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Taiwán, la posibilidad de una invasión

https://global-strategy.org/taiwan-la-posibilidad-de-una-invasion/ Taiwán, la posibilidad de una invasión 2023-03-02 20:54:27 Gonzalo Escudero Blog post Estudios Globales Global Strategy Reports

Global Strategy Report, 7/2023

Resumen: La República Popular China considera a Taiwán (República China) parte de su territorio y ansía recuperarlo, mientras que la isla prefiera mantener el statu quo actual. Esta situación, que data de 1949, ha tenido momentos de mayor y menor tensión, pero permanece latente desde entonces.

En la actual situación mundial, y tras la invasión de Ucrania por parte de Rusia, la posibilidad de una invasión China ha sido comentada en numerosos foros. Por lo tanto, conviene analizar los diferentes aspectos que afectan a la situación, como es el rol de EEUU, la postura de Taiwán o la mayor asertividad China en los últimos años.

Para citar como referencia: Escudero, Gonzalo (2023), “Ciberseguridad, Geopolítica y Relaciones Internacionales”, Global Strategy Report, 7/2023.


Introducción: geografía e historia

Lo que se conoce popularmente en la actualidad como Taiwán está formado por una isla principal, la propia Taiwán, y una serie de islas menores, como las islas Pescadores, que conforman el condado de Penghu, una serie de islas en el mar del sur de China, como Itu Aba, y en el estrecho de Taiwán. Entre estas últimas que destacan Quemoy (Kinmen) y Mazu (Matsu), importantes no tanto por su tamaño si no por su cercanía a la China continental, ubicación estratégica y clave en las relaciones entre Taiwán y China.

Taiwán limita con el estrecho de Taiwán por el oeste, que separa isla y continente en una distancia que varía de 130 km a 220 km. Al este tiene el mar de Filipinas, parte del océano Pacífico. Al norte el mar de China Oriental y al sur el canal de Bashi del mar del sur de China. Así pues, está entre los dos mares más cercanos a China, que son claves para el gigante asiático.

Desde el punto de vista histórico, los conquistadores portugueses llegaron a la isla y la bautizaran como Formosa en 1582. Desde entonces, Taiwán ha tenido diferentes etapas de dominación o presencia extranjera. En los siglos XV y XVI, Portugal, España y Holanda estuvieron, de una u otra manera, presentes en la isla principal. Tras la expulsión de estas fuerzas por Koxinga, mítico líder militar chino[1] (Vickers, 2021) de la dinastía Ming huido del continente tras el establecimiento de la dinastía Qing, comenzó un periodo de dominación china.

Desde esta primera “liberación”, Taiwán permaneció bajo dominio chino hasta la ocupación japonesa. Fue desde el final de la primera guerra sino-japonesa en 1895 hasta el final de la II Guerra Mundial en 1945 cuando China cedió Taiwán a Japón momento en que China recuperó el gobierno de la isla.

Durante la II Guerra Mundial, los dos bandos participantes en la guerra civil china se habían unido para luchar contra Japón y una vez finalizada la contienda mundial, la guerra se reanudó. La victoria del Partido Comunista Chino, liderado por Mao Zedong, sobre el partido nacionalista Kuomintang tuvo como consecuencia el retroceso del bando vencido a diferentes ciudades continentales, hasta instalarse finalmente en Taiwán. Esta circunstancia dio lugar a una curiosa y anómala situación diplomática: para ambos bandos Taiwán era parte de China.  La diferencia residía en cuál era el gobierno legítimo de China: o el establecido por el partido comunista en Pekín o el existente en Taiwán. Por lo tanto, para unos la verdadera china es la República Popular China, basada en el territorio continental, y para otros la República de China, ubicada en la isla de Taiwán[2]. Esta extraña situación política ha ido perdurando en el tiempo y ha tenido su importancia en las instituciones internacionales, siendo la postura de terceros actores motivo de queja o malestar en uno u otro bando.

Desde la llegada del Kuomintang a la isla en 1949, Taiwán tuvo el apoyo de los enemigos del comunismo del PCCh, como EEUU y otros países occidentales. Pero la creciente importancia mundial de la República Popular China ha hecho imposible ignorarla y, poco a poco, ha ido ganando terreno en las organizaciones internacionales. Actualmente, se puede considerar que para la comunidad internacional la República Popular China y la República de China son dos países diferentes, se reconozca oficialmente uno u otro.  

Si se atiende a la política interna de Taiwán, el país comenzó su transformación a democracia en 1987, abandonando la política de partido único de Kuomintang. Anteriormente, en la década de los 60, su economía comenzó a despegar gracias a una serie de reformas acertadas y una continua transformación de su sector económico. Actualmente, tiene una economía próspera, siendo un gran exportador, especialmente, de productos tecnológicos, y ocupando el sector servicios dos terceras partes de su PIB (Enciclopedia Británica, 2022), y su democracia, aunque joven, es estable.

Las tres crisis del estrecho de Taiwán

Desde 1949, la relación entre Taiwán y China ha ido cambiando desde el claro distanciamiento inicial a un aumento del trato entre ambas naciones. Sin embargo, la compleja situación política y jurídica parece lejos de solucionarse y la unificación de ambos territorios en una sola China continúa siendo una vieja, pero vigente, aspiración del PCCh. La doble circunstancia de ser considerada parte de China y a la vez ser un país próspero, una democracia liberal y con el apoyo de la mayoría de países occidentales, han convertido en Taiwán en el punto de fricción perfecto entre la República Popular China y EEUU. De hecho, ha habido tres momentos en los que la tensión entre ambos países creció hasta temerse un conflicto armada. Son las conocidas tres crisis del estrecho de Taiwán (Kissinger, xxxx).

Primera crisis del estrecho de Taiwán.

La primera crisis ocurrió poco tiempo después del final de la guerra civil China, en 1954. Tras el final de la guerra civil china, la huida del Kuomintang y su refugio en Taiwán no hizo olvidar a las autoridades continentales su voluntad de conquistar el territorio completo y vencer totalmente. Este hecho, el de una guerra inconclusa, es el origen de la tensión que se ha ido prolongando en el tiempo.

El desencadenante de la primera crisis fueron las conversaciones que dieron lugar a la Organización del Tratado del Sudeste asiático (SEATO[3], en sus siglas en inglés) y en las que participó Taiwán. Las autoridades de Pekín no aceptarían pasivamente la mera posibilidad que la República China fuera reconocida en un foro internacional como un país autónomo de la RPCh.

En el marco internacional descrito, se produjeron los ataques chinos sobre las dos islas pertenecientes a Taiwán y situadas a unas dos millas de China, Matsu y Quemoy. Mediante estas acciones, China pretendía presionar a Taiwán para que abandonase su intento de erigirse como un país independiente de facto a la vez que mostrada su rechazo sobre esta situación al resto de países de la SEATO. Además, para China, estas islas suponían la primera línea de defensa de Taiwán y eran consideradas como su vanguardia para una posible reconquista de la china continental, su bombardeo era un aviso a posibles intenciones de Taiwán.

Por otro lado, EEUU había tenido desplegada la Séptima Flota en el estrecho de Taiwán, cuyo principal objetivo teórico era evitar los ataques entre China y Taiwán, pero cuya presencia era interpretada por China como una maniobra ofensiva. Cuando el presidente Eisenhower retiró los buques americanos al llegar al poder en 1953, China vio abierta la ventana de oportunidad para atacar Taiwán sin temor a una rápida represalia estadounidense. Como ya se ha indicado, las conversaciones para la creación de la SEATO fueron la excusa para el ataque chino. Los bombardeos chinos sobre las islas tuvieron como mayor consecuencia la muerte de dos soldados estadounidenses. EEUU respondió inmediatamente con el despliegue de tres grupos de combate en la zona. La tensión internacional en el conflicto fue creciendo, incluyendo la amenaza: EEUU tenía, China no, aunque este dato se desconocía, y la URSS tenía y hasta donde estaría dispuesta a apoyar a su aliado ideológico.

La crisis fue seguida con gran preocupación internacional, pero los actores principales expresaban en sus discursos, y mediante algunos de sus actos voluntades diferentes a las reales, como se ha sabido posteriormente. De hecho, ni China ni EEUU querían llegar a un conflicto armado y mucho menos la URSS. Las pretensiones de China eran mostrar sus posibilidades y ratificar su postura y determinación sobre la idea de una sola China y, aunque de forma arriesgada, sentó las bases de sus relaciones con EEUU durante un largo periodo de tiempo y el papel de China en la esfera internacional. Finalmente, tan rápido como había aparecido, la crisis terminó con las declaraciones de Mao Zedong aludiendo al no deseo de China de entrar en guerra (Kissinger, xxxx).

Segunda crisis del estrecho de Taiwán.

La segunda crisis del estrecho de Taiwán llegaría al poco tiempo, en 1958. En agosto de ese año, China comenzó una ofensiva contra las islas taiwanesas más cercanas al continente. Tras un inicio de bombardeos diarios y continuos, se pasó a ataques artilleros intermitentes, alternando los días de ataques, avisando a la población de las islas y evitando objetivos de importancia para que la crisis no escalase. Claramente, los bombardeos eran usados como una herramienta política más que militar.

La maniobra china tenía tres objetivos. Primero, el gobierno chino comprobaba el compromiso americano con la defensa de Taiwán. Segundo, servía de alguna manera llamar la atención a EEUU sobre la necesidad de mantener conversaciones con China y servir de contrabalanza al poder americano, que acababa de intervenir en el Líbano, demostrando su liderazgo mundial. Y, tercero y último, reafirmaba el poder e importancia de la nueva China en el mundo. Además de estos tres objetivos, China logró un cuarto que fue esclarecer la postura de la URSS. Pese a ser aliados ideológicos, su alianza comenzó a debilitarse.

Aunque la crisis continuó durante más tiempo, China alcanzó sus objetivos relativamente rápido cuando reanudó las conversaciones diplomáticas con EEUU. Sin embargo, la tensión entre los tres países continuó durante un tiempo hasta el punto de existir la amenaza nuclear, como había sucedido en la primera crisis. Pese a que internacionalmente se daba por hecho que China contaba con el apoyo del arsenal soviético, como se supo tiempo después, la URSS reconocía a China no tener intención de utilizar dicho tipo de armas en este conflicto.

El resultado final fue más de mil muertos, la reanudación de conversaciones entre EEUU y China, que duraría un breve periodo de tiempo, y la desconfianza entre estos dos países a medio plazo, además de una mayor separación entre China y su aliado ideológico la URSS.

Tercera crisis del estrecho de Taiwán.

La tercera crisis se produjo en la década de los 90, ya en un marco diferente al de las dos crisis anteriores. Taiwán era ya un país modernizado, democrático y con, cada vez más, reconocimiento y peso internacional. Por su parte, China había propuesto una unificación de ambos países bajo la fórmula similar a la hongkonesa de “un país, dos sistemas”. Además, en la recién nacida democracia taiwanesa se empezaron a oír voces que abogaban por una identidad nacional propia y separada de la idea de la unificación (la recuperación de la China continental). Este mayor papel internacional de Taiwán comenzó a molestar a China y a afectar a sus relaciones con otros países, como EEUU, protagonista también en esta crisis.

Lee Teng-Hui, presidente de Taiwán desde 1988, había comenzado una serie de actividades diplomáticas para reforzar el papel de Taiwán a nivel global. La gota que colmó el vaso para China, fue la visita de Lee a su antigua universidad estadounidense, que se produjo en 1995. Aunque extraoficial, esta visita fue todo un acto reivindicativo de Taiwán y con claras críticas a China. Así pues, como respuesta, China cortó las relaciones diplomáticas (que habían sido normalizadas a partir de las conversaciones bilaterales de 1972) con EEUU e inició unos ejercicios militares de lanzamiento de misiles en la costa suroriental de China.

Aunque ya habían comenzado las conversaciones para rebajar la tensión con EEUU, la crisis de dilató en el tiempo cuando China aumentó la presión sobre Taiwán al acercarse las elecciones al Parlamento de la isla, programadas para el 2 de diciembre de 1995. Pese a este hecho, las conversaciones consiguieron una rebaja gradual de la tensión y la recuperación del statu quo previo.

Las tres crisis descritas anteriormente supusieron los tres momentos de mayor tensión entre China y Taiwán y supusieron una demostración del papel de EEUU en Taiwán y su compromiso con su defensa. Esos niveles de tensión no se han vivido desde entonces, pese a que ha habido numerosos momentos de tirantez entre ambos países.

Además de las tres crisis descritas, la relación entre ambos países ha ido evolucionando desde el establecimiento del Kuomintang en 1950. Si se analizan las tres crisis ocurridas en el estrecho de Taiwán, se observa que las dos primeras fueron muy cercanas al final de la guerra civil China y más violentas que la tercera, de 1995. Además, en ninguna de las tres, y de acuerdo a las posteriores revelaciones, ha existido una voluntad clara de China de conquistar Taiwán.

Con el paso de los años, la democracia y prosperidad económica de Taiwán se ha asentado. China, por su parte, se ha convertido en una gran potencia, para la que Taiwán sigue siendo una vieja aspiración. Esta voluntad de anexionar Taiwán ha recuperado importancia con la llegada de Xi Jimping al poder. Para entender este conflicto, antes de analizar los hechos más actuales, es necesario conocer otra serie de aspectos, como la situación política interna de Taiwán, su sociedad y los lazos que unen a ambos países.

Situación política interna de Taiwán

Actualmente, Taiwán es una democracia joven y moderna, equivalente a la que existe en los países occidentales. Pero para entender cómo se llega a esta situación, hay que remontarse al final de la II Guerra Mundial y la “devolución” de Taiwán al gobierno chino. Es necesario reseñar que, aun en medio de la guerra civil china y la existencia ya del Partido Comunista Chino, el gobierno de la China continental era del Kuomintang y en 1945 se estableció en el gobierno provincial de Taiwán como parte de China. Desde ese momento el gobierno de Taiwán fue un desastre que sumió a la isla en una recesión económica y, como consecuencia, aplicó una represión social. Este breve periodo tuvo su hito más importante en la llamada represión del 28 de febrero de 1947, cuando las fuerzas del Kuomintang actuaron contra la población local y murieron un número indeterminado de personas entre 18000 y 28000 en el llamado incidente 228 (Babones, 2016). Desde estos primeros momentos, la represión y mano dura del Kuomintang hizo que la población taiwanesa añorase incluso la dura ocupación japonesa.

Como ya se ha comentado, en 1949, la guerra civil china terminó con el resultado de la proclamación de la República Popular China y el Kuomintang, vencido por el PCCh, exiliado a Taiwán, donde estableció lo que, para ellos, era el gobierno legítimo de China. Desde entonces, se estableció en la isla una dictadura cuya política fue conocida como el terror blanco y que tardaría 50 años en convertirse en una democracia.

La bonanza económica de Taiwán durante los años 60 y 70 tuvo como consecuencia el crecimiento de la clase media, que sería la que reclamaría mayores reformas en el sistema de gobierno taiwanés. Fruto de la presión popular, se fue abriendo la posibilidad de que existieran más partidos además del Kuomintang. Se puede decir que la consolidación democrática de Taiwán llegaría en las elecciones presidenciales del 2000, segundas elecciones presidenciales directas de su historia. Por primera vez, el Kuomintang fue derrotado en las urnas al ganar las elecciones el Partido Progresista Democrático (PDD) que ocupó la presidencia del país. Desde estas elecciones ha existido una alternancia de poder en la presidencia de Taiwán (Government portal of the Republic of China, 2022).

Actualmente, en Taiwán existen dos bloques políticos claramente diferenciados. Los dos partidos políticos con mayor importancia nacional, el Kuomintang (KMT) y el PDD, agrupan a una serie de partidos menores dentro de sus bloques, y cada coalición tiene asociado un color: el azul y el verde, respectivamente. Los dos bloques se reparten el país. Tradicionalmente, el voto del KMT es más urbano y más cercano a lo que se podría considerar las élites burocráticas del país y herederos de los chinos emigrados al final de la guerra civil.  Mientras que el PDD basa su voto en pequeños grupos más diversos, desde profesores de universidad a trabajadores de la industria (Babones, 2016).

Entre todas las diferencias que pudiéramos encontrar entre ambos partidos, la que más importante es el comportamiento hacia la República Popular China. El Kuomintang actual, aunque haya pasado el tiempo, es heredero del Kuomintang que se exilió a la isla de Taiwán tras perder la guerra civil y cuyo principal objetivo era la reconquista de la China continental, aunque poco a poco esta idea se ha ido diluyendo debido a la fuerza de los acontecimientos. Hoy por hoy, se antoja imposible que Taiwán consiga hacerse con el control de China, aunque esa es la base teórica de la postura del Kuomintang en cuanto a las relaciones de Taiwán con China. Por esta razón, se puede afirmar que la doctrina del KMT considera la China continental como un asunto cuasi interno y la RPCh no es un país ajeno. De hecho, en 1992, con el Kuomintang en el poder, Taiwán y China llegaron al conocido como “Consenso de 1992” (People´s Daily Online News, 2004).  En este acuerdo, ambas partes establecen que existe “una sola China” aunque dos interpretaciones, esto implicaría que Taiwán renuncia a una independencia futura desligada de la China continental. Además, el KMT fue abriéndose a retomar contactos con China, así se produjo otro hito importante, como fue la reunión presencial entre líderes de ambos países en 2015, precedida de un intercambio de mensajes desde 2009 (BBC, 2017). Lógicamente, esta reunión motivó de gran polémica en Taiwán. Los contactos, llevados a cabo principalmente con finalidad económica, dividieron a la sociedad y fueron vistos como una traición por parte del PDD  (Tiezzi, 2015) y sus seguidores.

Por su parte el PPD marca la diferencia con el KMT al apostar por una identidad de Taiwán como nueva nación, desprendiéndose de su pasado unido al de China, y es conocido como el partido pro-independencia respecto a China y contrario al “Consenso de 1992”. Así lo expresó la actual presidente de Taiwán Tsai Ing-Wen, perteneciente al PPD, en su discurso del 2 de enero de 2019 (Oficina de la Presidencia de la República de China, 2019). Además, no duda en declararse como la fuerza política que luchó por la verdadera democratización de Taiwán. En 2020, la actual presidenta de Taiwán ganó con una amplia mayoría las elecciones y ocupa, por segunda vez y de forma consecutiva la presidencia del gobierno. Esta ocasión será su último mandato dado que no puede gobernar más de dos mandatos legalmente. Previsiblemente, Tsai Ing-Wen mantendrá la política con China que llevó en su primer mandato haciendo un ejercicio de equilibrismo entre aprovechar las oportunidades económicas que brinda China y mantener la distancia con el gigante asiático, intentando rebajar la tensión entre los dos países(Huizong, 2020) y continuar reforzando su identidad nacional, aunque lejos de la declaración de independencia. Las próximas elecciones presidenciales, ya sin la posibilidad de que Tsai revalide, serán vitales parta la futura relación entre Taiwán y China. En las últimas elecciones locales, noviembre de 2022, el KMT obtuvo mejores resultados que el PDD, obligando a la salida de Tsai de la presidencia del partido (Abril, 2022). No obstante, a dos años vista de las próximas elecciones presidenciales, toda previsión carece de valor.

Posición de EEUU respecto a Taiwán

Por otra parte, es necesario conocer la posición política de EEUU. Oficialmente, EEUU rompió relaciones diplomáticas con Taiwán en 1979 (Gobierno de EEUU, 1979), principalmente como consecuencia del restablecimiento de relaciones oficiales con la RPCh, y la adherencia a la visión de “una sola China”. Posteriormente, meses más tarde, el congreso de EEUU aprobó la llamada “Acta de Relaciones con Taiwán” (Congreso de EEUU,1979), documento que guía las relaciones no oficiales entre ambos países, permitiendo la venta de armas a Taiwán para su autodefensa y dejando en una calculada ambigüedad la defensa de Taiwán o no ante un ataque chino.

Desde entonces, EEUU ha seguido apoyando a Taiwán y reconoce tener una “estrecha relación no oficial” (US Department of State, 2022) aboga por una solución pacífica del conflicto y garantiza la venta de material de defensa y servicios que permita a Taiwán mantenerse independiente. También recalca que no apoya su independencia, como tampoco ningún cualquier acto unilateral de uno de los dos adversarios en esta controversia.

La sociedad taiwanesa y china

Como puede deducirse de la situación política, la sociedad taiwanesa está dividida entre mantener el histórico ideal de una sola China y desligarse de esa idea, estableciendo una identidad nacional totalmente independiente de la China continental. Pero entre ambas posturas hay múltiples variantes que conviene analizar, lo que se hará ayudándonos de encuestas que realizadas sobre la población taiwanesa.

Los datos analizados son los que se desprenden de las encuestas realizadas por la Universidad Nacional de Chengchi y su centro de estudios electorales en colaboración con el Programa de Estudios de Seguridad Asiática[4]. Pese a que la metodología de esta encuesta ha sido criticada por los partidarios de una independencia de Taiwán, acusándola de favorecer las respuestas pro-chinas, se demuestra unas clara tendencias (Taipei Times, 2021). La mayoría de los encuestados son partidarios de la independencia de Taiwán si se compara con la unificación o el mantenimiento del statu quo.

Apoyo a la unificación o independencia de Taiwán. Fuente: Taiwanese Public Opinion Foundation

De la evolución a lo largo de los años, de estas encuestas, se puede observar como la identificación con la identidad taiwanesa ha ido creciendo y como la china y la chino-taiwanesa ha ido decreciendo.

Evolución de la identidad de los taiwaneses. Fuente: Election Study Center, National Chengchi University

La sociedad actual taiwanesa que reflejan las encuestas analizadas es heredera de la historia política del Taiwán, especialmente desde mediados del siglo XX. Así los movimientos identitarios taiwaneses tienen un punto de inflexión de la represión ya mencionada del Kuomintang sobre la población taiwanesa en 1947, que es conocido como el incidente 228. Desde entonces, los movimientos pro-independencia han ido ganando adeptos reflejándose en los partidos políticos, liderados por el Partido Progresista Democrático (PDD), que fueron ganando presencia nacional a la vez que la mayor democratización del país, hasta alcanzar la presidencia en el 2000. Desde entonces se aprecia una clara tendencia al apoyo a un Taiwán independiente de China, aunque el propio pueblo taiwanés sea consciente de que una hipotética declaración de independencia provocaría una reacción china. Por lo tanto, la postura oficial del gobierno de Taiwán parece alinearse con una independencia de facto, pero cierta prudencia en las declaraciones oficiales.

Pese a la fuerte polarización del país, es ciertoque existen otras sensibilidades políticas, prueba de ello es el Partido Popular de Taiwán (Aspinwall, 2016), un partido centrista, o el Partido del Nuevo Poder (Van der Host, 2016), que promueve la declaración de independencia de Taiwán y agrupa a la llamada “tercera fuerza”, en contraposición con los que abogan por una China unida (Kuomintang)y los que prefieren mantener el statu quo actual (DPP). Sea como fuere ambos partidos son minoritarios, aunque tengan representación parlamentaria.

Por último, se debe reseñar que la mitad de los taiwaneses creen que EEUU, definitivamente o posiblemente, apoyaría con tropas a Taiwán en una hipotética guerra con China (Focus Taiwan, 2022), lo que da una idea de la confianza que despierta el apoyo de EEUU en Taiwán.

Lazos económicos entre China y Taiwán

De forma paralela a la relación política de Taiwán con China, corre una relación económica. Las inversiones taiwanesas en la RPCh comenzaron en los últimos años de la década de los 70, tras las reformas de Deng Xiaoping (Albert, 2020). Ambos países entraron, prácticamente a la vez, en la Organización Mundial del Comercio (OMC, 2022). China es el principal socio comercial de Taiwán, acumulando cerca del 30% de su comercio exterior y ambos países permiten a bancos y otras formas de inversión operar en los dos países sin trabas legales.

La relación económica entre ambos países se ha incrementado especialmente en el siglo XXI y prueba de esta relación cada vez más fluida ha sido el incremento de vuelos entre la isla y el continente, desde los 270 en el 2009 hasta los casi 900 por semana en la actualidad (Focus Taiwan, 2015).

La relación entre ambas naciones vivió un momento sustancialmente fértil durante el gobierno anterior, el del presidente taiwanés Ma Ying-jeou, perteneciente al Kuomintang. Así, del 2008 al 2016, se formaron numerosos pactos económicos entre ambas partes, incluyendo el Acuerdo Marco de Cooperación Económica (ECFA, en sus siglas en inglés)  (Economic Cooperation Framework Agreement, 2016) en el que se eliminaban las barreras comerciales entre los dos países. Obviamente, este acercamiento económico estuvo rodeado de la polémica ya explicada y que tuvo su punto de máxima crispación coincidiendo con el encuentro de los dos presidentes en 2015. No obstante, estos acuerdos beneficiaron a la economía Taiwanesa, pero es de suponer que, por su rechazo popular, fueron una de las causas de la derrota electoral del KMT en 2016.

Tras la crisis provocada por el COVID-19 el intercambio entre ambos países ha continuado y se ha incrementado. En el año 2020 se alcanzó el record de exportaciones de Taiwán a China, liderado principalmente por productos relacionados con la alta tecnología, como los semiconductores (Blaser, 2021) y esa tendencia se ha mantenido.

De hecho, tratando de evitar una dependencia demasiado acusada respecto al mercado chino, Taiwán ha llegado a acuerdos con otros países, como Nueva Zelanda, y ha doblado su inversión en países del sudeste asiático (Roman, 2016). Y este camino es el escogido por Tsai Ing-Wen, la actual presidenta de Taiwán (Cooper, 2020), incrementado con la “New Southbound Policy” desde 2016 (Maizland, 2022). Esta evolución, es decir, el aumento del comercio con China, pero en mayor medida con el resto del mundo se puede observar en el siguiente esquema.

Comercio de Taiwán con China y con el resto del mundo. Fuente: Council of Foreign Relations

La asertividad de Xi

Desde la llegada de Xi Jimping a la presidencia de la RPCh en 2013, ha dejado claro su voluntad de “recuperar” Taiwán. Primero retomando los contactos con políticos taiwaneses, en concreto con el anterior presidente de Taiwán, perteneciente al Kuomintang, y en el marco del “Consenso de 1992”. Esta buena relación entre líderes cambió con la llegada de Tsai a la presidencia de Taiwán.

Por otro lado, incrementó la influencia económica de China en Taiwán, utilizada por China (no sólo con Taiwán) como una herramienta de softpower. China es el principal mercado para Taiwán, lo que le da una influencia sobre la isla que, como se ha analizado, Taiwán trata de reducir diversificando sus exportaciones.

Además, el presidente chino ha utilizado una retórica que no deja lugar a dudas. Por citar dos ejemplos, en el cuadragésimo aniversario de la reanudación de las relaciones entre ambos países expresó que Taiwán “debe y será” parte de China en el marco de “un país, dos sistemas” y que las relaciones China-Taiwán son un asunto interno chino y no tolerará injerencias externas (BBC, 2019). Otro ejemplo al respecto tuvo lugar en la visita de Xi Jimping a un cuartel chino, en el que dijo a las tropas que debían estar “en alto estado de alerta” (Westcott, 2020).  

También China acostumbra a otras medidas de presión, como maniobras militares cerca de Taiwán (Lendon, 2020), especialmente cuando EEUU entra en escena (Bloomberg, 2020). Dentro de la organización de las FAS chinas, es el Mando del Teatro Este, es el más cercano a Taiwán, el que más se dedica a estas acciones, mostrándolo de forma pública (China Armed Forces, 2022).

Además, Taiwán ha informado de millones de ciberataques a sus agencias gubernamentales desde China, acciones que han aumentado en los últimos años (Cheung, 2021) y que China desmiente. La amenaza de China hizo que Taiwán, ya en enero del 2001, crease la Fuerza nacional de Seguridad de las comunicaciones e información, germen del actual Centro Nacional de Tecnología de Seguridad Cibernética (NCCST, 2022).

China ha tomado ciertas medidas como cortar las comunicaciones con Taiwán, restringir el turismo chino en la isla o presionar a hoteles y otras empresas para incluyan a Taiwán como una provincia más de China (Maizland, 2022).

Otro ámbito en el que China ha aumentado su presión sobre Taiwán es el de las organizaciones internacionales. El asiento de China en la ONU era ocupado por Taiwán hasta que el crecimiento de la RPCh y la presión internacional desbancó a Taiwán en 1971 y como consecuencia también salió de las organizaciones ligadas a la ONU. Un ejemplo ilustrativo de la relación de Taiwán con las Organizaciones Internacionales en las que influye China, ha sido el rechazó de los directivos de la OMS (Organización Mundial de la Salud) a las opiniones y gestión de Taiwán de la pandemia originada por el COVID (Chieh-chi, 2020), pese a haber sido exitosa.   

Desde el punto de vista diplomático, China ha logrado que sólo 15 países reconozcan Taiwán como un país independiente, de hecho, los países que tienen relaciones diplomáticas con China no pueden tenerlas también con Taiwán (Yip, 2020). Pero la política internacional de Taiwán ha seguido su desarrollo y, aunque no de forma oficial, y tiene una agenda internacional propia y de importancia, siendo apoyado por EEUU, Australia y países europeos en sus intentos de entrada en NNUU.

Actualmente, Taiwán se encuentra que el peso de China en las organizaciones internacionales ha ido creciendo, al igual que su poder económico, por lo que difícilmente podrá evitar su veto. Sin embargo, Taiwán ha participado en otros encuentros internacionales como en la OCDE, ha sido considerado como posible miembro del Acuerdo Progresivo y Comprensivo Transpacífico (CPTPP)[5] y ha estado presente como invitado en maniobras militares con países del océano Pacífico. En definitiva, la lucha diplomática continúa.

La posibilidad de una invasión

Tras la invasión de Ucrania por parte de Rusia, muchos han creído conveniente establecer un paralelismo entre ese hecho y un posible intento chino de anexionarse Taiwán. Una vez se han analizado diversos aspectos en este artículo conviene detenerse en los argumentos que acercan la posibilidad de una invasión china sobre Taiwán y los que la alejan.

El gobierno chino ha expresado en numerosas ocasiones que la unión de toda China, separada en Taiwán y la China continental desde el fin de la guerra civil, es un anhelo irrenunciable (Skylar, 2021). Además, no sólo lo ha expresado Xi Jimping, también Le Yucheng, vicepresidente de asuntos exteriores, lo hizo y aseguró que “ninguna opción está excluida”, lo que parecía abrir la puerta a una intervención armada.

Ese tipo de declaraciones parecen tener una doble motivación. Por un lado, reafirman el creciente nacionalismo chino y, por otro, tratan de “convencer” a los taiwaneses de que la unificación pacífica es el mal menor. La presión de China tiene numerosas aproximaciones: la campaña diplomática y política, la coacción económica, todas ellas para resta apoyos a Taiwán. Además, China defiende internacionalmente la no injerencia en asuntos internos (Taiwán lo es para China). Todas estas herramientas pretenden aislar a Taiwán y que el país se vea cada vez más débil e incapaz de aguantar la presión china.

Sin embargo, la sociedad taiwanesa parece no ceder, quizás la reelección de su presidenta en 2020, Tsai Ing-Wen conocida por su alejamiento de una unificación, ha sido el hecho más claro en este sentido. También, la tendencia de la opinión pública (de acuerdo a las encuestan ya analizadas) alejan la posibilidad de una unificación voluntaria por parte de Taiwán.     

La percepción del alejamiento de una reunificación pacífica, la asertividad de Xi Jimping, que aspira a que uno de sus legados sea la anexión de Taiwán, son los principales argumentos que acercan la posibilidad de una acción armada, pero no los únicos. La modernización del Ejército Chino ya es un signo de alerta para muchos analistas, que ven a las FAS próximas al nivel suficiente para una operación de las características necesarias.

Además de las declaraciones de miembros del gobierno, tanto la opinión pública china, de acuerdo al periódico Global Times[6] (Global Times, 2022), como expertos militares, analistas y funcionarios de China son cada vez más favorables a la anexión (Yongxin, 2022). Obviamente, este clima favorece los deseos del gobierno.

Ahora bien, si China se plantea una invasión, ¿cuáles serían los pasos a dar? Desde un punto de vista hipotético, China comenzaría con acciones quirúrgicas con sus misiles de largo alcance y sus aviones, para continuar con un bloqueo naval, aéreo y cibernético. Si Taiwán siguiese resistiendo, quedaría la baza de una invasión a través de un desembarco anfibio.

Ante este hipotético escenario, el de una acción militar, existen una infinidad de variables, siendo el papel de EEUU la más importante. Ante la especial relación existente entre EEUU y Taiwán, cabe preguntarse hasta donde se involucraría en la defensa de Taiwán. Obviamente, un EEUU implicado en evitar la anexión de Taiwán es la mayor disuasión parta el gobierno de Pekín (Skylar, 2021).

Además del problema que pudiera suponer EEUU, existirían otros impedimentos si China actuase de forma beligerante sobre la isla. La reacción de la comunidad difícilmente sería favorable a una acción de este calibre. Puede que hubiese disparidad de posturas, e incluso recabase apoyos entre países, siendo alguno de ellos incluso potencias. Pero buena parte de los vecinos de China confirmarían sus temores sobre el papel del gigante asiático. Para muchos de estos países el ascenso de China como gran potencia despierta recelos y pone en duda su apuesta por el “multilateralismo” (Xinhua, 2022). Una acción bélica confirmaría los malos presagios y alejaría a muchos de China.   

Además, China tendría que enfrentarse a otras dificultades propias de la operación en sí misma: ¿Cómo mantener una bloque naval y aéreo durante un largo periodo de tiempo? Conseguir que ninguna nación gobierne con Taiwán se antoja complicado sin escalar el conflicto. Además, históricamente estas acciones no suelen ser una buena opción (Odell, 2021). Sólo una rápida invasión sin apenas resistencia sería claramente beneficiosa para China. Si no es así China debería enfrentarse a la no colaboración de otras naciones, posibles sanciones económicas, el desgaste económico derivado del conflicto, etc. Además, la “atención” dedicada a Taiwán, desde el punto de vista militar, iría en detrimento de otro tipo de operaciones habituales como su control de fronteras siendo China el país con la frontera terrestre más larga), las operaciones marítimas en el mar del sur de China, y otros problemas internos (Xinjiang, Tibet, Hong Kong, etc).

Otros problemas a los que se podría enfrentar Pekín es el coste social interno. Pese al creciente nacionalismo chino, los disturbios sociales podrían darse o bien por las consecuencias de la acción sobre Taiwán o por otros motivos aprovechando una hipotética debilidad del gobierno, especialmente las provincias más díscolas (Tíbet, Xinjiang, etc.). 

Por último, China debería pensar en el día después de la invasión. Lidiar con una población mayoritariamente contraria a la presencia china sería un problema y, pese a tener experiencia en control de la disidencia, China debería destinar numerosos recursos a Taiwán y enfrentarse a un problema de largo alcance (Lin, 2021).

En definitiva, existen argumentos para creer en la unificación “forzada” de Taiwán basados en razones históricas, nacionalistas y fruto de la política interna China, pero el éxito está lejos de ser sencillo y existen numerosos problemas potenciales que dificultarían la deseada unificación de una sólo China.

Conclusiones de la relación China-Taiwán

Razones para la unificación. La principal razón de China para querer “recuperar” Taiwán es histórica y nacionalista, ya que como se ha explicado, ambos territorios pertenecían al mismo país antes del fin de la guerra civil china. Recuperar Taiwán significaría cerrar la herida abierta desde el final de la guerra civil china. Además, existe una razón estratégica por la situación geográfica de Taiwán entre el mar oriental de China y el mar del sur de China. Y, probablemente, existe una razón económica. De acuerdo a los planes chinos, Taiwán pasaría a ser otro Hong Kong, una provincia más de China, pero con libertades económicas y políticas. Bien es cierto que el prometido sistema taiwanés iría sufriendo, previsiblemente y poco a poco, su integración en la China comunista, como sucede con el de Hong Kong. También se debe considerar que la bonanza económica de Taiwán haría que una posible adhesión no perjudicase a las arcas chinas. 

Por su parte, la unificación desde el punto de vista de Taiwán no tiene sentido. Sólo el Kuomintang contempla esta posibilidad y parece ser más por herencia de la doctrina propia que por razones prácticas. Obviamente, la posibilidad de que el gobierno de Taiwán se haga con la China continental no es posible. Además, menos del 10% de los taiwaneses se sienten chinos y también menos del 10% desearían una unificación.

Taiwán como aliado de EEUU. Taiwán es, desde el establecimiento del Kuomintang, un aliado preferente de EEUU y esto se demuestra en sus relaciones comerciales y especialmente en el papel de EEUU en la defensa de Taiwán, cuestión que se ejemplifica en lo que a la venta de armas se refiere. Aunque no existe un acuerdo de defensa, propiamente dicho, entre EEUU y Taiwán, la estrecha relación entre ambos países y el rol de EEUU en la región, claramente, incomoda a la República Popular China.

Por otro lado, el gobierno chino ha utilizado su política hacia Taiwán repetidas veces como llamada de atención/aviso en su particular relación con EEUU. En cierta manera, Taiwán es utilizado por las dos potencias como una herramienta para regular su relación mutua.

Sociedad más taiwanesa que china. Por otra parte, en la sociedad taiwanesa cada vez son menos los que se sienten chinos y sus posturas políticas tienen menos representación. También es cierto no existe un excesivo nacionalismo taiwanés y la mayoría de los taiwaneses mantendrían el statu quo actual evitando el conflicto con China.

Las próximas elecciones presidenciales de 2024 en Taiwán serán clave para medir si la sociedad taiwanesa abandona el Kuomintang y sus postulados pro-unificación o vuelve a la alternancia este este partido y el PPD como sucede desde el 2000. Las elecciones locales de 2022 abren el interrogante sobre esta posibilidad.  

La presión china. Las medidas de presión de China sobre Taiwán son: su economía y su peso internacional. Ambas herramientas han sido utilizadas por China para erosionar la voluntad de Taiwán, ganar influencia en el país y reducir su peso internacional.

La economía china es una de las herramientas que tiene a su favor el gigante asiático. A pesar de los esfuerzos de Taiwán por diversificar sus socios económicos, China sigue siendo su mercado de referencia. Las perspectivas de crecimiento de China, unido a las malas o no tan buenas perspectivas del resto del globo dificulta grandemente que Taiwán se sacuda esta dependencia. 

Además, y relacionado con lo anterior, China cada vez tiene un peso mayor global, especialmente en las organizaciones internacionales. Esta posición privilegiada ha sido utilizada para reducir la presencia taiwanesa y su capacidad de influencia en dichos organismos. 

Estas dos medidas de presión, unido a una retórica cuasi-belicista de Xi, han ido ganando fuerza en los últimos años. No obstante, el hecho de que Taiwán sea una democracia le asegura una serie de aliados, más o menos implicados, entre las llamadas democracias liberales (Australia, países europeos y, sobre todo, EEUU).

La posibilidad de una invasión. Teniendo en cuenta los factores analizados, la posibilidad de una invasión o una acción bélica se considera improbable a corto plazo, aunque no imposible. Por una parte, Taiwán no iniciaría una guerra contra China en ningún caso, ni por capacidad propia, ni por apoyo de su población, y limitaría sus acciones a su propia defensa.

Por parte de China, las posibles ganancias de una victoria no compensarían las más que probables pérdidas que supondría una invasión. Además del coste económico, político y social de una guerra, habría que añadir el riesgo que supondría un EEUU implicado, que complicaría la ocupación. También el coste a nivel internacional sería un impedimento. Las posibles sanciones de terceros países y la degradación de su imagen a nivel internacional, en pleno expansionismo económico y comercial, no le conviene al país asiático. Las únicas razones de China para invadir Taiwán son históricas y como respuesta a una aspiración del nacionalismo chino. La retórica nacionalista ha ido ganando terreno en los últimos años y la cercanía del 2049 (año del centenario de la RPCh) hace que la anexión de Taiwán, y la consecuente unificación de China antes del centenario de la guerra civil comience a ser una de las principales aspiraciones de Pekín.

En definitiva, el interés de China en Taiwán y su creciente asertividad podría culminar en una crisis, pero el papel de EEUU y las implicaciones de las acciones chinas en Taiwán (a nivel interno y externo) dificultan una operación sencilla para China. Sin embargo, previsiblemente, China continuará con su política exterior de presión sobre Taiwán, a través de las organizaciones internacionales, haciendo uso de su economía y diplomacia, y, a nivel interno, las autoridades chinas mantendrán sus promesas de reunificación. Por los motivos expuestos es previsible que China busque fórmulas que acerquen a Taiwán a una unificación de facto, sin que se pueda descartar una acción bélica como última posibilidad y que según se acerque el 2049 la tensión continue subiendo en el estrecho de Taiwán.

Referencias

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[1] Curiosamente, y por diferentes razones, Koxinga es considerado como un héroe tanto en la China continental como en Taiwán y en Japón.

[2] En el presente documento cuando se nombre a China y Taiwán se referirá a la R.P.China y la R. China, respectivamente.

[3]       La SEATO fue una organización de defensa regional formada por Australia, Francia, Nueva Zelanda, Pakistán, Filipinas, Tailandoa, el Reino Unido y EEUU. Si principal fundamento fue el tratado de defensa colectiva de Asia, cuya motivación principal era la protección ante el expansionismo comunista, especialmente tras las revoluciones en Corea e Indochina. Lo fundamental de esta organización era el apoyo de EEUU a los países del sudesta asiático ante la amenaza de las comunistas Unión Soviétiva y China. Finalmente, la falta de cohesión de los países integrantes y la practicamente nula respuesta ante crisis y guerras, hicieron que la organización se disolviera en 1977.

[4] Estas encuestas son conocidas como Taiwán National Security Survey (TNSS).

[5]       Es el nombre del Trans-Pacific Partnership, tras la salida de EEUU en 2017.

[6] “GT survey: More than 60% of Chinese optimistic of future international environment despite US containment strategy”. Global Times. 25-12-2022.

https://www.globaltimes.cn/page/202212/1282601.shtml


Editado por: Global Strategy. Lugar de edición: Granada (España). ISSN 2695-8937

Gonzalo Escudero

Capitán de Corbeta (DEM) de la Armada española y Doctor en Geografía

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