Los detractores del catolicismo suelen aducir que Hitler era católico. Desde luego, estaba bautizado en dicha fe. Como tantos otros. Lo que no suele ser prueba de nada. De hecho, la verdadera relación entre nazismo y catolicismo era muy otra. Para rastrear sus bases, he partido de Alfred Rosenberg. ¿Por qué este intelectual? Porque el propio Hitler manifestó que era el único intelectual del que se fiaba, nombrándolo, oficiosamente, como “profeta” del nacionalsocialismo. La obra de Rosenberg hunde sus raíces en la de Fichte, Schopenhauer, y Nietzsche, más algunas alusiones a poetas Volkgeist como Holderlin, o a Wagner. No en el catolicismo. Por su parte, Hitler era lego en teoría o filosofía política. Poco hay que decir al respecto. Dicho lo cual, como en el plano académico no se trata de afirmar o de negar, sino de argumentar y de aportar pruebas, comparto un análisis del argumentario nazi al respecto, basado en la crítica de Rosenberg al catolicismo.
La relación del Vaticano con el nazismo siempre fue muy tensa, como lo muestran Encíclicas como “Con creciente preocupación”, de Pío XI (1937). Y quizá habría que añadir la Humani Generis Redemptionem, que no llegó a publicar, a causa de su muerte, en 1939, pero que incrementa la misma sensación combativa ya expuesta en 1937. Esos son los hechos.
En todo caso, aquí se trata de rastrear el fundamento último de ese problema. Resumiendo un poco, Rosenberg no tragaba con el mensaje paulino básico: no hay pueblo elegido, en la medida en que esa afirmación negaba, ipso facto, toda posibilidad de legitimación de una hipotética superioridad racial aria; Rosenberg tampoco aceptaba la quintaesencia agustiniana (conciencia de culpa y humildad, bien reflejadas en sus Confesiones), ya que la presencia de conciencia de culpa hubiera inhibido la agresividad nazi, especialmente en lo que respecta a crímenes de lesa humanidad; por último, a Rosenberg le sentaba mal la existencia de obispos católicos africanos, y le sentaba todavía peor, el hecho de tener que aceptar que las órdenes católicas educaran a los jóvenes, habida cuenta de que el nazismo es la única ideología que ha apostado por una educación exclusivamente pública, con exclusión de la privada.
De este modo, la oposición católica al nazismo, así como a otras ideologías de corte potencialmente totalitario tan características de los convulsos años 20 y 30 del siglo XX (fascismo y comunismo), fue importante en un momento en el que la geopolítica mundial estaba presidida por un enfrentamiento entre grandes cosmovisiones, capaces de dar pie, incluso, a guerras mundiales. Obviamente, la Guardia Suiza no es un ejército, y el Vaticano tuvo un papel no ya limitado, sino irrelevante, en el orden militar, en plena Segunda Guerra Mundial, limitándose, en ese aspecto, a sobrevivir. Incluso ha recibido críticas por ello. Sobre todo, vertidas por quienes hubieran deseado ver el Vaticano en ruinas. Ahora bien, sobrevivir era importante para, precisamente, poder plantear una batalla allá donde sí se podía, que es en el terreno de las ideas.
En ese terreno, la inquina nazi al catolicismo se me antoja tan evidente como desconocida por parte del gran público. Entre otras cosas, porque ha habido mucha intoxicación interesada al respecto. De ahí la necesidad de llevar a cabo una investigación académica, centrada en el ámbito de la teoría política, al respecto.
Los detalles, las referencias y el análisis correspondiente están en este artículo: Josep Baqués Quesada (2025), “El profeta del nazismo (Rosenberg) frente al catolicismo”, Cauriensia. Revista Anual De Ciencias Eclesiásticas, Vol. 20, pp. 71–88. https://doi.org/10.17398/2340-4256.20.71

