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El juego del poder: China y su creciente sombra sobre América Latina

https://global-strategy.org/el-juego-del-poder-china-y-su-creciente-sombra-sobre-america-latina/ El juego del poder: China y su creciente sombra sobre América Latina 2023-10-30 14:05:34 Marc Cortés Rufé Blog post Estudios Globales Global Strategy Reports China Iberoamérica

Global Strategy Report, 21/2023

Resumen: En el mutable panorama de las relaciones internacionales, la creciente hegemonía de China en América Latina se desentraña a través del prisma del neorrealismo ofensivo de Mearsheimer, revelando un patrón intencionado de expansión en un contexto global. Este análisis profundiza en el entramado macroeconómico y geopolítico que está catalizando una transformación en el balance de poder a lo largo de las Américas. Se plantea interrogantes sobre la posible inauguración de un “Gran Juego” en suelos latinoamericanos. Más allá de la mera cuantificación, las estrategias sutiles y astutas que China está desplegando están reconfigurando de manera significativa el guion regional. La decodificación de estas dinámicas emergentes se vuelve esencial para proyectar los futuros episodios de la saga geopolítica latinoamericana.

Para citar como referencia: Cortés Rufé, Marc (2023), « El juego del poder: China y su creciente sombra sobre América Latina», Global Strategy Report, 21/2023.


Introducción

Desde 1978, la República Popular China ha experimentado una metamorfosis política y económica fascinante, distanciándose progresivamente de su estricta ideología socialista basada en una economía planificada. Esta transformación la ha llevado hacia una reinterpretación innovadora de su ideología: el emergente socialismo de mercado. De forma intrigante, aunque la estructura política de China sigue firmemente arraigada en un régimen de partido único con inclinaciones socialistas, su vertiente económica ha abrazado la liberalización con fervor. Esta apertura ha permitido una afluencia de inversiones extranjeras y productos globales. Además, la incorporación de China a la Organización Mundial del Comercio en 2001 no solo fortaleció su posición en el tablero internacional, sino que marcó un giro estratégico en su política económica (Inter-American Development Bank, 2004).

Desde el albor del siglo XXI, China ha dejado de ser meramente una potencia industrial, sustentada en su competitividad basada en bajos costos laborales, para emerger como una potencia económica y tecnológica de primer nivel. Sus innovaciones y productos ahora compiten con vehemencia en mercados internacionales, demostrando un impresionante contenido tecnológico (Avalos, H. R. , 2013).  Más aún, su posición estratégica como principal socio comercial de economías emergentes es ahora indiscutible, siendo su influencia en el continente africano, Asia Central y, notablemente, en América Latina a través de la Nueva Ruta de la Seda, un fenómeno ampliamente discutido en la literatura académica contemporánea.

El tango comercial entre China y América Latina ha sido particularmente intrigante. Desde los primeros compases del siglo XXI, esta relación ha florecido de manera exponencial, multiplicando por veintidós sus interacciones comerciales (Comisión Económica para América Latina y el Caribe, 2022). En el escenario actual, China no solo es el segundo socio comercial más grande de la región, sino que, en muchos casos, ha superado a Estados Unidos, tradicionalmente el socio dominante en países como Chile, Perú y Brasil.

Una percepción popular sostenía que, entre 2000 y 2010, China priorizó las relaciones con naciones latinoamericanas con inclinaciones políticas de izquierda o populistas. Sin embargo, un análisis más agudo revela que, aunque Pekín ha encontrado puertas abiertas en naciones con tensiones con Washington, no ha dudado en expandir su influencia en países tradicionalmente aliados de Estados Unidos, incluso explorando acuerdos comerciales con Colombia y el bloque MERCOSUR.

El patrón de exportaciones latinoamericanas hacia China es revelador: más del ochenta por ciento proviene de la agricultura, minería y petróleo, sectores que no requieren una vasta fuerza laboral (Comisión Económica para América Latina y el Caribe, 2022). Si América Latina no reinventa su modelo industrial, podría caer en una trampa de suministro de materias primas, con pocas perspectivas de desarrollo laboral y riesgo de desindustrialización.

Históricamente, la región ha buscado financiamiento externo debido a turbulencias económicas. Aunque Estados Unidos ha sido el prestamista tradicional, China ha avanzado rápidamente en este ámbito desde principios del 2000, con estrategias financieras distintas, como préstamos con altas tasas de interés y pagos en recursos naturales. Mientras que casos como Ecuador, Venezuela y Perú resaltan en este esquema, China también ofrece a la región financiamiento para infraestructuras vitales y acceso a su vasto mercado.

Concluyendo, la relación entre China y América Latina, rica en matices y oportunidades, requiere de un análisis constante y profundo. La región debe comprender y aprovechar este vínculo, garantizando un futuro próspero y equitativo para sus naciones.

China, de la seda al cobre y al litio pasando por los semiconductores

Desde hace décadas, la República Popular China ha estado en un proceso constante de apertura y evolución económica, destacando significativamente desde el año 2001. Pero uno de los proyectos que se ha consolidado como la insignia de su estrategia global es la iniciativa “Belt and Road”, también conocida como la Ruta de la Seda.

Nacida oficialmente en 2013 del visionario anuncio del Presidente Xi Jinping, esta estrategia se erige no solo como un homenaje a las antiguas rutas comerciales, sino como un ambicioso plan para tejer una infraestructura global que facilite el transporte y las comunicaciones. No obstante, es crucial entender que esta iniciativa trasciende lo logístico. Su enfoque radica en potenciar la coordinación política en Asia, liberalizar el comercio, promover políticas integradoras y fomentar el intercambio cultural.

En tan solo unos años, la Ruta de la Seda ha ampliado su alcance, incorporando regiones desde Asia hasta Europa, pasando por África, Medio Oriente y, notablemente, Latinoamérica. Es fascinante observar cómo lo que comenzó con seis corredores ha crecido exponencialmente, integrando rutas tan diversas como el Corredor Económico China-Pakistán y la Ruta del Ártico, y dando cabida a 124 países.

El compromiso financiero de China es evidente. De 2013 a 2021, la inversión directa china en estos países superó los 90 mil millones de dólares estadounidenses, generando un impacto económico de 400 mil millones de dólares, según el Banco Mundial. Esta iniciativa, en el contexto actual de tensiones comerciales con Estados Unidos, representa un esfuerzo por parte de China para diversificar sus rutas comerciales, promover nuevos mercados y garantizar el suministro de energía y materiales esenciales.

En cuanto a Latinoamérica, la presencia china en la región ha generado un cambio tectónico en el equilibrio geopolítico. La región, vasta en territorio pero históricamente fragmentada en cuanto a conectividad, está siendo testigo de ambiciosos proyectos de infraestructura que prometen revolucionar su interconexión. Ejemplos notables incluyen el canal interoceánico en Nicaragua y el corredor Argentina-Chile a través de la cordillera de los Andes.

Sin embargo, uno de los mayores triunfos estratégicos de China ha sido la integración de la República de Panamá en la Ruta de la Seda. Con una inversión multimillonaria aprobada para la construcción de un puerto y una línea de ferrocarril, China no solo consolida su presencia en el estratégico istmo panameño sino que refuerza su influencia en toda la región. Países caribeños y sudamericanos como Trinidad y Tobago, Bolivia, Guyana y Argentina han seguido el ejemplo, solidificando la creciente presencia china.

Concluyendo, es imposible ignorar la importancia de la alianza China-Brasil, especialmente con proyectos como la línea de tren de alta velocidad que conectará importantes centros de producción de soja.

Este cambio de guardia geopolítico, con China estableciendo firmemente su presencia en América Latina, plantea interrogantes sobre el futuro rol de Estados Unidos en la región. Sin duda, estamos presenciando una redefinición de las relaciones internacionales en el continente americano.

El dominio silencioso de Asia en la industria de semiconductores: una reflexión imperativa

Hace décadas, la industria de semiconductores de EE. UU. se erigía como la innegable líder mundial en fabricación de semiconductores. Según el Fondo Monetario Internacional (2022), EE. UU. disfrutaba de una sólida participación del 45% al 50% de los ingresos globales. No obstante, con el paso del tiempo, el panorama cambió radicalmente. La capacidad de fabricación, que en 1990 alcanzaba un prometedor 37%, ha experimentado una caída libre hasta situarse en un inquietante 12%.

La evolución de la industria ha sido aún más sorprendente en Asia Oriental. Mientras EE. UU. ve reducida su influencia, China está en una senda agresiva para establecerse como el nuevo titán de la fabricación de semiconductores, esperando agregar aproximadamente el 40% de la nueva capacidad mundial en la próxima década.

Añadiendo complejidad al escenario, las tensiones geopolíticas entre EE. UU. y China, agravadas por la pandemia de COVID-19, han resaltado las vulnerabilidades y dependencias de la cadena de suministro global. Empresas emblemáticas como Intel y Samsung han dominado al operar como fabricantes de dispositivos integrados (IDM), manteniendo el control de todo el proceso. Sin embargo, la emergencia de empresas fabless, especializadas solo en diseño, ha alterado la dinámica del mercado. Estas empresas, que externalizan la fabricación, son un claro reflejo de la adaptación a los crecientes costos de producción y a la globalización de la cadena de suministro.

Sin embargo, lo más revelador es cómo Asia ha consolidado su dominio en este sector. Entre Taiwán y Corea del Sur, suman el 43% de la capacidad de producción mundial. Si consideramos a China y Japón, el dominio asiático se eleva al 73%. Estos números, más que ser simples estadísticas, representan un cambio de poder que no puede ser ignorado. Siete de cada diez semiconductores provienen de Asia, cifra que subraya la magnitud de su influencia. El 2021, marcado por su importancia en la evolución tecnológica y la resilencia frente a la pandemia, vio el anuncio de 39 nuevos proyectos de fabricación de semiconductores. La mayoría de estos, 31 para ser exactos, tienen su cuna en Asia, reflejando una vez más la consolidación de este continente como epicentro de la innovación y producción en esta industria. La pandemia, junto con el rápido avance tecnológico en áreas como 5G, vehículos eléctricos y centros de datos, ha colocado a la industria de semiconductores en una encrucijada. La demanda sin precedentes ha superado la capacidad de producción existente. Esta situación ha sido exacerbada por el hecho de que, en los últimos años, solo cuatro grandes jugadores, TSMC, Samsung, Intel y Global Foundries, han dominado la fabricación de circuitos integrados.

La solución que muchos sugieren, construir más fábricas, suena sencilla. Pero en la realidad, la implementación de tal solución es intrincada y requiere de una visión a largo plazo.

No podemos hablar de semiconductores sin mencionar las tensiones comerciales entre EE. UU. y China. Esta contienda, más allá de ser un simple enfrentamiento de tarifas, es una batalla por la supremacía tecnológica global. Mientras EE. UU. intenta contener el avance chino, China ha redoblado sus esfuerzos para alcanzar y superar a su rival.

El paisaje de la industria de semiconductores está cambiando rápidamente. Es esencial que comprendamos estos cambios y adaptémonos a ellos. La innovación, la inversión y la colaboración internacional serán clave para garantizar que la próxima generación de tecnología sea beneficiosa para todos.

La evolución de las relaciones sino-latinoamericanas: una nueva era de cooperación y desafíos

Desde la fundación de la República Popular China en 1949, el país ha experimentado una metamorfosis sin precedentes, transformándose de una nación agrícola empobrecida en una superpotencia global. Esta transformación ha reconfigurado el panorama geopolítico mundial y, en particular, ha rediseñado la dinámica de las relaciones entre China y América Latina.

Durante la mayor parte del siglo XX, las relaciones de América Latina se definieron en gran medida por su proximidad a Estados Unidos. Sin embargo, en el siglo XXI, la región ha buscado diversificar sus alianzas, y es aquí donde China ha emergido como un actor fundamental.

El primer contacto oficial entre China y un país latinoamericano fue con Cuba en 1960. Aunque este hecho podría considerarse modesto, sentó las bases para un cambio gradual en las relaciones. Para la década de 2000, China ya había establecido relaciones con la mayoría de los países de América Latina, y su influencia económica se hizo evidente. No es casualidad que en 2004, el entonces presidente chino Hu Jintao hiciera una visita histórica a la región.

Las cifras hablan por sí solas. El comercio entre China y América Latina ha crecido exponencialmente en las últimas dos décadas, pasando de 17 billones de dólares en 2002 a 306 billones en 2020. Estas cifras reflejan un intercambio mutuamente beneficioso, aunque con ciertas asimetrías.

¿Qué busca China en América Latina?

La respuesta es multifacética. Sin duda, la vasta riqueza de recursos naturales de la región es un atractivo principal para una China en plena expansión industrial y urbana. Petróleo, oro, soya, cobre, entre otros, son vitales para alimentar el voraz apetito económico chino.

Pero la relación va más allá de la mera extracción de recursos. China ha demostrado un interés genuino en desarrollar infraestructura en la región, desde carreteras hasta represas y redes ferroviarias. Esto no solo facilita el transporte de recursos, sino que también posiciona a China como un socio clave en el desarrollo de América Latina. Sin embargo, la creciente influencia de China no está exenta de críticas. Hay preocupaciones sobre el desequilibrio comercial, con América Latina exportando principalmente materias primas y China vendiendo productos manufacturados de mayor valor agregado. A esto se suma la preocupación sobre las condiciones de los préstamos y acuerdos financieros, las prácticas laborales y las normas medioambientales en los proyectos respaldados por China.

No obstante, también hay oportunidades evidentes. La inversión china ha llenado un vacío en áreas donde la financiación occidental ha sido reacia o lenta. Además, la relación con China ofrece a América Latina una oportunidad para diversificar sus relaciones internacionales y reducir su dependencia de Estados Unidos y Europa.

Mirando hacia el futuro, está claro que la relación entre China y América Latina seguirá evolucionando. Con una China cada vez más asertiva en su política exterior y una América Latina en busca de diversificación y crecimiento, el potencial de cooperación es inmenso.

Es esencial que los líderes latinoamericanos aborden esta relación con una combinación de optimismo y pragmatismo, reconociendo las oportunidades, pero también siendo conscientes de los desafíos.

Construir una relación equitativa y mutuamente beneficiosa requerirá diplomacia, visión y un compromiso con valores compartidos. En este intrincado baile geopolítico, la región tiene la oportunidad no solo de crecer económicamente, sino también de redefinir su lugar en el mundo.

Análisis de la influencia china en la Alianza del Pacífico. Un enfoque casuístico

China ha logrado avances significativos en sus estrategias de inversión, tecnología y desarrollo durante la década anterior. Estos factores fueron resaltados en el 13º plan quinquenal, desarrollando una estrategia a largo plazo para convertirse en líder internacional en inversiones en innovación y tecnología. Xi Jinping, el presidente chino, recomendó que altos funcionarios, ministerios y académicos adoptaran la innovación como eje del crecimiento del país. Bajo la estrategia del “nuevo normal” de China, Xi Jinping enfatizó que el crecimiento económico del país había disminuido y que el desarrollo científico y tecnológico de alta calidad proporcionaría un nuevo impulso a la economía. Esta aproximación fue abordada por primera vez durante la visita de inspección del presidente a la provincia de Henan en mayo de 2014, cuando enfatizó la necesidad de ajustarse a un “nuevo normal” y la necesidad de continuar el progreso continuo. Xi Jinping también mencionó el marco del “nuevo normal” ante la comunidad mundial por primera vez durante la conferencia APEC de Beijing en 2014. El presidente definió la próxima etapa de crecimiento económico de China en términos de dos características esenciales: cambiar el modo de crecimiento a uno basado en la inversión tecnológica y seguir siendo un país abierto que interactúa estrechamente con el resto del mundo.

Por otro lado, China está expandiendo su industria comercial-tecnológica y está involucrándose más en la creación y financiamiento de iniciativas globales en estos campos. Participar como proveedor de infraestructura y ofrecer soluciones de transferencia de tecnología son ambas iniciativas realizadas por China como nueva potencia tecnológica. Las soluciones propuestas por China para los desafíos globales incluyen la puesta en órbita de un nuevo satélite (Fengyuan-3D), expediciones de investigación antártica (barco rompehielos Xuelong), la creación de nuevos radiotelescopios (FAST) y observatorios de investigación astronómica extranjeros (Centro de Astronomía Sudamericano de la Academia de Ciencias de China (CASSA)). China ha optado por basar su influencia internacional en el poder económico y la inversión de alta tecnología. En realidad, ambos sistemas convergen e interactúan entre sí. Por ejemplo, los bancos estatales chinos han sancionado activamente préstamos con tasas de interés variables para apoyar diversas iniciativas tecnológicas e infraestructurales. Según el informe financiero de desarrollo energético chino, el Banco de Desarrollo de China y el Banco de Exportaciones e Importaciones de China prestaron más dinero a proyectos mundiales que el Banco Mundial en 2017. Según la investigación, a diferencia de la década anterior, el énfasis no está solo en las operaciones extractivas, sino también en procesos de valor agregado como redes de transmisión y distribución.

La “Doctrina del Ascenso Pacífico” (heping jueqi lun), posteriormente conocida como “la doctrina del desarrollo pacífico” (heping fashion), fue producida por intelectuales chinos para ofrecer respuestas a la “teoría de la amenaza china”, que se desarrolló principalmente en Occidente. Este concepto, que ganó tracción en 2003, afirma que a medida que crece la fuerza de China, actuará pacíficamente, centrada en crear oportunidades en lugar de convertirse en una amenaza. Aunque esta ideología se asoció inicialmente con la propaganda del gobierno chino, destacando los beneficios que podrían obtenerse por sus socios estratégicos, se ha convertido en un componente de la evolución de la teoría de relaciones internacionales chinas durante la década anterior (Narain, A et al., 2003).

Como resultado, independientemente de la perspectiva teórica, existe un consenso relativo en que el ascenso de China en el sistema internacional puede entenderse no solo en términos de crecimiento económico, sino también a través de su política exterior y los mecanismos de vinculación empleados. En este sentido, el reposicionamiento de China en el escenario internacional pone en duda la idea de ascenso pacífico. Por un lado, se supone que China busca credibilidad internacional fortaleciendo su seguridad material y desarrollando beneficios económicos para China y sus socios estratégicos; por otro lado, se supone que China está inclinada a integrar la participación de varios países en los nuevos procesos de gobernanza global, actuando cooperativamente para generar oportunidades mientras evita ser una amenaza.

La inversión internacional se basa en la noción de que dos conjuntos de razonamientos chocan. Por un lado, los inversores compran activos reales o financieros a valor nominal con la esperanza de obtener beneficios más tarde. Esta dinámica proyecta los activos como una fuente de utilidad en forma de capital, intereses o dividendos. Por otro lado, los inversores anticipan una movilización mundial de sus activos con fines de reproducción productiva o de capital. Esta segunda dinámica se caracteriza por la búsqueda de diversificación y éxito económico en nuevos mercados. El tiempo y el riesgo se tratan como variables independientes en ambos conjuntos de lógica, y cualquier modificación o control puede afectar las inversiones extranjeras.

La inversión de cartera, también conocida como inversión indirecta, es la compra de acciones en el capital de una empresa. Esta inversión se realiza gestionando una cartera de acciones o valores y obteniendo el control sobre una parte de la cartera de una empresa. Estas inversiones se denominan pasivas, ya que no buscan influir en las empresas y se realizan principalmente a través de fondos de inversión y planes de pensiones.

Chile

El surgimiento de la República Popular China como una superpotencia mundial en las últimas décadas ha rediseñado el mapa comercial global, estableciendo nuevas alianzas y dinámicas comerciales. Una de las relaciones comerciales más destacadas en este nuevo panorama es, sin duda, la forjada entre China y la República de Chile.

En 2006, después de una década de meticulosas negociaciones iniciadas bajo el mando de Ricardo Lagos, entró en vigor el Acuerdo de Libre Comercio (ALC) entre ambos países. Esta alianza no solo fue pionera al ser la primera que China firmaba con un país fuera de la ASEAN, sino que también redefinió el ecosistema exportador chileno. Hoy, China absorbe un monumental 20% de las exportaciones totales de Chile, desplazando a tradicionales socios comerciales en América Latina y otras regiones.

La monumentalidad de este acuerdo se evidencia en las cifras: el comercio bilateral entre ambas naciones se cuadruplicó de 2005 a 2017, alcanzando los US$ 34.5 mil millones, según datos de la Comisión Chilena del Cobre. Pero más allá de los números, este tratado ha sido un portal para que Chile acceda al vibrante y dinámico mercado chino, valorado en 1.3 billones de dólares.

Es innegable el peso del cobre en esta relación. Representa un impresionante 80.5% del flujo comercial entre ambos países. Pero más allá del cobre, Chile ha demostrado ser estratégico, diversificando sus exportaciones. Desde la firma del ALC, productos agrícolas como uvas, cerezas y arándanos han visto un aumento anual del 73% en sus exportaciones hacia China. Simultáneamente, productos de madera y químicos, como el yodo, han ganado terreno.

Perú

El Acuerdo de Libre Comercio (ALC) entre Perú y China, con un largo proceso de gestación seguido de una rápida etapa de negociación, ha sido de importancia capital en la conformación del paisaje comercial peruano. Las concesiones arancelarias acordadas permiten que la mayoría de los productos exportables peruanos disfruten de beneficios arancelarios. Notablemente, aquellos productos peruanos que podrían ser amenazados por la competencia china, han sido cuidadosamente excluidos del proceso de reducción arancelaria o han sido considerados bajo términos muy prolongados de reducción (Koengkan et al., 2020).

Tras una década de implementación, es evidente que el ALC ha impulsado la economía peruana, preservando una estructura comercial predominantemente interindustrial. Sin embargo, se mantiene un desequilibrio: Perú se inclina hacia la exportación de materias primas y productos tradicionales, mientras que las importaciones desde China se inclinan hacia productos manufacturados, muchos de alta tecnología y valor agregado.

La exportación peruana de recursos brutos ha desencadenado debates sobre la reprivatización y desindustrialización de la economía. Las voces críticas señalan una dependencia creciente de las materias primas hacia mercados como el chino (Mondeja, 2017).

Una mirada detallada a las estadísticas revela un patrón consistente. A lo largo de los años, la composición de las exportaciones peruanas ha mostrado una inclinación constante hacia productos convencionales. Sin embargo, las cifras en magnitudes absolutas cuentan una historia de crecimiento y adaptabilidad. Las exportaciones tanto convencionales como no tradicionales han experimentado un aumento notable.

A pesar de las métricas en porcentajes, es imperativo destacar cómo la dinámica económica entre China y Perú está intrínsecamente entrelazada. Las fluctuaciones en el PIB de ambas naciones tienen correlaciones claras con los patrones de exportación e importación.

El escenario presenta un desafío evidente para Perú: ¿Es prudente esta nueva dependencia con China? La diversificación de mercados y productos debe ser una estrategia clave, con un énfasis particular en productos de mayor valor agregado.

La diversidad en las importaciones peruanas desde China es destacable. Mientras que las exportaciones peruanas están concentradas en pocas categorías, las importaciones abarcan una amplia gama de productos, principalmente bienes de capital, que alimentan tanto el consumo interno como la producción para la exportación.

La balanza comercial entre Perú y China refleja un saldo positivo para Perú. Aunque hubo años de déficits, el saldo global sigue siendo favorable para el país sudamericano, lo que subraya la importancia del ALC en la salud económica de Perú.

Este exhaustivo análisis macroeconómico ilustra el papel cardinal que China ha desempeñado en la configuración económica de Perú durante la vigencia del ALC. La relación comercial, aunque centrada en exportaciones convencionales, ha beneficiado en gran medida a la economía peruana, con China emergiendo como el principal socio comercial de Perú.

Mientras que el ALC ha sido sin duda beneficioso para la economía peruana, también plantea preguntas críticas sobre el futuro y la necesidad de diversificar y enriquecer la cartera comercial. La reflexión final podría ser: ¿Dónde estaría Perú en el escenario global sin este acuerdo con China?

Colombia

Por décadas, Estados Unidos ha sido el principal destino de las exportaciones colombianas, así como el principal proveedor de bienes y servicios, y es el principal socio comercial de Colombia. China, por su parte, ha llegado a ocupar una posición importante como socio comercial, siendo superada solo por Estados Unidos. Cabe señalar que los vínculos comerciales entre Colombia y China han aumentado significativamente durante más de dos décadas. Este fortalecimiento de lazos y aumento en los flujos comerciales con China se debe a la necesidad de diversificar el portafolio comercial de Colombia para promover las exportaciones y posiblemente hacer frente a cualquier choque en la economía global. Sin embargo, Colombia está rezagada en comparación con otros países de la región. Debido a la relación especial entre Bogotá y Washington, la densificación de lazos con China ha sido postergada.

A pesar de que las exportaciones colombianas a China han aumentado significativamente, el portafolio de exportaciones no es diverso, es decir, está concentrado en ciertos sectores. Antes de la Crisis Financiera Global, el sector de suministros industriales representaba el 98% de las exportaciones totales a China; por lo tanto, el sector industrial de Colombia se está integrando cada vez más en las cadenas de suministro globales. Como resultado, las exportaciones de materias primas se expandieron rápidamente, especialmente en la industria del petróleo, que alcanzó su punto máximo en 2021 con el 92% de las exportaciones totales. (Organización Mundial del Comercio, 2022).

Las industrias exportadoras de Colombia se están integrando cada vez más con China. Alrededor de 30 millones de dólares se enviaron en el año 2000, alcanzando un pico de aproximadamente 5.7 mil millones de dólares en 2014, y finalmente, se exportaron más de 3.9 mil millones de dólares en 2020. Esto demuestra la creciente importancia del mercado asiático para Colombia. Por otro lado, las principales exportaciones a China están lideradas por el comercio mayorista, seguido de petróleo y gas, y metales básicos de hierro y acero, con variaciones porcentuales del 95.4%, 86.8% y 25.2%, respectivamente.

Las inversiones de Colombia en China generan ingresos para el sector privado y se están volviendo cada vez más atractivas para los inversores colombianos. La Inversión Colombiana en el Extranjero (ICE) en China fue mayor antes de la crisis financiera global de 2008 que en años posteriores. Sin embargo, el flujo de IED desde China hacia Colombia ha sido inconsistente a lo largo del tiempo y también es pequeño, representando menos del 1% de la IED china total. En términos de inversión en activos financieros, Colombia ocupa el tercer lugar en América Latina con la mayor inversión de cartera por parte de China, siendo los bonos de deuda los que representan la mayor parte.

México

Cuando China ingresó a la Organización Mundial del Comercio (OMC) en 2001, provocó un cambio dramático en la dinámica comercial regional. A medida que las importaciones manufactureras de China a EE.UU. crecían exponencialmente, numerosas industrias mexicanas sufrieron el desplazamiento. Además, México experimentó un aumento sorprendente en sus importaciones de productos manufacturados chinos, tanto para consumo final como intermedio. En poco tiempo, China superó a Estados Unidos, convirtiéndose en el segundo mayor socio comercial de México.

Para 2014, muchas instituciones de estudio en México comenzaron a analizar las dos décadas desde la implementación del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN). Estas instituciones no ocultaron su preocupación por la creciente dependencia que México tenía con este acuerdo, no solo en el ámbito comercial, sino también en áreas fiscales, monetarias y de tipo de cambio. Durante estas discusiones, se introdujo el “trilema de Rodrik”, una teoría que postula que la integración económica, la soberanía nacional y la democracia política son objetivos mutuamente excluyentes. Un país puede lograr dos de estos objetivos, pero no los tres al mismo tiempo. Por ejemplo, un país puede ser económicamente globalizado y tener una democracia política sólida, pero no tener soberanía nacional. Alternativamente, un país puede elegir tener total soberanía nacional y democracia, pero quedarse fuera de la globalización. México, adoptando políticas antiinmigración de EE.UU. en 2021 a cambio de evitar aranceles, parece encajar en la primera categoría.

México ha estado tan atado al TLCAN que, a pesar de las críticas iniciales, muchas de estas preocupaciones se desvanecieron con el tiempo, evolucionando hacia una aceptación tácita. Esta adaptación fue evidente con la introducción del T-MEC (Tratado México-Estados Unidos-Canadá) y la adopción de políticas migratorias que parecían contradecir los ideales históricos de México.

El comercio entre estas cuatro naciones (México, EE.UU., Canadá y China) es vasto y ha experimentado dinámicas cambiantes desde la implementación del TLCAN y el ingreso de China a la OMC. EE.UU. mantiene un déficit comercial significativo con cada uno de estos países, con China siendo el principal contribuyente. México, por su parte, tiene un superávit con EE.UU., pero un déficit con China.

Históricamente, Estados Unidos ha sido el principal socio comercial de México. Sin embargo, la participación de EE.UU. en el comercio mexicano ha disminuido con el tiempo, mientras que China ha ascendido rápidamente en la lista, desplazando a otros países como Canadá.

En cuanto a las exportaciones, la mayoría de los productos que México envía a EE.UU. son manufacturados, reflejando esfuerzos que datan de la década de 1980 para impulsar esta industria. Las exportaciones a China también son en su mayoría manufacturas, pero los bienes naturales y las materias primas constituyen una proporción significativa.

El análisis del comercio México-China revela una relación interesante: mientras México importa principalmente bienes manufacturados de China, también exporta materias primas significativas a China. Algunos investigadores sugieren que México puede estar actuando como un “intermediario” entre China y EE.UU., importando productos de China, agregando valor y luego exportando a EE.UU.

Con el T-MEC, México parece estar en una posición favorable en su relación comercial con Estados Unidos. Sin embargo, hay desafíos, como los aranceles y las regulaciones más estrictas en áreas como las autopartes. Estas medidas están diseñadas, en parte, para reducir el déficit comercial de EE.UU. con países como México y China. Pero el impacto real de estas políticas aún está por verse.

La dinámica comercial entre México, Estados Unidos y China es compleja y en constante evolución. Las implicaciones de acuerdos como el T-MEC y las tensiones comerciales entre las grandes potencias tienen un impacto significativo en la economía global, y solo el tiempo dirá cómo se desarrollarán estas relaciones en el futuro.

Conclusiones

El crecimiento de la dependencia de Sudamérica con respecto a las demandas de China, particularmente en el ámbito de los productos básicos. Esta “sinodependencia” ha tenido un impacto evidente, especialmente en países como Chile, cuya economía se ve fuertemente influenciada por la demanda china de cobre. Aunque la demanda china ha contribuido menos del 1% a las tasas de crecimiento del PIB en varias economías sudamericanas, hay efectos más profundos y a largo plazo que no se reflejan simplemente en las cifras.

La demanda china de recursos de Sudamérica surgió cuando China se volcó hacia la producción industrial y el florecimiento del mercado inmobiliario. Esto ha colocado a China en una posición central en la demanda y fijación de precios de productos básicos a nivel global. Por otro lado, las inversiones chinas en América Latina se han diversificado en sectores como telecomunicaciones, transporte y explotación de recursos.

El comercio de productos básicos, particularmente el cobre en Chile y Perú tiene ramificaciones más allá de las cifras de crecimiento económico. Es una fuente vital de empleo, ingresos y crecimiento, y cualquier fluctuación en la demanda, especialmente relacionada con China, puede tener consecuencias profundas en la economía.

Las cifras no cuentan toda la historia. Es crucial para los países sudamericanos comprender las profundidades de su relación con China y prepararse para las posibles consecuencias futuras de esta interdependencia.

Referencias

Inter-American Development Bank. (2004). Unlocking Credit: the quest for deep y stable bank lending. Washington DC: Inter-American Development Bank.

Avalos, H. R. (2013). The Industry oriented Asian Tigers and the Naturak Resources based Pacific Alliance Economic Growth Models. Masstricht, the Netherlands: Maastricht University.

Comisión Económica para América Latina y el Caribe. (2023, Octubre 20). Comisión Chilena del Cobre. Retrived from Ministerio de Minería: https://www.cochilco.cl/Paginas/Estadisticas/Bases%20de%20Datos/Producción-Minera.aspx

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Mondeja. (2017). Notes on Singapore’s Development Strategy. Chicago: University of Chicago

Narain, A., Rabanal, P., & Byskov, S. (2003). Prudential issues in less diversified economies. Washington DC: IMF Working Papers nº 198.


Editado por: Global Strategy. Lugar de edición: Granada (España). ISSN 2695-8937

Marc Cortés Rufé

Profesor de Economía de la Universidad de Barcelona, especialista en economía internacional y autor del libro Estudio comparativo de los tigres asiáticos y la alianza del Pacífico. Desarrollo económico, modelo económico y retos de futuro (Editorial ECU, 2022).

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