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COVID-19 y prospectiva en Seguridad y Defensa

La prospectiva no consiste en adivinar el porvenir. Los estudios de futuro tratan de identificar los motores de cambio de la realidad para analizar su posible evolución y a partir de ellos construir escenarios a los que dirigirse (si son positivos) o evitar y prevenir (en caso de que sean negativos). Para ello es necesario contemplar los fenómenos sociales con una perspectiva sistémica, entender qué variables resultan determinantes, qué patrones se pueden establecer y qué factores pueden cambiar radicalmente la morfología de dicha realidad.

La prospectiva es una herramienta de uso habitual en el ámbito militar y de inteligencia estratégica. Y a raíz de la situación generada por el COVID-19, es lógico preguntarse en qué medida los documentos prospectivos en los ámbitos de seguridad y defensa habían identificado las pandemias globales como acontecimientos potencialmente disruptivos. Hace tres años llevé a cabo una revisión de numerosos informes prospectivos como fase previa a la elaboración del Panorama de Tendencias Geopolíticas: horizonte 2040 por el Instituto Español de Estudios Estratégicos (Ministerio de Defensa). A partir de esa visión de conjunto es fácil concluir que muchos de ellos mencionaban la potencialidad gravemente perturbadora de las pandemias. Sirvan como ilustración estos dos ejemplos:

A major pandemic of a magnitude similar to the outbreak of black plague (30 % of European population killed) or the 1918 Influenza pandemic which killed 20 million of people worldwide. As an example, an H5N1 pandemic with a mutated virus spreading to human could affect millions of people with an initial fatality rate of 50%, as it would take 5-6 months to produce a vaccine in large quantity. This could impact the global economy and up to half of essential services could be disrupted, including health, transport, banking and basic resources. Competitions for essential resources could lead to tensions within and between countries.” (European Strategy and Policy Analysis System (2015), Global Trends to 2030: Can the EU meet the challenges ahead? Luxembourg: Publications Office of the European Union, p. 48.

Y este otro de la Comunidad de Inteligencia norteamericana:

No one can predict which pathogen will be the next to start spreading to humans, or when or where such a development will occur. An easily transmissible novel respiratory pathogen that kills or incapacitates more than one percent of its victims is among the most disruptive events possible. Such an outbreak could result in millions of people suffering and dying in every corner of the world in less than six months.” (National Intelligence Council (2012), Global Trends 2030: Alternative Worlds, Washington D.C.: Office of the Director of National Intelligence, p. xi).

En lo que se refiera a los documentos elaborados en España, la cuestión de las pandemias se menciona tanto en el Panorama de Tendencias Geopolíticas: horizonte 2040, como en el Entorno Operativo de las Fuerzas Armadas 2035, otro documento prospectivo estrechamente relacionado con el primero, elaborado por Centro Conjunto de Desarrollo de Conceptos del Ministerio de Defensa. Con un carácter más transversal, la Estrategia de Seguridad Nacional 2017 dedica un epígrafe a las pandemias (pp. 74-75), advirtiendo que “en las últimas décadas, el número de enfermedades emergentes identificadas y de situaciones de riesgo asociadas a ellas ha aumentado. Se han identificado al menos seis alertas sanitarias globales, todas ellas con un importante impacto a nivel nacional”. La Estrategia destaca además las vulnerabilidades particulares de España: “un país que recibe más de 75 millones de turistas al año, con puertos y aeropuertos que se cuentan entre los de mayor tráfico del mundo, un clima que favorece cada vez más la extensión de vectores de enfermedades, con una población envejecida”. Subraya la necesidad de reducir la vulnerabilidad mediante medidas de prevención pero a pesar de ello asume que “dichos riesgos no se pueden eliminar por completo.” Lo que conduce a la siguiente recomendación: “Es necesario, además de reducir la vulnerabilidad de la población, desarrollar planes de preparación y respuesta ante amenazas y desafíos sanitarios, tanto genéricos como específicos, con una aproximación multisectorial que asegure una buena coordinación de todas las administraciones implicadas tanto a nivel nacional como internacional.”

Hace unos días me preguntaba si el coronovirus es un ‘cisne negro’. En mi opinión la respuesta contiene matices. Nassim Nicholas Taleb, el autor que popularizó el concepto con el libro The Black Swan. The Impact of the Highly Improbable, estableció tres criterios para entender como tal un acontecimiento: 1) que sea inesperado para el observador, 2) que tenga un gran impacto y 3) que una vez acaecido, el observador tienda a racionalizarlo como previsible. De acuerdo con estas condiciones, lo determinante no es tanto la rareza estadística del hecho en cuestión como el conocimiento y la percepción de improbabilidad de las distintas audiencias.

A partir de lo expuesto en estas líneas resulta claro que para la literatura prospectiva de seguridad y defensa el COVID-19 constituye una sorpresa comparativamente menor pues su eventualidad ya había sido anticipada, aunque lógicamente se desconociera el dónde, cómo y cuándo. Por ese motivo, el Global Trends 2030 de la Comunidad de Inteligencia norteamericana incluía el párrafo que he mencionado anteriormente en el listado de potenciales cisnes negros. Sin embargo,  –y esta es una enseñanza a extraer– ese conocimiento prospectivo parece no haber calado en el estilo de las políticas públicas, con un planteamiento reactivo antes que anticipatorio. Tampoco en la mente de las élites políticas, orientadas al corto plazo como consecuencia de los ciclos electorales. Para muchos de nuestros responsables políticos y para gran parte de la sociedad el COVID-19 sí ha representado el papel de cisne negro.

Una segunda enseñanza es que esa falta de sensibilidad ante acontecimientos futuros que se salen de lo normal, nos hace también vulnerables a otro problema que Michele Wucker expone en el libro The Gray Rhino. How to Recognize and Act on the Obvious Dangers We Ignore. Tras lo ocurrido en China y más tarde en Italia, lo que anteriormente podía entenderse como un cisne negro se había convertido en un problema mucho más evidente, en algo muy probable y de gran impacto. Pero como señala la autora, cuando lo obvio desafía nuestra inercia mental la respuesta rara vez es la adecuada.

Este artículo ha sido publicado por el autor en Agenda Pública – El País

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Javier Jordán

Profesor Titular de Ciencia Política en la Universidad de Granada y Director de Global Strategy

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