One may or may not agree with these positions, but in any case they highlight the acknowledgement of the failure of postmodern promises, demonstrating, if not the end, at least the crisis of postmodernism…
A. de Rosa, D. Repetto y E. Lo Giudice (2019)[1]
El pasado 4 de febrero de 2022, los presidentes chino, Xi Jinping, y ruso, Vladímir Putin, firmaron en Pekín una declaración conjunta Sobre las relaciones internacionales entrando en una nueva era y sobre el desarrollo global sostenible[2]. En la Declaración, las dos grandes potencias ‘revisionistas’[3] mostraron un notable grado de aceptación de las ideas básicas de la postmodernidad globalizada, desde la agenda 2030 hasta el desarrollo sostenible o la lucha contra el cambio climático. Aunque las tres grandes promesas de hace treinta años han quedado sin cumplir, China y Rusia (a diferencia de lo que ocurría hace unas décadas) carecen de una alternativa real que ofrecer.
Primera promesa: el mercado nos traerá estabilidad en el desarrollo
Cuando entre 1989 y 1991 se hundieron los regímenes socialistas de Europa Central y Oriental, y, en consecuencia, desapareció el llamado ‘socialismo real’ como forma alternativa de organizar la economía y la sociedad, el mercado pasó a ser entendido como un regulador automático que corregía todos los desequilibrios. Si se permitía a las fuerzas del mercado actuar con libertad (lo que, según el ‘Consenso de Washington’, se conseguiría mediante la desregulación), los precios evolucionarían hacia posiciones de equilibrio, fruto del compromiso entre los deseos de los productores más eficientes y las posibilidades de los compradores.
La promesa implícita consistía en que, una vez alcanzado el punto de equilibrio, los precios serían bastante estables, lo que, a su vez, tendría un efecto muy saludable sobre el desarrollo económico. Como hemos visto en numerosas ocasiones (la última, con la crisis de precios de la energía, en 2021-2022), los mercados reales no funcionan como los mercados ideales de los cursos básicos de economía. Para algunos agentes del mercado, los grandes beneficios no se producen por una mejora en la eficiencia de los procesos productivos, sino como consecuencia de las violentas oscilaciones en los precios. Y eso es, precisamente, lo que estamos observando.
Segunda promesa: la democracia liberal a la occidental nos permitirá seleccionar a los mejores dirigentes
En el fondo, esta segunda promesa era consecuencia directa de la aplicación de la lógica de mercado a la política. No se trataba solo de que los dirigentes surgidos de procesos electorales libres y limpios (free ans fair election) en democracias liberales fueran más legítimos por contar con el consentimiento de los ciudadanos. Es que, además, iban a ser mejores.
Según la lógica de mercado, que impregnaba todo, la ‘competencia’ era el ingrediente mágico que garantizaría la excelencia de los dirigentes elegidos democráticamente. Y es que, si no respondían a las expectativas de los electores, estos optarían por otros en el siguiente proceso electoral.
Todo eso, en teoría. En la práctica, en estos treinta años hemos conocido ya a un número muy notable de pésimos dirigentes que eran elegidos en procesos perfectamente democráticos. Y algunos de ellos conseguían, incluso, ser reelegidos. En contra de lo que predecía la teoría (al menos, en su versión popular), resulta difícil que los ‘mercados políticos democráticos’ funcionen correctamente, ya que los candidatos y sus equipos hacen todo lo posible (que es mucho) para condicionar el juicio de los electores. El populismo y la polarización son dos técnicas utilizadas a menudo y con gran éxito.
Desde luego, resulta perfectamente posible que en democracias liberales de tipo occidental surjan espléndidos dirigentes. Nada lo impide. Pero tampoco está garantizado que ello será así. El mecanismo mágico, la ‘libre competencia’, funciona a menudo mal. Por otra parte, el ejemplo chino sugiere que es posible encontrar sistemas eficientes de selección de cuadros que utilicen métodos diferentes de los de la democracia occidental.
Tercera promesa: paz universal y juego geopolítico en el que todos ganan
Era la tercera gran promesa de la postmodernidad[4], del mundo que surgiría tras el ‘fin de la historia’[5]. Francis Fukuyama advertía que su ‘fin de la historia’ no supondría el final de los conflictos internacionales, pero sí que estos conflictos solo serían posibles entre Estados que siguieran viviendo ‘en la historia’ o entre ellos y los estados ‘posthistóricos’[6]. Como la democracia liberal occidental se había convertido en el ‘único juego posible’[7], la evolución hacia ella iba a ser general e irreversible. Ya en 1997, Fareed Zakaria podía proclamar que eran democráticos 118 de los 193 países del mundo[8]. Y, como es sabido (al menos, es creído por muchos) que las democracias no hacen la guerra contra otras democracias[9], este proceso iba a conducir necesariamente a la paz mundial.
La paz perpetua y el crecimiento continuo dejaron de ser sueños para convertirse en promesas realizables, porque en el mundo postmoderno globalizado desaparecían los juegos de suma cero. En el mundo real, seguían observándose algunos juegos de este tipo, como las disputas territoriales[10], pero se entendía que afectaban a la parte ‘no postmoderna’ del mundo y que, con la evolución natural de las cosas, irían desapareciendo. Luego, hemos ido viendo que no era tan sencillo, que la postmodernidad generaba sus propios juegos de suma cero en los que unos ganaban y otros perdían.
Para complicar más las cosas, durante las últimas semanas estamos viendo que ni siquiera la paz permanente entre las grandes potencias estaba garantizada. Lo que habría parecido imposible en los años sesenta, cuando el equilibrio del terror impedía aventuras geopolíticas demasiado arriesgadas, podría ocurrir en nuestro apacible mundo postmoderno.
El descontento chino y ruso
Hace ya años que es evidente la incomodidad de China y Rusia con la forma en que el mundo está evolucionando desde el final de la Guerra Fría y, en particular, con el papel que Estados Unidos (arropado por el resto de Occidente) representa en él. Una incomodidad que, probablemente, es compartida por bastantes potencias menores. Como comenta Robert Gates en sus memorias, “otras naciones soportaban cada vez peor nuestro singular dominio y nuestra creciente inclinación por decirles a los demás cómo comportarse, en el propio país y en el extranjero”, y “la arrogancia con la que nos condujimos en la década de 1990 y después, como la única superpotencia que quedaba, ha provocado un resentimiento generalizado”[11]. Esta incomodidad, este resentimiento, se reflejaban ya en el discurso de Putin ante la Conferencia de Seguridad de Munich, en febrero de 2007[12].
La reciente declaración ruso-china del 4 de febrero ha sido calificada como un ‘documento doctrinal’, orientado a la ‘formulación de tesis ideológicas alternativas y de reglas alternativas para la formación del orden mundial, que pueden ser atractivas para la parte no occidental del mundo’[13]. En la realidad, sin embargo, no va mucho más allá de las tesis que expuso Putin en Munich, hace ya quince años. Entre ellas, destacan dos:
- El concepto de democracia. Rusia y China niegan que exista un único concepto de democracia y que Occidente tenga el derecho a valorar la calidad democrática del resto del mundo. Según la declaración firmada por Xi y Putin, “los principios democráticos no solo se aplican a la administración del Estado, sino también a nivel mundial”. En su opinión, “los intentos de ciertos Estados de imponer sus propios ‘estándares democráticos’ a otros países, de monopolizar el derecho a evaluar el nivel de cumplimiento de los criterios democráticos, de trazar líneas divisorias basadas en la ideología, incluso mediante el establecimiento de bloques exclusivos y alianzas de conveniencia, no son más que burlas a la democracia y van en contra de su espíritu y de sus verdaderos valores”. Por otra parte, Rusia y China subrayan que “se oponen al abuso de los valores democráticos y la injerencia en los asuntos internos de los estados soberanos bajo el pretexto de proteger la democracia y los derechos humanos”. Por lo que se refiere a los derechos humanos, la declaración afirma que “el carácter universal de los derechos humanos debe verse a través del prisma de la situación real de cada país en particular, y los derechos humanos deben protegerse de acuerdo con la situación específica de cada país y las necesidades de su población”. Además, en un intento de desviar la atención hacia un orden de prioridades diferente del occidental, Rusia y China subrayan que “todos los Estados deben tener igual acceso al derecho al desarrollo”.
- La indivisibilidad de la seguridad. En su Declaración conjunta, China y Rusia se muestran muy preocupadas por los serios desafíos existentes contra la seguridad internacional y reafirman su convencimiento de que los destinos de todas las naciones están interconectados. En su opinión, ningún Estado puede ni debe garantizar su propia seguridad por separado y expensas de la seguridad de otros Estados. La comunidad internacional en su conjunto debe participar de manera activa en la gobernanza mundial a fin de garantizar que la seguridad internacional sea universal, integral, indivisible y duradera. Para los firmantes de la declaración no resulta aceptable que el gobierno del sistema internacional y de los subsistemas que lo componen se lo arroguen Estados concretos (referencia a Estados Unidos) o bloques de Estados (la Unión Europea y la OTAN, principalmente).
Este es el argumento básico que Rusia defiende a lo largo de las últimas semanas en los contactos e intercambios que con líderes occidentales mantienen su Presidente, Vladimir Putin, y su Ministro de Asuntos Exteriores, Sergei Lavrov.
¿Hacia una alternativa?
Tres conclusiones rápidas:
- La Declaración ruso-china no plantea una alternativa real a la postmodernidad globalizada, de la que acepta sus rasgos más característicos y muchos de sus objetivos actuales. El auténtico problema de los dirigentes chinos y rusos es con el carácter unipolar del actual sistema internacional. Entienden que el mundo actual es ya (al menos, en potencia) multipolar, pero que Occidente se niega a aceptarlo, lo que genera continuos conflictos.
- Los responsables políticos chinos y rusos ven el sistema internacional en términos parecidos y compatibles. Aunque sus intereses no son idénticos, la común oposición a la hegemonía occidental (norteamericana) tiende a acercarlos.
- En un mundo ideal, Rusia querría verse como uno de los polos del sistema internacional multipolar. Los rusos son conscientes de que, por el tamaño de su economía, no podrían en ningún caso jugar en la misma Liga que China y Estados Unidos, pero sí aspiran a mantener posiciones políticas autónomas, no subordinadas a las de los dos grandes. Sin embargo, cuanto mayor es la presión occidental sobre Rusia, más se empuja a este país hacia una alianza muy estrecha con China, alianza que, por la diferencia de peso político y económico, solo puede adoptar la forma de ‘dependencia’. A este factor han hecho referencia a lo largo de las últimas semanas destacados internacionalistas rusos, como Dmitri Trenin[14] o Andrei Kortunov[15].
[1] DE ROSA, A.; REPETTO, D. ; LO GIUDICE, E. (2019). Emanuele Lo Giudice. AND Rivista di architetture, città e architetti, 35. Pp. 59-66.
[2] Joint Statement of the Russian Federation and the People’s Republic of China on the International Relations Entering a New Era and the Global Sustainable Development. Prezident Rossii, 4 de febrero de 2022. Disponible en en.kremlin.ru/supplement/5770 (acceso: 05.02.2022).
[3] Según figura en la National Security Strategy de 2017, aprobada durante la presidencia de Trump. Disponible en https://www.hsdl.org/?abstract&did=806478 (acceso: 06.02.2022). Aunque en la Interim National Security Strategic Guidance de 2021 (administración Biden), disponible en https://www.whitehouse.gov/wp-content/uploads/2021/03/NSC-1v2.pdf (acceso: 06.02.2022) no se menciona este concepto, ha seguido siendo utilizado con frecuencia por académicos, periodistas y políticos.
[4] COOPER, R. (2000). The post-modern state and the world order. Demos.
[5] FUKUYAMA, F. (1989). The End of History? The National Interest, Verano 1989. Pp. 3-18. Disponible en http://www.wesjones.com/eoh.htm (acceso: 02.09.2012).
[6] Es la misma idea que Cooper expresaba con las categorías de ‘estados postmodernos’ (es decir, ‘posthistóricos’), ‘modernos’ y ‘premodernos’.
[7] LINZ, J.J. y A. STEPAN (1996). Problems of Democratic Transition and Consolidation. Baltimore, Johns Hopkins University Press. Pp. 5-6.
[8] ZAKARIA, F. (1997). The rise of Illiberal Democracy. Foreign Affairs, Nov/Dec. Pp. 22-43. En este artículo, Zakaria discutía la ‘calidad democrática’ de muchos de estos regímenes y pedía que Estados Unidos se empeñara en ‘consolidar la democracia allá donde se ha enraizado y estimular el desarrollo gradual del liberalismo constitucional en todo el planeta’. En los años noventa, parecía un objetivo alcanzable.
[9] Ver, por ejemplo, MINTZ, A., & GEVA, N. (1993). Why don’t democracies fight each other? An experimental study. Journal of Conflict Resolution, 37(3). Pp. 484-503. En realidad, estos autores utilizan (prudenetemente) el adverbio ‘rarely’.
[10] En una disputa territorial, lo que gana una parte lo pierde la otra. Así, en el conflicto de la antigua Yugoslavia, casi todos los jugadores salieron ganando (en mayor o menor medida), pero para ello tuvo que haber uno que perdiera (el bando serbio).
[11] GATES, R. (2014). Duty: Memoirs of a Secretary at War. Kindle edition. New York: Alfred A. Knopf. Pos. 2668-74.
[12] PUTIN, V.V. (2007, 10 de febrero). Выступление и дискуссия на Мюнхенской конференции по вопросам политики безопасности (Intervención y discusión en la conferencia de Munich sobre cuestiones de política de seguridad). Prezident Rossii. Disponible en http://kremlin.ru/events/president/transcripts/24034 (acceso: 11.02.2022).
[13] PIROZHENKO, V. (2022, 6 de febrero). Спиной к спине (Unidos por la espalda). Izvestia. Disponible en https://iz.ru/1287223/viktor-pirozhenko/spinoi-k-spine (acceso: 13.02.2022).
[14] ‘En Ucrania Rusia se arriesga a acabar dependiente de China’. La Vanguardia, 04.02.2022. Disponible en https://www.lavanguardia.com/internacional/20220204/8026103/dimitri-trenin-moscu-arriesga-ucrania-pasar-depender-pekin.html (acceso: 13.02.2022).
[15] ‘En política exterior, como en finanzas, un jugador experimentado siempre mantiene una cartera de inversiones diversificada. (…) Las posiciones negociadoras en el diálogo con Pekín serán mucho más fuertes con una ‘retaguardia europea’ fuerte. Mantener la libertad de maniobra es de interés a largo plazo para Rusia’. KORTUNOV, A. (2022, 11 de febrero). Россия — це Европа (Rusia es Europa). Kommersant. Disponible en https://www.kommersant.ru/doc/5207263 (acceso: 13.02.2022).
