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El papel de las Fuerzas Armadas en la zona gris

https://global-strategy.org/el-papel-de-las-fuerzas-armadas-en-la-zona-gris/ El papel de las Fuerzas Armadas en la zona gris 2021-10-17 18:42:10 Ignacio Nieto Blog post Global Strategy Reports Política de Defensa Zona gris y estrategias híbridas
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Global Strategy Report, 41/2021

Resumen: Desde la aparición del término zona gris, la maquinaria de pensamiento anglosajona ha explicado con éxito este nuevo paradigma en el arte de la guerra. Uno de sus pilares básicos es no utilizar el instrumento militar, por la posible ruptura del débil equilibrio que desemboque en un conflicto armado. Esta aproximación no es trasladable a España, ni por la propia deontología de las FAS avalada por la historia ni por nuestra arquitectura de seguridad y defensa. El papel del instrumento de poder militar en la estrategia de respuesta contra las zonas grises, que acechan a la seguridad nacional, debe ser preferente.

Para citar como referencia: Nieto, Ignacio (2021), “El papel de las Fuerzas Armadas en la zona gris”, Global Strategy Report, No 41/2021.


Introducción

El concepto “zona gris” acapara muchos de los debates relacionados con los conflictos actuales. Su emergencia es debida a que aporta un mecanismo eficaz para contrarrestar las capacidades militares occidentales. En especial las de Estados Unidos, que se siguen mostrando muy superiores al resto del mundo, incluyendo China. Los datos del Stockholm International Peace Research Institute (SIPRI), en su anuario del 2021, no dejan lugar a dudas. Estados Unidos lidera el gasto mundial en defensa con 778.000M€, muy por delante de China con 252.000M€. En términos absolutos, Estados Unidos acapara el 39% del gasto militar mundial. Solo el incremento anual de los Estados Unidos en Defensa durante el 2020, cuyo porcentaje es del 4,4%, es igual a todo el presupuesto de defensa de Alemania. En guerra convencional son, simplemente, inalcanzables.

Son los estados revisionistas, tanto los globales como los regionales, los que más hacen uso de las estrategias propias de la zona gris. La motivación que les lleva a aplicar estas estrategias se basa en que consiguen objetivos políticos sin violencia e incluso sin recurrir a capacidades militares relevantes. Curiosamente, utilizan estas estrategias enmascarados perfectamente en el sistema internacional. Estas naciones conocen el carácter hobbesiano del sistema internacional que hace que encontrarse fuera del mismo te avoque al conflicto con los demás actores del sistema. El resultado final, si la estrategia de zona gris funciona, es que incrementas tu poder dentro del sistema internacional.

Desde algunos foros, para confrontar estas estrategias de la zona gris, se descarta el uso del instrumento militar. Para concretar la participación de las FAS se utilizan términos como irrelevante o papel residual. Por regla general, se apela a que su uso conlleva la escalada de la crisis y por lo tanto el quebranto de uno de sus principios básicos de la zona gris que consiste en no tomar medidas que pudieran dar cobertura a utilizar el instrumento militar. Por regla general, el papel que se asigna a las FAS es el relacionado con la disuasión militar y las operaciones especiales.

Sin embargo, existe un sesgo importante cuando se infiere que el uso de las capacidades militares conlleva una escalada de la crisis. Uno de los primeros errores es asociar al término capacidad militar el uso de la fuerza o la participación de la violencia en el conflicto de zona gris. Para evitar este entuerto, debiéramos de utilizar otros términos para expresarnos con más precisión. Es razonable asociar capacidad militar a armamento militar, pero los militares son capaces de hacer muchas cosas sin armas. Desde mi humilde visión, apostaría por utilizar el término instrumento militar o mecanismos de seguridad y defensa pues son menos agresivos cuando se escuchan y se adaptan mejor a la realidad de las Fuerzas Armadas.

Otro de los errores, reside en la traslación de la praxis anglosajona del instrumento militar, especialmente la que proviene de los Estados Unidos. A nadie se le escapa que las FAS de los Estados Unidos son mucho más generosa en la utilización de la fuerza en la resolución de los conflictos o de las crisis. Es meridianamente claro que la deontología en el uso de la fuerza de los militares americanos es radicalmente diferente a los españoles.

Es cierto que, por la misma génesis de las zonas grises, no se deben utilizar capacidades militares que puedan escalar la crisis. Pero es del todo simplista pensar que todas las capacidades militares son susceptibles de escalar la crisis. Es más, existe una deontología militar y una cultura militar que precisamente evita la escalada de la crisis y lo hace con un nivel de preparación mayor y mejor adiestramiento que otros Instrumentos de Poder (IdP) del Estado.

Esa deontología se ha mostrado impecable durante las decenas de años que España lleva participando en misiones en el exterior, en escenarios que abarcan todo tipo de intensidades. No creo que nadie recuerde, en la historia reciente, episodios de excesos en el uso de las armas o de uso inapropiado del instrumento militar. Y son escenarios complejos, donde un disparo puede desencadenar efectos imprevisibles. Esta historia reciente es sin duda el mejor aval de los militares, por si solo garantiza que, incluso en zonas grises, se puedan utilizar las capacidades militares tuteladas por militares españoles. El quid de la cuestión es saber jugar con el instrumento militar en este tipo de escenarios.

El instrumento militar en la arquitectura de seguridad y defensa.

Para entender mejor el diseño de nuestra arquitectura de seguridad nacional y la ubicación de las Fuerzas Armadas debemos fijarnos en el concepto de seguridad nacional. Concepto que es mucho más amplio de los que se piensa comúnmente. La Estrategia de Seguridad Nacional habla del carácter integral de la Seguridad Nacional y de los tres pilares fundamentales que abarca: la defensa nacional, la acción exterior y la seguridad pública.

Tres pilares sobre los que las FAS ejercen sus esfuerzos de forma simultánea dirigidos por el Gobierno de España. El Gobierno modula la intensidad en la contribución de las FAS en los tres pilares, incluyendo el de seguridad pública. La Operación BALMIS se encuadraba dentro de este último pilar y mostró la eficacia de las FAS en cometidos poco relacionados con armas letales.

Cuando se habla de las FAS, los legos en la materia suelen apelar al uso de la fuerza. Es cierto que en nuestro modelo estado prima el pensamiento de Max Weber de “el ejército administra la violencia legítima del Estado”, pero en numerosas ocasiones, nuestras misiones se realizan sin necesidad de usar la fuerza. Cuando hablamos de las FAS no solo debemos pensar en capacidades letales. La realidad difiere significativamente de este pensamiento simple, pero desafortunadamente extendido. Los militares realizan muchos cometidos sin el uso de la fuerza.

Pero incluso cuando tienen que recurrir a escenarios donde es necesario el uso de la fuerza como Afganistán, Somalia o Irak, la historia los culmina como un instrumento impecable en la ejecución de los cometidos. Merece la pena repetir que las FAS llevan más de 20 años en operaciones en el exterior y no se recuerdan escándalos de uso desproporcionado de la fuerza o de cualquier otra naturaleza. Un ejemplo para Europa y para el resto del mundo del que los españoles nos tenemos que sentir orgullosos. No llego a comprender el motivo de excluir el instrumento militar en las confrontaciones que se producen en las crisis propias de la zona gris.

Defensa tiene mucho que aportar en cuestiones relacionadas con problemas de Seguridad Nacional e incluso de cualquier otra naturaleza. Tan solo hay que leer la Directiva de Defensa Nacional cuando cataloga a la Defensa de un servicio público que contribuye a mantener la seguridad y los derechos y libertades de los españoles en cualquier, situación. Más claro es cuando indica que “Ya no existen problemas exclusivos de la Defensa, pero la Defensa forma parte de la solución a cualquier conflicto”.

No es cierto que el uso del instrumento militar implique per se el uso de la fuerza letal con ella la violencia y destrucción. Nada más lejos de la realidad puesto que los militares españoles están comprometidos con la paz y, me atrevería a decir que son el mecanismo, en la actualidad, mejor preparado para garantizar la paz en España y en el mundo.

A este respecto, es inquietante que no se hayan asimilado las lecciones aprendidas de la Operación BALMIS, de la Operación reciente de recuperación del personal de Afganistán o incluso de la Operación Misión BALUARTE para darse cuenta que el instrumento militar es uno más de los IdP del Estado, uno más pero, por cierto, con altas dosis de eficacia.

Concepto de zona gris

La Doctrina para el empleo de las FAS define la zona gris de la siguiente forma: “Existe una zona del espectro de los conflictos donde predominan las actuaciones situadas al margen del principio de buena fe entre estados (bona fide) que pese a alterar notablemente la paz no cruzan los umbrales que permitirían o exigirían una respuesta armada”.

Cuando se desarrollan las estrategias de la zona gris y los métodos para contrarrestarlas, por regla general, los estudiosos se decantan por nombrar a doctores anglosajones, muchos de ellos militares o relacionados con el ámbito militar, especialmente americanos. Se comenta mucho de Michael J. Mazarr, Doctor en Políticas Públicas, investigador de la corporación RAND que desarrolló sus ideas trabajando para el US National War College. También Antulio J Echeverría II, militar y director de la Revista del War Collegue. También muchos manuales americanos son nombrados en los artículos en castellano sobre la zona gris, casi todos son del círculo cercano americano.

En general, los prolijos documentos anglosajones relacionados con la zona gris han permitido que su visión de la zona gris sea la más extendida. Esta traslación del concepto a nivel nacional, no es de extrañar, ante tantos scholars inundando de magníficos informes y artículos relacionados con la zona gris. El problema es cuando se intenta adaptar la misma solución en todas las arquitecturas de seguridad y defensa, incluyendo la de España. Deberíamos iniciar una reflexión profunda y genuina para adaptar el concepto a nuestro entorno estratégico y a nuestro modelo de seguridad.

En Estados Unidos, quizás el uso de la fuerza por parte de las FAS puede ser más laxo, en España no lo es, está sujeto a numerosos controles que conforman una deontología exquisita en el uso de la fuerza. Pero lo más importante es que está sujeto a una cultura asentada en los militares que tienen claro el modo y el proceder a la hora de usar la fuerza. Y todo ello lo hacen bajo la subordinación al poder político que es quien decide utilizar el instrumento militar en beneficio o protección de los españoles.

Esta traslación de las ideas de los Estados Unidos nos lleva a pensar que en estrategias propias de la zona gris apenas existe espacio para las capacidades militares aunque es cierto que se reconoce el importante papel que tienen las FAS, en especial en el ámbito de la disuasión y en el ámbito de las operaciones especiales. Dos capacidades que curiosamente los americanos utilizan con profusión pero que, sin embargo, España apenas hace uso de ellas. Es decir, en clave nacional, y en ámbito de planeamiento militar, nadie plantea el uso de la capacidad de operaciones especiales en el marco de una zona gris. Tampoco los mensajes necesarios que avalan y modulan tu actividad en el terreno de la disuasión son de la misma naturaleza en ambos países.

Encapsular a las Fuerzas Armadas a estos papeles es una traslación del pensamiento de los scholars americanos, una reminiscencia de quienes más profundidad atesoran en el pensamiento de los conflictos que transcurren en la zona gris. Este pensamiento está estructurado para dar respuesta al reto de sus zonas grises. Pero sus zonas grises son morfológicamente diferentes a las nuestras.

Además, nuestra arquitectura de seguridad, a nivel Estado, es diferente a la de los Estados Unidos, nuestra cultura de la Defensa es también diferente y nuestro modelo de Estado tampoco es similar.

La evolución de los conflictos desde el prisma occidental

Los occidentales nos afanamos en codificar el comportamiento de países revisionistas de carácter global, principalmente Rusia y China. Necesitamos tener un marco doctrinal que nos ayude a comprender la naturaleza del desafío que representan los fenómenos de la guerra o de las crisis. Una vez digerido académicamente, procedemos a dar respuesta a esa amenaza en conceptos o estrategias para finalmente operacionalizarlo en capacidades militares para que, finalmente la cadena operativa cumpla su misión de defensa de los intereses nacionales.

Estos conceptos gozan de mucha popularidad, los anglosajones los denominan buzzwords. En su interior encapsulan ideas interesantes, suelen ser muy románticas y se adornan de un halo de misterio y de innovación. La zona gris captura la esencia de David y Goliat, el débil tiene ahora instrumentos para poner en jaque al fuerte. Por regla general, la mayoría de ellos son antiguos o meras adaptaciones al entorno en el que se van a aplicar esas estrategias.

En este ínterin, estas naciones revisionistas han migrado a unos arquetipos diferentes más complejos, modelos que superan en ingenio y eficiencia al anterior. Vamos corriendo detrás del conejo de nuevo y vuelve la rueda del pensamiento académico a girar, empezamos a analizar qué está ocurriendo. Pongamos un ejemplo, hemos pasado de contrainsurgencia a estrategias híbridas para terminar en zonas grises, en un intervalo de 20 años que es poco tiempo para que se modifiquen las bases del arte de la guerra.

El modelo evolucionado de esta cadena es, sin duda, las compañías de seguridad como Wagner, verdaderos aparatos de estado para la consecución política de unos fines dictaminados por el Kremlin. Wagner no privatiza la seguridad, privatiza la resolución de conflictos con la eficacia de los estados revisionistas globales. Y lo resuelve fuera de los marcos de la Ley de los Conflictos Armados, sin sujetarse a normas que rigen en los Estados-nación. Ahora estamos afanados en su desarrollo conceptual, cuando acabemos ya tendremos otro modelo diferente encima del tablero geopolítico mundial.

Incluso parece que nuestro modelo de respuesta preconizado por nuestros scholars se centra en la misma zona gris que acecha a los Estados Unidos, que se antoja del todo diferente a la que debemos atender en España. En las zonas grises como Ucrania, España no va a determinar la estrategia de respuesta ni la participación de las capacidades militares en la resolución del conflicto. Este conflicto se resolverá en el seno de las organizaciones internacionales de seguridad y defensa como la OTAN, porque son amenazas compartidas. En el proceso de planeamiento serán estás Organizaciones las que soliciten recursos a las naciones para acometer este reto. No guarda mucha coherencia analizar a nivel nacional la potencial respuesta de España ante estas zonas grises, a no ser que pudieran ser exportadas al seno de nuestras amenazas no compartidas.

El problema reside en zonas grises que le imponen a España y al no ser compartidas el apoyo de la comunidad internacional puede resultar limitado. Nuestras zonas grises están mucho más cerca geográficamente, utilizan mecanismos propios del maquetado de una zona gris y deben ser respondidas con una estrategia de respuesta adaptada a la amenaza. Aunque comparten características básicas de la zona gris, la ejecución no es la misma porque el entorno estratégico es diferente y por lo tanto se utilizan otros IdP diferentes a los rusos o chinos.

Las zonas grises comparten muchas características básicas pero no se pueden acotar a un solo escenario sino que se han convertido en un mecanismo que permite alcanzar objetivos políticos, con una reducida posibilidad de escalar militarmente y que bien ejecutadas son impecables y altamente eficaces.

Las Fuerzas Armadas

En muchas ocasiones, no son las capacidades militares de cualquier naturaleza, las que proporcionan supremacía en el enfrentamiento. Otros elementos resultan más importantes que la superioridad militar, más aún en estas crisis donde es complicado utilizar capacidades militares tradicionales. Una de estas capacidades, necesaria para afrontar este reto, es la resiliencia en el combate, muy en boga en la actualidad y que antaño se denominaba voluntad de vencer. Durante años, no se ha visto modificada, permanece impertérrita al paso de los años. Una voluntad que se sustenta gracias a la firmeza en los valores castrenses que son los mejores catalizadores de las capacidades militares.

La cuestión es que las zonas grises son persistentes, no se solucionan con facilidad, son ambiguas y desesperantes. Necesitan ser confrontadas con perseverancia, sin aliento al desánimo, se necesita ser contumaz. A veces, en el combate se necesita aplicar obediencia ciega, no pensar en la situación o en aspectos desfavorables que pudieran conducir al desánimo. Aquel que se enfrenta a un paracaidista, a un legionario o a un infante de marina sabe que este soldado no va a cejar en el empeño, que su firmeza no se va a erosionar. El militar va a permanecer en su puesto con sus obligaciones todo el tiempo que haga falta. Va a ejercer un tipo de disuasión, la disuasión por negación, por mucho que haga el adversario no conseguirá sus objetivos.  

Hablaba de los IdP del Estado en tanto en cuanto participan y modelan la habilidad o capacidad de influenciar en la conducta de otros para conseguir un fin deseado. La manera en la que se conformen los IdP condiciona la respuesta de un Estado. Unos IdP alineados y coherentes, garantizan una respuesta sólida y normalmente eficaz. El sistema que los ampara participa del principio de vasos comunicantes aunque entre todos no existe el mismo nivel de comunicación. Todos los IdP deben coadyuvar, bajo la dirección política del Gobierno, a conformar esa repuesta del Estado ante una agresión. Sin embargo, cada uno de ellos tiene unos principios de actuación diferentes. En algunos casos priman principios utilitaristas, en otros el beneficio empresarial, en otros casos la principal motivación es la seguridad.

La comunicación entre ellos es esencial y garantiza la comprensión de asuntos complejos de asumir por todos, incluso conceptos como la integridad territorial no son sencillos de digerir. Pongamos un ejemplo didáctico, el mar territorial, la franja de la mar, normalmente de doce millas donde la soberanía del Estado se extiende. No resulta sencillo de entender que una violación al mar territorial es igual a una violación de nuestro territorio. Es necesario que un experto en la materia eduque e instruya al resto para poder catalogar correctamente una acción que erosione la integridad de nuestro mar territorial.

El Ministerio de Defensa es un actor esencial cuando hablamos de soberanía nacional o las erosiones que se producen a nuestra integridad en entornos propios de las zonas grises. Pensamientos simples pueden determinar que no es importante explotar los recursos naturales por parte de otro Estado en nuestro mar territorial, pero lo es y mucho. Debe ser la Armada la que provoque y empuje al resto de los IdP para corregir esa violación de la integridad territorial, pues atesora el conocimiento y lo que es más importante, sus actuaciones no están condicionadas por otros factores exógenos que pudieran desviar la importancia del asunto. 

Otra de las capacidades que ofrecen las FAS poco tangibles es la deontología militar, entendida como el conjunto de responsabilidades, deberes y obligaciones, éticas y morales, que rigen la actuación profesional del militar, dentro y fuera del servicio. La deontología militar es importante porque en el diseño de la estrategia de confrontación de la zona gris tenemos que ser cuidadosos de no trasgredir el umbral que pudiera catalizar otro tipo de respuesta.

En estos entornos, la cultura militar se muestra esencial, una cultura escrupulosa con los Derechos Humanos y el Derecho Internacional Humanitario. Además, dentro del planeamiento militar en las operaciones tenemos mecanismos específicos ya implantados como las Reglas de Enfrentamiento que permiten jugar con el instrumento militar con los dictámenes políticos sin traspasar ninguna línea roja. Además, el planeamiento militar contempla los efectos que producen nuestras acciones, se valora y se pondera para ver si es razonable la aplicación de la medida. Si alguien sabe jugar con el equilibrio de la fuerza en situaciones adversas y complejas, esas son las FAS.

Pero las Fuerzas Armadas tienen otras singulares características que son esenciales para confrontar las zonas grises. Por ejemplo, su capacidad de adaptarse a un entorno complejo, incluso aquellos que mutan con facilidad. Son muchos los entornos similares a las zonas grises en los que los militares han salido fortalecidos. Por ejemplo, los de la Operación BALMIS o los que recientemente se han visto en la Operación de extracción de personal en Afganistán.

En la Operación BALMIS los entornos mutaron rápidamente. Se pasó, los primeros días, de patrullar las calles para generar confianza y mejorar el conocimiento del entorno a volcarnos en apoyo a colectivos vulnerables como son los ancianos. La aparición de un cadáver en una residencia de ancianos bastó para cambiar el esfuerzo principal de los militares. Y se hizo de forma rápida, en días se conformaron equipos específicos adiestrados que daban el relevo al personal de la UME. La capacidad de actuación del instrumento militar no está sujeta a aprobaciones de marcos normativos, a supervisión de colectivos, simplemente mutan, se adaptan al entorno y se ejecutan la misión encomendada.

Además, las Fuerzas Armadas son capaces de llevar a cabo una acción coherente en todo el territorio nacional, no necesitan marcos específicos de entendimiento que son necesarios en una estructura de la Administración descentralizadas. Las FAS ejecutan con facilidad el principio de dirección centralizada y ejecución descentralizada y lo hacen sin trastornos administrativos, jurídicos o de otra naturaleza. La Operación BALMIS demostró que las FAS pueden acudir a cualquier parte del mundo (China a por material sanitario o a cualquiera de las 2002 poblaciones atendidas en la Operación) a realizar casi cualquier cometido, incluso para aquellos que no estén preparados, se adaptarán, se prepararán y lo ejecutarán.

Asimismo, la estructura operativa de las FAS aporta una estructura de mando y control nacional que está activada 24/7, estamos hablando de las operaciones permanentes, capaces de contribuir al conocimiento del entorno para advertir del advenimiento de una crisis y tomar las medidas mitigadoras iniciales. Son un instrumento ideal para mantener un buen nivel de conocimiento sobre las acciones del adversario.

Además, las FAS son un gran Think Tank donde coexisten centros de pensamiento geopolítico, como puede ser la División de Coordinación y Estudios de Seguridad y Defensa. A nivel estratégico también existen centros de pensamiento como puede ser Mando de Doctrina del ET, la División de Estrategia o la División de Desarrollo de la Fuerza, ambos en el Estado Mayor Conjunto. Todos ellos y mucho más ayudan a la comprensión de fenómenos complejos como los que transcurren en la zona gris.

Inteligencia militar

Otro de los activos esenciales a la hora de confrontar una zona gris es la inteligencia, en especial la militar, por diversos motivos. En España el Centro de Inteligencia de las FAS (CIFAS) aglutina las principales capacidades en materia de inteligencia militar a nivel estratégico y en apoyo a cualquier otro nivel. En el elenco de sus responsabilidades figura “la inteligencia militar precisa para alertar sobre situaciones internacionales susceptibles de generar crisis que afecten a la defensa nacional”. Es decir, cuenta con capacidades para predecir amenazas que pudieran socavar nuestra seguridad nacional.

Es necesario indicar que la Inteligencia Militar tiene algunas particularidades que la hacen idónea en el campo de las zonas grises, entre ellas destaco:

  • Aplica metodologías sobre indicadores, por ejemplo el análisis DAFO (Debilidades, Amenazas, Fortalezas y Oportunidades) que le permiten conocer de forma objetiva la evolución de la amenaza, es capaz de realizarlo en niveles estratégicos y operacionales.
  • Trabaja sobre un mismo sistema con muchos sensores, gobierna el proceso JISR (Capacidad Conjunta de Inteligencia, Vigilancia y Reconocimiento) que da respuesta a las necesidades de información de todas las FAS optimizando los recursos de captación que se gobiernan centralizadamente.
  • Dispone de sistemas clasificados y robustos donde la información permanece a salvo de ataques cibernéticos. En un mundo donde las redes, de cualquier naturaleza, conectadas o no a internet presentan altas tasas de vulnerabilidad.
  • Dispone de unidades de contrainteligencia y de inteligencia humana que son potentes y eficaces sobre las cuales no es posible hablar en este artículo por ser materia de obligada reserva.

La inteligencia militar es una de las claves en los conflictos que se desarrollan en la zona gris, no solo por su capacidad de anticipar el advenimiento de una crisis o una amenaza sino también por su capacidad de producir inteligencia, gobernar los sensores nacionales para un fin concreto y por un elenco adicional de capacidades específicas como contrainteligencia o la inteligencia humana.

 

Mando Conjunto del Ciberespacio (MCCE)

Es otro de los elementos claves en la implantación y también en los mecanismos de defensa contra una zona gris. Un MCCE que es el heredero del Mando Conjunto de CiberDefensa (MCCD) y que aglutina ahora otras capacidades y una posición privilegiada en la arquitectura de las FAS pues se encuentra enclavado en el nivel estratégico, con dependencia del JEMAD aunque en operaciones su dependencia es de quién JEMAD determine, normalmente el Comandante del Mando de Operaciones (CMOPS).

El MCCD se ha transformado en MCCE, añade a su esencia defensiva un portfolio de responsabilidades ofensivas interesantes. Además, se posiciona en un nivel superior y lo hace porque generalmente el Mando cuando conoce que las acciones de un instrumento son capaces, con facilidad, de tener repercusiones políticas, le apasiona tenerlo cerca. Ocurre lo mismo con el CNI y el eterno debate si debe estar bajo la Vicepresidenta o incluso el Presidente del Gobierno. También con los equipos de operaciones especiales que suelen tener dependencias más directas del Comandante Operacional o incluso estratégico.

Pero el detalle interesante son los motivos que llevaron a perder la D, de defensa y asumir con más claridad las operaciones de cualquier naturaleza, incluso las ofensivas. La verdad es que el ciberespacio es descomunalmente gigantesco, es más grande que el dominio físico y cuando hablamos de vulnerabilidades es, si cabe, más inmenso. Las fechorías en el ciberespacio son sencillas de realizar, con compleja atribución y resultados espectaculares. Y cuando este gigante se compara con el mundo físico se perciben sus dimensiones. Comparemos, por ejemplo, los empleos actuales. Existen de toda naturaleza, vayamos al terreno de la abogacía, existen abogados mercantiles, abogados penalistas, abogados matrimoniales y un largo sinfín de trabajos. Curiosamente todos ellos trabajan en el ciberespacio y con la llegada de la pandemia esta tendencia es más acuciante, incluso los juicios son telemáticos. Pero lo más curioso es que se necesitan abogados mercantilistas en el ámbito ciber, abogados penalistas ciber, abogados de toda naturaleza que nos deben hacer entender las formas de negocio en el mundo ciber, la criminalidad en el mundo ciber o la ciudadanía en el ciberespacio. En el mundo lógico se duplica todo, lo tradicional porque necesita de lo lógico y lo propio lógico que cada día crece de forma más acelerada.

El MCCE puede trabajar en multitud de capacidades de apoyo en una crisis propia de la zona gris, no solo realizando los ataques típicos como la denegación de servicio o exfiltraciones, sin atribución y realmente eficaces. Monitoriza también las redes sociales y los instrumentos de comunicación para advertir de amenazas. Es capaz de activar colectivos mediante la infiltración de información adecuada, otra actividad sin atribución y que da resultados extraordinarios. El MCCE es capaz de desenvolverse perfectamente en el entorno de la información y por ende en el ámbito cognitivo.

Un elenco de posibilidades, mucho más allá de las propias de defensa de las redes, que proporciona el MCCE, que deben ser utilizadas en las zonas grises.

Disuasión

Entendemos por disuadir la capacidad de convencer al adversario de que no haga algo que inicialmente le beneficia y a nosotros nos perjudica. Conforme la Real Academia de la Lengua disuadir es “inducir o mover a alguien a cambiar de opinión o a desistir de un propósito”. Podemos entonces influir en el adversario para que tome una acción concreta, pero si analizamos el rango de acciones que puede tomar, tan solo disuadiendo de aquellas que no queremos que emprenda se encaminará a la que nosotros preferimos. Forzar a tomar una acción o forzar a desistir en tomar una acción, son dos caras de la misma moneda, la disuasión.

Cuando hablamos de disuasión siempre seleccionamos el enfoque de la represalia, es decir si el adversario sigue en su campaña recibirá daños mucho más serios que los beneficios que pudiera obtener. El cálculo lógico del coste beneficio debe desistir al adversario de sus actuaciones. En la arquitectura de seguridad nacional la disuasión por represalia tiene poco margen de uso, especialmente si la represalia implica el uso del instrumento militar. Su amparo es casi exclusivo en el marco de las Organizaciones Internacionales de Seguridad y Defensa (OISD).

Pero existe otra aproximación, la disuasión por negación, es decir convencer al adversario que por muchas acciones que tome, sus objetivos no serán alcanzados nunca. En la avalancha de migrantes de Ceuta se produjeron dos efectos disuasorios, por una parte la presencia de los militares en labor de contención y control de las masas, con efectos disuasorios claros. No debe ser sencillo tomar acciones no legales delante de un militar. Pero a las autoridades de Marruecos se les envió un mensaje más contundente. Las Fuerzas Armadas estarían en apoyo a las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado (FCSE) en las misiones que se les encomienden. Una impecable disuasión por negación que se traduce en un extraordinario mensaje en el ámbito cognitivo: por muchas acciones que se realicen, los militares acudirán siempre en apoyo a las FCSE en sus labores de contención.

Operaciones especiales

Otra de las capacidades que son realmente eficaces en arquitecturas de seguridad donde existe una importante determinación y voluntad política en resolver la crisis. Son capacidades con altas tasas de disuasión que desarrollan sus cometidos con elevado empaque estratégico sobre las que inicialmente no debemos dar explicaciones a la opinión pública.

Sin embargo, su utilización genera unos importantes niveles de ansiedad en el nivel político puesto que la capacidad de operaciones especiales suele utilizar métodos poco ortodoxos que pudieran entenderse como prácticas que socavan la legalidad internacional o el Derecho Internacional Humanitario. Desvelar su uso produce mucha atracción mediática por lo que su empleo está muy  condicionado a nivel político.

Las operaciones especiales es otra de las capacidades que se ofrece como respuesta a una zona gris pero que, en el marco de nuestra respuesta con el instrumento militar, estimo que tiene muy poco recorrido.

Pero estas son solo algunas de las capacidades que se pueden ofrecer, existen otras muchas posibilidades en el seno de las FAS. Por ejemplo, las capacidades en el entorno de las operaciones electromagnéticas lideradas por el Centro de Operaciones Electromagnéticas del Mando de Operaciones, las capacidades en el ámbito cognitivo de las operaciones, la Comunicación Estratégica, las capacidades contra los drones que pueden aportar las FAS, incluyendo los estratégicos, las capacidades logísticas o sanitarias en conflictos que perduran.

Pero lo más importante no son las capacidades, que son importantes, sino la disposición de un colectivo y la capacidad de adaptarse al entorno y desarrollar capacidades que aportan valor añadido y la solución a cualquier problema que se plantee contra los intereses de la nación y el bienestar de los ciudadanos.

Conclusiones

La respuesta nacional a la zona gris debe ser genuina, adaptada a nuestras amenazas, especialmente las que se detecten como no compartidas por la comunidad internacional o por lo menos por las OISD a la que pertenecemos. Las FAS son un IdP del Estado que en estos entornos tienen mucho que aportar y deben liderar la respuesta del estado en entornos dinámicos, persistentes y complejos.

Solo hay que confiar en ellos, mirar a la historia que avala a nuestras FAS como un instrumento indispensable en la resolución de conflictos y en la gestión de crisis. No contar con ellos es un favor al adversario porque nos debilita, no en vano la Defensa es un servicio público que contribuye a mantener la seguridad y los derechos y libertades de los españoles en cualquier situación, son un instrumento especializado para responder a cualquier reto que afecte a la seguridad de nuestros ciudadanos. En ese empeño me atrevo a decir que las FAS suelen ser infalibles.

Ante de modelar la estrategia de respuesta de zona gris debemos revisar el modelo que hemos adaptado de Seguridad Nacional y ver la arquitectura que soporta el citado modelo. Analizar detenidamente la capacidad de respuesta que la nación tiene con sus diferentes IdP y seleccionar los activos que pueden contribuir a la respuesta, de forma genuina, tanto en las amenazas como en la respuesta.

No me cabe la menor duda que después de este proceso de análisis las FAS tendrán un protagonismo capital y serán las que deben liderar la respuesta a aquellas amenazas que han decidido estrategias propias de la zona gris para socavar nuestra seguridad nacional. Las FAS son el cemento que debe unir todos los IdP pues son las custodias de la idea de que “juntos somos más fuertes pero unidos somos invencibles”.


Editado por: Global Strategy. Lugar de edición: Granada (España). ISSN 2695-8937

Ignacio Nieto

Capitán de Navío de la Armada Española, Jefe de la Sección de Conducción Estratégica de la División de Estrategia del Estado Mayor Conjunto

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