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Aspectos socioculturales del desastre de Annual. El coronel Gabriel De Morales Mendicutía

https://global-strategy.org/aspectos-socioculturales-desastre-de-annual-coronel-morales-mendicutia/ Aspectos socioculturales del desastre de Annual. El coronel Gabriel De Morales Mendicutía 2021-06-13 04:32:00 Juan Carlos Antúnez Blog post Global Strategy Reports War Studies Historia militar de España
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Global Strategy Report, 27/2021

Resumen: Este artículo analiza los aspectos socioculturales del área del Rif donde se desarrollaron las operaciones militares que se engloban en el conocido como Desastre de Annual, la política española en el Rif y el papel en dichas operaciones del coronel Gabriel de Morales, auténtico pionero del análisis sociocultural y un precursor de la integración de los aspectos humanos en el Entorno Operativo, ambos esenciales también en las operaciones de contrainsurgencia actuales. Finalmente, el artículo ofrece un análisis multidimensional de las causas y factores que contribuyeron a la sangrienta derrota española, de que se cumplen ahora cien años.


“Vivo donde quiero, y muero donde debo”. Proverbio árabe

“El nombre de los nuestros”. Lorenzo Silva

Introducción

En diciembre del año 2002 el autor de este artículo, Oficial del Ejercito de Tierra, tras finalizar el curso de perfeccionamiento idiomático de la lengua árabe en la Escuela Militar de Idiomas (EMID), fue destinado a la Unidad de Inteligencia encuadrada en el Batallón de Cuartel General de la Comandancia General de Melilla (COMGEMEL). Dicho Batallón se encontraba ubicado en un acuartelamiento, hoy inexistente, que recibía su nombre del Coronel de Estado Mayor D. Gabriel de Morales Mendicutía, Jefe de las Tropas de Policía Indígena y Jefe de la Oficina de Asuntos Indígenas. El coronel Morales publicó la 1ª historia general de Melilla y participó en las acciones del Barranco del Lobo en 1909. Murió en la retirada de la Posición de Annual, el 22 de Julio de 1921, hechos de los que se cumplirán este verano cien años y que suponen la mayor de las tragedias de las Fuerzas Armadas españolas en toda su historia, a excepción de las guerras civiles que se produjeron en nuestro país durante los siglos XIX y XX[1].

El autor, tras su llegada a la COMGEMEL, trató de recabar información acerca del coronel Morales (un intelectual y un apasionado del mundo árabe, del que era un erudito, y, posiblemente, el militar español que mejor comprendía la idiosincrasia de los rifeños), sintiéndose atraído e inspirado por su figura y trayectoria humana y personal.

Durante los hechos que se produjeron el Rif durante el verano de 1921 hubo muchos ejemplos de sacrificio, entrega y heroísmo, motivados por el amor a la Patria, la profesionalidad, el sentido del deber y del honor o la simple desesperación. Pero también se produjeron enormes errores en el ámbito sociocultural que provocaron la mayor derrota militar en la España moderna. El autor de este autor pretende, desde el mayor de los respetos, identificarlos y analizarlos para que puedan servir como enseñanzas en operaciones militares de contrainsurgencia[2] en nuestros días, en entornos similares al del Protectorado Español en Marruecos.

Este artículo trata de hacer un humilde homenaje al coronel Morales, un auténtico pionero del análisis sociocultural y un precursor de la integración de los aspectos humanos en el Entorno Operativo[3], ambos esenciales también en las operaciones de contrainsurgencia. Para ello se analizan los aspectos socioculturales del área del Rif donde se desarrollaron las operaciones militares que se engloban en el conocido como Desastre de Annual, la política española en el Rif y el papel del coronel Morales en dichas operaciones. Finalmente, se ofrecerá un análisis multidimensional de las causas y factores que contribuyeron a la sangrienta derrota española.

Aspectos Socioculturales en el Área del Rif

Las operaciones militares actuales están esencialmente centradas en la población y deben realizarse de manera que influyan en la voluntad y las decisiones de los principales actores del Entorno Operativo, condicionándolos para que su comportamiento sea compatible con los objetivos de la misión militar. Las intrincadas e inestables características del Entorno Operativo, en constante evolución, hacen necesario transformar las capacidades militares para adaptarse al entorno humano (Antúnez, 2021).

Diversas operaciones militares recientes han demostrado que la dimensión cultural es un elemento esencial en cualquier Área de Operaciones[4] y que la capacidad de identificar a los principales actores y comprender sus motivaciones e interrelaciones es vital a la hora de planificar y ejecutar cualquier operación militar, haciendo totalmente necesaria la operacionalización de la cultura. Es vital analizar los factores humanos del Entorno Operativo que afectan cualquier operación militar e integrarlos en la planificación y ejecución de la misma, incluyendo una perspectiva de género y prestando especial atención al concepto de la Protección de Civiles en Conflictos Armados (Antúnez, 2021).  

Prestaremos atención ahora a los aspectos humanos y socioculturales en el área del Rif. La superficie total del Protectorado Español en Marruecos era de unos 23.000 kilómetros cuadrados, de los cuales 20.000 correspondían a regiones montañosas, y que abarcaba tres regiones geográficas: Yebala, en la parte occidental, vecina de la plaza española de Ceuta, Gomara en el centro, y el Rif, vecina de la plaza española de Melilla, en la parte oriental (Muñoz Lorente, pp. 9 y 10).

La población total del Protectorado era según el censo de 1928 (los datos anteriores no eran fiables) de 552.153 habitantes, repartidos en 66 cabilas[5]. En la parte oriental el numero de habitantes era de 278.677 habitantes y el de cabilas 31 (Muños Lorente, p. 10).

El idioma que habitualmente habla esta población es el tarifit, uno de los dialectos del bereber o amazige, influido por el árabe, el francés y el español, lenguas comunes y familiares a los habitantes de la zona. Los habitantes del Rif son mayoritariamente musulmanes, aunque en las practicas y creencias de la región aún perviven algunas de las antiguas tradiciones bereberes preislámicas, dando lugar a una forma sincrética de entender la religión, influenciada también por elementos provenientes el judaísmo y el cristianismo, así como por el sufismo y el culto a los santones[6].

Los cabileños del Rif eran, en la época anterior al Protectorado, mayoritariamente agricultores (cultivaban cebada y leguminosas principalmente) y ganaderos (cabras y ovejas) (Muñoz Lorente, p. 12). Habitantes de una zona árida y montañosa, las diferentes tribus y clanes a menudo se veían enfrentados en disputas por los escasos recursos, así como en razias contra sus vecinos. Tras la implantación del Protectorado, muchos rifeños se incorporaron como peones en la explotación de las minas, la construcción de las vías férreas o como jornaleros agrícolas en las granjas de colonos españoles (Muñoz Lorente, p. 12). La explotación de recursos por parte de compañías mineras españolas y francesas en la zona también proporcionó beneficios a una parte de la población de la zona, sobre todo a los líderes de algunas cabilas (Martinez Reverte, pp. 51, 53 y 91).

Como se verá más adelante, otra importante fuente de recursos desde ese momento será el de incorporarse a las filas militares españolas, ya fuera como miembros de las unidades de Regulares o de la Policía Indígena, o como miembros de la harka[7]. Así mismo los líderes de las cabilas también recibirán una remuneración económica por parte de las autoridades españolas para ganarse su lealtad. La compra de voluntades mediante incentivos económicos no traería los resultados esperados (Madariaga, pp. 404 y 405). La lucha entre los jefes de cabilas para obtener el favor de los españoles también causó que vertieran calumnias o rumores contra otros líderes, como le sucedió también a la familia del caudillo rifeño durante el desastre de Annual, Muhammad Ibn ‘Abd el-Karim El-Jattabi, (Muñoz Lorente, p. 286)[8].   

La población del Rif tiene fama de indómita y ha sido considerada como guerrera durante siglos. Las tribus del Rif siempre han demostrado ansias independentistas y nunca han visto con buenos ojos que su pueblo fuera absorbido ni por España ni por el propio Marruecos. No en vano el Rif era, hasta hace algo más de un siglo, la única parte del Magreb que había escapado a la férula de los imperios cristianos y musulmanes (Moga Romero, p. 130).

La población estaba agrupada en 24 cabilas (Muñoz Lorente, 2021, p. 11). La cabila más numerosa era la de Beni Urriaguel (Madariaga, 1999, pp. 208 y 385) que también era la que tenia mayor fama de belicosa. Abd-el-Krim y su familia era originarios de esta cabila, que se situaba en el área de la bahía de Alhucemas (Moga Romero, 2004), centro neurálgico de la resistencia rifeña (Muños Lorente, p. 21).

La sociedad rifeña estaba, por tanto, segmentada, organizada de forma incompatible con el acatamiento de cualquier legislación o administración centralizadora, cohesionada sólo por el derecho consuetudinario, el urf (Moga Romero, p. 128). Este hecho probablemente provocó que la administración española creyera erróneamente que la unión de todas las cabilas bajo un solo mando fuera prácticamente imposible y no percibiera la amenaza que suponía una alianza de todas las cabilas contra el Protectorado.

Sin embargo, Abd-el-Krim fue capaz de introducir los conceptos de estado y nación para unir a las cabilas, implantando estructuras de poder diferentes y mas amplias que las anteriores, como la confederación de cabilas (Muñoz Lorente, p. 296). En el aspecto militar, el líder rifeño también consiguió en gran medida convertir las tradicionales harcas aisladas en un ejercito organizado y más disciplinado y que aplicaba el arte moderno de la guerra (Muñoz Lorente, p. 296), convirtiendo a guerreros en soldados[9]. De esta forma, su rebelión fue la única prolongada, disciplinada y centralizada en la historia del Rif, proclamando incluso una República Independiente que existió durante cinco años (Luis Miguel, p. 92 y 95).

La política española en el Rif

En la Conferencia Internacional de Algeciras de 1906 se firmó por los representantes de Francia, España, Alemania y Gran Bretaña un acta, posteriormente ratificada por el sultán marroquí, por la que se creaban dos zonas en Marruecos donde los gobiernos de España, al norte, y Francia, al sur, ejercerían un protectorado. Dicho protectorado estaría dirigido a preservar la seguridad en dicho país ante la incapacidad por parte de las autoridades marroquíes de asegurar la estabilidad (Riera, pp. 23, 142 y 143). Este acuerdo se pondría finalmente en practica tras la firma del Tratado de Fez en 1912 (Muñoz Lorente, p. 9).

Esta nueva misión civilizadora, como la presentaba el gobierno y una parte de la prensa de la época, era una forma de recuperar el prestigio imperial español, tras la perdida de las ultimas colonias en Cuba y Filipinas (Muñoz Lorente, p. 10) y también una forma de evitar una mayor intervención de otras potencias en la zona de interés e influencia española en el norte África.

España se comprometía, respetando la autoridad formal del Sultán, a administrar los territorios en el área que se reflejaba en los tratados, asegurando la seguridad y la estabilidad, facilitando e impulsando su desarrollo y facilitando los intereses españoles, Sin embargo, el establecimiento del Protectorado fue desde el principio tremendamente impopular entre una gran parte de la población española por dos razones: primero porque el gobierno no supo, o no quiso, explicar las razones políticas, militares y económicas de dicha decisión; segundo, y mucho más importante,  por el gran numero de bajas y el enorme desembolso  económico que supuso el establecimiento del Protectorado.

Los españoles no pudieron, no supieron o no quisieron ganar las voluntades de los cabileños creando intereses comunes, construyendo carreteras, escuelas y hospitales, en una zona que carecía casi totalmente de ellas, recurriendo casi exclusivamente a la ocupación militar, aun sin medios suficientes y apropiados para ello (Muñoz Lorente, p. 10; Ruiz Albéniz)[10].

El Coronel José Riquelme y López-Bago[11], en declaraciones ante el General Juan Picasso, achacaba la poca eficiencia de la acción española en el Protectorado a no haber implantado desde el principio un régimen efectivo local en las cabilas, que se encontraban bajo una administración directa española, ejercida por funcionarios españoles faltos de preparación y conocimiento de la realidad local en la mayor parte de los casos (Expediente Picasso, folio 1775).

A esto hay que sumar también la percepción que una gran parte de la sociedad española, influida por la prensa, tenía sobre el rifeño, percibiéndolo como salvaje, incivilizado y primitivo. Estos estereotipos y prejuicios influían en gran medida en las relaciones entre la población local y los funcionarios y militares españoles (Muñoz Lorente, p. 12).

La inestable situación política en la España de la Restauración tampoco contribuyó a diseñar e implementar una estrategia adecuada en el Protectorado, influida ésta por los cambios en el Gobierno que se sucedían con gran rapidez (Muñoz Lorente, p. 13)[12].

La ocupación militar se llevó a cabo mediante un gran número de posiciones diseminadas y apoyadas por columnas, más o menos fuertes, que acudían donde fuera necesario. Se creía que ésta era la mejor forma para conseguir un dominio militar sobre las cabilas que permitiese la adhesión de la población, el comercio y el asentamiento de colonos (Muñoz Lorente, p. 13).  Sin embargo, esta estrategia no produjo los resultados esperados, sobre todo cuando se ocupó un mayor territorio y las fuerzas militares, insuficientes en número, medios y preparación, se adentraron en lugares mas lejanos y hostiles, con posiciones difíciles de defender y de abastecer por las columnas móviles (Resumen Expediente Picasso, p. 277).

El valor táctico y estratégico de esas posiciones, carentes en su mayoría de aljibes, enfermerías y depósitos de víveres y de municiones (de las que llegó a haber setenta en la zona de operaciones del Rif, sin contar numerosos blocaos, construcciones de tamaño variable ideadas para que un grupo de soldados hiciera frente al ataque de grandes contingentes enemigos[13]) y sus condiciones de defensa y seguridad han sido ampliamente cuestionadas (Expediente Picasso. Declaración del Coronel Riquelme), así como la factibilidad de su aprovisionamiento, en un territorio cada vez más extenso y un frente cada vez más alargado, por columnas móviles que tardaban cada vez más en sus desplazamientos, especialmente cuando empezaron las hostilidades del enemigo (Muñoz Lorente, p. 61).

En el Protectorado se crearon una serie de instituciones y unidades militares que resultan relevantes para este trabajo. Entre ellas citaremos la Oficina de Asuntos Indígenas que, además de actuar con fines administrativos en la zona, también operaba como un servicio de inteligencia cuya misión era la de recabar datos sobre las cabilas y obtener la colaboración de los diferentes líderes tribales. También se creó la Policía Indígena, muy ligada a la anterior, con tropa marroquí y oficialidad española. También se estableció una fuerza de choque nativa con oficialidad española: los Regulares (Muñoz Lorente, p. 14).

La lealtad de estas unidades se ponía a prueba a menudo, al ser usadas siempre como unidades de vanguardia (incluida la Policía Indígena), a menudo contra los habitantes de las mismas zonas de donde eran originarios y donde habían sido reclutados, con los que les unían lazos de vecindad, amistad e incluso familiares (Muñoz Lorente, p. 14). Las tropas que generalmente entraban en combate eran los Regulares, la Policía Indígena y algunas harcas auxiliares. De esta forma se evitaban las impopulares bajas de soldados de remplazo, sin experiencia, sin instrucción y, frecuentemente, mal equipados (Martínez Laínez, p. 41) A ello había que sumar también la incapacidad de una gran parte de los oficiales españoles para comprender las motivaciones, intenciones y estados de ánimo de sus subordinados (Ruiz Albéniz, p. 274) y la imposibilidad de estos a expresar sus quejas a la superioridad (Expediente Picasso, Declaración del coronel Riquelme).

Una parte de esa misma oficialidad cumplía sus funciones de una forma bastante relajada, disfrutando de numerosas licencias y permisos en Melilla y la Península[14], delegando una gran parte de sus funciones. Esto afectaba a la capacitación y preparación, moral y disciplina de la tropa (Marín Ferrer). Incluso se denuncia la ausencia de numerosos oficiales de sus posiciones y acuartelamientos para visitar burdeles y casas de juego en Melilla y Nador, afectando en gran medida el buen funcionamiento de las unidades (Ruiz Albéniz, p. 295).   

Existen testimonios, así mismo, de la incomprensión y falta de respeto de los españoles en general hacia la sociedad rifeña (Muñoz Lorente, p. 14), tratando a los rifeños como seres inferiores y cometiendo injusticias contra ellos (Ruiz Albéniz, p. 284)[15]. Se han informado también de abusos e incluso de violaciones cometidas por algunos militares en las filas española contra mujeres rifeñas (Muñoz Lorente, p. 14).

A las quejas por el comportamiento de los españoles se sumaban las reclamaciones constantes de que la administración de las cabilas no hubiese sido encomendada a rifeños (Muñoz Lorente, p. 35). También se denunciaban por parte de los lideres rifeños el bombardeo por parte española de núcleos de población o aduares que producían un alto número de bajas entre la población civil (Muñoz Lorente, p. 53; Muñoz Lorente, 2021, p. 174).

Todos estos factores eran explotados y manipulados por la propaganda de los rebeldes rifeños entre las cabilas supuestamente sometidas y amigas (Expediente Picasso. Declaración del coronel Riquelme). Esta propaganda no dudó en darle a la insurrección un carácter religioso, llamando a la yihad o guerra santa contra el invasor en las mezquitas de toda la región (Muñoz Lorente, p. 44; Moga Romero, p. 289; Madariaga, pp. 510-511, 515-517; Ruíz Albéniz, 230), usando incluso una antigua profecía o maldición coránica contra los cristianos: “Cuando los españoles lleguen al rio Amekrán sus aguas se teñirán con su sangre” (Miguel Francisco, p. 58). Todo esto daba a la rebelión un tinte profético y religioso.

El abuso contra la dignidad de la población local y la ocupación militar podrían haber sido las causas principales del odio a los españoles y el rechazo contra el Protectorado en el Rif. Una prueba de esa animadversión son los ataques de la población rifeña a soldados españoles en la caótica retirada de las fuerzas al mando del General Manuel Miguel Fernandez Silvestre, Comandante General de Melilla. En dicha retirada hombres, mujeres, ancianos y niños, al margen de las harcas, atacaron a los soldados, rematando a los heridos y robando a los muertos (Muñoz Lorente, p. 105 y 114).  

Otro factor para tener en cuenta a la hora de analizar las causas del levantamiento del pueblo rifeño que conduciría al Desastre de Annual es el meteorológico, con importantes repercusiones económicas. Durante los cinco años previos los rifeños habían sufrido una pertinaz sequía que produjo malas cosechas y la consiguiente hambruna. Esta situación impidió la formación de harcas capaces de resistir el avance español (Martínez Laínez, 2018, p. 65). Además, en esa situación el dinero proveniente de la península era mas necesario que nunca. Esto cambiaría en 1921 cuando se recogió una estupenda cosecha. Este hecho fue ignorado por el mando español.      

Las autoridades españolas corrigieron una parte de sus errores previos, enumerados en esta parte del artículo. Tras el desastre, el desembarco de Alhucemas en 1925 y el proceso de “pacificación” comenzaba, como recogía el diario ABC del 10 de agosto de 1927, otro tiempo en el que había “que conquistar el corazón de los vencidos” (Muñoz Lorente, 2021, p. 8)[16]. Esta es la posición que había sido defendida durante años por el coronel Morales.

El coronel Gabriel de Morales

El coronel Morales, al igual que muchos de los militares de su generación (incluyendo a los generales Silvestre y Berenguer) había nacido en Cuba, en el año 1866, en el seno de una familia militar. Sus primeras acciones de guerra las llevó a cabo en aquella isla, donde fue condecorado con tres cruces rojas al mérito militar. Tras la guerra y la perdida de las ultimas posesiones coloniales españolas en América y Asia, volvió a España como comandante en 1899, desempeñando el resto de su carrera militar en África (Muñoz Lorente, 93).

Coronel Gabriel De Morales

Durante la masacre del Barranco del Lobo, a pesar de haber perdido su caballo, destacó por sus dotes de mando y organización, reconduciendo con pericia a las desorganizadas tropas españolas, consiguiendo el ascenso a teniente coronel por méritos de guerra (Muñoz Lorente, 93)

El coronel Morales, gran conocedor del pueblo rifeño, era un intelectual y un apasionado del mundo árabe, del que era un erudito. Hombre afable y culto, como refleja su obra Datos para la Historia de Melilla, era miembro de la Real Academia de la Historia desde 1918. Políglota, dominaba el inglés y el francés, así como el árabe y el tarifit, popularmente conocido como chelja, dialecto berebere en el que se expresan los rifeños. Era respetado no solo por los otros oficiales y jefes militares, sino también por los notables rifeños, siendo uno de los interlocutores más respetados y valiosos que trataba con los jefes indígenas. Poseedor de un gran prestigio entre los jefes nativos, no había un jefe mejor en la Comandancia General de Melilla para dirigir tropas indígenas o una negociación con los líderes locales. Como jefe de la Oficina de Asuntos Indígenas y, por tanto, director de la política española para con los nativos, el coronel Morales había realizado una gran labor de aproximación y comprensión de los líderes rifeños. (Martínez Reverte, pp. 35 y 36).

Morales trabó amistad también con Ad-el-Krim, que prestaba servicios como secretario de la Oficina de Asuntos Indígenas, además de ser cadí y redactor en árabe del periódico melillense El Telegrama del Rif, y enseñaba árabe y amazige en una academia a la que asistía el propio Morales (Muñoz Lorente, p. 93).  

El coronel Morales era también el responsable del reclutamiento de los miembros de la Policía Indígena, encargadas de mantener el orden en cada cabila y que constituían “sus ojos y sus oídos” en cada tribu, permitiéndole elaborar informes casi siempre certeros y atinados (Martínez Reverte, p. 35).

Con el fin de aumentar el conocimiento de los aspectos sociológicos y antropológicos del pueblo rifeño encargó a los miembros de la Oficina de Asuntos Indígenas que informaran de estos temas de las diferentes tribus en los llamados Cuestionarios de Cabilas (Muñoz Lorente, p. 94).

El coronel Morales defendía el acercamiento a los líderes rifeños mediante una política pacifica y de respeto y conocimiento mutuo (Muñoz Lorente, 2021, p. 94).  Era también un gran conocedor de las estructuras jerárquicas y sociales de la zona, de su geografía en cuanto a relieve y recursos se refiere, de la táctica y estrategia militar y de la capacidad de combate del Ejército Español y de la resistencia rifeña. Fruto de ese conocimiento de la situación local fue la desconfianza del coronel Morales frente a la toma de Annual, dirigiendo un informe reservado al general Silvestre, manifestando que las fuerzas españolas habían llegado al límite de su elasticidad y que había llegado el momento de consolidar lo alcanzado[17].  

Según su postura, no se debía proseguir el avance hasta que no se consolidase lo ya ocupado. Para ello era necesario ganarse la confianza de los cabileños mediante la acción política, ya que de otra forma estos solo estarían esperando el momento preciso para rebelarse. También advertía de la belicosidad de la cabila de Beni Urriaguel y del conocimiento de los españoles por parte de su líder, Abd-el-Krim, que había trabajado para la administración española durante años, incluso bajo el mando del propio coronel Morales (Muñoz Lorente, p. 23).  

El general Silvestre, Comandante General de Melilla y jefe de las tropas españolas, ignoró la advertencia que suponía dicho informe. Los recelos del coronel Morales eran también compartidos por el coronel Riquelme y el teniente coronel Fidel Dávila y Arrondo Gil y Arija, Jefe de la Sección de Campaña y también jefe interino del Estado Mayor[18] (Martínez Reverte, p. 35).

El coronel Morales murió el 22 de julio de 1921 en el desfiladero de Izummar, tras la caótica retirada del campamento de Annual (Muñoz Lorente, 2021, p. 94). La muerte del coronel Morales también supuso, en parte, el fin del aparato de inteligencia creado por él (Martinez Reverte, p. 278).

Abd el-Krim tuvo un gesto de generosidad con su antiguo jefe y amigo, devolviendo su cuerpo sin ningún tipo de rescate, para que pudiera ser enterrado por su familia. El cadáver fue entregado por algunos hombres de confianza del líder rifeño en la playa de Sidi Dris, siendo recogido por una dotación del cañonero Laya, transportado a Melilla y finalmente enterrado en el Panteón de Héroes de dicha localidad (Martinez Reverte, pp. 271 y 272; Muñoz Lorente, p. 94 y 171).

Conclusiones

El Entorno Operativo en el área donde se desarrollaron los hechos conocidos como el Desastre de Annual, al igual que en aquellos donde se llevan a cabo las operaciones de contrainsurgencia en nuestros días, era un sistema de sistemas, extraordinariamente complejo, dinámico y adaptativo, con numerosos actores, tanto estatales como no estatales: unidades militares (peninsulares e indígenas) y administración española; colonos españoles; compañías mineras; cabilas y sus jefes; lideres religiosos o imanes; etc. En ese contexto, las estructuras económicas, políticas y sociales (propias, aliadas, enemigas o neutras) son tan importantes como las capacidades militares.

En las operaciones de contrainsurgencia, el entendimiento de la cultura es un factor determinante. En este tipo de operaciones, ignorar los factores socioculturales es una política contraproducente y altamente peligrosa a la hora de alcanzar los objetivos deseados. Existen diferentes elementos que se han comentado en este articulo que corroboran esta afirmación.  El desconocimiento por una gran parte del personal militar sobre aspectos socioculturales, gravemente agravado por prejuicios y estereotipos, fue un serio obstáculo para el cumplimiento de su tarea y uno de los elementos a la hora de analizar y entender las causas del Desastre[19].

Si bien la concienciación cultural no puede garantizar la victoria en los conflictos pasados, actuales y futuros, la falta de ella ciertamente tiene repercusiones no deseadas. Sin embargo, la concienciación cultural no es suficiente. Las organizaciones militares deben trabajar para alcanzar la competencia cultural. Tener competencia cultural es un multiplicador de fuerzas. Es una capacidad que aumenta significativamente el poder de combate de una fuerza y, en consecuencia, aumenta la probabilidad de completar con éxito la misión.

Cuanto más sepamos sobre una cultura específica, mejor será la calidad de nuestras decisiones. Como prueba el caso de Annual, lo contrario también es cierto: un conocimiento superficial de los aspectos y factores socioculturales conduce a decisiones culturalmente erróneas con graves consecuencias. Todas las operaciones militares deben planificarse, prepararse y ejecutarse con base en el conocimiento de los actores involucrados, tanto amigos como neutrales y enemigos.

Como defendía el coronel Morales, se deben realizar esfuerzos para identificar las mejores prácticas en el diálogo cultural y la comprensión de la situación y para utilizar las relaciones y dinámicas culturales en el Área de Operaciones. El personal militar no solo debe enfocarse en respetar las normas culturales locales (ofender la cultura y religión locales puede dañar drásticamente los objetivos de la misión), sino también usar la cultura para crear oportunidades de diálogo y para lograr los objetivos deseados.

Un mayor conocimiento del Área de Operaciones permite tomar mejores decisiones. Lo contrario también es cierto: un conocimiento superficial nos llevará a malas decisiones en el ámbito cultural, como demuestra también el ejemplo de Annual. Todas las operaciones militares deben ser planificadas, preparadas y ejecutadas considerando los factores culturales que afectan a todos los actores relevantes en el Área de Operaciones.

En este contexto, la integración de una perspectiva de género es un multiplicador de fuerzas y aumenta efectividad de las operaciones militares. En el caso de Annual, las faltas de respeto y los abusos contra las mujeres locales puede ser considerada como una de las razones de la animosidad de la población local contra los españoles. De la misma forma lo fueron los ataques indiscriminados que causaron bajas entre la población local, al no haberse desarrollado un concepto de Protección de Civiles en Conflictos Armados. Estos dos factores aumentaron el apoyo de la población local a la insurgencia.

En operaciones militares que se desarrollan en lugares distantes y culturalmente diferentes y centradas en la población el personal militar necesita habilidades adicionales y conocimientos especializados, y la formación cultural es esencial.

La comprensión sistémica del Entorno Operativo, que incluye el dominio social, es esencial. Los factores culturales deben incorporarse en la planificación y conducción de las operaciones, de acuerdo con un enfoque de arriba hacia abajo, desde el comandante jefe de la operación hasta el soldado raso desplegado sobre el terreno. Es vital hacer operativa la cultura: debemos identificar, estudiar y comprender todos los factores culturales del Área de Operaciones e integrar ese conocimiento en la planificación, la preparación previa al despliegue, el proceso de toma de decisiones y la conducción general de las operaciones.

A continuación, enumeraremos muchos de los aspectos analizados en este artículo desde un enfoque holístico, que abarca las dimensiones Política, Militar, Económica, Sociocultural, Infraestructura e Informativa (PMESII).

El Coronel D. Gabriel de Morales y Mendicutia puede ser considerado como un hombre adelantado a su tiempo, ejemplo como jefe militar, humanista y hombre de letras, tolerante y abierto a otras culturas, un ejemplo que seguir por los diferentes escalones de mando de la estructura militar en la forma de encarar los desafíos que se plantean en nuestros días, producidos por la creciente diversidad racial, cultural y religiosa de nuestro pueblo, de la organizaciones y estructuras internacionales de las que España es miembro y de los escenarios en los que despliegan nuestras Fuerzas Armadas.  

Dedicado a la memoria del Soldado de Primera Eduardo Rodríguez López, natural de Los Santos de Maimona, Badajoz, zapador durante el Desembarco de Alhucemas.

Bibliografía

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Asprey, Robert B. War in the Shadows: The Guerrilla in History. Nueva York, 2002.

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Marín Ferrer, Emilio. Atlas ilustrado de las Guerras de Marruecos, 1859-1926. Madrid, 2012.

Martínez Laínez, Fernando. Mientras la patria exista. Madrid, 2018.

Miguel Francisco, Luis. Morir en África. Barcelona, 2014.

Moga Romero, Vicente. El soldado occidental: Ramón J. Sender en África (1923-1924) Melilla 2004.

Riera, Augusto. España en Marruecos. Barcelona, 1910.

Ruiz Albéniz, Victor. España en el Rif. Melilla 2007.


[1] El Informe Picasso señala, aunque sin confirmarlo, que el número de muertos en el bando español fue de 13.363 (10.973 peninsulares y 2.390 rifeños), mientras que las muertes entre los insurgentes seria de unas mil. Otras fuentes oficiales sitúan las bajas españolas en 12.214. Si a esta cifra se le restan las heridos, desaparecidos, desertores y prisioneros, así como los combatientes indígenas, tendríamos un total de 8.000 muertos peninsulares (Muños Lorente, p. 4). Nota: El Expediente Picasso es el nombre con el que se conoce al informe redactado por el general de división Juan Picasso en relación con los hechos acontecidos en la Comandancia General de Melilla en los meses de julio y agosto de 1921: el llamado Desastre de Annual y el abandono de las posiciones.

[2] El Ejército de Tierra español define la insurgencia como “un movimiento violento organizado que emprende una lucha prolongada con la finalidad de cambiar el orden político establecido” considerando la contrainsurgencia como el “conjunto de actividades políticas, diplomáticas, económicas, sociales, militares, de mantenimiento del orden, civiles y psicológicas necesarias para derrotar a una insurgencia” (Ejército de Tierra).

[3] Entorno Operativo: Conjunto de condiciones, circunstancias e influencias, fijas y variables, que afectan al empleo de las capacidades y a la toma de decisiones en relación con la operación (Estado Mayor de la Defensa).

[4] Área de Operaciones: Comprende los volúmenes geográficos definidos por el comandante operacional en el que los comandantes subordinados planean y conducen sus operaciones en el nivel táctico con la máxima libertad de acción posible. Estado Mayor de la Defensa.

[5] Cabila, cabila o kabila: territorio donde se asienta una comunidad cuyos pobladores comparten la misma ascendencia (Martinez Reverte, 2021, p. 349).

[6] Observaciones provenientes de los viajes por la zona del autor.

[7] Harka o harca: expedición de combatientes rifeños que sirvieron en las filas del Ejército Español. Algunos autores han extendido esta denominación a los combatientes rifeños liberados por Abd el-Krim ((Martinez Reverte, 2021, p. 351).

[8] Esta es una de las razones porque la familia de Abd-el-Krim perdiese la amistad y el apoyo de la administración española, a pesar de haber apoyado desde el principio la creación del Protectorado Español. Aunque tal vez la verdadera razón fuera su apoyo a Alemania y Turquía durante la Primera Guerra Mundial (Muñoz Lorente, pp. 283 y 286) y su enemistad hacia Francia (Muñoz Lorente., p. 301).

[9] Algunos autores señalan que Abd el-Krim fue capaz de movilizar unos 3.000 combatientes rifeños, altamente motivados, habituados a luchar, perfectos conocedores del duro terreno y habituados a las condiciones meteorológicas extremas de la zona. (Asprey, pp 267-274). A ellos se sumarían un gran número de población local, sobre todo cuando las posiciones españolas empiecen a caer una detrás de otra.

[10] De los 20.000 militares que estaban destinados en la Comandancia General de Melilla en el momento del desastre (de los cuales 5.000 eran tropa indígena), unos 2.000 se encontraban en la ciudad destinados a tareas no combatientes; el resto, unos 18.000, estaban distribuidos en las diferentes posiciones o formando parte de las columnas móviles. Cabe señalar que, en las fechas de inicio del verano, unos 8.000 estaban de permiso, entre ellos 200 jefes y oficiales, incluido el segundo jefe de la Comandancia, el General Felipe Navarro y Ceballos-Escalera.

[11] El coronel Riquelme estaba al mando al mando del Regimiento Ceriñola nº42, asignado a Annual, desde 1 febrero a fin de julio de 1921 (aunque se encontraba de permiso en el momento del Desastre). Gran conocedor del área y de las costumbres y del idioma rifeño, sustituiría al coronel Morales al frente de la Oficina de Asuntos Indígenas y de la Policía Indígena.

[12] Sirva como ejemplo el hecho de que entre 1917 y 1923 hubo 15 ministros de la Guerra. Solo el General Damaso Berenguer y Fusté, nombrado Alto Comisario del Protectorado en 1919, despachó durante ese año con cuatro ministros de la Guerra diferentes (Martínez Laínez, 2018; Miguel Francisco, 2014).

[13] Para más información sobre los blocaos, consultar José Diaz Fernández, El Blocao. Novela de Guerra Marroquí, Biblioteca Virtual Omegalfa, 2015.

[14] Sirvan como ejemplo los 8.000 efectivos que se encontraban de permiso a inicios del verano de 1921 (entre ellos 200 jefes y oficiales), a pesar del ataque rifeño contra la posición del Monte Abarrán, el 30 de junio y el uno de junio de 1921, donde murieron o desaparecieron veinticuatro españoles, cincuenta y nueve heridos y hubo tan solo un prisionero.

[15] El propio Abd-el-Krim se quejaba de esta situación y ponía como ejemplo la construcción de una iglesia en Nador, “habitada por cincuenta cristianos a apenas un cuarto de hora de Melilla y en cuyo altar mayor se había colocado a Santiago matando moros” (Muñoz Lorente, p. 14). No hay que olvidar que el detonante de la llamada Guerra de Margallo (1983-1984) fue la construcción de un fortín en las inmediaciones de la tumba de un santón, muy venerado por la población local (Miguel Francisco, p. 9).  

[16] Este concepto es muy parecido al de “Gagner les cœurs et les esprits” o “Winning hearts and minds”, usado por los franceses en Indochina, los británicos en Malasia y los estadounidenses en Vietnam y, posteriormente, en Iraq y Afganistán. Dicho enfoque se utiliza en la resolución de conflictos armados en el que uno de los adversarios busca prevalecer no mediante el uso de la fuerza superior, sino haciendo llamamientos emocionales o intelectuales para influir en los partidarios de la otra parte.

[17] El informe fue entregado al general Picasso por su familia al conocer su nombramiento como Juez Instructor por el Gobierno para conocer lo ocurrido. INFORME RESERVADO DEL CORONEL MORALES AL GENERAL SILVESTRE, SOBRE LA SITUACIÓN POLÍTICA DE MELILLA CON EL PROYECTADO AVANCE SOBRE ALHUCEMAS (16 de febrero de 1921) Informe del coronel Morales, de fecha 16 de febrero de 1921 (altorres.synology.me)

[18] El Teniente Coronel Dávila aconsejaba “dedicar nuestra actividad y nuestras fuerzas, a consolidar el dominio del territorio ocupado aquel año” porque “habíase rebasado el límite de elasticidad de la fuerza del Territorio”.

[19] Algunas características son vitales para la sensibilidad intercultural del personal militar y deben aprenderse y practicarse. En la actualidad, solo un pequeño número de soldados recibe una formación lingüística y cultural intensiva en sus respectivos países y la mayoría de los planes de estudio de las instituciones de educación militar todavía se centran en la educación militar “tradicional”, como ingeniería, matemáticas o química. Es fundamental incluir la formación en concienciación cultural en los planes de estudio de todas las instituciones de educación militar (Antúnez, 2021).


Editado por: Global Strategy. Lugar de edición: Granada (España). ISSN 2695-8937

Juan Carlos Antúnez

Oficial del Ejército de Tierra español. Analista Sociocultural en NATO Allied Joint Force Command (JFC) Brunssum. Doctor en Filología Árabe

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