El año en que nací, hace medio siglo, ETA cometió su primer atentado indiscriminado en el que resultaron muertas trece personas y más de setenta heridas. Evidentemente, no lo recuerdo. Por el contrario, no puedo olvidar como durante mi adolescencia y edad adulta, el terror de ETA acompañó a la sociedad española de forma cruel. Su amenaza siempre estuvo presente. Sus asesinatos, secuestros y extorsiones, también. La nueva obra de Gaizka Fernández y Ana Escauriaza, Dinamita, tuercas y mentiras, es necesaria, imprescindible diría yo, ya que en palabras de Cicerón: “La vida de los muertos reverdece en la memoria de los vivos”.
La historia de la organización terrorista más sanguinaria de la historia de España está jalonada de efemérides, siendo la del atentado de la cafetería Rolando una de especial relevancia al ser su primera matanza indiscriminada y el detonante para la escisión de la banda en una rama militar y otra político-militar que se venía gestando desde tiempo atrás.
Gaizka Fernández, del Centro Memorial de las Víctimas del Terrorismo, y Ana Escauriza, profesora de la Universidad de Navarra, conocen profundamente la historia de ETA. Sus respectivas tesis doctorales versaron sobre la banda y ambos siguen trabajando en diferentes líneas de investigación relacionadas con el terrorismo.
Por ello, a pesar de que en la introducción invitan al lector familiarizado con la historia de ETA a obviar el capítulo primero por tratarse de una síntesis de su primera etapa, yo le recomiendo que no lo haga, ya que de manera resumida, el capítulo titulado “La Espiral”, va a sumergir al lector en el momento histórico adecuado para entender las frenéticas páginas que le esperan a continuación.
Y es que, en esta obra, los autores han optado por un formato divulgativo alejado de los gruesos tomos llenos de notas al pie sin disminuir en nada su cuerpo crítico, ya que las fuentes utilizadas se encuentran descritas al final de la obra. Ello logra una narración ágil y coherente que atrapa al lector como si de una investigación policial se tratara.
Otra característica de Dinamita, tuercas y mentiras, a mi juicio la más importante, es la delicadeza y humanidad con las que los autores tratan a las víctimas. Y es que ellas son el centro de todo. Cuando se produjo el atentado, porque sufrieron las consecuencias del mismo; con el transcurso de los años, porque fueron olvidadas; y en esta obra, porque son los protagonistas de muchas páginas de la misma, a través de sus vivencias apoyadas en material gráfico y entrevistas, en varios casos realizadas ex profeso.
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En cuanto a la estructura narrativa, una vez realizada la aproximación histórica mencionada anteriormente, se aborda el asesinato de Carrero Blanco como precuela del atentado de Rolando. Tan solo nueve meses antes de éste, ETA había asesinado al presidente del Gobierno en Madrid. Y ello fue posible por la participación de un personaje siniestro pero imprescindible a la vez, Genoveva (Eva) Forest, esposa del dramaturgo Alfonso Sastre, los cuales tras un proceso de radicalización se habían apartado del PCE para abrazar posiciones de extrema izquierda y la lucha armada como método. Genoveva participó activamente en la Operación Ogro que acabó con la vida de Carrero Blanco, su conductor y su escolta, y también tendría un especial protagonismo en la masacre de Rolando.
La narración de cómo fue preparado el atentado, basada en un riguroso estudio de las fuentes y, en concreto, del sumario judicial, sumerge al lector en la España de hace medio siglo. La situación del tardofranquismo y la guerra de familias dentro de él, la fortaleza de cara al exterior de la banda tras el magnicidio, y las disensiones en su seno debido al debate sobre la conveniencia de la lucha de clases o la lucha armada, son el escenario de los preparativos por parte de los miembros de ETA, a veces burdos, a veces rozando lo cómico, pero siempre dramáticos por las terribles consecuencias. Detalles como el uso de las primeras Marietas, armas automáticas que aumentaron la potencia de fuego de la banda, intentos de secuestros de personalidades como los Príncipes de Asturias en Mónaco o detalles sobre la investigación que llevó a la identificación de los responsables del atentado y sus cómplices, harán que el lector disfrute de los pormenores de una investigación criminal.
Pero, como he mencionado, el elemento central de esta obra son las víctimas. Con algunas de ellas y sus familiares han hablado los autores para llevar sus sentimientos, de entonces y de ahora, a las páginas de este libro. El capítulo VII, titulado “La barra del bar”, es desgarrador. Gaizka Fernández y Ana Escauriaza han conseguido transmitir el horror que se vivió ese mediodía septembrino en el centro de Madrid. Frente al edificio de la Dirección General de Seguridad, una especie de santasanctórum de la represión franquista, los terroristas de ETA generaron un daño indiscriminado en los clientes que bebían, comían, charlaban o reían. Los autores se han encargado de poner nombre a estas personas y de que conozcamos algunos detalles de sus vidas, así como de la forma en que murieron o resultaron heridas. El resultado del uso de dinamita y tuercas fue acabar con la vida de trece ciudadanos y herir a otros setenta.

Y la mentira. Ésta ha sido una constante en la historia de ETA y su entorno. Ya en su primera víctima mortal, el guardia civil José Antonio Pardines en junio de 1968, ETA intentó confundir a la sociedad española haciendo pasar el asesinato del joven agente en un arcén de la N-I por un épico enfrentamiento de los asesinos con las fuerzas represoras del franquismo. Con el paso de los años, me pregunto si la mentira no fue más útil que la verdad de los hechos. A pesar de estar ésta acreditada históricamente, en buena medida gracias a las investigaciones del propio Fernández, Pardines descansa en una humilde tumba en su localidad natal de Malpica, en La Coruña, pero no hay nada que lo recuerde en el lugar de los hechos. Su asesino, en cambio, es homenajeado anualmente por la izquierda abertzale.
Pero volviendo a las mentiras de Rolando, la dirección de ETA mintió para maximizar los réditos y minimizar los riesgos del atentado; una de sus máximas hacedoras, Genoveva Forest mintió a simpatizantes, amigos, a la policía y su entorno se plagó de teorías que dificultaron las acciones iniciales de las fuerzas del orden. Ni siquiera una matanza como la de Rolando consiguió, en palabras de los autores, deshacer completamente el espejismo. Muchos ciudadanos españoles, incapaces de asumir las mentiras de la banda y que a veces la prensa del régimen decía la verdad, prefirieron creer en esas teorías de la conspiración.
La (des)memoria ha sido una constante para las víctimas de este atentado. Por una parte, las mentiras de ETA les han privado del Derecho a la Verdad, por otro, el tiempo transcurrido entre el atentado y la regulación de ayudas a las víctimas del terrorismo en nuestra legislación ha dificultado el acceso a las mismas.
Además, los propios acontecimientos han favorecido el sentimiento de soledad e indefensión de las víctimas. Genoveva Forest abandonó la prisión en junio de 1977 aún antes de la Ley de Amnistía. Lejos de arrepentirse, dedicó su vida a ejercer de propagandista de ETA y de otras organizaciones violentas. Los autores materiales, Bernard Oyarzabal Bidegorri y María Lourdes Cristobal, tras colocar el artefacto explosivo y pasar unos días escondidos gracias a la red de Forest, huyeron a Francia donde siguen juntos después de 50 años. Ellos sí pudieron formar una familia con tres hijos y cinco nietos. Nunca han mostrado arrepentimiento.
Para terminar, el libro contiene un novedoso epílogo acorde con los tiempos virtuales que vivimos. A través de códigos QR, el lector que lo desee puede acceder al mismo, en el que los autores tratan las relaciones internacionales de la ETA de 1974 en un entorno global marcado por el terrorismo. Asimismo, otros dos códigos nos llevaran a la entrevista con uno de los policías que participó en el rescate de las víctimas, Pedro Chicote, contenida en un capítulo del podcast Sierra Delta presentado por Gaizka Fernández, y a los testimonios de las víctimas entrevistadas para esta obra.
En resumen, se trata de una obra imprescindible en estos tiempos de (des)memoria para evitar que las mentiras de ETA y su entorno opaquen el daño indiscriminado causado con dinamita y tuercas en 1974, y con todo el repertorio criminal que desplegó durante su más de medio siglo de existencia.

