La guerra de Ucrania continúa con su desarrollo sin que se atisben soluciones a corto plazo. No abundan las versiones desde el punto de vista ruso, por ello se estima interesante conocer una opinión publicada rusa que aporte una visión desde “el otro lado de la colina”. A continuación, reproduciendo sus expresiones, se esquematiza el articulo “La situación política en Europa” de Andrey Sushentsov director del programa Valdai Club, publicado el pasado 12 de octubre, sin efectuar ninguna aportación propia, algo que, de forma muy sintética se estima al final.
La segunda etapa de la guerra
La guerra de Ucrania, desde el punto de vista ruso expresado por Sushentsov, ha entrado en una segunda etapa. Reconoce que la complejidad del conflicto hace especialmente difícil analizar y predecir su evolución. Considera que el conflicto surge de una pugna sociocultural no resuelta entre dos grupos cívico-políticos con objetivos directamente opuestos para el desarrollo del estado ucraniano.

Se contempla a los participantes en el conflicto divididos en seis grupos que persiguen diferentes objetivos estratégicos: Estados Unidos, la “Nueva Europa” (Gran Bretaña, Polonia, los Países Bálticos, República Checa, Eslovaquia), la “Europa Occidental” (Italia, Francia, Alemania), la unión de Rusia y Bielorrusia y los aludidos como “Puertas de Entrada” (Turquía y Hungría), así como la propia Ucrania.
En la primera etapa de la crisis, la estrategia de cada grupo de los grupos fue muy diferente. Estados Unidos pretendía provocar a Rusia y utilizar fuerza para debilitarla hasta retirarla como una potencia de primera fila en la política mundial. La estrategia de Washington también pretendería privar a la Unión Europea de su “autonomía estratégica” mediante la “represión” de las élites políticas independientes y la reducción sustancial de recursos para ejercer política exterior independiente y pragmática.
La estrategia de los países de “Nueva Europa” se puede describir usando una nueva versión de la metáfora de Ismay, “Lord Ismay 2.0”: cerrar permanentemente el acceso de Rusia a los asuntos de Europa, asegurar de manera permanente una presencia estadounidense en “Europa del Este” y también disuadir los impulsos de autonomía entre los países de “Europa Occidental”.
Los países de la “Europa Occidental” se abstuvieron en la determinación de objetivos de la crisis “delegando” en los Estados Unidos; los países de la “Nueva Europa” afrontaron las primeras semanas de la crisis con mucha confusión. Los “Países de Entrada”, Turquía y Hungría, practicaron una estrategia oportunista, buscando la manera de obtener lo más posible del conflicto ucraniano, ya sea en el plano político (en la lucha contra Bruselas y Washington) o en el económico, actuando como puerta de entrada para la continuación de la interacción ruso-europea.
Contempla la estrategia de Ucrania bajo la denominación “Cuba 2.0”, cuyo objetivo es la supervivencia del proyecto político de Ucrania occidental a toda costa. Así como en el punto álgido de la Crisis de los Misiles en Cuba, Fidel Castro llamó a la URSS a lanzar un ataque nuclear contra los Estados Unidos en nombre de los objetivos de supervivencia del proyecto comunista, el liderazgo actual en Kiev también está listo para reconstruir la coyuntura.
El objetivo de Rusia era eliminar el punto de apoyo militar amenazante en Ucrania, mientras les obligaba a gastar los recursos disponibles; obligar a Occidente a negociar una nueva arquitectura de seguridad en Europa; romper la interdependencia económica asimétrica con Occidente y, finalmente, consolidar la “mayoría mundial” en la plataforma de combate al neocolonialismo occidental.
El otoño de 2022 se considera como referencia para valorar la eficacia de la estrategia de cada grupo de actores en el conflicto. Se admite que el éxito de Estados Unidos se puede atribuir al hecho de que el gobierno ucraniano no colapsó en los primeros meses de hostilidades. Washington logró una ruptura definitiva en las relaciones de Rusia con la Unión Europea y consolidó el control sobre las naciones clave del continente europeo. Los fracasos de Estados Unidos incluirían el hecho de que, a pesar de la enorme presión, Moscú continúa con operaciones militares activas con recursos relativamente limitados y retiene la iniciativa estratégica.
Los países de la “Nueva Europa” han logrado que Estados Unidos se implique activamente en los asuntos europeos, así como la consolidación política interna de sus gobiernos para abrazar la política antirrusa, lo que compensa en parte el descontento de la población por la caída del nivel de vida. Los fracasos de la “Nueva Europa” se materializan en profundas crisis económicas, sociales y migratorias; que aún no está claro cómo lo compensarán.
Se considera que los presuntos éxitos estratégicos de los países de “Europa Occidental” no son tan evidentes. Berlín, París y Roma se enfrentan a crisis económicas y energéticas sin precedentes, inflación galopante y riesgos de desestabilización política. Estos riesgos se han visto significativamente exacerbados por el hecho de que los ciudadanos sostienen la prolongación del conflicto con su propio dinero. Hay una pérdida de iniciativa de la “Vieja Europa” en el desarrollo de la crisis, que ha sido interceptada por Estados Unidos y la “Nueva Europa”. La decisión política europea de transición a una economía verde, se ha demostrado que no está respaldada por ningún argumento inteligible. El anunciado retorno del interés por la industria militar nacional puede interpretarse como un éxito relativo, pero por lo demás, los parámetros de éxito para este grupo de países son difíciles de determinar.
A los “Países de Entrada”, Hungría y Turquía, se les reconoce una actuación más exitosa. Han aumentado su autonomía frente a Washington y Bruselas, y también se ofrecen como plataformas para las negociaciones diplomáticas tras el conflicto, lo que potencia su peso político internacional. No siguieron su trayectoria sin riesgos: la presión de los aliados está aumentando contra ellos para “devolver a Ankara y Budapest al sitio correcto”. La Unión Europea amenaza con dejar de subvencionar la economía húngara, mientras que Estados Unidos impone sanciones a Turquía y suministra armas a Grecia.
Ucrania actúa como actor activo en la guerra y aporta el campo de batalla entre Rusia y Occidente. El éxito de Ucrania se puede atribuir a la supervivencia del gobierno de Zelensky, la consolidación de su control sobre la vida del país y su capacidad para sacar a la oposición del campo político. En el exterior, la continuación sistemática de la asistencia internacional a Ucrania garantiza victorias tácticas en el campo de batalla y mantiene la imagen de un país resistente que necesita apoyo. Las pérdidas para Ucrania son más significativas: el colapso económico, la pérdida de una parte importante de su territorio y población, así como la incapacidad de realizar operaciones militares confiando únicamente en sus propias fuerzas, todo esto pone en duda la viabilidad futura de la incluso dentro de las nuevas fronteras actuales.
El punto de vista de la actuación de Rusia, durante los últimos seis meses de la campaña militar, enfatiza que se ha eliminado la mayor parte de los recursos militares de Ucrania, así como los medios del país para reponerlos. El resultado de este éxito en la primera etapa de las hostilidades fue la adición de un nuevo territorio por parte de Rusia con una población de muchos millones, así como la provisión de un corredor terrestre estratégicamente importante entre Rusia y Crimea. Moscú logró consolidar gran parte de la comunidad internacional que no se unió a Occidente apelando a la lucha contra el neocolonialismo. Sus fracasos en la primera etapa incluyen la falta de una victoria decisiva y la prolongación de las hostilidades, lo que hace que las negociaciones con los líderes occidentales sobre el futuro del sistema de seguridad europeo sean una perspectiva más lejana. Aunque los viejos cimientos del modelo económico de relaciones entre Rusia y Europa se han roto, aún no se vislumbran nuevos, y sus contornos comenzarán a emerger solo después de que la crisis entre en una fase decisiva. En la situación actual, Rusia asume que el tiempo está de su lado; por eso no relaja la prioridad de gasto.
Se identifica la transición a una segunda fase de la guerra de Ucrania. La determinación de Rusia por la victoria es muy significativa. Se reconoce que, a pesar del agotamiento de los recursos propios, Ucrania dispone de un substancial apoyo occidental que no se debilita. Esto anuncia que la confrontación político-militar entre Rusia y Occidente entre en el 2023 sea altamente probable. ¿Cuáles serán sus parámetros? Hasta ahora, Estados Unidos ha logrado movilizar a la UE para que apoye a Ucrania, pero a medida que la crisis se prolongue, la voluntad de los europeos de continuar la confrontación inevitablemente se desvanecerá. Los “Países de Entrada” buscan la manera de aumentar su iniciativa estratégica para encontrar un equilibrio favorable entre Rusia y Occidente.
Consideración final
Una somera interpretación del artículo de Sushentsov apunta a un conflicto prolongado y de atrición, que identifica con el cambio de fase. Es importante la categorización que hace de los distintos actores, señalando la falta de cohesión europea, por lo que sublima el enfrentamiento entre Estados Unidos y Rusia.
Está por ver si el tiempo discurre a favor de Occidente.
