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El factor distancia en el análisis geopolítico

https://global-strategy.org/el-factor-distancia-en-el-analisis-geopolitico/ El factor distancia en el análisis geopolítico 2024-12-07 17:19:48 Mario Gallego Cosme Blog post Estudios Globales Global Strategy Reports Geopolítica

Global Strategy Report, 19/2024

Resumen: el factor distancia es indispensable para el análisis geográfico, y por extensión también para el de corte geopolítico, en sus diversas escalas. Se trata de un aspecto que, si bien pudiera considerarse como básico, presenta diversas ramificaciones teóricas que han propiciado diversos avances, no solo en la geopolítica, sino también en otros campos del saber. En este ensayo se repasan los principales aportes derivados de las preocupaciones acerca de la proximidad o lejanía, que, fundamentalmente, han dado lugar a dos grandes ramas: la que concibe la distancia como un elemento desgastante y la que se preocupa por las interacciones entre el centro y la periferia.


La geopolítica, como disciplina que estudia la relación existente entre el espacio físico y el poder, encuentra su origen y cimiento en la geografía. Este vínculo es esencial y no meramente casual, pues la lógica del análisis espacial que define a la geopolítica emana de las mismas bases teóricas y metodológicas que rigen en el campo de la geografía. Es por ello que en ambas disciplinas —que en términos históricos han podido considerarse como la misma— se han propiciado numerosos desarrollos a partir de idénticas ideas y preocupaciones, entre las cuales cabría citar aspectos como, entre otros; los derivados de la ubicación y la localización, la influencia entre el medio y las sociedades que lo habitan[1], o la trascendencia de la distancia, que es el tema principal del presente ensayo.

El principio que explica este factor es básico, aunque sus implicaciones han resultado ser más complejas: por lo general, la proximidad física es clave para propiciar fenómenos como las conexiones y las influencias mutuas entre distintos actores y dinámicas. La cercanía modela las relaciones de vecindad, facilita el intercambio de bienes y servicios, y puede generar tanto cooperación como conflicto. Consecuentemente, es el elemento subyacente que configura la conformación de alianzas y bloques regionales —que se aprovechan de la proximidad y de la contigüidad de sus miembros para facilitar la cooperación en materia económica, política y de seguridad—, pero al mismo tiempo se constituye como el cimiento que cataliza crisis y guerras.

La importancia que ostenta la proximidad geográfica es intuitiva pero también empíricamente comprobable en los más diversos campos del saber —comenzando por la química o la física[2]—, todo ello a pesar de que su principio fundamental es siempre de corte espacial: cuanto más cerca están dos entidades o emplazamientos, mayor será la interacción entre ellos y, por ende, la posibilidad de influencias mutuas. El geógrafo norteamericano Waldo Tobler (1930-2018) resumió esta premisa mediante dos enunciados, comúnmente difundidos bajo la —discutible— etiqueta de «leyes de la geografía». La primera de estas sostiene que «todas las cosas están relacionadas entre sí, pero las cosas más próximas en el espacio tienen una relación mayor que las distantes»[3]. La segunda, que pudiera considerarse como una extensión de la anterior, reza que «los fenómenos externos a un área geográfica de interés tienen incidencia dentro de dicha área»[4].

Por elementales que pudieran resultar estas afirmaciones, ambas presentan ramificaciones de indudable aplicación práctica; algunas de las cuales acarrean niveles de complejidad de mayor calado. Prueba de ello son los diversos desarrollos que, no solo desde la geografía, sino también en otros campos del saber, han emanado de la consideración de la distancia como factor. A continuación, se repasan dos que han resultado primordiales y que también han tenido gran influencia en campos vinculados a la geopolítica, como las Relaciones Internacionales o los estudios estratégicos. Por una parte, estarían los aportes que surgen a partir de la concepción de la distancia como erosionadora de las interacciones, las acciones humanas y el poder en el espacio geográfico. Por otra, se trataría de las diversas conceptualizaciones que se nutren del análisis de la dualidad existente entre centro y periferia.

El primero de estos surge con la constatación, más o menos asumible, de cómo la falta de proximidad incide en la merma de la influencia —en lo económico, político, cultural, etcétera— de los actores. Al tratarse de una cuestión estática —o constante, términos físicos—, sus efectos pueden ser valorados de distintas maneras, dependiendo del punto de vista de referencia que se adopte. Así, un eventual ejército atacante verá la llamada profundidad estratégica como algo negativo, que tomará tiempo y esfuerzo en cubrir, mientras que el defensor la considerará como algo positivo. Son dos caras de la misma moneda: un mismo espacio geográfico puede actuar jugar a favor o en contra, dependiendo de los intereses y contextos de las partes involucradas. La misma geografía que enclaustra y recluye puede también servir de barrera ante invasores. Es la tiranía de la distancia[5] frente a la splendid isolation[6].

La historia universal cuenta con numerosos ejemplos en uno u otro sentido. Por una parte, se ha promovido la creación de Estados que, literalmente, surgen para ser una suerte de zonas de amortiguación entre potencias rivales o potencialmente conflictivas. Estos «Estados tapón», o buffer —como Mongolia, Afganistán, Paraguay o Bielorrusia, entre otros—, nacen, por definición, como entes subordinados a sus patrocinadores, y se interponen entre sus esferas de influencia o, directamente, se ubican en la vecindad de estos, incrementando la distancia que precisa una fuerza foránea para alcanzarlos o afectarlos. Por otra parte, se constata la situación contraria; la de las potencias con ciertas capacidades de influencia exterior que han buscado la manera de llegar más lejos gestionando el desgaste que ello supone. Esta preocupación queda resumida bajo el paraguas que brinda el concepto del loss-of-strength gradient, o gradiente de pérdida de poder[7], basado en que el poder político y militar de un Estado disminuye con la distancia.

Dicho término está vinculado con la capacidad de proyección de poder de un actor estatal, y parte de la observación de que, a mayor alejamiento respecto al núcleo de este aludido poder, menor será la potencial influencia o el control efectivo del actor en cuestión. Se trata de un postulado que resulta especialmente visible en el ámbito militar —pero con clara aplicación en otros campos, como en el de la Ciencia Política o las Relaciones Internacionales—, donde la logística y la capacidad de movilización condicionan el alcance estratégico de cualquier Estado. Las potencias que logran gestionar el declive de este gradiente, por ejemplo, mediante flotas avanzadas, bases militares en el extranjero[8] o mediante el uso de las tecnologías —aplicadas a los transportes, las comunicaciones y el armamento—, lo tienen más fácil para consolidar sus estatus como actores de alcance regional o global. Sin embargo, este principio también es aplicable a distintas escalas; a nivel local, por ejemplo, una autoridad municipal puede tener menor control en áreas periféricas o rurales distantes del centro administrativo, lo que, a su vez, puede influir en la eficacia de la gobernanza y en la prestación de servicios.

En este punto, cabe recordar que, aunque a menudo se asocia la geopolítica exclusivamente con cuestiones de alta política, y con análisis a nivel continental o planetario, las dinámicas más locales también están permeadas por relaciones de poder y territorio. La importancia de factores como la distancia, la topografía y la distribución de recursos naturales pueden ser tan determinantes en el ámbito local y en una región específica más o menos amplia como en la escala internacional. De todas maneras, hay que destacar que los efectos de la distancia no operan de manera aislada, sino que están modelados por otros aspectos, como la tecnología y la economía. Los avances en transporte y comunicaciones han reducido las barreras que tradicionalmente imponía la distancia, permitiendo a los actores estatales y no estatales proyectar su influencia de manera más amplia y sostenida. Si bien la globalización y la revolución digital han cambiado la forma en la que entendemos el espacio y la proximidad, estas transformaciones no eliminan las desigualdades preexistentes, sino que, en muchos casos, las refuerzan. En todas las escalas, las áreas con acceso limitado a tecnologías de comunicación o infraestructuras de transporte siguen estando en desventaja, lo que muestra que la distancia sigue siendo relevante incluso en un mundo cada vez más interconectado.

Estas cuestiones se encuentran también vinculadas con el otro desarrollo clave que corresponde tratar en este texto, también emanado de la preocupación por el factor distancia; el que atañe al estudio de las dinámicas de centro y periferia[9]. Aunque este tema siempre ha ocupado un lugar preponderante en el pensamiento geográfico y, por extensión, en el geopolítico, su aplicación más conocida nace en tiempos más recientes, en los ámbitos del desarrollo y la economía política, con ramificaciones tan influyentes como la de las teorías de la dependencia[10]. Estos postulados han brindado entendimiento acerca de la manera en la que los centros de poder económico y político influyen en las periferias más alejadas de varias formas, y en algunos contextos, la distancia no sería solamente física, sino también simbólica, económica y cultural. Evidentemente, a pesar del corte global de estos planteamientos, este también presenta aplicaciones más locales, pues, como se revisará en adelante, las tensiones centro-periferia se replican en diferentes escalas. Así, en cualquier Estado, suele ocurrir que las áreas centrales —en las que se ubica el poder político y/o económico— sean las que atraen las inversiones, el talento y los recursos, mientras que las regiones periféricas tengan mayor proclividad a quedar rezagadas, en términos relativos.

Sin embargo, resulta oportuno mencionar brevemente que, en puridad, estos avances en realidad no solo se fundamentan en la teorización acerca de la distancia, sino más bien en base a la relación de esta respecto a otro elemento que, igualmente, puede considerarse de forma independiente: la centralidad, propiamente dicha. Como cabría intuir, esta deriva del valor relativo que ostentan determinados emplazamientos geográficos en virtud de sus conectividades y/o debido a la concentración de recursos que estos alberguen, máxime cuando se da la circunstancia de que esta condición de nodalidad a su vez propicia la consolidación de las redes que se van trazando sobre ellos. Una de las conceptualizaciones más famosas de cuantas se basan en estas premisas es la elaborada por el geógrafo alemán Walter Christaller (1893-1969), titulada como la teoría de los lugares centrales. Pese a que esta no se encuentra exenta de críticas —por su corte cuantitativista, por ser demasiado «estática», o por la hoja de vida del propio autor—[11], sus ideas sobre la jerarquía espacial y las áreas de influencia han resultado ser de gran inspiración para trabajos posteriores.

No obstante, cabe aclarar que las dinámicas de centro-periferia se basan en la relación existente entre la centralidad y la distancia, siendo este último el factor primordial, ya que es el que más afecta al grado proximidad que presentan determinadas demarcaciones frente a los núcleos de poder, y que es, en definitiva, la cuestión sobre la que versan estas líneas. Al estudiar esta dualidad centro-periferia es imprescindible tener en cuenta que se trata de relaciones que distan de ser siempre lineales; ni se dan de la misma manera en todas las situaciones ni presentan un comportamiento fácilmente parametrizable. Con finalidad ilustrativa se pueden mencionar situaciones que operan en sentido opuesto en idénticos escenarios. Tal sería el caso de aquellas comunidades, de distintos Estados, que se ubican a uno y otro lado de una misma frontera, y que, por ello, evidencian interacciones positivas más frecuentes y significativas entre sí que las que tienen con los propios centros a los que en teoría se adscriben. Una variante de este tipo sería, por ejemplo, la de aquellas zonas fronterizas que se ven influenciadas por Estados vecinos, llegando ocasionalmente a ser lugares en los que la influencia externa supera a la interna. Por el contrario, en el espectro opuesto, cabe recordar que igualmente existen muchas ocasiones en las que el comportamiento de las sociedades fronterizas opera de distintas maneras a las descritas anteriormente, no siendo en absoluto excepcionales los ámbitos periféricos caracterizados por la rivalidad o el conflicto, interno y/o externo. En esta categoría también se insertarían a un buen número de movimientos secesionistas —calificados atinadamente como periféricos—, que se robustecen, precisamente por la lejanía respecto de los centros de poder de sus marcos de referencia estatales.

El motivo elemental que daría cuenta de las razones de estas complejidades analíticas estriba en que todos estos planteamientos teóricos y esquemas espaciales no operan en un vacío, sino que están modulados por otros elementos, como la tecnología, la economía, los sistemas político-administrativos, las culturas, o la historia. Como se comentó anteriormente, las innovaciones en el transporte y las comunicaciones han transformado radicalmente la percepción de la distancia, reduciendo los costos y tiempos de traslado, haciendo que trayectos antes insalvables se conviertan hoy en rutas comerciales viables. Asimismo, la tecnología aplicada al mundo digital ha redefinido las conexiones globales, permitiendo que empresas y gobiernos se comuniquen en tiempo real sin que la lejanía resulte tan relevante, lo cual, a su vez, ha terminado de interconectar nuestro planeta como nunca antes en la historia de la humanidad. Este fenómeno, a menudo calificado de «contracción del mundo»[12], no elimina la distancia, pero sí redefine su impacto en la geopolítica.

Es por ello que resulta crucial considerar la lógica espacial en sus propios términos, aun teniendo en cuenta los demás elementos que pudieran tener incidencia. Desde una óptica meramente geográfica, lo verdaderamente relevante es que los espacios próximos suelen compartir relaciones más densas e intensas que aquellos más distantes, lo cual, a su vez, moldea interacciones de vecindad que pueden establecer patrones de dependencia, cooperación o conflicto. El signo de estas interacciones —a lo interno y externo— vendrá determinado por los factores anteriormente enunciados, por lo que no cabría buscar tales respuestas usando parámetros netamente basados en el estudio del territorio. Adicionalmente, resulta imprescindible tomar en consideración que, con frecuencia —tal y como ocurre a escala planetaria—, a nivel estatal coexisten diversos centros, con más o menos interrelación entre ellos y el exterior, ubicados a diferentes distancias y con pesos específicos también distintos entre sí. Dicho de otra manera; en esencia, para cada nivel analítico normalmente no se trataría de considerar un único centro y su correspondiente periferia —pues esto es una simplificación de la realidad—, sino más bien la de varios centros y periferias, cada uno de ellos con contextos únicos pero con interacciones endógenas y exógenas.

Este último aspecto introduce una nueva dimensión analítica que se desprende de la aludida replicabilidad de estos fenómenos en diversas escalas, ya que, a efectos prácticos, las dinámicas centro-periferia pueden considerarse como fractales[13]. En el mundo real, únicamente los ámbitos muy locales, de pequeña extensión, presentan una composición consistente en un solo centro y una sola periferia que lo circunde. Solo el posicionamiento por ciertos enfoques —frecuentemente estatocéntricos— justificaría ejercicios de abstracción como aquellos consistentes en considerar que únicamente existe un nodo, que sería, normalmente, la capital de algún Estado o, en su defecto, la acción de algún otro emplazamiento o conurbación en el que converja el centro de gravedad[14] de los demás poderes de la demarcación de referencia.

Finalmente, en idéntico sentido, cabe recordar el modularidad que tiene la geopolítica para el trabajo a diferentes escalas. La constatación empírica muestra que, mientras más grande es el área de estudio —mundial, continentales, regionales, estatales, subestatales, etcétera—, mayor es la probabilidad de que se identifiquen en ella múltiples centros; cada uno de ellos con diferentes jerarquías y conexiones, que, a su vez, tengan distintas tipologías de periferias, más o menos distantes de cada uno de estos polos. Esta propiedad de fractalidad —que se manifiesta en la réplica, a distintas escalas, de las tensiones entre diversos centros y periferias— no solo abre la posibilidad a un mejor entendimiento de la geopolítica, sino que también tiene incidencia en materia metodológica, ya que se requiere de métodos y herramientas adecuadas para el estudio de las cuestiones espaciales.


[1] Gallego Cosme, M. (2023). El agua y la tierra en el pensamiento geopolítico. Global Strategy Report, 1/2023. https://global-strategy.org/el-agua-y-la-tierra-en-el-pensamiento-geopolitico/

[2] La aplicación práctica de la tercera ley de Newton considerando el factor distancia resulta demasiado evocadora como para no mencionarla aquí, ya que las similitudes con la cuestión tratada son más que evidentes. Cabe recordar que esta se resume en el conocido postulado: «la fuerza que ejerce un objeto sobre otro es directamente proporcional al producto de sus masas, e inversamente proporcional al cuadrado de la distancia que los separa». La fuerza, como magnitud equivalente al «poder» es totalmente dependiente de factores como la masa y la proximidad.

[3] «Everything is related to everything else, but near things are more related than distant things», tal cual figura en el texto original: W. R. Tobler (1970). A Computer Movie Simulating Urban Growth in the Detroit Region. Economic Geography, Vol. 46, Supplement: Proceedings. International Geographical Union. Commission on Quantitative Methods, pp. 234-240. https://www.tandfonline.com/doi/abs/10.2307/143141

[4] «The phenomenon external to a geographic area of interest affects what goes on inside», tal cual figura en el texto original: W. R. Tobler (1999). Linear pycnophylactic reallocation comment on a paper by D. Martin. International Journal of Geographical Information Science, Vol. 13, pp. 85-90.

https://doi.org/10.1080/136588199241472

[5] Sakaguchi, D. (2011). Distance and Military Operations: Theoretical Background toward Strengthening the Defense of Offshore Islands. NIDS Journal of Defense and Security, No 12, p. 84.

https://www.nids.mod.go.jp/english/publication/kiyo/pdf/2011/bulletin_e2011_5.pdf

[6] El término, popularizado en el s. XIX para denotar el supuesto desdén británico hacia los asuntos europeos, suele utilizarse también para vanagloriar la condición de asolamiento relativo del Reino Unido, sobre todo en contextos en los que pudo comprobarse como beneficiosa, como puede ser el caso de su enxpugnabilidad durante determinadas guerras. Obviamente, estos factores no siempre operan en el mismo sentido, pues el aislamiento presenta evidentes contrapartidas. Lo mismo ocurre con el concepto de tiranía de la distancia, ya que no siempre beneficiaría tan claramente al defensor en todas las situaciones —al respecto, ver referencia en la nota anterior—.

[7] Boulding, K. E. (1962). Conflict and defense: A general theory. Harper.

[8] Instituto Español de Estudios Estratégicos (2022). Geopolítica de las bases militares. https://publicaciones.defensa.gob.es/geopolitica-de-las-bases-militares-libros-papel.html

[9] Mabogunje, A. L. (1980). The Dynamics of Centre-Periphery Relations: The Need for a New Geography of Resource Development. Transactions of the Institute of British Geographers, Vol. 5, No. 3.

[10] Cajas Guijarro, J. & Perez Oviedo, W. A. (2019). Center-Periphery Structures and Dependency: A Theoretical and Methodological Proposal. SSRN. https://dx.doi.org/10.2139/ssrn.3488904

[11] Álvarez, J. R. (2016). De santo patrón a réprobo: el caso Christaller. NaturaetCultura. https://naturaetcultura.wordpress.com/2016/05/25/de-santo-patron-a-reprobo-el-caso-christaller/

[12] Krueger, A. O. (2004). Economic Growth in a Shrinking World: The IMF and Globalization. International Monetary Fund. https://www.imf.org/en/News/Articles/2015/09/28/04/53/sp060204

[13] Un fractal es un objeto o estructura geométrica que se caracteriza por su complejidad y autosimilaridad, es decir, su forma básica se repite a diferentes escalas, independientemente del nivel de ampliación. Evidentemente, en el marco de la geopolítica planetaria, los límites del sistema estarían acotados por la escala global y por las múltiples escalas locales susceptibles de ser analizados geográficamente.

[14] En física, el centro de gravedad, o de masas, es el punto en el que convergería la sumatoria de fuerzas o pesos de un cuerpo o figura geométrica. Por lo tanto, este dependerá tanto de la cantidad y magnitud de las fuerzas o masas como de la propia forma del ente.


Editado por: Global Strategy. Lugar de edición: Granada (España). ISSN 2695-8937

Mario Gallego Cosme

Licenciado en Geografía y en Ciencias Políticas, y Doctor en Seguridad Internacional por el Instituto Universitario General Gutiérrez Mellado.

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