• Buscar

La primera ofensiva de Rommel: febrero-abril de 1941

https://global-strategy.org/primera-ofensiva-de-rommel-febrero-abril-de-1941/ La primera ofensiva de Rommel: febrero-abril de 1941 2020-10-16 08:15:00 Carlos Javier Frías Sánchez Blog post Estudios de la Guerra Segunda Guerra Mundial

Logística

En febrero de 1941, el Sperrverband Libyen pasó a denominarse Deutsche Afrika Korps (DAK), añadiendo a la 5ª División Ligera (todavía en periodo de organización), una segunda División, la 15ª División Panzer, cuya llegada a África se preveía en mayo de ese año.

El teatro de operaciones de Libia tenía unas características muy especiales. Por un lado, todos los suministros debían llegar desde Europa: Libia no producía prácticamente nada. Como consecuencia, la logística del Eje dependía totalmente de los buques italianos que transportaban abastecimientos y tropas entre la Península Itálica y Libia. Por otro lado, el número y la capacidad de los puertos disponibles en la colonia italiana también eran limitados, y de ninguna manera estaban dimensionados para abastecer a un gran contingente de tropas, menos aún si éste comprendía un gran número de vehículos. Los puertos disponibles de cierta capacidad eran, esencialmente, de Oeste a Este, Trípoli (con una capacidad de recibir 45.000 toneladas de suministros mensuales) (Van Creveld, Los Abastecimientos en la Guerra, 1982, pág. 304), Bengasi (con una capacidad teórica de 27.000 toneladas mensuales) y Tobruk (45.000 toneladas por mes). Una División de Infantería en combate requería unas 5.000 toneladas de suministros mensuales, que se elevaban a 10.000 para una División Acorazada. En el verano de 1941, en suelo italiano, el Eje desplegaba dos Divisiones Acorazadas del DAK (a las que se unió una motorizada posteriormente), y tres Divisiones italianas (dos de Infantería y una Acorazada), lo que agotaba la capacidad del puerto de Trípoli (las tropas del Eje en Libia posteriormente llegaron a necesitar 70.000 toneladas mensuales).

A la llegada del DAK, solo Trípoli permanecía en manos italianas. Una vez llegados a suelo africano, los suministros debían alcanzar a las unidades de primera línea. Para ello, prácticamente la única vía utilizable era la ya citada vía Balbia, la carretera asfaltada construida por los italianos y que corría paralela a la costa. Cuanto más lejos del puerto de llegada de los suministros se encontrasen las tropas a abastecer, mayor era el recorrido que debían hacer los camiones de carga. La distancia máxima que los convoyes logísticos podían recorrer estaba en torno a los 200 km por día (400 en total en ida y vuelta, con diez horas de movimiento más el tiempo de carga y descarga). En un ejemplo, suponiendo una disponibilidad de 100 camiones, cada uno de ellos capaz de transportar dos toneladas de carga (capacidad de carga del modelo de Opel Blitz – el camión más empleado por la Wehrmacht – más habitual en 1940), si la distancia entre las tropas y el puerto era menor de 200 km, estos cien camiones podrían transportar 200 toneladas de suministros por día (podrían hacer treinta convoyes mensuales, totalizando 6.000 toneladas, menos de lo necesario para una sola de las Divisiones Acorazadas, que requería 350 toneladas por día, 10.500 al mes). Si la distancia era de 400 km la duración del viaje se alargaba al doble y el número de convoyes se reducía a quince, entregando 3.000 toneladas por mes (100 por día). A 600 km, la capacidad de suministro bajaba a diez convoyes al mes, con solo 2.000 toneladas (66 por día), etc. En la realidad, esta cantidad era incluso menor, porque los propios camiones consumían combustible, tanto más cuanto mayor fuera la distancia. En un caso extremo, podrían consumir en el viaje más combustible de lo que eran capaces de transportar; llegados a ese punto, los suministros transportados se reducían a cero. Un Opel Blitz consumía un mínimo de 30 l/100 km en Libia; a 300 km (600 con la vuelta), cada camión consumía 180 kg de su propia carga (lo que restaba 18 toneladas diarias a la carga total entregada por cada convoy de cien camiones de nuestro ejemplo, 540 toneladas en los treinta convoyes del mes). Es importante tener en cuenta que entre Trípoli y Bengasi hay algo más de 1.000 km y entre Bengasi y Tobruk hay casi 450 km. En la época, aproximadamente un tercio de los camiones estaban regularmente inoperativos por averías, en Europa. En Libia, las duras condiciones del desierto hacían que el porcentaje de vehículos averiados fuese cercano al 50%. El Estado Mayor alemán calculó que, para abastecer a la única División Ligera que constituía inicialmente el Afrika Korps, para operar a 600 km de Trípoli necesitaría treinta y nueve columnas de treinta camiones de dos toneladas.

La llegada de convoyes italianos dependía de la capacidad de la Reggia Marina para proporcionar seguridad a los cargueros frente a la actividad de la Royal Navy. Hasta ese momento – y con honrosas excepciones – la flota italiana no se había caracterizado por su agresividad ni por su eficacia. Además de ello, Italia había entrado en guerra con la esperanza de que la caída de Francia pondría fin al conflicto, por lo que no había acumulado reservas de materias estratégicas. Uno de los productos que Mussolini no había acumulado era el petróleo y sus derivados. Como consecuencia, la flota italiana estuvo siempre críticamente escasa de combustible, lo que reducía aún más su operatividad.

Es importante recordar que la pequeña isla de Malta – situada precisamente a mitad de camino entre Italia y Libia, en pleno Canal de Sicilia – estaba en manos británicas, y albergaba bases de aviones, buques de superficie y submarinos. Desde allí, los británicos podían hostigar duramente a los convoyes italianos en ruta hacia Libia, además de obligarles a tomar rutas que los alejasen del radio de acción de las defensas de la isla, incrementando las distancias a recorrer (haciendo más agudo el problema de la escasez de combustible) y aumentando el tiempo de permanencia de los convoyes en un mar dominado por la Royal Navy. Pese a su importancia estratégica, en parte por las fuertes pérdidas sufridas en Creta y en parte por el convencimiento alemán de que la toma de Malta era una responsabilidad italiana, el Eje no llegó a ocupar la isla.

Situación inicial

La predilección de Hitler por Rommel se tradujo en que el DAK se configuró como una unidad completamente motorizada, todo un lujo (y una excepción) en un Ejército como el alemán, en el que solo un diez por ciento de sus soldados llegó a disponer de vehículos de motor. En efecto, el teatro de operaciones libio era apto exclusivamente para unidades acorazadas, como habían descubierto a su pesar los italianos tras su desastrosa ofensiva del otoño-invierno de 1940, y como pronto descubrirían el resto de los contendientes.

La dramática situación de las tropas italianas en Libia hizo que Mussolini pusiese bajo las órdenes de Rommel a los contingentes italianos en la colonia. Así, a su llegada al teatro en febrero de 1941, Rommel disponía de dos Divisiones de Infantería italianas, la División Acorazada Ariete (que solo disponía de tanquetas  CV-3/35), y la embrionaria 5ª División Ligera.

La primera línea de defensa italiana se encontraba en Sirte, a 450 km al Este del puerto de Trípoli, donde un desmoralizado Regimiento de Infantería se mantenía atrincherado sobre la vía Balbia. Entre las posiciones defensivas italianas en Sirte y las vanguardias británicas en El Agheila, había 300 km de “tierra de nadie”, apenas transitada por patrullas de ambos bandos. Una de las primeras decisiones de Rommel fue reforzar las posiciones defensivas en Sirte, desplegando las Divisiones de Infantería italianas en esa posición, con la Ariete en retaguardia como reserva.

Por su parte, la situación de los británicos era mucho menos favorable de lo que podría parecer. Tras la espectacular victoria de Beda Fomm, el Ejército británico en el Norte de África se reorganizó. El victorioso General O’Connor recibió el mando de las fuerzas en Egipto, con la misión de reforzar a las unidades enviadas a Grecia. El nuevo jefe de la Western Desert Force, redenominada XIII Cuerpo de Ejército, era el General Neame, sin experiencia en el desierto, y que no gozaba de la confianza de su jefe, el General Wawell. La Western Desert Force había cambiado mucho desde Beda Fomm, y no solo en el nombre.  Los combates del otoño de 1940 habían desgastado a las unidades británicas que habían participado en la victoriosa “operación Compass”.

Además de ello, la percepción de que la amenaza italiana sobre Egipto había sido eliminada y la difícil situación en Grecia, hicieron que gran número de unidades se despachasen a los Balcanes. Así, la veterana 7ª División Acorazada había sido retirada a Egipto para ser reconstruida, habiendo sido sustituida por la recién organizada e inexperta 2ª División Acorazada, que había perdido a una de sus dos Brigadas Acorazadas, enviada a Grecia, quedando como consecuencia reducida a su 3ª Brigada Acorazada, con un Regimiento de Carros Cruiser (con 25 de ellos operativos, de 52), otro de Vickers Mark VI (ligeros, armados solo con ametralladoras; 26 operativos de 52, y reforzado con 13 M-13/40 italianos capturados) y un tercero equipado solo con carros M-13/40 (36 operativos) (Jentz, 1998, pág. 55), junto con un reducido Divisional Support Group, compuesto por un Batallón de Infantería Motorizado, un Regimiento (en realidad, un Grupo) de Artillería ligera (con doce obuses 25 pdr.) y un Batallón Contracarro. El Estado Mayor de la División estaba muy poco adiestrado y sus medios de transmisiones se basaban en el empleo del teléfono.

Dadas las distancias en Libia, los británicos empleaban la línea telefónica civil, operada por personal italiano. Esta limitación hacía que las unidades de la División no pudiesen desplegar lejos del tendido telefónico, que seguía esencialmente la vía Balbia. La División era, en realidad, un conjunto de unidades inconexas, que apenas se conocían, poco organizada y que no se habían adiestrado para operar juntas (French, Raising Churchill’s Army: The British Army and the War Against Germany 1919–1945, 2001, pág. 227). El jefe de esta División era el General Gambier-Parry, procedente del Arma de Infantería, donde combatió durante la PGM. Muy convencional y habituado a la “methodical battle”, no estaba preparado para combatir una batalla de movimiento (French, Raising Churchill’s Army: The British Army and the War Against Germany 1919–1945, 2001, pág. 231).

La veterana 6ª División de Infantería Neozelandesa había sido enviada a Grecia, y reemplazada por la novata 9ª División de Infantería Australiana, con dos Brigadas desplegadas sobre la vía Balbia al Este de Bengasi, y la tercera en Tobruk. La 3ª Brigada Motorizada India, última gran unidad británica del XIII Cuerpo de Ejército, desplegaba también cerca de Tobruk. Esta Brigada estaba compuesta por tres Batallones de infantes sobre camiones, y carecía de Artillería o de cañones contracarro.

El despliegue británico estaba condicionado por las limitaciones logísticas: sin ferrocarril, solo se podían mantener grandes fuerzas durante periodos prolongados de tiempo, a caballo de la vía Balbia. Además, las vanguardias británicas se encontraban muy alejadas de sus bases en Egipto: 1.000 kilómetros separaban las posiciones británicas en El Agheila de la frontera egipcia. En consecuencia, los camiones disponibles para el abastecimiento logístico no permitían mantener a la incompleta 2ª División Acorazada y a toda la 9ª División de Infantería Australiana cerca de Bengasi.

Despliegue británico en Cirenaica en marzo de 1941

La situación aérea tampoco era favorable para los británicos. La Luftwaffe desplazó al continente africano varias unidades aéreas (un Grupo de Cazas con Bf-109 – desde el verano de 1941, tres Grupos -, dos de Stukas, otro de cazas pesados Bf-110, tres de reconocimiento…), además del apoyo aéreo que podía recibir desde las bases situadas en Sicilia. Los británicos, ante la necesidad de desplazar unidades aéreas a Grecia, dejaron en Libia solo dos Escuadrones de Hawker Hurricane, uno de bombarderos Bristol Blenheim y otro de observación con Westland Lysander. Los Hurricane eran muy inferiores a los Bf-109, por lo que el dominio del aire pasó rápidamente a manos alemanas. Como consecuencia de ello, los Lysander no podían efectuar sus misiones de reconocimiento, ni los Blenheim apoyar a las fuerzas de tierra. Así, los alemanes disponían de información precisa sobre los movimientos británicos, gracias a sus reconocimientos aéreos, mientras que los británicos carecían de información sobre la entidad y actividades de las fuerzas del Eje.

La ofensiva

A mediados de febrero, Rommel decidió desplegar el III Batallón de Reconocimiento de la 5ª División Ligera (prácticamente, su única unidad disponible), apoyado por medios contracarro, en Naufaliya, a mitad de camino entre Sirte y El Agheila. Allí tuvo un primer encuentro con patrullas británicas de la 2ª División Acorazada, que se saldó favorablemente a los alemanes. Ante la falta de reacción de los británicos a la ocupación de Naufaliya, a mediados de marzo, Rommel decidió preparar un ataque sorpresivo sobre las posiciones británicas en El Agheila, aprovechando la llegada de nuevas unidades de la 5ª División Ligera, entre las que destacaba el 5º Regimiento Panzer, llegado el 11 de marzo a Trípoli, con un total de 155 carros (25 Panzer-I, 45 Panzer-II, 61 Panzer-III, 17 Panzer-IV y 7 carros de mando).

El 17 de marzo, Rommel tuvo una entrevista con Hitler y con el General Von Brauchitsch, jefe del OKW alemán, en Berlín. En ella, el jefe del OKW dejó muy claro a Rommel que no estaba autorizado a emprender ninguna acción ofensiva, al menos hasta la llegada de la 15ª División Panzer, prevista para mayo, e, incluso entonces, mantendría siempre a sus unidades al Oeste de Bengasi (el límite máximo que permitían sus convoyes logísticos). Los británicos interceptaron esta información a través de ‘Ultra’, su servicio de desencriptación de las transmisiones alemanas que empleaban la máquina ‘Enigma’. Como consecuencia, no esperaban ningún ataque alemán en Libia. Ésta es una de las primeras ocasiones en las que el particular carácter de Rommel influyó decisivamente en los acontecimientos: descontento con las órdenes recibidas de Von Brauchitsch, Rommel se decidió a iniciar una ofensiva sobre la Libia ocupada por los británicos, empleando las escasas fuerzas disponibles. Así, el 24 de marzo, el III Batallón de Reconocimiento alemán desencadenaba un ataque sobre las posiciones británicas de El Agheila. El terreno entre El Agheila y Bengasi es ideal para el empleo de carros de combate, y, por eso mismo, muy inadecuado para el combate de Infantería. En consecuencia, y de acuerdo con las órdenes recibidas el Division Support Group (DSG) se retiró sobre la vía Balbia hasta Mersa Brega. El 31 de marzo, la 5ª División Ligera atacó las posiciones británicas de Mersa Brega, donde el frente se limitaba a un estrechamiento de quince kilómetros, entre el mar y un pantano salado infranqueable. Al sureste de Mersa Brega desplegaba la III Brigada Acorazada. Los alemanes emplearon allí con éxito las viejas tácticas de las Stosstruppen,: encontraron un punto débil en las defensas británicas, cerca de la costa, y Rommel empeñó el Batallón de Ametralladoras de la 5ª División Ligera para reforzar a las unidades que encontraron la brecha, consiguiendo desbaratar la defensa británica. Por el contrario, el General Gambier-Perry, desde su Cuartel General en Barce, al Este de Bengasi, tenía que autorizar cualquier empleo de los carros de la III Brigada Acorazada, la única reserva móvil británica, lo que, dada la poca capacidad de las transmisiones británicas, hacía que esta unidad se mantuviese prácticamente paralizada. Así, la solicitud de autorización para efectuar un contraataque que envió la III Brigada Acorazada fue denegada por el General Gambier-Parry, que estimó que quedaba poca luz diurna y temía perder a su unidad más potente.

Tras perder Mersa Brega, el DSG se estableció en defensiva en Agedabia, mientras que la III Brigada Acorazada se redesplegó en dirección a Suluq, perseguida por los carros alemanes. En teoría, desde Suluq podría reforzar al DSG en Agedabia, y contratacar hacia el Sur, sobre el flanco de una posible penetración alemana si Agedabia caía y Rommel intentaba avanzar hacia Bir Tengeder y Tobruk (rodeando las montañas de Cirenaica, como habían hecho los propios británicos pocas semanas antes), o contratacar sobre el flanco de una posible penetración alemana hacia Bengasi por la vía Balbia.

El General Neame ordenó a la III Brigada India, en ese momento al sur de Tobruk, que avanzase por la vía Balbia hacia Martuba, al sur de Derna, para estar preparada, bien para reforzar las defensas de Bengasi, bien para ocupar Mechili. Ésta última ciudad tenía una importancia fundamental, al albergar el único manantial de agua de entidad suficiente para abastecer a una unidad militar de cierta entidad al sur de las montañas de Cirenaica: si Rommel pretendía envolver a los británicos por el sur, necesitaba ocupar Mechili.

El terreno entre Mersa Brega y Bengasi era idóneo para el empleo de carros, pero absolutamente inadecuado para el combate de Infantería. En esas condiciones, las posibilidades del DSG de defender Agedabia eran inexistentes. Como consecuencia, cuando el 2 de abril las vanguardias alemanas llegaron a las posiciones británicas, el DSG se retiró por la vía Balbia hacia Bengasi, bajo presión de las fuerzas de Rommel. En consecuencia, el movimiento de la III Brigada Acorazada hacia Suluq, que ya era muy lento, debido a múltiples averías mecánicas, se hizo bajo la presión de las vanguardias acorazadas alemanas, por lo que el redespliegue se convirtió en una operación muy confusa, con frecuentes combates.

Ofensiva alemana, 3 de abril de 1941

Tomada Agedabia, Rommel tenía tres posibilidades: avanzar hacia Bengasi, por la vía Balbia, intentar destruir a la III Brigada Acorazada (única unidad británica capaz de detener a sus carros) en Suluq-Msus o progresar hacia Bir Tengeder, y, desde allí, bien hacia El Timimi y Tobruk o bien hacia Mechili y Derna, para aislar a todas las unidades británicas de su base logística en Egipto, repitiendo de forma inversa la maniobra empleada por los británicos en la ‘operación Compass’. Rommel decidió hacer las tres cosas simultáneamente: tras repostar a sus unidades, envió hacia Bengasi a la División de Infanteria Brescia, apoyada por los blindados del III Batallón de Reconocimiento, para fijar al DSG y aparentar que su intención era tomar Bengasi; su esfuerzo principal corrió a cargo del 5º Regimiento Panzer, apoyado por parte de la División Acorazada Ariete, en dirección a Msus, base logística de la III Brigada Acorazada; finalmente, el Batallón de Reconocimiento de la Ariete y el resto de la 5ª División Ligera se dirigieron hacia Bir Tengeder. La decisión de Rommel era, como era habitual en él, muy audaz y muy poco ortodoxa: había disgregado sus escasas fuerzas en tres esfuerzos divergentes, con escasa capacidad de apoyarse entre ellos, lo que contradecía las prácticas militares habituales y la tradición militar prusiana desde Federico el Grande, que intentaba llegar siempre a un ataque convergente sobre el punto clave del dispositivo enemigo (la citada kesselschlacht o ‘batalla de caldero’). Esta dispersión hacía tan débiles a las diferentes columnas alemanas que una reacción enérgica de los británicos podría haberlas derrotado una tras otra. Como era habitual, Rommel confiaba en la agresividad de sus tropas y la audacia de sus oficiales para ocultar la debilidad de sus fuerzas.

La situación era bastante imprecisa para el mando británico: recibía información de los avances sobre la vía Balbia, de la presión sobre la III Brigada Acorazada al sur de Suluq y era consciente del riesgo de un avance italoalemán hacia Bir Tengeder y Mechili… Pero esto parecía implicar que las fuerzas alemanas eran mucho más potentes de lo esperado, lo que aconsejaba una retirada para salvar lo posible de la 2ª División Acorazada y a la 9ª División Australiana. Esta confusión se agravaba por incapacidad de la R.A.F. para efectuar vuelos de reconocimiento aéreo, dada la superioridad aérea alemana. El 2 de abril, Wavell se reunió con Neame en su Cuartel General en Barce, al Este de Bengasi, e intentó reemplazarlo por el General O’Connor, el exitoso jefe en ‘Compass’. O’Connor manifestó que no consideraba oportuno reemplazar a Neame en mitad de la operación, pero se ofreció a quedarse como ‘asesor’, puesto de cometidos poco claros… Como Wavell no confiaba en Neame, frecuentemente lo ‘puenteaba’, enviando instrucciones directamente a los jefes de las unidades del XIII Cuerpo de Ejército. La consecuencia fue una estructura de mando confusa, en la que los diferentes generales británicos (Wavell, Neame, O’Connor, Gambier-Perry…) comenzaron a lanzar a sus unidades órdenes frecuentemente contradictorias. En todo caso, para el día 3 de abril, la III Brigada Acorazada solo disponía de 18 carros ligeros, 26 M-13/40, y 12 Cruisers en estado operativo. Ya no era rival para el potente 5º Regimiento Panzer, y aún no había conseguido reunirse en Suluq.

El día 4 de abril, la División de Infantería Brescia tomaba Bengasi casi sin lucha: el DSG, con un solo Batallón de Infantería muy desgastado, un Grupo de Artillería incompleto y un Batallón Contracarro que había sufrido muchas pérdidas, era una unidad que no podía rivalizar con la División italiana, reforzada con los blindados de reconocimiento alemanes, y apoyada por la Luftwaffe. Por otra parte, los británicos no habían ordenado a su intacta 9ª División Australiana que defendiese la ciudad (lo que habría imposibilitado a los italoalemanes tomar Bengasi), por lo que seguía en sus posiciones originales al Este de la ciudad, preparando su evasión hacia Tobruk. De hecho, el intento de los italianos de avanzar hacia el Este por la vía Balbia, se topó con la firme resistencia de los australianos de la 9ª División, en un terreno que ya no era apto para el empleo de blindados.

El 5 de abril, el Eje tomaba Bir Tengeder, que no estaba guarnecido. Si, hasta la toma de Bengasi, Rommel se mantenía – con muchas licencias – dentro de las órdenes recibidas (aunque, en teoría, debía esperar la llegada de la 15ª División Panzer antes de iniciar ninguna acción ofensiva), la toma de Bir Tengeder, muy al Este de Bengasi, era una desobediencia manifiesta a las órdenes impartidas por Von Brauchitsch. Desde Bir Tengender, Rommel lanzó sus vanguardias hacia Mechili, al Norte y hacia El Timimi, en la costa, al Norte de Tobruk. Por su parte, la III Brigada Acorazada británica comenzó su repliegue desde Suluq hacia Mechili, por el Sur de las montañas de Cirenaica, mientras que la III Brigada Motorizada India recibió la orden de ocupar y defender Mechili, apoyándose en un antiguo fuerte italiano. El Cuartel General de la 2ª División Acorazada también comenzó su repliegue hacia Mechili.

El 6 de abril, el 5º Regimiento Panzer ocupaba Msus y se apoderaba de los depósitos logísticos de la III Brigada Acorazada. Fuerzas italoalemanas comenzaron a llegar a Mechili desde Bir Tengeder. Aunque su entidad no permitía un ataque en fuerza contra los infantes de la III Brigada Mecanizada India, sí resultaban suficientes para aislar la localidad y el fuerte. Por su parte, las vanguardias alemanas enviadas desde Bir Tengeder ocuparon El Timimi, y comienzaron reconocimientos hacia el Norte por la vía Balbia, en dirección a Derna. En un golpe de suerte, una de estas patrullas capturaba a los Generales O’Connor y Neame cuando se desplazaban en coche por la vía Balbia al Sur de Derna, sin ser conscientes de la proximidad de las fuerzas italoalemanas.

El 8 de abril, el 5º Regimiento Panzer, la División Acorazada Ariete y la mayoría de la 5º División Ligera llegan a Mechili, antes de que los restos de la III Brigada Acorazada llegasen a unirse a la III Brigada Motorizada India. Con estas fuerzas, Rommel realizó un vigoroso ataque sobre las posiciones británicas, tenazmente defendidas por los hindúes. Sin embargo, sin apenas medios contracarro y sin Artillería de Campaña (con la excepción de un solitario 18 pdr.), las posibilidades de éxito de los defensores eran muy escasas (como había sucedido con los infantes italianos pocos meses antes). En consecuencia, el ataque tuvo éxito y los alemanes ocuparon Mechili, haciendo 3.000 prisioneros (entre ellos, el General Gambier-Parry, jefe de la 2ª División Acorazada) y capturando gran número de vehículos y una importante cantidad de suministros.

La resistencia británica en Mechili había forzado a Rommel a debilitar las fuerzas enviadas hacia El Timimi y Derna, de forma que la mayor parte de las Brigadas de la 9ª División Australiana pudieron escapar del cerco (más teórico que real, dada la escasa entidad de las fuerzas del Eje que cerraban la via Balbia entre Derna y Tobruk), y llegar a Tobruk. Así, en esta ciudad se concentró toda la 9ª División Australiana, que recibió como refuerzo una Brigada de Infantería de la 7ª División Australiana, enviada apresuradamente desde Egipto. Así, el General Morshead, jefe de la 9ª División, disponía de cuatro Brigadas, más los restos de muchas unidades, totalizando unos 30.000 soldados, para enfrentarse a las mermadas fuerzas de Rommel, que apenas llegaban a los 25.000.

En teoría, la toma de Tobruk permitiría que los buques italianos abastecieran a las tropas italoalemanas directamente desde su puerto, en lugar de depender de la larguísima línea de comunicación hasta Bengasi o, incluso, hasta Trípoli. Sin embargo, la proximidad de Tobruk a las bases de la Mediterranean Fleet y de la R.A.F. en Egipto hacía muy arriesgado su uso. En cualquier caso, mientras los británicos mantuvieran Tobruk, las columnas terrestres italoalemanas de suministros dirigidos a la frontera con Egipto debían desviarse por el sur de la ciudad, dando un gran rodeo para mantenerse fuera del alcance de la eficaz artillería británica basada en ella, y por terreno no asfaltado, que las frecuentes tormentas de arena hacían impracticable. La necesidad de mantener el cerco de la ciudad (o, al menos, la de evitar que la guarnición pudiese ejecutar acciones ofensivas en coordinación con las tropas británicas en Egipto) obligaban a Rommel a dividir sus escasas fuerzas. Por ello, la toma de Tobruk resultaba muy necesaria para el Eje. Envalentonado por sus éxitos anteriores, Rommel intentó un ataque improvisado sobre Tobruk el 11 de abril, uno mejor preparado el 15 y un ataque deliberado y apoyado por artillería entre el 30 de abril y el 6 de mayo.

Todos ellos fracasaron. Como consecuencia, Rommel se vio obligado a iniciar un asedio. En ese periodo, los alemanes avanzaron hasta la frontera egipcia, ocupando Sollum y el estratégico paso de Halfaya.

El éxito defensivo de los australianos sorprendió a los alemanes. La 9ª División Australiana organizó un perímetro defensivo en profundidad. La defensa se articulaba en tres líneas: un perímetro exterior o ‘Red Line’, a unos 15 km de la ciudad, organizado sobre puntos fuertes aislados, guarnecidos por seis Batallones en primera línea y tres en reserva, una segunda línea defensiva o ‘Blue Line’, con una línea de trincheras situada a unos 12 km del centro de la ciudad, en la que desplegaban tres Batallones de Infantería, una tercera línea, la ‘Green Line’, en el límite del casco urbano. Una potente reserva móvil desplegaba al norte de la ‘Green Line’, compuesta por una Brigada de Infantería y la III Brigada Acorazada, ‘resucitada’ con las unidades de carros supervivientes, que disponía de una abigarrada mezcla de carros (4 Matilda-II, 23 Cruiser, 33 Mk-VI B y una treintena de coches blindados Marmon-Harrington) en estado regular. La Artillería era el punto fuerte de los australianos: disponían en total de 48 obuses 25-pounder (87,6 mm de calibre, proyectiles de 11,5 kg y 12.253 m. de alcance máximo ), doce 18-pounder (84 mm de calibre, proyectiles de 8,4 kg y 10.100 m. de alcance máximo) y 12 obuses de 4,5 pulgadas (114 mm de calibre, proyectiles de 16 kg y 6.700 m. de alcance máximo), junto con 113 cañones contracarro (entre 2-pounder – 40 mm de calibre, proyectiles de 900 gr. y 1000 m. de alcance – y cañones italianos capturados).

La ‘Red Line’ se organizó en puntos fuertes con defensa perimétrica en todas direcciones, en un amplio perímetro de una longitud de unos 45 km alrededor de la ciudad. Esta distancia impedía a la Artillería del Eje tener alcance sobre la plaza. Estos puntos fuertes (150 en total) se distribuían en dos líneas, la segunda de ellas a unos 500 m. detrás de la primera. En general, estos puntos fuertes tenían unos 80 m. de longitud y estaban guarnecidos por un Pelotón de Infantería (10 a 15 soldados); disponían para defensa inmediata de una pieza artillera (italiana, capturada), una ametralladora media y otra ligera, situadas en asentamientos protegidos de hormigón, y estaban rodeados de un foso contracarro, alambradas y campos de minas.

El primer ataque de Rommel el 11 de abril, improvisado, lo encabezaron los carros del 5º Regimiento Panzer. La Infantería australiana de la ‘Red Line’ simplemente dejó pasar a los carros alemanes, pero mantuvo sus posiciones y se empeñó sobre las unidades que los seguían (Infantería, Artillería…), que creían que la defensa había colapsado tras el paso de los carros. Hasta ese momento, los alemanes estaban habituados a que los defensores entrasen en pánico cuando los carros los sobrepasaban, por lo que las tácticas australianas fueron una desagradable sorpresa, que les costó numerosas bajas. Ni siquiera el apoyo de la Luftwaffe (obstaculizado por una nutrida Artillería Antiaérea y por la acción de los cazas británicos, muy próximos a sus bases) consiguió abrir paso a los (poco numerosos) italoalemanes. Algo similar ocurrió en el ataque del 15 de abril: nuevamente, la Infantería británica dejó pasar a los carros alemanes e italianos y se centró en detener a las unidades de Infantería y de Artillería que los seguían. En cuanto a los carros, la superioridad artillera británica los detuvo sin grandes problemas frente a la ‘Blue Line’, donde sufrieron el contraataque de los carros británicos, que forzó su retirada, tras perder diecisiete carros. Finalmente, el ataque organizado el 30 de abril se ejecutó con una enorme inferioridad artillera del Eje, con escasez de municiones y combustible y con un reducido apoyo aéreo, dado el incremento de efectividad de la R.A.F., por lo que, lógicamente, no tuvo éxito. En este ataque, Rommel llegó a emplear a casi toda su Infantería disponible, cinco Divisiones (cuatro italianas – cada una con solo seis Batallones de Infantería y muy escasas de Artillería – y una alemana). Para el 6 de mayo de 1.941, habían sufrido unos 1.200 muertos. En opinión de Rommel, este combate hizo ‘muy evidente que el adiestramiento de (…) la infantería (alemana e italiana) en la guerra de posiciones no llegaba al nivel de los británicos y australianos’. En realidad, la Artillería con que contaban los italianos y alemanes en África apenas era suficiente para el apoyo directo a sus tropas, y en ningún caso podía bastar para el ataque a una posición fuertemente defendida como era Tobruk.

El puerto más cercano utilizable por los italogermanos en ese periodo era el de Bengasi, a 450 km de Tobruk. Las instalaciones portuarias de Bengasi habían resultado muy dañadas en los combates, de forma que su capacidad teórica de 81.000 toneladas mensuales quedó reducida a menos de la mitad de esa cifra, y la puesta en servicio del puerto, incluso con esa capacidad reducida, llevaría varias semanas. La logística italoalemana no había sufrido en exceso gracias a los abastecimientos capturados en Msus y Mechili. Sin embargo, un mes después, ya se habían agotado.

Sorprendentemente, la Royal Navy no había hostigado el tráfico marítimo italiano hacia Libia: doctrinalmente, el paso previo para ejercer el dominio del mar era la destrucción de la flota enemiga (según las ideas clásicas de Alfred Thayer Mahan, en The Influence of Seapower upon History 1660-1783, que dominaban el pensamiento naval desde finales del s. XIX), por lo que la Royal Navy concentró sus esfuerzos en vigilar a la potente flota italiana, esperando destruirla en una batalla decisiva. Después de eso, ya habría tiempo para cortar el tráfico marítimo italiano. Sin embargo, los grandes buques italianos se mantuvieron en puerto, y la escolta de convoyes la realizaron buques menores (destructores y cruceros ligeros) que no merecieron la atención de la Royal Navy. Gracias a esto, Rommel pudo recibir una corriente ininterrumpida de suministros (125.000 toneladas en junio, con unas necesidades de 70.000), que, sin embargo, se amontonaban en los muelles de Trípoli, sin que los camiones italianos y alemanes fuesen capaces de llevarlos al ritmo necesario hasta la lejana frontera con Egipto: el Eje tenía en Libia unos diez mil camiones en total, con unas veinte mil toneladas de carga máxima; con un 50% de averías y diez días para ir y volver desde Trípoli a Sollum, esto hacía que Rommel solo recibiese 30.000 toneladas mensuales de las 70.000 que necesitaba. Si ya era difícil sostener a las fuerzas desplegadas, las labores de acumulación logística necesarias para organizar un asalto a la ciudad de Tobruk resultaban totalmente impracticables.

Sin embargo, el desplazamiento de los aviones del X Fliegerkorps desde Sicilia a los Balcanes en abril, para participar en la invasión de Yugoslavia y Grecia y, posteriormente en las operaciones contra Creta, dejó sin cobertura aérea el Mediterráneo central, lo que permitió a las fuerzas británicas basadas en Malta iniciar acciones ofensivas contra los convoyes italianos. A la vez, tras la derrota italiana en el Cabo Matapán, los británicos, conscientes de la importancia capital de esos convoyes para Rommel, comenzaron a dedicar fuerzas considerables a atacarlos. En julio de 1941, las pérdidas en los convoyes alcanzaron el 9%, en agosto el 19%, y, a partir de ese momento no hicieron sino crecer, complicando aún más la difícil situación logística de Rommel.

Conclusiones

La primera ofensiva de Rommel en Cirenaica puso de manifiesto que el empleo de unidades acorazadas solo podía hacerse con medios de transmisiones vía radio, y concediendo libertad de acción a los jefes de esas unidades. El intento del General Gambier-Parry de ‘controlar’ estrechamente a la III Brigada Acorazada desde el Cuartel General de la 2ª División Acorazada, a cientos de kilómetros de distancia y sin contacto directo con la situación, es una de las razones de que, al final, la III Brigada tuviera una actuación poco eficaz.

Por otra parte, el enfoque interarmas de los alemanes se demostró mucho más eficaz que el británico, en el que cada Arma tenía el ‘monopolio’ sobre un tipo de medios. En el sistema británico de 1941, la defensa contracarro se confiaba a la Artillería de la División (que incluía uno o más Batallones Contracarro), privando a su Infantería de armas específicas o siquiera aptas para destruir carros (a las unidades de Infantería se les asignaron los obsoletos 2 pounder que la Artillería había desechado, y que eran inútiles contra los Panzer-III y IV). En realidad, la idea sobre la que se basaba la filosofía contracarro británica era correcta: puesto que los carros constituían la amenaza principal, el ‘esqueleto’ de la defensa ya no debía ser la ametralladora, como en 1918, sino las armas contracarro.

Sin embargo, la puesta en práctica de esta idea reflejaba los burocráticos procedimientos de Estado Mayor que plagaban al Ejército Británico de la época: para empezar, los jefes británicos (educados en la ‘methodical battle’) dividían sus medios contracarro de forma equilibrada por todo el frente. Así, cuando se enfrentaban al ataque concentrado de los carros enemigos, siempre operaban en inferioridad numérica local, mientras que la mayoría de los medios contracarro no llegaba nunca a entrar en combate… En realidad, en 1941 la Infantería regular alemana no estaba mejor dotada que la británica de medios contracarro, pero las Divisiones de Infantería empleaban su Batallón Contracarro como una reserva muy móvil, que, en caso de una ruptura del frente de su Infantería con medios acorazados, desplegaba reunida organizando una emboscada contracarro contra ella. La idea ‘tanks only’ que presidía la doctrina británica de la época hacía que los carros británicos careciesen del apoyo de su Infantería o de su Artillería para enfrentarse a los cañones contracarro alemanes.

Además de ello, los planes contracarro se gestaban a nivel División (más precisamente, en la célula de Artillería del Cuartel General de la División) y acababan por determinar el despliegue de la División en su conjunto, sin que los jefes de los Batallones de Infantería tuviesen ninguna intervención en ellos. Con tres niveles de mando entre el Jefe de un Batallón de Infantería y el plan contracarro (la Brigada de Infantería, la División de Infantería y la Artillería de la División), la capacidad de los Jefes de los Batallones de Infantería de influir en estos planes era nula, por lo que los Jefes de Batallón no tenían más remedio que acomodar su despliegue a estos planes, que apenas tenían en cuenta las particularidades de cada zona de acción. En oposición, los Jefes de los Batallones de Infantería alemanes decidían por sí mismos los detalles de su despliegue, por lo que su defensa estaba mejor adaptada a las características locales de su zona de acción. Cuando se producía un ataque de carros enemigo, intentaban retardarlo, pero no detenerlo (ya se ocuparía de ello la reserva de la División), y se empeñaban sobre las unidades que seguían a los carros, como hicieron con éxito los australianos en Tobruk.

La batalla de Mechili es una buena muestra de la escasa capacidad contracarro de la Infantería británica: inicialmente, los italoalemanes se limitaron a cercar el fuerte y batirlo con Artillería de Campaña, desde fuera del alcance de las armas de los infantes británicos. En realidad, estaba previsto que medios contracarro de la 9ª División Australiana reforzasen a la III Brigada Motorizada Hindú, pero el avance alemán bloqueó los accesos a la posición. Carentes de Artillería de Campaña o de cañones contracarro, la Infantería británica no tenía más alcance que el de sus fusiles y ametralladoras y carecía casi completamente de capacidad contracarros (exceptuando a un solitario obús 18 pounder). Inicialmente, los cercados británicos efectuaron numerosas salidas aprovechando la gran movilidad que les concedían sus vehículos, incursiones que causaron muchos problemas a los sitiadores, que no disponían de unidades de Infantería o de carros para proteger a su Artillería. Sin embargo, la llegada de los carros del 5º Regimiento Panzer y de la Infantería de la 5ª División Ligera imposibilitaron estas salidas, de manera que los británicos acabaron sufriendo la misma situación que los italianos pocos meses antes: su Infantería estaba inerme frente a los carros y la Artillería enemigos, que los batía a placer, impunemente.

En el lado opuesto, la defensa de Tobruk mostró a unas tropas británicas capaces de operar con éxito en un combate interarmas. Sin embargo, este triunfo fue más el resultado de la particular composición de las tropas refugiadas en Tobruk (particularmente bien equipadas de Artillería) y de las acertadas medidas tomadas por el general Morshead, pero no de un cambio doctrinal deliberado que apartase a los británicos de su idea de ‘tanks only’. Es interesante subrayar las similitudes de los procedimientos empleados por los australianos en Tobruk con la defensa que los franceses emplearon en Amiens en junio de 1940: los ‘erizos’ empleados por los franceses eran mayores que los puntos fuertes del perímetro de los australianos, pero la idea era la misma, y sus resultados también fueron similares.

El teatro de operaciones de Libia se caracterizaba por su enorme tamaño en relación con la entidad de las fuerzas empleadas. Pese a ello, los británicos intentaron desplegar en frentes continuos donde el terreno lo permitía (Mersa Brega, Bengasi, las líneas interiores en Tobruk…), pero la densidad de ocupación del terreno era muy baja, además de que, siempre que fue posible, se desbordaron las defensas por el flanco del desierto, por lo que no se reprodujo la situación de frentes estáticos de la Primera Guerra Mundial. De la misma manera, las penetraciones tanto británicas como italoalemanas por el desierto para envolver por el sur a sus enemigos situados sobre la vía Balbia, eran operaciones en los que la autonomía logística y la despreocupación por los flancos eran imprescindibles, lo que contrastaba con la experiencia del Frente Occidental de la Primera Guerra Mundial en la que habían aprendido todos los Generales que combatían en Libia. No es extraño que, en un medio nuevo (el desierto) y teniendo que aplicar métodos también nuevos, algunos de ellos no lograsen adaptarse a tiempo (caso de Neame, Gambier-Parry y, antes, de Graziani). La ofensiva de 1941 confirmó una de las conclusiones principales del éxito británico de la Operación ‘Compass’: el peso del combate en el desierto residía en las unidades acorazadas, mientras que, en palabras de Rommel, el papel de la infantería en la guerra del desierto era ‘ocupar y mantener las posiciones asignadas para impedir al enemigo realizar determinadas operaciones o forzarle a hacer otras’.

Durante esta campaña (como ya había hecho en Francia), Rommel actuó tanto de Jefe del Afrika Korps como de observador avanzado de fuegos. Desde su vehículo de mando o desde su avión de enlace, a menudo ordenaba por radio fuego de artillería (o en algunos casos el lanzamiento de bombas por Stukas) sobre objetivos de oportunidad. Para eliminar la necesidad de codificar estas órdenes y agilizar el proceso, utilizó una técnica conocida como ‘línea de amenaza’, una línea trazada entre dos puntos característicos del terreno, fácilmente identificables, y conocida por todos los implicados, que servía como referencia para designar a partir de ella cualquier punto del terreno. Este método permitía además paliar la baja calidad de la cartografía disponible.

En la primavera de 1941, Rommel disfrutó de un importante grado de superioridad aérea. Es decir, como en Polonia y como en Francia, la Wehrmacht operó en Libia sin temer a la acción de la Aviación enemiga. Las consecuencias de tener que combatir sin superioridad aérea todavía no eran evidentes para los Ejércitos alemanes.

La carencia de experiencia logística de Rommel y su falta de confianza en los cálculos de su Estado Mayor se pusieron de manifiesto en sus osadas penetraciones, que llevaban a sus fuerzas mucho más allá de lo que su logística permitía, por lo que, al final de su avance se encontraban siempre al borde del desastre por falta de abastecimientos. La ofensiva de 1941 fue la primera de estas ocasiones, pero no la última.

Carlos Javier Frías Sánchez

Carlos Javier Frías Sánchez es General de Brigada y Director de la Escuela de Guerra del Ejército de Tierra español

Ver todos los artículos
Carlos Javier Frías Sánchez