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Las fronteras en la Europa postcomunista: ¿factor de estabilidad?

https://global-strategy.org/las-fronteras-en-la-europa-postcomunista-factor-de-estabilidad/ Las fronteras en la Europa postcomunista: ¿factor de estabilidad? 2021-04-21 07:05:00 José-Miguel Palacios Blog post Estudios Globales Global Strategy Reports
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Global Strategy Report, 17/2021

Resumen: La desintegración a partir de 1991 de las tres federaciones socialistas se intentó regular reconociendo como fronteras internacionales los antiguos límites internos de las unidades federales y otorgándoles la protección que acordaba el Acta Final de Helsinki (principio de inviolabilidad de las fronteras). En contra de lo que se esperaba, este criterio no facilitó una transformación pacífica, aceptable para todos, del antiguo orden e incluso después de treinta años en la Europa postcomunista sigue habiendo un buen número de problemas territoriales pendientes de regulación. Podemos plantearnos si un enfoque distinto, basado en la fusión de estados y territorios vecinos con similar identidad étnica, no podría dar en estos momentos mejores resultados y nos ayudaría a culminar con éxito el proceso iniciado en 1991.


Introducción

Uno de los motores de la historia ha sido la lucha por la posesión de territorios. Es decir, por el cambio de fronteras. De manera que la estabilidad de las fronteras se ha llegado a considerar sinónimo de estabilidad geopolítica. No es de extrañar, por ello, que el principio de inviolabilidad de las fronteras estuviera recogido en el Acta Final de Helsinki: “Los Estados participantes consideran mutuamente como inviolables todas sus fronteras, así como las fronteras de todos los Estados en Europa y en consecuencia se abstendrán ahora y en el futuro de atacar dichas fronteras.  En consecuencia, se abstendrán también de toda exigencia o de todo acto encaminado a apoderarse y usurpar todo o parte del territorio de cualquier Estado participante”[1].

La caída del muro y la consiguiente desintegración del sistema socialista en Europa del Este trajo consigo inestabilidad y cambios de fronteras[2] y la aparente contradicción entre este fenómeno y los principios del Acta Final de Helsinki se ha salvado haciendo uso de diversos argumentos:

  • En el caso de la URSS, Checoslovaquia y Serbia-Monenegro, que la desaparición de estos estados (y la creación de nuevas fronteras) era fruto de su propia voluntad, expresada de manera legítima e inequívoca.                                                                                                                      
  • En el caso de la desintegración de la República Socialista Federativa de Yugoslavia se utilizó el argumento de que se trataba de un estado en vías de desintegración (“in the process of dissolution”)[3].                                                                                             
  • En el caso de la República Federal de Yugoslavia (luego, Serbia) respecto a Kósovo, se señaló que Serbia había perdido su derecho a gobernar el territorio a causa de su violación sistemática de los derechos humanos de los albaneses[4].

Estos tres argumentos han permitido trasladar el principio de inviolabilidad de las fronteras desde los estados ya existentes en 1975, para los que fue pensado, a las entidades subestatales, que, como consecuencias de un proceso de desintegración o de secesión, han acabado convirtiéndose en estados[5]. El problema es que esta toma de postura no ha venido acompañada de una consideración cuidadosa de los efectos. ¿Favorece también la estabilidad el respeto absoluto de las nuevas fronteras (hasta hace poco, fronteras internas de los Estados que se desintegraron)? La evidencia empírica sugiere que no, que esta defensa a ultranza de las fronteras no ha servido para estabilizar la situación, sino que, a menudo, ha sido generadora de toda una serie de nuevos conflictos. Y tenemos un buen número de ejemplos. Desde los que estallaron durante los años noventa hasta la reciente guerra entre Armenia y Azerbaiyán, pasando por la guerra de Georgia de 2008.

Con la excepción del primero, producto de la reunificación alemana, todos los cambios de fronteras en Europa se han producido como consecuencia de procesos de desintegración estatal o de secesión, algo que parece estar de acuerdo con la lógica de los nuevos tiempos. Como observaban en 2003 Alesina y Spolaore “a medida que la economía mundial es más integrada, uno de los beneficios de los países grandes (el tamaño de los mercados) se desvanece. Como consecuencia, el balance entre tamaño y heterogeneidad cambia en favor de países más pequeños y más homogéneos”[6]. Lo que a veces se olvida es que estos economistas italianos reconocían que existía también un cierto número de casos en que la integración de dos países vecinos podría tener sentido desde el punto de vista económico. Y mucho más si ello no implicaba un incremento apreciable de la heterogeneidad del estado resultante[7].

En lo que sigue revisaremos algunas fusiones de estados (cambios de fronteras, pues) en la Europa postcomunista que podrían contribuir a resolver contenciosos que llevan abiertos varias décadas y que, con los instrumentos que se han utilizado hasta ahora, parecen intratables.

Moldavia y Rumanía

La historia de la Moldavia independiente ha sido la de un gran fracaso. Un fracaso económico, en primer lugar, ya que es uno de los países más pobres de Europa. En efecto, según el Banco Mundial, su PIB per capita (a paridad de poder adquisitivo) ascendía en 2019 a 13.034 USD y en nuestro continente solo era superior a los de Ucrania y Kósovo. Pero si la situación actual resulta descorazonadora, más aún lo es su evolución a lo largo de los últimos treinta años. Porque en 1990, el año antes de la independencia, el PIB per capita de Moldavia representaba el 176% del de Rumanía[8], pero en 2019 solo era el 35% del de su vecino occidental[9].

Por otra parte, la Moldavia independiente no ha conseguido aún establecer su jurisdicción sobre la totalidad de su territorio. En 1990, aún en periodo soviético, la parte oriental (Pridnestrovia o Transnistria) decidió separarse  y hasta estos momentos no ha sido posible reintegrarla bajo la autoridad del gobierno de Chișinău.                                                                                      

Por el momento, la reunificación con Rumanía no figura en la agenda política moldava y es que, a pesar del tiempo transcurrido, la opinión pública sigue estando, en gran medida, orientada hacia el espacio y los valores postsoviéticos[10]. Hasta tal punto, que según una encuesta realizada a principios de 2011, un 40% de los moldavos estaría a favor de que su país se uniera a Rusia[11]. Aunque las posiciones prorrumanas están ganando terreno, todavía en junio de 2020 un 52% de los moldavos afirmaba que votaría en contra de la reunificación con Rumanía, mientras que solo un 37% lo haría a favor.

Por otra parte, unos 400.000 ciudadanos moldavos, que representan el 15% de la población (excluida la región separatista de Pridnestrovia/Transnistria), poseen también ciudadanía rumana, mientras que la mitad de la población del país estaría interesada en conseguirla, en especial por las facilidades que ofrece para viajar y trabajar en Occidente. Mientras el anterior presidente de Moldavia, Igor Dodon, fue calificado con frecuencia de pro-ruso, la actual presidente (desde diciembre de 2020), Maia Sandu, es ciudadana rumana. 

La mayor parte de la población de Rumanía está a favor de la unificación. Una encuesta realizada en 2012 indicaba que un 86,5% de los entrevistados apoyaba la reunificación de Rumanía con Moldavia, aunque solo el 55% creía que debería convertirse en una de las prioridades de la acción exterior rumana[12]. Por otra parte, destacadas figuras políticas, como el expresidente Traian Băsescu (2004-2014), se han manifestado públicamente en favor de la reunificación y han participado en actos públicos reclamándola[13]. Sin embargo, los sucesivos gobiernos rumanos nunca han planteado abiertamente esta posibilidad, en el convencimiento de que no había llegado aún el momento en que pudiera convertirse en realidad. A la espera de que se abra esa “ventana de oportunidad”, o como “plan B” por si no llega a abrirse, Rumanía apoya sistemáticamente a Moldavia en foros europeos e internacionales e intenta que los dos países y sus poblaciones estén tan próximos como las circunstancias y condicionamientos geopolíticos lo permitan[14].

El principal problema que provocaría la reunificación es que dificultaría (más aún) la reintegración de Pridnestrovia/Transnistria, región abiertamente opuesta a cualquier unión con Rumanía. Por otra parte, los ochenta años de vida separada han hecho que en Moldavia la cultura política sea diferente de la rumana y que exista un sentimiento bastante fuerte de identidad colectiva moldava (besaraba). Por estos motivos, es probable que muchos moldavos no se sintieran cómodos si el territorio (como en el periodo entre guerras) se dividiera en 8-9 distritos directamente subordinados a las autoridades centrales de Bucarest. Esta incomodidad sería más notoria entre los miembros de las minorías ucraniana, rusa y gagauza, que forman un 15% de la población del país (sin Pridnestrovia/Transnistria).

Macedonia del Norte y Bulgaria

Macedonia del Norte es otro caso de independencia fallida. Desde luego, en el plano económico: si en 1990, el año antes de la desintegración de Yugoslavia, el PIB per capita de la entonces república yugoslava de Macedonia era casi idéntico al de Bulgaria (99%), en 2019 solo representaba el 63% del de su vecino oriental[15]. Pero también, y quizá sea lo más grave, ha sido un fracaso en el plano político. País sin tradición (es solo una parte de la Macedonia histórica), las bases sobre las que ha intentado fundar su legitimidad estatal le han llevado a entrar en conflicto con algunos de sus vecinos:

  • La антиквизација (antiquización): ha consistido en proclamar que la actual Macedonia del Norte es heredera y continuadora de la antigua Macedonia de Filipo y Alejandro. Se manifiesta, por ejemplo, en el uso del sol de Vergina en la bandera nacional. Ha supuesto décadas de malas relaciones con Grecia, que acusaba a Macedonia del Norte de intentar apropiarse de parte de la historia griega.
  • La construcción de una identidad nacional separada: la insistencia en que existe una nación macedonia y una lengua macedonia diferentes de las búlgaras provoca frecuentes conflictos con el vecino oriental, que rechaza rotundamente esta idea. Dado que Bulgaria es miembro de la UE, las reticencias búlgaras pueden contribuir a ralentizar (aún más) el proceso de adhesión de Macedonia del Norte.

Los albaneses forman el 25% de la población de Macedonia del Norte y durante los años noventa asistieron con muy escaso entusiasmo a los intentos de crear una conciencia estatal sobre la base de ideas ligadas al nacionalismo macedonio. En 2001 se produjo un conflicto armado entre guerrillas albanesas y fuerzas gubernamentales, que terminó con la firma del acuerdo de Ohrid, facilitado por la Unión Europea[16]. El apoyo europeo a la estabilidad de Macedonia del Norte se manifestó por la firma en abril de 2001 del Acuerdo de Estabilización y Asociación, aunque desde entonces ha sido muy modesto el progreso realizado en el camino hacia la adhesión plena.

La visión que tienen los normacedonios del futuro de su país depende claramente del grupo étnico al que pertenecen. Por lo que se refiere a los macedonios étnicos, su identidad actual parece ser (aún) más posyugoslava que búlgara[17]. Puede resultar indicativo de esta situación un estudio realizado en 2012 por el instituto sociológico de la Universidad Cirilo y Metodio de Skopje, según el cual solo un 2% de los macedonios étnicos creía que Serbia era el país vecino cuya influencia sobre la situación en Macedonia era más negativa, mientras que el 5% pensaba que lo era Bulgaria[18]. Por lo que se refiere a los albaneses, sus principales referencias emocionales son Kósovo y la República de Albania, y adoptan en casi cualquier gran tema de política exterior posiciones significativamente distintas de las de sus compatriotas de etnia macedonia.

Por su parte, la opinión más extendida en Bulgaria es que no existe una identidad nacional macedonia ni una lengua macedonia diferentes de las búlgaras. O que, si acaso, se trata de fenómenos modernos, posteriores a la Segunda Guerra Mundial, que se encuentran aún en proceso de desarrollo y consolidación. Así, en un estudio de opinión pública realizado en 2020, el 80% de los búlgaros apoyaba la tesis de que en el pasado los macedonios se consideraban búlgaros y creían que el idioma que hablaban era búlgaro, mientras que el 84% consideraba que Bulgaria no debía apoyar el ingreso de Macedonia del Norte en la UE mientras los dos países no hayan alcanzado un acuerdo sobre el pasado histórico común. La mayor parte de los encuestados consideraban, además, que la política macedonia era antibúlgara: solo un 21,9% veían en Macedonia del Norte el más próximo políticamente de entre los vecinos de Bulgaria, frente al 41,5% que se decantaba por Rumanía y el 37,1% que lo hacía por Grecia. El resultado de Macedonia del Norte era, incluso, inferior al de Turquía (23,4%) y Serbia (22%)[19]. En estas condiciones, no es de extrañar que no existan en estos momentos fuerzas políticas importantes que aboguen en Bulgaria por la unión con el vecino occidental.

La principal ventaja que tendría la unificación de Bulgaria y Macedonia del Norte sería la estabilización definitiva de una zona clave de los Balcanes, que, enganchada a un país miembro de la UE, mejoraría notablemente sus posibilidades de desarrollo. El problema más notorio, que podría provocar la separación de la parte occidental del país, donde la mayor parte de la población la constituyen albaneses étnicos.

Kósovo y Albania

La historia del Kósovo independiente es también la de un gran fracaso. En primer lugar, político. A pesar del decidido apoyo de Estados Unidos y de la mayor parte de los miembros de la UE, la mitad de los países del mundo (incluyendo dos miembros permanentes del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas y cinco estados miembros de la UE) sigue sin reconocer la independencia de este territorio, que, además, continúa estando fuera de las principales organizaciones internacionales. En el ámbito interno, los serbios de Kósovo, que constituyen aún la más numerosa de las minorías nacionales, siguen sin aceptar la legitimidad del nuevo estado, que entienden les ha sido impuesto por la fuerza.

En el terreno económico, tampoco han ido bien las cosas. Aunque es difícil comparar el PIB per capita de Albania con el de Kósovo antes de la desintegración de Yugoslavia, la impresión general entre los que conocieron aquella época es que la entonces región serbia tenía un nivel de desarrollo económico y social considerablemente más alto que el del país vecino. Como señalaba en 1981 Lazar Koliševski, por entonces miembro de la presidencia colectiva yugoslava, Albania era “un país cuyo nivel de desarrollo económico y social está significativamente por debajo del de Kósovo”[20]. Sin embargo, en las cuatro décadas transcurridas desde entonces la situación ha cambiado mucho y en 2019 el PIB per capita de Kósovo (a paridad de poder adquisitivo) solo alcanzaba el 83% de su valor en Albania[21]. Con estos datos, Kósovo era el país (territorio) más pobre de Europa. Además, su tasa de paro (29,4% en 2018) era la más alta de la región y superaba en mucho las de Albania (12,3%) o Serbia (12,8%)[22].

El movimiento que condujo a Kósovo hacia la independencia no era “kosovés” (multiétnico), sino que tenía un carácter netamente albanés y aspiraba a la integración del territorio en la vecina república de Albania si llegaban a darse las condiciones oportunas. Ya en la antigua Yugoslavia era así y, tras las revueltas de Pristina en la primavera de 1981, dirigentes yugoslavos se vieron obligados a reconocer que “para muchos jóvenes de Kósovo, en gran medida obreros y campesinos, Albania es un modelo y un ideal; a pesar de que la Albania de Enver Hoxha sea un conocido bastión del dogmatismo ultraestalinista y del despotismo, un país con un régimen muy duro hacia sus propios ciudadanos”[23].

Cuarenta años después, los albaneses de Kósovo y de Albania se sienten próximos y solidarios, y tienden a coordinar sus posiciones en la arena internacional. Según una encuesta realizada en 2019 por la Kosovo Foundation for Open Society[24], el 63,6% de los albaneses de Albania y el 54,5% de los albaneses de Kosovo estaban claramente a favor de la unificación de ambos países, mientras que solo 15,9% de los albaneses de Albania y 16,5% de los albaneses de Kósovo se manifestaban en contra. Estos porcentajes de apoyo serían, probablemente, superiores si existiera una posibilidad real de unificación a corto plazo. 

En el discurso político albanés kosovar, la unificación con Albania es un objetivo político, aunque por el momento resulte irrealizable. Así, el actual Primer Ministro, Albin Kurti, declaraba en febrero de 2021 que votaría sí en un posible futuro referéndum sobre la unión con Albania, aunque también puntualizaba que la Constitución de Kósovo, en su redacción actual, no lo permitía[25]. En una línea parecida, había declarado en 2019 que “Kósovo tiene derecho a unirse a Albania, pero en estos momentos no es posible”[26]. En cualquier caso, y dependiendo de las circunstancias políticas de cada momento, los políticos kosovares han presentado como más o menos realizable el sueño de la reunificación. Así, el entonces presidente de Kósovo, Hashim Thaçi, declaraba en 2019 que “en un futuro próximo viviremos juntos en libertad dentro de un estado único Albania-Kósovo” y que la unión de Kósovo y Albania sería más fácil de conseguir que la separación de Serbia[27].

La postura oficial de Albania, expresada en numerosas ocasiones por el Primer Ministro Edi Rama, es que la existencia de ambos estados albaneses es una realidad y que hay que trabajar por la aproximación entre los dos pueblos sin buscar la unificación. Se trataría, pues, de conseguir la coordinación máxima entre las políticas de Tirana y Pristina y de relativizar los efectos negativos de la existencia de dos estados diferentes. En esta línea, en el curso de una cumbre con el gobierno de Kósovo celebrada en Tirana en 2020, Edi Rama declaró que ambos países pensaban eliminar la frontera que los separa, y que el puerto albanés de Durrës podría convertirse, de facto, en el puerto de Kósovo[28].

La solución final de la “cuestión nacional albanesa” y la completa eliminación de la frontera entre Albania y Kósovo se alcanzarían con el ingreso de ambos en la UE. Claro que el retraso indefinido de este ingreso hace que surjan otras alternativas. Así, Edi Rama declaraba en 2017 que, si bien su opción prioritaria es “la gran unión” (el ingreso en la UE), “si no hay esperanzas, si no hay perspectivas, si no hay espacio, entonces, por supuesto, podrían tener lugar pequeñas uniones”[29], en alusión a la de Albania con Kósovo. Una idea similar fue expresada por el exprimer ministro de Kósovo, Ramush Haradinaj, en enero de 2021: “No aceptaremos un conflicto congelado; no aceptaremos seguir divididos, sino que celebraremos un referéndum sobre la unificación con Albania. (…) No porque lo deseemos, sino porque hemos estado diciendo a Occidente durante veinte años que estamos a favor de un Kósovo euro-atlántico, miembro de la UE, de la OTAN y de Naciones Unidas”[30]

En esta línea de aproximación entre Albania y Kósovo, y de coordinación de sus políticas, los gobernantes de Tirana (en especial, el primer ministro Rama) se han convertido en líderes de facto de todos los albaneses étnicos, actúan con frecuencia en defensa de sus derechos nacionales y, cuando es necesario, intervienen en sus disputas internas como árbitros supremos. Como decía en 2017, Jonuz Musliu, por entonces presidente de una de las municipalidades con mayoría albanesa en el sur de Serbia (Bujanovac), Edi Rama era su presidente, ya que, “según la Constitución de Albania, Edi Rama es el líder de todos los albaneses, con independencia de dónde vivan”[31].

La unión de Albania y Kósovo sería, probablemente, muy positiva para ambos, que verían cumplido un sueño de 150 años de antigüedad y prácticamente culminado el proceso de construcción nacional albanés. Por otra parte, facilitaría la solución final del contencioso con Serbia: si el mantenimiento bajo soberanía de Belgrado de las zonas de Kósovo de población mayoritariamente serbia es inaceptable para las actuales autoridades de Pristina, que lo percibirían como una amputación, lo sería mucho menos para los dirigentes de un futuro estado albanés unificado.

No todo serían ventajas, sin embargo. Los inconvenientes de esta solución serían también numerosos e importantes:

  • Están completamente en contra tanto Estados Unidos como los grandes países europeos, principales patrocinadores internacionales de Albania y de Kósovo, que temen sus efectos sobre la estabilidad de Bosnia-Herzegovina y, en menor medida, de otros estados de la región.
  • Serbia estaría, en principio, en contra. Para los serbios, supondría la victoria final del irredentismo albanés, contra el que han combatido desde los tiempos de la antigua Yugoslavia. Por otra parte, implicaría también la renuncia definitiva al retorno de la totalidad de Kósovo bajo su soberanía, algo para lo que aún no están preparados.
  • No está claro el efecto que la unificación tendría sobre las zonas de mayoría albanesa en Macedonia del Norte, Serbia y Montenegro. Los optimistas entienden que el nacionalismo albanés quedaría “saciado” con la gran victoria que supondría la unión de Albania y Kósovo, por lo que  durante décadas no plantearía nuevas reivindicaciones. Los pesimistas temen que los líderes locales, sobre todo en Macedonia del Norte, vieran abierta una “ventana de oportunidad” e intentaran sumarse al proceso unificador.

Algunas conclusiones rápidas

Las decisiones que se adoptaron en 1991, basadas en aceptar la desintegración de Yugoslavia y en ratificar que los antiguos límites administrativos entre las repúblicas constituyentes se convirtieran en fronteras internacionales, buscaban estabilizar unas situaciones complicadas y conseguir que el proceso se desarrollase de la mejor manera posible, y sin violencia. Fueron razones de tipo práctico, más que jurídicas, las que movieron a los principales países occidentales a apoyar esta solución (que, más tarde, se repetiría en los casos de la URSS y de Checoslovaquia).

Es posible que en aquellos momentos no existiera ninguna solución mejor y que, en consecuencia, las decisiones adoptadas por la Unión Europea y Estados Unidos fueran las correctas. En cualquier caso, los resultados han sido poco satisfactorios. Tanto en la antigua Yugoslavia como en la exURSS, la desintegración llevada a cabo de acuerdo con los principios expuestos estuvo acompañada de conflictos armados y de años de desequilibrios. Aún hoy, tres décadas más tarde, la situación dista de estar definitivamente estabilizada en partes de los espacios postyugoslavo y postsoviético.

Quizá la principal problema radique en que las fronteras internas tienen un carácter fundamentalmente distinto de las fronteras externas. Son reflejo y forman parte de un juego de equilibrios que se ve dramáticamente alterado con la fragmentación del estado anterior. Algunos grupos salen beneficiados (o muy beneficiados) y otros perjudicados (o muy perjudicados), de manera que el conflicto resulta difícil de evitar si no se arbitran medidas para atenuar estos efectos y compensar a los que salen perdiendo. Algo que no se hizo, o no en suficiente medida, en 1991-1992.

Frente al dramatismo de los cambios de fronteras “desintegrativos”, los “integrativos” suelen ser bastante tranquilos, siempre que las partes que se unan sean suficientemente similares (es decir, siempre que con la unión no se produzca un incremento apreciable de la heterogeneidad del conjunto). La unión suele acogerse con entusiasmo (o, al menos, sin rechazo) en las partes implicadas y los principales problemas, que existen, suelen ser de tipo práctico: ¿cómo hacer para que la parte económicamente más débil se ponga al nivel de la más fuerte?; ¿cómo hacer para que dos sistemas administrativos, y dos culturas estatales, diferentes se fundan en uno solo? En tiempos modernos, el único caso relevante es el de Alemania, en el que, desde luego, hubo que superar dificultades, pero que, según la mayor parte de los afectados, valió la pena.

¿No existirían, quizá, otros “casos alemanes” en la Europa poscomunista? ¿Casos en el que un cambio “integrativo” de las fronteras existentes podría resolver más de los que provocaría? No hay una respuesta clara, pero quizá valiera la pena plantear abiertamente la pregunta.


[1]     Conferencia sobre la Seguridad y la Cooperacion en Europa. Acta final (1975). Disponible en https://www.osce.org/files/f/documents/7/b/39506.pdf (acceso: 14.04.2021).

[2]     Francisco Veiga (UAB) tituló La fábrica de las fronteras el libro que dedicó a las guerras de desintegración de Yugoslavia. VEIGA, F. (2011). La fábrica de las fronteras. Madrid: Alianza.

[3]     Ver PELLET, A. (1992). The opinions of the Badinter Arbitration Committee a second breath for the self-determination of peoples. European Journal of International Law 3.1. Pg. 183. Disponible en http://ejil.org/pdfs/3/1/1175.pdf (acceso: 14.04.2021).

[4]     “Western officials say Serbia lost its right to rule Kosovo when it committed wartime atrocities against ethnic Albanians there”. Ver COOPER, H. (2010). Clinton, Citing Work With Obama, Urges Unity in Bosnia. New York Times 12.10.2010. Disponible en https://www.nytimes.com/2010/10/13/world/europe/13diplo.html (acceso: 14.04.2021).

[5]     En la Opinión número 3 del Comité de Arbitraje Badinter se decía que “except where otherwise agreed, the former boundaries become frontiers protected by international law”. PELLET, Op.cit. Pg. 185.

[6]     ALESINA, A. y E. Spolaore (2003). The size of nations. Cambridge: MIT. Pg. 94.

[7]     ALESINA y SPOLAORE. Op.cit.. Pg. 173.

[8]     Según el Maddison Project. Disponible en https://www.rug.nl/ggdc/historicaldevelopment/maddison/?lang=en.

[9]     Según datos del Banco Mundial. Disponible en https://data.worldbank.org/indicator/NY.GDP.PCAP.CD (acceso: 20.12.2020).

[10]   La cuestión de la reunificación con Rumanía y de los problemas que podría plantear están muy bien explicados en los artículos que la Wikipedia rumana (Unirea Republicii Moldova cu România. (2020, diciembre 28). Wikipedia, . Preluat la 16:34 EET, marzo 16 2021 de la //ro.wikipedia.org/w/index.php?title=Unirea_Republicii_Moldova_cu_Rom%C3%A2nia&oldid=13782636.) y la inglesa (Wikipedia contributors. (2021, March 14). Unification of Romania and Moldova. In Wikipedia, The Free Encyclopedia. Retrieved 16:35, March 16, 2021, from https://en.wikipedia.org/w/index.php?title=Unification_of_Romania_and_Moldova&oldid=1012146556) le dedican. Los datos de esta sección están tomados de estos dos artículos, excepto cuando se atribuyen expresamente a otras fuentes.

[11]   “Monitorul Euro-asiatic”, realizado por el Centrul de investigatii sociologice CBS-AXA sobre una muestra de 1.030 personas. Disponible en https://m.hotnews.ro/stire/8350100 (consultado: 16.03.2011).

[12]   CENTRUL ROMÂN DE STUDII ŞI STRATEGII (agosto de 2012). Studiu privind starea socială şi identitatea naţională în România. Disponible en https://www.yumpu.com/ro/document/view/29176475/studiu-privind-starea-sociala-ai-identitatea-naaionala-arn-romania (consultado el 16.03.2021).

[13]   https://www.euractiv.com/section/elections/news/more-than-10000-rally-to-unify-romania-and-moldova/ (acceso: 4 Dic 2020).

[14]   PIEŃKOWSKI, J. (2020). Reorientation of Romania’s Moldova Policy. CEEOL working paper. https://www.ceeol.com/search/gray-literature-detail?id=846718 (acceso: 4 Dic 2020).

[15]   Según datos del Banco Mundial. https://data.worldbank.org/indicator/NY.GDP.PCAP.CD (acceso: 20.12.2020).

[16]   Sobre el acuerdo de Ohrid, ver FLORES JUBERÍAS, C. (2003). Macedonia: el Acuerdo de Paz de Ohrid y su problemática implementación. Revista CIDOB d’Afers Internacionals, 60. Pg. 61-92.

[17]   Puede encontrarse una buena explicación de la cambiante relación entre identidad macedonia e identidad búlgara en FERNÁNDEZ IBÁÑEZ, M. (2020). North Macedonia’s quest for its own national identity. En portal nationalia.info, 12.03.2020. Disponible en https://www.nationalia.info/new/11298/north-macedonias-quest-for-its-own-national-identity (acceso: 15.04.2021).

[18]   Para el resto de los países y territorios vecinos, los datos eran los siguientes: Grecia, 79%; Kósovo, 9%; Albania, 6%. Para los albaneses étnicos, sin embargo, el principal “país desestabilizador” era Serbia (56%), seguido por Grecia (42%) y, a gran distancia, por Bulgaria (2%). Ni Kósovo ni Albania eran vistos como países (territorios) que ejercieran una influencia negativa. ISPPI (2012). Јавното мислење во Република Македонија за општествено-економските прашања – 2012. Skopje: Univerzitet “Sv. Kiril i Metodij”. Pg. 47. Disponible en http://isppi.ukim.edu.mk/files/jm.pdf (acceso: 15.04.2021).

[19]   ALPHA RESEARCH (2020). Обществени нагласи към позицията на България относно започването на преговори на Република Северна Македония за членство в ЕС. Disponible en https://alpharesearch.bg/api/uploads/Articles%202020/Oct%20-%20North%20Macedonia/Oct20_North_Macedonia_Report.pdf (acceso: 15.04.2021).

[20]   Citado según RISTANOVIĆ, P. (2019). Kosovsko pitanje 1974-1989. Novi Sad: Prometej. Pg. 230.

[21]   Según datos del Banco Mundial. Disponible en https://data.worldbank.org/indicator/NY.GDP.PCAP.CD (acceso: 20.12.2020).

[22]   EUROPEAN COMMISSION (2020). Enlargement countries – labour market statistics. Pg. 7. Disponible en https://ec.europa.eu/eurostat/statistics-explained/pdfscache/32178.pdf (acceso: 15.04.2021).

[23]   RISTANOVIĆ. Op.cit. Pg. 230.

[24]   KOSOVO FOUNDATION FOR OPEN SOCIETY (2019). Kosovo-Albania. Interaction, knowledge, values, beliefs, cooperation and unification. Disponible en https://www.osfa.al/sites/default/files/raporti_plote_kosove_-_shqiperi_-_eng.pdf (acceso: 15.04.2021).

[25]   Aunque señalaba también que la Constitución se contradecía a sí misma. Si Kósovo es un país soberano e independiente, “full independence implies also, independence from independence, so we could join a federation with Albania or an EU federation”. Ver CROWCROFT, O. (2020).

[26]   Ver http://www.politika.rs/sr/clanak/437957/Kosovo-sada-nije-u-mogucnosti-da-se-pridruzi-Albaniji (acceso: 25.10.2019).

[27]   ISUFI, P. y E. VLLAHIU (2019). Thaci’s Pan-Albania Union Plea Scorned as Populism. Balkan Insight 03.06.2019. Disponible en https://balkaninsight.com/2019/06/03/thacis-pan-albania-union-plea-scorned-as-populism/ (acceso: 15.04.2021).

[28]   http://www.politika.rs/scc/clanak/463700/Rama-Uklonicemo-granice-Drac-ce-biti-kosovska-luka (acceso: 02.10.2020).

[29]   MacDowall, A. (18.04.2017). Albanian prime minister: EU faces ‘nightmare’ if Balkan hopes fade. Politico. Disponible en http://www.politico.eu/article/albania-prime-minister-edi-rama-eu-faces-nightmare-if-balkans-denied/ (acceso: 01.05.2017).

[30]   Ver https://rs.n1info.com/english/news/kosovos-haradinaj-eu-pushes-us-to-unite-with-albania/ (acceso:15.04.2021).

[31]   B92 (26.04.2017). Mayor of Serbian town says Albanian PM is his “president”. B92.net. Disponible en https://www.b92.net/eng/news/politics.php?yyyy=2017&mm=04&dd=26&nav_id=101123 (acceso: 01.05.2017). En la Constitución albanesa de 1998 no existe una provisión semejante, ni para el Presidente de la República ni para el Primer Ministro. Lo que sí dispone su artículo 8 es que “la república de Albania proteje los derechos nacionales del pueblo albanés que vive fuera de sus fronteras”.


Editado por: Global Strategy. Lugar de edición: Granada (España). ISSN 2695-8937

José-Miguel Palacios

José Miguel Palacios es Coronel de Infantería y Doctor en Ciencias Políticas, España

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