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El emperador Trajano y la estrategia romana en las guerras dácicas: un análisis a nivel geopolítico, operacional y táctico

Global Strategy Report 19/2020

Las guerras dácicas de Trajano, libradas entre los años 101 y 106 d.C., conllevaron algunas de las campañas y operaciones militares más complejas emprendidas por el ejército romano a lo largo de su historia. Enfrentado a una potencia europea de la envergadura del Estado dacio y a su extensa red de aliados, las fuerzas romanas hubieron de combatir predominantemente, además, en un escenario caracterizado por una difícil orografía dominada por el enemigo, presidida por el curso del Danubio y flanqueada por el Mar Negro. Estas contiendas contemplaron no solo una intensa guerra de asedio y desgaste en el espacio de los montes Oraştie e importantes batallas campales como las de Tapae o Nicopolis ad Istrum sino, además, enfrentamientos navales y anfibios en las aguas del Danubio y el Mar Negro, así como una fundamental guerra de movimientos en varios de sus escenarios. La diplomacia y el empleo de aliados, socios y vasallos por parte de ambos bandos constituyó un aspecto igualmente fundamental del conflicto, contribuyendo de forma esencial al desarrollo del mismo en el marco de los distintos objetivos perseguidos por los contendientes. El Imperio romano logró imponerse en todos y cada uno de estos aspectos y escenarios, sentenciando, no sin esfuerzo, el desenlace final de la guerra y, por lo tanto, el futuro desarrollo histórico de la Europa danubiana.

En este sentido, cabe preguntarse cuál fue la contribución del emperador Trajano, como comandante en jefe de las fuerzas romanas, a la planificación y desarrollo de estas operaciones y, por lo tanto, al resultado de las mismas. ¿Qué clase de general era Trajano? ¿Cuál fue su catadura como estratega en la guerra contra el reino dacio y en los desafíos que este le planteó? ¿Qué influencia ejerció su Estado Mayor en la dirección acontecimientos?

Responder a estas y otras cuestiones pasa por un ineludible ejercicio de minuciosa, sistemática y actualizada crítica a las abundantes pero dispersas fuentes literarias, epigráficas, iconográficas y arqueológicas disponibles sobre la contienda. A través de una innovadora metodología, que ha prestado una atención crucial a múltiples testimonios ignorados o mal interpretados hasta la fecha, hemos conseguido presentar a la comunidad científica una precisa, completa y actualizada reconstrucción de los acontecimientos de las guerras dácicas de Trajano, así como de sus antecedentes y consecuencias, a través del fundamental prisma de la geopolítica y la estrategia del conflicto. Es gracias a ello que podemos dar respuesta hoy en día, con un amplio grado de fiabilidad, a las preguntas que acabamos de formular, entre otras tantas.

El arte de la guerra posee, en términos generales, tres niveles. El primero es el de la estrategiay la gran estrategia, es decir, la definición y gestión de los objetivos globales tanto en un determinado espacio geopolítico en general, como en un conflicto determinado en particular, así como de los procedimientos necesarios para su óptima culminación. El segundo nivel es el operacional, básicamente la definición, planificación y ejecución de las distintas operaciones militares, previstas o imprevistas, necesarias para superar al enemigo y, sobre todo, cumplir con los objetivos estratégicos del conflicto. Finalmente, el tercer y último nivel, el táctico, consiste en la búsqueda y gestión de los procedimientos óptimos para el empleo de ejércitos, unidades e individuos, con el objetivo de superar a las fuerzas opositoras en los distintos enfrentamientos de toda clase desencadenados en el seno de una campaña. A continuación analizaremos, en la medida de lo posible, el desempeño del emperador Trajano como comandante en todos y cada uno de estos distintos, pero estrechamente interrelacionados, niveles en el contexto de las guerras dácicas.

Desafíos geopolíticos y definición de la estrategia

Desde el punto de vista estratégico, la gestión llevada a cabo por el emperador Trajano destacó, principalmente, en ser perfectamente capaz de identificar con gran claridad las amenazas geopolíticas a las que se enfrentaba el Imperio romano en el espacio danubiano y póntico en su conjunto para, posteriormente, definir con precisión la mejor solución alcanzable a las mismas. El desafío estaba constituido por el Estado dacio y la amplia entente de aliados que este estaba construyendo y consolidando en la Europa del Este, la cual desestabilizaba por completo la red de alianzas y clientelas cuidadosamente tejida en la misma zona por el Imperio romano, reconduciéndola en provecho de unas innegables pretensiones de expansión territorial hacia el Sur del Danubio, es decir, sobre las provincias romanas de Mesia Inferior y Superior, como parte de la ampliación de su poder e influencia en la Europa danubiana.

En este sentido, debemos recordar que, para los estadistas romanos de la época, la expansión del dominio territorial directo, es decir, provincial, no constituía necesariamente la forma primaria ni óptima de proyección del poder del Imperio. Para un gobernante romano del siglo II d.C., el amplio tejido de vasallos, clientes y aliados de Roma formaban parte integrante de la misma, en tanto que Estado, a través de los tratados y relaciones signados con cada uno de ellos, mantenidos mediante una combinación de amenaza de intervención armada, diplomacia y respaldo económico-militar. De base, cualquier alteración en este sistema suponía un desafío directo al poder romano y su presencia. La construcción y consolidación de la entente dácica, un gran entramado de alianzas independiente, en expansión y, además, de intenciones claramente hostiles, constituía per se, una amenaza a una escala sin precedentes para la supervivencia del Imperio como superpotencia hegemónica en la Europa danubiana y póntica.

Trajano comprendió, con innegable acierto, que la solución estratégica óptima a esta problemática en concreto no pasaba ya por el sometimiento del Estado dacio, mediante la fuerza de las armas, a la condición de cliente, procedimiento ya intentado por Domiciano en el año 89 d.C., sin resultados realmente concluyentes: Solo la disolución del Estado dacio como entidad política definida y la anexión de su territorio al Imperio romano en forma de una o más provincias, por costoso que fuese, podía revertir las circunstancias, anular la amenaza de forma definitiva y consolidar, a través de su ampliación significativa, una indiscutida supremacía romana en Europa oriental. En consecuencia, el emperador y sus generales hicieron de la conquista de Dacia el eje fundamental de las campañas que, en los albores del siglo II d.C., estaban a punto de acometer, siendo este el objetivo sobre el que se planificó la totalidad de la primera guerra dácica. En este sentido, Trajano fue capaz de gestionar las lecciones aprendidas por sus antecesores en contiendas anteriores contra el Estado dacio y sus aliados, definiendo de forma precisa las circunstancias y alcance del problema, así como las soluciones necesarias a nivel estratégico, demostrando un absoluto dominio de la realidad geoestratégica a la que se enfrentaba el poder romano en la región en el año 101 d.C.

Nivel operacional

La planificación de la primera y la segunda guerra dácicas fue realizada, en todo momento, con arreglo al objetivo básico de desarticular la entente dácica mediante la destrucción del Estado dacio y la anexión de su territorio. Trajano demostró una amplia y detallada comprensión del escenario geográfico de la contienda y su naturaleza particular, al ser capaz, en varias ocasiones, de superar la estrategia de defensa de sus rivales. Del mismo modo, el emperador puso de relieve una extraordinaria habilidad para responder a cualquier clase de imprevisto, incluidos aquellos momentos en que el soberano dacio, Decébalo y sus comandantes consiguieron arrebatarle la iniciativa en el conflicto o superar su propia estrategia, siendo estos dos aspectos sus principales puntos fuertes como comandante, en el plano operacional, durante las campañas de los años 101 a 106 d.C.

En este sentido destaca especialmente su desempeño durante las operaciones desarrolladas en Mesia Inferior en el marco de la primera guerra dácica. En el verano de 101 d.C. un ejército combinado dacio, roxolano y bastarno, con el apoyo logístico y técnico de las ciudades griegas de Tyras y Olbia, invadieron la provincia romana de Mesia Inferior, mientras el ejército romano se encontraba concentrado en el interior de Dacia. Este movimiento, que amenazaba incluso con copar la retaguardia de sus fuerzas en Mesia Superior, tomó evidentemente desprevenidos a Trajano y sus generales. Enfrentado a una seria disyuntiva, el emperador fue capaz de reaccionar a esta amenaza con una rapidez y precisión fulminantes. Para ello optó por recuperar la iniciativa de inmediato mediante un contraataque ejecutado al mando de una reducida pero eficaz fuerza expedicionaria seleccionada a tal fin, con el objetivo de desconcertar al enemigo, batir a su vanguardia, frenar su avance y obligarle a actuar a la defensiva, ganando tiempo para reforzar este contingente con tropas más pesadas y numerosas que le permitieran derrotar a la totalidad del ejército invasor de forma rápida y decisiva. El éxito de Trajano en esta campaña, explicitado en las victorias obtenidas en las batallas de Nicopolis ad Istrum yTropaeum Traiani, así como el triunfo de los almirantes romanosen las operaciones navales contra la flota dácica en el curso bajo del Danubio, se saldó con la destrucción de la mayor parte del ejército enemigo destinado a esta campaña. De este modo, el emperador consiguió negar al completo la iniciativa estratégica al Estado dacio y sus aliados en su conjunto, habiendo abortado su última gran tentativa expansionista al Sur del Danubio, debilitando en el proceso de forma decisiva sus fuerzas y obligándoles a permanecer a la defensiva. Todo ello sin renunciar a ninguno de los avances cosechados en el interior de Dacia con anterioridad, lo que significaba que las operaciones enfocadas a la consecución del objetivo principal de la contienda, la desarticulación del reino dacio, seguirían su curso con normalidad. Dicho de otro modo: la capacidad de Trajano para reaccionar a este audaz golpe y las consecuencias de la campaña resultante, supusieron un punto de inflexión hacia el desenlace final del dilatado pulso entre el Estado dacio y el poder romano en el espacio danubiano.

Aunque las circunstancias impidieron a Trajano conseguir que la primera guerra dácica culminara con la conquista de Dacia, objetivo inicial de la contienda, sí que le permitieron desarticular definitivamente la entente de aliados que había apoyado al Estado dacio hasta la fecha. Al mismo tiempo, su gestión de la paz del año 102 d.C. con el reino dacio estuvo orientada, en todo momento, a la reapertura del conflicto en unas circunstancias deliberadamente calculadas para facilitar la anexión total del territorio dacio, a corto plazo, mediante una secuencia de hábiles golpes de mano y una rápida campaña de ocupación. El rey Decébalo conseguiría superar inicialmente la planificación trajanea de este previsto estallido de la segunda guerra dácica, adelantándose audazmente a los acontecimientos entre los años 104 y 105 d.C. Sin embargo, las consecuencias de los éxitos romanos en la primera guerra dácica le negaron por completo los medios y circunstancias que precisaba para explotar, convenientemente, el éxito a la hora de arrebatar la iniciativa a las fuerzas romanas, condenándole a luchar a la defensiva, sin haber conseguido nada más que postergar hasta 106 d.C. el prácticamente inevitable desenlace: la caída de su reino y su conversión en provincia romana.

Innovaciones y adaptaciones tácticas

Desde un enfoque táctico, el emperador Trajano demostró, principalmente, una excelente capacidad para seleccionar los mejores tipos de tropas para los distintos escenarios, roles y circunstancias planteadas al ejército romano en el marco de las guerras dácicas de 101 a 106 d.C. Si observamos con detenimiento la composición del ejército concentrado en cada una de las dos contiendas y en los distintos frentes de las mismas, advertimos que esta obedece en todo momento a una adaptación concienzuda al medio y a la clase de enemigos a afrontar. En este sentido, resulta particularmente ilustrativa la selección de tropas que conformaron la fuerza expedicionaria liderada por Trajano en la fase inicial, una vez más, de la campaña en Mesia Inferior contra los invasores dacios, roxolanos y bastarnos en el verano de 101 d.C. En un contexto en el que la mejor opción estratégica radicaba en poder contraatacar con rapidez y contundencia, el emperador optó por una poderosa combinación de equites singulares Augusti, caballería escogida, infantería auxiliar de élite, pedites singulares y fuerzas de choque altamente móviles y versátiles, entre las cuales hemos constatado la presencia de guerreros extáticos germanos, de las clases posteriormente conocidas en las fuentes nórdicas como berserkir y úlfhednar, caracterizados por responder a la perfección a las exigencias de la campaña. La Columna Trajana explicita el empleo combinado de la mejor caballería romana con estas fuerzas de infantería de asalto en la doble batalla de Nicopolis ad Istrum donde, durante el primer encuentro, lograron barrer a la caballería sármata para, en un segundo enfrentamiento armado, batir por completo a las fuerzas dácicas que habían acudido en auxilio de sus aliados. Unidades legionarias, cohortes pretorianas y fuerzas auxiliares convencionales habrían tardado más tiempo en ser desplegadas sobre el terreno, a la par que no habrían disfrutado de la misma capacidad de maniobra, contundencia e impacto psicológico en el campo de batalla. Su ausencia en las escenas de la Columna relativas a las mencionadas batallas resulta tan llamativa como elocuente la presencia de las tropas que las reemplazaron.

Otra muestra de la solvencia de Trajano como táctico radica en su elección del asalto, el asedio y la maniobra como solución para tomar, superar o deshacerse de las poderosas fortificaciones que protegían el interior de Dacia, así como para dominar por completo el terreno. Sitiar una plaza a fin de rendirla por hambre no constituía una opción viable en absoluto en un escenario montañoso dominado por un enemigo bien organizado, dotado de muy buenos recursos y con toda una red de ciudadelas bajo su control. En los casos en que una posición fortificada enemiga pudiera ser rodeada o flanqueada, el emperador optó por evitar un costoso e innecesario asalto, siendo este el caso de la línea de Cioclovina-Ponorici durante la primera guerra dácica. En otros casos, optó por flanquear grupos de fortificaciones completos, destacando en este sentido la amplia maniobra de pinza protagonizada por una división del ejército romano, al mando de Lusio Quieto, al sur de Sarmizegetusa Regia, movimiento atestiguado por el hallazgo de sendos campamentos de marcha en Varful Lui Petru y Comarnicel, entre otros restos arqueológicos. Finalmente, ante la imposibilidad de evitar el enfrentamiento directo contra una fortaleza enemiga, Trajano optó por tratar de tomarla al asalto con la mayor rapidez posible, aprovechando lo mejor de la ingeniería de asedio romana, siendo así como se procedió a la toma de plazas como Costesti y Blidaru en la primera guerra dácica o la propia Sarmizegetusa Regia ya durante la segunda. De este modo, el emperador no solo fue capaz de visualizar la respuesta operacional óptima a las circunstancias que la contienda le planteaba, sino de seleccionar en todo momento las opciones tácticas más apropiadas para ejecutarla.

Trajano y su Estado Mayor

El último aspecto clave en el que destacó el emperador Trajano, como estratega durante la dirección de las guerras dácicas, fue su habilidad para seleccionar a los comandantes apropiados para las funciones oportunas y en su capacidad para delegar en ellos. En efecto, Trajano no poseía el don de la ubicuidad, lo que implica que en un escenario tan amplio como el de las guerras dácicas, en múltiples ocasiones el emperador no pudo conducir personalmente las operaciones. Podemos destacar varios ejemplos. Uno de los más significativos es el caso de la coordinación de la respuesta naval a la ya citada invasión dácica de Mesia Inferior. A través de las fuentes disponibles resulta evidente que Trajano no asumió el mando directo de las flotas presentes en el Danubio, las classes Flavia Moesica, Flavia Pannonica y los destacamentos de la classis Ravennatis durante estas y otras operaciones, más allá del transporte de tropas a través del río. La derrota de la flota combinada dácica, bastarna y roxolana en varios enfrentamientos navales sobre las aguas del Danubio, fue mérito de consulares de la categoría de L. Licinio Sura y Q. Glitio Atilio Agrícola, recompensados por estas acciones con sendas coronae classicae. La maniobra de flanqueo de las posiciones dácicas al sur de Sarmizegetusa Regia, dirigida por Lusio Quieto o el avance del ejército romano de Mesia Inferior, a las órdenes de M. Laberio Máximo, sobre Buridava y Piroboridava en el Este de Dacia entre 101 y 102 d.C., constituyen otros ejemplos destacados. No tan afortunada fue la selección de Gn. Pompeyo Longino como comandante de las fuerzas de ocupación en Dacia entre los años 103 y 105 d.C., quien acabósiendo derrotado y capturado por Decébalo, antes de optar por el suicidio, según el testimonio de Casio Dión, para evitar ser empleado como baza de negociación contra Trajano. Sin embargo, hasta que el emperador pudo hacer acto de presencia en el frente en junio de 105 d.C., los legados de Mesia Superior e Inferior, L. Herenio Saturnino y Q. Sosio Seneción respectivamente, debieron de asumir el control de la situación, labor que desempeñaron con eficacia, al ser capaces de contener el avance dacio en el valle del Olt y de evitar que estos alcanzaran el estratégico puente de Apolodoro de Damasco en Drobeta.

Conclusiones

El emperador Trajano no fue un genio de la estrategia militar o de la táctica al modo de un Alejandro Magno o un Aníbal, aunque posteriormente, en una fase avanzada de su vida, acabara por pretenderlo, sin suerte. No hay mejor evidencia de esta realidad que el hecho de que fue sorprendido por sus enemigos en varias ocasiones.

Sin embargo, durante las guerras dácicas, así como en otras campañas lideradas por él con anterioridad, demostró ser un comandante muy competente en todos los aspectos del mando, decidido y frío en aquellos que dominaba, dispuesto también a escuchar a sus oficiales y a delegar en ellos allí donde no se sentía lo suficientemente preparado o le era imposible hacer acto de presencia.

En las guerras dácicas, destacó especialmente por su capacidad para de evaluar a la perfección todo tipo de situaciones, previstas e imprevistas. Estrechamente enlazada con este aspecto se muestra su habilidad para disponer los medios oportunos para resolver dichas situaciones, ejecutando sus propios planes con absoluta determinación, de forma directa o a través de sus generales, conservando la iniciativa en todo momento o recuperándola con rapidez en caso de serle arrebatada. Sobre todo, llama la atención su capacidad de reacción ante lo inesperado, ante los reveses, logrando tomar las decisiones óptimas con rapidez, hasta revertir la situación y transformarla en un fracaso completo para el enemigo. Fue de este modo como consiguió derrotar al rey Decébalo, otro avezado estratega conocido por su astucia y determinación, así como superar el extraordinario desafío geoestratégico que suponía el Estado dacio y la entente de aliados que le rodeaba en su conjunto.

El éxito del emperador Marco Ulpio Trajano en esta empresa transformó para siempre la realidad geopolítica del espacio danubiano y póntico, contribuyendo de forma decisiva a la construcción de la Europa que hoy conocemos.

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David Soria Molina

Doctor en Historia Antigua por la Universidad de Murcia. Es autor del libro Bellum Dacicum. Geopolítica, estrategia y conflicto en el Danubio bajo Domiciano y Trajano (85-106 d.C), así como de diversos artículos sobre historia política-militar del Imperio Romano

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