El objeto fundamental de estas líneas es ahondar en el pensamiento de Don Alvaro de Navia Osorio, III Marqués de Santa Cruz de Marcenado, cuyas Reflexiones Militares, el tratado sobre Arte Militar y de la Guerra más completo que existe, empezaron a publicarse en Turín, hace ahora 300 años. Ningún otro estudio equiparable abarca la amplitud de temas que abordó el Marqués en su Tratado, desde la filosofía de la guerra y la polemología, hasta el menor detalle de la maniobra táctica y el armamento, pasando por aspectos de la guerra naval o estudios sobre el mando y el liderazgo.
No se trata aquí del análisis de la guerra de Ucrania sino del estudio de la obra del Marqués, pero en este caso y sin olvidar su marco histórico, aplicando sus esquemas al conflicto actualmente en curso, que remonta a 2014 tras la anexión rusa de Crimea y parte de la región del Dombás.
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Se preguntará qué relación pueda haber entre las ideas de un brillante militar, intelectual y luego diplomático español de principios del siglo XVIII, y una guerra, la de Ucrania, en pleno siglo XXI, donde se combinan acciones de tipo convencional, con otras en la “zona gris” y la experimentación de las últimas tecnologías, incluida la inteligencia artificial.
Para intentar dar respuesta a esta cuestión me referiré a los aspectos políticos de la obra de Marcenado, la naturaleza de la guerra y su utilización como instrumento para la resolución de conflictos. Dos ideas:
Primera; la relación entre política y guerra. La imbricación de política y guerra es omnipresente en el Libro II de las Reflexiones, y se hace patente en muchas otras partes de la obra, con cien años de antelación a su formulación por Clausewitz en la famosa fórmula, universalmente conocida; “la guerra es la continuación de la política por otros medios”.
Segunda: la aplicación a la guerra de la teoría del equilibrio de poder. Esta teoría alcanza uno de sus momentos de máxima aplicación en el transcurso del siglo XVII al XVIII, en acontecimientos de los que el Marqués fue protagonista. La discusión sobre el equilibrio de poder se ve ahora relanzada en otra época de cambio hacia un nuevo orden mundial y subyace en cualquier consideración que se haga sobre el trasfondo geopolítico de la guerra de Ucrania.
Naturaleza y finalidad de la guerra
La conexión entre política y guerra está a la vista por sí misma. Por una parte en las Reflexiones, qué mejor prueba que el Libro II, sea calificado por su autor como libro político. Por otro lado en el actual escenario ucraniano donde se enfrentan dos visiones políticas, de Rusia y de EEUU, cuyo trasfondo principal es el posicionamiento de ambas potencias en el momento en que se discute a nivel global la implantación de un nuevo orden mundial. Además, para Ucrania, su entrada obligada en la guerra como último recurso de su política para luchar por su supervivencia como nación independiente.
Como expuse en un artículo anterior (“Reflexiones Militares: las guerras del Marqués de Marcenado en el siglo XXI”, Global Strategy, 28/11/2024), Marcenado, define tres tipos de guerras que por otra parte plantean el problema conceptual de pertenecer a diferentes categorías: guerra precisa, guerra justa y guerra útil. La preocupación por la justificación de la guerra y el espacio que a esto dedica en su tratado es en mi opinión uno de los rasgos más distintivos de Marcenado, pues ningún otro de los grandes tratadistas de la guerra se detuvo con tanta profundidad en esta problemática.
Aunque estos tres términos no se ubican en compartimentos estancos sino que están completamente entrelazados, en líneas generales y según las Reflexiones Militares, podemos asociarlos de la siguiente manera:
La guerra justa va ligada de forma incontestable a la guerra defensiva. La guerra precisa o necesaria a la razón de estado, lo que la haría ya de por sí justa para Maquiavelo, pero no para Marcenado. Finalmente, la guerra útil se asociaría con los intereses nacionales y sobre todo en la época de las Reflexiones con el principio del equilibrio de poder. Tres elementos absolutamente presentes en Ucrania.
Dando un paso más con la lógica de las Reflexiones, vemos que la guerra para Ucrania es ante todo necesaria y defensiva y por tanto justa. Para EEUU es útil, pero no parece que fuera necesaria. Para Rusia, el agresor, necesaria para sus intereses nacionales, pero está por ver que sea útil.
Marcenado afirma que toda guerra que sea necesaria y útil es justa, pero es consciente de que aquí se mueve en terreno pantanoso, sus principios morales basados en la tradición tomista de inspiración religiosa le obligan a disipar toda ambigüedad, pero al mismo tiempo transita a otro momento histórico en el que se abandonan los fundamentos religiosos y prefiere zanjar la cuestión de otra manera. Así, en el capítulo I del Libro XVII, llega a demostrar que todas las guerras que se puede o debe emprender que ha detallado en el Libro II (véase mi artículo ya mencionado) pueden ser incluidas en la categoría de guerras defensivas. Como ya hemos visto, toda guerra defensiva es por definición justa.
El caso de Ucrania, nos ayuda a entender la modernidad de las Reflexiones. En efecto, cualquiera de los actores en presencia en este conflicto, encontrará en sus páginas argumentos para justificar su actuación:
- Ucrania; en la guerra defensiva y necesaria para hacer frente a una amenaza existencial, caso de guerra justa por antonomasia.
- Rusia: en la necesidad de anticiparse a una amenaza, guerra preventiva, (Libro II capítulo VII), y en la necesidad de proteger a los oprimidos del Dombás, (Libro II capítulo IX), y aún más, para que la guerra parezca lícita recomienda Marcenado conviene “cubrir el anhelo conquistar con el intento de proteger” (Libro II Cap. XXVII). Los negociadores rusos insisten en las dos causas profundas de la guerra: la expansión de la OTAN y la opresión de las minorías rusófonas.
- EEUU: en la utilidad de una guerra de equilibrio apoyando a la potencia débil. Y en la utilidad de una guerra por los inconvenientes de una muy larga paz. (Véase “La inteligencia artificial y la guerra de Ucrania”, José Pardo de Santayana, IEEE, 17/12/2024, donde se expone la utilización del teatro de operaciones ucraniano como “laboratorio” tanto para EEUU como para Rusia). No entro a considerar la utilidad económica.
Esta ambivalencia de las Reflexiones no debe sorprendernos. La tradición de la guerra justa evoluciona con Christian Wolff, coetáneo de Santa Cruz de Marcenado que introdujo la posibilidad de que una guerra pudiera considerarse justa simultáneamente para ambas partes, idea desarrollada posteriormente por Emer de Vatell. (para ampliaciones sobre este aspecto véase “Guerras Justas”, Alex Bellamy 2009, pág. 133).
Zona gris
Si como se dijo, la imbricación de política y guerra es constante en las Reflexiones, el Libro IV nos aporta un nuevo ejemplo en la recomendación de medidas dentro de lo que hoy denominamos operaciones en zona gris: “CAPITULO XII: Sobre desbaratar por medio de políticos manejos la liga de los príncipes enemigos”. Creo que sobre las acciones rusas en zona gris no hace falta extenderse. Como ejemplo de esos “manejos políticos”, podemos mencionar la campaña llevada a cabo por Rusia de deslegitimación de Zelensky como presidente de Ucrania, a la que asombrosamente parece sumarse ahora Donald Trump.

Negociación y fin de la guerra
Un último aspecto refuerza la interacción de política y guerra, y es las recomendaciones del Marqués cuando se negocia la paz: en el Libro XIII, capítulo VII de sus Reflexiones Militares dice lo siguiente:
“…Ínterin que trates la paz, continúa las operaciones de guerra, no sólo para que los enemigos, con apariencia de la primera, no logren tiempo de reforzarse de tropas y de coraje, o de tomar otra oportuna providencia sino también porque, prosiguiendo la guerra, el recíproco temor de sus imprevistos efectos hace que ambas Cortes apresuren la conclusión del tratado.
“…Cualquiera de los que hoy viven puede observar la diferencia entre la duración del Congreso de Utrecht y el Cambray, hecho el primero mientras los ejércitos guerreaban, y el segundo en una suspensión de armas. De aquel resultó brevemente la paz, y éste, al fin de cinco años, se ha disuelto sin tomar alguna seguridad contra la guerra…”
Hemos tenido ocasión de comprobar esto, en la intensificación de los ataques de Israel en Gaza, hasta el último minuto, mientras se negociaban las condiciones del alto el fuego.
Si, según los últimos informes del ISW (Institute for the Study of War), se ha observado una ralentización de las operaciones rusas a lo largo de la línea de contacto del territorio del Dombás, sería de esperar que la inminencia de un alto el fuego aumentase la actividad en torno a Kursk. Las últimas declaraciones de Trump, responsabilizando a Ucrania por el inicio de la guerra, hacen dudar de que Zelensky vaya a recibir el apoyo necesario para poder consolidar la baza del Oblast de Kursk de cara a las negociaciones.
El equilibrio de poder
La experiencia de Marcenado
La intensa experiencia vital de Marcenado, primero a lo largo 12 años de operaciones en la Guerra de Sucesión española al frente del Tercio de Asturias, posteriormente en las campañas italianas de Felipe V y más tarde como embajador plenipotenciario en el Congreso de Soissons, se desarrolla plenamente en el orden internacional de equilibrio instaurado al finalizar la guerra de los treinta años con la Paz de Westfalia en 1648. El mecanismo se pone en marcha frente al ascenso de la Francia de Luís XIV, buscando la preservación de los intereses nacionales y el equilibrio de fuerzas, mediante el recurso al juego de las alianzas para oponerse a las sucesivas guerras emprendidas por el Rey Sol. Las Reflexiones Militares están plagadas de recomendaciones sobre alianzas, apoyos a prestar o intervención en disputas entre terceros, principalmente en su el Libro II. El pensamiento de Marcenado en sus aspectos militar, político e intelectual está profundamente integrado en ese orden internacional. Entre la publicación de la Reflexiones y la Paz de Westfalia, transcurren exactamente los mismo años que entre la guerra de Ucrania y la instauración de un nuevo orden mundial al finalizar la segunda guerra mundial.
El momento actual
En Orden Mundial (Henry Kissinger 2016), Kissinger, tras analizar el fracaso del sistema westfaliano, insiste machaconamente en la idea de un nuevo orden mundial basado en un equilibrio entre legitimidad y poder. Es decir unas relaciones pacíficas entre las naciones-estado, fundamentadas en principios morales consensuados y al mismo tiempo en el equilibrio de poder con respeto a la soberanía, fronteras y legalidad internacional.
En el fondo, lo que Kissinger no abandona, pero sin expresarlo claramente es que el liderazgo del proceso debe ser a cargo de EEUU, ya que el dilema entre legitimidad y poder sintetizaría lo que denomina en el libro la “ambivalencia” norteamericana. En suma las dos corrientes en que se dividen hoy los pensadores de la política exterior de EEUU; idealismo y realismo. Kissinger expone de forma magistral el recorrido histórico de ambas posturas. La primera que hunde sus raíces en el idealismo de la filosofía política de Woodrow Wilson, la segunda, la realista, con Nixon como uno de sus más significados representantes.
El propio Kissinger, pero también otros importantes académicos y líderes de opinión como puedan ser John Mearsheimer (The Great Delusion, 2018) o Stephen Walt (The Hell of good Intentions” 2018), han expuesto con todo detalle cómo estas dos corrientes con predominio de la idealista, han impregnado la política exterior de EEUU desde el final de la guerra fría, así como sus consecuencias y sucesivos fracasos. Según Stephen Walt, esa orientación no cambió sustancialmente durante el primer mandato de Trump, lo que apoya en un pormenorizado análisis de la política exterior norteamericana durante esa etapa.

Las medidas adoptadas por EEUU en los últimos días parecen indicar un giro radical con respecto a la administración Biden pero todavía es pronto para saber en qué dirección; ¿hacia el realismo y el equilibrio de poder?. Realmente parecería más determinada por puros intereses nacionales que por principios morales. En ese sentido han causado un lógico revuelo las primeras iniciativas diplomáticas de negociación exclusiva entre EEUU y Rusia. Pero ¿Supone algo realmente nuevo?. Recordemos que EEUU negoció su retirada de Afganistán únicamente con los talibán, buscando exclusivamente lo que entonces consideró como su interés nacional.
El equilibrio de poder en la Reflexiones
Encontramos numerosos ejemplos de los que mencionaremos estos dos de su Libro II:
En el capítulo XVII cuando a un príncipe de fuerzas muy inferiores a otros dos enfrentados le es inexcusable entrar en guerra:
“… le conviene aliarse con el menos pujante, para que, igualándose las fuerzas, ninguno quede por entero abatido, ni, por consiguiente, haya que temer al victorioso…”
Y se refuerza aún más el mecanismo del equilibrio:
“…Cuando logre demasiadas ventajas contra su enemigo el Príncipe cuya alianza escogió el menos poderoso, éste debe poner en obra para que se efectúe la paz las diligencias mencionadas en el capítulo anterior, pero si no puede conseguirla, saque mañosamente sus tropas y plazas de la mano de su coligado, y en la ocasión que se ofrezca más oportuna mude partido o declárese neutral para mantener siempre contrapesadas las fuerzas…”
Donde deja claro que el interés nacional prima sobre cualquier otra consideración, hasta el punto de aconsejar “mudar partido”. En el caso del giro de EEUU mencionado arriba, lo que se entiende por el interés nacional prima sobre las posible pérdidas territoriales y cesiones que se vea obligada a aceptar Ucrania y tal vez aconseja un acercamiento a Rusia en la línea del viejo axioma de Nixon de estar más cerca de Rusia y de China, de lo que Rusia y China lo estén entre sí. (La foto cargada de simbolismo de la cumbre en la ciudad rusa de Kazán 22 de octubre pasado refleja a un Putin cualquier cosa menos aislado internacionalmente).
Esto puede ser pura conjetura, pero no lo es que la posibilidad de mudar fuerzas impuesta por la razón de estado contemplada por el Marqués no parece muy lejana al escenario ucraniano.
Nuevamente en el capítulo XXVI considera útil la guerra que emprende un príncipe ante la imposibilidad de conseguir la paz en un enfrentamiento entre otros dos, para impedir que uno conquiste al otro, en lo que nuevamente se busca mantener el principio de equilibrio.
“… Si el Príncipe vecino a los dos contendientes no puede conseguir la paz entre los mismos, no espere para declarar la guerra que uno se adelante demasiado en la conquista, pues con el aumento que recibe de ellas no bastarían tal vez las fuerzas del anterior natural a restablecer en sus estados al vencido, ni acaso a resistir al vencedor…”
Hay más ejemplos pero su mención haría esta exposición demasiado prolija y por otra parte creo que lo expuesto refleja con toda claridad en espíritu de las Reflexiones. José María García Escudero en el estudio crítico que acompaña a la edición de la Reflexiones Militares, del Ministerio de defensa de 2004, señala que se produjo una en el pensamiento de Marcenado que se refleja a lo largo de las Reflexiones, desde la tradición de la guerra justa al principio de equilibrio paralela a la que tuvo lugar en el pensamiento de su época en el mundo real.
Conclusiones
A medida que nos adentramos en el pensamiento de don Álvaro, a través de la lectura de sus Reflexiones Militares, observamos hasta que profundidad llegó a comprender el fenómeno de la guerra. Eso explica la vigencia de muchas de sus ideas. Porque la naturaleza de la guerra como forma de estar relacionadas dos sociedades y el recurso a la misma como instrumento para resolución de conflictos no ha cambiado.
300 años después, los elementos básicos son los mismos, la búsqueda de la paz y la estabilidad entre estados-nación, la lucha por los intereses nacionales, y el juego de los equilibrios de poder. En la época de las Reflexiones se busca reconfigurar un orden europeo que ha estado dominado por Francia. En el presente, desde el inicio del conflicto en Ucrania en 2014, se busca reconfigurar un orden mundial que ha estado dominado por EEUU desde el final de la guerra fría.
Como en la época de Marcenado, el uso legítimo de la fuerza sigue reservado al estado-nación, según Kissinger “la unidad formal básica de la vida internacional”, lo que hace tan difícil el papel de la UE en la esfera internacional, e imposible que pueda dotarse de un ejército con su constitución actual. Dificultad que así resume Kissinger en la obra ya citada:
“Europa todavía no se ha otorgado a sí misma atributos estatales, tentando a un vacío de autoridad internamente y al desequilibrio de poder en sus fronteras”.
Esto, escrito en 2016, después de los últimos tres años de guerra en Ucrania, resulta de una plasticidad solo igualable en un cuadro de Tiziano.
Marcenado, además de experimentar como protagonista todo tipo de operaciones en el campo de batalla, comprendió perfectamente el juego político que en paralelo se desarrollaba entre los estados. Las alianzas se hacen y se deshacen según los intereses de cada momento y se ve perfectamente lícito el mudar las lealtades si lo aconseja la razón de estado. Un simple vistazo al panorama internacional actual nos permite comprobar que eso no ha cambiado.
