Global Strategy Report, 13/2026
Resumen: La conducción de operaciones multidominio en la OTAN resulta especialmente compleja dentro de la estructura tradicional de mando y control plenamente supervisada por las naciones. Los entornos operativos actuales exigen procedimientos nuevos que, en ocasiones, implican niveles de riesgo difíciles de asumir para una organización multinacional regida, inicialmente, por el consenso político.
Los retos del escenario estratégico contemporáneo obligan a impulsar una reforma innovadora del arte operacional, capaz de seguir el ritmo de la evolución de la morfología del conflicto. El encapsulamiento (al menos en el nivel de dirección) de las actividades en el nivel operacional ha dejado de ser viable: ahora se requieren marcos de coordinación y de cooperación más amplios, que integren actores militares, públicos y civiles.
Nos enfrentamos a un campo de batalla donde las capacidades militares son solo un elemento más, y no necesariamente el decisivo, especialmente en contextos de competición estratégica donde el entorno operativo tiene elevada componente de hibridación. Aun así, el papel del nivel operacional en la conducción no es menor, más al contrario debe retener la esencia de las operaciones multidominio que es la coordinación y la generación de sinergias de los efectos. Cuanto más demostremos nuestra capacidad de conducir operaciones multidominio, más sólida será la disuasión frente a actores revisionistas, lo que permitirá evitar el conflicto y responder con eficacia a los desafíos de la zona gris y a las estrategias híbridas.
Para citar como referencia: Nieto, Ignacio (2026), “La conducción de las Operaciones Multidominio”, Global Strategy Report, 13/2026.
Introducción
La OTAN considera las Operaciones Multidominio (MDO por sus siglas en inglés MultiDomain Operations) como uno de los pilares, junto con las políticas de Warfighting[1], para salir airoso de todos los escenarios tanto para la disuasión como para la defensa. Ambas áreas tienen un fuerte respaldo documental conformado por estrategias, planes de desarrollo y multitud de diferentes líneas de acción que deben garantizar la victoria, no sólo en caso de conflicto, sino también de crisis y en paz donde mediante la competición estratégica se pueden alcanzar muchos objetivos políticos. La mayoría de estos documentos son de nivel estratégico o superior y se explican en términos muy abstractos. Hasta la fecha, no han tenido el oportuno desarrollo doctrinal y en muy pocos casos han llegado al ámbito de los procedimientos operativos.
En general, es sencillo encontrar multitud de artículos que explican cómo se pueden conducir las MDO sobre la base de la sincronización de las acciones en los dominios[2], en especial desde la perspectiva del nivel táctico de las operaciones. De hecho, las organizaciones responsables de la conducción de las operaciones en el nivel táctico se llaman mandos de dominio (o mandos componentes), los famosos MARCOM, AIRCOM y LANDCOM. A estos tres tradicionales hay que añadirles los recién llegados; el ciberespacio y el espacio ultraterrestre.
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Sin embargo, existe poca literatura sobre cómo afrontar este reto desde los niveles operacional y estratégico porque las MDO no solamente tratan de sincronizar acciones militares sino de coordinar a los Instrumentos de Poder de los Estados y la sociedad civil. Es por lo tanto un marco de trabajo de amplitud muy superior al que tradicionalmente se había asignado a cualquier operación en el marco de la Alianza.
Este artículo ambiciona dar a conocer la conducción de las operaciones MDO en la OTAN y la forma en la que se pueden conducir desde la perspectiva del nivel operacional, que es el nivel clave en la conducción de cualquier operación pues sustancia el principio de Clausewitz de “debemos dirigir nuestra fuerza contra el punto en el que el enemigo es más vulnerable y donde reside la cohesión de su fuerza”[3].
Las operaciones MDO en la OTAN
Las MDO tienen diferentes acepciones tanto en el ámbito militar como en el civil, su presencia en todos los foros militares es sorprendente. Es como un mantra que aparece adscrito a cualquier técnica, procedimiento, estrategia o documento de naturaleza similar. En la mayoría de estos documentos, en especial los de carácter abierto, se asume la aproximación del Army americano en el sentido de que las MDO que están centradas en proporcionar sinergias entre los dominios de las operaciones.
Esta no es la realidad de las MDO en la Alianza, por muchos motivos, pero existen dos elementos importantes que marcan la diferencia
- US ARMY MDO es un concepto del Ejército de Tierra de los Estados Unidos y por lo tanto no está a nivel operacional ni vincula al resto de dominios. Es la contribución del Army a las operaciones conjuntas tal y como se indica en el prólogo del Concepto MDO del Army de los Estados Unidos[4].
- Su objetivo es neutralizar la defensa por capas que los adversarios generan para imposibilitar la libertad de movimiento del comandante mediante la integración coherente de las acciones militares[5].
El concepto MDO de la OTAN es de mucha mayor amplitud porque no sólo desea integrar todas las acciones militares que se producen en los dominios, también busca armonizar con el esfuerzo militar los diferentes Instrumentos de Poder del Estado y la Sociedad Civil. Mientras el concepto del Army es ofensivo y pretende romper las burbujas defensivas adversarias el concepto de la OTAN es utilizable en disuasión y defensa, en escenarios de conflicto y de competición estratégica.

Sin embargo, en muchos foros sigue predominando la acepción más superficial, avalada por un cierto sentido común —que, en este caso, es un mal consejero— según la cual las operaciones multidominio serían simplemente operaciones realizadas en varios dominios. Lo llamativo es la contumacia con la que numerosos tertulianos insisten en esta interpretación, que desde mi perspectiva resulta extraordinariamente pobre, porque no recoge ni expresa los elementos esenciales que definen las MDO en los escenarios contemporáneos.
Si las MDO fueran un asunto de sincronizar en tiempo y en espacio las acciones de los dominios puramente militares, no hubieran tenido un Concepto OTAN que ha sido desarrollado durante años. Básicamente porque esa forma de operar se puede enmarcar dentro del concepto Joint (Conjunto). El arte operacional, que habilita las operaciones conjuntas, tiene mecanismos muy engrasados para realizar esa sincronización, aunque es cierto que el reto ahora es introducir en los procesos de trabajo cuatro nuevos socios; el ciberespacio y el espacio ultraterrestre junto con los entornos de la información y el electromagnético.
Las MDO en la OTAN procuran atender a todos aquellos dominios que tienen impacto en el campo de batalla, similar acepción a la que tiene la Unión Europea[6] con sus trece dominios. Es por ello que la definición en la OTAN de MDO es la siguiente[7] “la orquestación de actividades militares, en todos los dominios y entornos, sincronizadas con actividades no militares, para habilitar a la Alianza en alcanzar efectos convergentes a la velocidad pertinente”. Tal y como expliqué en un artículo anterior[8] las podemos desglosar en
- La orquestación en todos los dominios y entornos.
- La sincronización con los Instrumentos de Poder y los actores civiles.
- La velocidad pertinente (traducción quizás inadecuada de speed of relevance).
A esta definición se llegó después de un proceloso proceso de acuerdo, también con las naciones, que ha quedado reflejado en el Concepto MDO de la OTAN[9]. De forma paralela y en aras de dotar de más cuerpo al Concepto, han aparecido otros elementos conceptuales que construyen el edificio de las MDO. Uno de ellos es el Cross Domain Command Concept[10], pieza capital para entender las relaciones de mando entre los dominios.
El papel de cada uno de los niveles de las operaciones
Antes de revisar la forma de conducir las operaciones, hay que comprender cómo se comportan los diferentes niveles – estratégico, operacional y táctico –, especialmente en el papel de dirección. Es decir, debemos conocer cómo afrontan los diferentes niveles su responsabilidad de dirigir las MDO. Este aspecto es importante porque las MDO modifican sustancialmente la responsabilidad asignada a cada uno de los niveles de las operaciones.
Antaño la forma de proceder de cada uno de los niveles era clara[11], sin ambages;
- El nivel estratégico promulgaba un plan y asignaba recursos y reglas. Una vez lanzada la operación su papel era menos relevante a no ser que el nivel operacional demandara más recursos.
- El nivel operacional elaboraba el plan de campaña dirigía sus esfuerzos a integrar priorizar y sincronizar las acciones de los diferentes dominios.
- El nivel táctico ejecutaba las acciones y proporcionaba el conocimiento situacional del campo de batalla.
En la actualidad algunos aspectos de los conflictos modifican esta forma de proceder. Las responsabilidades ya no son estancas, sino que se comparten entre los niveles. Incluso en determinadas áreas, los tres niveles tienen un peso específico relevante lo que exige un nivel de gobernanza multinivel[12]. Entre estos aspectos que modifican la conducción destacaría los siguientes:
- El nivel estratégico retiene la conducción de las operaciones en ciertos dominios y entornos, por ejemplo, el dominio ciberespacial[13] o el entorno de la información (los asuntos cognitivos).
- El nivel táctico es capaz de realizar operaciones conjuntas, al menos en los dominios tradicionales, por ejemplo, el mando componente marítimo sabe combinar acciones aéreas y marítimas. De hecho, los mandos componentes pueden ser designados como comandantes operacionales para conducir una operación que no tenga mucha componente conjunta.
- Las repercusiones de una acción en los diferentes niveles son radicalmente distintas y afectan a multitud de audiencias. El nivel operacional o el táctico no puede evaluar las implicaciones estratégicas o políticas de una acción militar, especialmente su impacto en el entorno de la información. Por ello, todos los niveles deben disponer del conocimiento situacional[14] .
- Las naciones tienen un papel más relevante en las operaciones, en particular si son de naturaleza defensiva en su territorio. Las responsabilidades a asumir por las naciones cubren toda la gama de circunstancias que engloba una operación, pero en especial en la convergencia de las acciones de los cinco dominios y los dos entornos. Esta realidad cambia el paradigma de las operaciones OTAN hasta la fecha centradas en la disuasión y en contribuciones fuera del territorio de las naciones miembro.
- La integración de los Instrumentos de Poder y de los actores civiles debe tener reflejo en el nivel operacional que retiene la generación de sinergias en las diferentes dimensiones. Entendemos dimensión como el lugar donde los efectos tienen lugar, la OTAN ha declarado tres dimensiones, física, virtual y cognitiva.
Estos aspectos producen los siguientes efectos;
- El nivel estratégico ambiciona estructuras más planas y tener competencias en las actividades del campo de batalla. Se generan varios centros de control de las actividades en todos los niveles, los famosos Joint Operations Centers (JOC). Esta visión es una tendencia natural cuando se trabaja en tiempos de paz, donde las interacciones militares son escasas y existe un férreo control de los niveles superiores, en especial el político.
Esta forma de proceder demanda que el Cuartel General a nivel estratégico deba correr dos o tres ritmos de batalla[15]. Esta aproximación es onerosa en términos de recursos y suele ser impracticable porque, el nivel estratégico no puede correr ritmos de batalla con tempos tan diferentes (estratégico vs operacional) [16]. En tiempos de crisis o conflicto esta aproximación hará colapsar al nivel estratégico.
- El nivel operacional se desborda en competencias con la llegada de dominios como el ciberespacial o el espacial. Son dominios que por regla general las capacidades se encuentran en la sociedad civil. Es complejo encontrar capacidades que se transfieran y también es difícil su proceso de integración en los procedimientos del nivel operacional como el de assessment o la gestión de riesgos. Este desbordamiento se alivia si proporcionamos más libertad de acción a los niveles tácticos, estimulando el mando orientado a la misión (mission command en inglés).
- No existen estructuras ni mecanismos que atiendan, en los tres niveles, a la coordinación con las naciones y sus aportaciones militares no transferidas. Tampoco se disponen de mecanismos de coordinación en todos los niveles con los Instrumentos de Poder ni sociedad civil. Tanto a nivel nacional como a nivel OTAN esta coordinación se realiza desde el nivel estratégico, no se participa apenas desde el nivel operacional o táctico.
De forma conceptual y considerando que los recursos son limitados y hay que explotar el empoderamiento de las organizaciones de los tres niveles hay que determinar la forma en la que se distribuyen las responsabilidades en el nuevo entorno operativo.

Una de las propuestas sería la que refleja la ilustración 1. Es un gráfico de triple entrada, en un eje se representan los actores, en otro los dominios y por último en el eje vertical se representa la complejidad del entorno operativo.
En este esquema, el cuadrado interior debe ser asumido por el nivel táctico, es decir los dominios tradicionales y las fuerzas transferidas en el campo de batalla. Los Mandos Componentes deberían ser capaces de conducir las operaciones en el cuadrado interno, con un cierto nivel de cooperación con el nivel operacional en términos de coordinación, pero deben establecerse mecanismos entre los comandantes para apoyar las operaciones.
El área de la orquestación, donde se incorporan los dominios ciberespacial y el espacio ultraterrestre, debe ser asumida por el nivel operacional. Además, debe también ser el responsable de las fuerzas militares no transferidas por los miembros de la Alianza en la zona de operaciones. El nivel operacional debe encargarse de apoyar al nivel estratégico en la orquestación de las actividades de carácter armado dentro de la zona de operaciones. Tanto de las fuerzas que se le hayan transferido como de las que no. Es decir, debe promulgar directrices en términos de los objetivos a alcanzar para que las naciones llevan a cabo las actividades oportunas que contribuyan a mejorar las sinergias de las acciones militares con independencia de quién la ejecute.
Por último, la responsabilidad de la sincronización recae en el nivel estratégico, con los Instrumentos de Poder y los actores civiles presentes en la zona de operaciones. Esta coherencia de las actividades cívico militares se debe conseguir mediante la aprobación por parte del Consejo del Atlántico Norte del Plan de las Operaciones. Este Plan debe ser trasladado al nivel operacional mediante la creación del Plan de Campaña que establece un marco de entendimiento en términos de coordinación y de cooperación para que se logren las sinergias necesarias en el campo de batalla.
La OTAN un megapetrolero
La OTAN es una organización gobernada por las naciones, se podría pensar que tiene vida propia, pero en realidad su vida la gobiernan las naciones, en la actualidad la Alianza se constituye con 32 naciones soberanas. Además, la OTAN se gobierna por el consenso y esta aproximación permea todos los procesos de trabajo, no es una organización que se lleve muy bien con posturas unilaterales, se prefiere que el unilateralismo se asuma en los márgenes de las reuniones formales, especialmente las de carácter político militar.
Esta situación nos lleva a que en tiempo de paz muchos procesos menoscaban la libertad de movimiento de los diferentes comandantes de las operaciones. Para permitir un mayor nivel de libertad se recurre a la generación de doctrina y procedimientos. Algunos de los cuales favorecen el control externo de las naciones y de organismos civiles. Un ecosistema complejo que privilegia el control antes que el movimiento, la supervisión previa antes de la aprobación pero que garantiza la integridad de las actividades. En definitiva, esta aproximación redunda en perjuicio de las operaciones MDO puesto que deben generar efectos a la velocidad pertinente.
De esta forma, la OTAN, de facto, se comporta como un megapetrolero de 400.000 toneladas que necesita un arco de giro de varias millas si quiere cambiar de rumbo el barco. Sin embargo, es una organización muy fiable sin grandes fiascos organizativos. Es razonable esta actitud porque en tiempos de paz la Institución se gobierna por el principio de aversión al riesgo que inhibe las posturas proactivas, básicamente se rige por el refranero español “vísteme despacio que tengo prisa”. En tiempos de conflicto, las organizaciones buscan la eficacia, asumen riesgos y estimulan la proactividad y la innovación.
Por lo tanto, para garantizar que el cambio de rumbo es pertinente y asegurar la decisión que implica la modificación del mando y control, el proceso debe realizarse por consenso y se debe haber practicado con antelación, básicamente durante los ejercicios. Es además conveniente disponer del apoyo de innovación que en la OTAN, en la parte de ACO (Allied Command Operations), se entiende como el aporte expedito de soluciones a problemas identificados.
La conducción de las operaciones
La doctrina militar contempla que “operations are conducted through the art of directing, coordinating, controlling and adjusting the actions of forces to achieve specific objectives” (AJP3, p. 1-2). La labor de conducir es por lo tanto una labor de promulgar directrices, coordinar la ejecución y controlar que la actividad no se desvía de su finalidad que son los objetivos. Las operaciones se conducen, es decir, se mandan[17], aunque a veces de forma errónea se utilice el término ejecutar que es más apropiado su uso cuando nos referimos a las acciones. En puridad se ejecutan las acciones mientras se conducen o se mandan las operaciones.
Las MDO en la OTAN se conducen en todos los niveles de las operaciones, es decir en el nivel estratégico, operacional y táctico se deben realizar las tres acciones; dirigir, coordinar y controlar. La diferencia es que, en cada nivel, cada acción se realiza con una intensidad y de una forma específica. La principal actividad del nivel estratégico es la dirección, del nivel operacional es la coordinación mientras que en el nivel táctico se pone más esfuerzo en el control de la actividad por las implicaciones que tienen la ejecución de las acciones militares.
El arte de la guerra contempla que la conducción de una operación es la ejecución de un plan previamente elaborado. En la OTAN el proceso de planeamiento militar tiene como un hito fundamental la creación de un Plan a nivel estratégico que posteriormente deriva en un Plan a nivel operacional. Los recursos necesarios para ejecutar el Plan son proporcionados por las naciones sobre la base de un acuerdo en el uso de ese recurso. Es decir, si se necesita una fragata se acuerda con la nación el uso de esa fragata además de aportarse unas Reglas de Enfrentamiento (ROE por sus siglas en ingles Rules Of Engagement).
Esta lógica ha perdurado durante muchos años, basa su eficacia en que el nivel operacional, que es el que recibe los recursos, integra, prioriza y sincroniza las acciones militares para que se produzcan sinergias y se multiplique el efecto sobre el adversario. Una de las características del arte operacional es que se encapsulaba toda la dirección de la acción militar en el nivel operacional que se convertía en el director de orquesta. El nivel táctico ejecutaba las acciones ordenadas por el nivel operacional que evaluaba la evolución de la situación.
En la actualidad, la conducción demanda un sistema de gobernanza multinivel tanto vertical, por ejemplo, con el nivel estratégico no sólo de la OTAN sino también de naciones, como horizontal, en el caso del nivel operacional porque existen tres cuarteles generales de nivel operacional y cada uno tiene competencias en las áreas de las operaciones. Este nivel de gobernanza debe ser trasladado a las funciones en las que se desglosa la conducción, es decir dirección, coordinación y control de las actividades. Veamos una posible propuesta de estructura que al final es una estructura de mando y control de las operaciones.
La faceta de dirección, quizás la más sencilla, se desglosa en dos actividades concurrentes;
- Las directrices estratégicas, que debe ser aprobadas por el nivel político de tal forma que mejora la potencial relación con las naciones en las actividades que tienen lugar en el campo de batalla. Esas directrices deben establecer los marcos de entendimiento (estructuras y procesos) entre los actores militares y civiles.
- Por otra parte, puesto que el nivel que debe determinar los efectos es el nivel operacional, el nivel operacional debe promulgar el plan de operaciones tanto para los niveles subordinados como para el superior, en el caso de la OTAN SHAPE. Además, debe proporcionar la evaluación de la campaña, considerando los efectos tanto de las acciones a nivel táctico como las que corresponden al nivel operacional (dominios ciberespacial y espacio ultraterrestre) y el nivel estratégico (Instrumentos de Poder y Sociedad Civil).
En el caso de coordinación el sistema se vuelve realmente complejo porque se debe coordinar la consecución del plan en todos los niveles, de esta forma:
- La sincronización, entendida como la coordinación con los Instrumentos de Poder y los actores civiles debe recaer en el nivel estratégico, informando al nivel operacional de las acciones y los potenciales efectos en las tres dimensiones.
- La orquestación debe recaer en el nivel operacional que se encarga de coordinar con las naciones una vez el marco de trabajo general se ha promulgado por parte del NAC. Estas estructuras de coordinación y de cooperación apenas no están creadas en toda su amplitud.
- Las actividades de coordinación con las fuerzas transferidas deben ser realizada por los mandos componentes o los mandos de dominio.
Esta complejidad solo puede abordarse mediante un consenso sustantivo en el planeamiento, especialmente en el nivel estratégico y en el operacional, que permita implantar el mando orientado a la misión como uno de los pilares centrales de las MDO. El mando orientado a la misión debe proporcionar a los comandantes mayores márgenes de libertad de acción en la ejecución, porque el grado de coordinación que exigen las MDO es imposible de sostener con la mentalidad actual, todavía demasiado anclada en el control detallado de las actividades. Estos atavismos son realmente el mayor problema en la implementación de conducción de las MDO.
El control constituye el último eslabón de la conducción y es, paradójicamente, el más sencillo, ya que los mecanismos existentes ya están consolidados. Sin embargo, es imprescindible avanzar hacia un nivel superior de transparencia en las actividades, que permita mejorar ese control y, sobre todo, anticipar sus repercusiones potenciales en un entorno donde las acciones en el campo de batalla son plenamente visibles para la sociedad civil y generan efectos estratégicos y políticos inmediatos.
Conclusiones
Las MDO en el seno de la Alianza deben funcionar con un sistema de gobernanza multinivel, ya que implican a una amplia constelación de actores —militares, políticos y multinacionales— sobre los que las autoridades de los tres niveles de conducción de operaciones —estratégico, operacional y táctico — ejercen competencias diferenciadas. Sin embargo, coordinar estos niveles y actores a la velocidad que exige el entorno operativo contemporáneo resulta irrealizable si no se alcanza un esfuerzo extraordinario de consenso en la elaboración de los planes, tanto en el nivel estratégico como en el nivel operacional.
Solo mediante ese consenso reforzado es posible aplicar un nuevo concepto de operaciones orientadas a la misión, sustentado en una transparencia plena y en el empoderamiento efectivo de todos los escalones de la organización, condición indispensable para que la Alianza pueda operar de forma coherente en un entorno multidominio.
No se trata de cambiar por completo la estructura actual de mando y control, más al contrario se trata de breves modificaciones estructurales, pero de amplios cambios culturales en la comprensión de los conflictos. Nuestro megapetrolero es el de mayor porte del mundo (en términos de capacidades militares) pero eso complica la libertad de movimiento, debemos ser capaces de trabajar con marcos acordados muy robustos que generan confianza a la hora de realizar actividades de forma autónoma en la zona de operaciones.
En la actualidad, en el entorno operativo, aparecen muchos actores civiles con importantes capacidades en la generación de efectos en las dimensiones del campo de batalla. Estos marcos de trabajo no están generados, quizás por una falta de cultura estratégica en muchos países, quizás por otros factores asociados a prejuicios o sesgos del pasado, pero es tiempo de modificar estos comportamientos por el beneficio colectivo porque debemos estar preparados para dar la oportuna respuesta a una materialización de la amenaza.
La conducción de las operaciones debe ser capaz de coordinar todo este esfuerzo, orientado a la generación de las sinergias cívico militares que permitan golpear con más dureza el centro de gravedad del adversario y permitir una victoria rápida además de una importante contribución a la disuasión y a la respuesta en escenarios de competencia estratégica.
Una vez más, en la consecución de las MDO, se repite el esquema; juntos somos más fuertes pero unidos somos invencibles.
[1] Las políticas de Warfighting pretenden adaptar la Institución a escenarios de combate de alta intensidad. El documento que guía el esfuerzo es el NATO Warfighting Capstone Concept (NWCC). Una versión sanitizada está disponible en https://www.act.nato.int/our-work/nato-warfighting-capstone-concept/
[2] La definición de dominio la encontramos en el NATOTerm “específica esfera de capacidades y actividades que pueden ser aplicadas en un campo de batalla”
[3] Clausewitz, C. von. (1832–1834). Vom Kriege. Ferdinand Dümmler.
[4] US TRADOC, «The US Army Multidomain Operations 2028», Pamphlet 525-3-1, 6 de diciembre de 2018, https://www.army.mil/article/243754/the_u_s_army_in_multi_domain_operations_2028.
[5] El anterior concepto indica que “this concept proposes a series of solutions to solve the problem of layered standoff. The central idea in solving this problem is the rapid and continuous integration of all domains of warfare to deter and prevail as we compete short of armed conflict”.
[6] Cullen, P., Juola, C., Karagiannis, G., Kivisoo, K., Normark, M., Rácz, A., Schmid, J. and Schroefl, J., The landscape of Hybrid Threats: A Conceptual Model (Public Version), Giannopoulos, G., Smith, H. and Theocharidou, M. editor(s), EUR 30585 EN, Publications Office of the European Union, Luxembourg, 2021, ISBN 978-92-76-29819-9, doi:10.2760/44985, JRC123305.
[7] Para 1.2. del AJP-1 Ed f Allied Joint Doctrina. La publicación se encuentra disponible en https://www.coemed.org/files/stanags/01_AJP/AJP-01_EDF_V1_E_(1)_2437.pdf.
[8] Nieto, Ignacio (2026), “Entendiendo la complejidad de las Operaciones Multidominio”, Global Strategy Report, 4/2026. Disponible en https://global-strategy.org/operaciones-multidominio/
[9] https://www.act.nato.int/article/mdo-in-nato-explained/
[10] https://www.sto.nato.int/document/cross-domain-command-concept-presentation/
[11] Para profundizar en la estructura de mando y control de la OTAN en relación a los niveles de las operaciones recomiendo la lectura del párrafo 1.81 del AJP3 Ed1 sobre conducción de las operaciones.
[12] Por ejemplo, en la generación de efectos en los dominios tradicionales donde el nivel táctico tiene un mayor predominio. La coordinación del entorno electromagnético es el nivel operacional con los Centros de Operaciones Electromagnética y en el entorno de la información es el nivel estratégico el que tiene el peso específico en las acciones a realizar.
[13] Por ejemplo con el NATO Cyber Security Center https://www.nato.int/en/what-we-do/deterrence-and-defence/cyber-defence
[14] Conocimiento situacional que se define como el conocimiento de todos los elementos del campo de batalla necesarios para la realización del proceso de toma de decisiones bien fundamentado. Traducción del autor, definición obtenida del NATOTerm Del NATO Term: “The knowledge of the elements in the battlespace necessary to make well-informed decisions2.
[15] El ritmo de batalla se define como “a battle rhythm sequences actions and events within a JTF HQ that are regulated by the flow and sharing of information to support all decision cycles” (AJP 3, p. 3-12).
[16] Prescott, M. (2021). Improving the battle rhythm to operate at the speed of relevance. Joint Force Quarterly, 102, 64–71. https://ndupress.ndu.edu/Media/News/News-Article-View/Article/2679728/improving-the-battle-rhythm-to-operate-at-the-speed-of-relevance
[17] Mandar y conducer en términos de operaciones militares son sinónimos. El NATOTerm define el command como “The authority vested in a member of the armed forces for the direction, coordination, and control of military forces”.
Editado por: Global Strategy. Lugar de edición: Granada (España). ISSN 2695-8937
