El ISIS, también conocido como Estado Islámico de Irak y Siria, se hizo tristemente célebre durante los años 2015 y 2016, cuando logró hacerse con el control de una porción significativa de los territorios de Irak y Siria, en los que actuaba como gobierno de facto, superando así su tradicional papel de organización puramente terrorista. Su modus operandi, particularmente cruel, dejó entre 2012 y 2015 un saldo de más de 33.000 muertos, sólo en Irak y Siria. Además, desde 2018, ha sido responsable de más de 1.000 ataques terroristas anuales.
El uso inteligente del ciberespacio y las redes sociales permitió al grupo reclutar a un gran número de seguidores e inspirar a otros grupos que realizaron numerosos ataques terroristas en prácticamente todo el mundo. Por último, una amplia red de afiliados regionales le permitieron llevar su influencia hasta escenarios como el afgano, además de países vecinos como Uzbekistán y Tayikistán. Los recientes atentados atribuidos al ISIS-K en Rusia e Irán han puesto aún más de relieve la amenaza global que aun supone el grupo.
Entrre las franquicias regionales, nos interesa aquí el ISIS-K, la filial en Afganistán. La “K” hace referencia a Jorasán, Khorasan en inglés, la región histórica que englobaba, grosso modo, el territorio actualmente afgano. Este grupo surgió en 2015 cuando un grupo de combatientes talibanes, miembros de Tehrik-e Taliban Pakistan (TTP) y milicias tribales descontentas juraron lealtad al ISIS. Su objetivo coincidía con el de la matriz: establecer un Estado islámico sin concesiones tanto en Afganistán, como en Paquistán. En Afganistán, entre 2016 y 2017, la fuerte oposición de los talibanes, que en este caso actuaron en ocasiones de la mano del gobierno afgano, debilitó enormemente, al grupo, obligándole a refugiarse en las remotas provincias de Nangarhar y Kunar, aprovechando el arraigo del salafismo en la zona y la cercanía de la frontera con Paquistán. En 2021, el retorno al poder de los talibanes permitió al grupo recuperar fuerza y extender su influencia por todo el país.
Evaluación del impacto de los atentados de 2024
En 2024, el ISIS-K ha llevado a cabo dos atentados especialmente sangrientos en la región. Los atentados cometidos en Irán, con 84 víctimas mortales, y Rusia, con 140, han relanzado al grupo, generando preocupación en toda la región. Ambas acciones fueron reivindicadas por el ISIS-K, aunque tanto el gobierno iraní como el ruso señalaron a agentes estatales, culpando a Estados Unidos, Reino Unido y Ucrania del atentado en Rusia y a Estados Unidos e Israel del atentado en Irán. El secretismo con el que han actuado tanto Moscú como Teherán ha generado incertidumbres sobre la naturaleza última de estos ataques y la posibilidad de que haya servicios de inteligencia infiltrados en el grupo, instrumentalizando sus acciones.

El problema es que, ni los talibanes, ni otros actores regionales, disponen de las capacidades necesarias para hacer frente de manera eficaz al ISIS-K. En el caso afgano, los talibanes son incapaces de ejercer un control efectivo sobre todo el territorio, lo que es aprovechado por el grupo salafista para ampliar su influencia por todo el país. En esas condiciones, la debilidad de la administración afgana, unida al descontento popular derivado de la difícil situación económica y política que vive el país, constituyen el caldo de cultivo perfecto para las actividades de reclutamiento de los salafistas. Junto a ellos, aprovecha esas mismas circunstancias el TTP, los talibanes paquistaníes, también etiquetado como organización terrorista por Estados Unidos, que ha conseguido operar con facilidad desde Afganistán. En este caso, con la más que probable connivencia de Kabul. Los talibanes se muestran reacios a ejercer presión sobre el TTP porque la experiencia demuestra que, si se incrementa la presión sobre este grupo, lo que se consigue es que sus miembros opten por acogerse al más peligroso y descontrolado ISIS-K. De forma que el TTP se convierte así en un mal menor, además de una herramienta de presión frente a Paquistán, donde normalmente opera este grupo.
Para los talibanes, el ISIS-K constituye una amenaza existencial a la que es necesario combatir. No ocurre lo mismo con otros grupos, como los TTP o Al Qaeda, grupo al que se resisten a combatir y cuyos miembros participan en el gobierno talibán.
En 2021 la Comunidad Internacional esperaba que el régimen talibán colapsara por la incompetencia de sus miembros a la hora de ejercer sus responsabilidades como administración de facto de Afganistán. Esta incapacidad, se temía, permitiría fortalecerse a los grupos terroristas ya presentes en el país. La evolución de los acontecimientos desde entonces ha venido a demostrar que los talibanes sí demuestran ciertas capacidades en el ámbito administrativo, donde su desempeño ha sido mejor del anticipado, pero la realidad es que en ningún momento han conseguido ejercer un control efectivo sobre el territorio y combatir eficazmente el terrorismo. El éxito de la lucha antiterrorista exige disponer de capacidades para tareas como escuchas telefónicas o vigilancia y la utilización de tecnología sofisticada, así como cooperación a escala regional e internacional. Las limitaciones de los talibanes en este campo facilitan al ISIS-K mantener su presencia en el país.
Por otra parte, la presencia del ISIS-K en Afganistán puede resultar útil para los talibanes, que pueden tratar de rentabilizar el peligro que supone en la región. Tanto los actores regionales, como el propio Occidente, pueden acabar por buscar la colaboración con Kabul en la lucha contra los salafistas, lo que podría implicar un reconocimiento internacional del régimen talibán, algo que éste necesita desesperadamente ya que podría suponer el levantamiento de las sanciones que pesan sobre su economía.
A pesar de haber acusado a “agentes estatales” del atentado sufrido en Moscú, Rusia parece estar dando prioridad a combatir al ISIS-K en el ámbito regional. Los talibanes, por su parte, se han apresurado a ofrecer colaboración a Moscú en este esfuerzo, si así lo solicitan las autoridades rusas. Conviene recordar que, hasta 2017, Rusia proporcionó armas e inteligencia a los talibanes, coincidiendo con el momento en el que éstos comenzaron a combatir al ISIS-K. Actualmente, Moscú trata de evitar el aislamiento del gobierno talibán, siguiendo una estrategia de reconocimiento tácito. Fruto de esta postura es la presencia de delegados talibanes en conferencias regionales auspiciadas por Moscú y la acreditación de a un funcionario talibán en Moscú en 2023. No se trata de un embajador, pero supone un cierto reconocimiento del gobierno talibán. Esta política es posiblemente la causa inmediata de las acciones del ISIS-K en territorio ruso. Cabe esperar que la colaboración entre Moscú y los talibanes en la lucha contra el ISIS-K continúe incrementándose en el futuro.
También en Paquistán hemos asistido en un incremento de las acciones del ISIS-K, con un total de 22 atentados reivindicados en 2023, la mayoría contra establecimientos militares y policiales. Sin embargo, el principal problema para Paquistán es el TTP, los talibanes paquistaníes que operan mayormente desde territorio afgano. El apoyo de Paquistán a los talibanes acabó por crear este problema inesperado, agudizado tras la llegada al poder de los talibanes en Kabul. Para paliarlo, Paquistán está trabajando para mejorar la cooperación y las relaciones con Afganistán, pero corre el riesgo de alimentar así indirectamente al ISIS-K, ya que los militantes del TTP tienden a alinearse con el ISIS-K cuando se sienten presionados.

En cuanto a Irán, su acercamiento a los talibanes, iniciado antes de su llegada al poder, ha logrado superar las tensiones tradicionales entre ambos actores y le ha permitido una relación privilegiada con su líder, el hermético mulá Haibatulá Ajundzada. Cabe destacar que, tras el atentado de Kamran, en enero de 2024, Teherán se abstuvo de atacar objetivos dentro de Afganistán y culpó de a Jaysh al-Adl, una organización afiliada a Al-Qaeda que opera en Irán.
En el caso de China, su interés se limita a explorar oportunidades comerciales y de extracción de recursos en Afganistán, no descartando la posibilidad de que un Afganistán controlado por los talibanes pueda participar en la Iniciativa de la Franja y la Ruta. Las tensiones derivadas de la presencia de combatientes uigures en suelo afgano parece que van capeándose sin necesidad de forzar a Kabul a extraditarlos, siempre y cuando Kabul garantice que no supongan una amenaza para China. Sin embargo, una mejoría de las relaciones entre ambos países podría vencer los recelos talibanes a actuar contra un grupo islamista, allanando el camino a una mayor cooperación para hacer frente a la presencia de militantes de este grupo en Afganistán.
Reflexiones finales
Rusia, China, Irán y Afganistán, presentan intereses regionales diferentes, pero coinciden en la necesidad de enfrentarse eficazmente al terrorismo, aunque vean la amenaza desde prismas diferentes. Para Afganistán, la prioridad es eliminar al ISIS-K, que constituye una amenaza directa al régimen de Kabul. Para China, en cambio, el esfuerzo principal debe dirigirse a aumentar la atención sobre los militantes uigures. Mientras tanto, tanto Rusia como Irán han mostrado cierto reconocimiento diplomático hacia el gobierno talibán, en parte derivada de su oposición común a Estados Unidos, pero también por consideraciones relacionadas con la lucha contra el terrorismo. Sin embargo, su énfasis a la hora de acusar de los atentados sufridos en sus territorios a agentes estatales ha limitado su acción contra el propio ISIS-K.
En conjunto, la capacidad regional para derrotar al ISIS-K es cuestionable. Los escasos avances en este campo se deben, en gran medida, a su dependencia de enfoques militares en lugar de tácticas policiales. Además, estas estrategias pueden tener consecuencias imprevistas y perjudicar a la comunidad musulmana de la región, lo que podría proporcionar al ISIS-K más apoyos.
Mientras tanto, gracias en parte a estas limitaciones, el ISIS-K podría tener capacidad para llevar a cabo atentados terroristas en Occidente, por lo que Estados Unidos vigila de cerca esta amenaza, como demuestra el hecho de que comparta información sobre esta organización con Rusia e Irán.
