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La Unión Europea ante la crisis de Ucrania. Las democracias frente a la autocratización

https://global-strategy.org/la-union-europea-ante-la-crisis-de-ucrania-las-democracias-frente-a-la-autocratizacion/ La Unión Europea ante la crisis de Ucrania. Las democracias frente a la autocratización 2022-03-03 06:45:00 Marien Durán Cénit Blog post Estudios Globales Europa Guerra Rusia - Ucrania

En un discurso histórico pronunciado el pasado 27 de febrero, el canciller alemán Olaf Scholf, anunciaba que el presupuesto en defensa subiría este año a más del 2% del PIB, insuflando una partida extraordinaria de 100.000 millones de euros para alcanzarlo y, con ello, poder modernizar las Fuerzas Armadas. Es el precio que le ha puesto en principio a las acciones para la defensa de la libertad y de la democracia ante el ataque de Rusia a Ucrania.

Este giro trascendental, y en cierta medida, inesperado, obedece al cambio de era que se inicia, si utilizamos las mismas palabras que el canciller Scholf. Igualmente, la tarde del domingo, la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen y el Alto Representante de la Unión para Asuntos Exteriores y Política de Seguridad, Josep Borrell, anunciaban otra medida histórica: la compra de armas por parte de la Unión Europea para enviarlas en apoyo a Ucrania, a una guerra interestatal que no tenía lugar en Europa desde la II Guerra Mundial. Al mismo tiempo, bilateralmente, la mayoría de los países de la UE, incluida España, proveerán de material ofensivo a Ucrania.

¿Contaba Putin con una reacción tan contundente de Europa para defender a Ucrania? ¿Se enfrentan Europa y los países democráticos solamente a una guerra, o ha llegado el punto de inflexión definitivo de la senda a la que llevamos asistiendo desde hace aproximadamente alrededor de una década con la tercera ola de autocratización que amenaza el modo de vida de las democracias?

El relato de la UE no es solamente el apoyo a Ucrania en una guerra que viola la legalidad Internacional. El relato es igualmente sobre la defensa de la democracia y de las libertades, en un mundo y un contexto global donde lo raro es la democracia. El período desde los años noventa, hasta aproximadamente el año 2015, fue según Levitsky y Ziblatt, el más democrático que ha conocido la historia de la humanidad. Aún así, la democracia nunca ha llegado a buena parte de los países del mundo. La euforia de los años noventa después de la reunificación alemana, el colapso de la URSS y el “triunfo” de la democracia, auguraba una expansión de la misma. La Teoría de la Paz democrática venía en su apoyo: las democracias no se enfrentan entre ellas. Entonces, si las democracias son más pacíficas, la promoción de la democracia significaría la promoción de la paz. Parece simple, pero el tema es más complejo.

Según Democracy Index, con datos de 2021, solamente el 6.4% de la población mundial vive en democracias plenas (un 2% menos que en 2020). Si a ello sumamos las conocidas como democracias débiles o democracias defectivas, subiría al 45.7% de la población mundial. Esto es, menos de la mitad de la población mundial reside en países plenamente democráticos. Estos datos son parecidos a los que nos muestran otros índices e informes como los que elabora Freedom House (con la advertencia de la expansión de los gobiernos autoritarios en uno de sus últimos informes).

Al mismo tiempo, a la rareza de la democracia, se le suma la tercera ola de autocratización, un proceso de cambio político desde la democracia al autoritarismo que ya venían anunciando Larry Diamond en diversos trabajos y sobre todo en su último libro Ill Winds. Saving democracy from the Russian rage, Chinese ambition and American complacency, publicado en 2019, junto con la obra de Levitsky y Ziblatt en 2018, Cómo mueren las democracias. Estos trabajos, aunado a otras investigaciones de carácter empírico, nos han alertado del peligro de la autocratización y su persistencia, encabezada por países como Rusia. Los trabajos de Lürmann y Lindberg de la Universidad de Götenburgo, basados en el Varieties of Democracy (V-Dem), nos muestran que esta tendencia ha ido creciendo en los últimos diez años. Países de todos los continentes como Rusia, Turquía, Venezuela, Hungría, Tailandia, Brasil, India, Nicaragua, México, El Salvador…, han vivido un proceso de regresión. Los autócratas y los populistas conjuntamente, han ido creando un clima político y económico más favorable para ellos a nivel internacional. El comportamiento de los denominados países BRIC (Brasil, Rusia, India y China) es un ejemplo palmario.

Rusia nunca ha sido una democracia. En los años noventa con Boris Yeltsin como presidente, se la calificó como democracia iliberal por el inicio de reformas liberalizadoras que se llevaron a cabo. Desde la llegada de Putin al poder en diciembre de 1999 y concretamente desde aproximadamente el año 2004, Rusia ha ido experimentando una regresión hasta caer en el autoritarismo. Pero el origen hay que buscarlo en los primeros años de la Rusia postsoviética, dado que nacía con una gran debilidad: la Constitución de 1993 dotaba a la presidencia de demasiados poderes. Aunque la doctrina de la separación de poderes fue en un principio revolucionaria en un país que no había experimentado previamente la democracia en su historia constituía un mera formalidad, dado que la presidencia se convertía en la guardiana de la Constitución y el presidente, si usaba todos sus poderes, en un dictador legal. Aunque formalmente es un modelo semipresidencial, la falta de frenos y contrapesos la ha convertido en un hiperpresidencialismo, donde Putin controla la Duma (gracias a Rusia Unida), el Consejo de la Federación, el Consejo de Estado, el poder judicial, las Fuerzas Armadas, los medios de comunicación…y un suma y sigue. Además, la reforma de la Constitución llevada a cabo en julio de 2020, entre otras cuestiones, ha puesto el marcador a cero para que Putin pueda volver a presentarse a las elecciones presidenciales de 2024 después de que acabe su mandato de seis años (con la reforma de 2008, el mandato presidencia aumentó de cuatro a seis años). Putin de esta forma, con todo el poder político en sus manos, con unas Fuerzas Armadas que ha ido rearmando desde 2004, con una Europa que creía más débil o con menos capacidad de reacción, una China autoritaria y que nada entre dos aguas y un contexto mundial de regresión democrática, ha iniciado una guerra en un país frontera con democracias. Que las democracias sean más pacíficas y no les guste hacerse la guerra entre ellas, no significa que las democracias no sean capaces de defenderse o de apoyar a otros a defenderse ante una amenaza grave.

Las democracias en caso de ir a la guerra cuentan con la aprobación de sus parlamentos. Disfrutan de un intenso escrutinio público y transparencia. Son más responsables ante la opinión pública y de momento y en el caso que nos ocupa, aunque no van a la guerra, no han recibido críticas sustanciales por parte de sus sociedades por el apoyo en armamento que se le va a ofrecer a Ucrania. Asimismo, las democracias producen y cuentan con información de muy alta calidad sobre las que basar sus procesos de toma de decisiones. Los autoritarismos, sin embargo, producen información de muy mala calidad porque se encuentran con muchas dificultades.

Esto se ha observado en Rusia en diversos planos: las capacidades militares del ejército ruso no estaban a la altura de las expectativas políticas. Se pensaba que Ucrania caería pronto dado que la expectativa era tomar Kiev en cuarenta y ocho horas. Se aprecia, pues, que Putin tenía una información equivocada tanto sobre las fuerzas ucranianas y más llamativo aún, de sus propias fuerzas. De sus bajas no se saben datos exactos, pero la duración del conflicto y el desgaste puede aumentar el descontento de una población que ya considera de poca lucidez invadir un país que contempla como hermano. En este sentido, Rusia parece no tener todo el apoyo de su población y el número de opositores y manifestantes encarcelados va creciendo. Algunos oligarcas, intelectuales, artistas, etc., han manifestado su oposición a la guerra. Ucrania sí tiene obviamente el apoyo completo de su población, una población que además lucha por su tierra, la libertad y la democracia. Europa se muestra con una voz única por primera vez. La intervención de terceros siempre ha influenciado el resultado de la guerra, bien para alargarla o acortarla, dependiendo de los intereses. El interés por acortarla y el apoyo con el envío de armas se ha iniciado. Los resultados son inciertos, pero de momento lo que ha demostrado Europa es su voluntad firme de dar un giro sustancial en el procedimiento de la defensa de los valores democráticos y de su forma de vida.

Marien Durán Cénit

Profesora Titular de Ciencia Política y coordinadora
del Máster Oficial Pensamiento Estratégico y Seguridad Global de la
Universidad de Granada

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