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Afganistán: lecciones aprendidas

https://global-strategy.org/afganistan-lecciones-aprendidas/ Afganistán: lecciones aprendidas 2021-08-23 14:52:00 Augusto Conte de los Ríos Blog post Estudios Globales Afganistán Asia Central
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En una entrevista al General de Gaulle, un periodista le preguntó por qué era antiamericano, respondió que no era en absoluto hostil a los estadounidenses, sino que siempre trató de advertirles en política exterior contra su: incommensurable bêtise et leur incroyable stupidité[1].

La democracia al estilo occidental, impuesta artificialmente a un país que no está predispuesto a ella, puede volverse explosiva rápidamente. La fórmula es sencila, e incluso inmoral, sin embargo, revela un aspecto esencial de la realidad. Hay que decirlo de nuevo: la democracia no puede florecer en un entorno de radicalmente ajeno a ella y en donde su semilla nunca florecerá sin mantenerla regada en continuo.

El fracaso de Estados Unidos y sus aliados en Afganistán fue probablemente inevitable: sin embargo, sigue siendo una humillación que termina veinte años después del 11-S, un ciclo político marcado por la mal llamada guerra global contra el terrorismo GWOT (del inglés Global War on Terrorism)[2].

De la experiencia en Afganistán se deben identificar muchas lecciones identificadas (LI) que una vez analizadas, se deberían convertir en lecciones aprendidas (LL, del inglés Lessons Learned)[3]. La principal lección aprendida que se repite a través de la historia es que para que una fuerza exterior, sin logística en el país, derrote a una fuerza local que cuenta con el apoyo de la población y se mueve por fronteras porosas, y con vecinos amigos, se requiere mucho tiempo, paciencia y la aplicación de todos los instrumentos del poder, y en ningún caso, será sencillo.

Hace una semana los talibanes entraron en Kabul completando su avance sobre las fuerzas afganas. El ejército afgano, de 300.000 hombres entrenado y equipado por Estados Unidos y sus aliados, desapareció. España y el resto de los aliados que llevaban veinte años comprometidos adiestrándolos y tratando de mejorar su vida, vimos como todo nuestro trabajo de décadas fue derribado en el plazo de días, el tiempo que tardaron los talibanes en llegar a Kabul.

El 29 de febrero de 2020, Estados Unidos y los talibanes firmaron un acuerdo para traer la paz a Afganistán, el llamado Acuerdo de Doha que ha contado con el apoyo unánime de la Comunidad internacional y fue avalado expresamente por una Resolución del Consejo de Seguridad de NNUU, 2513, del 10 de marzo[4]. Esto lo digo para los que ahora lo critican, pero no dijeron nada entonces. ¡A toro pasado todos somos Manolete!

En primer lugar, hay que oponerse a llamar a esta misión guerra. La mal llamada guerra global contra el terrorismo ha sido un conflicto en donde no se enfrentaban dos fuerzas regulares, y por eso, llamarle guerra es darle fe y credibilidad al oponente. El terrorismo se debe combatir de otra forma, con leyes, ejércitos y mucha reeducación del poder blando en esa sociedad vinculada al terrorismo, no enviando a elementos externos que han vivido cómodamente en la diáspora, hay que buscarlos dentro de esa sociedad, y eso no es una guerra, es mucho más. 

En segundo lugar, podemos olvidarnos del dominio de las grandes potencias sobre los territorios periféricos. Estados Unidos tiene múltiples ejemplos, y no es solo Vietnam, también fue Filipinas. Tras el desastre del 98, los tagalos se levantaron contra los estadounidenses durante años. Ahora, con el crecimiento de la población de los países periféricos y el auge de las ideologías radicales islamistas las naciones occidentales son incapaces de conquistar a quienes no quieren rendirse, ni cambiar, algo que recuerda al mito de Sísifo obligado a un trabajo inútil y sin esperanzas.

En tercer lugar, volviendo a la guerra global contra el terrorismo, sin identificar cuál, nos lleva a la asociación de todos los grupos terrorista, excepto cuando sean forzosamente enemigos entre sí y aún así, no se alíen como hemos visto. Esta guerra fue un proyecto insensato desde su inicio, no sólo porque no se podía ganar, sino porque llevó a asociarse a los terroristas musulmanes de Oriente Medio, África y Asia. Ahora no tienes un enemigo, sino muchos enemigos en todos los territorios musulmanes en donde haya conflicto y disputa, véase el caso de Mali, Siria, Irak, Somalia o Libia.

Por último y más importante, volviendo a Sísifo, no debemos olvidar la historia. Ni los británicos en 1842, ni los soviéticos en 1989, ni ahora la OTAN, han sido capaces de imponerse sobre unos combatientes que no cuentan ni con los medios ni con el adiestramiento de sus adversarios, pero sí con la voluntad de vencer y que lucha por su territorio, por su familia, por su tribu y por su clan.

¿Hay algo más primitivo? No es fácil encontrar en la historia reciente ejemplos en los que una fuerza exterior se enfrente a una local y consiga vencerla, sin destruirla completamente. Esta imbatibilidad de la insurgencia local no es exclusiva del afgano, recordemos a españoles contra franceses en el siglo XIX, fue nuestra voluntad de vencer la que dio energía para derrotar a un enemigo mucho mejor preparado que había salido victorioso contra los mejores ejércitos europeos.

Terminando ya, hemos señalado varias lecciones identificadas que nos llevaran a elaborar un catálogo de lecciones aprendidas, pero hay muchas lecciones que nos son del ámbito de la milicia sino del político y aquí vemos que, o no aprenden de la historia o no cuentan con un proceso de lecciones aprendidas como el nuestro[5]. Tal y como diría de Gaulle: solo buscamos advertidles de no hacer estupideces.

Sirva esto para dedicar estas palabras a todos los caídos, especialmente al centenar de españoles que murieron sirviendo a España, luchando por un ideal, la protección de los débiles y las mujeres. A ellos rindo mi más sincero homenaje y dedico este pequeño tributo.


[1] Bock-Côté, M. (21-8-21). Afghanistan, la fin d’une grande illusion. Le Monde. Disponible en: https://www.lefigaro.fr/vox/monde/mathieu-bock-cote-afghanistan-la-fin-d-une-grande-illusion-20210820 (22-8-21).

[2] Para saber más de la GWOT, Pérez Pacificador, C., García Iraola, J. y Lago Ochoa, A. (2012). La guerra global contra el terrorismo (GWOT). Boletín de Información del CESEDEN, 324, pp. 7-48.

[3] Ver: Portal de lecciones aprendidas de la OTAN. Disponible en: https://www.jallc.nato.int/managing-nato-lessons-learned-portal (22-8-21).

[4] Ver ficha de Afganistán del Ministerio de Exteriores. Disponible en: http://www.exteriores.gob.es/documents/fichaspais/afganistan_ficha%20pais.pdf (22-8-21).

[5] Para conocer el proceso de Lecciones Aprendidas, se recomienda el manual editado por Joint Analysis Lessons Learned Centre. NATO (2016). Lessons Learned Handbook. Disponible en:  https://www.jallc.nato.int/application/files/3116/0261/5919/Lessons_Learned_Handbook_3rd_Edition.pdf (22-8-21).

Augusto Conte de los Ríos

Augusto Conte de los Ríos es Capitán de Fragata de la Armada española . Jefe de Estudios y Subdirector Escuela de Submarinos “Almirante García de los Reyes” en Cartagena

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