Global Strategy Report, 8/2023
Resumen: La pobre actuación del ejército ruso ha sorprendido a casi todos los analistas. Si bien es cierto que las fuerzas armadas rusas arrastran importantes problemas estructurales, la invasión ha dejado al descubierto carencias doctrinales, intelectuales y de planeamiento que no se esperaban. Este articulo destaca algunas, no solo por ser las mas importantes, sino porque algunos ejércitos europeos tienen similares carencias.
Para citar como referencia: Alonso Blanco, Jesús (2023), “Errores de Rusia en Ucrania (y III): El planeamiento operacional”, Global Strategy Report, 8/2023.
El planeamiento es la ventaja comparativa de los ejércitos sobre otras organizaciones armadas. Es la esencia de la profesión. Constituye un proceso continuo que se desplaza de los entornos de paz, competición, enfrentamiento o guerra, e incluye todos los elementos de poder y. Las guerras se ganan y se pierden en el planeamiento que se realiza en todos los niveles. Las fuerzas armadas rusas arrastran importantes problemas estructurales como una extendida corrupción, un liderazgo basado en el poder, dependencia de ordenes directas fruto de una disciplina ciega o una inexistente gestión del talento. Y aunque los problemas del material ruso, o incluso sus estructuras corruptas han acaparado gran parte de la prensa sobre el fracaso militar, han sido los errores en el planeamiento y conducción de las operaciones las que han llevado al desastre inicial de la invasión. Haría falta información más detallada para analizar si todos han sido efectivamente errores puros, acertada actuación de las fuerzas ucranianas o el resultado de decisiones con poco margen de actuación, pero a estas alturas sí es posible identificar algunas carencias graves que se han producido en el planeamiento operacional.
No obstante, conviene insistir en un aspecto fundamental: es muy difícil que las operaciones militares corrijan los problemas en la formulación de la estrategia. Si la estrategia contiene errores graves, y ya hemos explicado en los dos artículos anteriores que la rusa estaba plagada de ellos, es casi imposible que la actuación militar en los niveles operacionales y táctico pueda alcanzar unos objetivos que estaban equivocados o mal definidos. En realidad, el nivel operacional no solo no va a poder salvar las carencias del nivel estratégico, sino que va a ahondar en su fracaso.
Viendo el desarrollo de la guerra, es muy revelador que no esté claro si el objetivo principal era tomar Kiev o el sur de Ucrania. Mas bien parece que se pretendía obtener todo a la vez en unos tres días. No hubo un adecuado análisis del centro de gravedad ucraniano, ni operaciones de preparación (shaping and enabling operations), ni un adecuado listado de objetivos (targets), ni un estudio detallado del adversario, ni una adecuada sincronización de esfuerzos, ni de integración de multidominios, ni campañas de influencia, ni análisis de liderazgos, … no se identifica prácticamente nada de lo que definiría la guerra moderna, salvo un avance terrestre en fuerza.
Para empezar, el secretismo que Putin intentó mantener hasta el último momento hizo que muy pocos mandos participaran en el planeamiento, lo que evito que un mayor número de oficiales pudieran intercambiar puntos de vistas, identificar errores o poner en la mesa riesgos no valorados. Además, provocó que las unidades desplegadas pensaran que estaban en un ejercicio rutinario por lo que no se adiestraron ni ensayaron la operación. Por cierto, de nada sirvió porque los americanos supieron varias semanas antes del plan completo y lo compartieron con sus aliados, ucranianos y medios de comunicación. Es un ejemplo claro de la asunción de un riesgo que resultó en un enorme perjuicio sin ningún beneficio. No seria atrevido concluir que, hoy en día es prácticamente imposible mantener ocultas grandes operaciones, por lo que cualquier sacrificio en su concepción y preparación por mantener ese secreto simplemente no merece la pena.
Se usaron pocos medios, apenas unos 200.000 efectivos, para invadir un país como Ucrania. Recordemos que Estados Unidos uso más del doble para invadir Irak, un país de similar población, pero un 40% menos extenso, con un terreno más favorable, un ejército desgastado y sin apoyo exterior. Aparece de nuevo el exceso de confianza, o el intento de emular intervenciones occidentales con ejércitos basados en la tecnología y no en el número de soldados. Ante los importantes reveses sufridos, los mandos rusos volvieron rápidamente al dogma de Stalin: la cantidad tiene cualidad en sí misma. Para el país más grande y poblado de Europa, que históricamente ha ganado sus guerras combinando climatología y masa (tanto de soldados como de fuerzas de trabajo), resulta difícil cambiar esa mentalidad. Simplificando, en la mente de muchos militares rusos la idea grabada a fuego es que, ante un problema, más tropas. Sin embargo, al contrario que en el pasado, un alto numero de soldados de remplazo no asegura una buena ejecución, especialmente si estos tienen poca motivación ante una guerra que consideran elegida por su gobierno. Hay que tener en cuenta, además, que Rusia tiene un importante decrecimiento de población que no le permite pensar en su pueblo como un pozo inacabable de recurso humano que solía ser.
Como se ha comentado, antes del ataque no se realizaron operaciones de preparación (shape operations) contra el gobierno ucraniano, su población o sus fuerzas armadas. No se produjo una campaña de influencia para coaccionar las estructuras políticas ucranianas; ni operaciones para influenciar a la población y hacerla más receptiva o indiferente al ataque. Los rusos, maestros de la desinformación y la influencia en el nivel estratégico, han demostrado enormes carencias en el nivel operacional y táctico. Las operaciones de desinformación estratégicas, tradicionalmente dirigidas por la KGB, y luego heredades por el SVR, no han permeado en las estructuras militares. Ni siquiera el GRU, inteligencia militar que ha cosechado recientes éxitos en operaciones de influencia y desinformación de nivel estratégico en toda Europa, parece haber influido en los niveles operacionales. Y aunque si se produjeron numerosos ataques en el ciberespacio, su resultado fue rápidamente neutralizado por no estar adecuadamente planeada su sincronización con acciones en otros dominios. Tampoco se ejecutó una fase suficientemente meticulosa de preparación por el fuego, supresión de defensas aéreas, o neutralización de segundos escalones y centros logísticos, que podía haber desbaratado las fuerzas ucranianas antes incluso del ataque.
Al comienzo de la invasión resultó muy llamativo los múltiples ejes de ataque que usaron las fuerzas rusas. Un ataque por no menos de tres ejes muy separados entre sí es un error que resulta difícil de entender, si no es por la equívoca dirección estratégica y una terrible inteligencia. La errónea percepción de que las tropas rusas serían bien recibidas o que el ejército ucraniano no presentaría una resistencia sólida parece haber sido el origen de ese exceso de confianza que pretendía terminar las operaciones en unos pocos días. Usar numerosos ejes en un ataque es siempre una decisión arriesgada. Los ucranianos, que si tenían claro su centro de gravedad, concentraron sus esfuerzos en detener el ataque contra Kiev, cediendo terreno en el sur, pero poniendo resistencia en las ciudades, lo que hizo el avance ruso muy costoso. Al dividir sus fuerzas, ya de por si escasas, los rusos disminuyeron exponencialmente su capacidad de combate. No se puede obtener un uso eficaz de los apoyos al combate, no es posible los apoyos mutuos, obliga a ganar supremacía aérea en todo el territorio y trocea la logística, sometiéndola a un estrés aun mayor.
La logística, de hecho, no parece haber estado integrada en el proceso de planeamiento. En realidad, ni siquiera está organizada o equipada para proporcionar un apoyo adecuado a fuerzas expedicionarias fuera de su territorio. Su estructura se basa en trenes para el transporte y oleoductos para el combustible y agua, pero carece de suficientes camiones y otros medios flexibles de transporte. Esto hace su apoyo poco adecuado para ofensivas a gran escala ya que exigen la construcción de nuevas vías de tren y oleoductos, lo que ralentiza el avance, provocando pausas operacionales cada poco tiempo. Aunque las brigadas cuentan con capacidades de apoyo logística similares a los ejércitos de la OTAN, al aumentar el nivel de mando la estructura logística empieza a adelgazar. El ejército ruso no cuenta con suficientes brigadas logísticas para apoyar a toda su fuerza de combate. Los números simplemente no salen, y la logística son números. Si además tenemos que dividir y expandir el apoyo en un enorme frente convexo, y le añadimos los certeros ataques ucranianos que, con buen criterio, la consideraron como objetivo principal, el resultado es que las fuerzas van a tener que parar por falta de suministro. Los rusos han centrado sus esfuerzos en modernizar armamento y algunas estructuras, y han dejado de lado la logística. Su prevista fuerza no es tal si no tiene una logística capaz de sostenerla. Es una lección más que conocida que, sin embargo, muchos militares, también en nuestras filas, tienden a ignorar. Es muy probable que los rusos, que están pagando con sangre ese error, mejoren su logística en futuras acciones.
La inteligencia operacional y táctica ha sido desastrosa. La resistencia y maniobra de las fuerzas ucranianas ha sorprendido a los rusos. Durante el año de campaña ha sido incapaz de identificar las capacidades, enemigas, sus posiciones, o anticipar sus movimientos. Tampoco parece capaz de proveer de objetivos adecuados para cortar la ayuda en armamento y recursos a ucrania. Curiosamente, los ucranianos con medios HUMINT tradicionales, unidos a ingeniosas formas de usar drones comerciales y aplicaciones de móvil desarrolladas por aficionados para proporcionar objetivos a su artillería mucho más valiosos de los que la inteligencia táctica rusa podía proporcionar a los suyos. Las carencias de inteligencia militar debería ser un aviso a navegantes también de ejércitos occidentales que como el nuestro han reducido su inteligencia táctica y operacional en exceso.
Otra sorpresa ha sido comprobar como los supuestos avances rusos en C3, inteligencia de señales y, sobre todo, ciberataques, no han sido tales. Sus redes de comunicaciones quedaron expuestas en los primeros días. Sus altos mandos eran fácilmente localizados. Sus soldados y oficiales usaban sus teléfonos móviles no solo para llamar a sus familias, relevando datos de combate, sino incluso para dirigir las operaciones. La guerra electrónica, cuando se usó, no se hizo en apoyo a las operaciones. Los avances que los rusos han podido hacer en este campo y en el ciber espacio, o no se han usado, o lo que es más probable, no estaban bien sincronizados con las operaciones militares, por lo que sus efectos han sido escasos.
En conjunto, los rusos se han quedado atrás en innovación doctrinal y capacidad de planeamiento de operaciones. Cuando los ejércitos de la OTAN ya están trabajando en las operaciones multidominio, el ejército ruso ha demostrado una muy baja capacidad para el combate aeroterrestre, y mucho menos para integrar otros dominios bajo un plan unificado que sume sinergias y potencie efectos capaces de alcanzar ventajas comparativas. Ha quedado en evidencia que las Fuerzas Armadas rusas están más cerca de las tácticas de la guerra fría que de los avances realizados en la integración de efectos de diferentes capacidades.
Tenemos un buen ejemplo de todo esto al comienzo de la invasión en la decisiva batalla por el aeropuerto Antonov en las proximidades de Kiev. Si bien el asalto aéreo se ejecutó de manera eficaz, los rusos fallaron en prever la resistencia ucraniana y su capacidad para redirigir unidades mecanizadas en tiempo para rechazar el ataque y retomar el aeropuerto. No se realizó una preparación adecuada ni se actuó en otros dominios que podían haber facilitado y asegurado la misión. Los ucranianos pudieron dar órdenes, dirigir sus unidades, armar e influenciar su propia población para que ayudara a los defensores profesionales. La sincronización con las columnas blindadas del norte fue nefasta, y la eliminación de sus mandos, sumado a los problemas logísticos paralizo la iniciativa rusa. El plan para acabar con el liderazgo ucraniano enviando convoyes de asesinos chechenos fue burdo. La falta de un plan de targeting adecuado dejó artillería ucraniana con alcance sobre el aeropuerto, lo facilito que bombardearan la pista de aterrizaje, lo que finalmente terminaría por impedir el cumplimiento de la misión. Si hubiera sido un ejercicio, hubiera parecido una operación impecable. Pero cuando hay un enemigo en frente, y no se sincronizan todos los elementos, no se atiende al entorno, no se actúa en todos los dominios, y se pierde la perspectiva general, tenemos un brillante ejercicio táctico fracasando estrepitosamente en el combate real.
En resumen, lo que se preveía como un enfrentamiento del nuevo siglo, no es más que una prolongación de las tácticas y estrategias del anterior, con leves cambios. Aunque Rusia ha impulsado y desarrollado de forma efectiva nuevas capacidades en diferentes dominios, no ha sabido integrarlas para que le proporcionen una ventaja operacional. Y cuando empezaron a acumularse los reveses, las viejas tácticas de fuego masivo y maniobra con masa de tropas volvieron casi inmediatamente al campo de batalla. Esto, al contrario de lo que algunos piensan, no es el triunfo de la tradicional táctica militar de la Guerra Fría y la vuelta de sus viejas capacidades, sino la manifestación de que muchos ejércitos, incluidos muchos occidentales como el nuestro, no están sabiendo integrar los nuevos dominios del combate de forma apropiada, seleccionar el armamento adecuado en la cada vez más amplia oferta o potenciar la innovación intelectual. Sin un correcto planeamiento que integre y sincronice acciones en diferentes dominios, grandes ejércitos, incluso con acceso a nuevas tecnologías y poseedores de modernas capacidades, pueden ser detenidos y derrotados por fuerzas mucho más reducidas pero que hayan elegido correctamente su estrategia y el armamento para ejecutarla. Si el ejercito ruso no queda irremisiblemente dañado, el aprendizaje que obtenga de esta guerra lo puede hacer un adversario aun mas temible en el futuro próximo.
Editado por: Global Strategy. Lugar de edición: Granada (España). ISSN 2695-8937
