Global Strategy Report, 3/2023
Resumen: La competencia en zona gris que desde principio de este siglo se viene produciendo entre los Estados revisionistas, en especial China y Rusia, y Estados unidos, es un enfrentamiento de modelos políticos en el que la conformación de las opiniones públicas, de las estas naciones e internacional es fundamental. A pesar de la campaña informativa de Occidente, en especial de Estados Unidos, para influir en las opiniones públicas sobre la guerra en Ucrania, la respuesta no ha sido la esperada buscando los países posiciones políticas propias. En África con un rechazo a la incomprensión y diferente vara de medir de Europa y en Asia, además, con una división creada por la influencia China. En Rusia el apoyo de la población a la intervención y a Putin se mantiene en niveles muy altos.
Para citar como referencia: Martínez-Valera, Gabriel (2023), “Guerra de Ucrania. Percepción de las opiniones públicas de países no occidentales”, Global Strategy Report, 3/2023.
Introducción
Mucho se ha escrito y comentado sobre el apoyo de las opiniones públicas de los países no occidentales, lo que se denomina el sur global, e incluso dentro de la propia Rusia, respecto a la guerra provocada por la invasión rusa de Ucrania.
Al principio de la invasión era fácil escuchar en los medios de comunicación occidentales, adjudicar a la “Comunidad Internacional” cualquier posición o acción de países o coaliciones occidentales. Incluso, se aseguraba que había una fuerte corriente de oposición a la guerra dentro, de la propia Rusia.

Tras las primeras votaciones en la Asamblea General de la ONU quedo claro que no había la buscada unanimidad, el número de países que se abstenían era mayor de lo esperado tras una intensa campaña informativa de Occidente, fundamentalmente de Estado Unidos (EE.UU.), sobre todo en Asia y África. Y, desde entonces, se empezó a hablar de comunidad occidental para identificar posturas y acciones en contra de Rusia.

Se puede apreciar visualmente en la Figura 3, como gran parte de los países asiáticos y una parte importante de los de África, la mayoría de la población mundial, se abstuvieron o votaron en contra de condenar la invasión de Ucrania.

Si siempre ha sido importante conformar la opinión pública, tanto del adversario como de la población propia y por supuesto de la comunidad internacional, entre otras cosas para crear resiliencia, ahora es si cabe aún más importante. La influencia del dominio cognitivo, en donde la información es fundamental, es herramienta clave en la competencia en zona gris y en el conflicto de alta intensidad. Por eso, la evolución de la opinión pública en Rusia es objeto de seguimiento por los medios occidentales, con el ánimo de influir no solo en Rusia, si no en la comunidad internacional, proporcionando continuas informaciones de una creciente movilización de la población rusa en contra de las diferentes medidas que toma el gobierno ruso.
En este documento estudiaremos someramente las posiciones sobre la guerra en Ucrania tanto en oriente medio, el continente africano y en Asia. También veremos un pequeño estudio sobre la opinión pública en Rusia.
Oriente Medio
En Oriente Medio, en general, los países tienen una posición propia frente a la guerra en Ucrania y, no hacen seguidismo de las posiciones de Estados Unidos. Turquía, por ejemplo, si bien ha rechazado la invasión ha mantenido en todo momento e instado a todas las partes a respetar la Convención de Montreux de 1936 y manejado el control del acceso por los estrechos del Bósforo y Dardanelos con gran eficacia. Al mismo tiempo ha facilitado la exportación del grano y otros artículos desde los puertos del mar Negro. Hoy, el presidente Erdogan es el único gobernante capaz de ejercer una mediación en el conflicto ya que los países occidentales claramente posicionados y prestando ayuda militar decisiva a Ucrania se han autolimitado en este papel de intermediación.
Israel, mucho más contundente que Turquía en la condena a la invasión y acciones posteriores, mantiene una posición propia ante el conflicto no alineándose completamente con EE.UU., como si han hecho claramente la Unión Europea y el resto de países occidentales. Entre otras razones podemos señalar que Israel es un actor importante de la economía global, a modo de ejemplo es pertinente recordar que empresas chinas han construido y gestionan puertos en Israel, lo que le hace estar inmersa en la competencia en zona gris entre EE.UU. y China en la que Israel, tradicional aliado de los americanos, no quiere tomar partido claro. Por otro lado, a pesar de la presión que de forma habitual ejerce el presidente Zelensky y su gobierno para obtener sistemas de armas y dinero, en especial en el caso de Israel para que se le proporcione el famoso sistema de defensa “Iron Dome”, la contestación ha sido, como no podía ser de otra manera, negativa ya que de la confidencialidad de componentes y capacidades de este sistema depende la supervivencia de Israel ante, fundamentalmente, los cohetes de Hiz Allah.
Países como Emiratos árabes Unidos, Irak (con el posicionamiento de figura de alto rango como Muqtada al Sadr), Barein, Kuwait o el Gobierno de Unión Nacional Libio, condenan sin ambages la invasión, al igual que Líbano, aunque el partido Hiz Allah, en especial su líder Hasan Nasrallah apoya claramente a Rusia.
Entre los países productores de gas y petróleo en la zona, en general se condena la agresión y se piden medidas de intermediación y negociación. En todo caso, no se toman medidas de bajada de precios de gas y petróleo y no han podido redirigir los envíos de otros lugares para priorizar a Europa como pedía Estado Unidos, este es el caso de Catar y Arabia Saudí.
La dependencia de otros países como Egipto del trigo de Ucrania y Rusia, así como la repercusión del precio de la energía ha llevado a convocar a la Liga Árabe, que si bien ha llamado a respetar el derecho internacional y abogar por la moderación y una solución diplomática, no ha condenado a ninguna parte. Situación similar se produce en Jordania u Omán, en este último el sultán Haitham subrayó la necesidad de que Rusia y Ucrania vuelvan a la diplomacia y recurran al diálogo y las negociaciones pacíficas basadas en Carta de las Naciones Unidas.
El apoyo a Rusia viene de los que son sus aliados en la zona, como Irán, Siria, Yemen o el Grupo Hiz Allah (que controla gran parte de Líbano, en especial el sur del rio Litani). Estos países piensan que EE.UU. es culpable de la guerra afirmando que la interferencia de EE.UU. a través de movimientos de terciopelo[1] y golpes de color[2] tienen como fin acorralar a Rusia tras la guerra fría. Culpan a Washington de que “los países occidentales han hecho todo contra Rusia, excepto el combate directo. Hoy, el mundo solo respeta a los fuertes, y ha permanecido en silencio frente a las violaciones de EE. UU. lo que ha llevado a Ucrania donde está ahora”.
Podemos concluir que debido a que muchas naciones en el Oriente Medio están interesadas en equilibrar sus relaciones tanto con los Estados Unidos, como con Rusia, pueden verse atrapadas en el medio a medida que se desarrolla el conflicto de Ucrania. Además, la invasión ya ha afectado a varios sectores críticos para sus economías, desde el petróleo y el gas hasta las importaciones agrícolas y el turismo, por lo que muchas de estas naciones miran con buenos ojos la búsqueda de una solución negociada. Además, produce una gran preocupación en muchas de estas naciones, la disminución del interés de Washington en el Oriente Medio, y la respuesta de EE.UU. a la crisis de Ucrania que podría dar forma a las percepciones sobre las intenciones de EE. UU. en la región.
África
Las opiniones del continente varían de un país a otro, y muchos estados adoptan una posición de “no alineados”. Pese a que muchos lamentan la guerra en Ucrania y son conscientes de los efectos negativos que esta tiene sobre su vida, no todos condenan a Rusia. No ven a los rusos como una amenaza para su país, y señala que Estados Unidos ha atacado a países sin que hubiera el mismo nivel de indignación que el actual y consideran que, cuando los muertos son en países pobres y musulmanes, Occidente simplemente decide mirar hacia otro lado.
Ucrania y Rusia representan el 30% de las exportaciones mundiales de trigo y Rusia es también uno de los principales productores de fertilizantes. Si a esto añadimos la subida de los precios de los combustibles el conflicto está suponiendo para los países africanos que todos los productos son más caros, agravando la ya de por si difícil situación de países como Gambia y Senegal.

Los votos africanos en las Naciones Unidas (ONU) sobre la guerra revelaron marcadas divisiones entre países. Veintisiete estados africanos votaron a favor de la resolución, solo uno, Eritrea, votó en contra, mientras que 17 se abstuvieron y el resto estuvo ausente. La proporción de países africanos que no apoyaron la decisión fue desproporcionadamente alta en relación con el voto general, y en especial el de los países colonizadores europeos y de EE.UU. El elevado número de abstenciones se interpretó ampliamente como una señal de la influencia rusa o una prueba del creciente anti occidentalismo de los gobiernos y ciudadanos africanos. Llama la atención la incomprensión de la opinión pública europea cuando son los países africanos los que no se alían con la postura occidental, parece que todo se reduce a demostrar quién tiene una mayor categoría moral.
Los países africanos entienden en general que la invasión de Ucrania es injusta como todas las otras invasiones. De hecho, es un episodio que recuerda la colonización de los otros pueblos por Occidente, y que sigue bajo otras formas de explotación con la presencia de las empresas occidentales de extracción de las materias primas. Sin embargo, como dice el refrán africano, “en una pelea entre elefantes, las víctimas mortales son las hormigas”, aplicado a las relaciones internacionales, este proverbio se convierte en un axioma.
Para los africanos, las históricas confrontaciones, la primera y segunda guerras mundiales, provocadas por Occidente han causados los mayores desastres de la humanidad. Ambos conflictos estuvieron cargados de un doble discurso que ha sobrevivido: las potencias ganadoras en las dos guerras declaraban luchar por la democracia y los derechos humanos, y lo hacían a la vez que mantenían jerarquías raciales en sus sociedades y en sus colonias. A modo de ejemplo, Francia celebró la derrota del nazismo y, el mismo día, masacró a miles de argelinos independentistas en Sétif y Guelma[3]. Hasta cierto punto naturalizaban la clasificación de la humanidad a partir del color de la piel, tal y como sigue sucediendo en Europa a la hora de definir quién es un refugiado digno de ser acogido y quién es una amenaza.
El discurso sobre los derechos humanos de Occidente margina de la toma de decisiones a la mayoría de la humanidad; y luego se sorprende cuando esta, a veces, decide no comprarle el discurso. La doctrina occidental acerca de los derechos humanos admite que se puede provocar la muerte de personas en nombre de “una guerra justa”, tal y como ha sucedido en Iraq, Pakistán, Somalia o Yemen, para salvar a otras. También se pueden entregar armas a una facción rebelde y cerrar las fronteras a los civiles que huyen del conflicto y de los rebeldes a los cuales se han entregado esas armas. Según esa carga doctrinal, todo es justificable según la distancia que tiene Occidente con las víctimas. La invasión rusa de Ucrania es el elemento que confirma que nuestro presente sigue influido por este binarismo marcado por la dominación revestida de humanitarismo.
Desde la perspectiva africana, en Europa, la creación del estado de bienestar aplacó parcialmente la conciencia de clase. En el resto del mundo, en especial en el continente africano, el fin de la Guerra Fría reforzó una fantasía colectiva según la cual vivimos en un mundo equilibrado y pacífico pero, a nivel global, el progreso económico basado en la explotación de los estados más débiles ha afianzado relaciones cada vez más desiguales. Por todas partes se libran luchas donde las culturas dominantes aseguran el control de la narrativa hegemónica. Los más desaventajados han de clonar la hegemonía cultural occidental con tal de defender los derechos humanos, aunque ellos no estén incluidos en esa definición.
La abstención de los Estados africanos en diversas votaciones sobre la guerra de Ucrania en Naciones Unidas marca un posible fin del mimetismo en la relación entre África y, especialmente, Europa. Muchos africanos ven en el desarrollo de un discurso “no alineado” a Occidente como una fuente de esperanza. En ese mimetismo, sin embargo, el agente imitador puede rebelarse contra la posición dominante cuando su supervivencia está en juego. Es el caso de decenas de Estados africanos, que tienen una gran dependencia de las importaciones de trigo ruso y que intentarán protegerse del desabastecimiento. Esto quedó patente en la visita conjunta del presidente de Senegal, Macky Sall, y el presidente de la Comisión de la UA, Moussa Faki Mahamat, a Rusia en junio donde aumentó las percepciones occidentales de una “neutralidad” de tendencia rusa. Sall dijo que su viaje tenía como objetivo minimizar el impacto del conflicto en el suministro de fertilizantes y productos agrícolas a África, pero los diplomáticos occidentales no estaban convencidos. La tibia recepción recibida por el presidente Volodymyr Zelensky cuando se dirigió a la Oficina de Jefes de Estado de la UA alimentó la percepción de que los países africanos eran indiferentes a la ocupación de Ucrania.
Cualquier movimiento desde África que busque relacionarse con socios nuevos es explicado a partir de estas premisas: pactar con Europa o Estados Unidos es lógico y saludable; hacerlo con Pekín o Moscú puede dar lugar a una explotación salvaje de los recursos naturales. La narrativa hegemónica occidental ha quedado estancada. La influencia occidental en África es una realidad, pero no anula la capacidad de decisión de los africanos.
La ruptura de las relaciones diplomáticas entre Mali y Francia es un ejemplo de ello, a raíz del acuerdo de defensa entre el país africano y la empresa rusa Wagner. Los medios europeos relacionaban la presencia rusa en África con la inmadurez y la corrupción de unos dirigentes que permitían el saqueo de los recursos naturales de África por Rusia. Incluso cuando estas ideas pueden ser ciertas, los mismos medios no usan el mismo tono cuando los protagonistas son Estados europeos. Así, Putin busca tener su “jardín africano” cuando expande su influencia en África, en cambio el primer ministro italiano Draghi “asegura el suministro del país” en sus acuerdos con Angola. No importa si lo ocurrido en Mali es el resultado de un apoyo popular a la Junta Militar y una resistencia contra la presencia francesa. Todo ello es caricaturizado como un paso en falso, producto de la manipulación que los africanos sufren viendo Russia Today o leyendo noticias falsas en Facebook.
El hecho que ciertos estados africanos se hayan abstenido en las diferentes votaciones en la ONU, es un verdadero toque de atención para ciertos países, esto muestra que, en el juego diplomático actual, cada uno tiene necesidad de tener el mayor número de aliados y las voces africanas pueden contar. Se han elevado voces para decir que las sanciones, arma preferida por Occidente y singularmente EE.UU. en sus conflictos internacionales, no podrán jamás arreglar los problemas. Por el contrario, estas sanciones han radicalizado todos los extremistas en Mali, en Burquina Faso y en países vecinos. Lo que demuestra que lo más importante es mantener un dialogo entre Europa y África, pero Europa deben entender que hay un cambio en curso que hay nuevos actores que tienen otra visión. Esta visión no es anti occidental, no es pro rusa ni pro china, es simplemente africana.
A priori, los intereses de los países africanos divergen de los europeos y norteamericanos por la historia inmediata. Para los occidentales, el punto de referencia es la segunda guerra mundial. Se reconoció que debe combatir a los dictadores que invaden a sus vecinos. Para África, el punto de referencia es la guerra fría. Muchos países como Sudáfrica y otros de la región se beneficiaron del apoyo de la Unión Soviética en la lucha de liberación contra potencias occidentales, contra las que luchaban es ese momento. Hoy los países africanos deben evitar cometer los errores que cometieron durante la guerra fría, es decir tomar partido por uno u otro. Porque África debe hablar con todos y al mismo tiempo. No se trata de caer en manos de Rusia esto sería un grave error. Depende los africanos desarrollar su propia agenda para defender sus intereses.
Asia
La invasión rusa de Ucrania ha dividido Asia en dos partes, las economías avanzadas en la región y los neutrales, desde una clara condena (Japón, Singapur, Taiwán) hasta una oposición calculada (Corea del Sur) y una crítica cautelosa (ASEAN, Indonesia); de la neutralidad (Vietnam, Sri Lanka y Pakistán, junto con India y China) al apoyo diplomático (Myanmar, Corea del Norte). Las diferencias se explican más claramente por consideraciones de Realpolitik, la naturaleza de los sistemas políticos y las percepciones sobre China. Tal división afectará a los bloques regionales en formación en el Indo-Pacífico: China y los países interesados en contener a China.
La división asiática sobre Ucrania crea una división intrarregional más amplia con China. Las principales economías asiáticas como Japón, Corea del Sur, Taiwán y Singapur no solo aprobaron la resolución de la ONU, sino que también impusieron sanciones a Rusia. Criticaron fuertemente a Rusia en un movimiento que está destinado a ampliar la brecha entre los países que se oponen a las autocracias y los que las apoyan.
La invasión Rusa de Ucrania en países de Asia oriental revelan diferencias significativas. Aquí, la rivalidad chino-estadounidense y las dinámicas de poder subyacentes agregan una capa de complejidad a las asociaciones, alianzas (en particular, el nuevo pacto AUKUS) y contra alianzas de la región que los gobiernos deben tener en cuenta al responder a la guerra de Putin. Así mismo, las consideraciones de realpolitik explican en gran parte las reacciones de los gobiernos de esta zona. Los gobiernos democráticos de Taiwán, Japón, Corea del Sur, pero también el semidemocrático Singapur, han adoptado una postura claramente pro-Ucrania, señalando la importancia de mantener un orden basado en normas y el derecho internacional. La brutal guerra de Rusia contra Ucrania ha dejado claro lo que está en juego, con implicaciones para el orden regional de Asia oriental. En particular, China sin duda se encontrará aún más prominente en el centro de atención, y las políticas y acciones de Beijing ahora serán observadas de manera más cercana y crítica en la región que antes.
La elección de India de no revisar su relación a largo plazo con Rusia provocó mucho debate entre los observadores japoneses. Tokio y Nueva Delhi crearon el concepto del Indo-Pacífico y construyeron el marco Quad[4]. El hecho de que India no condenara la invasión de Rusia debido a su relación militar con Moscú obligó a algunos comentaristas a poner en duda el propósito militar del Quad, con la posibilidad de que evolucione hacia un marco más flexible con un enfoque más fuerte en el pilar económico. China probablemente esté tratando de aprovechar la ambigüedad actual para mejorar sus lazos con India. En todo caso, Japón, para fortalecer los lazos con India, ha anunciado a invertir 42.000 millones en India en los próximos cinco años. La decisión de invertir una cantidad tan grande puede señalar su creencia en la India como un aliado y como un miembro de confianza del Quad, pero también podría reflejar el deseo japonés de diversificar sus inversiones en países aliados, y lejos de China, para fortalecer la capacidad de recuperación de la cadena de suministro y evitar que la investigación y la tecnología clave lleguen a los competidores estratégicos de Japón
Antes de la guerra y después de la pandemia, el tema candente en Asia era cómo reducir la dependencia económica de China. Ahora, la excesiva exposición económica se ha desbordado de los debates académicos para convertirse en un componente real de la “guerra”. Como resultado, la reconstrucción de las cadenas de suministro fuera de China ocupará un lugar destacado en la agenda de las economías regionales. El “Marco económico del Indo-Pacífico” que presentará la administración Biden en las próximas semanas podría marcar un hito en el camino hacia la desvinculación de China en sectores seleccionados.
Es muy posible que la guerra en Ucrania y la respuesta de los países asiáticos fortalecerán la coalición de países que temen el papel dominante de China. Estados Unidos tiene una importante ventana de oportunidad para crear un entorno económico menos dependiente de China y más vinculado a Washington. Incluso si India ha mantenido sus sólidas relaciones con Rusia, esto no detendrá su objetivo estratégico de evitar el dominio regional de China.

La percepción de cómo afectará la guerra en Ucrania en Asia está en función del país al que miremos.
China, que forma parte del grupo de países llamados revisionistas del status quo, esta desde finales la primera década del siglo XXI en una competencia en zona gris con EE.UU. considera que el sistema de Yalta creado en 1944 para gobernar el mundo de la posguerra se tambalea y, al mismo tiempo, otros mecanismos de gobierno global se ven amenazados por su utilización partidista en los conflictos y las sanciones. Desde China se considera que el regreso de la Guerra Fría no es una ilusión, sino una realidad que se aproxima. La crisis también está contribuyendo a la creciente interrupción de la cadena de suministro que experimentan los principales consumidores de energía en Asia. Frente a todos estos desafíos, China cree que la comunidad internacional debe cooperar para estabilizar la situación en Ucrania mediante la distensión y el dialogo.
Por su parte India, entiende que el centro de gravedad de la política y la economía mundiales ahora está firmemente ubicado en el Indo-Pacífico y las presiones de la tragedia europea se sentirán en toda Asia. Para la mayoría de las naciones, este es un momento para reevaluar el compromiso estadounidense con el Indo-Pacífico cuando hay presiones más inmediatas que tratar en Europa. Cómo gestionar una China en ascenso es de importancia clave y la posibilidad de que una crisis en una periferia europea distraiga a Occidente de desafiar frontalmente a China determinará el equilibrio y el posicionamiento de los estados de esta Región. También está la cuestión del eje Rusia-China, que probablemente se fortalezca aún más como resultado de esta crisis. Para una nación como India, esto impondrá algunas decisiones diplomáticas difíciles. La forma en que la región navegue en esta crisis determinará si el Indo-Pacífico continúa manteniendo su centralidad en la geopolítica global.
Japón, por su parte, entiende que hay que evitar en estos momentos la invasión de Taiwán por parte de China. Para Japón, aliada incondicional de EE.UU., el ascenso de China plantea una de las amenazas geopolíticas más graves para lo que Japón entiende el eje democrático Europa, Japón y EE.UU, sin mencionar que el desafío chino al orden internacional liberal, mediante la referida competencia en zona gris, sigue siendo esencial. La atención política, económica e informativa, entre otras, que EE. UU. y sus aliados desarrollan para “propiciar la derrota” de Rusia, ha facilitado la ventaja estratégica de China. Desde el punto de vista de Japón esto no debe darle a su máximo enemigo en la zona ganancias extraordinarias, ni acelerar la llegada de un mundo centrado en China. Por todo lo antedicho, todavía para Japón, que mantiene una disputa con Rusia por las islas Kuriles, es urgente trabajar junto con Europa hacia un orden basado en reglas en lo referente al avance de tecnologías sensibles, asegurando nuestra comunicación y datos, mostrando compromiso con un Indo-Pacífico libre y abierto, y revitalizando la gobernanza global.
Evidentemente, Taiwán se ve reflejada en la situación de Ucrania pues la determinación China de recuperar la Isla es clara y puesta públicamente de manifiesto desde su independencia. La guerra de Rusia en Ucrania, con el debido respeto por las pérdidas y las penurias del pueblo ucraniano, ofrece a Taiwán una etapa sin precedentes y una mayor atención internacional por sus propias preocupaciones de seguridad. Estas preocupaciones están profundamente entrelazadas con los intereses económicos y de seguridad de otras potencias regionales, como Japón, Corea del Sur, obviamente EE. UU., pero también Australia y actores no regionales, como la Unión Europea.
La posición de Corea del Norte, como era de prever, es directa y predecible. Pyongyang culpa a Estados Unidos y Occidente. “La causa fundamental de la crisis de Ucrania radica totalmente en la política hegemónica de Estados Unidos y Occidente”, poniéndose del lado de Moscú al culpar a la expansión de la OTAN respaldada por Estados Unidos como una de las principales causas detrás de la guerra y siendo uno de los cinco países que se opuso a la Resolución de Naciones Unidas de condena a Rusia por la invasión. Esta situación crea una cobertura diplomática y geopolítica para Pyongyang, ya que ahora es menos probable que Moscú y Pekín presionen al país para que detenga sus pruebas y desarrollo de misiles balísticos, que como podemos comprobar ha aumentado en los últimos tiempos.
Por el contrario, Corea del Sur, estrecho aliado de EE.UU. en la Región, apoya sin ambages sus políticas y sanciones en lo referente al conflicto en Ucrania. Aunque en un inicio su respuesta fue un poco tímida, de hecho, no buscó coordinar un paquete de sanciones propias por el contrario buscó exenciones de sanciones para proteger los intereses comerciales, posteriormente aceptó imponer medidas adicionales contra Rusia, prohibiendo las exportaciones de semiconductores y otros materiales estratégicos, además de brindar ayuda humanitaria a Ucrania. Corea del Sur aún no ha proporcionado ayuda militar, a pesar de la presión de Washington. Las élites de Corea del Sur, especialmente los políticos, aparentemente son reacios a unirse plenamente al esfuerzo internacional para aislar a Rusia y apoyar la defensa de Ucrania. Una intervención en video de Zelenskyy a la Asamblea Nacional de Corea del Sur, donde solo se presentaron unos 50 miembros de un total de 300, es la evidencia visual de este hecho y contrasta con otros parlamentos a los que habló. Por el contrario, el apoyo popular a Ucrania del pueblo surcoreano está básicamente alineado con los ciudadanos de otras democracias.
Pero no podemos perder de vista el papel casi hegemónico de China en la zona, en especial por Corea del Sur. En el momento de mayor competencia entre EE. UU. y China, oponerse explícitamente a Beijing podría desencadenar nuevamente represalias económicas, como se vio por última vez entre 2016 y 2017 con de la reacción de Beijing al despliegue del sistema antimisiles de EE. UU. en Corea del Sur. Lo que sería particularmente perjudicial si se tiene en cuenta que alrededor del 25 % de las exportaciones de Seúl van al mercado chino.
En el Sudeste asiático, la ASEAN (Asociación de Naciones del Sudeste Asiático[5]) en su declaración del 26 de febrero de 2022, los ministros de exteriores evitaron el término “guerra” y no mencionaron a Rusia por su nombre. Sin embargo, estas declaraciones cautelosas están completamente en línea con la forma de diplomacia de la ASEAN, dado que su objetivo estratégico es defender el orden regional inclusivo, multilateral y basado en normas en el Indo-Pacífico que ayudó a crear.

Las naciones del sudeste asiático se encuentran situadas entre el apoyo de la junta de Myanmar a Rusia y el rechazo de la pequeña ciudad estado de Singapur.
Vietnam no adoptó la perspectiva de una nación más pequeña que teme la agresión de un vecino más poderoso, a pesar de que tiene relaciones tensas con China. Más bien, el régimen comunista persigue un “enfoque matizado”, en línea con la ASEAN, sin condenar claramente a Rusia. La razón es que la amistad con Moscú se remonta al imperio soviético y la asociación de defensa sigue siendo muy fuerte; Rusia es el principal proveedor de armas y también un importante socio energético. Entre los ciudadanos vietnamitas, hay simpatías por Ucrania, pero parecen más fuertes por Rusia, el “hermano mayor”. En las redes sociales, Putin es elogiado como un hombre fuerte que lucha contra el orden occidental. Sin embargo, con la libertad de expresión está restringida, quedan interrogantes sobre la representatividad de estas declaraciones.
En Indonesia, el gobierno se mostró inicialmente reacio a condenar enérgicamente a Rusia, buscando preservar los lazos amistosos tanto con Rusia como con Ucrania. Sin embargo, esta posición ha ido evolucionando y mientras el ministro de Exteriores subrayó que el ataque militar a Ucrania era inaceptable, el presidente Joko Widodo rechazó las peticiones occidentales de cancelar la invitación a Putin para asistir a la cumbre del G 20 en noviembre de 2022. Entre los motivos de esta posición podemos señalar, un fuerte sentimiento antiestadounidense en la sociedad indonesia, lo que hace que la guerra en curso en Ucrania se enmarque como una extensión de la rivalidad entre EE. UU. y Rusia, en lugar de una cuestión de la existencia misma de Ucrania. Otra explicación es la exitosa campaña de poder blando de Rusia que logró cambiar la perspectiva negativa de Rusia en una perspectiva positiva.
Estados Unidos ha lanzado iniciativas para mantener el liderazgo en la zona enmarcado en la competencia chino-estadounidense. En esta línea, el presidente Biden junto con doce socios del Indo-Pacifico lanzaron “La iniciativa del marco Indo – Pacífico para la prosperidad”[6] (IPEF). Esos países juntos representan el 40% del Producto Interior Bruto mundial. El IPEF permitirá a EE. UU. y sus aliados decidir las reglas para asegurar que los trabajadores americanos, pequeñas empresas y ganaderos puedan competir en la Region. Como ha dicho el presidente Biden, trabajar la información es una máxima prioridad económica, y este marco de trabajo ayudará a bajar los costes haciendo más resiliente su cadena de suministro a largo plazo, protegiéndonos contra la interrupción costosa que lleva a unos mayores precios para los consumidores.
La opinión pública en Rusia
Cuando el 24 de febrero comenzó la guerra en Ucrania los países occidentales, fundamentalmente los Estados Unidos, la condenaron llamándola la “Guerra de Putin”, para primero y fundamentalmente diferenciar las acciones del Kremlin de la actitud del ruso de la calle. Pero esa esperanza de la oposición de las bases rusas a la guerra se disipó rápidamente. De hecho, las encuestas de opinión pública han mostrado consistentemente un apoyo abrumador (70 por ciento o más). En contra de lo esperado, la popularidad de Putin se ha visto incrementada, algo similar a lo que paso en 2014 con la anexión de Crimea. Esta reacción, en parte, ha sucedido como respuesta a gobernantes, como el presidente ucraniano Volodymyr Zelenskyy, que han pedido la prohibición de visas para todos los titulares de pasaportes rusos, con excepción de las personas cuya seguridad está en riesgo o que son vulnerables a la persecución política. Zelenskyy apoya esta petición argumentando que los rusos, que eligen a sus gobernantes, no se oponen de ninguna forma a esta guerra y pide cerrar las fronteras a los ciudadanos rusos. Otros mandatarios, como la primera ministra de Finlandia, lo apoyan con argumentos similares. Aunque en realidad la situación de la sociedad rusa en mucho más compleja.
Por lo tanto lo primero que cabría preguntarse es, ¿quién apoya a Putin y por qué? Las opiniones con respecto a la operación de Rusia en Ucrania se están polarizando. Con el tiempo, las opiniones polarizadas se van radicalizando. Todo eso apunta a un conflicto creciente dentro de la sociedad rusa.

Las encuestas de opinión muestran consistentemente que la mayoría de los encuestados apoya las acciones de las Fuerzas Armadas Rusas en Ucrania. En junio de 2022, el 47 por ciento de los rusos “apoyaba definitivamente” las acciones del ejército ruso, mientras que otro 28 por ciento dijo que “en su mayoría las apoyaba”. El primer grupo hablan de ataque preventivo, de medida inevitable o de una forma de defenderse de la OTAN y expresan un alto apoyo a Putin y orgullo por lo que está pasando en Ucrania. En el segundo grupo, es decir, los que “en su mayoría las apoyan”, el nivel de respaldo es menos decidido. Hay más dudas sobre si lo que está pasando es correcto o no y de la base de las acciones del Kremlin. Para estos la “operación especial” es para defender a los rusoparlantes de Ucrania. Las convicciones de este grupo están claramente menos definidas, simplemente siguen la opinión pública dominante y la línea oficial.
Pero en un país con un régimen autocrático habría que preguntarse si son fiables las respuestas rusas. Lo primero que merece la pena señalar es que los patrones generales de las actitudes de las personas sobre lo que está sucediendo hoy están totalmente en consonancia con los resultados de las encuestas realizadas a fines de 2021 y principios de 2022. A principios de febrero, dos tercios del público ya apoyaba el régimen ruso y su política de Ucrania de una forma u otra. Ese apoyo creció a medida que el conflicto se intensificó, y la mayoría de los rusos culparon a Occidente por esa escalada. Las porciones de la sociedad rusa que expresaron apoyo u oposición estaban más o menos claramente formadas y su composición no ha cambiado significativamente. También vale la pena recordar que, en 2014, muchos observadores también se negaron a creer en las encuestas de opinión pública que mostraban altas cifras de apoyo al régimen político ruso tras la anexión de Crimea. Con el tiempo, la expresión “el consenso posterior a Crimea” se convirtió en un lugar común en el análisis de los cambios posteriores a 2014 en la opinión pública rusa. Pocos expertos cuestionan hoy la existencia de tal cambio.
Pero, estamos en una guerra defensiva. Hay dos creencias clave que permiten a los encuestados seguir convencidos que tanto el liderazgo como el ejército ruso están tomando las medidas correctas: primero, que la población de habla rusa en Ucrania estaba bajo amenaza y segundo, que la responsabilidad de lo que está sucediendo recae completamente en los adversarios de Rusia. Otra fuente clave de apoyo para el ejército ruso es la convicción de la mayoría de los rusos de que Estados Unidos y la OTAN son responsables de la escalada del conflicto en el Donbas. Incluso a mediados de febrero de 2022, el 60 por ciento de los encuestados expresaron esta creencia, un número que aumentó 10 puntos porcentuales desde noviembre de 2021. Solo un porcentaje muy pequeño de los encuestados estaba dispuesto a culpar a la parte rusa. Al fin y a la postre, los encuestados entienden que se encuentran ante una agresión de los países occidentales liderados por EE.UU. y que esta agresión viene desde el final de la Guerra Fría, considerando la intervención en Ucrania una guerra defensiva en la que le socorre el derecho y la razón.
Mucho se habla en los medios occidentales de un alto nivel de disidencia en Rusia. Actualmente, alrededor del 20 por ciento de los rusos dicen que no están de acuerdo con las acciones de Rusia en Ucrania, frente al 14 por ciento en marzo. Son principalmente jóvenes, residentes en Moscú o en grandes ciudades y consumidores de noticias de Internet. Aun así, personas en esta categoría aún tenían más probabilidades de apoyar la “operación especial” que de no hacerlo. El único grupo en las que la mayoría se opuso a la “operación” fueron aquellos que tienen mentalidad de oposición en general y, específicamente, no aprueban las acciones de Putin, el gobierno ruso o la Duma del Estado.
A pesar del mencionado apoyo a la operación especial y al régimen ruso, hay que resaltar que hay mayor disidencia en Rusia que en 2014. Hace ocho años, no más del 10 por ciento se pronunciaba en contra de la anexión de Crimea (frente al 20 por ciento que no está de acuerdo con las acciones del gobierno en Ucrania en 2022). En 2014, solo entre el 11 y el 12 por ciento de las personas dijeron que estaban insatisfechas con Putin, además de producirse manifestaciones progubernamentales masivas organizadas por el gobierno en apoyo de sus acciones en Ucrania a las que asistieron decenas de miles de personas.
Pero nada de eso se está escenificando hoy, entonces ¿qué ha cambiado? Hoy con un nivel represivo al alza, solo entre el 9 y el 10 por ciento de los encuestados dicen que están preparados para asistir a una protesta contra la guerra, menos de la mitad del nivel de hace solo seis meses. Además, participar en protestas no autorizadas ahora se castiga con fuertes multas y penas de prisión por reincidencia. También se han tipificado como delito la incitación a otras personas a participar en protestas no autorizadas y “el desprestigio de las Fuerzas Armadas rusas”. Según activistas de derechos humanos, 16.000 personas fueron detenidas en 200 ciudades rusas por participar en protestas contra la guerra entre el inicio de la invasión el 24 de febrero y mediados de julio. Si bien tales números siguen siendo pequeños en términos agregados, son testimonio del hecho de que partes de un segmento minoritario de la sociedad rusa siguen dispuestas a arriesgar su bienestar para expresar su desacuerdo con su gobierno.
Para poder ver si existe un deterioro de la situación social en Rusia es de utilidad comparar los efectos de la operación para la anexión de Crimea en 2014 y la del Dombás. En marzo de 2014, los índices de aprobación del gobierno aumentaron del 69 al 80 por ciento. En marzo de 2022, el aumento fue del 71 por ciento al 83 por ciento. Estas oleadas sistemáticas de apoyo en la opinión pública rusa demuestran que, en general, el apoyo al régimen y el apoyo a la “operación especial” son en gran medida lo mismo.

Se aprecia y diferencias entre el estado de ánimo actual y el de 2014. El aumento de los índices de audiencia de hoy no va acompañado de la euforia que rodeaba la anexión de Crimea. Solo el 3 por ciento de los encuestados en 2014 mencionaron sentirse preocupados o temerosos, por el contrario, en marzo de 2022, alrededor de un tercio de los rusos, incluidos muchos partidarios de la campaña rusa, estaban experimentando “ansiedad y miedo”. Aun así, esos sentimientos de miedo no afectaron el nivel de apoyo al liderazgo del país. De las palabras de los encuestados se puede concluir que las tensiones internacionales, la creciente presión sobre Rusia por parte de los países occidentales y la introducción de sanciones occidentales están alentando a la mayoría de la población a unirse al liderazgo del país, al igual que sucedió en 2014-2015.
La importancia de las fuentes de información es importante en la conformación del dominio cognitivo y en el aumento de la resiliencia de la población. Las tensiones internacionales han tenido un impacto significativo en las tendencias a largo plazo que involucran la confianza popular en la precisión de las noticias de diferentes tipos de medios de comunicación. En marzo de 2022, hubo un fuerte aumento (10 puntos porcentuales más que las respuestas a fines de 2021) en la confianza de las personas en la televisión, que la mayoría de los rusos perciben como una fuente de “información oficial”. El cambio se produce poues muchos de los encuestados notan la diferencia como cubren el conflicto los medios rusos y occidentales, y entre la televisión rusa e internet. Los encuestados dicen que Occidente ha desatado una guerra de información e ideológica contra Rusia. En estas circunstancias es vital escuchar los medios oficiales de información y que todos los medios que trabajan para el enemigo deben ser parados.
Una de las medidas utilizada frecuentemente por Occidente y en especial EE.UU., las sanciones, han demostrado ser un arma de doble filo, al igual que sucede en otros países de diferentes continentes y formas de pensar también dentro de Rusia suscitan reacciones opuestas a las pretendidas.

En marzo, el 49 por ciento de las personas encuestadas dijeron que estaban preocupadas por las sanciones occidentales, 14 puntos porcentuales más que a fines del año pasado. A fines de mayo, el impacto inicial de la introducción de sanciones había pasado, incluso muchos rusos opinaban que las sanciones impulsarían el desarrollo en industria y agricultura. Una encuesta realizada en Moscú encontró que poco más de la mitad de los encuestados compartía esa creencia, y solo una cuarta parte creía que las sanciones harían más daño que bien.
Del estudio podemos concluir que a medida que la guerra en Ucrania entra en su primer año, el conflicto se está convirtiendo en un telón de fondo rutinario de la vida cotidiana. La opinión generalizada es que mientras la frontera permanezca más o menos abierta para que los rusos más insatisfechos abandonen el país y no haya una orden de movilización masiva es probable que continúe la sensación de normalidad básica. Las prolongadas hostilidades comienzan a verse como una especie de segunda pandemia: una tormenta que simplemente debe capear, después de la cual todo volverá a ser como debería ser.
La pregunta sin respuesta es si el deterioro de las condiciones socioeconómicas de Rusia cambiará este panorama. Ya hay indicios de recursos estatales reducidos para apoyar las necesidades sociales de una población cada vez más empobrecida. Si bien las peculiaridades del mercado laboral ruso aún no han resultado en un desempleo masivo, existen numerosos indicios de un número cada vez más creciente de desempleados. La gran incógnita es si influirán tales factores en las actitudes públicas hacia Putin y la “operación especial” en Ucrania. Por ahora, es a Occidente al que se le culpa de todo. Los rumores de descontento son posibles, pero con la oposición y la sociedad civil diezmada, la población en general no ha mostrado interés en una autoorganización efectiva. Por supuesto, los eventos del cisne negro siempre pueden tomar por sorpresa a las autoridades.
También vale la pena recordar que el liderazgo ruso avanza lentamente preparándose para las elecciones presidenciales de 2024, que se llevarán a cabo en medio de un sistema cada vez más autoritario. Tales preparativos pueden incluir juicios espectáculo y la búsqueda de los llamados traidores nacionales. Es casi seguro que habrá una presión aún mayor sobre los disidentes, con una variedad de herramientas autoritarias y leyes represivas. Muy posiblemente tales movimientos enfadarán al ciudadano de a pie y alienarán a partes de la élite. Sin embargo, tales tácticas sirven en gran medida para asustar a partes clave de la sociedad rusa que, como enseña la experiencia, en última instancia los llevará a unirse una vez más en torno al régimen.
Bibilografía
My Country, right or wrong: Russian Public Opinion on Ukraine. Carnegie Endowment for International Peace. Denis Volkov and Andrei Kolesnikov. September 2022.
East Asian Reactions to Russia’s War in Ukraine: Governmental and Civil Society Responses. Central European Institute for Asian Studies. Alfred Gerstl. July 2022
War in Ukraine. Asia Takes Sides. Italian Institute for International Political Studies. March 2022.
The White House. Fact Sheet. In Asia president Biden and a dozen Indo-Pacific Partners Launch the Indo-Pacific Framework for prosperity. March 2022.
The Washington Institute. The Middle East Responses to Ukraine Crisis. Margaret Dene, Hannah Labow and Carol Silber. March 2022.
El Salto. ¿Por qué muchos africanos no condenan a Rusia como querían los Europeos?. Jaume Portell Caño y Silvia Bayo. Mayo 2022.
Institute for Security Studies. Unpacking Africa´s Divided Stance on Ukraine War. August 2022.
[1] Se conoce como «Revolución de terciopelo» a los acontecimientos que tuvieron lugar en Checoslovaquia durante los meses de noviembre y diciembre de 1989, que acabaron con el régimen comunista y abrieron el camino a la democracia.
[2] Las llamadas revoluciones de color o golpes suaves entran dentro de las estrategias de intervención silenciosa que Estados Unidos utiliza para derrocar a Gobiernos que no comparten la visión estadounidense sobre la organización económica, política y militar de las naciones. El ideólogo de la acción no violenta como método para utilizar el poder en un conflicto fue el politólogo estadounidense Gene Sharp, autor del ensayo “De la dictadura a la democracia”.
[3] El 8 de mayo de 1945, miles de argelinos, movilizados por los franceses, salieron en tromba a las calles de varias ciudades como Setif y Guelma, para celebrar la victoria de los aliados. Pero lo que debía ser un día de alegría acabó convirtiéndose en una auténtica masacre con miles de muertos tras la represión de las fuerzas francesas al sacar un muchacho una bandera independentista.
[4] El Diálogo de Seguridad Cuadrilateral, también conocido como Quad, es un foro estratégico informal entre Estados Unidos, Japón, Australia e India que se mantiene mediante cumbres semi-regulares, intercambios de información y ejercicios militares entre países miembros.
[5] La ASEAN está integrada por Indonesia, Filipinas, Malasia, Singapur, Tailandia, Vietnam, Brunei Darussalam, Camboya, Laos y Myanmar.
[6] Iniciativa integrada por Estados Unidos, Australia, Brunei, India, Indonesia, Japón, República de Corea, Malasia, Nueva Zelanda, Filipinas, Singapur, Tailandia y Vietnam.
Editado por: Global Strategy. Lugar de edición: Granada (España). ISSN 2695-8937
