva del Estado paquistaní, los grupos insurgentes de las áreas tribales decidieron agruparse. Habían nacido los Talibán Paquistaníes (TTP) como organización. Aunque sus emires reafirmaron su lealtad al comandante supremo de los talibán afganos, ya no eran un simple apéndice de la insurgencia afgana. Los emires insurgentes, independientes hasta entonces, contaban ahora con un instrumento para articular objetivos al margen de los de los talibán afganos, desafiando al estado paquistaní, mientras profesaban lealtad al mulá Omar, su protegido.
Durante el período 2008-2014, el TTP combinó su presencia abierta en las áreas tribales, con la presencia clandestina en zonas urbanas. Esta infiltración en los centros urbanos le permitió organizar ataques terroristas de alto perfil. En última instancia, fueron sus actividades fuera de las áreas tribales las que llevaron al ejército a actuar decisivamente en 2014, lanzando una operación en Waziristán del Norte, que se había convertido en el santuario más importante del TTP. Esta operación alteró la geografía del movimiento al expulsarle de los centros urbanos de Mir Alí y Miranshá, obligándole a concentrarse a lo largo de la frontera con Afganistán.
Naturaleza del movimiento talibán paquistaní
El TTP reconoce públicamente dos grandes objetivos, poner fin a la ocupación de Afganistán, apoyando al movimiento talibán afgano, y convertir Paquistán en un estado islámico. Según su narrativa, el estado paquistaní es un vestigio del colonialismo, inherentemente antiislámico, y un baluarte de la influencia occidental en el mundo musulmán, mientras el ejército personifica su carácter colonial. A pesar del bajo nivel de institucionalización del TTP, los objetivos básicos y la narrativa parecen ser comunes en todo el movimiento. Su liderazgo se ejerce a través de un consejo compuesto por los comandantes de los diferentes grupos que lo forman, bajo la dirección de un comandante supremo, el emir. Hasta ahora, el emir y los portavoces del movimiento han sido capaces de mantener un mensaje articulado en torno a los dos grandes objetivos de la organización y hablar en nombre del movimiento en su conjunto.
En cuanto a su modus operandi, más allá de la actividad armada, el movimiento no ha emprendido ninguna campaña de movilización popular ni ha establecido un programa creíble de islamización, limitándose a desarrollar y proteger sus fuerzas y empoderar a los comandantes afiliados al TTP y, en menor medida, a los ulemas que les son favorables. Geográficamente, su influencia se limita a una zona muy concreta e, incluso en ella, sólo una minoría de la población se ha aliado activamente con el movimiento. Su base de apoyo, básicamente pastunes pro-yihadistas de zonas rurales, se ha mantenido relativamente constante a lo largo del tiempo, siendo un elemento marginal dentro de la población. En cuanto a su vinculación con el movimiento islámico, el TTP no ha tratado de construir vínculos con los partidos islamistas paquistaníes. En cambio, mantiene cierta cooperación operativa con otros grupos militantes, como Lashkar Jhangvi y Jaish Mohammad.
En conjunto, el TTP no tiene suficiente influencia militar o política como para tener posibilidades de impulsar un cambio político, ni tiene una estrategia para adquirir esa capacidad. No hay evidencias de que esté trabajando para incrementar su área de influencia o de que haya desarrollado una estrategia para tomar el poder. Sigue siendo un grupo terrorista clásico que, a través de actos de violencia y propaganda, logra inmiscuirse en la agenda política nacional y limitar las opciones disponibles para los actores constitucionales. Puede aspirar a desestabilizar el régimen de Islamabad, pero no tiene opciones de sustituirlo.
En cuanto a su componente étnico, a semejanza de sus homólogos afganos, el TTP nunca se ha declarado un movimiento pastún. Ni ha defendido causas específicamente pastunes, ni se ha aproximado a los nacionalistas laicos pastunes. Sus miembros y seguidores proceden predominantemente de esta etnia y cada grupo componente tiene sus raíces en una tribu pastún. Pero, aunque despliega una ideología islamista sin referencia a la identidad tribal, el TTP se ha basado en las instituciones tradicionales pastunes y sigue una tradición pastún de rebeliones que no representan a la sociedad tribal, sino que movilizan a los elementos más belicosos dentro de ella.
La lucha entre el TTP y el ejército paquistaní
La lucha del TTP responde al modelo de una guerrilla clásica, caracterizada por el uso de trampas explosivas y ataques con cohetes, combinados con ataques a posiciones aisladas. Solo de forma muy esporádica, ha conseguido concentrar fuerzas suficientes para atacar posiciones de cierta relevancia. El TTP, ha sido el primer grupo paquistaní en recurrir a ataques suicidas y ha realizado campañas de asesinatos contra líderes tribales y civiles chiitas. Además, ha recurrido a actividades delictivas, como secuestros, para financiarse.
En un entorno en el que es frecuente el empleo de proxies y no siempre es fácil identificar quién apoya a quién y contra quién, el TTP ha gozado del amparo de los talibán afganos y de la red Haqqani. También, en determinados momentos, ha encontrado apoyo, o al menos tolerancia, en las fuerzas de seguridad paquistaníes que, sea siguiendo órdenes o por propia iniciativa, se han mostrado indulgentes en muchas ocasiones con quienes se autoproclaman muyahidines empeñados en la yihad. También han actuado, a partir de 2010, como proxies de las autoridades afganas. Cuando tuvieron que huir a Afganistán ante la presión paquistaní, se instalaron en territorio afgano, con la tolerancia de las autoridades locales. Pronto comenzaron a organizar desde allí incursiones en territorio paquistaní, con la ventaja que suponía contar con una base segura en territorio afgano. No es difícil ver en esta tolerancia afgana una venganza, o un contrapeso, ante el apoyo paquistaní a los talibán afganos.
Resulta interesante resaltar que, aunque el TTP haya sido objeto de múltiples ofensivas del ejército paquistaní, ha gozado también de cierto grado de tolerancia por parte de Islamabad, que ha firmado en varias ocasiones pactos por los que le transfería el control sobre determinados territorios. Aunque estos pactos exigían expulsar a combatientes extranjeros y no realizar ataques transfronterizos, la inexistencia de mecanismos coercitivos para garantizar su cumplimiento hizo que fracasaran y que, de hecho, su resultado fuera crear en los líderes del TTP el convencimiento de que se les permitía actuar en Afganistán, siempre que no lo hicieran en Paquistán. Este afán negociador alcanzó su punto culminante en 2014, cuando el gobierno inició conversaciones con el TTP, aceptando implícitamente que tenían demandas políticas legítimas. Sin embargo, las conversaciones fracasaron porque el TTP planteó demandas extravagantes, como la liberación de prisioneros y la detención de las operaciones de seguridad, sin involucrarse en ningún tema político serio. Finalmente, la causa aparente de la ruptura de las conversaciones fue el ataque de la TTP al aeropuerto de Karachi el 8 de junio de 2014, que se interpretó como una falta de compromiso por parte del TTP en la búsqueda de un acuerdo.
Esta voluntad de llegar a acuerdos con una organización como el TTP sólo puede explicarse porque en la política paquistaní prevalece un discurso populista anti-estadounidense que incita a identificarse con cualquiera que invoque la causa de la yihad contra Estados Unidos y que impide aceptar que se invoque la yihad contra quien sostiene este discurso, pasando por alto que el TTP es un enemigo del estado paquistaní, con independencia de la política hacia EEUU que sostenga en cada momento. Incluso en las campañas militares contra el TTP se incorpora un elemento de ambivalencia que ayuda a explicar que, en todas ellas, los líderes del TTP hayan logrado escapar y reubicarse para continuar con sus actividades.
Situación actual
Desde 2014, la amenaza del TTP se ha reducido y sus acciones terroristas han decaído notablemente (11.704 muertos en 2009, frente a 3.682 en 2015). Tras la ofensiva paquistaní de 2014 y la muerte de su líder Hakimulá, el TTP se ha fraccionado en una serie de grupos que han continuado actuando de forma independiente. Como resultado de esta misma ofensiva, el grupo se vio obligado a trasladar su centros de operaciones a territorio afgano, desde donde han continuado operando aprovechando sus alianzas con tribus y autoridades afganas. Esta presencia en Afganistán se ha convertido en un factor relevante en las relaciones entre ambos países. La presencia del TTP en Afganistán y de los talibán afganos en Paquistán podría haber conducido en el pasado a algún tipo de colaboración, conducente a la eliminación de ambas amenazas. Sin embargo, parece más bien que cada uno utilizó a su correspondiente proxy en su pugna contra el otro. Para Paquistán, los talibán afganos eran un activo demasiado valioso en su empeño por evitar un gobierno afín a la India en Kabul. Para Kabul, el apoyo al TTP constituía la respuesta al apoyo de Islamabad a sus enemigos. Los talibán afganos, mientras tanto, procuraban estar al margen de este micro-conflicto, procurando mantenerse equidistantes entre ambas partes.
Sin embargo, una vez en el poder, liberados de la necesidad de protección de las autoridades paquistaníes, sienten que pueden actuar con mayor libertad. Así, Islamabad ha perdido su peón, mientras Kabul mantiene el suyo. En la nueva tesitura, los talibán afganos parecen haberse alejado de Islamabad y estar dispuestos a utilizar en su contra a sus homónimos paquistaníes. Un ejemplo de ello es la oposición formal de Kabul al vallado de la frontera entre ambos países en las zonas utilizadas habitualmente por el TTP. Islamabad pretende con ello dificultar el tránsito de sus combatientes; Kabul se opone porque, de acuerdo con la postura tradicional de Afganistán, no reconoce la actual frontera, la Línea Durand, diseñada de forma arbitraria por el Reino Unido y que parte en dos a las comunidades pastunes. Después de décadas patrocinando a los grupos islamistas afganos más radicales, para evitar un gobierno de corte nacionalista que pudiera plantear este tipo de reivindicaciones, Paquistán se ve enfrentado a que su creación, los talibán, parecen tener un componente nacionalista no previsto en sus esquemas.
Por otra parte, la fragmentación del TTPP le ha llevado a una política de alianzas poco coherente. Mientras algunos emires mantienen alianzas con Al Qaida, otros se han aproximado al ISIS. Hay emires que rechazan la alianza con los Haqqani, por su cercanía con el ejército paquistaní, mientras otros no tienen reparos en aliarse con este grupo. En general, el TTP carece de una estrategia definida, siendo su principal interés mantener viva la yihad y apoyar a cuantos grupos se declaren yihadistas. Contar con un santuario en Afganistán supone una ventaja indiscutible.
A modo de conclusión podemos decir que, como ocurriera en su día a EEUU con los talibán afganos, Paquistán se enfrenta ahora a los demonios que él mismo ha creado. Una insurgencia, heredera de la que él mismo creó, que actúa con el apoyo, o al menos la tolerancia, del régimen que tanto empeño le ha costado instalar en Kabul.
