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Las guerras dácicas de Domiciano y Trajano (85-106 d.C.): la batalla por la hegemonía en la Europa danubiana

https://global-strategy.org/las-guerras-dacicas-de-domiciano-y-trajano-85-106-d-c-la-batalla-por-la-hegemonia-en-la-europa-danubiana/ Las guerras dácicas de Domiciano y Trajano (85-106 d.C.): la batalla por la hegemonía en la Europa danubiana 2020-02-26 07:37:00 David Soria Molina Blog post Global Strategy Reports War Studies Global Strategy Reports 2020 Guerra en la Antigüedad
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Global Strategy Report 10/2020

Resumen: Entre los años 69 y 106 d.C. el Imperio romano se enfrentó a una amenaza de primer orden contra su hegemonía sobre la Europa danubiana y balcánica que puso en serio peligro incluso su mera presencia en la región: bajo el enérgico liderazgo del rey Decébalo, el Estado dacio, había conformado una formidable entente con el objetivo de convertirse en la nueva superpotencia en el curso medio y bajo del Danubio y las costas occidentales del Mar Negro. Alcanzar esta meta, sin embargo, pasaba necesariamente por desplazar a Roma de la región y, por lo tanto, por un conflicto directo a gran escala que, independientemente de su resultado, cambiaría para siempre la historia de la Europa oriental.

Las raíces del conflicto

La consolidación del reino dacio en la forma de una entidad estatal de marcadas características helenísticas bajo Burebista (80-44 a.C.) permitió a los geto-dacios culminar una de sus principales aspiraciones: hacia el año 48 a.C. el Estado dacio ejercía una hegemonía completa sobre la Europa danubiana y póntica, extendiendo su dominio directo e indirecto desde el extremo norte de la cordillera de los Cárpatos hasta los límites septentrionales de Tracia y Macedonia, y desde la llanura húngara hasta la costa noroccidental del Mar Negro. Todo ello con el reconocimiento oficial del poder romano representado por Pompeyo Magno, quien tendría en Burebista a uno de sus principales aliados de cara a su inminente enfrentamiento con Julio César.

La derrota de Pompeyo y el triunfo final de César convirtieron al Estado dacio en enemigo declarado del poder romano. Sin embargo, la prevista contienda jamás llegó a materializarse: el dictador romano pereció asesinado poco antes de dar inicio a la campaña; por su parte, el soberano dacio también resultó víctima de una conjura en 44 a.C., desatando el caos político en Dacia.

Aunque Deceneo (44-30 a.C.), sumo sacerdote y legítimo sucesor de Burebista, consiguió mantener la unidad religiosa e ideológica del Estado dacio, la fragmentación política del reino facilitó que el Imperio romano desplazara a los geto-dacios de todos sus dominios situados al sur del Danubio. La paulatina irrupción de los sármatas yácigos y roxolanos desde las estepas pónticas terminó por sentenciar el control dacio sobre las costas del Mar Negro y la llanura húngara. Tras varios enfrentamientos intermitentes, bajo el imperio de Tiberio el Estado dacio se convirtió oficialmente en cliente del poder romano. Sin embargo, al mismo tiempo, durante el reinado de Corilo (circa. 10 a.C.-35 d.C.) Dacia logró recuperar la unidad política gracias, paradójicamente, a que la expansión romana había aniquilado a la mayor parte de las escisiones del reino emergidas a la muerte de Burebista. En tales circunstancias, tras las convulsiones y reveses sufridos, el Estado dacio inició un rápido proceso de recuperación que le permitiría volver a abrir su agenda expansionista tan sólo tres décadas más tarde.

Antecedentes y causas

En 69 d.C. el rey dacio Dures (también conocido en las fuentes clásicas como Diurpaneo) decidió aprovechar la oportunidad que le brindaba el estallido de una guerra civil en el Imperio romano a resultas del asesinato de Nerón. Tras haberse ganado el respaldo de los sármatas roxolanos, los bastarnos, los buros y la ciudad griega de Olbia, el Estado dacio invadió la provincia romana de Mesia. Aunque, tras haber ocupado varias plazas y espacios al sur del Danubio durante meses, dacios y aliados fueron finalmente rechazados por las fuerzas romanas en 70 d.C., los acuerdos alcanzados entre el Imperio romano y la naciente entente dácica no estaban destinados a perdurar en el tiempo.

El Estado dacio mantuvo una activa política exterior ya antes del inicio de las hostilidades con un doble objetivo: fortalecer su posición y extender su poder político sin necesidad de conflicto, levantando una tupida red de aliados, socios y clientes; por otra parte, alterar la red de aliados y clientes del poder romano, fomentando un desequilibrio en la geopolítica de la región que favoreciera a sus intereses. Durante el reinado de Dures (69-87 d.C.) Dacia consiguió incluso desestabilizar a uno de los más poderosos aliados del Imperio romano, la confederación sueva, al estimular y respaldar la escisión de cuados y marcomanos en el seno de la misma, quienes acabaron integrados en la entente dácica. Los previsibles preparativos en la provincia romana de Panonia para una acción punitiva a gran escala por parte del emperador Domiciano contra ambas tribus consiguió que, hacia el año 84 d.C., las defensas de la vecina Mesia, Danubio abajo, quedaran sensiblemente debilitadas. Sin previo aviso, en 85 d.C., Dures inició las hostilidades contra Roma, aprovechando las ventajosas circunstancias.

Las fuerzas dácicas, roxolanas y bastarnas, respaldadas por la armada de Olbia, descendieron por los ríos Olt, Siret y Prut, así como por la costa del Mar Negro, hasta alcanzar el curso bajo del Danubio y su desembocadura donde, tras deshacerse de la classis Flavia Moesica, aseguraron los puntos de cruce para sus ejércitos. Tras derrotar y dar muerte al legado de Mesia, G. Opio Sabino, dacios y aliados ocuparon la mayor parte de la mitad oriental de la provincia hasta que el contraataque coordinado por Domiciano les obligó a replegarse de nuevo al norte del Danubio. Sin embargo, en 86 d.C., la precipitada expedición liderada por el prefecto del pretorio Cornelio Fusco sobre suelo dacio terminó en un estrepitoso desastre que incluso costó la vida de su comandante, derrotado a manos del ejército dacio dirigido por Decébalo en nombre del anciano Dures. Las escaramuzas contra expediciones dácicas y aliadas de diversa entidad se extendieron durante casi dos años hasta que, finalmente, en 88 d.C. el ejército liderado L. Tetio Juliano logró internarse en el reino dacio y derrotar decisivamente a las fuerzas que le salieron al encuentro en Tapae.

Confiado por el éxito obtenido en Dacia, Domiciano optó por iniciar la esperada guerra contra cuados y marcomanos, quienes habían seguido desafiando al poder romano al negarse a intervenir en su ayuda en la guerra dácica. La campaña, sin embargo, fue un fiasco que comprometió la seguridad de la provincia de Panonia. Estas circunstancias hicieron por completo inviable la continuación del esfuerzo bélico frente al Estado dacio: Domiciano necesitaba urgentemente la paz. Las circunstancias para Dacia, tras casi cuatro años de intensa contienda, no eran mejores. En 89 d.C. Decébalo, quien había sucedido a Dures como rey dos años atrás, aceptó que Dacia se convirtiera de nuevo en cliente del poder romano y que, al menos nominalmente, disolviera la entente formada a su alrededor, a cambio de una sustanciosa asistencia económica y técnica por parte de Roma.

Aunque la paz del año 89 d.C. permitió a Domiciano derrotar y devolver temporalmente a cuados y marcomanos a la obediencia a Roma en 93 d.C., el conflicto daco-romano estaba lejos de haberse resuelto: aquel tratado no había sido sino una tregua buscada por ambos contendientes por motivos distintos. El poder del Estado dacio seguía resultando formidable a pesar de los reveses sufridos. Además, durante la contienda, Dacia había logrado atraerse a la ciudad griega de Tyras y, desde luego, la entente dácica estaba lejos de haberse disuelto. El mantenimiento de la paz con Roma era en realidad el único punto del tratado de paz del año 89 d.C. que Decébalo y sus aliados seguían cumpliendo cuando el emperador Trajano ascendió al poder en 98 d.C. La situación era insostenible: la intervención en Dacia era un imperativo político y estratégico para el Imperio romano que, necesariamente, pasaba por la desarticulación de la entente dácica y la destrucción de su eje fundamental, el Estado dacio, con el objetivo de reordenar la geopolítica de la región en torno a una restaurada e incontestada hegemonía romana.

La primera guerra dácica de Trajano

En la primavera del año 101 d.C. el ejército romano al mando de Trajano atravesó el Danubio por Lederata, Dierna y Drobeta, internándose en el reino dacio directamente hacia su capital, Sarmizegetusa Regia. Decébalo le salió al encuentro de nuevo en el entorno de Tapae, entablando una batalla que acabó siendo favorable a las armas romanas, si bien el ejército dacio logró replegarse en orden. Trajano penetró entonces en el corazón del Estado dacio, iniciando los preparativos para el asalto a cadena de fortalezas y plazas que protegía Sarmizegetusa Regia.

Sin embargo, los dacios aún no habían sido puestos a la defensiva: a finales del verano una nutrida fuerza combinada de dacios, roxolanos y bastarnos, secundados por las flotas de Tyras y Olbia descendió por la costa del Mar Negro y los ríos Prut y Siret, atravesó el Danubio e irrumpió con éxito en Mesia Inferior con la intención, una vez más, de ocuparla y tratar de mantenerla. Dado que el grueso de las fuerzas de la provincia estaban desplegadas al mando del legado de la misma, M. Laberio Máximo, en el Sur de Dacia, las fuerzas de la entente dácica a penas tuvieron problemas para hacerse con el control de la mayor parte del Noreste de la región antes de que la respuesta romana se materializase: Trajano, en lugar de evacuar la totalidad de sus fuerzas de Dacia, y sacrificar así los avances realizados en la contienda hasta la fecha, optó por lanzar un rápido aunque arriesgado contraataque anfibio descendiendo por el Danubio con una limitada fuerza expedicionaria selecta encabezada por las naves de la classis Flavia Moesica y otras escuadras romanas concentradas en la zona, a la que se uniría el ejército de M. Laberio Máximo en el camino. Los dacios y sus aliados, que habían estirado al máximo sus líneas de suministros, fueron cogidos por sorpresa: la vanguardia de su avance fue derrotada en la doble batalla de Nicopolis ad Istrum, al sur de Novae. En las aguas del Danubio las fuerzas navales romanas contraatacaron, abriéndose camino y amenazando las comunicaciones dácicas entre ambas orillas del río, obteniendo en el proceso varias victorias significativas contra las flotas enemigas que valieron sendas coronae classicae a comandantes como L. Licinio Sura y D. Terencio Escauriano. En las inmediaciones de la futura localidad de Tropaeum Traiani, al este de Durostorum, la expedición romana logró una sangrienta pero decisiva victoria frente a los invasores dacios y sus aliados, obligándoles a replegarse apresuradamente al Norte: el Estado dacio había perdido la iniciativa en el conflicto y su última oportunidad para disputar a Roma la hegemonía en la región.

Tras asegurar las defensas de Mesia Inferior durante el invierno, el ejército romano reemprendió las operaciones ofensivas en Dacia en la primavera de 102 d.C.: las fuerzas de M. Laberio Máximo invadieron y se hicieron con el control de la mayor parte del sureste de Dacia, ascendiendo los mismos ríos que habían servido como rutas de invasión a dacios y aliados y conquistando plazas claves con el fin de controlarlas definitivamente. Por su parte, Trajano, al mando del principal ejército romano desplegado en Dacia, inició el asalto a las ciudadelas que protegían Sarmizegetusa Regia, tomándolas una tras otra y cercando la capital dácica mediante una hábil maniobra de tenaza. Abrumado por las circunstancias, cuando las fuerzas romanas acamparon a los pies de la ciudad Decébalo accedió finalmente a capitular.

El periodo de entreguerras y la segunda guerra dácica de Trajano

Las condiciones impuestas a Dacia en la paz de 102 d.C. fueron significativa y calculadamente duras: el Estado dacio había de ceder los territorios conquistados por los romanos, desmantelar sus defensas, deshacerse de su armamento más avanzado, romper relaciones con sus aliados, convertirse en cliente del poder romano y asumir una guarnición romana en Sarmizegetusa Regia que se asegurara del buen cumplimiento de estas y otras condiciones. Sin embargo, la paz no había sido diseñada por el poder romano para perdurar. Trajano pretendía desde un principio la anexión total de Dacia y su territorio: las cláusulas de la paz de 102 d.C. habían sido deliberadamente elaboradas para facilitar una rápida y completa conquista de Dacia mediante un hábil golpe de mano.

En parte conscientes de esta circunstancia, en parte por otros motivos de orden ideológico, religioso y político, los dacios tampoco estaban dispuestos a mantener la paz por mucho tiempo. Hacia el año 104 d.C. atacaron a los sármatas yácigos, aliados de Roma, recuperando los territorios que estos les habían arrebatado durante la primera guerra dácica de Trajano. El senado romano declaró la guerra en enero de 105 d.C. Los dacios no esperaron a que los romanos dieran el primer paso: rápidamente asumieron la iniciativa del conflicto, atacando a las guarniciones romanas en su territorio y a las fuerzas ubicadas en las zonas ocupadas, derrotándolas contundentemente y apresando a su comandante, Casio Longino. Con la excepción de los espacios surorientales, los dacios lograron recuperar la mayor parte de los territorios conquistados por Roma en la contienda anterior. Sin embargo, con la llegada de Trajano al frente el ejército dacio se estancó en sus progresos, frenado en seco por el contraataque romano. Incapaz de imponerse de forma decisiva, a pesar de los sorprendentes éxitos iniciales, Dacia volvía a estar condenada a la defensiva, esta vez en una situación aún más precaria. Los romanos consolidaron sus posiciones y se prepararon para invadir el corazón de dacia, una vez más, al año siguiente. Entre tanto, durante el invierno la entente dácica se vino abajo: los antiguos aliados del Estado dacio, roxolanos, bastarnos, buros, cuados, marcomanos, Tyras y Olbia negociaron la paz con Trajano por separado, abandonando a su común aliado a un destino inevitable.

En el año 106 d.C. el ejército romano atravesó el Danubio sobre el imponente puente construido por Apolodoro de Damasco y avanzó directamente sobre Sarmizegetusa Regia, la cual sitiaron tras vencer la oposición dácica a su avance. El asedio acabó con la ciudad siendo abandonada e incendiada por los dacios en un desesperado intento por escapar del cerco mientras una parte de sus fuerzas contenía a los invasores. Decébalo trató de organizar la resistencia en el norte de los Cárpatos pero, tras ser derrotado en el intento, acabó perseguido y acorralado por la caballería romana al mando de Ti. Claudio Máximo junto a otros notables dacios. El último rey de Dacia se cortó el cuello con su propia falx antes de que nadie pudiera hacer nada por evitarlo. Aunque las operaciones militares se prolongarían unos pocos meses más, el Estado dacio había muerto. Sobre sus ruinas nacía ya una nueva provincia romana.

Consecuencias

A pesar de que la derrota y el sistemático desmantelamiento del Estado dacio por parte de Roma eliminó una amenaza directa a gran escala para el poder de esta última en Europa, esta violenta transformación desestabilizó completamente la geopolítica de la región, haciendo inevitable la aparición de nuevos conflictos: entre 106 y 107 d.C. los sármatas yácigos entraron en guerra con Roma reclamando los territorios perdidos a manos de Decébalo dos años antes, nunca restituidos por Trajano. En 117 d.C. los yácigos, esta vez secundados por sus parientes roxolanos, volvieron a las armas, desatando una grave crisis en la joven provincia de Dacia que a punto estuvo de provocar su evacuación y abandono por parte de Roma.

A la muerte de Trajano ese mismo año, el nuevo emperador, Adriano, asumió el control de la situación y, tras imponerse en el campo de batalla en 119 d.C., procedió a una racionalización del dominio romano en la región mediante el abandono de una parte del territorio ocupado por Trajano y una reforma de la administración provincial. Junto a estas medidas, los nuevos acuerdos alcanzados por Adriano en la región consolidaron finalmente un nuevo orden geopolítico en la Europa danubiana en torno a la presencia hegemónica de Roma, situación que no volvería a verse significativamente alterada hasta las guerras marcománicas de Marco Aurelio medio siglo más tarde.

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Editado por: Global Strategy. Lugar de edición: Granada (España). ISSN 2695-8937

David Soria Molina

Doctor en Historia Antigua por la Universidad de Murcia. Es autor del libro Bellum Dacicum. Geopolítica, estrategia y conflicto en el Danubio bajo Domiciano y Trajano (85-106 d.C), así como de diversos artículos sobre historia política-militar del Imperio Romano

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