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El Alamein: punto de inflexión

https://global-strategy.org/evolucion-de-la-doctrina-militar-en-la-segunda-guerra-mundial-el-alamein-punto-de-inflexion/ El Alamein: punto de inflexión 2021-05-25 12:28:10 Carlos Javier Frías Sánchez Blog post War Studies Segunda Guerra Mundial
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Las repetidas batallas entre el Panzerarmee Afrika y el 8º Ejército se habían caracterizado por un patrón común: la superioridad de los alemanes en los combates móviles, destreza táctica que los británicos habían tratado de igualar, sin éxito. Si bien es cierto que los británicos habían aprendido mucho y habían mejorado en el empleo de sus fuerzas acorazadas conjuntamente con las unidades de otras Armas, todavía no estaban en condiciones de medirse con los veteranos carristas alemanes y su doctrina de combate interarmas. De hecho, altos oficiales británicos de la época mencionaban que, en Egipto y en las fechas de que tratamos, los carristas británicos eran generalmente ‘odiados’ por sus compañeros de otras Armas (les acusaban de no cooperar con ellas – por ejemplo, de no acudir en su auxilio cuando unidades de Infantería o de Artillería eran atacadas por los carros italoalemanes – y de no tenerles en cuenta al planear las operaciones, que, además, se saldaban con fracasos). El desarrollo de las batallas de ‘el caldero’ o de Mersa Matruh, avalaban en cierta medida estas acusaciones.

Los repetidos fracasos de los británicos en alcanzar la destreza de los alemanes en guerra móvil y la difícil situación en la que se encontraban en vísperas de la batalla de El Alamein ocasionaron un cambio decisivo en la forma de operar del Ejército británico, cambio que había ido operándose poco a poco desde ‘Crusader’. Como hemos contado anteriormente, ‘Crusader’ fue una ‘victoria pírrica’: el avance británico se produjo por la acumulación de pérdidas del Panzerarmee, cuando, en realidad, Rommel había vencido en la práctica totalidad de los combates. Consecuentemente, las siguientes operaciones británicas intentaron, en lo posible, evitar los combates móviles, en los que la superioridad alemana era evidente.

Así, en los combates de Gazala, los británicos emplearon a sus unidades de Infantería para retener puntos clave del terreno, de forma que los alemanes tendrían muy limitadas sus posibilidades de maniobra, mientras que las unidades acorazadas británicas combatirían a los alemanes en las pocas avenidas en las que era posible una ofensiva. En estos combates, los británicos aprovecharían las ventajas de sus nuevos carros Grant y su mejor conocimiento del terreno, intentando combatir desde posiciones estáticas previamente reconocidas. Sin embargo, la rapidez del ataque italoalemán hizo imposible alcanzar esas posiciones, forzando a los carros británicos a ejecutar un combate móvil, en el que estaban en clara desventaja frente a los alemanes. En Mersa Matruh, los británicos se mantuvieron a la defensiva, y no aprovecharon las ocasiones que se presentaron para destruir al muy castigado Afrika Korps, emprendiendo una apresurada retirada ante la amenaza de un cerco, operación que, en realidad, estaba fuera del alcance de las menguadas fuerzas de Rommel.

El Alamein era la última línea defensiva antes del delta del Nilo, y no existía ningún obstáculo natural que permitiese organizar otra posición defensiva entre El Alamein y Alejandría, a unos 90 km. al Este. La derrota en Mersa Matruh desencadenó la alarma en la administración británica en Egipto: los organismos oficiales comenzaron a preparar la evacuación, destruyendo la documentación que no podían evacuar; la Royal Navy abandonó la base de Alejandría, ante la posibilidad de que cayese en manos alemanas… De la misma forma, Mussolini comenzó a organizar su próxima entrada triunfal en Alejandría, que esperaba presidir en persona, al tiempo que el ‘Grupo de Ejércitos Sur’ alemán en Ucrania, comenzaba a planear un avance desde el Cáucaso hacia Irak, que, junto al avance de Rommel en Egipto formarían las dos puntas de una tenaza que daría a Alemania el dominio de Oriente Medio. Teniendo en cuenta los muy modestos inicios y objetivos del Sperrverband Libyen, la situación en esas fechas era un enorme triunfo personal de Rommel.

La batalla de El Alamein supone sin embargo un punto de inflexión. No por el resultado (Rommel ya había sido derrotado en ‘Crusader’, sin que eso supusiera más que un contratiempo temporal), sino porque implicó un cambio muy significativo en la evolución doctrinal británica (cambio que inspiró también al U.S. Army, cuando desplegó en el Teatro de Operaciones europeo): en cierta manera, el Ejército británico renunció a competir con los alemanes en el dominio de la guerra móvil, desarrollando a cambio una nueva versión de la ‘methodical battle’ de 1918, adaptada a los nuevos medios disponibles.

Por parte alemana, El Alamein supone (en la decisiva ‘Segunda Batalla de El Alamein’), casi por primera vez en el continente africano, la interferencia directa (y poco afortunada) de Hitler en la conducción puramente táctica del combate. Esta interferencia ya se había manifestado en Rusia desde el otoño/invierno de 1941, pero aún no había aparecido en África. Paradójicamente, era el éxito de Rommel – convirtiendo una operación absolutamente secundaria en la posibilidad de asestar un golpe decisivo al Imperio Británico – lo que había atraído a ese Teatro de Operaciones la atención de Hitler, y con ella, una interferencia decisiva en las órdenes de Rommel. Las órdenes que Hitler imparte a Rommel en vísperas de la Segunda Batalla de El Alamein descubren un muy deficiente conocimiento por parte del Canciller alemán de las bases de la guerra móvil y de las condiciones del Teatro de Operaciones norteafricano. Esta deficiente comprensión de la forma de ejecutar la ‘guerra de movimiento’ (y, por ello, de las verdaderas debilidades, fortalezas y capacidades de la Wehrmacht) se manifestarían a partir del otoño/invierno a lo largo de todo el conflicto, llevando al relevo paulatino de los mandos alemanes más experimentados en ese tipo de combate (Guderian, Manstein, Hoepner…), y, por ello, más reacios a acatar las órdenes de Hitler que perjudicaban su capacidad de combatir de esta manera, y su sustitución por otros más propensos a aceptar las erróneas órdenes de Hitler. Una consecuencia adicional de esta interferencia fue que Rommel pasó de ser un admirador del Führer a ser uno de sus adversarios, pues comprendía que las interferencias de Hitler en la conducción de las operaciones llevarían a la derrota de Alemania.

Carlos Javier Frías Sánchez

Carlos Javier Frías Sánchez es Coronel Jefe de la Secretaría Técnica de la División de Planes Estado Mayor del Ejército español

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