Planes
Como se ha citado, la llegada de Montgomery a la jefatura del 8º Ejército no supuso un cambio radical en los planes en curso, con algunas excepciones. Para empezar, se cancelaron todos los planes de evacuación de Alejandría. Además de ello, el plan defensivo que habían trazado Gott y Auchinleck se modificó en algunos aspectos importantes:
- Se cancelaron las acciones de retirada previstas por parte de los australianos de la 9ª División y de los neozelandeses de la 2ª, de manera que estas unidades mantendrían sus posiciones. Como consecuencia, todos los vehículos de transporte no esenciales de ambas divisiones se retiraron de las posiciones avanzadas y se enviaron hacia Egipto.
- Como consecuencia de esta decisión, la posición clave de Alam Halfa no sería defendida por los veteranos neozelandeses. Se confió esta misión a la recién llegada 44ª División de Infantería británica, que había sido adiestrada por Montgomery en el Reino Unido, pero que carecía de experiencia real de combate.
- En el esquema concebido por Achinleck y Gott, el previsto ataque alemán hacia Alam Halfa sería detenido por la Infantería atrincherada (convenientemente reforzada con cañones contracarro y Artillería), y sería destruido por un contrataque de la XXII Brigada Acorazada, que había concentrado todos los carros de combate restantes.
- Sin embargo, ni Montgomery, ni el General Horrocks (nuevo jefe del XIII Cuerpo en sustitución del fallecido Gott), tenían experiencia en el empleo de unidades acorazadas, que, además, habían sido reconstituidas con numeroso personal recién llegado del Reino Unido. Como consecuencia, se anuló el previsto contraataque: los carros de la XXII Brigada Acorazada tomarían posiciones estáticas en Alam Halfa, previamente reconocidas y organizadas, y combatirían desde ellas, mientras que la 44ª División desplegaría al Noreste, para evitar un posible desbordamiento alemán de la posición. La llegada de refuerzos permitía además contar con dos Brigadas Acorazadas adicionales (VIII y XXIII), que, en caso de necesidad, podrían contratacar o reforzar a la XXII Brigada.


Estas disposiciones implicaban que el 8º Ejército combatiría una batalla defensiva totalmente estática, al estilo de la PGM. Así, tras años de intentar adaptarse a la “guerra de movimiento” del Panzerarmee, las fuerzas británicas en el Norte de África se aprestaban a combatir una “methodical battle” como las de 1918.
En realidad, era la opción más lógica desde el punto de vista militar: en las ya lejanas operaciones de 1940 y 1941, una pequeña fuerza británica se había enfrentado a un Ejército italiano mucho más numeroso. Como consecuencia, había recurrido a la “guerra de movimiento”, mucho más arriesgada, pero su mejor opción para derrotar a un enemigo más numeroso y dotado de mayor potencia de fuego. Sin embargo, en agosto de 1942, la situación había cambiado completamente: los británicos no cesaban de recibir nuevos refuerzos y contaban con una holgada superioridad sobre los italoalemanes. Como citamos anteriormente, al hablar de la evolución doctrinal en el periodo de entreguerras, la “methodical battle” (la “bataille conduite” francesa), correctamente aplicada, es el camino más seguro hacia la victoria para el contrincante industrialmente más poderoso… Y en ese momento, ése era el caso de los británicos: solo en agosto de 1942, el 8º Ejército recibió 446 cañones, 254 carros de combate, 3289 vehículos y más de 72.000 toneladas de suministros diversos. La mayoría de los carros llegados eran los eficaces Grant, junto con piezas de recambio necesarias para recuperar muchos de estos carros que estaban inutilizados por falta de ellas.
Como consecuencia de estos refuerzos, se organizaron nuevas unidades en el seno del 8º Ejército. El X Cuerpo de Ejército, que anteriormente solo existía como elemento de encuadramiento de las unidades que iban llegando a Egipto, pasó a constituirse como una unidad de combate, reuniendo a la 1ª División Acorazada (con la II Brigada Acorazada – en proceso de recibir nuevos carros -y una Brigada de Infantería también en reorganización) y a la 10ª División Acorazada (con la VIII Brigada Acorazada – dos Batallones de Grant y un tercero de Crusader – , la XXIV Brigada Acorazada – que perdió sus carros en beneficio de la XXIII Brigada Acorazada, recibiendo nuevos medios en septiembre de 1942 -, la CXXXIII Brigada de Infantería y numerosas unidades divisionarias). En teoría, disponía de una tercera División Acorazada (la 8ª), pero nunca llegó a operar como tal. Sus unidades se agregaron a otras Divisiones, siendo la más destacada la XXIII Brigada Acorazada, que ya había combatido en la primera batalla de El Alamein, sufriendo fuertes bajas. En agosto de 1942 se había reorganizado, con carros procedentes de la recién llegada XXIV Brigada Acorazada, disponiendo de tres Batallones Acorazados con unos 186 Valentine, y recibió adiestramiento para apoyo a la Infantería. Inicialmente, constituía el núcleo de la reserva del XXX Cuerpo de Ejército.
Por su parte, el XIII Cuerpo de Ejército disponía de dos Divisiones de Infantería (la 50ª y la 44ª británicas) y de la 7ª División Acorazada, compuesta por la IV Brigada Acorazada Ligera (dotada de los rápidos carros M-3 Stuart y de vehículos blindados de reconocimiento sobre ruedas), por la XXII Brigada Acorazada, con tres Batallones Acorazados, con un total de 57 Grant, 47 Crusader y 19 Stuart), y la 7ª Brigada de Infantería Motorizada.
El XXX Cuerpo de Ejército agrupaba el grueso de las unidades de Infantería que defendían el sector Norte: la 9ª División Australiana, en la zona de Tel el Eisa, la 1ª División Sudafricana en El Alamein, la 51ª División de Infantería al Norte de Deir el Shein, la 4ª División India en Ruweisat y la y la 2ª neozelandesa entre Ruweisat y la pequeña altura de Alam Nayil. Muchas de estas unidades habían sufrido importantes bajas en los combates pasados y en ningún caso estaban al completo de personal y medios.
En total, los británicos contaban con más de 800 carros de combate, junto con una amplia superioridad en Artillería, Infantería, Ingenieros y, sobre todo, medios aéreos.
Por su parte, el Panzerarmee Afrika había recibido refuerzos sustanciales desde los últimos combates, disponiendo de 234 carros alemanes y 281 carros italianos. Sin embargo, seguía críticamente escaso de Infantería eficaz (las unidades de Infantería italianas, mayoritarias en el Panzerarmee, estaban muy escasas de vehículos, medios contracarro y, sobre todo, de moral, lo que las hacía apenas útiles para acciones defensivas poco exigentes). Rommel había recibido por vía aérea a la 164ª División de Infantería Afrika y a la Brigada Paracaidista Ramcke. Estos refuerzos presentaban muchos inconvenientes: habían llegado sin vehículos ni equipo pesado, lo que los hacía poco aptos para acciones móviles. Como consecuencia, Rommel los asignó a los Cuerpos de Ejército italianos, para darles una cierta capacidad defensiva. Sin embargo, había un aspecto en el que la situación del Panzerarmee era angustiosa: el combustible. Pese a las promesas recibidas del mando italiano, las acciones británicas desde Malta hacían extraordinariamente difícil suministrar combustible a las fuerzas del Eje desplegadas en el Norte de África. E, incluso cuando los buques italianos eran capaces de cruzar el Mediterráneo, la tiranía de la distancia se imponía: casi el 75% de combustible recibido se empleaba en transportar el 25% restante desde las lejanas bases de Trípoli y Bengasi…
Como habían previsto Auchinleck y Gott, Rommel esperaba repetir el movimiento de envolvimiento hecho en Gazala, pero para ello necesitaba sorprender a los británicos (como había hecho en esa ocasión), convenciéndoles de que el ataque se produciría en otro lugar del frente y, además, necesitaba el combustible suficiente para llevar su medio millar de carros y a sus miles de vehículos de apoyo hasta la retaguardia del 8º Ejército. Para obtener la sorpresa, Rommel decidió recurrir a mover sus carros durante la noche, para lo que necesitaba un periodo de luna llena, previsto para el 26 de agosto. Su plan era sencillo: avanzaría por la noche todo lo posible hacia el Este, para girar al Norte una vez superado Alam Halfa, y alcanzar el mar al Este de esa posición. Es decir, que el envolvimiento previsto por Rommel era mucho más amplio de lo esperado por los británicos. En consecuencia, en teoría era posible los carros de Rommel pudiesen envolver las defensas británicas.
Sin embargo, para esta operación, Rommel necesitaba 6.000 toneladas de carburante, de las que no disponía. Así, la operación tuvo que posponerse varias veces, hasta que Rommel decidió emprenderla la noche del 30 de agosto. No había recibido el combustible solicitado, pero tuvo que dar por buenas las promesas de que éste iría llegando a lo largo de la operación. En realidad, era su última oportunidad para ejecutar esta operación: pasado el 30 de agosto, perdería la luna llena, y aplazar el ataque un mes daría tiempo a los británicos a hacer mucho más fuerte su posición. Así, el Afrika Korps partió a la ofensiva con una autonomía de 150 km… si el terreno era bueno.

El esquema de maniobra previsto, las dos Divisiones Acorazadas del Afrika Korps llevarían el esfuerzo principal, con su flanco derecho cubierto por una agrupación que reunía todos los vehículos blindados de ruedas disponibles, mientras que el flanco izquierdo estaría protegido por la 90ª División Ligera (que debía fijar e inmovilizar a la 2ª División Neozelandesa), mientras que el XX Cuerpo de Ejército italiano (Divisiones Acorazadas Ariete y Littorio) se encargarían de rechazar cualquier reacción británica procedente de la zona de Alam Halfa. Las Divisiones de Infantería italianas (convenientemente reforzadas por la 164ª División alemana y la Brigada Paracaidista Ramcke) mantendrían el frente y realizarían incursiones limitadas para intentar confundir a los británicos sobre el lugar real del ataque.
Desarrollo
Como vemos, el plan de Rommel era escasamente original (esencialmente, el mismo aplicado en Gazala, pero también el empleado por los británicos en Compass, Battleaxe,,,), pero, además, en su diseño se carecía de información clave sobre el despliegue defensivo británico. En efecto, desde la pérdida de su unidad de guerra electrónica encargada de interceptar las comunicaciones radio del 8º Ejército, la capacidad del Panzerarmee de descubrir el dispositivo británico era enormemente reducida. En el caso opuesto, la recién obtenida capacidad de los británicos de desencriptar el tráfico radio alemán que empleaba las máquinas Enigma, permitía al mando británico conocer con bastante seguridad las intenciones de Rommel. Esto suponía un cambio fundamental en la eficacia de los planes de ambos bandos.
Además de ello, la situación aérea se iba decantando de forma cada vez más acusada a favor de los aliados. Las demandas del frente del Este sobre la Luftwaffe, el esfuerzo necesario para neutralizar las fuerzas británicas en Malta y la “tiranía de la distancia” (la cada vez mayor lejanía de las bases aéreas disponibles a las zonas de combate) disminuían progresivamente la capacidad de la Luftwaffe para apoyar al Panzerarmee. Recordemos que la exitosa doctrina de combate alemana se basaba en una estrecha cooperación entre las unidades motorizadas y las fuerzas aéreas. Sin ella, la blitzkrieg perdía prácticamente toda su eficacia. Inversamente, los británicos se encontraban progresivamente más cerca de sus bases, al tiempo que recibían una ingente cantidad de recursos procedente de sus aliados norteamericanos, lo que hacía que las capacidades de la Desert Air Force fueran cada vez mayores. Este incremento de medios se unía a una notable mejora de los procedimientos de la R.A.F. para efecutar misiones de apoyo a los combates terrestres, en un cambio radical desde su doctrina original de “poder aéreo estratégico”. Nuevamente, un elemento fundamental de los éxitos de Rommel había “cambiado de bando”.
El plan de Rommel se basaba en la sorpresa y en la velocidad. Dada la desproporción de fuerzas, la clave del éxito estribaba en alcanzar el mar a retaguardia de las posiciones del 8º Ejército antes de que los británicos fuesen capaces de reaccionar. De esta manera, ante el riesgo de quedar rodeado, Rommel esperaba que el 8º Ejército emprendiese una apresurada retirada, como había sucedido pocas semanas atrás en Mersa-Matruh, en una situación muy similar. En consecuencia, el plan establecía un exigente calendario de avance: a las 03:30, el Afrika Korps debería haber cruzado los campos de minas defensivos británicos situados al Oeste de las posiciones defensivas, repostaría y continuaría su avance hacia el Este. A las 04:30 habría avanzado lo suficiente hacia el Este como para dejar a retaguardia el macizo de Alam Halfa, momento en que giraría al Norte para dirigirse hacia la costa. Idealmente, el Afrika Korps llegaría al mar antes de amanecer, lo que permitiría que la parte crucial de la operación se realizase durante el arco nocturno, impidiendo la acción de la R.A.F. Después de amanecer, las unidades alemanas estarían en un lugar inesperado y enormemente próximas a las británicas lo que haría muy compleja la ejecución de acciones de apoyo aéreo no planeadas.
La noche del 30 al 31 de agosto, las unidades italoalemanas iniciaron su avance. Pese a sus esfuerzos por ocultar sus movimientos, los británicos estaban prevenidos, tanto por las interceptaciones del tráfico radio de Enigma, que fijaban la dirección y fechas probables del ataque, como por el citado análisis de Auchinleck y Gott, que preveía la maniobra que intentaría Rommel. Como consecuencia, poco antes de media noche, las vanguardias del Panzerarmee entraron en contacto con las unidades de reconocimiento de la VII Brigada Motorizada: la sorpresa había fallado. La VII Brigada Motorizada solicitó a la R.A.F. que bombardease las concentraciones de vehículos enemigos que esperaban a que los ingenieros abriesen brechas en los campos de minas para atravesarlos. La Desert Air Force había incrementado enormemente su capacidad de bombardeo nocturno en las fechas previas al combate, de forma que las acciones solicitadas por la VII Brigada Motorizada estaban perfectamente dentro de sus capacidades: así, hacia las 00:30, aparatos Fairey Albacore se dedicaron a lanzar bengalas iluminantes para proporcionar objetivos a los bombarderos Wellington, Boston y Baltimore, mientras que los vehículos alemanes se encontraban detenidos frente a los campos de minas todavía sin abrir. Además, las bengalas de los Albacore proprocionaban suficiente iluminación para los cañones anticarro 6-pounder, los morteros y las ametralladoras situados al Este de los campos de minas, lo que puso aún más difícil la labor de los ingenieros alemanes encargados de abrir las brechas, al tiempo que los Universal Carrier de la VII Brigada hostigaban incesantemente a las unidades alemanas que intentaban cruzar los estrechos pasos a través de los campos. Solo pasadas las 04:30, los alemanes consiguieron reunir suficientes fuerzas al Oeste de los campos de minas como para obligar a la VII Brigada a retirarse, protegida por los medios acorazados de la IV Brigada Acorazada Ligera. Y solo a las 05:00, los ingenieros alemanes pudieron asegurar el suficiente número de pasos como para permitir un avance en fuerza. Para esa hora, los carristas alemanes habían sufrido dieciocho ataques aéreos nocturnos. En uno de ellos, muy poco después, resultó destruido el Puesto de Mando del Afrika Korps, siendo herido seriamente su jefe, el General Nehring, que fue sustituido por el Coronel Bayerlein. Poco tiempo después resultó muerto por fuego de mortero el jefe de la 21ª División Panzer, General Von Bismarck. Estas bajas y los consiguientes procesos de sucesión de mando supusieron retrasos adicionales en el avance de las unidades alemanas.
Por su parte, los ataques diversivos realizados en otros sectores del frente obtuvieron éxitos locales, pero no consiguieron engañar al mando británico, consciente de la maniobra de Rommel.
A las 08:00, ya a plena luz del día, el grueso del Afrika Korps apenas había avanzado cuatro kilómetros al Este de los campos de minas, y los vehículos de reconocimiento escasamente quince. En ese momento era evidente que la sorpresa – elemento clave del plan – había fallado. Además de ello, los combates habían forzado a un consumo de combustible mucho mayor del esperado y, además, las promesas de recibir combustible que había hecho el mando italiano también no se habían cumplido. En realidad, las opciones a las que se enfrentaba Rommel no resultaban nada atractivas: cesar la ofensiva implicaba retirarse a través de los estrechos pasos en los campos de minas, bajo la presión de un enemigo envalentonado y sufriendo constantes ataques aéreos, pero continuar la ofensiva prevista resultaba imposible con el combustible disponible. Como decía uno de sus competentes oficiales de Estado Mayor, Von Mellenthin, “una División Acorazada sin combustible no es más que un montón de chatarra”. La única opción aparentemente viable era anular el amplio envolvimiento previsto – para el que no disponía de suficiente combustible -, y dirigirse inmediatamente hacia la costa desde la posición actual del Afrika Korps, en un movimiento mucho más corto. Esto implicaba atravesar el macizo de Alam Halfa, justo la maniobra que esperaban Auchinleck y Gott, y para la que se había preparado todo el dispositivo defensivo británico.
Así, el Afrika Korps inició su avance hacia el Norte, siendo continuamente hostigado por la 7ª División Acorazada (VII Brigada Motorizada y IV Brigada Acorazada Ligera). Los continuos combates retrasaban su progresión e incrementaban su consumo de combustible. Para fortuna de Rommel, una tempestad de arena se desencadenó en la zona de los aeródromos británicos, por lo que la actividad aérea británica fue muy escasa, al tiempo que el Afrika Korps continuó su avance con una visibilidad limitada a 100 m. Sin embargo, los aeródromos italianos y alemanes escaparon de esta tormenta por lo que pudieron prestar apoyo al Afrika Korps, si bien muy poco eficaz por la falta de visibilidad en la zona de combate.
El avance de los carros alemanes hacia el Norte confirmaba las previsiones británicas. Consecuentemente, la XXIII Brigada Acorazada avanzó hacia el Sur para cubrir el espacio entre la 2ª División Neozelandesa y las posiciones defensivas de la XXII Brigada Acorazada en Alam Halfa, para evitar que los carros alemanes pudiesen desbordar la posición de Alam Halfa por el Oeste. Esto redujo los carros disponibles para apoyar a las Divisiones de Infantería a una sola Compañía por División, riesgo asumible, conociendo las limitaciones ofensivas de la Infantería del Panzerarmee.
Sin embargo, la tormenta de arena impedía conocer con exactitud la dirección de avance de los carros alemanes. Cuando los británicos detectaron el avance de la 15ª División Panzer, en el extremo derecho del avance alemán, bien al Este de Alam Halfa, llegaron a pensar que los alemanes pretendían envolver Alam Halfa por el Este (que era el plan original de Rommel). En consecuencia, alertaron a la VIII Brigada Acorazada para que preparase un contraataque contra el flanco alemán, una maniobra arriesgada, al enfrentar una unidad muy bisoña contra los veteranos del Afrika Korps en un tipo de combate en el que eran especialistas.

Finalmente, la tormenta de arena se apaciguó, y los carros alemanes acabaron en una batalla contra los carros británicos de la XXII Brigada Acorazada, atrincherados en Alam Halfa. Esta batalla presentó sorpresas por ambos bandos: los alemanes se vieron sorprendidos por la barrera contracarro de los 6-pounder, perfectamente camuflados en el terreno, y por la disciplina de fuegos de los británicos, que no comenzaron a disparar hasta que los carros alemanes estaban dentro de los 900 m. de alcance eficaz de sus armas; otra sorpresa fue el potente fuego de Artillería de Campaña del que disponían los defensores. Para sorpresa británica, por primera vez en la campaña, el avance alemán estaba encabezado por los Panzer-IV, algo inusual por la escasa capacidad contracarro de su cañon corto de 75 mm. Sin embargo, esta vez, los Panzer-IV estaban dotados de un cañón de 75 mm. mucho más largo y de alta velocidad, con un alcance eficaz contra los carros británicos muy superior a los 900 m. del 75 mm. de los Grant. Pronto, doce de los quince Grant del Batallón que cubría el sector frontal del frente (County of London Yeomanry, con una Compañía con quince Grant y otra con otros tantos Cruiser) fueron rápidamente destruidos por el fuego de los nuevos Panzer-IV, sin que los británicos pudieran realizar un fuego eficaz de respuesta, por más que los carros alemanes situados dentro de su alcance sufrieran numerosas bajas. Aparentemente, solo el denso fuego de apoyo de la Artillería británica mantenía detenidos a los alemanes. Pese a ello, al final de la tarde, los carros alemanes de la 15ª División Panzer avanzaron por el flanco izquierdo, amenazando las posiciones de los 25-pounder de la Artillería de Campaña de la Brigada, pero de forma inexplicable para los británicos, cesaron en su avance. Durante la noche, la Desert Air Force ejecutó una cadena casi ininterrupida de ataques nocturnos sobre los inmóviles vehículos alemanes, al tiempo que patrullas de infantería británica, junto con ingenieros, se infiltraron en las líneas enemigas para destruir los carros enemigos averiados. El jefe de la XXII Brigada, General “Pip” Roberts, un veterano carrista de las campañas del desierto, estaba sorprendido de la falta de acometividad del Afrika Korps: en su opinión, un ataque más decidido hubiera conseguido romper la defensa de su Brigada, conducta que atribuyeron al cansancio de los soldados alemanes. Las pérdidas alemanas se estimaban en unos ochenta carros.
A la mañana siguiente, 2 de septiembre, los alemanes hicieron unos tímidos ataques en el flanco Este de la XXII Brigada Acorazada, apoyados por Artillería, y se enfrentaron al contraataque de la VIII Brigada Acorazada, en una batalla móvil. Por la tarde, la 21ª División Panzer también ensayó un ataque poco decisivo por el flanco Oeste, que se saldó en un nuevo fracaso ante la llegada al sector de la XXIII Brigada Acorazada, que se desplegó en posiciones fijas en las pequeñas alturas de Deir el Hima. A lo largo del día, las unidades alemanas se fueron retirando escalonadamente: la ofensiva de Rommel había fracasado.
En realidad, la falta de acometividad de los alemanes respondía esencialmente a la penuria de combustible, que ni siquiera permitía mover todos los carros disponibles. La tormenta de arena había incrementado enormemente el consumo de los vehículos, y la acción de la Desert Air Force y de las brigadas de la 7ª División Acorazada hacía difícil y costosa la labor de las mermadas columnas de reabastecimiento alemanas e italianas. De hecho, los escasos suministros que llegaron apenas si sirvieron para retirar los carros fuera del alcance enemigo, e, incluso así, muchos vehículos intactos quedaron abandonados en el campo de batalla por falta de combustible.

Consciente de la retirada alemana, Montgomery decidió iniciar una operación ofensiva destinada a cerrar las brechas en los campos de minas, prevista entre el 3 y el 4 de septiembre, de forma que el Afrika Korps quedase “embotellado” al Oeste de esos campos. Sin embargo, no se atrevió a ordenar a sus Brigadas Acorazadas que persiguiesen a los alemanes en retirada, consciente de la mayor experiencia del Afrika Korps en combates móviles. Los ataques planeados para cerrar las brechas se saldaron con enconados combates, pero los alemanes consiguieron mantenerlas abiertas y evacuar sus medios, pese al continuo hostigamiento de la Desert Air Force y de la 7ª División Acorazada. Otras tímidas operaciones ofensivas en el sector del XXX Cuerpo de Ejército se saldaron con fracasos. Para el 7 de septiembre, los alemanes habían vuelto a sus líneas de partida, y la batalla había finalizado.
Conclusiones
La segunda batalla de El Alamein supuso un cambio importante en el desarrollo de la guerra en el desierto. Por un lado, los británicos renunciaron a sus intentos de emular a los alemanes en su competencia en guerra móvil, y plantearon una batalla estática, basada en la fortificación, los obstáculos y los fuegos. En realidad, mientras que los italoalemanes emplearon casi todas las tropas disponibles, los birtánicos apenas empeñaron una fracción de ellas: la renuencia de Montgomery a emplear sus Brigadas Acorazadas en acciones ofensivas y su decisión de retirar a las Brigadas de Infantería sus medios de transporte hicieron que el Panzerarmee pudiera retirarse con relativa seguridad, pese a los constantes ataques aéreos y a los tímidos intentos británicos de cerrar las brechas en sus campos de minas. En ese sentido, Montgomery se limitó a plantear una batalla defensiva, sin tener prevista y planeada una explotación del éxito de su defensa.
En la difícil situación del Panzerarmee entre el 2 y el 7 de septiembre, un contraataque de las numerosas Brigadas Acorazadas disponibles en el 8º Ejército podría haber supuesto la completa derrota del Panzerarmee. Sin embargo, esta maniobra fue expresamente prohibida por Montgomery. En la práctica, Montgomery se aseguró de que el 8º Ejército no cometiese ningún error crucial que pudiera costarle la victoria. La falta de combustible del Panzerarmee y la superioridad aérea alcanzada por la Desert Air Force fueron suficientes para decantar el resultado de la batalla del lado británico. Las pérdidas fueron similares: los británicos perdieron 67 carros y 15 cañones contracarro, y tuvieron 1750 bajas, mientras que los italoalemanes perdieron 49 carros, 55 cañones y 1859 bajas alemanas y 1051 italianas. Sin embargo, los italoalemanes perdieron gran cantidad de vehículos de transporte, lo que reducía enormemente su capacidad de maniobra, más aún después de ser reforzado con dos grandes unidades casi completamente desprovstas de vehículos (la 164ª División de Infantería y la Brigada Paracaidista Ramcke).
Por parte de Rommel, la razón principal del fracaso estribó en la falta de combustible. En sus memorias, Rommel culpa de esta falta a la ineficacia de los italianos, pero, en realidad, el competente Estado Mayor del Panzerarmee era consciente desde el principio de la campaña de las enormes limitaciones de los medios logísticos disponibles: los puertos disponibles tenían capacidades reducidas, y la distancia al campo de batalla hacía necesario disponer de miles de camiones que, a su vez, consumían cantidades enormes de combustible. No siquiera el uso de miles de vehículos británicos capturados (en el verano de 1942, el 85% de la capacidad de transporte del Panzerarmee se basaba en el empleo de camiones británicos) permitía asegurar el transporte de abastecimientos desde los lejanos puertos de Trípoli o Bengasi. Es decir, independientemente de las dificultades que pudieran presentar los italianos, los problemas logísticos del Panzerarmee eran inevitables y conocidos por Rommel y por su Estado Mayor. Sin embargo, Rommel no tuvo en cuenta esos cálculos logísticos y aceptó, de manera muy voluntarista, las promesas de abastecimiento de Comando Supremo italiano y del Mariscal Kesselring.
La pérdida de capacidad de transporte del Panzerarmee tenía implicaciones más profundas de lo aparente: recordemos que la práctica habitual de Rommel tras un fracaso importante había consistido en retirarse hacia Libia para acortar sus líneas de comunicaciones y reconstituir sus fuerzas. La pérdida de los camiones implicaba que esa rápida retirada hacia Libia no era posible sin abandonar a la casi totalidad de la Infantería, y, con ella, una parte imprescindible de la capacidad de combate del Panzerarmee. Además de ello, sin camiones, Rommel no podía equipar a las tropas alemanas recién llegadas con cañones de algún tipo (como los 76,2 mm. rusos que equipaban a la Infantería de la 90ª División Ligera o los muchos 25-pounder capturados disponibles), lo que dejaba a su Infantería sin movilidad y sin capacidad de defensa contracarro. En cualquier caso, la situación del Panzerarmee seguía siendo crítica: su línea de abastecimiento seguía siendo igual de larga que antes de la batalla, las fuerzas británicas en Malta eran cada vez más eficaces, al tiempo que la marina mercante italiana era cada vez reducida. Por otro lado, la situación en el aire era progresivamente más desfavorable para los italoalemanes, lo que aumentaba la presión sobre los convoyes logísticos del Eje, impedía concentrar a las tropas, reducía enormemente la eficacia del reconocimiento (y del conjunto del sistema de Inteligencia). Y, sobre todo, las capacidades del 8º Ejército no cesaban de incrementarse, al compás de la creciente llegada de material norteamericano.
