Global Strategy Report, 15/2022
Resumen: La creciente ola de ciberataques globales en medio de las tensiones e inestabilidades geopolíticas globales establecen un nuevo referente de análisis de la realidad internacional y sus implicaciones para las naciones. En este sentido, los recientes eventos sobre la materialización de un ransomware (código malicioso que habilita el secuestro y extorsión con datos) en las instituciones públicas de Costa Rica, dan cuenta del avance de este tipo de estrategias que sugieren una convergencia entre la ciberdelincuencia y las operaciones cibernéticas militares ofensivas. Por tanto, este artículo explora cómo se articulan las capacidades tecnológicas basadas en códigos maliciosos y las capacidades ofensivas cibernéticas con el fin de crear zonas de inestabilidad y manipulación de la opinión pública, como nuevas formas de concretar victorias ágiles desde el interior de las contrapartes, limitando una intervención en el plano cinético tradicional.
Para citar como referencia: Cano, Jeimy (2022), «El ransomware: una estrategia de desestabilización geopolítica. El Caso de Costa Rica», Global Strategy Report, No 15/2022.
Introducción
Las crecientes tensiones internacionales por cuenta de las inestabilidades geopolíticas recientes, establecen un nuevo referente de gobernabilidad y estrategia para las naciones en el mundo. Lo que en el pasado se denominaba una paz tensa, en medio de las “normales” acciones bélicas en medio oriente, hoy ha cambiado por una acelerada confrontación diplomática y política desatada por los recientes hechos de las “operaciones militares especiales” de Rusia sobre Ucrania (O’Neill, 2022).
Esta nueva realidad del escenario internacional, no sólo afecta el normal desarrollo de la dinámica global del comercio y las relaciones entre los países, sino que marca una nueva frontera de acciones y desarrollo de alianzas estratégicas, que buscan no sólo conformar un bloque sólido y efectivo para contener avances de los adversarios, sino establecer un nuevo paradigma de seguridad y defensa que va más allá de los ejercicios diplomáticos tradicionales para habilitar el “derecho a la legítima defensa” y el “uso de la fuerza” (Bermejo & López, 2020).
En este contexto, las operaciones cibernéticas adquieren especial interés, comoquiera que desarrollan una capacidad de influencia, desestabilización y daño que incluso puede llegar en algún momento a ser semejante a las operaciones cinéticas tradicionales basadas en las armas convencionales. Por lo tanto, reconocer el ciberespacio como un escenario de operaciones militares y despliegue de estrategias de confrontación, configura una perspectiva enriquecida de los conflictos modernos, los cuales ahora se motivan desde la desinformación y manipulación de la opinión, para luego escalar en otros de los dominios tradicionales como pueden ser tierra, mar, aire o espacio (Dinniss, 2014).
Los eventos recientes relacionados con el ataque cibernético efectuado a las instituciones del gobierno de Costa Rica, muestran una nueva faceta de las tensiones geopolíticas ahora desde la perspectiva cibernética. El ransomware (o secuestro y extorsión con datos – de ahora en adelante RSW) se configura como un arma y una estrategia donde convergen los intereses de grupos criminales internacionales que buscan obtener ganancias por cuenta de estos eventos, con el deterioro de las instituciones y las vulnerabilidades cognitivas de las naciones, que sólo requieren de un motivo para activarse, y así, crear la inestabilidad que desencadene acciones adversas que afecten la dinámica de las naciones y socaven la institucional de los gobiernos.
Por tanto, este documento desarrolla un breve análisis de los eventos que han ocurrido en Costa Rica, considerando las noticias y documentos públicos disponibles a la fecha, para desde allí establecer una base conceptual y práctica del uso del RSW como una estrategia y arma de desestabilización geopolítica, que motivada desde los elementos claves como deterioro o falta de atención sobre infraestructuras críticas (de información y cibernéticas), las vulnerabilidades cognitivas de las sociedades y las tensiones políticas, sociales y económicas de un país, es capaz de concretar operaciones cibernéticas que cambien el rumbo de la dinámica de un Estado y por tanto, la lectura de los conflictos modernos.
¿Qué es el ransonware? ¿Por qué resulta tan interesante para los adversarios?
El secuestro de datos, y su posterior extorsión por parte de terceros, no es una técnica reciente en el mundo de los códigos maliciosos. Es una expresión evolutiva de la especialidad y sofisticación de un malware que aprovechándose de una acción concreta de una persona (abrir un correo, hacer un click, desplegar una imagen, etc.), permite activar un programa maligno de manera silenciosa, que evadiendo los radares de los controles tecnológicos disponibles, despliega capacidades para identificar archivos, tomar posesión de los mismos, cifrarlos y luego, hacerse con el control de la máquina, que finaliza con un anuncio para el afectado donde le indica lo que ha ocurrido, cuánto tiempo le queda para pagar y así recibir la llave de descifrado (que no es garantía de recuperación total de los archivos). Si no se procede con el pago, el adversario podrá actuar generalmente de dos formas: destruyendo los archivos o revelándolos de forma pública con los efectos que cualquiera de las dos acciones pueda tener (Al-rimy, Aizaini & Zainudeen, 2018).
Cuando una organización o un país se enfrenta al reto de un RSW, son pocas las maniobras jurídicas que puede activar para tratar de contener posibles efectos adversos en su contra. Por un lado, puede acudir a una póliza de seguros cibernético, que de acuerdo con sus alcances y exclusiones podrá apoyar a la empresa o a la nación para manejar este momento. Por otro lado, puede lanzarse a negociar con el agresor que ha capturado los datos, con la claridad de que, aun teniendo la forma de restaurar la información, es probable que no pueda hacerlo, o finalmente informar a la autoridad competente o contar con asistencia internacional para utilizar diferentes estrategias que le permitan encontrar al agresor, desactivar el mecanismo de cifrado, usar los canales diplomáticos, si son del caso y así, ajustarse a los cánones establecidos por la constitución, la ley y los tratados internacionales.
Al evaluar la materialización de un evento como de RSW habrá que mirar los dos lados de la ecuación: a la empresa, la nación o la persona, así como al atacante. Por el lado de la persona, la empresa o la nación el análisis puede incluir, entre otros aspectos:
- Nivel de aseguramiento de las prácticas de seguridad y control en las instituciones o las empresas.
- Nivel de afinamiento y uso de las tecnologías de seguridad y control disponibles en las empresas o entidades del Estado.
- Pruebas y lecciones aprendidas de la evaluación y seguimiento a los planes de recuperación y continuidad de negocio.
- Simulaciones o ejercicios realizados alrededor del RSW.
- Análisis de comportamientos de navegación y uso de internet empresarial y nacional.
- Nivel de desarrollo de cultura de seguridad de la información (incluida la ciberhigiene personal).
- Análisis prospectivos de riesgos latentes y emergentes en el contexto de las operaciones y estrategias de la empresa o de los retos del país.
- Definición del apetito al riesgo empresarial (o personal) (Herrera et al., 2019).
Cualquier deficiencia o resultado que no corresponda a lo esperado en cada uno de estos elementos previamente mencionados, será asociado con una limitada capacidad de gestión tanto de la organización como de la nación o la persona frente al debido cuidado que deben tener en la protección de la información o los datos que tienen a cargo o de su propiedad, lo que en últimas se traduce en una posible acción negligente que podría ser comprobada vía ejercicios de auditoría o verificación independiente.
Ahora desde la perspectiva del agresor, el análisis puede incluir entre otros aspectos los siguientes:
- Nivel de especialización y habilidad para desarrollar inteligencia.
- Motivaciones específicas que llevan a la acción.
- Uso de herramientas conocidas o especializadas.
- Conexiones con otros grupos criminales.
- Pagos basados en criptomonedas, o monetizaciones de otras formas.
- Patrones de actuación previos.
- Antecedentes disponibles a nivel nacional o internacional (Cano, 2020).
Cualquier información que se cuente basado en el listado anterior, ofrecerá orientaciones y pistas para seguir el rastro del atacante. Cada uno de ellos ayudará a darle forma al rompecabezas que implica conectar las diferentes acciones del agresor, con el fin de encontrar patrones consistentes que den luces para reconstruir su acción criminal y así, lograr en el mejor de los casos su ubicación y captura. Esto no siempre se logra y por lo tanto, cuanta más información confiable y relevante se pueda obtener, mejores mapas se podrán delinear sobre un territorio siempre incierto que plantea el adversario (El-Kosairy & Azer, 2018).
El caso de Costa Rica. La agresión contra las instituciones públicas, sus servicios y los datos de sus ciudadanos
Costa Rica es un país centroamericano que se ha caracterizado por su política de no agresión y tranquilidad. Es un estado soberano que ha construido con el paso de los años una postura de respeto y conciliación que tiene en sus ciudadanos su mejor motivo para construir escenarios de bienestar general y sostenibilidad con el medio ambiente. Su reconocida estrategia de cuidado ambiental y preferencia por las energías limpias lo hacen un ejemplo para la región y un referente de cultura del cuidado del ambiente, que bien lo saben expresar los costarricenses cuando se saludan: “pura vida”.
Esta tranquilidad ha sido interrumpida recientemente, luego de la posesión del nuevo gobierno del presidente Rodrigo Cháves, con ataques cibernéticos a algunas instituciones públicas como: (Greig, 2021)
- El Ministerio de Hacienda.
- El Ministerio de Ciencia, Innovación, Tecnología y Telecomunicaciones.
- El Ministerio de Trabajo y Seguridad Social.
- La Caja de Desarrollo Social y Prestaciones Familiares.
- El Instituto Nacional de Meteorología.
- La Caja Costarricense de Seguro Social.
- La Sede Interuniversitaria de Alajuela.
las cuales han sido impactadas por las acciones del grupo criminal Conti, que desde el 17 de abril de 2022 iniciaron una serie de actividades maliciosas y adversas que terminaron con el compromiso de más de 700 Gb de información, que recientemente han sido liberados por el grupo en mención en la “Darkweb” (Greig, 2021).
Los miembros de Conti han efectuado varias publicaciones en redes sociales en tono de ironía y amenaza respecto de la actitud que ha tenido el gobierno de Costa Rica sobre el no pagar por las llaves de descifrado para tener acceso a la información comprometida. A continuación algunos de sus textos: (Greig, 2022b).
“Es imposible mirar las decisiones de la administración del Presidente de Costa Rica sin ironía, todo esto se pudo haber evitado pagando ustedes hubieran hecho su país realmente seguro, pero van a recurrir a Biden y sus secuaces, este viejo tonto se va a morir pronto”.
“El propósito de este ataque era ganar dinero, en el futuro definitivamente realizaré ataques de un formato más serio con un equipo más grande, Costa Rica es una versión de demostración”.
“Solo paguen antes de que sea demasiado tarde, su país fue destruido por 2 personas, estamos decididos a derrocar al gobierno por medio de un ciberataque, ya les hemos mostrado toda la fuerza y el poder, han implantado una emergencia”.
“Hago un llamamiento a todos los residentes de Costa Rica, acudan a su gobierno y organicen concentraciones para que nos paguen cuanto antes. Si su gobierno actual no puede estabilizar la situación? ¿Quizás valga la pena cambiarlo?”
Los efectos actuales de las acciones adelantadas por este grupo criminal se ven materializadas en: (Greig, 2022b).
- Paralización las plataformas de aduanas e impuestos del país junto con varios otros organismos gubernamentales,
- Colapso de un proveedor de energía de una ciudad costarricense,
- Inhabilitación de los servicios digitales que provee el Ministerio de Hacienda del país lo que ha hecho casi imposible que se procesen los trámites, las firmas y los sellos exigidos por la ley.
Como se puede observar el grupo criminal, que posiblemente es patrocinado por Rusia, ha generado inestabilidad suficiente en el país para que se haya expedido el decreto ejecutivo nº 42542 que abarca “todo el sector público del Estado costarricense” y califica a los operadores del Conti de “ciberterroristas” (Greig, 2022). En este sentido, la temática de la protección y aseguramiento de las infraestructuras críticas toma la mayor relevancia y el mayor foco de inversión para adelantar las acciones que permitan limitar los efectos de la materialización del RSW en sus instituciones.
Es importante anotar que en mayo de 2021, el mismo grupo criminal adelantó un ataque semejante en Irlanda a su sistema de salud pública. Desde el primer día en que el ataque se hizo público, hasta avanzada la situación, los atacantes enviaron mensajes a través de un dominio de la “Dark Web” (.onion), tal y como lo han hecho con el caso Costa Rica (Le Lous, 2022).
El ransomware como estrategia y arma de desestabilización geopolítica
Un reciente informe del Boston Consulting Group indica que “el riesgo geopolítico está en su nivel más alto en décadas, y el impacto potencial a largo plazo de la guerra en Ucrania se extiende mucho más allá de los precios de los materiales y las cadenas de suministro. En consecuencia para tener éxito, las empresas deben entender su exposición al riesgo de forma exhaustiva, gestionarlo eficazmente y priorizar las inversiones adecuadas a largo plazo” (Hansell et al., 2022). En este sentido, tanto las organizaciones como las naciones deberán comprender no sólo como se van a sobrevivir en medio de las tensiones propias del momento, sino como prosperar en un entorno cada vez más agreste.
En medio de estos movimientos internacionales la zona de confrontación no sólo ocupa el campo cinético tradicional como se ha venido observando a través de los medios de comunicación, sino que se advierte un campo de batalla en el entorno cibernético, donde un ciberconflicto se libra en medio de operaciones militares cibernéticas que tiene como objetivo las infraestructuras críticas de los países, así como operaciones cognitivas para crear imaginarios y manejar la información con el fin de crear inestabilidad e inciertos, desde el interior de las mismas naciones (O’Neill, 2022).
Este tipo de operaciones cibernéticas se adelantan en lo que se ha denominado la zona gris (Jordan, 2021). Una zona que separa la paz de la guerra abierta, un lugar donde todas las acciones se adelantan por debajo del umbral de la fuerza. Es una zona que “permiten a muchos actores proyectar su poder de manera asimétrica dificultando la atribución de sus acciones, impidiendo la asignación de responsabilidades legales, imposibilitando cualquier represalia contra ellos y comprometiendo la credibilidad de las herramientas disuasorias del actor que ha sido atacado” (Colom, 2019, p.16).
Por tanto, el ciberespacio establece un nuevo escenario de confrontación donde las ciberarmas y estrategias de desinformación se convierten en aspectos relevantes para concretar los objetivos estratégicos de los adversarios (Dinniss, 2014). En esta línea, el RSW se perfila como una herramienta y arma cibernética que, debidamente articulada con la sensibilidad de la información y las distracciones que se pueden generar en el contexto social, puede lograr inestabilidades e inciertos lo suficientemente relevantes para crear condiciones de incertidumbre y desestabilización que terminen afectando tanto a empresas como naciones.
Las características del RSW, previamente comentadas, están alineadas con las estrategias y detalles de la zona gris, haciendo de éste un instrumento natural que permite la convergencia de los intereses políticos y militares adversos, con la delincuencia organizada. Esta fusión de fuerzas contrarias es capaz de conectar y desplegar ágilmente campañas de desinformación y malinformación, que transforma y acelera en el contexto digital la propaganda política del pasado, ahora desde plataformas, tecnologías y algoritmos que son capaces de crear tendencias y manipular las opiniones, así como ubicación y propagación de código malicioso que hace sentido desde los imaginarios creados por los adversarios.
Los eventos de RSW que se ven en la actualidad y los que se verán en el futuro, muchos de ellos con características y estrategias de propagación mejoradas, estará articulados de mejor forma desde plataformas como servicio, que elaborados a la medida y persiguiendo intereses particulares, son capaces de crear tensiones en las organizaciones, en entidades de públicas y empresas privadas, no solo para mostrar y retar las capacidades de seguridad y control de sus afectados, sino para crear pivotes de inestabilidad que sigan un plan articulado de operaciones cibernéticas militares, que pueden usar a terceros (proxies) como fundamento de sus capacidades ofensivas en una zona gris (Jordan, 2021).
El RSW como estrategia de desestabilización geopolítica debe responder a una planeación de operaciones cibernéticas ofensivas que tienen como objetivo crear zozobra, pánico, incapacidad de acción y sobremanera miedo a la población civil, que viendo la impotencia de las empresas y los Estados frente a los eventos, deja al descubierto su poca preparación, su baja capacidad de respuesta y sobremanera el poco interés de la temática en la dinámica del ejercicio de gobernabilidad de un país y de una empresa (Campos, 2022).
El RSW si bien técnicamente es un malware que tiene capacidades destructivas, es un instrumento de movilización de imaginarios colectivos, que afecta la percepción de seguridad y tranquilidad de un conglomerado nacional o empresarial, que sin adecuado nivel de preparación es capaz de someter mental y tecnológicamente la dinámica de la sociedad, creando pérdida de reputación y credibilidad lo suficientemente importante para capturar y deteriorar la confianza de un Estado y comprometer el modelo de generación de valor de las empresas.
Ransomware y geopolítica: ¿qué podemos aprender?
El RSW como parte del arsenal cibernético disponible de las operaciones militares ofensivas en el ciberespacio, hace parte inherente de los denominados conflictos híbridos. Dichos conflictos donde se hace un uso sincronizado de múltiples instrumentos de poder (militares, políticos, económicos, civiles o de información) adaptado a vulnerabilidades específicas en todo el espectro de funciones sociales para lograr efectos sinérgicos representados en coerción y degradación del proceso de toma de decisiones del rival (Cullen & Reichborn, 2017), es el escenario más adecuado para concretar operaciones cibernéticas que actúen como fundamento del programa de desestabilización y dominio planteado por la contraparte.
Los hechos recientes y el aumento del uso del RSW como capacidad ofensiva advierte tanto a organizaciones como a naciones sobre las acciones que deben tomar de forma estratégica y táctica para enfrentar una amenaza latente que puede ser concretada de forma ágil y efectiva, bien por un deterioro continuado de la ciberseguridad de las infraestructuras críticas o por la aparición y expansión de la amenaza interna (generalmente invisible) que esté instalada en cada una de las instituciones públicas o áreas de las organizaciones.
Considerando lo anterior, el gobierno irlandés en conjunto con la consultora internacional PricewaterhouseCoopers (PwC), adelantó una revisión en profundidad de los eventos adversos de mayo de 2021 en sus servicios de salud pública ocasionados por el grupo cibercriminal Conti, cuyos resultados establecen una serie de medidas claves que se deben tener en cuenta frente a esta amenaza creciente que continua cobrando víctimas a nivel internacional y que está todo el tiempo buscando nuevos objetivos y oportunidades para lograr nuevas fuentes de financiación y extorsión.
Dentro de las recomendaciones efectuadas por la consultora al gobierno Irlandés se encuentran las siguientes: (PwC, 2021)
- Implementar una estructura de gobernanza para la tecnología de información y la ciberseguridad
- Reconocer las interconexiones entre los diferentes actores y sectores aliados del sistema de salud.
- Establecer los requerimientos mínimos de ciberseguridad con los terceros de confianza.
- Configurar un comité de seguimiento y evaluación del programa de ciberseguridad.
- Crear una oficina de tecnología y transformación digital
- Definir una visión y arquitectura resiliente para el sector de la salud.
- Asignar un presupuesto a múltiples años para implementar la infraestructura y los servicios requeridos.
- Asegurar una estrategia de tecnología de información resiliente, confiable y flexible que permita escalar en el futuro.
- Incorporar la figura del Oficial en jefe de seguridad de la información
- Desarrollar una cultura de seguridad de la información alrededor del cuidado de los datos.
- Adelantar ejercicios de simulación y desarrollo de “libros de jugadas” que revelen los puntos ciegos en el modelo de seguridad y control del sector salud.
- Establecer un marco de trabajo para implementación y medición de la ciberseguridad en el sector salud.
Si bien estas recomendaciones se instalan en la dinámica del sector salud y sus diferentes grupos de interés, el gobierno irlandés extiende sus reflexiones y alcances en las capacidades de monitoreo y respuesta que se requieren de forma integral a nivel de las entidades del Estado con el fin de entender las dependencias tecnológicas y los posibles efectos en cascada que se pueden dar cuando una afectación de este estilo pueda presentarse.
Finalmente, es menester del gobierno nacional articular una red extendida de monitoreo y vigilancia nacional, que con apoyo de aliados estratégicos globales, se enmarquen las inestabilidades geopolíticas globales, como insumo base para formular los planes y hojas de ruta estratégicos de ciberseguridad y ciberdefensa de cada sector sensible del país, para visualizar y establecer los posibles adversarios y amenazas que puedan ocasionar desestabilización, inestabilidad o inciertos en la población en general (Mariani et al., 2022).
Reflexiones finales
Las tensiones y eventos actuales establecen un nuevo referente para comprender la dinámica actual de las naciones y las organizaciones. Lo que inicialmente aparecía en el escenario como conocido y estable, se ha transformado en una realidad de riesgos líquidos, riesgos que son en esencia globales, omnipresentes, que resultan difíciles de identificar y que no son obvios a la vista (Ray, 2022). El RSW es uno de esos riesgos líquidos relacionado con la tecnología de información, con impactos económicos, geopolíticos y de naturaleza criminal.
En este sentido, el RSW más que un malware en su definición tecnológica básica, resulta ser un articulador de estrategias militares ofensivas en el ciberespacio, que buscan concretar objetivos de dominación, inestabilidad y deterioro de la confianza de una nación o empresa, con el fin afectar directamente la gobernabilidad de un país desde la afectación de la integridad del imaginario de tranquilidad y protección que debe brindar un Estado. Mientras más visibles y mediáticos sean los efectos del RSW, mayor capacidad de afectación y despliegue tendrá en la lectura de la opinión pública.
Los acontecimientos que se vienen presentando con el grupo criminal Conti en países como Irlanda, Costa Rica y ahora en Perú, dan cuenta de las motivaciones y capacidades de los adversarios, quienes pueden estar actuando a mutuo propio, o como intermediarios de acciones de terceros países, para concretar una agenda de desestabilización que resulte relevante y apropiada para los planes del agresor (Brodersen, 2022). Este riesgo líquido, fruto de vulnerabilidades y amenazas líquidas, son resultado del ritmo acelerado de cambio que se tiene en la actualidad, que se refleja entre muchas cosas, en la fragilidad de las instituciones del Estado y en la sensibiliad y maleabilidad de la opinión pública en las redes sociales (Ray, 2022).
El uso del RSW como una estrategia y arma para la desestabilización geopolítica resulta novedoso para los analista internacionales y especialistas en los temas de ciberseguridad, comoquiera que la convergencia de las acciones e intereses alrededor de la temática resulta enmarcada en el diseño y despliegue de operaciones cibernéticas militares, que más que producir un daño específico a una infraestructura, están orientadas a concretar una misión específica: afectar la dinámica social de una empresa o nación para crear miedo, incertidumbre, dudas, desinformación e inestabilidad que lleven a una sensación de incapacidad y desesperanza en la población, y así concretar una victoria desde dentro de su adversario, sin necesidad de una confrontación en el plano cinético.
Referencias
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