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Alonso Ramírez, el primer tirador de precisión documentado: un portugués al servicio de Pedro Madruga

Cuando hablamos de tirador de élite, o tirador de precisión, viene a nuestra mente un soldado situado en un lugar remoto, preparado para abatir a un enemigo con su arma de mira telescópica, sin ser ni visto ni oído. Efectivamente, en la actualidad son combatientes de élite cuya misión es hacer fuego a larga distancia para abatir objetivos concretos. Los ejércitos actuales o las fuerzas del orden cuentan con este tipo de individuos a los que someten, por lo general, a un entrenamiento especial dado el cariz de sus misiones. Deben tener fuerza física, fuerza mental y capacidad para trabajar en soledad o en grupos reducidos, además de ser expertos en camuflaje. De todo ello depende el éxito de la misión. Pueden actuar en parejas, pudiendo ser indistintamente uno y otro observador y tirador dependiendo de los objetivos establecidos. No siempre su misión consiste en abatir un objetivo, también se introducen en zona ocupada por el enemigo con equipo para pasar hasta cinco días en una posición de tiro sin apenas moverse, evitar ser descubiertos y, desde allí, obtener la mayor información posible.

No entraremos aquí en la distinción entre los diferentes tipos o grados de tiradores de precisión porque varía según los países y sus ejércitos: es lo que oímos en inglés como sharpshooter, sniper, marksman… esas diferencias no son relevantes para lo vamos a exponer. En este punto tan solo nos interesa el concepto general de tirador de precisión, un tirador que a lo largo del tiempo ha ido desarrollando su técnica y su armamento para alcanzar a un objetivo de la manera más eficaz.

A pesar de la idea actual y moderna que podamos tener de un tirador de precisión, sabemos de la existencia ya en los ejércitos antiguos de grupos de tiradores (con arcos, ballestas, hondas o cualquier otro tipo de armas de proyectiles). Sin embargo, actualmente y para referirse a tiradores de precisión, no se consideran tales sino aquellos que disparan con arma de fuego[1], con o sin mira telescópica[2], aunque hoy en día, evidentemente, su uso es generalizado.

Antecedentes y atribuciones

Teniendo esto en cuenta, es decir, que consideramos tirador de precisión a aquel que dispara un arma de fuego con o sin mira telescópica, podemos remontarnos a tiempo atrás para descubrir quiénes fueron los primeros tiradores y quiénes sus víctimas. Si bien es cierto que esto es imposible de saber, es más fácil conocer quién puede “marcarse el punto” de ser el primero que aparezca documentado como tal.

Ambos puestos, el de primer tirador y el de primer objetivo se lo atribuyen los ingleses, puesto que en el sitio de Lichfield, que tuvo lugar en 1643 durante la guerra civil de Inglaterra, lord Robert Greville, fervoroso puritano enfrentado al rey Carlos I de Inglaterra, fue víctima de un tiro certero convirtiéndose así, en la primera víctima de la que se tenga noticia documental.

Posteriormente, también se atribuyen los ingleses el honor de ser protagonistas del segundo dato localizado, esta vez el honor es únicamente para el tirador, puesto que la víctima (si es que tiene algún honor serlo) era holandés. Los hechos tuvieron lugar en 1653 durante la primera guerra entre Inglaterra y Holanda: en la batalla naval de Scheveningen, un tirador inglés bien situado en su barco, disparó alcanzando al Almirante holandés Martín Harpertszoon Tromp[3]. El resultado fue la muerte del almirante y como consecuencia o no de esto, la derrota holandesa a manos inglesas.

Continuando con los datos localizados, llegamos ya a 1709, año en que el rey Carlos XII de Suecia resultó abatido por un tirador ruso cuando, en su intento por dominar la zona báltica, se encontraba en Ucrania inspeccionado la línea del frente. Hay que decir que el rey no murió en este momento, sino en 1718 cuando estaba en la fortaleza noruega de Fredriskball y asomó la cabeza por la muralla, hecho fatal pues en ese momento fue alcanzado de pleno por un tiro. Es posible que en esta ocasión, el tirador disparara sin saber qué objetivo alcanzaba pero de cualquier manera, fue el final del rey aunque poco o nada se sabe del tirador.

Hasta mediados del siglo XVIII, estos hechos eran realmente extraños porque no muchos ejércitos poseían rifles, dispararlos no era sencillo y, por supuesto, no había cursos de formación que instruyeran a los que los usaban, así que dependía de las habilidades que cada hombre poseyera. En Europa, durante el siglo XVIII, nos dice Plaster[4] que cada hombre con un rifle que fuera llamado a filas podía ser un tirador porque solo con estas armas podían seleccionarse y acertar objetivos. Sin embargo, en América, debido a los problemas de las colonias y la guerra franco-india, los tiradores experimentaron un mayor desarrollo a lo largo de este siglo XVIII, y ya durante la Guerra de la Independencia, el Congreso de la Unión autorizó la creación de 10 compañías de fusileros, que sería el primer batallón de tiradores de la historia[5].

En cualquier caso, la forma de hacer la guerra fue cambiando. Las armas de fuego y su uso fueron evolucionando al igual que la presencia de tiradores fue haciéndose más y más habitual, de modo que a partir de la Primera Guerra Mundial el empleo de tiradores de precisión en todos los ejércitos ha sido permanente.

Como hemos dicho, lord Robert Greville es para muchos la primera víctima de tirador de la que se tiene información, sin embargo, es en este punto donde podemos arrojar un nuevo dato interesante y bastante anterior: se trata de un suceso que tuvo lugar en 1482, esto es 161 años antes de la muerte del pobre lord Greville, y no sucedió en Inglaterra sino en Galicia durante las luchas de los nobles gallegos, cuando el uso de la pólvora aún resultaba sorprendente y las espingardas eran poco conocidas.

La historia del primer francotirador documentado (hasta ahora)

Los hechos sucedieron de esta manera y dentro de un contexto que debemos explicar:

En esos años de finales del siglo XV, Galicia llevaba arrastrando décadas de enfrentamientos entre señores, tanto laicos como eclesiásticos. Los señores se enfrentaban entre sí y las enemistades crecían y se arraigaban con el paso de los años. Hubo en estos años dos grupos enfrentados, uno lo lideraba el arzobispo de Santiago: Alonso de Fonseca, y el otro Pedro Álvarez de Sotomayor, conocido como Pedro Madruga. Ambos habían mantenido muchos enfrentamientos a lo largo de los últimos años, y también el resto de señores, que unidos o no a las mismas causas, se habían enredado en enemistades personales sin fin. Al mismo tiempo y al margen de las disputas entre ellos, Fonseca y Sotomayor también tenían otros enemigos que se unían aprovechando cualquier oportunidad para darles donde más dolía. En este suceso que narraremos a continuación, el arzobispo quedaría al margen, pero no así García Sarmiento y el obispo de Tuy, Diego de Muros, enemigos ambos de Sotomayor: el primero desde que en 1470 Sotomayor le cortara la cabeza a su padre, Diego Sarmiento[6], en Ribadavia; y el segundo, porque durante años había sufrido los desmanes y ataques de Sotomayor en su sede de Tuy[7].

Pedro Álvarez de Sotomayor era el señor al sur de Galicia y un enemigo al que ambos, García Sarmiento y Diego de Muros, deseaban eliminar. La ocasión pareció llegar en 1477 cuando Sotomayor fue hecho prisionero por el conde de Benavente al tratar este de tomar La Coruña en un capítulo apasionante de la historia gallega[8]. Estando pues Sotomayor prisionero en Benavente, sus enemigos aprovecharon su ausencia para atacar sus tierras y minar sus fuerzas. Sin embargo, Pedro Madruga abandonó al tiempo su prisión y regresó a su casa en 1479, y no solo Sotomayor recuperó todo lo perdido, sino que se posicionó de nuevo con todo su poder, destruyendo las fortalezas que sus enemigos había construido en su ausencia para debilitar sus tierras e incluso tomando prisioneros a estos don García Sarmiento y el obispo Diego de Muros[9].

En 1480, el gobernador Fernando de Acuña[10], llegó a Galicia enviado por los Reyes Católicos, y poco a poco fue haciéndose con la situación y replegando las ansias belicosas de los gallegos. Pedro Álvarez de Sotomayor liberó a sus prisioneros y recibió el perdón de los reyes y, por si fuera poco, finalmente en mayo de 1482 accedió a firmar un acuerdo con el obispo para devolverle los bienes usurpados[11]. Sin embargo, y a pesar de que todo parecía apuntar a un apaciguamiento de las tiranteces, estas enemistades no terminaron y poco después el obispo se uniría a otros enemigos de Sotomayor para lanzarle un nuevo ataque[12].

Se unió el obispo de Tuy, Diego de Muros, con García Sarmiento, el corregidor de Bayona Fernando Yáñez, y otros caballeros: los Avalle y Lope de Montenegro (alcalde mayor de Pontevedra) para atacar a Sotomayor en Fornelos, en la actual localidad de Crecente en Pontevedra. Allí contaba con una torre protegida con unos 14 o 15 hombres y, siendo un lugar alejado del centro neurálgico de sus dominios, pensaron que no sería difícil darle una lección al de Sotomayor.

Avanzaron así don Francisco y don Lope de Avalle (tío y sobrino) con unos cuatrocientos hombres, sin embargo, las escasas fuerzas de la torre contaban con armas de fuego (y no era la primera vez que suponían la victoria para Sotomayor) lo que impidió que pudieran acercarse haciendo que retrocedieran antes de empezar: viéndolos acercarse desde la torre, un escudero portugués, Alonso Ramírez, tomó su espingarda y con un disparo mató a uno de los capitanes. Cuando cayó a tierra el primer herido, el otro capitán levantó su capacete para ver mejor qué había sucedido y el mismo escudero disparó de nuevo acertándole en la cara. Aponte nos dice que con la misma espingarda, que ya habría sido recargada, u otra que ya tendría preparada. No se sabe pero no importa, de un disparo alcanzó su objetivo: el otro capitán. Así de sencillo y así de rápido. Imaginamos que la sorpresa fue mayúscula entre los hombres que iban al asedio porque viendo caídos a don Francisco y don Lope, ante la inseguridad que verse sin capitanes producía y ante armas de fuego tan certeras, terminó el ataque. El ejército que se acercaba comenzó a retirarse.

Estas espingardas “cuentan…. que a veçes tiran dos promos o valas” parece en este caso, que cada disparo fuera hecho con una espingarda diferente pues se empleaba bastante tiempo en cargarla y mientras transcurriera ese tiempo, el capitán ya habría reaccionado a la sorpresa y se habría puesto a cubierto. Este tipo de armas no eran muy conocidas aún; el hecho de que la segunda víctima levantase su capacete indica que no estaban acostumbrados a ellas, pues de lo contrario no lo habría hecho conociendo el peligro que esto suponía. En definitiva, la victoria de Fornelos se debió a la puntería de este escudero portugués que acabó con el ataque antes de empezar.

Conclusión

A pesar de la tradición anglosajona en cuanto a tiradores de élite, debido al desarrollo experimentado por las armas de fuego en las guerras americanas del siglo XVIII y de los primeros datos que se tienen incluso del siglo XVII en torno a Inglaterra, podemos decir que en 1482 encontramos a un espingardero que desde lo alto de la torre, desde una esquina, desde un lugar estratégico donde podía ver bien acercarse al enemigo, allí situado por iniciativa propia o por mandato de alguien que conocía su habilidad, esperó, eligió bien su objetivo (pues no hay duda que fue con auténtica intención el disparar a ambos capitanes) y con su espingarda dio en el blanco, una y dos veces. Esto es, un tirador de élite con arma de fuego que a finales del siglo XV esperó su objetivo, apuntó y cuando fue el momento adecuado, disparó. Alonso Ramírez, portugués y escudero de ciertas tropas señoriales gallegas al final de la Edad Media, el primer tirador documentado hasta el momento.


[1] Major John L. Plaster (2008), History of Sniping and Sharpshooting, Colorado (USA): Paladin Press.

[2] Tapio Saarelainen (2016), The White Sniper: Simo Häyhä, Filadelfia (USA): Casemate Publishers.El finlandés Simo Hayha es el tirador con más bajas en la historia, acabó con la vida de cientos de rusos durante la Segunda Guerra mundial empleando las alzas de puntería pero sin el uso de mira telescópica.

[3] Major John L. Plaster (2008), History of Sniping and Sharpshooting, Colorado (USA): Paladin Press, p. 9.

[4] Ibid., p. 10.

[5] Major John L. Plaster (2008), History of Sniping and Sharpshooting, Colorado (USA): Paladin Press, p. 26.

[6] Ángel Rodríguez González 1984): Las fortalezas de la Mitra Compostelana y los Irmandiños, Colección Galicia Histórica, La Coruña: Fundación Pedro Barrié de la Maza e IEGPS, p. 71.

[7] Lorena Carrasco y Cifuentes (2017): “La venganza en la conflictividad señorial de la Galicia de finales del siglo XV. Luchas entre los Sotomayor y los señores eclesiásticos (1474-1486)”, e-Strategica, No. 1, pp.7-38.

[8] José García Oro (1981): La nobleza gallega en la Baja Edad Media. Las casas nobles y sus relaciones estamentales, Santiago de Compostela: Bibliófilos Gallegos, p. 152; Vasco de Aponte (1986), Recuento de las casas antiguas del reino de Galicia, Introducción y edición crítica a cargo de Manuel Díaz y Díaz et al., Santiago de Compostela: Consejería de Presidencia, Servicio Central de Publicaciones, punto 377 y 378.

[9] José García Oro: La nobleza gallega en la Baja Edad Media…, op. cit., p. 239. Y Vasco de Aponte: Recuento de las casas antiguas…, op. cit., puntos 391-394.

[10] Miguel Ángel Ladero Quesada (2005): “La Hermandad en Galicia. 1490-1498”, en Cuadernos de Estudios Gallegos, vol. 52, n. 118, Santiago de Compostela: IEGPS (CSIC), pp. 239-287.

[11] José García Oro: La nobleza gallega en la Baja Edad Media…, op. cit., p. 247.

[12] Vasco de Aponte: Recuento de las casas antiguas…, op. cit., puntos 436-442. También en José García Oro: La nobleza gallega en la Baja Edad Media…, op. cit., p. 244.

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Lorena Carrasco

Doctora en Historia, miembro de la Royal Historical Society de Londres, investigadora independiente y tutora en el Programa de Doctorado de la Universidad Francisco Marroquín

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