• Buscar

La batalla del Atlántico y el COVID-19

La Batalla del Atlántico ha sido una de las mayores empresas de guerra, probablemente la más importante de la Segunda Guerra Mundial, ya que en ella se jugó el futuro del mundo occidental, tal como lo conocemos. La estrategia seguida por el Gran Almirante Erich Reader fue sin duda muy acertada. Alemania no disponía de una Flota capaz de enfrentarse a la británica y solo podía conseguir la victoria por un dominio negativo del mar que asfixiara el tráfico marítimo con Gran Bretaña, con lo que además de su bloqueo, se impediría la llegada de recursos a los frentes de combate. Pare ello los alemanes utilizaron los submarinos sin restricciones, además de otros medios que sirvieran para echar a pique barcos mercantes, tales como bombarderos, buques de superficie dedicados al corso y minas. Pero el protagonista más significativo fue el submarino.

No es difícil imaginar que de no llegar los convoyes a Glasgow y Liverpool, a Múrmansk, al Norte de África o a Normandía, la guerra hubiera sido perdida inevitablemente por los Aliados. Su estrategia fue exactamente la contraria, tratar de mantener el flujo logístico de modo permanente, tanto por la supervivencia de la población británica como por la realimentación de los frentes terrestres. De ahí la Directiva de la Batalla del Atlántico proclamada por Winston Churchill: «Nuestra primera prioridad es combatir a los submarinos donde sea y cuando sea». Esta fue la primera simplificación del problema y el estado de las cosas quedó muy claro cuando en unos ejes de coordenadas se representaron las curvas que mostraban la variación en el tiempo del tonelaje hundido y el tonelaje construido.

Hundimientos y nuevas construcciones

Durante la primera parte de la guerra fue muy superior el número de hundimientos. La curva de tonelaje construido no se incrementó hasta que, una vez entrados en guerra los Estados Unidos, se adoptó la iniciativa de construir mercantes en serie. Estaban basados en un diseño del siglo XIX de extraordinaria sencillez. Se trataba de transportar a través del Atlántico 10.000 toneladas de carga a velocidad de 11,5 nudos. En la construcción de los denominados «Liberty» participó gran parte del pueblo americano. Se elaboraron piezas sencillas desde diversos lugares, que se llevaban a los astilleros para su ensamblaje. Aunque se trataba de barcos lentos, se construyeron en tal cantidad que, con el tiempo, superaron al tonelaje de los barcos echados a pique. (Figura 1)

La otra curva del escenario cartesiano, la del tonelaje hundido, debía de ser lo más achatada y reducida posible y para lograrlo intervinieron muchos factores de los cuales el principal fue el incremento del esfuerzo en lucha antisubmarina, que supuso diversas medidas tales como el establecimiento de convoyes, la mejora de la detección de submarinos, sonar, radar, armas, aviones lanzados desde catapultas instaladas en mercantes en tránsito, etc., etc. Aunque el submarino era el enemigo más mortífero, hubo mercantes hundidos por barcos de superficie, bombarderos aéreos, y minas, lo que puso de manifiesto la necesidad de contar con cazas, tanto en los convoyes como en bases de tierra adyacentes a los lugares de paso de los convoyes, acorazados para combatir a los corsarios de superficie y dragaminas para rastrear los fondos minados. Resultaba muy costoso reducir esta curva.

Cuando la curva de tonelaje construido estuvo por encima de la de tonelaje hundido la situación se invirtió y cambió el sentido de la marea. El 24 de mayo de 1943 el almirante Donitz retiró a sus submarinos del Atlántico Norte y esa fecha es considerada como la de la victoria. Los meses que la precedieron fueron de una tremenda crudeza en la lucha, pero la cuantificación precisa del tonelaje hundido y el construido facilitó mucho la resolución del problema.

Desde mi punto de vista el problema del Covid 19 tiene bastante similitud con Batalla del Atlántico. En este caso las dos curvas a tener en cuenta son la de contagios (en la que van incluidos los fallecidos) y la de altas. Se trata de conseguir que el número de contagiados sea inferior al de altas. En el momento en que este último sea superior, el problema estará dominado. Eso no significa que se pueda bajar la guardia, como tampoco se hizo en la batalla del Atlántico, en la que los submarinos continuaron los ataques hasta el final de la guerra y, cuando llegó el tratado de Paz, quedaban muchos operativos, como puede verse en la figura 2.

Gráfico de hundimientos de submarinos

En el caso del Covid 19, la curva de contagios se rebaja mediante la adopción de medidas preventivas, tales como aislamiento en domicilios, restricción de viajes, de salidas a la calle, utilización de mascarillas, en definitiva, todo tipo de medidas dirigidas a la reducción de riesgos. Por su parte, el aumento del número de altas depende de la eficacia de las medidas encaminadas a la curación de los enfermos, tales como, disposición de camas hospitalarias, aislamiento de pacientes, disponibilidad de personal sanitario, recursos de tratamiento, respiradores, medicación, etc. En el momento en que ambas curvas se crucen y las altas superen a los contagios será el día de la victoria, aunque sea preciso mantener la guardia para evitar nuevos brotes, pero a esas alturas, gracias a la experiencia adquirida, podrán ser neutralizados, y ocurrirá lo mismo que en la Batalla del Atlántico, fueron hundidos barcos mercantes hasta el último día de guerra, pero los mercantes navegaron con mucho menos riesgo. Escribo este artículo hoy 24 de marzo y, con esta fecha, he trazado las curvas de la figura 3, basadas en los datos que en el día de hoy ha proporcionado el Ministerio de Sanidad.

Situación del Covid-19 a fecha 24 de marzo

En la Batalla del Atlántico hubo un líder en cada uno de los bandos sobre el recayó la responsabilidad de la lucha. Por parte alemana, la batalla estuvo dirigida por el almirante Karl Donitz, un excelente profesional que supo aplicar en todo momento los «principios de la guerra», con hincapié en el de «concentración de fuerzas», pues organizó ataque de submarinos «en manada» (Rudeltaktik) sobre los convoyes lentos en el denominado «agujero negro del Atlántico», al que no llegaba la aviación basada en tierra y, mientras no dispusieron los aliados de portaviones de escolta, los submarinos hundieron multitud de indefensos mercantes, que tenían que ajustar su velocidad a la velocidad del barco más lento.

Por parte de los aliados, la defensa de los Accesos Occidentales de Gran Bretaña, (Western Approaches) muy acertadamente concentrados en dos puertos: Glasgow y Liverpool, estuvo en manos del almirante Max Horton, un experimentado submarinista cuya importante misión fue la coordinación de los convoyes, que llevó a cabo con mucho acierto y energía. Su responsabilidad y autoridad en la selección de los mandos principales de los convoyes llegó a extremos tales como, la destitución de los que adoptaban decisiones erróneas en el juego de la guerra, de este modo evitaba que las cometiesen en situaciones reales.

En el caso del Covid 19 el enemigo es siempre el mismo, no varía en sus métodos, y cada vez se conocerá mejor su forma de actuar, por lo que será cada vez más fácil descubrir la manera de proceder contra él, para reducir la curva de contagios.

La Batalla del Atlántico finalizó con la firma de un Tratado de Paz que supuso el cese de los ataques contra el tráfico marítimo. En el caso del Covid 19, el enemigo siempre estará dispuesto a atacar y solamente su neutralización acabará con la pandemia, bien sea por el descubrimiento de una vacuna que inmunice contra el virus o, tal vez la llegada del calor, en todo caso, siempre quedarán resquicios, a pesar de las precauciones. En fechas posteriores a la Batalla del Atlántico explotaron minas que causaron daños e incluso hundimientos, aunque existe una Ley de Derecho Marítimo encaminada a la neutralización de minas y torpedos, una vez que dejan de ser necesarias. El virus no razona ni se autodestruye, sin embargo, una vez superada la pandemia será mucho más fácil eliminar los focos residuales.

Con todo esto no he pretendido más que mostrar una manera de simplificar el problema, que puede facilitar la determinación tendencias y el conocimiento del momento exacto en que nos encontramos. Tal fue la aplicación que un análisis parecido proporcionó en la Batalla del Atlántico. Pero naturalmente esto requiere que los datos registrados sean de absoluta confianza, pues un error accidental podría suponer conclusiones engañosas y, si fuese intencionado, implicaciones criminales.

Avatar
José Manuel Gutiérrez de la Cámara Señán

Capitán de Navío (RR). Es especialista en Armas Submarinas. Miembro del Foro de Pensamiento Naval de la Escuela de Guerra Naval y Consejero colaborador del Instituto de Historia y Cultura Naval

Ver todos los artículos
Avatar José Manuel Gutiérrez de la Cámara Señán