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Primera batalla de El Alamein

https://global-strategy.org/batalla-el-alamein/ Primera batalla de El Alamein 2021-05-31 17:23:42 Carlos Javier Frías Sánchez Blog post Estudios de la Guerra Segunda Guerra Mundial

Planeamiento

El terreno elegido por los británicos como última línea de defensa de Egipto era la zona de terreno que se extendía entre la pequeña ciudad costera de El Alamein, al Norte, y la depresión de Qattara, al Sur. Esta depresión era un accidente geográfico de capital importancia militar, hasta el punto de la existencia de esta depresión es lo que llevó al mando británico a seleccionar el sector de El Alamein como el lugar ideal para detener y derrotar al Panzerarmee Afrika. La depresión de Qattara es una zona de terreno bajo (el punto más bajo está a 114 m. por debajo del nivel del mar), de fondo salino, rodeada de escarpaduras muy difíciles de franquear, lo que hace que tenga pocos accesos para vehículos, perfectamente identificados.

 Los estratos salados que forman el fondo la hacen casi impracticable, incluso para los vehículos de cadenas. La depresión tiene forma de gota, con la punta dirigida hacia Alejandría, en Egipto y la parte redondeada hacia Libia, con unas dimensiones de 120 km. de largo (de Este a Oeste) y 80 km. de anchura (de Norte a Sur). La importancia militar de la depresión de Qattara derivaba del hecho de que su presencia y sus características impedían que fuese atravesada por los medios militares de la época. En otras palabras, cerraba completamente el ‘flanco del desierto’, la vía empleada durante toda la campaña del Norte de África para envolver al enemigo, como habían hecho los británicos en las operaciones ‘Compass’, ‘Battleaxe’ o ‘Crusader’ o Rommel casi en todas sus ofensivas, con la excepción de Mersa Matruh. A unos 15 km. al Sur de El Alamein y a unos 30 km. al Norte de la depresión de Qattara, aparecía la escarpadura de Ruweisat, un terreno elevado que compartimentaba la zona, y que proporcionaba a quien lo poseyese una excelente observación para su Artillería de Campaña. Esta escarpadura, de dirección general Este-Oeste tenía dos pequeñas elevaciones en su extremo Oeste, las alturas de Deir el Shein y más al Oeste las de Deir el Abeyd.

El esquema defensivo británico inicial en El Alamein había sido concebido por el General Ritchie, y seguía el mismo esquema general ya planteado sin éxito en las batallas de Ain el Gazala y de Mersa Matruh: una serie de posiciones fortificadas fijas guarnecidas por una Brigada de Infantería reforzada con Artillería de Campaña y medios contracarro, con las Brigadas Acorazadas como reserva móvil para contraatacar a los medios acorazados italoalemanes. En realidad, este esquema defensivo había ido evolucionando ligeramente. En Ain el Gazala, la Artillería de Campaña de las ‘boxes’ se había empleado casi exclusivamente como defensa contracarro, perdiendo su capacidad de fuego indirecto, mientras que cada ‘box’ se concebía además como una ‘isla’ de combate, sin apenas colaboración entre ellas. De esta manera, Rommel podía concentrar toda su potencia de combate contra una sola de las ‘boxes’, sin que el resto de ellas hicieran nada para ayudar a la posición comprometida. La caída sucesiva de la posición de la CL Brigada, de Bir Hakeim, de la ‘box’ de Knightsbridge o de El Aden siguieron este esquema. Además, Rommel era al final quien determinaba la actuación de las Brigadas Acorazadas británicas, que acudían (si podían) en auxilio de la ‘box’ atacada. Nuevamente, el ‘sábado negro’ del 8º Ejército era un ejemplo de las consecuencias de esta forma de actuar.

En Mersa Matruh, Ritchie modificó ligeramente este esquema: por un lado, devolvió a su Artillería de Campaña a su papel de apoyo de fuegos, gracias a la mayor disponibilidad de la nueva pieza contracarro 6-pounder. Este empleo de la Artillería resultó mucho más eficaz que el probado en Gazala, aunque la gran distancia entre los dos Cuerpos de Ejército participantes en la batalla impedía a la Artillería de uno apoyar al otro. Es importante reseñar que la Artillería británica era, a juicio de sus adversarios alemanes, ‘la mejor mandada y más efectiva’ de las Armas británicas, pero tenía una importante desventaja: en su inmensa mayoría se componía de piezas muy ligeras (18- pounder, poco más que un 75 mm. y 25-pounder, equivalente a un 105 mm.), con solo dos Regimientos (Grupos a veinticuatro piezas, en realidad) de obuses pesados, dotados con obuses relativamente antiguos. Como consecuencia, la Artillería británica combatía frecuentemente en inferioridad de alcance contra los italoalemanes.

En Mersa Matruh, como en Gazala, la iniciativa se cedió completamente a Rommel, y los británicos se limitaron a reaccionar mejor o peor a las acciones del Panzerarmee.

Cuando Auchinleck asumió el mando del 8º Ejército, tuvo que respetar en lo posible el esquema defensivo planteado por Ritchie, pues no tenía tiempo para cambiarlo radicalmente antes del ataque alemán. Sin embargo, sí tomó algunas medidas importantes: consciente de la importancia de tomar la iniciativa, decidió forzar a Rommel a combatir en lugares donde no tuviera previsto hacerlo. Así, decidió que, siempre que fuera posible, atacaría a las unidades de Infantería italianas (muy poco móviles, mal armadas y con baja moral), para forzar a los carros alemanes a abandonar sus operaciones ofensivas para acudir en auxilio de sus aliados. Para estos ataques podría emplear a sus propias Brigadas de Infantería, que dejarían así su papel meramente estático. Y, para que pudieran ejecutar estas acciones ofensivas, las Brigadas de Infantería debían mantener su movilidad. Consecuentemente, retiró a Egipto a todas las unidades de Infantería para las que no tenía vehículos, considerando que serían un estrobo más que una ayuda en la batalla que se avecinaba. Por otro lado, decidió centralizar todo lo posible la Artillería, y desplegarla dentro de las ‘boxes’, pero bajo control único, en lo posible. Para ello, las diferentes ‘boxes’ tenían que estar próximas, por lo que hizo construir rápidamente una red de ‘boxes’ muy próximas entre sí.

Como en ocasiones anteriores, los defensores británicos comenzaron a tender densos campos de minas que servían como defensa inmediata de sus ‘boxes’, pero también como medio para dificultar la movilidad en los espacios vacíos existentes entre ellas.

Mientras el XIII y el X Cuerpo de Ejército combatían en Mersa Matruh, el XXX Cuerpo de Ejército había comenzado a fortificar las posiciones elegidas. La primera fue la villa de El Alamein, por la que pasaba la carretera costera y la vía de ferrocarril que corría paralela a ella. La segunda ‘box’ se destinaba a proteger el flanco sur de la posición de El Alamein, y se situaba en Bab el Qattara, a unos 30 km. al Sur de El Alamein (a unos 13 km. al Suroeste de la escarpadura de Ruweisat), donde el terreno comenzaba a elevarse hacia las alturas rocosas que delimitaban el extremo Norte de la depresión de Qattara. En tercera prioridad, comenzó a construir una tercera ‘box’ en Naq Abu Dweiss, casi en el borde de la depresión. Sin embargo, la rápida derrota en Mersa Matruh dejó muy poco tiempo para estos trabajos, de forma que la ‘box’ de El Alamein estaba relativamente completa, mientras que la de Bab el Qattara se habían cavado obras de fortificación, pero no se habían llegado a tender campos de minas o alambradas, y la Naq Abu Dweiss apenas se había iniciado.

Auchinleck asignó al XXX Cuerpo de Ejército (1ª División de Infantería Sudafricana, 5ª y 10ª Divisiones Indias) la defensa del sector Norte, el costero, mientras que el XIII Cuerpo de Ejército (con la 2ª División de Infantería Neozelandesa y la 4ª División India) se ocupaba del sector Sur. Las divisiones indias estaban incompletas (se habían quedado reducidas a apenas una Brigada con apoyos, por la decisión de Auchinleck de evacuar a las unidades sin vehículos). Los restos de la 1ª y la 7ª Divisiones Acorazadas se mantuvieron reunidos como reserva móvil del 8º Ejército. Esta vez, Auchinleck decidió retener el control de sus medios acorazados, en lugar de asignárselos a uno de sus Cuerpos de Ejército, de forma que pudiera emplearlos donde fuera necesario, en cualquiera de los dos sectores defensivos.

Dispositivo defensivo británico el 1 de julio de 1942 en El Alamein

Como se ha explicado, los defensores británicos se pusieron inmediatamente a preparar nuevas posiciones defensivas, escalonadas en profundidad. La ‘box’ de El Alamein se asignó a la III Brigada Sudafricana, mientras que la I Brigada Sudafricana organizaba otra ‘box’ en la parte Norte de la escarpadura de Ruweisat, directamente al Sur de El Alamein. La II Brigada Sudafricana organizó una posición a retaguardia y al Noreste de la ‘box’ de Ruweisat, para dar profundidad a la defensa y evitar un envolvimiento como el de Mersa Matruh. La XVIII Brigada India organizó otra ‘box’ en Deir el Shein, una de las prolongaciones occidentales de la escarpadura de Ruweisat.

Por su parte, la VI Brigada Neozelandesa ocupaba la ‘box’ de Bab el Qattara, mientras que las otras dos Brigadas de esta División organizaron dos posiciones muy próximas en el terreno elevado de Deir el Mussaib, al Este de Bab el Qattara. Desde esta posición podían reforzar la ‘box’ de Bab el Qattara en caso de necesidad o podían cerrar una posible penetración paralela al borde de la depresión de Qattara. La IX Brigada India ocupaba la posición de Naq Abu Dweiss. Los elementos restantes de la 7ª División Acorazada desplegaban al Sur, en la zona del XIII Cuerpo de Ejército, mientras que los restos de la 1ª División Acorazada desplegaban casi en el centro del despliegue, a retaguardia del XXX Cuerpo de Ejército.

El resultado de esta disposición defensiva era una maraña de ‘boxes’ situadas relativamente próximas entre sí, con el terreno elevado ocupado (lo que permitía proporcionar observación para la Artillería de Campaña). La proximidad de las ‘boxes’ permitía que la Artillería de unas pudiese apoyar las acciones defensivas de las ‘boxes’ próximas, incrementando notablemente el volumen de fuegos. Si en Gazala cada ‘box’ había combatido como una isla, en El Alamein la defensa estaba concebida de forma que las ‘boxes’ eran capaces de cooperar entre sí.

Por su parte, el Panzerarmee Afrika llegaba a El Alamein absolutamente agotado y con graves carencias logísticas (especialmente en combustible y munición). Rommel siempre había sido partidario de aprovechar las ventajas tácticas, aun a costa de exprimir a sus tropas hasta el límite, como ya había demostrado en su resonante victoria en el monte Matajur en 1917, siendo un joven Teniente. Pero, en realidad, la única posibilidad que tenía de alcanzar la victoria era mantener la presión sobre los británicos antes de que tuvieran tiempo de recomponerse y de aprovechar sus ventajas logísticas para reconstruir sus unidades, alcanzando una capacidad de combate totalmente fuera de las posibilidades de los italoalemanes. Rommel era consciente de que sus tropas estaban al límite, pero solo la continuación de la ofensiva podía ofrecer una posibilidad de victoria.

En vísperas de la primera batalla de El Alamein, el Afrika Korps contaba con unos cincuenta y cinco carros operativos, mientras que los italianos apenas disponían de una treintena. Por su parte, los británicos contaban con unos ciento ochenta carros, si bien sus unidades acorazadas estaban todavía dispersas y desorganizadas. El número de los eficaces FlaK-18/36 de 88 mm. de los alemanes se había reducido a veintinueve, pero disponían de casi quinientas piezas de Artillería de Campaña (muchas de ellas, 18 y 25-pounder británicas, capturadas en combates anteriores).

Rommel apenas tenía gasolina. La presión de la Luftwaffe sobre Malta se había reducido mucho, por la necesidad de apoyar al Panzerarmee en Egipto, pero también por la reducción de medios debida a las exigencias del frente ruso. Como consecuencia, las unidades británicas basadas en Malta volvían a suponer una amenaza casi mortal para los convoyes logísticos italoalemanes que cruzaban el Mediterráneo. Además de ello, sus bases aéreas estaban muy lejos, por lo que el tiempo que los aviones alemanes e italianos podían operar sobre la zona de combate en Egipto era muy reducido. La terminal logística más cercana era Tobruk, que, con sus capacidades disminuidas por las destrucciones sufridas, quedaba a más de 500 km. de la posición actual del grueso del Panzerarmee. El dominio del aire de la R.A.F. implicaba además que muchos de los convoyes logísticos eran destruidos. Por otra parte, como en toda la campaña del Norte de África, el ‘cordón umbilical’ de los Ejércitos seguía siendo la carretera costera: los convoyes logísticos alemanes la seguían casi hasta la misma línea del frente; su pérdida implicaría el aislamiento logístico y la derrota para las unidades situadas a vanguardia del punto donde se cortase la carretera.

Además de la complicada situación logística, la información que tenía Rommel de la organización del dispositivo defensivo británico y de la entidad de las fuerzas del 8º Ejército era escasa. Por un lado, porque su eficaz unidad de interceptación de comunicaciones radio había sufrido fuertes pérdidas en los combates anteriores (especialmente, en Gazala), por otro por la creciente disciplina de los británicos en el uso de sus medios radio y, quizá el factor más importante, por las dificultades de la Luftwaffe para realizar vuelos de reconocimiento, dada la superioridad aérea local de la R.A.F. sobre la zona de combate.

Incluso con estas dificultades, Rommel creía que la victoria era posible. La experiencia de Mersa Matruh parecía reforzar esta creencia: en esa batalla había bastado que una pequeña fuerza alemana alcanzase la retaguardia británica para desencadenar una apresurada retirada, difícil de justificar habida cuenta la desproporción de fuerzas. En consecuencia, Rommel esperaba que algo similar pudiese ocurrir en El Alamein.

Dada su experiencia en los combates anteriores contra el sistema británico de ‘boxes’, Rommel consideraba que la disposición defensiva británica mantenía un defecto recurrente: las ‘boxes’ estaban guarnecidas por Brigadas de Infantería, cuya capacidad de moverse fuera de ellas para enfrentarse a una penetración de carros enemigos era prácticamente nula. Como consecuencia, Rommel entendió que podía concentrar sus escasas fuerzas contra uno solo de los dos Cuerpos de Ejército británicos, puesto que el otro difícilmente podría ayudarle. Así, en una maniobra muy similar a la de Mersa Matruh decidió romper el frente británico en la zona del XXX Cuerpo de Ejército, en el sector costero. Después, la 90ª División Ligera envolvería El Alamein, mientras que las dos Divisiónes Panzer del Afrika Korps entrarían por la brecha y girarían al Sur, para operar contra la retaguardia del XIII Cuerpo de Ejército. Nuevamente, como en Mersa Matruh, Rommel esperaba que la llegada de fuerzas alemanas a la retaguardia de ambos Cuerpos británicos forzaría su retirada. No obstante, también como en Mersa Matruh, las fuerzas de que disponía eran claramente insuficientes. Como consecuencia, necesitaba que la operación fuese tan rápida que las más numerosas fuerzas británicas no tuviesen tiempo de reaccionar: en realidad, los británicos disponían de suficientes medios para evitar la ruptura de su frente defensivo, y para impedir la penetración en su retaguardia de los (escasos) carros italoalemanes, si eran capaces de redesplegarse a tiempo en el punto correcto.

El plan de ataque alemán. En el momento de su concepción, Rommel no era consciente de la entidad de las fuerzas británicas y de la complejidad de su dispositivo defensivo

Como consecuencia, el ataque debía ser sorpresivo, y la clave del éxito era la velocidad en la ejecución de la penetración hasta la retaguardia enemiga. Además de ello, Rommel no disponía de combustible ni de munición suficientes para una larga batalla de movimiento o para efectuar un ataque metódico a las posiciones fortificadas de las ‘boxes’, por lo que la sorpresa era crucial. Para conseguir esa sorpresa, el Afrika Korps simularía durante el día una aproximación hacia el borde Norte de la depresión de Qattara, para fijar allí al XIII Cuerpo de Ejército, pero, durante la noche se redesplegaría hacia El Quseir, en el Norte, en el sector defensivo del XXX Cuerpo de Ejército. La idea era que el Afrika Korps se abriese camino entre la ‘box’ de El Alamein y la de Deir el Shein (que la inteligencia alemana situaba erróneamente en Deir el Abeyd, unos cuatro km. más al Oeste). Desde allí, la 90ª División Ligera giraría hacia el Norte, envolviendo la ‘box’ de El Alamein y cortando la carretera costera. Las dos Divisiones Panzer del Afrika Korps apoyarían el movimiento de la 90ª División Ligera y girarían hacia el Sur para envolver las posiciones del XIII Cuerpo de Ejército, o para perseguir a los defensores de El Alamein si intentaban romper el cerco de la 90ª División Ligera y retirarse. La División de Infantería Trento, italiana, ejercería un esfuerzo de apoyo contra el frente Oeste de la ‘box’ de El Alamein, para fijar a sus defensores e impedirles que se revolviesen contra la 90ª División Ligera. El XX Cuerpo de Ejército italiano (divisiones Trieste, Ariete y Littorio) cubriría el flanco Sur del ataque, para evitar una reacción del XIII Cuerpo de Ejército. El XX Cuerpo de Ejército italiano seguiría a continuación para tomar la ‘box’ de Bab el Qattara y asegurar el flanco Sur de la penetración.

El ataque alemán

Las defensas británicas en la ‘box’ de El Alamein eran relativamente débiles: cuando se concibió la posición, el año anterior, se diseñó para ser defendida por una División al completo. Sin embargo, en julio de 1942 se combinaron dos factores que hicieron disminuir la guarnición asignada a la ‘box’: por un lado, la escasez de tropas disponibles, que forzó a que la 1ª División Sudafricana destacase dos de su Brigadas (reforzadas cada una con dos Baterías de Artillería) a ‘boxes’ situadas al Sur y al Suroeste de El Alamein; por otro, Auchinleck consideraba que las ‘boxes’ debían ocuparse como máximo a nivel Brigada, para evitar perder más tropas en caso de cerco. En consecuencia, la III Brigada Sudafricana podía hacer muy poco más que defender el sector Oeste de la posición. A cambio, la ‘box’ de El Alamein estaba muy bien dotada de Artillería de Campaña, al desplegar en ella la Artillería de la División Sudafricana y los dos Regimientos de Artillería de Campaña dotados de obuses de 4,5’ (114 mm.) y 5,5’ (140 mm.) del 8º Ejército.

Los restos de la 50ª División de Infantería, muy castigada en Mersa Matruh, se organizaron en tres columnas móviles de entidad Batallón reforzado, cada una con ocho piezas de Artillería, para cubrir los intervalos entre la ‘box’ de El Alamein y la de Deir el Shein, guarnecida por la XVIII Brigada India.

Al Sur, la 2ª Diviisón Neozelandesa desplegaba en dos posiciones, con su VI Brigada (que no había participado en anteriores combares) en la ‘box’ de Bab el Qattara, mientras que las IV y V Brigadas se reorganizaban en la de Deir el Mussaib, y los recién llegados carros de las 1ª y 7ª División Acorazadas apenas habían tenido tiempo para reconstituir sus unidades.

Cuando Rommel desencadenó su ataque, la noche del 30 de junio al 1 de julio, la finta del Afrika Korps destinada a hacer creer a los británicos que su ataque se produciría por el Sur fracasó: la intercepción de las comunicaciones de la máquina encriptadora alemana ‘Enigma’ permitieron a Auchinleck conocer anticipadamente la maniobra de Rommel. Consecuentemente, Auchinleck confiaba en emplear los carros de la XXII Brigada Acorazada junto con la 2ª División Neozelandesa para atacar desde el Sur el flanco derecho de la penetración alemana. Sin embargo, Auchinleck no pudo enlazar con el XIII Cuerpo de Ejército, por lo que la 2ª División Neozelandesa mantuvo sus posiciones.

Pese a la ausencia de un contraataque británico, el avance alemán comenzó a retrasarse: después de flanquear sin ser molestados las alturas de Deir el Abeyd, los vehículos alemanes comenzaron a recibir fuego desde Deir el Shein, lugar que creían desierto. Ante la imposibilidad de continuar avanzando sufriendo fuego desde su flanco, el General Nehring, jefe del Afrika Korps decidió asaltar la ‘box’ de Deir el Shein. Consecuentemente, los alemanes iniciaron su asalto: los Panzer-IV se alinearon a 1800 m. de las trincheras británicas, y proporcionaron fuego de cobertura para el despliegue de la Artillería y de la Infantería, que iban haciendo fuego conforme entraban en posición. Cuando el volumen de fuego empezó a reducir la eficacia de la defensa, los carros avanzaron en tres olas sucesivas, seguidos de la Infantería a pie, y protegidos por el fuego de su Artillería. Los vehículos de reconocimiento protegían los flancos del sector de ataque, mientras los Ingenieros abrían brechas en los campos de minas y en las alambradas… Esta técnica de ataque era la habitual del Afrika Korps, pero resultaba absolutamente desconocida para la XVIII Brigada India, una unidad recién incorporada al 8º Ejército desde Irak. Además de ello, los hindúes habían perdido su Artillería en Mersa Matruh, habiendo recibido como apoyo el día anterior al ataque alemán veinticinco piezas 25-pounder, restos de tres regimientos distintos, y sin medios de enlace, ni por radio ni por teléfono. Consecuentemente, las piezas actuaron de forma aislada y en tiro directo, por lo que su eficacia fue muy escasa. La XVIII Brigada había recibido como refuerzo además siete Matilda-II, que se enfrentaron en gran inferioridad numérica y cualitativa a los Panzer-III y IV alemanes, siendo rápidamente destruidos.

Por otro lado, la solicitud de ayuda de la XVIII Brigada no llegó al Cuartel General del XXX Cuerpo a tiempo de atenderla. En cualquier caso, los carros de la IV Brigada Acorazada (los únicos próximos) estaban atascados en una zona de arena blanda, por lo que tampoco hubieran podido acudir en su auxilio. Por su parte, la XXII Brigada Acorazada atacó en solitario a la caída de la tarde (el Cuartel General del XIII Cuerpo de Ejército, sin contacto con el Cuartel General del 8º Ejército, no dio órdenes de ataque a su 2ª División Neozelandesa) desde el Sur, alcanzando el flanco de la penetración alemana y causando bajas entre los atacantes. Sin embargo, para entonces (19:00) la XVII Brigada ya estaba intentando evacuar la posición, por lo que los carristas británicos no continuaron su ataque y se replegaron.

En los combates contra la XVIII Brigada, el Afrika Korps perdió dieciocho carros, casi un tercio de su inventario en ese momento, pero, además, perdió unas horas vitales para el éxito del plan de Rommel. Al final de la jornada, el Afrika Korps debía estar atacando la retaguardia del XIII Cuerpo de Ejército, y, en lugar de ello, se encontraba todavía en la primera línea de posiciones británicas, viéndose obligado además a tomar la ‘box’ de la I Brigada Sudafricana en la escarpadura de Ruweisat, si quería continuar su avance.

Por su parte, la 90ª División Ligera había vio su avance obstaculizado permanentemente por la potente Artillería de los sudafricanos, capaz de concentrar sobre los escasos infantes alemanes el fuego de más de ochenta piezas. Cuando la 90º División se vio forzada a detener su avance al Sur de El Alamein, la eficacia del fuego artillero británico no hizo más que aumentar, forzando una apresurada retirada que se convirtió casi en una huida. Durante la noche, la R.A.F. realizó continuos ataques contra los carros alemanes detenidos entre El Alamein y Deir el Shein y sus columnas de suministros… La ofensiva de Rommel había fracasado.

Al día siguiente, Rommel intentó continuar con el plan previsto, para lo que debía operar contra las posiciones de la I Brigada Sudafricana en la escarpadura de Ruweisat. Sin embargo, la actividad aérea de la R.A.F. había impedido un reabastecimiento completo, por lo que los carros alemanes andaban escasos de combustible y municiones. Esa mañana, los alemanes solo disponían de treinta y siete carros operativos, y los ataques aéreos no cesaban.

La 90ª División Ligera reinició su movimiento hacia la costa en las horas previas al alba, pero cuando amaneció comenzó a recibir un potente bombardeo artillero que, como el día anterior, la obligó primero a detener su avance y a retirarse a continuación. Los intentos de la Artillería alemana de destruir a la británica se saldaron con el fracaso, al no disponer de observatorios que permitiesen localizar a las piezas situadas en El Alamein. La 90ª División Ligera nunca llegó a aproximarse a las defensas de El Alamein lo suficiente como para poder hacer uso de sus armas ligeras y aún menos para ejecutar un asalto: la 90ª División Ligera era incapaz de alcanzar la costa y aislar El Alamein. Como consecuencia, Rommel tuvo que alterar su plan, encargando al Afrika Korps que tomase la ‘box’ (llamada ‘Hotbox’) de la I Brigada India al Norte del extremo occidental de la escarpadura de Ruweisat (a unos siete kilómetros al Este de Deir el Shein) y después que girase al Norte para alcanzar la costa. El envolvimiento previsto del XIII Cuerpo de Ejército a cargo del Afrika Korps lo realizarían las tres divisiones italianas del XX Cuerpo de Ejército (ArieteLittorio y Trieste). Esto implicaba que el ‘esfuerzo principal’ alemán dejaba de ser el envolvimiento del XIII Cuerpo, para convertirse en el aislamiento de El Alamein. Este cambio de órdenes implicaba que el XIII Cuerpo de Ejército británico no iba a ser envuelto, por el momento, por el Afrika Korps, sino por las mucho más débiles divisiones italianas, lo que hacía que su éxito fuese muy dudoso. Aparentemente, Rommel confiaba en que la lentitud de la toma de decisiones del mando británico permitiría al Afrika Korps acabar con el XXX Cuerpo de Ejército en un primer momento, y lanzarse sobre el XIII Cuerpo después, o bien, que el envolvimiento del XXX Cuerpo de Ejército desencadenaría una retirada generalizada del 8º Ejército.

Las dificultades para reabastecer al Afrika Korps hicieron que el ataque alemán no pudiese iniciarse antes de las 15:00. Este breve periodo permitió a los británicos reorganizar en cierta medida sus dispersas unidades. Así, sobre la base de una Batería del 11º Regimiento de Artillería (recién llegado de Irak) y reforzado con los restos de la 10ª División India (destruida en Mersa Matruh) y de la XVIII Brigada India (arrollada el día anterior por el Afrika Korps), los británicos crearon un grupo de combate ‘ad-hoc’ (al estilo de los kampfgruppen alemanes) llamado Robcol, que desplegó en la parte occidental de la escarpadura de Ruweisat, primer objetivo del inminente ataque del Afrika Korps.

Robcol ejecutó una tenaz defensa de su posición, con su Artillería empleada como medio contracarro, que obligó al Afrika Korps a organizar un ataque metódico a cargo de la 21ª División Panzer, que acabó por arrollar a la pequeña unidad. Sin embargo, la resistencia de Robcol dio tiempo a la XXII Brigada Acorazada para acudir en auxilio de los defensores británicos. Al Norte de la escarpadura de Ruweisat, la II Brigada Acorazada acudió también en ayuda de los sudafricanos de la ‘Hotbox’, que sufrían el ataque de la 15ª División Panzer. Aquí los alemanes recurrieron a una de sus habituales tácticas, retirándose para atraer a los carros británicos hacia una barrera de FlaK-18, que ocasionó fuertes pérdidas a la II Brigada. Sin embargo, la inferioridad numérica de los carros alemanes hizo que pronto la 15ª División Panzer tuviera que ponerse en defensiva, abortando cualquier avance. En este momento, las dos Divisiones Panzer tenían sus flancos amenazadas por la II Brigada Acorazada desde el Norte y por la XXII desde el Sur, y su avance hacia la costa estaba bloqueado por la ‘Hotbox’. Los intentos alemanes de continuar su avance fueron infructuosos. Rommel había perdido un segundo día, con un avance limitado a seis kilómetros y cuantiosas pérdidas.

Además de ello, la R.A.F. continuó con su incesante presión sobre las vanguardias alemanas: cada media hora o menos, docenas de bombarderos atacaban los vehículos alemanes desplegados frente a las posiciones británicas. Si bien la precisión de los ataques no era mucha, ni el armamento de ataque a tierra era el más adecuado (como ya hemos visto, la R.A.F. se había resistido antes de la guerra a dedicarse al apoyo a las fuerzas terrestres, y, como consecuencia, carecía aviones y armas adaptados a esta función, como sí tenía la Luftwaffe) el efecto sobre la moral de las tropas italoalemanas de los constantes bombardeos se iba incrementando progresivamente, así como las pérdidas de los muy vulnerables convoyes logísticos, comprometiendo el ya difícil reabastecimiento del Panzerarmee Afrika.

Por su parte, el XX Cuerpo de Ejército italiano, pese a la urgencia transmitida por Rommel, se encontraba muy retrasado, y su avance se vio muy obstaculizado por la presión de la R.A.F., de forma que esa jornada no pudo llegar ni siquiera a las posiciones previstas para el inicio de su ataque.

Sin embargo, la situación de los británicos tampoco era buena: la I Brigada Sudafricana había sufrido fuertes pérdidas, hasta el punto de que su Jefe de División, General Pienaar, solicitó evacuar la ‘Hotbox’ (el jefe de la Brigada yt su segundo jefe habían caído en combate), petición denegada por Auchinleck, prometiéndole refuerzos de la 9ª División Australiana, en ese momento de camino hacia el campo de batalla desde Alejandría.

Las comunicaciones entre el Cuartel General del 8º Ejército (situado en el extremo oriental de la escarpadura de Ruweisat) y el del XIII Cuerpo de Ejército (en la ‘box’ de Deir el Mussaib) seguían siendo muy problemáticas. Debido al insuficiente alcance se sus radios, el General Gott se veía obligado a elegir entre mantener la comunicación con Auchinleck o mantenerla con sus unidades subordinadas. Gott decidió quedarse cerca de sus Divisiones, y actuar en beneficio de la idea de maniobra inicial que Auchinleck había diseñado en su plan de batalla: resistir en las ‘boxes’ y actuar ofensivamente donde pudiera (especialmente, contra las tropas italianas), sobre el flanco Sur del ataque del Eje.

El día 3 de julio, Rommel decidió continuar su ataque. En realidad, no tenía otras opciones: o intentar vencer en un último esfuerzo o verse obligado a retirarse bajo presión (operación siempre costosa). Si bien el Afrika Korps apenas pudo progresar, el XX Cuerpo de Ejército italiano realizó un considerable avance, por el Sur de Deir el Abeyd y de Deir el Shein, alcanzando posiciones entre la escarpadura de Ruweisat y la ‘box’ de Deir el Mussaib. Sin embargo, en su avance los carros italianos se adelantaron mucho a su Artillería de Campaña, que sufrió un ataque por parte de las dos Brigadas Sudafricanas de esa ‘box’: como consecuencia, la División Ariete perdió toda su Artillería y gran parte de su logística (los neozelandeses capturaron veintiocho piezas y más de cien camiones e hicieron más de trescientos prisioneros) y con ella, gran parte de su capacidad de combate. El cambio de orientación de Auchinleck desde ‘boxes’ absolutamente estáticas a plantear esas posiciones como bases de partida para operaciones móviles comenzaba a dar resultados.

Por otra parte, la ‘box’ de Bab el Qattara (denominada ‘Kaponga’ por los neozelandeses) estaba sufriendo el ataque de los italianos del XX Cuerpo de Ejército, pero la presión que ejercían sobre ella era insuficiente para tomarla.

Los esfuerzos de la 21ª División Panzer po continuar el avance se estrellaron contra las IV y XXII Brigadas Acorazadas, desplegadas en la escarpadura de Ruweisat y que, reforzadas con un Batallón Acorazado improvisado (creado con restos de otras unidades, pero con veinticuatro Lee/Grant y una veintena de Cruiser), eran muy superiores en número de carros a los escasos Panzer alemanes que restaban operativos. La 21ª División Panzer perdió una docena de sus escasos carros disponibles, destruyendo diecisiete Lee/Grant, diecinueve Stuart y tres Valentine, pero su ataque había sido detenido y su capacidad de combate remanente hacía imposible nuevas acciones ofensivas: las tres Divisiones alemanas apenas reunían ya más de 1200-1500 combatientes cada una. Aún peor: los británicos quedaron dueños del campo de batalla, lo que impedía a los alemanes recuperar sus carros dañados, mientras que los británicos sí podrían hacerlo con los suyos.

La situación logística del Panzerarmee era dramática. El combustible era muy escaso (lo que impedía una rápida retirada) y la munición también (lo que comprometía la posibilidad de plantear una batalla defensiva con éxito): la 15ª División Panzer informaba de que disponía de dos disparos por cañón, y la situación de la 21ª apenas era mejor (su Artillería empleaba solo los 25-pounder capturados, gracias a la munición hallada en Deir el Shein – 1500 disparos -, mientras que las piezas alemanas carecían completamente de munición). El Panzerarmee Afrika había alcanzado el ‘punto culminante’ de su ofensiva que describía Clausewitz en el s.XIX.

Rommel no renunciaba a la ofensiva (su única posibilidad de éxito), pero necesitaba reconstituir sus Divisiones Panzer y la 90ª Ligera. Para ello, esperaba mantener la línea alcanzada y reemplazarlas por las Divisiones italianas del XXI y el X Cuerpo, que se estaban aproximando a la posición de El Alamein. Después de reabastecerlas y equiparlas, reiniciaría la ofensiva.

Sin embargo, las posibilidades reales de resistir un contraataque británico eran muy escasas: sin combustible ni munición, en un terreno poco apto para la defensa y sin minas, fortificaciones o alambradas, la defensa parecía imposible. Pese a ello, el 8º Ejército estaba tan agotado como el Panzerarmee Afrika, por lo que el día 4 de julio, ambos ejércitos se mantuvieron casi inactivos, con pequeñas escaramuzas por ambos bandos. Esta inactividad fue aprovechada por Rommel para retirar del frente a la 21ª División Panzer, para iniciar su reconstitución, y para reforzar en lo posible sus defensas. Rommel recibió por vía aérea desde Creta vía Tobruk algo de combustible, munición crítica y personal igualmente crítico, pero no era posible recibir material pesado por esa vía, por lo que su situación seguía siendo muy comprometida: los recursos disponibles eran igualmente insuficientes para una retirada ordenada o para proseguir su ofensiva.

Por su parte, Auchinleck se enfrentaba también a un dilema: sus tropas sobre el terreno estaban absolutamente exhaustas y, además era plenamente consciente de que el Panzerarmee, incluso en su compleja situación en ese momento, seguía siendo un enemigo muy peligroso. Además, la 9ª División Australiana, una unidad completamente fresca, estaba a punto de llegar al campo de batalla, lo que supondría un importante aumento de la capacidad de combate del 8º Ejército. Pero, por otro lado, Auchinleck era plenamente consciente de la demostrada capacidad de recuperación del Panzerarmee, si no se aprovechaba la situación para derrotarlo… Por otro lado, los avances alemanes desde la Unión Soviética hacia el Cáucaso amenazaban con llegar hacia el Kurdistán británico, la principal fuente de petróleo del Imperio. El Estado Mayor Conjunto de Oriente Medio calculaba que, a mediados de julio, podría ser necesario redesplegar tropas del 8º Ejército hacia Irak. Esto obligaba a Auchinleck a arriesgarse a acabar con el Panzerarmee lo antes posible. Consecuentemente, el 4 de julio por la tarde, Auchinleck ordenó al 8º Ejército pasar a la ofensiva, con el fin de destruir al Panzerarmee. Su idea era mantener al XXX Cuerpo fijando a las tropas alemanas, y emplear al XIII Cuerpo para atacar el flanco Sur y la retaguardia del Panzerarmee.

Pese a los deseos de Auchinleck, lo cierto es que el XIII Cuerpo de Ejército disponía de muy pocos carros, y su capacidad ofensiva residía sobre todo en las Brigadas de Infantería de su 2ª División Neozelandesa, con una de ellas, la VI, fijada en Bab el Qattara. Consecuentemente, la reacción de las tropas británicas fue muy tímida. Las IV y V Brigadas Neozelandesas avanzaron desde Deir el Mussaib hacia el Noroeste, pero fueron sorprendidas por un fuerte ataque de Stukas que les causó pérdidas importantes, pero, sobre todo, desorganizó su avance cuando las unidades se dispersaron para evitar el ataque, obligándolas a cancelar la operación. Ante la crisis del Panzerarmee, la Luftwaffe estaba dedicando un mayor esfuerzo en su apoyo. Al ataque aéreo se unió la Artillería de Campaña del XX Cuerpo de Ejército italiano, lo que hizo que los neozelandeses renunciasen cualquier avance.

Por otra parte, el grueso de los carros británicos se encontraba desplegado en la escarpadura de Ruweisat, frente a la 15ª División Panzer, muy inferior numéricamente y sin apenas combustible ni munición. Sin embargo, de acuerdo con la idea de Auchinleck de que el ataque de flanco lo ejecutaría el XIII Cuerpo de Ejército, los carros británicos se limitaron a mantener su posición, situación reforzada por el gran desgaste sufrido en los combates anteriores, que llevó al jefe de la 1ª División Acorazada, General Lumsden, a exigir violentamente el relevo de su División: no era la mejor actitud para emprender una ofensiva.

La inacción británica durante el 5 y el 6 de julio permitió al Panzerarmee reforzar sus defensas, y reabastecerse y posibilitó a la Luftwaffe desplegar unidades de caza y bombarderos Stuka en los aeródromos de El Daba y Fuka, a pocas decenas de kilómetros del frente. El mismo 6 de julio, Auchinleck sustituyó a Norrie como jefe del XXX Cuerpo por el General Ramsden (jefe de la destruida 50ª División), por su incapacidad para iniciar las acciones ofensivas ordenadas, y para imponerse a sus jefes de División (General Pienaar de la 1ª División Sudafricana y General Lumsden de la 1ª División Acorazada). Ese mismo día, los primeros elementos de la 9ª División Australiana comenzaron a desplegar en la escarpadura de Ruweisat.

Los refuerzos recibidos por Rommel e hicieron concebir la idea de tomar la ‘box’ de ‘Kaponga’ (Bab el Qattara), para destruir a la VI Brigada Neozelandesa. De esta forma, la 2ª División Neolzelandesa carecería de entidad suficiente para atacar con éxito el flanco Sur del Panzerarmee. Sin embargo, el día 7 de julio, los neozelandeses evacuaron subrepticiamente la posición, dejando solo algunos observadores para fingir que seguía ocupada. Incluso así, los alemanes montaron un ataque deliberado sobre la posición – lo que obligó a retrasar el movimiento hasta el 9 de julio –, con la 90ª División Ligera, la 21ª División Panzer y toda la Artillería y apoyo aéreo disponibles, que, efectivamente, ocupó la ‘box’, pero fracasó en su objetivo de debilitar decisivamente a la 2ª División Neozelandesa.

Aprovechando que Rommel había desplazado sus unidades más potentes a Bab el Qattara, el 10 de julio Auchinleck empleó a los recién llegados australianos – dos Batallones de Infantería, con el apoyo de toda la Artillería de las divisiones australiana y sudafricana (más de un centenar de piezas) y de los casi cincuenta carros Valentine del XLIV Batallón Acorazado del Royal Tank Regiment – para emprender un ataque nocturno sobre las tropas italianas que fijaban la ‘box’ de El Alamein por el Oeste (División de Infantería Sabratha), en el área de Tel el Eisa. El potente bombardeo artillero causó el pánico en los bisoños soldados italianos, facilitando el éxito del avance de los australianos. Al amanecer del 10 de julio, el promontorio rocoso de Tel el Eisa estaba firmemente en manos australianas. Afortunadamente para el Panzerarmee, la noche anterior habían llegado a la zona al Oeste de Tel el Eisa algunos elementos de la 164ª División de Infantería Ligera alemana, en aviones desde Creta. Con estas tropas y algunos FlaK (que protegían el Puesto de Mando del Panzerarmee, situado a pocos kilómetros al Oeste de Tel el Eisa), los alemanes montaron una línea defensiva que cerraba el hueco dejado por la División Sabratha, en desbandada. Rommel ordenó a la 15ª División Panzer (con solo diez carros operativos) que ejecutase un contraataque contra el flanco Sur de la penetración australiana (para lo que la Luftwaffe apoyaría con abundantes Stuka), mientras redesplegaba a la 90ª División Ligera, a la 21ª División Panzer y a los italianos de la Littorio hacia el Norte, para enfrentarse a la nueva amenaza. Auchinleck había recuperado la iniciativa y Rommel se veía obligado a reaccionar a las acciones del 8º Ejército.

Los ataques alemanes al saliente creado por el avance australiano fracasaron ante la decidida defensa de los australianos (la mayoría, veteranos del sitio de Tobruk), causando serias pérdidas a los atacantes, pero, sobre todo, descartando que Rommel pudiese tomar El Alamein, ante la amenaza que suponía la posición australiana en su línea El ataque de los australianos se asemejaba mucho a los ataques británicos de la PGM: bajo el paraguas de una importante masa de Artillería, la Infantería avanzaba, apoyada por carros, para tomar algún terreno, siempre sin salir fuera del alcance de la Artillería de apoyo (‘bite and hold’ en la jerga militar británica). De hecho, ninguna explotación de la ruptura estuvo prevista, pese a la superioridad británica en carros. El Ejército británico, poco a poco, volvía a los métodos que le habían dado la victoria en la PGM, renunciando a imitar la ‘guerra de movimiento’ de la Wehrmacht.

Después del ataque del 16 de julio, la capacidad ofensiva del Panzerarmee estaba prácticamente agotada. Por su parte, la experiencia parecía demostrar que era imposible proseguir el avance de los australianos en Tel el Eisa. En consecuencia, Auchinleck, decidido a explotar la situación de debilidad del Panzerarmee, planeó la toma de la escarpadura de Miteiriya.

Para ello contaba únicamente con una de las Brigadas de la 9ª División Australiana (de las tres Brigadas de la División, una estaba en Tel el Eisa, en proceso de ser retirada de esa posición y relevada por otra de ellas). El resto de unidades del 8º Ejército, no estaba en condiciones de emprender ninguna acción ofensiva. Lo que quedaba de la VII Brigada Motorizada (reorganizada en un grupo de combate llamado Wallgroup) había relevado al castigado grupo de combate del 3er Regimiento de la Royal Horse Artillery en la ‘Hotbox’, pero carecía de capacidad ofensiva. La 1ª División Sudafricana había perdido una de sus Brigadas y las dos restantes guarnecían la ‘box’ de El Alamein y la situada al Este de esa posición. La 2ª División Neozelandesa solo tenía a su desgastada V Brigada, hasta que pudiese recuperar a su VI Brigada, en proceso de reconstitución. Los carristas británicos se mantenían en los alrededores de Ruweisat para defender nuevamente esa posición en caso de un ataque del Afrika Korps o de la 90ª División Ligera desde Bab el Qattara… En conjunto, el 8º Ejército no disponía más que de una Brigada de Infantería como unidad de maniobra, si bien podría apoyarla con la Artillería de las divisiones australiana y sudafricana y con los Valentine del XLIV Batallón del Royal Tank Regiment. En consecuencia, la única operación posible era un corto avance sin explotación, del tipo ‘bite and hold’, similar al realizado en Tel el Eisa. Para ese tipo de operación, la escarpadura de Miteiriya parecía el lugar idóneo: estaba situado a corta distancia de las posiciones australianas de Tel el Eisa, dentro del alcance de la Artillería disponible; su guarnición eran tropas italianas, muy desmoralizadas; la ocupación de Miteiriya forzaría la retirada de las fuerzas alemanas de la zona de Ruweisat (al quedar amenazada su retaguardia), a la vez que permitiría adquirir observación para la potente Artillería británica sobre muchos kilómetros de la retaguardia del Panzerarmee hacia el Oeste, haciendo muy difícil la permanencia de elementos poco móviles en esa zona, lo que comprometería gravemente la logística italoalemana. Además, al abrigo de la altura de Miteiriya, los carros británicos podrían concentrarse sin ser observados y emprender acciones ofensivas bien hacia el Norte (cortando la carretera costera), bien hacia el Sur (rodeando a las unidades alemanas de la ‘box’ de Bab el Qattara, o bien directamente hacia el Oeste, penetrando en profundidad en la retaguardia italoalemana.

La escasez de fuerzas disponibles hacía que, si se comprometía al completo la única Brigada disponible, no quedase absolutamente ninguna reserva en el 8º Ejército para auxiliar a esa Brigada en caso de problemas o para atender cualquier crisis en otra zona. Además de ello, el jefe de la 9ª División Australiana, General Morshead, era muy poco proclive a emplear sus tropas en ataques ‘parciales’ de Brigadas independientes. Así, el ataque a Miteiriya se acabó confiando a dos de los tres Batallones disponibles, manteniendo uno como reserva. Un grupo de combate de la III Brigada de Infantería Sudafricana se alertó para explotar el éxito, si se producía. Como en las acciones anteriores en Tel el Eisa y en Ruweisat, el avance de la Infantería australiana se ejecutó en plena noche, para evitar a los blindados alemanes, y con abundante apoyo artillero y con el de los carros Valentine. Un primer Batallón (II/32) tomaría las alturas de Tel el Maj Jad, una pequeña elevación situada entre Tel el Eisa y Miteiriya. Una vez ocupada ésta, el segundo de los Batallones (II/43) rebasaría por la izquierda Tel el Maj Jad y ocuparía Miteiriya.

De las tres Compañías participantes en el ataque a Tel el Maj Jad, dos alcanzaron las posiciones previstas, pero la tercera, en el extremo derecho del ataque, se encontró con una fuerte resistencia de los italianos (que incluyó el empleo de carros), siendo capturada casi en su totalidad. Las dos Compañías que alcanzaron la escarpadura volvieron a encontrarse en la difícil situación de no poder atrincherarse en el rocoso suelo de su nueva posición, mientras que podían ser observados y atacados casi desde cualquier posición enemiga al Sur de la escarpadura. El fuego italiano destruyó las comunicaciones, de forma que tardaron tres horas en comunicar al II/43 que habían tomado la posición prevista, para que éste segundo Batallón iniciase su ataque a Miteiriya. Como consecuencia, cuando el II/43 comenzó a aproximarse a Miteiriya, los defensores italianos estaban alertados, y el Batallón avanzó bajo un nutrido fuego defensivo. Como en Ruweisat, la falta de adiestramiento en combate nocturno de los italianos hizo ese fuego muy poco eficaz, de forma que el II/43 alcanzó Miteiriya pese a la oposición de los italianos. En el extremo derecho, una de las Compañías australianas ocupó una posición artillera italiana, capturando diecinueve piezas de campaña y seis contracarro, y haciendo cincuenta prisioneros. Sin embargo, el retraso en el ataque hizo que se prolongase hasta el amanecer, momento en el que los cañones contracarro italianos recuperaron su eficacia, al tiempo que permitió la participación de la Luftwaffe.

Así, en poco tiempo solo quedaban seis Valentine operativos, mientras que los Stuka destruyeron a los vehículos del Batallón, incluyendo gran cantidad de su reserva de munición. Como a los defensores de Tel el Maj Jad, el fuego artillero italiano había destruido sus cables de comunicaciones, lo que impedía dar objetivos a su Artillería y, como en los casos anteriores, el terreno de Miteiriya impedía la fortificación. La luz del día permitió a la 21ª División Panzer destacar un pequeño grupo de Panzer-IV, que hostigaban impunemente a los australianos, al tiempo que la Artillería italoalemana bombardeaba implacablemente las expuestas posiciones que ocupaban sobre Miteiriya y Tel el Maj Jad. Ante su incapacidad para responder al fuego de los italoalemanes, el II/43 se retiró de Miteiriya para ocupar una posición a la izquierda del II/32, al Este de Tel el Maj Jad, al tiempo que este último Batallón abandonaba la cresta de la escarpadura y tomaba posiciones en la contrapendiente. Sin embargo, la situación de los australianos no mejoró: sin reservas acorazadas de entidad y sin poder emplear su Artillería por falta de comunicaciones, el 8º Ejército carecía de medios para auxiliar a los dos Batallones  australianos en Tel el Maj Jad, sometidos a un continuo bombardeo por la Artillería del Panzerarmee. Hacia las 16:00 del 17 de julio, los italoalemanes iniciaron un contraataque sobre el punto de unión de ambos Batallones, apoyado por carros y vehículos blindados de reconocimiento. Ante la presión enemiga, ambos Batallones se replegaron hacia Tel el Eisa. Habían sufrido 337 bajas, pero habían capturado 750 prisioneros y varias piezas artilleras. Durante la noche, el tercer Batallón de la Brigada (II/28) ocupó por sorpresa las alturas de Tel el Maj Jad, que habían sido abandonadas por los italoalemanes, fortificándose en la contrapendiente. Ante la evidencia de que la operación de los australianos no tenía más ambiciones y dado el agotamiento de ambos contendientes, los italoalemanes aceptaron sin más la nueva situación, sin tomar nuevas acciones ofensivas.

Contraataques del 8º Ejército

Como deseaba, Auchinleck había obligado a Rommel a reaccionar a sus acciones, en lugar de esperar pasivamente a que Rommel decidiese dónde, cuándo y cómo plantear el combate. Sin embargo, recuperar la iniciativa tenía un coste muy alto: Auchinleck había empleado su única División no comprometida en combate en una acción ofensiva excéntrica (en el extremo Norte de su despliegue, muy lejos del XIII Cuerpo de Ejército) y muy diferente de lo previsto en su idea de maniobra inicial (que se basaba en un ataque del XIII Cuerpo de Ejército sobre el flanco Sur de la penetración del Panzerarmee). En esta acción, las posibilidades del XIII Cuerpo de Ejército de realizar ninguna acción en apoyo de los australianos eran muy escasas: las Brigadas neozelandesas estaban muy alejadas hacia el Sur, y los carros alemanes e italianos se interponían entre ambos contingentes. En realidad, el XIII Cuerpo de Ejército, compuesto sobre todo de unidades de Infantería motorizada podía ejecutar acciones similares a la ejecutada por los australianos (un ataque de poca profundidad, dentro del alcance de su Artillería y contra unidades de Infantería), pero llegar a Tel el Eisa, enfrentándose a los carros italoalemanes, estaba completamente fuera de su alcance.

Por otra parte, Auchinleck solo había empeñado dos de los nueve Batallones de Infantería de la 9ª División Australiana, lo que, en teoría, dejaba libre a la mayoría de esa División. Sin embargo, en la práctica, eso no era así: las unidades de los ‘dominions’ del Imperio tenían una doble cadena de mando. Dependían en teoría del mando del 8º Ejército, pero los jefes de cada contingente tenían enlace directo con los gobernadores de sus territorios de origen, y éstos imponían políticas de empleo de sus fuerzas, destinadas, en general, a evitar su empleo como ‘carne de cañón’. Así, mientras que las unidades británicas operaban en unidades independientes de entidad Brigada (reforzada con Artillería, medios contracarro y carros de combate, en su caso), los australianos tenían instrucciones de operar con su División al completo. En consecuencia, el despliegue de dos de sus Batallones en Tel el Eisa hacía que toda la 9ª División Australiana estuviese siendo desplegada progresivamente en ese área, impidiendo su empleo en ninguna otra zona. Así, Auchinleck había llegado a una especie de ‘empate táctico’ con Rommel: el Panzerarmee no podía proseguir su ofensiva sin eliminar la amenaza que suponían los australianos en Tel el Eisa (promontorio que dominaba la zona y desde podía dirigirse el fuego de la potente Artillería de Campaña del 8º Ejército), pero el 8º Ejército tampoco podía ejecutar un contraataque decisivo sobre el Panzerarmee… En un combate defensivo, como el que ejecutaba Auchinleck, era una victoria. Además, su cercanía a sus bases logísticas debía permitir al 8º Ejército recibir refuerzos suficientes como para adquirir una capacidad ofensiva suficiente en algunas semanas, mientras que las posibilidades del Panzerarmee de recibir equipo pesado (carros y vehículos, sobre todo) eran mucho más escasas. Nuevamente, como en toda la campaña del desierto, la tiranía de la logística imponía sus condiciones a los combatientes.

Una importante (e inesperada) consecuencia de la toma de Tel el Eisa fue la completa destrucción de la 621ª Compañía de Guerra Electrónica, encargada de interceptar las comunicaciones radio británicas. Esta unidad, que ya había sufrido importantes pérdidas en los combates de Gazala había sido recientemente reconstituida, y se desplegó tan a vanguardia como fue posible para mejorar su capacidad de interceptar las comunicaciones radio del 8º Ejército. El ataque australiano sorprendió a esta unidad, que acabó siendo capturada en su mayoría, pese a su resistencia. Esta Compañía era el principal elemento de inteligencia del Panzerarmee, que, gracias a los mensajes interceptados tenía una información muy completa y actualizada de la situación e intenciones del 8º Ejército y su pérdida fue un durísimo golpe para Rommel.

La decisión de Auchinleck de concentrar sus ataques sobre las débiles Divisiones de Infantería italianas era, en realidad, una manera de retornar a la ‘doctrina de fuegos’ que había llevado a la victoria a los aliados en la PGM. El progresivo desgaste de las unidades italianas haría que las escasas y castigadas unidades alemanas acabasen por ser incapaces de cubrir las amplias zonas en las que se desarrollaban las operaciones. Sin embargo, este enfoque tenía dos problemas importantes. El primero era el tiempo: como se vio al tratar la PGM, esta forma de combatir proporcionaba resultados graduales, que solo eran decisivos cuando se acumulaban sus efectos, lo que requería operaciones largas. El segundo de los problemas era más grave: al concentrar sus medios ofensivos sobre los italianos, las unidades alemanas quedaban relativamente ‘libres’ para actuar ofensivamente contra las unidades británicas atacantes, mediante contraataques ejecutados cuando aún no se habían reorganizado tras sus acciones ofensivas. Frente a las veteranas unidades alemanas de Rommel, no era un riesgo despreciable.

En los siguientes días, los australianos consiguieron expulsar a los restantes defensores italianos de Tel el Eisa (limitados a la parte más occidental del promontorio), pero fueron incapaces de incrementar su avance. Por su parte, Rommel planeó un contraataque para recuperar el terreno perdido. En lugar de atacar las posiciones italianas, Rommel decidió avanzar sobre las posiciones de los sudafricanos en la ‘box’ de El Alamein. En efecto, si la posción de El Alamein caía, los australianos quedarían aislados (viéndose forzados a retirarse bajo presión o a ser capturados), al tiempo que desaparecía el principal obstáculo al avance del Panzerarmee. Para esta operación, Rommel emplearía a su unidad más potente, la 21ª División Panzer, apoyada por toda la Artillería disponible y se ejecutó el 13 de julio. Sin embargo, gracias a las interceptaciones y desencriptado de los mensajes de las máquinas Enigma, los británicos conocían en detalle el ataque de Rommel, y reforzaron sus posiciones defensivas. Consecuentemente, el ataque fue un costoso fracaso. Como en ocasiones anteriores, la concentración de los fuegos de la Artillería británica impidió cualquier avance de la Infantería alemana, que no llegó a poder hacer uso de sus armas. Y, sin su Infantería, los carros alemanes no llegaron a ejecutar el ataque previsto, fuera del hostigamiento de las defensas.

Ante el fracaso en El Alamein, Rommel redirigió su atención hacia el saliente de Tel el Eisa, ordenando a la 21ª División Panzer que atacase la parte Sudeste del saliente. El ataque consiguió pequeños éxitos, pero degeneró en una serie de combates menores y poco decisivos entre la Infantería australiana, apoyada por los carros Valentine del XLIV Batallón del Royal Tank Regiment, y los atacantes alemanes. Nuevamente, la Artillería británica tuvo un papel clave en los combates: gracias a su ventaja logística, cada Grupo de Artillería británico efectuaba diariamente más de dos mil disparos (a más de cien disparos diarios por pieza), mientras que los italianos y alemanes apenas podían disparar en total unos pocos cientos de proyectiles. Como muestra, el 8º Ejército consumía unos 41.000 disparos de 25-pounder por día, cantidad que multiplicaba muchas veces lo que podía disparar el Panzerarmee, en todos los calibres.

El redespliegue de las principales unidades de Rommel hacia Tel el Eisa (caso de la 21ª División Panzer) o hacia Bab el Qattara (90ª División Ligera) y los fracasos de las ofensivas de Rommel impulsaron a Auchinleck a retomar su idea de un ataque del XIII Cuerpo de Ejército sobre el flanco Sur del Panzerarmee. Esta acción ofensiva se denominó ‘operación Bacon’. El objetivo de esta acción sería la toma de las posiciones alemanas en la parte occidental de la escarpadura de Ruweisat. Para ello, la IV y V Brigadas Neozelandesas, apoyadas por la Artillería y el Grupo de Cañones Contracarro de la División efectuarían un avance nocturno desde la ‘box’ de Deir el Mussaib hacia el Norte. La VI Brigada de la División había sido retirada del frente tras las pérdidas sufridas en Bab el Qattara. Los británicos creían que el flanco Sur del Panzerarmee en la zona de Ruweisat estaba protegido por dos Divisiones de Infantería italianas (Brescia y Pavia). Habían detectado una somera línea de pequeñas fortificaciones avanzadas bien al Sur de la escarpadura, y consideraban que la principal línea de defensa de los italianos se encontraría sobre el propio promontorio rocoso. Como se ha citado, las Brigadas de Infantería británicas carecían de capacidad contracarro, por lo que, tras tomar las posiciones defensivas de la escarpadura, debían recibir inmediatamente medios contracarro para frontar el habitual contraataque inmediato de los alemanes, pues la 15ª División Panzer se encontraba muy próxima. Por otro lado, su flanco izquierdo (al Oeste) quedaba descubierto frente a un ataque de la 90ª División Ligera (que contaba con un Batallón de Reconocimiento con vehículos blindados). Además, si se quería tomar la escarpadura de Ruweisat antes de amanecer (y, por tanto, antes de que interviniese la Luftwaffe, como había ocurrido en ocasiones anteriores), era necesario ignorar las resistencias aisladas que quedasen a retaguardia de la escarpadura de Ruweisat, que debían ser ‘limpiadas’ por otra unidad, para permitir que la Artillería y los cañones contracarro neozelandeses pudieran llegar hasta la línea defensiva prevista sobre la escarpadura. Finalmente, la 2ª División Neozelandesa carecía de la movilidad suficiente para explotar en profundidad el éxito previsto de la ruptura de la línea italoalemana. Estos cuatro requisitos (capacidad contracarro, protección de flanco, limpieza de posiciones rebasadas y explotación del éxito) apuntaban a la necesidad de contar con unidades acorazadas. Sin embargo, las únicas disponibles eran las XXII y II Brigadas Acorazadas de la 1ª División, que pertenecían al XXX Cuerpo. Como hemos visto, el jefe de la 1ª División Acorazada, General Lumsden, era bastante reacio a emprender acciones ofensivas, por lo que se mostró renuente a participar en la operación. Al final, consintió en asumir lo que se le pedía… con ciertos matices. Puesto que sus carros solo podían desplazarse con luz diurna, sus dos Brigadas Acorazadas se pondrían en marcha cuando las dos Brigadas Neozelandesas confirmasen vía radio que habían alcanzado sus posiciones previstas en la escarpadura de Ruweisat. En ese momento, la XXII Brigada Acorazada iniciaría su movimiento hacia la escarpadura de Ruweisat, mientras que la II Brigada Acorazada se movería hacia el flanco Oeste de la 2ª División Neozelandesa. Esta decisión tenía varias consecuencias: por rápido que fuese el movimiento de las dos Brigadas Acorzadas, necesitarían algún tiempo (probablemente algunas horas) para alcanzar sus posiciones finales. Durante ese tiempo, las Brigadas de Infantería neozelandesas carecerían de apoyo de carros, ni tendrían cubierto su expuesto flanco Oeste. Además de ello, las disposiciones de la 1ª División Acorazada no contemplaban la limpieza de las resistencias rebasadas por los neozelandeses (que, en caso de ejecutarse, retrasarían aún más el movimiento de las Brigadas Acorazadas).

Esquema del plan previsto para la ‘operación Bacon’, que se ejecutó el 15 de julio de 1942

La noche del 14 al 15 de julio, la IV y V Brigadas de la 2ª División Neozelandesa iniciaron su movimiento hacia el Norte. La IV Brigada tenía un excelente adiestramiento en operaciones nocturnas, y la V no lo tenía tanto, pero también era capaz de operar eficazmente en la noche. La V Brigada Neozelandesa había recibido un nuevo modelo de radio portátil, la No.18 (hasta entonces, las comunicaciones tácticas de las Brigadas de Infantería se basaban en el empleo del teléfono de campaña), aunque en número inferior al necesario. La IV Brigada Neozelandesa contaba también con radios de modelos anteriores, desde hacía algunos meses. Llegados en sus vehículos a unos dos mil metros de las posiciones avanzadas italianas, los infantes neozelandeses desmontaron, desplegaron e iniciaron su avance.

Las defensas de las divisiones Brescia y Pavia se basaban en una serie de posiciones aisladas de pequeña entidad (Sección o Compañía). Sus capacidades de combate nocturno eran reducidas, y se basaban en la aplicación de planes de fuego preeestablecidos: en caso de ataque, las ametralladoras cubrían con ráfagas determinados sectores de tiro preasignados. La Artillería iluminaría las zonas que fuesen necesarias con proyectiles especiales iluminantes, a petición de las unidades de Infantería establecidas en las posiciones defensivas. Sin embargo, la Artillería italiana andaba muy escasa de munición, por lo que el combate se desarrolló en la oscuridad. Las posiciones de los infantes italianos quedaban claramente reveladas por el empleo de munición trazadora, lo que permitía a los observadores de la Artillería neozelandesa neutralizarlas rápidamente. En consecuencia, la cortina de puestos avanzados de las dos Divisiones fue rápidamente superada por los infantes neozelandeses. Su sorpresa fue que, en lugar de encontrar una segunda línea de posiciones italianas, los neozelandeses cayeron rápidamente sobre emplazamientos artilleros, puestos de mando y depósitos logísticos: lo que habían creído una línea de puestos avanzados era, en realidad, la principal (y única) línea defensiva de las castigadas divisiones italianas.

Tras el éxito inicial, los problemas para los neozelandeses comenzaron a acumularse. Las posiciones defensivas rebasadas impedían el paso a los vehículos no protegidos que transportaban a la Artillería y a los cañones contracarro, de forma que los infantes que habían alcanzado la escarpadura carecían de apoyos. Las baterías de las radios No- 18 de la V Brigada se habían agotado rápidamente y, sin vehículos, no podían cargarlas. Consecuentemente, la V Brigada no pudo enviar la señal de que había alcanzado su posición prevista, por lo que la 1ª División Acorazada no inició su movimiento. Además, los neozelandeses descubrieron rápidamente por qué los italianos no habían establecido su línea defensiva sobre la escarpadura: el terreno rocoso impedía la construcción de trincheras de ningún tipo, por lo que los infantes se encontraban en un terreno expuesto, sin posibilidad de atrincherarse y sin capacidad contracarro (las condiciones del terreno en Ruweisat eran bien conocidas para el XXX Cuerpo de Ejército, pero, aparentemente, nadie informó al XIII Cuerpo). Algunos cañones contracarro (montados sobre camiones) habían llegado al sector de la IV Brigada, pero ninguno al de la V. Además de ello, el Batallón de la V Brigada que avanzaba en segundo escalón había sido sorprendido en campo abierto al amanecer por un grupo de ocho carros alemanes del 8º Regimiento Panzer (15ª División), y había sido desbandado.

Las dificultades en las comunicaciones forzaron al Puesto de Mando de la 2ª División Neozelandesa a redesplegar para aproximarse a sus Brigadas. Sin embargo, se encontraron con que no podían avanzar: al igual que la Artillería, los cañones contracarro y las columnas logísticas, las bolsas de resistencia impedían el movimiento de vehículos no protegidos hacia Ruweisat, y la carencia de unidades de Infantería impedía tomar las posiciones aisladas. Así, el Puesto de Mando de la División volvió a su emplazamiento original, pero durante varias horas, la División estuvo sin contacto con su jefe…

En cualquier caso, el ataque de los neozelandeses ponía al Panzerarmee en una situación crítica: las divisiones Brescia y Pavia podían darse por perdidas, la 15ª División Panzer estaba a punto de ser rodeada y se había perdido el terreno clave de la escarpadura de Ruweisat. Si la 15ª División Panzer era destruida (y ahora tenía a los británicos rodeándola por tres lados, uno de ellos su vulnerable retaguardia), el 8º Ejército podría atacar a la 21ª División Panzer por su retaguardia, destruyéndola con casi total seguridad, lo que supondría el fin del Panzerarmee.  De hecho, el mando de la 15ª División Panzer estaba sorprendido de que los británicos no aprovechasen para explotar el éxito con sus carros, cuando el Panzerarmee apenas podía defenderse.

Ante la crisis, el General Nehring (jefe del Afrika Korps) ordenó el cese del ataque de la 21ª División Panzer en Tel el Eisa, y que esa división destacase un grupo de combate lo antes posible hacia el Sur. La 90ª División Ligera enviaría a su Batallón de Reconocimiento y un grupo de combate hacia el flanco izquierdo de la 2ª División neozelandesa. Mientras, la 15ª División Panzer intentaría desalojar a los neozelandeses de Ruweisat.

Por su parte, tras insistentes peticiones de los jefes de la 2ª División Neozelandesa, las Brigadas de la 1ª División Acorazada comenzaron a avanzar. Las repetidas experiencias de toparse inesperadamente con las temibles barreras contracarro de los FlaK alemanes hicieron que ese avance fuese lento y cauteloso. Así, tardaron dos horas y media (desde las 06:15 hasta las 08:45) en alcanzar la línea defensiva italiana, situada apenas a diez kilómetros de su posición. Varias de las posiciones supervivientes de esta línea estaban reforzadas con FlaK de 88 mm y con PaK de 50 mm, lo que que haría muy difícil y costoso para los carros británicos acabar con ellas sin emplear Artillería e Infantería. La V Brigada India, desplegada apresuradamente con esa misión comenzó lentamente a reducir las bolsas, apoyada por los carros británicos. Así, a mediodía, la retaguardia de la V Brigada Neozelandesa podía considerarse asegurada. No así la de la IV Brigada, donde las bolsas de resistencia seguían activas. En cualquier caso, la II Brigada Acorazada podía llegar ahora al sector defensivo de la V Brigada Neozelandesa.

Hacia las 14:00, los británicos detectaron al grupo de combate de la 21ª División Panzer, estimado en unos cuarenta carros, desplegándose al Noroeste de la escarpadura de Ruweisat, frente a la IV Brigada Neozelandesa. Al mismo tiempo los blindados del Batallón de Reconocimiento de la 90ª División Ligera comenzaron a hostigar a la IV Brigada desde el Oeste y el Sur, protegiendo además a unidades de Artillería italiana que comenzaron a desplegar para batir a esa Brigada desde esas zonas. A las 16:00, los alemanes iniciaron su ataque sobre la IV Brigada, que, sin apenas capacidad contracarro ni apoyo artillero, poco podía hacer. Por su parte, el movimiento de la XXII Brigada Acorazada había sido muy lento, por la presencia de campos de minas y de bolsas de resistencia, de forma que no llegó a tiempo de auxiliar a la IV Brigada Neozelandesa. Por su parte, la II Brigada Acorazada iba acercándose poco a poco a las posiciones defensivas de la V Brigada Neozelandesa, con su avance ralentizado por los numerosos campos de minas.

La destrucción de la IV Brigada y el retraso de los carros británicos en reforzar a los defensores neozelandeses forzó a la castigada V Brigada a retirarse de la indefendible posición de Ruweisat, al tiempo que los carros alemanes comenzaron a hostigar a los escasos carros británicos que habían llegado a la zona de combate, forzándolos también a retirarse.

Al día siguiente, 16 de julio, los alemanes intentaron transformar su éxito defensivo en un contraataque en toda regla, avanzando con los carros restantes de las dos divisiones Panzer contra la V Brigada India, que defendía la parte oriental de la escarpadura de Ruweisat. Sin embargo, nuevamente las comunicaciones que hicieron vía Enigma fueron interceptadas, y el 8º Ejército fue capaz de reforzar convenientemente la posición defensiva, empleando numerosos cañones contracarro y a los Grant de la II Brigada Acorazada. El infructuoso ataque alemán se saldó con la pérdida de veinticuatro carros, dieciocho PaK y seis FlaK de 88 mm., pérdidas que difícilmente podían ser asumidas por el debilitado Afrika Korps.  Por su parte, los australianos intentaron un nuevo ataque en Tel el Eisa, que, tras un pequeño éxito inicial, fue repelido por el fuego de la Artillería del Panzerarmee.

Splendour

El 17 de julio, la capacidad ofensiva del Panzerarmee estaba agotada. En consecuencia, Rommel adoptó una disposición táctica completamente defensiva. Por un lado, intercaló las unidades de Infantería alemanas disponibles entre las italianas, con el final de fortalecer la defensa, a modo de ‘ballenas de corsé’. La idea era no presentar a Auchinleck ningún punto débil en su frente defensivo, para evitar nuevas ofensivas contra las débiles divisiones italianas. A cambio, Rommel perdía su capacidad de emprender ninguna acción ofensiva contra las ‘boxes’ británicas, al perder a su única Infantería con capacidad ofensiva. Además, concentró los carros restantes de la 21ª y la 15ª Divisiones Panzer en las proximidades de Deir el Shein, desde donde podrían ejecutar contraataques en cualquier lugar donde se produjese un ataque británico, y organizó profundos campos de minas en su frente defensivo.

Por parte del 8º Ejército, la situación era progresivamente más favorable, gracias al continuo flujo de refuerzos que llegaba desde Alejandría. Pese a ello, su capacidad ofensiva todavía era limitada, debido al cansancio y al desgaste acumulado en los últimos combates. La experiencia de los recientes encuentros en Miteiriya demostraba claramente la necesidad de que cualquier futura acción ofensiva precisara alguna acción diversiva para alejar a los carros alemanes de la zona de combates planeada, y de reforzar a la Infantería atacante con carros capaces de combatir con éxito el inevitable contraataque de los carros alemanes, que, tarde o temprano, se produciría.

En principio, teniendo en cuenta que el tiempo favorecía al 8º Ejército, al recibir refuerzos mucho más rápidamente que el Panzerarmee, la situación parecía recomendar al mando británico esperar antes de emprender nuevas acciones ofensivas. Sin embargo, las presiones de Londres para destruir el Panzerarmee eran cada vez mayores, ante el miedo de que los alemanes derrotasen al Ejército Rojo y pudiesen alcanzar los pozos petrolíferos de Kirkuk, en Irak, principal fuente de combustible de todo el Imperio. Londres esperaba redesplegar el 8º Ejército en el Norte de Irak lo antes posible, en caso de un nuevo colapso del Ejército Rojo como el ocurrido en el verano de 1941, lo que implicaba la necesidad de derrotar decisivamente a Rommel lo antes posible. Así, la Orden de Operaciones nº 100 del 8º Ejército, del 17 de julio, tenía como finalidad la de ‘destruir al ejército enemigo en su actual localización’, en una nueva operación ofensiva denominada Splendour, planeada inicialmente para el 20 de julio.

El 8º Ejército acababa de recibir como refuerzo a la XXIII Brigada de Carros, una unidad del Territorial Army (tropas de reserva, no activadas en tiempo de paz), compuesta de tres Batallones Acorazados con un total de 122 carros Valentine y 18 Matilda-II operativos (de un total de 164 carros) el día 20 de julio, y el 5º Regimiento (un Grupo a veinticuatro piezas 25-pounder) de la Royal Horse Artillery. En teoría, era una unidad muy potente, descansada y que no había sufrido ningún desgaste. Además de ello, disponía de un número de carros superior al inventario completo del Panzerarmee en aquel momento.

Además de esta Brigada, la IV Brigada Acorazada se había reorganizado como IV Brigada Ligera Acorazada, dotada fundamentalmente de vehículos blindados de reconocimiento (en dos de sus Batallones, y en dos tercios del tercero) y carros M-3 Stuart (una Compañía agregada al tercero de sus Batallones), junto con un Batallón de Infantería motorizada y una Batería del 3er Regimiento de la Royal Horse Artillery.

Además de ello, había recuperado a la VI Brigada de Infantería Neozelandesa y había recibido desde Irak a la CLXI Brigada Motorizada India, dos unidades descansadas y al completo de efectivos.

Vehículo de reconocimiento blindado Humber Mk-IV, armado con una ametralladora BESA de 15 mm. o, en la versión fabricada en Estados Unidos, con un cañón de 37 mm. La IV Brigada Ligera Acorazada estaba dotada fundamentalmente de estos vehículos. Su capacidad contracarro era prácticamente nula.

Tras varios cambios en su concepción (que añadieron bastante confusión en las unidades ejecutantes), en su versión final, la operación Splendour se basaba en un ataque del XIII Cuerpo en el centro de la línea defensiva de Rommel, encaminado a tomar Deir el Shein, apoyado por un ataque en el flanco Norte de esta posición por el XXX Cuerpo de Ejército, desde Tel el Eisa hacia la escarpadura de Miteiriya y hacia el Oeste. El XIII Cuerpo de Ejército debería estar preparado para explotar una posible retirada del Panzerarmee, en dirección a Fuka. Puesto que la experiencia reciente demostraba la eficacia del fuego de Artillería británico, la operación Splendour se desarrollaría dentro del alcance de las abundantes piezas situadas en la ‘box’ de El Alamein, en la posición de Tel el Eisa y al Sur de Deir el Shein.

Para el ataque, el XIII Cuerpo de Ejército contaba con la recién llegada VI Brigada Neozelandesa y con la CLXI Brigada Motorizada India (encuadrada en la 5ª División India). La VI Brigada Neozelandesa, apoyada por toda la Artillería de la 2ª División Neozelandesa, atacaría de noche la posición de El Mreir, al Sur de Deir el Shein, destruyendo la barrera de cañones contracarro que protegía Deir el Shein por el Sur y levantando los densos campos de minas para abrir paso a los carros de la XXIII Brigada de Carros, mientras que la CLXI Brigada India avanzaría desde el Este, a caballo de la escarpadura de Ruweisat, para cubrir el flanco Norte de la penetración de los carros británicos. Si se producía la esperada ruptura del frente, la 1ª División Acorazada (Brigadas Acorazadas XXIII y II) realizaría la explotación en la retaguardia italoalemana. Simultáneamente, la XXVI Brigada Australiana atacaría hacia el Oeste desde Tel el Eisa y la XXIV Brigada Australiana tomaría la escarpadura de Miteiriya.

La idea de este ataque de apoyo era la de amenazar a la retaguardia del Panzerarmee, para obligar a los carros alemanes a dividirse, a atacar a los australianos para proteger su retaguardia o, al menos, a retrasar su reacción sobre la penetración de los neozelandeses. Como en los ataques anteriores, el apoyo de carros era vital para la Infantería británica, para disponer de una mínima capacidad de responder al esperado contraataque de los carros alemanes. Los australianos, cuyas acciones se desarrollarían más lejos de la posición de estos carros, contaban con el apoyo de los Valentine del experimentado XLIV Batallón Acorazado y con los del L Batallón Acorazado (procedente de la inexperta XXIII Brigada de Carros), mientras que neozelandeses e hindúes recibirían el apoyo de los carros de la II Brigada Acorazada (encuadrada en la 1ª División Acorazada). Dadas las amargas experiencias anteriores, los neozelandeses intentaron (sin éxito) que la 1ª División Acorazada destacase alguna unidad de carros bajo la autoridad de la Infantería atacante. Lo más que obtuvieron fue que los elementos de reconocimiento de la II Brigada Acorazada avanzasen con la Infantería neozelandesa, y la promesa de que los carros británicos avanzarían muy cerca de la retaguardia de los infantes, de forma que, al llegar las primeras luces, estarían en condiciones de derrotar el contraataque de los carros alemanes.

El plan, aparentemente sencillo, tenía varios defectos graves: hasta que los neozelandeses no levantasen los campos de minas que protegían la posición de El Mreir, los carros británicos no podrían avanzar para proporcionarles capacidad contracarro. Si, al llegar el día, los neozelandeses no habían conseguido abrir paso a los carros entre las minas, podrían verse indefensos ante los carros alemanes.

La principal unidad encargada de la explotación sería la citada XXIII Brigada de Carros, que rebasaría a los neozelandeses en El Mreir y penetraría en la retaguardia del Panzerarmee hasta un punto situado sobre la posible línea de retirada de los carros alemanes. En la práctica, el avance de la XXIII Brigada apenas se extendería a unos diez kilómetros, manteniéndose siempre dentro del alcance de la Artillería y bajo observación bien desde El Mreir o desde Ruweisat. Al ocupar la XXIII Brigada Acorazada la posición prevista, y con sus flancos protegidos por dos Brigadas de Infantería bien atrincheradas, Rommel se vería obligado a retirar precipitadamente sus carros, o arriesgarse a verlos cercados. Dependiendo del grado de descomposición del dispositivo defensivo alemán, la XXIII Brigada tomaría Miteiriya desde la retaguardia o bien perseguiría a los italoalemanes en fuga hacia Fuka.

En realidad, era una misión muy ambiciosa para una unidad totalmente inexperta: implicaba un avance nocturno, rebasar al amanecer o de noche a una unidad propia muy cerca de las líneas enemigas, el paso por brechas abiertas en un campo de minas y, después, enfrentarse a los veteranos del Afrika Korps en una batalla móvil. Sus tripulaciones no sabían orientarse en el desierto, encontrar posiciones desenfiladas en el aparentemente llano terreno de la zona, identificar las barreras anticarro que establecía regularmente el Panzerarmee (de hecho, sus tripulaciones creían que el blindaje de los Valentine los hacía invulnerables y desconocían la existencia de los temibles FlaK de 88 mm.). La Brigada, pese a su nombre, había sido adiestrada para ejecutar misiones tipo ‘solo carros’, de penetración en profundidad en la retaguardia enemiga sin ningún apoyo, y carecía de experiencia en cooperación con la Infantería o la Artillería, aspectos fundamentales en Splendour (su L Batallón debía apoyar a los infantes australianos).

Además de su falta de experiencia, la XXIII Brigada había llegado directamente desde el Reino Unido a Egipto el 6 de julio. Sus carros habían permanecido dos meses embarcados, sin mantenimiento y sujetos a la corrosión del mar. La mayoría de sus baterías se habían deteriorado. Eran además carros procedentes directamente del Reino Unido y cuyo destino original era Irak, por lo que carecían de las modificaciones necesarias para el desierto (filtros de arena para los motores, por ejemplo, pero, aún más importante, sus radios no estaban preparadas para funcionar a las elevadas temperaturas del desierto) y la prisa en emplearla había impedido solucionar correctamente estos problemas.

Por su parte la IV Brigada Ligera Acorazada cubriría el flanco Oeste de la IV Brigada Neozelandesa, y estaría en condiciones de unirse a la persecución en caso de éxito.

Plan de ataque británico para la ‘operación Splendour’, del 22 de julio de 1942

A la 9ª División Australiana se le pedía un avance en dos direcciones divergentes (hacia el Oeste y hacia el Sur), en el que, además, el avance hacia el Oeste se dividía en un esfuerzo para tomar el extremo del macizo de Tel el Eisa, y otro hacia el siguiente terreno elevado, denominado ‘Ring contour 25’. Ninguno de los esfuerzos de la División tenía una gran entidad y, al ser divergentes, la capacidad de apoyarse mutuamente en caso de dificultades era muy escasa. Además de esto, la distancia a recorrer hacía necesario redesplegar hacia vanguardia la Artillería, lo que obligaba a establecer objetivos intermedios, asegurarlos, redesplegar la Artillería y reiniciar el avance, pero, lógicamente, habiendo perdido la sorpresa. Consecuentemente, el jefe de la 9ª División, General Morshead, estaba muy insatisfecho con el plan, amenazando con recurrir al gobierno australiano. Pese a sus objeciones, bajo presión de Auchinleck, Morshead accedió a ejecutar su parte del plan.

Las discusiones entre los diferentes mandos británicos llevaron a que el planeamiento final de la operación se retrasase mucho. La fecha fue pospuesta hasta el 22 de julio, pero, incluso así, las unidades ejecutantes recibieron sus órdenes muy pocas horas antes del inicio de la operación. Como consecuencia, algunas unidades con papeles críticos en ella (como los zapadores neozelandeses encargados de abrir brechas en los campos de minas) apenas tuvieron tiempo para las imprescindibles acciones previas de preparación (como los reconocimientos en detalle, ni, aún más importante, la información a las unidades acorazadas de las señales que marcarían los pasos abiertos en los campos de minas, pues no existía un procedimiento normalizado para ello), ni sus jefes pudieron comprobar que sus unidades subordinadas comprendían correctamente su papel en la inminente operación. En agudo contraste, el apoyo artillero fue adecuadamente planeado, superando los defectos aparecidos en las ofensivas anteriores. El plan de apoyo de fuegos incluía (por primera vez en el 8º Ejército) objetivos preplaneados para ser bombardeados por la R.A.F., acciones que se iniciarían el 21 de julio.

Al atardecer del 21 al 22 de julio, la R.A.F. comenzó sus bombardeos previstos en la zona de Deir el Shein, centrándose en los carros y en las piezas artilleras de la 15ª y 21ª Divisiones Panzer. Un efecto adicional del ataque aéreo fue la pérdida de comunicaciones entre el Puesto de Mando del Afrika Korps y sus divisiones subordinadas.

Por su parte, a las 17:30 del 21 de julio, la Artillería del XIII Cuerpo de Ejército inició su bombardeo sobre las posiciones de la Artillería del Panzerarmee en Deir el Shein. A las 20:30 del 21 de julio, la CLXI Brigada India inició su ataque a caballo de la escarpadura de Ruweisat. La Brigada se componía de tres Batallones de Infantería y de una Compañía de cañones contracarro 6-pounder. Había sido recientemente redesplegada desde Irak, y, en consecuencia, carecía de experiencia en operaciones en el desierto o en lucha contracarro. Pese a ello, la Brigada realizó un enérgico ataque sobre la parte Noreste de las posiciones de la 15ª División Panzer, aunque fue rechazada por los contrataques alemanes. En el plan original, la XXIII Brigada de Carros atacaría una vez consolidadas las posiciones previstas para ser ocupadas por la CLXI Brigada India. Puesto que esto no ocurrió, el plan sufrió una primera modificación: estas posiciones se ocuparían posteriormente en un ataque conjunto entre la CLXI Brigada y la XXIII Brigada de Carros.

A las 20:45 comenzó también la preparación por el fuego para el ataque de la VI Brigada Neozelandesa sobre El Mreir. El ataque neozelandés se inició correctamente: los batallones avanzaron a buen ritmo por sus ejes de avance planeados, llegando a los límites exteriores de los campos de minas en unos 50’. Estos campos estaban compuestos mayoritariamente de minas contracarro, por lo que la Infantería pudo continuar su avance sobrepasando los puestos avanzados alemanes.

La acción de la Brigada se vio muy obstaculizada por la pérdida casi inmediata del enlace radio, lo que ocasionó que el ataque de la Brigada acabase siendo poco más que la suma de tres ataques de Batallón aislados.

Las avanzadas neozelandesas del XXVI Batallón (extremo derecho del ataque) penetraron en la posición alemana, encontrando inesperadamente la zona de campamento del 8º Regimiento Panzer, atacando inmediatamente a los carros inmóviles. No obstante, los alemanes reaccionaron rápidamente lo que obligó a los neozelandeses a atrincherarse en las posiciones alcanzadas, frente a una creciente presión alemana, con fuego de morteros, carros y piezas artilleras.

Mientras tanto, los zapadores neozelandeses abrían con éxito brechas en los campos de minas. Los combates en el interior de la posición de El Mreir agotaron rápidamente la munición que los infantes neozelandeses llevaban encima, por lo que se destacó urgentemente un convoy de suministro y de piezas contracarro. Algunos vehículos de ese convoy se desviaron al cruzar los campos de minas, y saltaron por los aires, atrayendo la atención de la Artillería alemana que comenzó un portente bombardeo sobre la columna, cuyas posibilidades de maniobrar en el estrecho pasillo abierto en el campo de minas eran nulas: el convoy no llegó a alcanzar a la Infantería neozelandesa, con la excepción de cuatro piezas contracarro sobre camiones (‘portees’). Como consecuencia, la situación del XXVI Batallón era crítica: si no obtenía suficiente capacidad contracarro antes del amanecer, sería destruido por los panzers del 8º Regimiento. Ante la falta de noticias de los carros de la II Brigada Acorazada y el fracaso del convoy de suministro, el jefe del XXVI Batallón decidió retirarse.

Manhood

Tras el fracaso de Splendour, la capacidad ofensiva del 8º Ejército estaba realmente agotada. Sin embargo, Auchileck era consciente de que el Panzerarmee Afrika seguía en una situación crítica, y, además, recibía crecientes presiones de Londres – que comenzaban en el propio Churchill – para que emprendiese una acción ofensiva que destruyese a las fuerzas de Rommel.

Así, el Estado Mayor de Auchinleck planeó una nueva operación ofensiva, denominada Manhood, a cargo exclusivamente del XXX Cuerpo de Ejército, pues el XIII carecía de capacidad ofensiva, tras las pérdidas sufridas en Splendour. La nueva operación comprendía esencialmente un nuevo intento de tomar la escarpadura de Miteiriya. La experiencia de los fracasos anteriores llevó a un planeamiento mucho más detallado. Sin embargo, la escasez de recursos dio lugar a una operación de ambición muy limitada y ejecutada con medios insuficientes. La idea de maniobra contemplaba un esfuerzo principal, nocturno, a cargo de la LXIX Brigada de Infantería (perteneciente a la 50ª División), desplegada en el sector australiano para la operación. Este ataque se dirigiría a ocupar una zona de unos cinco kilómetros de ancho sobre el trigh Qattara, principal ruta de abastecimiento y de retirada (en su caso) de las fuerzas italoalemanas situadas en la zona de Deir el Sehin – El Mreir. Media hora antes, la 9ª División Australiana iniciaría un ataque con una Brigada de Infantería apoyada por los carros Valentine del L Batallón de Carros desde Tel el Eisa hacia el extremo oriental de la escarpadura de Miteiriya, con el fin de curbir el flanco Norte del ataque de la LXIX Brigada. En una segunda fase, los carros de la 1ª División Acorazada (IV Brigada Acorazada Ligera y II Brigada Acorazada) pasarían por la brecha abierta por la LXIX Brigada, con el fin de atacar por retaguardia y destruir a las fuerzas enemigas situadas en Deir el Shein y El Mreir. Para evitar la confusión en el momento de atravesar las brechas en los campos de minas (había campos de minas identificados en el sector de ataque de la LXIX Brigada), se tomaron especiales precauciones para marcar sus límites, y, además, de destacaron unidades que patrullaban esas brechas y se tomaron eficaces medidas para que todas las unidades implicadas conociesen la situación prevista de las brechas y la forma de marcarlas. Se reconocieron itinerarios para los carros y se marcaron con luces para permitir el movimiento durante la noche, de forma que se encontrasen muy próximos a las posiciones ocupadas por la Infantería antes del amanecer. Como en Splendour, se planeó un completo y detallado apoyo de fuegos. Sin embargo, las dos Brigadas atacarían en ejes divergentes, y a una distancia suficientemente grande como para que la misma Artillería de campaña no pudiese apoyar simultáneamente a ambas Brigadas, lo que obligaba a dividir en dos partes las piezas disponibles.

Como se ha comentado, los medios eran escasos. La LXIX Brigada estaba compuesta en realidad por solo dos Batallones de Infantería, constituidos apresuradamente con los restos de una miríada de unidades procedentes de toda la 50ª División, muy malparada tras los combates de Gazala. De hecho, uno de estos dos Batallones (Durham Light Infantry) estaba compuesto por tres Compañías que reunían cada uno los restos de tres Batallones de la CLI Brigada. Además, sus miembros habían combatido sin interrupción desde las batallas de Gazala. Consecuentemente, su cohesión era escasa y su capacidad de combate mucho menor que lo que sugería su organización teórica.

Por su parte, los australianos confiaron la toma de Miteiriya a un solo Batallón, el II de la XXVIII Brigada, que sería reforzado con otro, el II de la XLIII Brigada cuando hubiera ocupado sus objetivos. Además de que el ataque se fuese a ejecutar con fuerzas reducidas, era el ercer intento de los australianos de tomar Miteiriya, por lo que difícilmente la operación supondría una sorpresa para los defensores.

En la medianoche del 27 de julio, los infantes australianos iniciaron su avance sobre Miteiriya, sin preparación artillera previa, para no alertar a los defensores, seguidos por los vehículos logísticos y los cañones contracarro destinados a consolidar la posición defensiva sobre la escarpadura. Sin embargo, era una noche en la que la Luna proporcionaba bastante luminosidad, lo que hizo que los infantes australianos fuesen rápidamente detectados por los defensores, que comenzaron a sufrir un incesante bombardeo artillero. A 700 m. del objetivo, los vehículos que seguían a los infantes entraron en un campo de minas no detectado: varios vehículos se incendiaron y los restantes tuvieron que detenerse, mientras que los zapadores australianos intentaban abriri brechas en el nuevo campo de minas. Una posición contracarro italoalemana comenzó a hacer fuego de enfilada desde el lateral del campo de minas, destruyendo más vehículos, lo que hacía muy peligroso el tránsito por las brechas abiertas por los zapadores… Los intentos de destruir esta posición contracarro fracasaron, por las dificultades de obtener una localización suficientemente precisa para hacer fuego con Artillería o morteros. Pese a ello, los infantes australianos continuaron su avance, ocupando la escarpadura. Media docena de cañones contracarro (tres 2-pounder y tres 6-pounder) consiguieron alcanzar las posiciones defensivas de los infantes, pero ninguno de los vehículos de los observadores avanzados de Artillería pudo hacerlo, como tampoco los vehículos que portaban las radios o la munición. Los intentos de tender cable telefónico entre las el II Batallón, en Miteiriya, y el Puesto de Mando de su Brigada fracasaron ante el fuego enemigo. En consecuencia, el II Batallón había tomado su objetivo, pero estaba desprovisto de cualquier apoyo, logístico o de fuegos. En consecuencia, el General Morshead anuló el refuerzo previsto del II Batallón de la XLIII Brigada, enviando en su lugar a los carros Valentine del L Batallón de Carros, para proporcionar capacidad contracarro antes de que llegase el previsible contrataque alemán.  En la noche, los carros se desviaron ligeramente de la ruta prevista, alcanzando Miteiriya al Oeste de las posiciones del II Batallón, donde, en lugar de a su Infantería, encontraron una posición contracarro italoalemana, perdiendo veintidós carros en el subsiguiente combate. Los Valentine se vieron obligados a retirarse sin llegar a enlazar con los infantes del II Batallón.

El avance de la XLIX Brigada comenzó poco después del de los australianos. La idea de retrasar media hora este ataque se basaba en la esperanza de que el ataque de apoyo de los australianos distraería a los defensores y les confundiría sobre el verdadero lugar del esfuerzo principal del 8º Ejército. Sin embargo, en la práctica, el ataque de los australianos sirvió para poner en alerta a los defensores, que comenzaron a hacer fuego sobre los infantes británicos casi desde el momento en que iniciaron su avance. Cuando los zapadores de la 1ª División Sudafricana llegaron al campo de minas tuvieron que iniciar la apertura de brechas bajo fuego de ametralladora. Pese a ello, como en Miteiriya, los infantes británicos continuaron el avance, ocupando las posiciones previstas, pese a sufrir duras pérdidas. Sin embargo, como en el caso de los australianos, sus vehículos logísticos, los cañones contracarro, los vehículos de los observadores avanzados y los vehículos radio seguían atrapados en el campo de minas, por lo que los dos batallones carecían de capacidad contracarro.

Los carros de la II Brigada Acorazada habían avanzado durante la noche por los senderos balizados, de forma que se encontraban en las líneas desde las que habían partido los infantes de la XLIX Brigada. Pese a ello, y debido a la falta de radios, los carristas británicos carecían de información sobre la situación de sus infantes y desconocían si se habían abierto las brechas previstas en el campo de minas y su localización exacta. Así, el avance de los carros, previsto a las 06:55 se retrasó a las 8:15. A las ocho los zapadores sudafricanos informaron de que las brechas no estaban terminadas, lo que hizo que el movimiento de los carros se retrasase indefinidamente, hasta confirmar que el campo de minas era practicable. Esta decisión dejaba a los infantes británicos indefensos ante los carros alemanes.

Y efectivamente, al amanecer los carros alemanes iniciaron su contrataque, inicialmente sobre los australianos en Miteiriya. El contraataque se realizó tanto desde el frente de la posición como desde la retaguardia, aprovechando que el campo de minas protegía el flanco de los carros alemanes ante una posible intervención de los británicos desde sus líneas. La media docena de cañones contracarro fue rápidamente destruida, dejando inermes a los infantes. A las 09:05, los australianos pudieron enlazar brevemente con una radio portátil, solicitando apoyo artillero, pero su capacidad para designar objetivos sin equipos de observadores avanzados era limitada. A las diez, el batallón había agotado su capacidad de resistencia, y la posición fue ocupada por los carros alemanes. Los supervivientes australianos fueron hechos prisioneros.

Una vez neutralizado el ataque en Miteiriya, los carros alemanes se concentraron sobre los infantes de la LXIX Briagada. En este caso, los carros alemanes desplegaron entre el campo de minas y la posición ocupada por los británicos, a retaguardia de ellos. En el caso de este Brigada, su nula capacidad contracarro se hizo sentir rápidamente, y la resistencia colapsó en pocos minutos.

Manhood se había saldado con un nuevo fracaso, con la pérdida de los tres batallones de Infantería implicados en la operación y la de una treintena de carros de combate. Como en Bacon y en Splendour, los carros británicos habían sido incapaces de auxiliar a su Infantería. Y, como entonces, los veteranos carristas de la II Brigada Acorazada se habían mostrado poco dispuestos a arriesgar sus carros, mientras que los novatos de la XXIII Brigada de Carros (a la que pertenecía el L Batallón de Carros) habían avanzado valientemente, para sufrir numerosas pérdidas, con escasos beneficios para sus infantes.

En el análisis posterior, los británicos concluyeron que los carristas de la II Brigada Acorazada sobrevaloraron las pérdidas que se podrían derivar de cruzar el campo de minas por las brechas parcialmente abiertas. Sin embargo, lo cierto es que las experiencias de las últimas operaciones hacían desconfiar a los carristas de la capacidad de sus ingenieros para asegurar que las brechas abiertas eran seguras. Por otra parte, los campos de minas encontrados tenían una densidad de minas muy variable. Si bien es cierto que los que se encontraban en el frente de la LXIX Brigada no eran particularmente densos, ésa era una información que no se podía saber al inicio del movimiento ofensivo de los británicos. Por otra parte, la vía para intercambiar información entre los zapadores sudafricanos y los carristas de la 1ª División Acorazada se basaba esencialmente en un solo Oficial de Enlace, que, además desplegaba en primera línea, con los zapadores. De esta forma, los problemas de enlace radio que habían estado presentes a lo largo de la operación afectaron también al movimiento de los carros, pues el Puesto de Mando de la II Brigada carecía de información procedente de su Oficial de Enlace sobre la situación de los campos de minas. Y, en realidad, las brechas estaban prácticamente despejadas desde las 04:30, con tiempo de sobra para que los carros británicos reforzaran a los infantes de la LXIX Brigada, pero esa información nunca llegó a la II Brigada Acorazada.

Como ya hemos citado, en realidad, Auchinleck no tenía un conocimiento profundo del 8º Ejército, lo que hacía que no fuese plenamente consciente de sus verdaderas capacidades y limitaciones. Además de ello, los combates en El Alamein suponían un cambio radical sobre los combates realizados por el 8º Ejército hasta ese momento: después de dos años de incidir sobre la libertad de movimientos, la descentralización del mando, la escasa importancia del terreno y los rápidos avances sobre cientos de kilómetros, los combates en El Alamien remitían a la forma de combatir en el frente occidental de la Primera Guerra Mundial, con sus tácticas de ‘methodical battle’. Consecuentemente, los carristas veteranos de la guerra en el desierto se sentían particularmente incómodos en una forma de combatir que les era totalmente ajena. Además de ello, Rommel trataba de compensar su inferioridad numérica empleando numerosos campos de minas, lo que restringía aún más la movilidad en el campo de batalla. El Ejército británico de 1918 era experto en abrir brechas en campos de minas, operación compleja que requiere una íntima combinación de fuego de Artillería, zapadores, infantes y carros. Para el 8º Ejército, era un tipo de operación completamente nueva. No es sorprendente que los británicos fuesen poco a poco ‘desempolvando’ sus viejos manuales de la PGM…

Tras el fracaso de Manhood, resultaba evidente que el 8º Ejército carecía de capacidad ofensiva hasta que fuese convenientemente reforzado. Así, Auchinleck inició el planeamiento de sus operaciones futuras, descartando nuevas ofensivas a corto plazo. Sin embargo, esta incapacidad para emprender la ofensiva no era evidente en Londres, donde creían que la parálisis del frente se debía a falta de acometividad de la jefatura del 8º Ejército.

Epílogo

Tras la conclusión de Manhood, la situación del Panzerarmee Afrika no era mucho mejor que la del 8º Ejército: falto de carros, falto de suministros y desesperadamente falto de Infantería eficaz. Y, sin embargo, el tiempo corría en contra del Panzerarmee, muy lejos de sus bases logísticas, y enfrentado a un enemigo cercano a sus bases y que comenzaba a recibir el inmenso apoyo norteamericano.

En su análisis de la situación tras la conclusión de Manhood, Dorman-Smith estimaba que la carencia de Infantería del Panzerarmee (la alemana había sufrido fuertes pérdidas, y la italiana carecía de capacidad ofensiva) hacía que la única opción de Rommel fuese una ofensiva similar a la de Gazala: un envolvimiento por el Sur – por el desierto -, con idea de alcanzar el mar a retaguardia de la ‘box’ de El Alamein. En consecuencia, antes de ser relevado y consciente de la incapacidad del 8º Ejército de emprender nuevas ofensivas antes de ser reconstituido, Auchinleck ordenó a sus dos jefes de Cuerpo de Ejército, Ramsden y Gott, trabajar en dos planes distintos, uno ofensivo y otro defensivo. En ambos casos, los británicos mantendrían la presión sobre el Panzerarmee, ejecutando incursiones en aquellos lugares donde Rommel desplegase a la cada vez más débil Infantería italiana. Adicionalmente, el Long Range Desert Group (una unidad de operaciones especiales experta en incursiones en la profundidad del desierto, en la retaguardia italoalemana) y unidades de operaciones embarcadas hostigarían los convoyes de suministro y las instalaciones situadas en la retaguardia del Panzerarmee. Gott y su XIII Cuerpo de Ejército debían planear la defensa ante el previsto ataque de Rommel por su sector, mientras que Ramsden y su XXX Cuerpo de Ejército debía desarrollar posibilidades de ofensivas futuras.

Chevrolet del Long Range Desert Group, un verdadero ‘dolor de cabeza’ para el Panzerarmee Afrika.

Gott, muy acertadamente, estimaba que la ofensiva de Rommel pasaría por el terreno elevado de Alam Halfa, que ofrecía una excelente observación sobre el campo de batalla situado al Este de la escarpadura de Ruweisat, mientras que el resto de opciones suponían un envolvimiento excesivamente amplio (lo que implicaba grandes problemas para la difícil logística del Panzerarmee) o nuevos intentos de tomar las posiciones fortificadas de Ruweisat, lo que resultaba imposible ante la falta de Infantería. Gracias a las interceptaciones del tráfico de comunicaciones de la máquina Enigma, los británicos conocían perfectamente los refuerzos que Rommel iba a recibir y cuando llegarían, lo que les permitía establecer con bastante aproximación la fecha de la esperada ofensiva. El plan de Gott se basaba en dejar campos de minas que retrasasen el avance alemán, cubiertos por una somera línea de posiciones defensivas poco organizadas, y que se retirarían cuando se confirmase el avance alemán. La posición principal a defender sería Alam Halfa, donde la 2ª División Neozelandesa organizaría inmediatamente dos ‘boxes’ de Brigada, con la Artillería en posición central, para poder apoyar a ambas.

Adicionalmente, el XXX Cuerpo de Ejército retiraría parte de sus unidades para reforzar la zona situada al Oeste de Alam Halfa, para evitar que esa posición pudiera ser rodeada. Esta debilitación de las defensas solo era posible por la estimación de que Rommel carecía de Infantería para atacar en el sector Norte, pero, para las unidades ejecutantes, el plan implicaba retirarse hacia el Este cuando se iniciase la ofensiva alemana, mientras que las unidades que mantenían sus puestos tendrían la sensación de que se las dejaba atrás en la retirada… El hecho de que el plan lo desarrollase el XIII Cuerpo de Ejército, pero esta parte fuese ejecutada por el XXX, hacía también que la comprensión de la finalidad y los detalles de la operación por parte de las unidades del XXX Cuerpo fuese deficitaria. Incluso para quienes conocían perfectamente el plan – caso del jefe de la 9ª División Australiana, General Morshead -, la perspectiva de debilitar la defensa de la duramente ganada posición de Tel el Eisa no resultaba nada atractiva.

Por su parte, el XXX Cuerpo de Ejército concentró sus esfuerzos en recuperar la habilidad del Ejército británico para conducir ofensivas sobre defensas preparadas. Ramsden había servido en el Frente Occidental en la PGM, y estaba familiarizado con la cuidadosamente orquestada ‘methodical battle’, una capacidad que el 8º Ejército había perdido. Así, en lugar de un plan concreto, el XXX Cuerpo de Ejército se dedicó a perfeccionar sus procedimientos ofensivos en un escenario que había pasado de ser totalmente móvil a convertirse en un remedo a pequeña escala del Frente Occidental de la PGM. El General De Guingand – nuevo jefe de Estado Mayor del 8º Ejército tras Manhood -, junto con los jefes de ambos Cuerpos de Ejército, desarrollaron una intensa actividad para mejorar los procedimientos dedicados a abrir brechas en campos de minas, a la cooperación entre la Infantería, los carros y los cañones contracarro y a las comunicaciones en ofensiva.

Auchinleck consideraba que una futura ofensiva tendría más posibilidades de éxito en la peor defendida zona de Miteiriya que en la mucho más fortificada de Deir el Shein, y dio instrucciones de iniciar el planeamiento en ese sentido. Sin embargo, los planes defensivos eran más urgentes y recibieron prioridad.

Por otro lado, el General Corbett, que se desempeñaba como representante de Auchinleck en Egipto y sin conocimiento de éste, comenzó a tomar medidas para una posible evacuación de Alejandría. Es decir, tanto el 8º Ejército como el Cuartel General del Teatro de Operaciones de Oriente Medio se dedicaban a prioritariamente a preparar planes de defensa, lo que parecía reforzar la creencia de Churchill en la falta de acometividad de los generales británicos en Egipto. La visita que el Primer Ministro británico realizó al 8º Ejército pocos días después del fracaso de Manhood tampoco contribuyó a mejorar la impresión que Churchill tenía de Auchinleck, por lo que decidió reemplazarlo. El elegido para hacerse cargo del 8º Ejército fue el General Gott, pero el avión que lo trasladaba desde El Alamein a Alejandría para un breve permiso fue derribado por la caza alemana y falleció. Finalmente, el mando del 8º Ejército le fue confiado al General Montgomery, y la jefatura del Teatro de Operaciones de Oriente Medio (reducido ahora al Norte de África) al General Harold Alexander.

Además de los reseñados fallos de ejecución del 8º Ejército en sus diferentes operaciones, la organización del Estado Mayor de Auchinleck era poco eficaz, lo que le sobrecargaba de obligaciones menores que le distraían de sus funciones. En la organización británica de la época, los Estados Mayores no tenían un ‘jefe’ con autoridad real: esas funciones las ejecutaba en el jefe de la Sección de Operaciones de cada Cuartel General, pero su autoridad era muy limitada, apenas era un ‘primus inter pares’, y, de hecho, en caso de desacuerdo entre los diferentes jefes de las Secciones del Estado Mayor, se esperaba que el jefe de la unidad tomase una decisión. En el caso del 8º Ejército, la situación era aún más compleja: cuando Auchinleck se hizo cargo del mando del 8º Ejército, el jefe de la Sección de Operaciones era el General de Brigada Whiteley, absolutamente agotado, y, a juicio de Auchinleck, sobrepasado por los acontecimientos. Sin embargo, en lugar de cesarlo, Auchinleck confió ‘extraoficialmente’ sus funciones al General Dorman-Smith, su ‘hombre de confianza’. Así Dorman-Smith era el encargado de trazar los planes que debía ejecutar el 8º Ejército.

Pese a ello, Dorman-Smith no tenía autoridad ‘formal’ de ningún tipo, pues no ocupaba ningún puesto en el Estado Mayor del 8º Ejército. Consecuentemente, incluso más frecuentemente de lo habitual, Auchinleck se veía implicado en la gestión diaria de la vida de su Cuartel General. Y, además, los jefes de las diferentes secciones del Estado Mayor no informaban regularmente a Dorman-Smith sobre las dificultades encontradas o la progresión de las operaciones que éste había planeado. Dorman-Smith se veía obligado a vagar por el Cuartel General preguntando continuamente al personal datos que, en otra situación, le llegarían regularmente. Esta situación hacía que el Cuartel General del 8º Ejército tuviese una capacidad muy reducida de reaccionar ante los imprevistos y de cambiar las operaciones planeadas. Solo tras el fracaso de Manhood, Auchinleck se decidió a reemplazar a Whiteley por el General De Guingand, al que, además, nombró ‘jefe de Estado Mayor’, con la correspondiente autoridad, una novedad en la organización británica.

La larga racha de operaciones fracasadas de Auchinleck tampoco contribuía a mejorar su prestigio sobre sus subordinados, pero, además, Auchinleck era, en cierta manera, un ‘desconocido’ en el Ejército Británico: procedía del Ejército Hindú, y carecía de la red de relaciones sociales con sus generales subordinados que, en el sistema birtánico de la época, permitía sortear muchos malentendidos. Finalmente, Auchinleck era un oficial muy inteligente y preparado, pero le faltaba carácter para imponerse a sus subordinados, como demostró con su decisión de mantener a Whiteley en su puesto (aunque solo fuera nominalmente) o sus poco concluyentes enfrentamientos con los Generales de los ‘Dominios’ (singularmente, Freyberg y Morshead).

Sin embargo, los planes de Auchinleck se mantuvieron invariados tras su relevo: el General Montgomery ejecutó los planes concebidos por su predecesor y con los métodos desarrollados por éste.

Carlos Javier Frías Sánchez

Carlos Javier Frías Sánchez es General de Brigada y Director de la Escuela de Guerra del Ejército de Tierra español

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