Mi opinión al respecto del reciente documento España 2050, realizado por el Gobierno de España, se resume en tres puntos:
Alegría
Francamente, es muy buena noticia que se haya redactado un documento de este tipo. El prólogo declara que España es un país con hambre de futuro; pues diría que hemos estado a pan y agua desde hace mucho.
Por lo tanto, que el gobierno apueste por la generación de este tipo de reflexiones es pues motivo de celebración y creo que todos los que nos dedicamos, en mayor o menor grado, tendríamos que alegrarnos por ello.
Sin embargo, esta alegría no puede ocultar el segundo punto.
Decepción
No voy a extenderme en el análisis del contenido, otros ya lo han hecho (como Elisabet Roselló en este enlace.). Pero sí que debo mostrar mi profunda, muy profunda, decepción por cómo se ha hecho el documento. Es un estudio que se podría haber hecho, tal y como está, 20 años atrás. Es puro forecasting o, desde una perspectiva postnormal, presentes extendidos. La prospectiva ha evolucionado desde la irrupción del foresight pero no lo parece leyendo el documento.
La decepción también viene de la selección de expertos. Más allá de que la noción de experto es siempre problemática en cuestiones de futuro; se trata cuasi exclusivamente de profesores universitarios con un gran predominio de economistas (que no es una disciplina que se haya destacado por su capacidad de predicción). Sin duda todos los expertos seleccionados son especialistas de primer orden, pero justamente por ello menos habituados a percibir los cambios periféricos y los transdiciplinares. Por otro lado, no he sabido ver activistas, artistas, diseñadores, médicos, periodistas o usuarios en general y, tampoco, prospectivistas.
Esto último duele. Hay quien dirá que ahora viene la cuña corporativista, pero si se hiciese un trabajo sobre construcción sin arquitectos se criticaría; si se hubiera realizado un trabajo sobre salud sin médicos se cuestionaría; si se presentase un trabajo sobre cultura sin artistas se pondría en tela de juicio. Pero se hace un trabajo de prospectiva y a nadie se le ocurre contactar con algunos de los llevamos años trabajando en el tema; que igual no somos muchos, pero en lo nuestro somos buenos (o muy buenos). Y tengo que decirlo, creo que hubiésemos mejorado el resultado final substancialmente.
Con todo, me niego a dejarme llevar por la decepción y no ver el tercer punto.
Oportunidad
Y es que este documento es una gran, enorme, oportunidad si se dan ciertas condiciones:
En primer lugar, el plan se tiene que aplicar. Esto no puede quedarse en un documento que se enseña las fiestas de guardar. Hay que trabajar desde ya para alcanzar los 50 objetivos listados, sin dudas y sin peros.
Segundo, el gobierno tiene que asumir un compromiso firme para desarrollar el documento, lo que incluye.
- Una revisión del documento dentro de 2 o 3 años. Una revisión que tiene que comprender las premisas y estimaciones del documento. Es decir, determinar si conviene actualizar alguna de los presupuestos del documento; si conviene añadir temas (que ya digo que sí) o modificar o eliminar otros.
- Ver si se detecta desviación en las estimaciones y si es necesario recalibrar algún punto.
- Incorporar alguna novedad metodológica, en alguna cuestión concreta para ampliar el espectro metodológico del trabajo.
Pero tiene que quedar claro que no estoy abogando por una reforma integral del documento o, incluso menos, una reedición de todo el trabajo. En absoluto, se trata de evitar que se quede obsoleto prematuramente y, por lo tanto, de maximizar la inversión hecha ahora.
Si se desarrolla un mecanismo de revisiones periódicas que vaya detectando y corrigiendo errores; que sea capaz de ir incorporando novedades y, sobre todo, que consiga sumar más talento y más diverso, este documento será un magnifico principio de lo que puede ser una tradición de gran utilidad.
Cualquier documento que pretenda influir de forma efectiva en el futuro tiene que estar vivo, tiene que estar sometido a revisión continua, no todo el tiempo ni en todos los aspectos; pero sí que tiene que contemplar momentos en los que se pueda evaluar su cumplimiento y, si fuera necesario, llevar a cabo los cambios pertinentes. En pocas palabras, convertir un esfuerzo puntual en una dinámica estable. Redimensionada y ajustada si se quiere, pero estable al fin y al cabo.
Y es que, al final, todos los países que descuellan en anticipación lo hacen porque han aprendido de sus primeras experiencias y han conseguido desarrollar un acervo propio. Si la Administración se acostumbra a hacer prospectiva se activarán recursos educativos y de investigación para crear un verdadero ecosistema de anticipación como tiene Francia, Finlandia o Singapur por citar tres ejemplos.
