El plan alemán
Paradójicamente, el despliegue de tropas británicas en suelo heleno selló el destino de Grecia, al provocar la intervención alemana. Si bien el Mediterráneo era un escenario muy secundario para Hitler, la presencia de bases aéreas británicas en territorio griego ponía al alcance de los bombarderos de la R.A.F. los pozos petrolíferos de Ploesti (la única fuente de petróleo accesible a los alemanes, fuera de las importaciones desde la Unión Soviética, posibles gracias al pacto germano-soviético de 1939, y que se terminarían lógicamente cuando se iniciase la ya prevista invasión alemana de la Unión Soviética). Evitar que la R.A.F. tuviese alcance sobre los pozos de Ploesti implicaba expulsar a los británicos del territorio continental y también de la isla de Creta. Además de ello, existía la posibilidad de que los británicos llegasen a desplegar un contingente terrestre importante en suelo griego – como habían intentado hacer en 1915 con su desembarco en Gallípoli -, amenazando el flanco sur de las fuerzas alemanas que operarían contra la Unión Soviética. Ninguno de estos dos riesgos era aceptable, por lo que el despliegue británico en Grecia hizo inevitable la intervención alemana.

La situación en los Balcanes parecía muy favorable a Alemania: Hungría, Rumanía y Bulgaria eran signatarios del Pacto Tripartito, lo que los convertía en aliados de Alemania. De los Estados balcánicos, solo Yugoslavia (sometida a fuerte presión diplomática y comercial) y Grecia estaban libres de la influencia alemana.
La directiva número 20 del OKW, del 13 de diciembre de 1940, ordenaba la invasion de Grecia – “Operación Marita” -, que debía estar completada en marzo de 1941. Para ello, contemplaba el paso de tropas por Bulgaria y/o Yugoslavia. El rey de Bulgaria, Boris III, no presentó objeciones al paso de tropas alemanas desde Rumanía hacia Grecia: Bulgaria mantenía contenciosos fronterizos con Grecia desde la Primera Guerra Balcánica de 1912, y el apoyo a la invasión alemana parecía el modo ideal para resolver esos contenciosos de forma favorable a los intereses búlgaros. Así, en febrero de 1941, el 12º Ejército alemán comenzaba a cruzar el Danubio desde Rumanía para entrar en territorio búlgaro, con el fin de iniciar su despliegue para las operaciones contra Grecia. Dos Divisiones Panzer se desplegaron en la frontera entre Bulgaria y Turquía, para disuadir a los turcos de intervenir en el conflicto.
No obstante, la frontera entre Bulgaria y Grecia era muy abrupta, y los griegos habían construido sobre ella la “línea Metaxas”, una línea fortificada con obras del estilo de las de la “línea Maginot”, menos complejas que las francesas, pero apoyadas en un terreno mucho más abrupto, por lo que los alemanes podían esperar una importante resistencia. Sin embargo, el paso por Yugoslavia permitiría rodear la “línea Metaxas” por el Oeste y desbordar la “línea Haliacmon” por el Norte. En realidad, ninguna de las dos líneas fortificadas podía suponer más que un retraso para la Wehrmacht, pero la prevista invasión de la Unión Soviética hacía crítica cualquier dilación en los Balcanes que pudiera suponer un retraso en las operaciones en Rusia. Consecuentemente, conseguir la autorización del gobierno yugoslavo para cruzar su territorio presentaba muchas ventajas para los alemanes.
Yugoslavia
Yugoslavia era un Estado artificial, creado al final de la Primera Guerra Mundial uniendo a Serbia las tierras pobladas por los eslavos que estaban en poder del Imperio Austro-Húngaro: Croacia, Bosnia y Eslovenia, además de la región húngara fronteriza con Serbia, con el fin de dar un colchón de seguridad a la capital, Belgrado, situada prácticamente en la frontera con Hungría. Serbia había combatido en el lado aliado en la Primera Guerra Mundial, y la creación de una Yugoslavia bajo dominio serbio había sido la ‘recompensa’ de los aliados por la contribución serbia al conflicto (en términos porcentuales, Serbia fue el Estado que sufrió más bajas – militares y civiles – en la Segunda Guerra Mundial).
Pese al teórico carácter ‘multiétnico’ del Estado, en la práctica, los serbios dominaban completamente el país. La monarquía serbia de los Karageorgevic se hizo con el trono del ‘reino de los Serbios, Croatas y Eslovenos’. La delimitación de las fronteras de Yugoslavia tras la Primera Guerra Mundial incluyó en el país tierras que nunca habían pertenecido a los eslavos (como el Norte de la actual Serbia, bajo dominación húngara desde hacía nueve siglos), y amalgamaba poblaciones con tres religiones distintas (católicos croatas y eslovenos, musulmanes bosnios y ortodoxos serbios, macedonios y montenegrinos), que usaban dialectos diferentes y que escribían con alfabetos distintos (latino y cirílico).
Además, incluían regiones con estructuras económicas y niveles de riqueza muy diferentes, y todo ello en un país con una orografía abrupta que dificultaba las comunicaciones. Incluso en las regiones en las que convivían minorías étnicas, los pequeños núcleos de población estaban habitados por una sola de ellas, y los núcleos mixtos estaban frecuentemente divididos en barrios monoétnicos. En consecuencia, la historia del país fue muy convulsa, caracterizada por los intentos de los serbios de imponer su hegemonía y por la resistencia a ello del resto de las comunidades que formaban el país.
Yugoslavia heredó también los contenciosos fronterizos que mantenía Serbia con sus vecinos, que se arrastraban desde la Primera Guerra Balcánica de 1912 (con Grecia y Bulgaria), más los que se crearon como consecuencia del final de la Primera Guerra Mundial (con Albania, con Hungría, con Bulgaria y con Italia). Su adhesión al Pacto Balcánico fue un intento –fallido– de protegerse del expansionismo de sus vecinos.
En 1940-1941, Yugoslavia estaba rodeada completamente por Estados aliados de los alemanes (excepto por un pequeño tramo de frontera con Grecia), y muy presionada para adherirse a ellos. Ante estas circunstancias, el regente – el príncipe Pablo Karageorgevic, en nombre de su sobrino menor de edad, Pedro II – se adhirió al Pacto Tripartito (el 25 de marzo de 1941, pero incluyendo una salvaguarda en la que excluía la autorización de paso de las fuerzas alemanas destinadas a la invasión de Grecia). La decisión del regente yugoslavo suponía un cambio total de sus alianzas históricas, lo que resultaba impensable para los nacionalistas radicales serbios. En consecuencia, el 27 de marzo, un golpe de Estado encabezado por la oficialidad del Ejército (esencialmente serbia), derribó al regente. Pese a ello, la realidad geopolítica seguía siendo la misma, y el nuevo gobierno del general Simovic intentó – sin éxito – llegar a algún tipo de acuerdo con Alemania: la caída del regente yugoslavo ofrecía a los alemanes una excusa para invadir Yugoslavia, y, desde allí, Grecia. En efecto, el 6 de abril de 1941, los alemanes comenzaron la invasión de ambos países.
Para los alemanes, la invasión de Yugoslavia era solo un esfuerzo auxiliar, pues su objetivo era la invasión de Grecia. Así, para el mando alemán, la ‘operación Marita’ era una sola acción, mientras que Yugoslavia y Grecia plantearon de forma independiente la defensa de su territorio.
La defensa griega
En el caso de Grecia, todas las tropas encargadas de la defensa (incluyendo las británicas) estaban puestas bajo la autoridad del general Papagos, jefe de las fuerzas griegas. Pese al consejo británico de concentrar su defensa en la ‘línea Haliacmon’, el general Papagos consiguió que el plan de defensa coordinado con los británicos contemplase la ocupación de la ‘línea Metaxas’ (cubierta por tres Divisiones y una Brigada de Infantería, que se repartían a lo largo de los 170 km de extensión de la línea) y que, en caso de que los alemanes superasen esa línea, las fuerzas anglo-griegas condujesen una operación de retardo hacia la ‘línea Haliacmon’. También quedarían fuerzas griegas defendiendo Salónica. Las tropas griegas situadas en Albania – unas doce Divisiones, que constituían la gran mayoría del Ejército griego – se mantendrían a la defensiva, aprovechando el terreno montañoso. La frontera entre Yugoslavia y Grecia – el valle entre Monastir y Florina, la parte crítica del dispositivo de defensa, pues carecía de obstáculos naturales que pudieran cerrar el avance alemán desde Yugoslavia – quedaba relativamente indefensa, aunque Papagos confiaba en que los alemanes necesitarían un tiempo relativamente largo para derrotar a los yugoslavos y cruzar el país. Durante ese tiempo, Papagos esperaba poder reorientar su defensa hacia donde fuese necesario, según la evolución de los acontecimientos.
A pesar de aceptar – sobre el papel – los planes defensivos de Papagos, las fuerzas británicas se mantuvieron tras la ‘línea Haliacmon’, al juzgar su jefe, el general Maitland Wilson, que eran insuficientes para combatir a los alemanes en Tracia. A la Fuerza ‘W’ se añadieron dos Divisiones de Infantería griegas, puestas bajo la autoridad de Wilson. Desde allí podrían cerrar el hueco defensivo existente en la frontera entre Grecia y Yugoslavia, el eje Monastir-Florina, en caso de necesidad. En conjunto, de las veintiuna Divisiones griegas disponibles, doce se mantendrían en Albania, con una más en reserva, haciendo frente a los italianos, dos permanecerían en la Macedonia griega junto con las dos Divisiones británicas de la Fuerza ‘W’, tres Divisiones y una Brigada defenderían los 170 km de la ‘línea Metaxas’ y dos Divisiones y una Brigada actuarían como reserva tras la ‘línea Metaxas’ y guarnecerían Salónica. En conjunto, inicialmente solo seis Divisiones griegas se enfrentarían al potente 12º Ejército alemán.
La defensa yugoslava
En cuanto al Ejército yugoslavo, su situación era más difícil de lo que aparentaba. En tiempo de paz, el Ejército yugoslavo contaba con unos 30.000 efectivos, incluyendo 2.000 en su Aviación. El proceso de movilización preveía la constitución de hasta 28 Divisiones de Infantería y tres de Caballería, además de multitud de unidades menores destinadas fundamentalmente a la defensa de fortificaciones fijas. Entre los 30.000 efectivos permanentes, poco más de mil ochocientos eran oficiales, que se debían repartir entre las Divisiones que se crearían como consecuencia del proceso de movilización. Este número era claramente insuficiente para proporcionar un mínimo de personal profesional para el número de unidades previstas, por lo que la calidad de las unidades resultantes del proceso de movilización era muy baja.
Su armamento, doctrina y equipamiento databan de la PGM, aunque había hecho un importante esfuerzo de modernización en los años de entreguerras, con adquisiciones de material fundamentalmente de origen checo, italiano y francés. Como consecuencia de esa orientación doctrinal, el Ejército yugoslavo contaba con una numerosa Artillería de Campaña – unas 4.000 piezas, de las que unas 1.700 eran relativamente modernas -, pero con una movilidad reducida y basada en el uso de caballos. La Artillería incluía a las unidades contracarro, con más de 800 modernos cañones checos de 37 y 47 mm, muy eficaces contra los carros alemanes de la época. También disponían de unos 900 cañones antiaéreos, la mayoría, ligeros, de 15 y 20 mm, de origen italiano y checo. Su motorización era relativamente escasa, con dos Batallones de Infantería Motorizada por cada una de las Divisiones de Caballería, y dos Batallones de Carros independientes, uno con 56 vetustos Renault FT-17 y otro con 54 más modernos Renault R-35 y una Compañía independiente de cazacarros, con ocho ejemplares del S-I-j checo, una pequeña tanqueta de 6 t. basaba en el Carden-Lloyd británico, armada con un eficaz cañón de 47 mm. La Infantería yugoslava se movía esencialmente a pie, y estaba armada con fusiles, morteros y ametralladoras, con una organización y una táctica típicas de 1918. Las transmisiones se basaban en tendidos teléfonicos, con una casi absoluta carencia de radios, a ningún nivel.
La Aviación yugoslava contaba con unos 460 aviones de primera línea y 400 más de entrenamiento, de modelos muy variados y de procedencias variopintas. Se organizaba en 19 Escuadrones de caza y 22 de bombardeo, más ocho Escuadrones de aviación naval. Los escuadrones de caza desplegaban 73 Messerschmitt Bf-109 E, que operaban junto con unos 47 Hawker Hurricane y 30 biplanos Hawker Fury, junto con algunos cazas de producción local. Los Escuadrones de caza también empleaban una mezcla de aviones de origen alemán (69 Dornier Do-17 K, la mayoría producidos localmente bajo licencia), británico (61 Bristol Blenheim, también producidos localmente en su mayor parte) e italiano (40 trimotores Savoia-Marchetti SM-79). Siete Grupos operaban como medios de observación del Ejército de Tierra (básicamente como observadores del tiro de Artillería), con 130 añosos Breguet XIX y Potez 25.
La Armada yugoslava se componía de un antiguo crucero ligero de origen alemán, una flotilla de cuatro destructores y otra con cuatro submarinos, con buques británicos y franceses, algunas lanchas torpederas y varios ‘monitores’ fluviales (pequeños buques acorazados, dotados con armamento pesado y blindaje espeso, pero de corta autonomía y pensados para operar cerca de la costa. Su nombre deriva del buque USS Monitor, empleado con éxito por la U.S. Navy durante la Guerra de Secesión norteamericana).
La moral de las fuerzas armadas yugoslavas era dispar. Yugoslavia carecía de cohesión nacional, especialmente en aquellas regiones que habían cambiado el yugo autro-húngaro por el serbio. Esta falta de cohesión se reflejaba en la moral de las unidades; si bien los oficiales eran mayoritariamente serbios (en abril de 1942, de los ciento sesenta y cinco generales de las fuerzas armadas yugoslavas, solo había cuatro que no fuesen serbios o montenegrinos), la tropa que nutría las unidades durante el proceso de movilización procedía de diferentes regiones, con distinta lealtad al Estado. Así, las tropas de origen serbio y montenegrino tenían un mayor compromiso con la defensa de Yugoslavia (Montenegro era, al fin y al cabo, una ‘provincia’ de Serbia), compromiso mucho menor en el caso de macedonios y bosnios y muy escaso en el caso de croatas y eslovenos. Esta falta de integración nacional se traducía no solo en la escasa lealtad de las tropas hacia Yugoslavia, sino también en la falta de implicación de los diferentes grupos nacionales – aquí incluyendo a los serbios – en la defensa de tierras que consideraban ‘extranjeras’. Por ejemplo, los serbios (los más combativos en defensa de Yugoslavia) no consideraban que mereciese la pena sacrificarse por defender Croacia, Eslovenia o Macedonia. Este fenómeno era incluso mayor en el caso de los grupos étnicos minoritarios.
Con respecto al material, la caída de Francia implicaba una gran dificultad para mantener el material de origen francés. El mantenimiento del material de origen alemán, checo o italiano dependía de las buenas relaciones con Alemania e Italia. En cuanto a suministros de todo tipo (calzado, vestuario, subsistencias, material médico…) las existencias distaban mucho de ser suficientes ni siquiera para la mitad de la fuerza prevista en el proceso de movilización. Además de estas deficiencias, su proceso de movilización – siempre muy lento, por las difíciles comunicaciones del país – apenas había comenzado en abril de 1941 (para evitar ‘provocar’ a los alemanes), por lo que sus unidades apenas tenían una pequeña fracción de su personal.
La mejor baza defensiva de Yugoslavia estaba en su terreno montañoso y cruzado por ríos de amplio caudal. Así, la idea original del alto mando yugoslavo era la de concentrar su defensa sobre la línea de los ríos Sava y Drina, o sobre el Sava y las montañas de Bosnia central. Sin embargo, esto hubiera implicado el abandono completo de Eslovenia y de la mayoría de Croacia, lo que supondría casi con seguridad la defección completa de ambas regiones, con la pérdida de los contingentes de tropas que aportaban. Consecuentemente, se decidió defender las fronteras, pese a la inexistencia de obstáculos naturales que favoreciesen la defensa, confiando en una fuerte reserva centrada en el despliegue, destinada a contratacar en caso de que se produjese alguna penetración enemiga. El plan yugoslavo era similar en esencia al que habían aplicado los polacos en 1939. Dada la longitud de la frontera y las fuerzas disponibles, frente a un enemigo muy superior, como era la Wehrmacht, era una idea condenada al fracaso, como se vio al iniciarse las hostilidades. En las fronteras con Rumanía y Bulgaria, los yugoslavos confiaban en la fortaleza natural del terreno montañoso para detener a los invasores con fuerzas relativamente pequeñas.
Para ejecutar ese plan, las tropas yugoslavas se organizaron en tres Grupos de Ejércitos y una fuerza de defensa costera, junto con una fuerte reserva central compuesta por cuatro Divisiones de Infantería, un Batallón independiente de carros, diecisiete Grupos de Artillería (incluyendo dos motorizados) y algunas unidades menores.
El Mando Supremo de las fuerzas yugoslavas desplegaba en las montañas centrales de Bosnia, al Sur de Sarajevo, junto con la reserva central.
El Grupo de Ejércitos I, con personal básicamente croata y esloveno, desplegaba al Norte del país, defendiendo las fronteras yugoslavas en la parte croata y eslovena con Alemania, Hungría e Italia. Estaba compuesto por el 4º Ejército (tres Divisiones de Infantería y una Brigada) y el 7º Ejército (dos Divisiones de Infantería, una de Caballería, cinco Brigadas y varias unidades menores).
El Grupo de Ejércitos II, con personal serbio, cubría parte de la frontera yugoslava con Hungría, en la parte de la Voivodina serbia, territorio arrebatado a Hungría tras el fin de la PGM. Se organizaba en el 1er Ejército (una División de Infantería, otra de Caballería, tres Brigadas y unidades de defensa fronteriza) y el 2º Ejército (tres Divisiones de Infantería).
El Grupo de Ejércitos III era el más fuerte. Su personal era mayoritariamente serbio y montenegrino, y cubría la frontera con Rumanía, Bulgaria y Albania. Se articulaba en el 3er Ejército (4 Divisiones de Infantería y una Brigada de Caballería), el 3er Ejército Territorial (3 Divisiones de Infantería y un Regimiento de Artillería motorizado, con dos Grupos), el 5º Ejército (cuatro Divisiones de Infantería, una de Caballería, dos Brigadas y otro Regimiento de Artillería motorizado) y el 6º Ejército (tres Divisiones de Infantería y cinco Brigadas, incluyendo las dos de la Guardia Real).
La fuerza de defensa costera se limitaba a las guarniciones de las bases navales de Zadar, Sibenik y Kotor, junto con una División de Infantería de reserva.
La mencionada lentitud del proceso de movilización ocasionó que, al inicio del ataque alemán, menos de once Divisiones estuviesen desplegadas en sus posiciones previstas, y la mayoría estuviesen incompletas.
El ataque alemán en Yugoslavia
Los alemanes emplearon para la operación dos Ejércitos, el 12º Ejército, enfocado a la ocupación de Grecia, llevaría el esfuerzo principal, mientras que el 2º Ejército ocuparía Yugoslavia. Sin embargo, puesto que la ocupación de Grecia requería avanzar desde territorio yugoslavo (los alemanes pensaban emplear el mencionado “hueco defensivo” que discurría entre Monastir en Yugoslavia y Florina en Grecia). Para cumplir su misión el 12º Ejército tendría que ocupar también la provincia yugoslava de Macedonia, fronteriza con la Macedonia griega, partiendo del Oeste de Bulgaria.
El 12º Ejército disponía de:
- El XVIII Cuerpo de Ejército de Montaña (desplegado en Bulgaria, al Norte de la “línea Metaxas”, y compuesto por la 2ª División Panzer, dos Divisiones de Montaña y una de Infantería), con la misión de superar la “línea Metaxas” y llegar hasta Salónica. Para ello, presionaría a las fuerzas griegas con sus unidades de Infantería y de Montaña, mientras que la 2ª División Panzer desbordaría por el Oeste las defensas griegas, penetrando en Grecia desde territorio yugoslavo por el valle del Struma, que finalizaba en Salónica.
- El XXX Cuerpo de Ejército (situado en Bulgaria, al Este de Grecia, con dos Divisiones de Infantería), que ocuparía Tracia Oriental y fijaría a los defensores griegos, amenazando el flanco oriental de la “línea Metaxas”, para que pudieran ser envueltos por la 2ª División Panzer.
- El XL Cuerpo de Ejército (desplegado en Bulgaria, y dirigido hacia la Macedonia yugoslava, compuesto de la 9ª División Panzer, la 73ª de Infantería y la División SS Leibstandarte Adolf Hitler). El XL Cuerpo de Ejército abriría paso en las defensas yugoslavas a la 2ª División Panzer, para que alcanzase el valle del Struma. Al mismo tiempo pentraría en la Macedonia yugoslava, para alcanzar el corredor Monastir-Florina, para desbordar la “línea Haliacmon”.
- El Panzergruppe I (el Panzergruppe Kleist que había operado en Francia, ahora compuesto por dos Divisiones Panzer, dos de Infantería Motorizada, otra de Infantería y una de Montaña y el Regimiento de Infantería Motorizada Grossdeutchland), penetraría en Serbia desde el sur, dirigiéndose a Belgrado a través de Nis, destruyendo al Grupo de Ejércitos III yugoslavo.
- La 16ª División Panzer actuaría como reserva.
Por su parte, el 2º Ejército se organizaba en cuatro Cuerpos de Ejército (uno de ellos motorizado, con dos Divisiones Panzer y una de Infantería Motorizada), otro de Montaña (con dos Divisiones de Montaña y una de tropas de fronteras) y dos de Infantería (uno con tres Divisiones de Infantería y otro con una reforzada, junto con unidades menores. A las fuerzas alemanas que operarían contra Yugoslavia se unieron el 2º y el 9º Ejércitos italianos (un total de veintidós Divisiones de Infantería) y quince Brigadas húngaras. El 2º Ejército debía ocupar Croacia y Eslovenia, y atacar Belgrado desde el Norte, en colaboración con el Ejército húngaro, que atacaría la capital yugoslava desde el Este. La misión del 2º Ejército era relativamente sencilla (en sus memorias, el general Von Mellenthin, jefe de inteligencia del 2º Ejército en esa operación) describió la campaña como “un paseo militar”. Las razones de ello están en la falta de moral de combate de las unidades croatas y eslovenas, que llegaron a rebelarse contra sus oficiales serbios, recibiendo a los alemanes como libertadores.
El plan alemán se iniciaría, como empezaba a ser costumbre, con un potente ataque aéreo por sorpresa, con el fin de destruir en tierra a la fuerza aérea yugoslava y neutralizar los centros directivos del gobierno, bombardeando sus sedes en Belgrado. Además, la Luftwaffe se encargaría de inmovilizar a la reserva yugoslava.
Como era de esperar, la resistencia yugoslava fue muy débil, dada la descomposición interna del país. Además de ello, aplicando su plan defensivo y su doctrina – copia local de la “bataille conduite” -, los yugoslavos distribuyeron uniformemente su potente Artillería y sus modernos cañones contracarro por toda la frontera, por lo que siempre estuvieron en inferioridad numérica local en los estrechos sectores por los que penetraron las fuerzas alemanas. Muchos de estos medios no llegaron a combatir antes de la rendición. Sorprendentemente, tras el inicio de las hostilidades el 6 de abril, al día siguiente los yugoslavos del 3er Ejército (perteneciente al Grupo de Ejércitos III, situado en el sur del país) iniciaron operaciones ofensivas contra las posiciones italianas en Albania, confiando en que los otros dos Ejércitos que constituían su Grupo de Ejércitos serían capaces de detener a los alemanes. Pese a algunos éxitos iniciales, la caída de Skopje (capital de la provincia yugoslava de Macedonia) en manos alemanas obligó a los yugoslavos detener la ofensiva. En realidad, la campaña en suelo yugoslavo apenas tiene lecciones interesantes desde el punto de vista doctrinal.
El ataque alemán sobre Grecia
La operación del 12º Ejército sobre Grecia resulta más interesante. En esta parte del Teatro de Operaciones de los Balcanes, los planes de la Wehrmacht funcionaron incluso mejor de lo esperado: iniciado el ataque el 6 de abril de 1941, los griegos se unieron al ataque yugoslavo en Albania, con modestos éxitos iniciales. Los intentos iniciales de los alemanes de rebasar rápidamente la “línea Metaxas” se estrellaron con la fuerte resistencia griega. Tras las duras pérdidas sufridas cuanto intentaron atacar directamente los fuertes de la “línea Metaxas”, las tropas alpinas alemanas operaron de la misma manera que lo habían hecho durante la Primera Guerra Mundial: buscando puntos débiles en el despliegue griego, para infiltrarse en su retaguardia, para aislar logísticamente a los defensores.
Así, el 7 de abril, la 6ª División de Montaña alemana consiguió rebasar la línea por un paso de montaña no guarnecido y cortar el ferrocarril a Salónica, principal vía de abastecimiento logístico de las unidades griegas que guarnecían la “línea Metaxas”. El 7 de abril, la 5ª División de Montaña consiguió abrir paso a la 2ª División Panzer en el valle del Struma. La 2ª División Panzer desbordó así la “línea Metaxas” por el Oeste, alcanzando el río Axios y la ciudad de Salónica el 9 de abril, cercando así a todas las unidades griegas en Tracia. La guarnición de la “línea Metaxas” capituló el mismo 9 de abril, mucho antes de lo esperado en el plan alemán.
Por su parte, el XL Cuerpo de Ejército había ocupado Prilep el 9 de abril, y Monastir el 10, encontrándose en condiciones de avanzar hacia Florina y envolver la “línea Haliacmon”, a la vez que aislaba al grueso del Ejército griego desplegado en Albania: la caída de Grecia era inevitable.
Sin embargo, los combates continuaban. Una vez tomada Florina (11 de abril), el XL Cuerpo de Ejército debía avanzar en dos direcciones: hacia Épiro, para cercar al grueso del Ejército griego, desplegado en Albania y hacia el Sur para tomar de revés la “línea Haliacmon”. Sin embargo, en su avance hacia la región de Épiro se enfrentó a la 1ª Brigada Acorazada británica el 12 de abril. En ese momento era evidente que Grecia estaba perdida, lo que forzó a los británicos a ordenar la evacuación de sus tropas, por lo que iniciaron su retirada hacia el sur bajo presión de los alemanes. Tras la retirada de la 1ª Brigada Acorazada británica hacia el sur del país, las tropas griegas en Albania comenzaron a retirarse hacia el Sur.
La retirada griega quedó cortada cuando los alemanes ocuparon Metsovo (15 de abril) y, desde allí, Ioannina (21 de abril) destruyendo a las unidades griegas que protegían el flanco Este de la ruta de retirada griega. En realidad, las Divisiones de Infantería griegas carecían de medios para enfrentarse a las unidades acorazadas alemanas, por lo que la derrota de los griegos difícilmente podía ser una sorpresa. Ya el día 20 de abril, el Ejército griego desplegado en Albania entró en negociaciones con los alemanes para su rendición (se negó en redondo a rendirse a los italianos).
El gobierno griego, ante esta situación solo aspiraba a minimizar sufrimientos a la población civil, pero acordó con los británicos que mantendría la resistencia para posibilitar el reembarque del cuerpo expedicionario aliado. El general Wilson organizó así una serie de acciones de retardo apoyadas en el agreste terreno griego, encaminadas a posibilitar el reembarque del mayor número posible de sus tropas, por los puertos de Volos, Porto Rafti y El Pireo. Así, los británicos se retiraron al paso de las Termópilas, dejando la “línea Haliacmon” cubierta solo por tres Brigadas de Infantería, que debían retirarse tan pronto como se fueran reembarcando las unidades británicas que quedaban a su retaguardia. El 24 de abril, la primera unidad aliada, la 5ª Brigada de Infantería neozelandesa reembarcaba en Porto Rafti, mientras que los Escuadrones de la R.A.F. comenzaban a redesplegar en los aeródromos de Creta.
Para los alemanes, la ocupación de Grecia se convirtió en una carrera para mantener el contacto con las fuerzas británicas, con el fin de evitar su reembarque. En consecuencia, el protagonismo corrió de nuevo a cargo de las unidades alemanas más móviles: las Divisiones Panzer. Una vez más, se ponía de relieve la división del Ejército alemán en dos grupos de unidades con movilidades muy diferentes, y, como en Polonia y en Francia, las reducidas dimensiones del Teatro de Operaciones ocultaban las consecuencias operacionales de este hecho.
Para el 30 de abril, unos 50.000 soldados aliados habían sido evacuados, y unos 8.000 habían sido hechos prisioneros. Durante la operación de evacuación, la Luftwaffe hundió veintiséis transportes de tropas.
Desde el punto de vista doctrinal, lo más interesante de los combates que siguieron fue el empleo de las Divisiones Panzer alemanas en un terreno muy difícil, y frente a un enemigo alertado. Durante los combates en Francia en la primavera anterior los alemanes habían sido muy prudentes en el empleo de sus unidades acorazadas y relativamente escépticos acerca de sus capacidades. Basta recordar la desconfianza de Von Rundstedt (y de la mayoría de los generales alemanes) en la capacidad de las Divisiones Panzer para operar en las Ardenas, o el pánico a los “flancos descubiertos”, que llevó a frecuentes detenciones de las vanguardias acorazadas. Ya el erróneo planteamiento de la batalla de Amiens en junio de 1940 era un síntoma de que estas prevenciones estaban desapareciendo.
Pues bien, a lo largo de la campaña de los Balcanes, los alemanes operaron con sus Divisiones Panzer de forma casi temeraria, con una absoluta despreocupación por los flancos y por el terreno. El cruce de la “línea Haliacmon” por parte de la 2ª División Panzer (relatado por Von Mellenthin en sus memorias) muestra el empleo – con éxito – de unidades acorazadas en terreno fuertemente escarpado, cruzado por ríos y con caminos encajonados en desfiladeros… Condiciones infinitamente peores que las de las Ardenas. Sin embargo, estas operaciones pusieron de manifiesto otra importante carencia de las Divisiones Panzer: pese a que sus teóricos defendían la necesidad de que todas las unidades que componían estas Divisiones tuviesen la misma movilidad, la mayoría de la Infantería, la Artillería o los apoyos logísticos no disponían de vehículos de cadenas, por lo que solo podían moverse por las carreteras. El cruce del río Pinius, junto al monte Olimpo, de la 2ª División Panzer, solo pudieron realizarlo los carros, dejando atrás a las unidades montadas en camiones. Este es otro factor importante que pondría de relieve el duro clima ruso en los meses venideros.
