La espera
El verano de 1941 en el frente del norte de África se caracterizó por ser un periodo de reorganización, para los dos bandos. Por un lado, los británicos habían perdido gran parte de sus medios de combate en Egipto durante la fracasada Battleaxe, por lo que necesitaban acumular nuevas armas y municiones, y reorganizar sus fuerzas. Por otro, Rommel necesitaba solucionar sus graves problemas logísticos (lo que le obligaba a tomar Tobruk), y conseguir reunir una fuerza suficiente como para emprender una ofensiva contra Egipto (para lo que era imprescindible liberar a sus fuerzas del asedio a Tobruk).
En principio, el resultado de Battleaxe favorecía a Rommel: gran parte de los medios llegados a Egipto en el convoy ‘Tiger’ habían resultado destruidos, mientras que Tobruk seguía sitiada. En realidad, los medios enviados en este convoy habían supuesto un enorme esfuerzo para una Gran Bretaña que estaba sufriendo duramente la campaña submarina alemana contra su tráfico marítimo, reduciendo mucho su producción industrial. En consecuencia, las pérdidas sufridas en Battleaxe suponían un duro golpe del que costaría recuperarse. Por ello, Rommel tenía razones para suponer que podría concentrarse en tomar Tobruk, sin tener que preocuparse de una nueva ofensiva británica a corto plazo. Consecuentemente, Rommel centró sus esfuerzos en llevar al frente los medios necesarios para tomar la ciudad: artillería y sus municiones y unidades de infantería. Es necesario tener en cuenta que, sin Tobruk, la enorme porción de terreno comprendida entre Bengasi y la frontera egipcia apenas tenía valor real.
Solo la posesión del puerto de Tobruk – que ofrecía la posibilidad de aliviar los enormes problemas logísticos del Eje en ese escenario – justificaba la ocupación de una zona de terreno de enormes dimensiones, pero que no ofrecía ventaja militar alguna en sí misma, excepto como base para operar sobre Egipto. Y, sin el puerto de Tobruk, ninguna ofensiva sobre la colonia británica era posible. Como en la Primera Guerra Mundial, la toma de fortificaciones era al final una cuestión de fuego de artillería de campaña y de ataques de infantería a pie, con carros en apoyo. Y, como entonces, esto obligaba a un importante despliegue artillero y a una gran acumulación de munición, un problema añadido para la complicada logística de Rommel. De hecho, la eficacia de las unidades aeronavales británicas basadas en Malta hacía que los convoyes italoalemanes dirigidos a Libia sufriesen pérdidas crecientes: en julio de 1941 se perdieron el 17% de los medios enviados a África; en agosto esta proporción aumentó al 35%; en septiembre al 38%; en octubre, de las 50.000 toneladas de medios y suministros enviados, solo llegaron 18.500 (el 37%). Estas pérdidas impedían a Rommel alcanzar la acumulación de suministros necesaria para emprender el asalto a Tobruk, por lo que el ataque previsto se fue retrasando continuamente. La última fecha fijada para emprender ese asalto era la del 21 de noviembre de 1941 (Von Mellenthin, 1977, pág. 67).
La via Balbia, única carretera asfaltada, pasaba por Tobruk. Esto implicaba que la ruta logística de las tropas italoalemanas se detenía a una veintena de kilómetros antes de llegar a la ciudad, en el límite del alcance de la artillería británica asentada en la ciudad. Y, sin embargo, era preciso avituallar a las unidades que mantenían el cerco y a las desplegadas en la frontera egipcia. Para ello, los ingenieros italianos construyeron una carretera que circunvalaba la ciudad fuera del alcance máximo de la artillería británica, y que se unía nuevamente a la via Balbia a una treintena de kilómetros al este de la ciudad. Esta obra, ejecutada con medios escasos y en pleno verano, fue un verdadero logro, que mejoró la capacidad de los italoalemanes para preparar la toma de Tobruk y para garantizar el abastecimiento a sus tropas desplegadas en la frontera con Egipto.
El cerco de Tobruk no era excesivamente apretado. De hecho, el dominio del mar de la Royal Navy permitía abastecer a las unidades desplegadas en la ciudad – aunque utilizando buques pequeños, rápidos y principalmente durante las noches sin luna -, pese a los esfuerzos de la aviación alemana e italiana y a las frecuentes pérdidas sufridas. Entre abril y diciembre de 1941, los británicos fueron capaces de llevar a Tobruk más de 34.000 toneladas de suministros, suficientes para mantener la capacidad de combate de unas tropas esencialmente inmovilizadas. Por presiones del gobierno australiano, entre agosto y octubre de 1941, los británicos relevaron por mar a la 9ª División de Infantería Australiana, la principal unidad que guarnecía Tobruk, sustituyéndola por la 70ª División de Infantería británica, reforzada con la ‘Brigada de Infantería Polaca de los Cárpatos’, junto con el XI Batallón de Infantería checo, unidades compuestas de personal de estos países ocupados, pero equipadas por los británicos, así como por la XXXII Brigada Acorazada (compuesta por dos Batallones Acorazados – I y IV del Royal Tank Regiment – y una Compañía del VII).
Pese al revés de Battleaxe, a lo largo del verano de 1941, los británicos recuperaron muchos de los carros que se habían averiado en esa operación, por lo que, a finales de junio, la cifra de carros disponibles alcanzaba los quinientos sesenta y tres, por cuatrocientos cincuenta y cuatro del Eje. Sin embargo, la experiencia demostraba que esa superioridad no era suficiente para garantizar el éxito de una nueva ofensiva. Además de ello, en la primavera de 1941, Estados Unidos había aprobado la ‘Ley de Préstamo y Arriendo’ (Lend and Lease Act), que permitía al gobierno norteamericano suministrar gratuitamente armas y equipos de todo tipo a los británicos. Hasta ese momento, estaba en vigor el sistema de cash and carry: pago en efectivo y transporte a cargo del comprador. La exhausta economía británica había llevado a Churchill a pedir ayuda al presidente norteamericano Roosevelt en el otoño de 1940, apoyo que se materializó en la citada ley. Consecuentemente, los británicos comenzaron a recibir equipo norteamericano, entre el que destacaban los carros de combate. Como se citó anteriormente, Estados Unidos tenía una escasísima experiencia en el diseño y el empleo de carros de combate, pero, a cambio, contaban con una excelente industria automovilística y de aviación. Los carros disponibles para suministrar inmediatamente eran los M-2 y su sustituto, el M-3. En consecuencia, los británicos comenzaron a recibir carros M-3 (al que apodaron Stuart, en honor a uno de los generales de la guerra civil norteamericana).
El M-3 era un carro ligero (12,6 toneladas, por 23 de un Panzer-III), muy rápido (hasta 61 kph, por 42 del Panzer-III), con un cañón de 37 mm. como armamento principal, de prestaciones similares al 2-pounder que equipaba a los carros británicos, pero capaz de emplear proyectiles de alto explosivo o de metralla, además de perforantes (el 2-pounder solo disponía de estos últimos), lo que le hacía efectivo contra la Infantería o los vehículos no protegidos. Su tripulación era de tres personas, repitiendo el ya comentado error de los franceses de tener una torre monoplaza, que saturaba de misiones al jefe de carro (que debía hacer de jefe de carro, de cargador, de apuntador y, en su caso, de jefe de su unidad). Sin embargo, era mecánicamente incomparablemente más fiable que los Cruiser/Crusader, lo que le ganó el inmediato aprecio de los carristas británicos. La nueva 4ª Brigada Acorazada británica (compuesta por dos Batallones Acorazados – III y V del Royal Tank Regiment –, y el 8º Regimiento de Húsares junto con un Grupo de Artillería – con veinticuatro 18-pounder), se equipó exclusivamente con este modelo de carro (cincuenta y uno o cincuenta y dos por Batallón), y, gracias al abundante suministro de ellos, se guardaron una treintena de ejemplares para reponer pérdidas.

Si para los alemanes Egipto era un teatro absolutamente secundario, al que solo los (inesperados) éxitos de Rommel habían dado cierta relevancia, para los británicos era el único teatro de operaciones terrestres en los que podían enfrentarse con ciertas posibilidades a los alemanes. Como consecuencia, los combates en Egipto tenían un importante componente moral y político, por lo que resultaba un teatro preferente para los británicos. Por ello, el fracaso de Battleaxe supuso el relevo de la práctica totalidad de los generales británicos en Egipto. El que este relevo fuese consecuencia de una derrota se disimuló asignando puestos de relevancia – pero puramente administrativos – a estos generales. Con este relevo, Churchill deseaba hacer ‘borrón y cuenta nueva’ y reorganizar completamente las fuerzas británicas en Egipto.
El General Auchinleck fue designado como nuevo jefe de todas las fuerzas británicas en el Medio Oriente, mientras que el General Cunningham recibió el mando del recién creado 8º Ejército. Auchinleck era un infante veterano de la guerra del desierto (en 1915 ya participó en la campaña británica contra los turcos en Egipto), y tenía cierta experiencia en el combate contra los alemanes (había estado al mando de la fallida operación aliada en Noruega en 1940). Su experiencia militar se había centrado en el Ejército Indio, por lo que carecía de experiencia en guerra acorazada. A cambio, tampoco había combatido en el Frente Occidental de la Gran Guerra, y tenía una mentalidad mucho más flexible que la mayoría de los oficiales que pasaron por esa experiencia. Por su parte, Cunningham era un distinguido oficial de Artillería, que había combatido en el Frente Occidental en la PGM. En el periodo de entreguerras, había mandado varias Divisiones de Infantería. Fue el encargado de derrotar a las tropas italianas desplegadas en Etiopía, lo que realizó con gran eficacia (sus tropas ocuparon la capital de la colonia italiana – Addis Abeba – el 6 de abril de 1941, tras una breve campaña, ejecutada de forma muy flexible contra fuerzas muy superiores). Su éxito en este teatro fue la principal razón para su destino como jefe del 8º Ejército. No obstante, como Auchinleck, tampoco tenía experiencia en guerra acorazada.
Gracias a la ayuda norteamericana, la reorganización de las fuerzas británicas en Egipto fue muy rápida, y, además, conllevó un importante refuerzo. Esta fuerza, ahora denominada 8º Ejército, asumió el control del XIII Cuerpo de Ejército (la antigua Western Desert Force) y de un nuevo XXX Cuerpo de Ejército.
Por su parte, la situación de los italoalemanes era muy complicada: tanto los alemanes como los italianos eran conscientes del gran incremento de fuerzas de los británicos, pero sus conclusiones eran completamente opuestas. El General Bastico, mando italiano de todo el teatro del norte de África (y, nominalmente, el superior de Rommel), estaba firmemente convencido de la amenaza de una inminente ofensiva británica, que, en el peor de los casos, coincidiría con el asalto a Tobruk, lo que dejaría a los italoalemanes en una situación crítica: demasiado débiles para detener el ataque británico y con el grueso de sus fuerzas comprometido en la batalla de Tobruk.
Consecuentemente, Bastico quería impedir a toda costa el asalto a Tobruk, al menos hasta haber repelido la ofensiva británica, y concentrarse en defender las posiciones de la frontera. Por su parte, Rommel era igualmente consciente de la inminencia de una ofensiva británica, pero esperaba tomar Tobruk antes de que se materializase. De esta manera contaría con las tropas del Eje inmovilizadas en el cerco de la ciudad para combatir a las tropas británicas procedentes de Egipto. La opción defendida por Bastico implicaba ceder la iniciativa a los británicos y aguardar una ofensiva que, sin duda, se ejecutaría con medios mucho más potentes que los disponibles para Rommel. Como consecuencia, Rommel minimizó (conscientemente) en todo momento la fiabilidad de las informaciones que indicaban la proximidad del ataque británico, con el fin de mantener el apoyo de los generales italianos (Von Mellenthin, 1977, pág. 69). Rommel reforzó las defensas de la frontera con densos campos de minas y desplegando medios contracarro en las posiciones clave, con la idea de forzar a los británicos a atacar dando un amplio rodeo por el desierto.
El recién creado 8º Ejército era una unidad muy potente. Además de los Cuerpos de Ejército XIII y XXX, el 8º Ejército asumía también el mando de la guarnición de Tobruk, y disponía además de la 2ª División de Infantería Sudafricana y de la IV Brigada Acorazada.
Fuerzas en el teatro
El XXX Cuerpo de Ejército agrupaba dos Divisiones, la veterana 7ª División Acorazada (bajo el mando del protagonista de Brevity, el General Gott) y la 1ª División de Infantería Sudafricana, junto con dos Brigadas de las Fuerzas de Defensa de Sudán (Sudan Defence Force – SDF). La División Sudafricana y las brigadas sudanesas estaban recién redesplegadas tras su participación en la ocupación de Etiopía, donde había sufrido pérdidas que no habían podido ser reemplazadas.
En el caso de la División Sudafricana había problemas adicionales. Por un lado, la División no se había empleado reunida en la campaña de Etiopía, sino como batallones separados, agregados a otras unidades. Como consecuencia, era una División muy falta de cohesión interna e inexperta en la operación coordinada de sus diferentes unidades. Además de ello, la falta de buques de transporte impedía que alcanzase su plantilla al completo. A cambio, era una unidad completamente motorizada.
Por su parte, las Brigadas de la SDF eran unidades muy heterogéneas, pero completamente motorizadas y habituadas a operar en solitario a grandes distancias del resto de las unidades. Se emplearon para llevar convoyes de suministro a los destacamentos más aislados del despliegue británico o para ocupar estos puestos. Sin embargo, su capacidad de combatir contra unidades regulares alemanas era muy escasa. A cambio, eran excelentes unidades para proporcionar reconocimiento en profundidad o seguridad en los flancos abiertos al desierto.
La 7ª División Acorazada se componía de dos Brigadas Acorazadas (VII y XXII) y un DSG (Divisional Support Group). La desfavorable experiencia cosechada de la aplicación de la idea ‘solo carros’ se tradujo en que las Brigadas Acorazadas incorporaron unidades de Artillería de Campaña, contracarro, antiaéreas y pequeños contingentes de Infantería motorizada.
Así, la VII Brigada Acorazada se componía de tres Batallones Acorazados (el VII Queen’s Own Hussars, con 37 carros Cruiser y 20 Crusader; el II Batallón del Royal Tank Regiment, con 52 Cruiser y Crusader y el VI Batallón del Royal Tank Regiment, con 49 Crusader), junto con dos Baterías de Artillería (16 obuses 25-pounder), una Batería Contracarro con una docena de ineficaces 2-pounders, una Batería Antiaérea con cañones de 40 mm y una Compañía de Infantería motorizada.
La XXII Brigada Acorazada agrupaba tres Batallones Acorazados (III Batallón County of London Yeomanry, con 51 Crusader; IV Batallón County of London Yeomanry, con 48 Crusader y el III Batallón de Húsares de Gloucester, con otros 51 carros Crusader), junto con una Batería de Artillería (ocho 25-pounder), una Batería Contracarro de 2-pounder, una Batería Antiaérea con cañones de 40 mm y una Compañía de Infantería motorizada.
Por su parte, el DSG se componía de un Regimiento de Artillería (de entidad Grupo) con veinticuatro 25-pounder, una Batería de Artillería de otro Regimiento con una docena más de obuses del mismo tipo, un Regimiento con tres Baterías Contracarro, con un total de 36 cañones 2-pounder, una Batería Antiaérea de 40 mm., un Batallón de Ingenieros y dos Batallones de Infantería Motorizada (cada uno de ellos había perdido una Compañía, agregada a cada una de las Brigadas Acorazadas).
El mando de la 7ª División Acorazada disponía además de tres Batallones de Reconocimiento, con vehículos blindados de ruedas.
La 1ª División de Infantería Sudafricana se componía de tres Brigadas más una serie de unidades divisionarias. Sin embargo, una de sus Brigadas estaba incompleta, por lo que se le encomendó la misión de guarnecer la posición de Mersa-Matruh, en la retaguardia. Las otras dos Brigadas Sudafricanas se componían de tres Batallones de Infantería, reforzadas con una Compañía de Ametralladoras procedente de las tropas divisionarias. Éstas constaban de un Batallón de Reconocimiento (con coches blindados) y una nutrida Artillería de Campaña: tres Regimientos, dos de ellos con veinticuatro 25-pounder cada uno y un tercero con dieciséis cañones de 127 mm (4,5’), otro contracarro, con cuatro Baterías (en total, cuarenta y ocho 2-pounder), un Grupo Antiaéreo (con 36 cañones de 40 mm) y un Batallón de Ametralladoras (excepto las dos Compañías destacadas con las Brigadas). Las unidades sudafricanas estaban completamente motorizadas, y no necesitaban apoyos de transporte (como sí lo precisaban las divisiones del XIII Cuerpo de Ejército).
El XIII Cuerpo de Ejército se reorganizó para incluir a la 4ª División India, la 2ª División Neozelandesa y la I Brigada de Carros. La 2ª División Neozelandessa se componía de tres Brigadas de Infantería (IV, V y VI), a tres Batallones cada una, sin tropas divisionarias. La 4ª División India se organizaba en tres Brigadas de Infantería (V, VII y XI), a tres Batallones de Infantería. En su nucleo de tropas divisionario contaba con tres Regimientos de Artillería de Campaña (cada uno con veinticuatro obuses 25-pounder), junto con un Batallón de reconocimiento con vehículos blindados de ruedas. Por su parte, la I Brigada Acorazada reunía los carros pesados de apoyo a la Infantería, y se componía de tres Batallones Acorazados (VIII, XLII y XLIV Batallones del Royal Tank Regiment, con cincuenta y uno de los nuevos carros Valentine los dos primeros y una cincuentena de Matilda-II el tercero).

Además de los dos Cuerpos de Ejército, el General Cunningham contaba con la IV Brigada Acorazada, que encuadraba a los recién llegados M-3 norteamericanos, y con la 2ª División de Infantería Sudafricana.
La IV Brigada Acorazada se organizaba en tres Batallones Acorazados (VIII del King’s Royal Irish Hussars, con cincuenta y un M-3, y los Batallones III y V del Royal Tank Regiment, cada uno de ellos con cincuenta y dos M-3), un Regimiento de Artilleria con treinta y seis obuses 25-pounder, dos Baterías Contracarro con veinticuatro 2-pounder, una Batería Antiaérea con cañones de 40 mm., y un Batallón de Infantería.
La 2ª División de Infantería Sudafricana se organizaba en dos Brigadas ‘mixtas’ III y IV), y una de Infantería (VI). Las Brigadas mixtas se organizaban en tres Batallones de Infantería, dos Baterías de Artillería (totalizando veinticuatro 25-pounder) y una Compañía de Zapadores, mientras que la VI Brigada solo tenía los tres Batallones de Infantería. Esta División no tenía experiencia en combate.
Por su parte la guarnición de Tobruk se componía de la 70ª División de Infantería, organizada en tres Brigadas de Infantería (XIV, XVI y XXIII), compuestas cada una por tres Batallones de Infantería, reforzadas por una o dos Compañías aún no evacuadas de la 9ª División Australiana y por una Batería Contracarro de doce 2-pounder. La 70ª División tenía también una potente dotación artillera (cuatro Regimientos de Artillería de Campaña, tres de ellos con dieciséis 25-pounder y el cuarto con dos Baterías de obuses italianos de 100/17, dos Baterías más con ocho 25-pounder cada una, otra con cañones de 127 mm., y otra con obuses pesados 60-pounder). A esta dotación se añadía un Regimiento de Artillería de Costa (con material italiano capturado), un Regimiento Contracarro (con cuarenta y ocho 2-pounder y muchos cañones italianos capturados), un Batallón de Ametralladoras y otro de Ingenieros. Además, tenía agregada una Brigada Antiaérea con tres Batallones de cañones de 40 mm. y de 90 mm. italianos y el XI Batallón de Infantería checo.
Además de ello, en la plaza desplegaba la Brigada de Infantería Polaca de los Cárpatos, a tres Batallones, y la XXXII Brigada Acorazada. Ésta se componía de dos Batallones Acorazados (I y IV del Royal Tank Regiment, el I con veintiocho Cruiser y veintiún Mk-VI B, y el IV con cincuenta Matilda-II y algún Mk-VI B), y dos Compañías destacadas, una del VII Batallón del Royal Tank Regiment, con diecinueve Matilda-II y algún Mk-VI B y otra de coches blindados Marmon-Harrington.
Por su parte, el Eje también se reorganizó después de Battleaxe. El ahora denominado Panzerarmee Afrika se componía del Afrika Korps (compuesto por la 5ª División Ligera – redenominada 21ª División Panzer – y la 15ª División Panzer, una pequeña División de Infantería alemana denominada ‘División Afrika’ (compuesta fundamentalmente por veteranos alemanes que habían servido en la Legión Extranjera francesa) y la División de Infantería italiana ‘Savona’, que cubría la frontera, todo ello bajo el mando del General Cruewell), y del XXI Cuerpo de Ejército italiano, con cuatro Divisiones de Infantería parcialmente motorizadas (17ª ‘Pavía’, 25ª ‘Bologna’, 27ª ‘Brescia’ y 102ª ‘Trento’) y unas tropas de Cuerpo de Ejército constituidas fundamentalmente por Artillería y Zapadores. El XXI Cuerpo de Ejército tenía como misión fundamental el asedio de Tobruk.
Las Divisiones de Infantería italianas eran más pequeñas que sus equivalentes alemanes o británicas. Se componían de dos Regimientos de Infantería a tres Batallones, junto con un Regimiento de Artillería de Campaña, a dos Grupos, cada uno de ellos dotado normalmente con ocho piezas de 75/27 y un Batallón de Ingenieros. Su escasa dotación artillera hacía que normalmente se reforzaran con Artillería de Cuerpo de Ejército.
Las tropas de Cuerpo de Ejército se componían de cinco Agrupaciones de Artillería de Campaña (con un total de sesenta obuses de 105/28, cuarenta y ocho de 149/35, dieciséis de 149/28, ocho de 152/37 y cuarenta y ocho de 77/28), junto con dos Batallones de Zapadores de Asalto y un Batallón de Transmisiones.
Por su parte, el Afrika Korps reunía unidades con una orgánica muy atípica. Sus Divisiones Panzer contaban con un solo Regimiento Acorazado (la 21ª División con el 5º Regimiento Panzer, con treinta y cinco Panzer-II, sesenta y ocho Panzer-III y diecisiete Panzer-IV; la 15ª División con el 8º Regimiento Panzer, con cuarenta y dos Panzer-II, setenta y siete Panzer-III y veintiun Panzer-IV). Además de ello, los preparativos del ataque a Tobruk habían llevado a disgregar a las Divisiones Panzer: la Artillería y la mayoría de la Infantería se aprestaron a tomar la ciudad, junto con la División Afrika y el XXI Cuerpo de Ejército Italiano, mientras que los pesados cañones FlaK se unieron a los Regimientos Acorazados o se mantuvieron como reserva. Las unidades de reconocimiento de ambas Divisiones (los XXXIII y III Batallones de Reconocimiento, dotados de vehículos blindados de ruedas) se agruparon en una especie de ‘Brigada de Reconocimiento’, bajo la autoridad del jefe del Afrika Korps. Por otra parte, la escasez de combustible hacía que éste se mantuviese centralizado, y solo se repostarían los carros cuando fuese evidente dónde estaba el ataque principal de los británicos.
Además del Panzerarmee Afrika, los italianos desplegaban el XX Cuerpo de Ejército de Maniobra, compuesto de la División Acorazada ‘Ariete’ y la División de Infantería Motorizada ‘Trieste’, con un total de ciento treinta y siete carros M-13/40 y una cincuentena de inútiles CV-3/35. La dispersión del mando de las unidades del Eje entre el Panzerarmee Afrika y el XX Cuerpo de Maniobra respondía mucho más a los celos italianos por mantener su independencia que a ninguna lógica de eficacia militar.
El balance de carros era claramente favorable a los británicos: setecientos doce carros medios de tipos diversos, frente a trescientos noventa y siete del Eje (doscientos sesenta alemanes y ciento treinta y siete italianos).
La situación aérea también era favorable a los aliados. La ayuda norteamericana había permitido a la R.A.F. equipar nuevas unidades de caza con Curtiss P-40 Kittyhawk y de bombardeo con Martin Maryland. La disminución de la amenaza aérea alemana sobre Gran Bretaña también permitió trasladar pilotos desde la metrópoli al desierto. En vísperas de la ofensiva británica, más de mil aviones estaban en condiciones de participar en la operación. En contraste, la Luftwaffe y la Reggia Aeronautica disponían apenas de trescientos aparatos operativos en la zona, que, además, en su mayoría debían desplegar lejos de la frontera con Egipto para aliviar las necesidades logísticas de las tropas terrestres. Con la excepción de los pequeños aeródromos de Sidi Rezegh, Ain el Gazala y Bir Hacheim, en las cercanías de Tobruk, los aviones del Eje desplegaban a cientos de kilómetros de la zona donde se desarrollaría la ofensiva británica. Si bien los aviones alemanes eran superiores a sus equivalentes británicos y norteamericanos, los italianos eran claramente inferiores (con la excepción de los cazas Macchi-200, de los que desplegaban treinta y seis – diecinueve operativos – en Derna).
Planes de ataque británicos
La nueva ofensiva se denominó ‘operación Crusader’. Inicialmente, Auchinleck se planteó un plan de ataque muy audaz: atravesar el desierto directamente hacia Bengasi, envolviendo completamente a las fuerzas de Rommel. Sin embargo, esta opción dejaría muy expuesto el flanco derecho del 8º Ejército, y, además, implicaba dispersar las fuerzas disponibles, en, al menos, dos contingentes, uno que debía tomar Bengasi y otro que tendría que quedarse protegiendo la frontera, dejando a Rommel la opción de derrotar sucesivamente a ambos. Frente a un enemigo menos competente, el plan podía ser factible. Frente a Rommel resultaba temerario.

Como consecuencia, el plan británico seleccionado finalmente era, como no podía ser de otra manera, una variación de lo ejecutado en Brevity y en Battleaxe, intentando solucionar los defectos identificados en ambas operaciones y aprovechando la mayor cantidad de fuerzas disponibles. Así, el XIII Cuerpo de Ejército fijaría a las fuerzas del Eje en la frontera, sin intentar romper el frente. Simultáneamente, ejecutaría un amplio envolvimiento por el sur, para atacar a estas fuerzas por la retaguardia. Al mismo tiempo, el XXX Cuerpo de Ejército, llevando el esfuerzo principal de la operación, se dirigiría hacia Tobruk, en un envolvimiento mucho más amplio que el ejecutado en Battleaxe, con idea de atraer a las fuerzas acorazadas alemanas situadas a retaguardia de la frontera y destruirlas en un combate móvil, previsto en la zona de Gabr Saleh. La IV Brigada Acorazada desplegaría en la unión entre los dos Cuerpos de Ejército, protegiendo por un lado el flanco izquierdo del movimiento envolvente del XIII Cuerpo de Ejército, si las fuerzas alemanas intentaban impedirlo, y por otro protegiendo el flanco derecho del XXX Cuerpo, si los alemanes intentaban atacarlo por ese flanco. La guarnición de Tobruk colaboraría con el ataque, efectuando una salida, para enlazar con el XXX Cuerpo de Ejército.
Como en el caso de Brevity y Battleaxe, la toma del paso de Halfaya o, en su defecto, la ruptura del frente a caballo de la Via Balbia en Sollum eran imprescindibles para la alimentación logística de las fuerzas empleadas, si la batalla duraba más allá de unos pocos días.

El plan británico descansaba sobre un supuesto arriesgado: que el XXX Cuerpo de Ejército sería capaz de destruir a las unidades acorazadas alemanas en un combate móvil, lo que no estaba garantizado en ningún caso.
Este plan se completaba con un esfuerzo de distracción: la XXIX Brigada Motorizada India, reforzada con un Batallón de Autos Blindados sudafricano se dirigiría hacia el oasis de Jalo, al sur de Agedabia y de Bengasi, para hacer creer a Rommel que el avance británico era el descrito en la primera versión del plan de ataque. Además, la noche del 17 de noviembre, un comando de operaciones especiales británico intentó capturar a Rommel en su Cuartel General. Ésta última operación fue un costoso fracaso: ni la localización del Cuartel General era la correcta, ni Rommel estaba en Libia (estaba en Atenas, en viaje de retorno de una reunión de planeamiento en Roma). La mayoría del comando fue destruido, sin resultados útiles.
Como hemos visto al describir la composición de la VII y XXII Brigadas Acorazadas (que ya incluían pequeños contingentes de Artillería de Campaña y de Infantería), poco a poco, los británicos iban siendo conscientes de la necesidad de mejorar su idea de ‘tanks only’ y evolucionar hacia un combate interarmas. En ese mismo sentido, los británicos eran conscientes de la necesidad de incorporar a la Aviación en su sistema de combate, como hacía regularmente la Wehrmacht. Sin embargo, a diferencia de los alemanes, los británicos orientaron la cooperación aire-tierra hacia las misiones de ‘apoyo aéreo cercano’ (Combat Air Support – CAS), en lugar de emplear la ‘división de papeles’ entre las tropas de tierra y la Aviación a nivel operacional característica de la Wehrmacht. El sistema británico combinaba dos elementos: una robusta estructura de enlace entre las unidades terrestres y las aéreas que llegaba al nivel Brigada (recordemos que, en el caso alemán, el enlace se quedaba a nivel Ejército o, excepcionalmente, Cuerpo de Ejército), y un conjunto de unidades aéreas dedicadas casi exclusivamente al apoyo a tierra. Este empleo suponía un cambio radical con respecto a las ideas de ‘poder aéreo estratégico’ que caracterizaban a la R.A.F. Así, el XXX Cuerpo de Ejército recibió el Ala nº 3 (sudafricana) con Martin Maryland y el XIII Cuerpo el Ala nº 270 con Bristol Blenheim. En el sistema británico, las peticiones de apoyo aéreo se generaban en las Brigadas/Divisiones, se elevaban a Cuerpo de Ejército, donde se priorizaban y terminaban en el Air Operations Command de la R.A.F., que decidía sobre su ejecución.
Primeros combates
El 18 de noviembre, en medio de torrenciales lluvias que se iniciaron el 16, los británicos iniciaron su ataque. La lluvia impedía el vuelo a los aviones de reconocimiento alemanes, por lo que la 7ª División Acorazada llegó a Gabr Saleh – a mitad de camino de Tobruk – sin ser detectada, mientras que las vanguardias del XIII Cuerpo de Ejército y la IV Brigada Acorazada rebasaban por el sur, sin ser advertidas, la posición de Sidi Omar.
Hacia mediodía del 18 de noviembre, las patrullas de reconocimiento alemanas que operaban entre Sidi Omar y Sidi Azeiz comenzaron a informar de la presencia de gran número de autos blindados de reconocimiento británicos. Pese a estos informes, Rommel no quería cancelar el inminente ataque a Tobruk, considerando que no eran más que un reconocimiento en fuerza. Sin embargo, Cruewell, jefe del Afrika Korps y Von Ravenstein, jefe de la 21ª División Panzer, estaban seguros de que se trataba del inicio de la esperada ofensiva. Por ello, Von Ravenstein había iniciado el movimiento del Grupo Táctico organizado sobre su 5º Regimiento Panzer (una unidad temporal con medios variados; en este caso, el 5º Regimiento Panzer reforzado con un Grupo de Artillería de Campaña y una Batería de FlaK pesados) hacia Gabr Saleh (desde allí se encontraría en situación de detener el movimiento envolvente británico; los alemanes ignoraban que la 7ª División Acorazada ya había ocupado esa posición) y Cruewell había alertado al Grupo Táctico basado en el 8º Regimiento Panzer (15ª División Panzer) para que se moviese hacia el sur de Gambut para apoyar al 5º Regimiento Panzer en caso de necesidad. Rommel no estaba de acuerdo con estas medidas (seguía creyendo que no se trataba de una ofensiva), y prohibió el movimiento de los carros.
A lo largo del día, las unidades de reconocimiento alemanas informaron de la presencia al norte de Sidi Omar ya no de autos blindados de reconocimiento, sino de un importante número de carros británicos. Se trataba de los M-3 del III Batallón del Royal Tank Regiment, de la IV Brigada Acorazada. El jefe de la Brigada había autorizado a este Batallón a reforzar a los elementos de reconocimiento, para enfrentarse con mayores posibilidades de éxito a las unidades de reconocimiento alemanas… Desde el punto de vista de misión encomendada a la IV Brigada – proteger el flanco derecho del XXX Cuerpo y el izquierdo del XIII -, esta decisión era errónea, pues dispersaba sus carros, con el riesgo de resultar demasiado débil para hacer frente a un posible contraataque alemán.
Ante esta información, el 19 de noviembre, Rommel – poco convencido – autorizó los movimientos solicitados por Cruewell y Von Ravenstein. Al igual que en el caso de la IV Brigada, empeñar en combate al Grupo Táctico del 5º Regimiento Panzer en solitario, sin reunirlo con el del 8º Regimiento Panzer era una violación de la doctrina acorazada alemana (el empleo reunido de los carros en el punto decisivo del combate o Schwerpunkt). Sin embargo, Rommel seguía creyendo que se encontraba ante un reconocimiento en fuerza y no ante una ofensiva general, por lo que no esperaba que el 5º Regimiento Panzer encontrase una resistencia real.
En su plan, el General Cunningham esperaba un contraataque alemán en el área de Gabr Saleh, donde se produciría la batalla decisiva de la operación. Sin embargo, la falta de reacción alemana a la ocupación de Gabr Saleh durante el día 18 de noviembre desconcertó e impacientó al General Gott, jefe de la 7ª División Acorazada, que decidió continuar su avance en busca de los carros enemigos. Así, la XXII Brigada Acorazada se dirigió a Bir el Gumi, donde tuvo un encuentro desfavorable con la División Acorazada Ariete (los británicos perdieron cuarenta carros por treinta y cuatro de los italianos, y debieron retirarse), mientras que la VII Brigada Acorazada y el DSG continuaron su avance hacia Tobruk ocupando intacto el aeródromo de Sidi Rezegh. En consecuencia, la IV Brigada recibió la orden de ocupar Gabr Saleh, para proteger el muy expuesto flanco de la 7ª División Acorazada. No obstante, el III Batallón de esta Brigada, ocupado en hostigar al reconocimiento alemán al norte de Sidi Omar, no puedo reunirse a tiempo con los otros dos Batallones de la IV Brigada. Como consecuencia, solo dos tercios de esa Brigada (poco más de ciento diez carros, todos M-3) llegaron a Gabr Saleh. Y, en esa situación, se produjo el ataque sobre esa localización del Grupo Táctico del 5º Regimiento Panzer, compuesto por dos Batallones Panzer, con treinta y cinco Panzer-II, sesenta y ocho Panzer-III y diecisiete Panzer-IV, un Grupo de Artillería de Campaña – con doce obuses de 105 mm. – y una Batería con cuatro piezas FlaK-36 de 88 mm.

En los primeros encuentros, los alemanes destruyeron veintitrés M-3 con la pérdida de dos Panzer-II y un Panzer-III (Von Mellenthin, 1977, pág. 75), pero esos combates revelaron la presencia de una importante fuerza de carros británica.
Los diferentes informes que llegaban a Rommel presentaban una situación confusa y, además, muy peligrosa: ataques en fuerza en la frontera, carros enemigos al norte de Sidi Omar (en la retaguardia de las posiciones fronterizas), la ocupación del aeródromo de Sidi Rezegh (a solo una quincena de kilómetros del perímetro defensivo de Tobruk), carros enemigos en Bir el Gumi y elementos enemigos detectados en Giarabub (la XXIX Brigada India que simulaba la finta por el desierto profundo hacia Bengasi)…
Cruewell decidió concentrar sus esfuerzos en el área de Sidi Omar, para asegurar la frontera y para poder aislar logísticamente a las unidades que habían penetrado en la retaguardia italoalemana. En efecto, desde la posición de Sidi Omar, se podía cortar toda la línea logística o los refuerzos que utilizasen la ruta del desierto. Así, los Grupos Tácticos del 5º Regimiento Panzer y del 8º Regimiento Panzer malgastaron el día 20 de noviembre en buscar a los carros enemigos que operaban cerca de Sidi Omar, sin saber que era la misma IV Brigada Acorazada con la que habían combatido en Gabr Saleh. Estos movimientos agotaron el combustible del 5º Regimiento Panzer, que hubo de ser repostado urgentemente, pero que pasó gran parte de la jornada detenido en el desierto. Mientras tanto, el 8º Regimiento Panzer, en su búsqueda de los carros enemigos llegó a Gabr Saleh desde el este, desencadenando violentos combates contra la IV Brigada Acorazada, forzándola a retirarse y obligando a Gott a redesplegar hacia ese lugar a su XXII Brigada Acorazada, pero la acción se detuvo al llegar la noche, sin alcanzar resultados decisivos. Durante la noche, el 5º Regimiento Panzer se unió al 8º, en la que Cruewell pensaba que sería la acción decisiva.
Para la noche del 20 de noviembre, Rommel era plenamente consciente de la seriedad de la situación, y tomó el mando directo de las operaciones. Considerando que el principal riesgo es que la guarnición de Tobruk se uniese a la ofensiva, ordenó a Cruewell redesplegar lo antes posible para destruir a las fuerzas enemigas localizadas en Sidi Rezegh. Para el 5º y el 8º Regimientos Panzer, esto implicaba romper el contacto con los carros británicos en Gabr Saleh y avanzar hacia Sidi Rezegh, dejando al menos dos Brigadas Acorazadas a sus espaldas. Para ello, emplearon su conocida práctica de tender emboscadas con sus pesados FlaK, mientras se retiraban sus carros. Con escasas pérdidas, consiguieron romper el contacto a lo largo del 21 de noviembre, mientras los perseguidores británicos debían detenerse a repostar.
Los temores de Rommel no eran infundados: al amanecer del 21 de noviembre, la guarnición de Tobruk inició una salida hacia Sidi Rezegh, que pudo ser contenida a duras penas gracias a la resistencia de la División de Infantería ‘Bologna’ y de la División ‘Afrika’, pero que obligó a Rommel a emplear como reserva al XXXIII Batallón de Reconocimiento, reforzado por numerosos FlaK.
Primera batalla de Sidi Rezegh
Mientras tanto, advertido de la llegada de los panzer alemanes, el jefe de la VII Brigada Acorazada, General Davy, dejó a su VI Batallón Acorazado y al DSG defendiendo Sidi Rezegh, y salió al encuentro de los alemanes con los otros dos Batallones Acorazados de su Brigada. Esta decisión implicaba dos problemas: por un lado, el de fraccionar su fuerza y por otro el de plantear una batalla empleando solo carros de combate (y en un número inferior al de los carros alemanes) frente a un enemigo dotado de artillería y potentes medios contracarro. Como era previsible, en pocas horas los británicos habían perdido la práctica totalidad de uno de sus Batallones Acorazados (el VII de húsares) y el otro se había visto forzado a retirarse con grandes pérdidas. A mediodía, los alemanes ocupaban las alturas que dominaban Sidi Rezegh por el sur. Sin embargo, los ataques alemanes sobre el aeródromo fracasaron por la aguda escasez de municiones y por la tenaz defensa del DSG, que hizo un uso eficacísimo de su potente Artillería de Campaña. Por la tarde, la IV Brigada Acorazada y la XXII comenzaron a llegar a la zona desde sus posiciones en Gabr Saleh.
La situación al anochecer del 21 de noviembre era compleja: los carros del Afrika Korps se encontraban entre los restos de la VII Brigada Acorazada y el DSG (ambos en Sidi Rezegh) y las Brigadas Acorazadas IV y XXII, situadas al sureste de su posición. Esta situación hacía a los alemanes vulnerables a un ataque concentrado, pero también les podría permitir derrotar sucesivamente a ambas fuerzas. No obstante, Rommel adoptó una solución más prudente, y redesplegó al Grupo Táctico del 8º Regimiento Panzer (15ª División Panzer) al sur de Gambut (fuera del ‘cerco’ británico), y al Grupo Táctico del 5º Regimiento Panzer (21ª División Panzer) a Belhamed, en la zona localizada entre Tobruk y Sidi Rezegh, para evitar el enlace entre la guarnición sitiada y el XXX Cuerpo de Ejército. Pese a ello, dejó al 155º Regimiento de Infantería, reforzado por una Batería de FlaK, defendiendo la cota 178, que dominaba el aeródromo desde el sur. Como en ocasiones anteriores, el movimiento fue protegido, con éxito, por los FlaK y PaK alemanes. No obstante, el efecto de estas órdenes fue que los británicos fueron capaces de reunir nuevamente a su 7ª División Acorazada (incluyendo a la IV Brigada), reuniendo unos ciento ochenta carros de combate operativos, situándose a solo quince kilómetros de Tobruk. La llegada a Sidi Rezegh una de las Brigadas de la 1ª División de Infantería Sudafricana (la Brigada restante protegía el flanco izquierdo del avance británico frente a una posible reacción de la División Acorazada Ariete desde Bir el Gubi) permitió a los británicos ocupar la mayoría de las alturas que dominaban el aeródromo por el sur, mejorando notablemente su capacidad de defensa. En cambio, las Divisiones Panzer alemanas se encontraban separadas por una treintena de kilómetros.
A mediodía del 22 de noviembre, Rommel ordenó a sus Divisiones la ejecución de un atrevido ataque sobre las posiciones de Sidi Rezegh.
El plan era sencillo, un típico ejemplo de kesselschlacht, un ataque convergente, una de las especialidades de la doctrina prusiano-alemana. La Infantería de la 21ª División Panzer, apoyada por toda la Artillería disponible (incluyendo las unidades de Artillería que se habían concentrado para el asalto a Tobruk) atacaría las posiciones británicas de las alturas que dominaban Tobruk por el norte, guarnecidas por el I Batallón de Infantería del King’s Royal Rifle Corps (uno de los dos Batallones de Infantería del DSG). El objeto del ataque sería atraer la atención de los defensores hacia ese sector del perímetro defensivo. Obtenido esto, el 5º Regimiento Panzer, reforzado con FlaK de 88 mm., envolvería las alturas desde el oeste, derrotaría a las patrullas de exploración británicas y atacaría el aeródromo y a la 7ª División Acorazada, bastante desgastada en anteriores combates. Posteriormente, cuando las unidades británicas estuvieran embebidas en el combate contra los carros del 5º Regimiento, la 15ª División Panzer atacaría desde el este, por la retaguardia británica.

El ataque se ejecutó como estaba previsto, resultando una completa sorpresa para los británicos. Solo la XXII Brigada Acorazada realizó un contraataque contra el 5º Regimiento Panzer, recibiendo fuego de los FlaK alemanes desde ambos flancos y perdiendo más de la mitad de sus carros. La IV Brigada Acorazada no llegó a intervenir, cegada por las nubes de arena que levantaba la batalla entre el 5º Regimiento y la XXII Brigada. Superados los carros británicos, el 5º Regimiento atacó por detrás al solitario Batallón que defendía la línea de alturas del norte. Este batallón, atrapado entre el ataque de la Infantería desde el norte y el de los carros desde el sur, acabó cediendo la defensa y cediendo numerosos prisioneros. Por la tarde, cuando atacó la 15ª División Panzer, su 8º Regimiento Panzer llegó inopinadamente hasta la zona de vivac y el Cuartel General de la IV Brigada Acorazada, haciendo numerosos prisioneros y capturando abundante material.
En esta situación, el General Gott decidió retirar las unidades supervivientes al sur de la línea de alturas que dominaba el aeródromo por su parte meridional, en la zona ocupada por la V Brigada de Infantería Sudafricana.

El 23 de noviembre, Rommel decidió continuar su ataque, con el fin de terminar con los restos del XXX Cuerpo de Ejército. En consecuencia, diseñó un plan en el que las Divisiones Panzer del Afrika Korps atacarían a los británicos desde el este, mientras que la División Acorazada Ariete presionaría su retaguardia desde Bir el Gubi. En la batalla resultante, la 15ª sorprendió a los elementos logísticos del DSG y de la V Brigada de Infantería Sudafricana, que se dispersaron por el desierto. En lugar de perseguirlos y destruirlos, Cruewell se atuvo al plan de esperar a los italianos de la Ariete, lo que permitió escapar a la mayoría de los vehículos británicos. Esta pausa fue aprovechada por los británicos para construir un perímetro defensivo. Cuando Cruewell se decidió a atacar, lo hizo de una forma muy atípica: los carros fueron seguidos a corta distancia por la Infantería sobre camiones, innovación táctica que resultó muy costosa para los alemanes (Von Mellenthin, 1977, pág. 87). Perdida la sorpresa y frente a un enemigo ya desplegado, los panzer alemanes sufrieron fuertes pérdidas: el Afrika Korps perdió unos setenta carros de los aproximadamente ciento cincuenta disponibles, debido fundamentalmente al eficaz fuego directo de la abundante Artillería de Campaña británica, cuyo alcance sobrepasaba al de las armas de los panzer. Pese a las pérdidas del Afrika Korps, los restos del XXX Cuerpo de Ejército se vieron forzados a dispersarse en desorden por el desierto. Aparentemente, el XXX Cuerpo de Ejército había sido destruido, lo que parecía dejar a los alemanes dueños de la victoria al final de la jornada. No obstante, el Afrika Korps estaba notablemente desorganizado después de los continuos movimientos de los días previos y de las diferentes reorganizaciones y redespliegues sufridos. Sus pérdidas eran muy altas (le restaban menos de cien carros operativos) y sus Regimientos de Infantería habían sufrido un duro castigo en el combate contra los sudafricanos. En gran parte por esta confusión, el Cuartel General del Panzerarmee desconocía la capacidad de combate remanente del Afrika Korps, que era mucho menor de la que Rommel estimaba en ese momento. Aquí es interesante citar que la forma de ejercer el mando de los generales alemanes (y, particularmente, de Rommel), desde la extrema vanguardia, implicaba el riesgo de tomar decisiones considerando que la situación general respondía a la particular que el jefe podía observar desde su vehículo de mando: Rommel, presenciando los centenares de vehículos británicos ardiendo al sur de Sidi Rezegh, no tenía dudas de haber alcanzado una gran victoria, y, sin embargo, la situación no era tan favorable como daba a entender el espectáculo de la vencida V Brigada Sudafricana.
El desenlace
En efecto, las noticias eran más prometedoras para los británicos en el sector del XIII Cuerpo de Ejército: mientras el Afrika Korps se empeñaba a fondo contra el XXX Cuerpo, el XIII superó las defensas de la División de Infantería ‘Savona’, tomando Fuerte Capuzzo, Sidi Azeiz, Sollum… Al amanecer del 23 de noviembre, la VI Brigada Neozelandesa tomó el Puesto de Mando del Afrika Korps en Bir Chleta y avanzó hasta llegar a solo seis kilómetros al este del aeródromo de Sidi Rezegh – ya ocupado nuevamente por los alemanes -, defendido en ese sector por un baqueteado Regimiento de Infantería de la División ‘Afrika’.
Las prisas del XIII Cuerpo de Ejército por socorrer al XXX Cuerpo hicieron que el avance se hiciera de forma confusa: la 2ª División Neozelandesa, que encabezaba el ataque del XIII Cuerpo, fue perdiendo cohesión conforme sus Brigadas avanzaban a diferentes ritmos, hasta el punto de que la distancia entre ellas les impedía apoyarse mutuamente. Esta circunstancia fue advertida por el Cuartel General del Panzerarmee, que recomendó a Rommel concentrar el Afrika Korps al sureste de Tobruk, en la zona de Sidi Rezegh, y destruir las Brigadas Neozelandesas una tras otra. Sin embargo, Rommel, tenía un plan mucho más audaz: sus intenciones eran destruir completamente a las unidades británicas que habían cruzado la frontera en un solo golpe. Para ello, lanzaría al Afrika Korps hacia la posición de Sidi Omar, cortando la ruta del desierto. Mientras resistieran las pequeñas guarniciones de la frontera (el paso de Halfaya o Bardia), desde Sidi Omar el Afrika Korps podría cortar las rutas de abastecimiento del XXX Cuerpo (o lo que quedase de él) y de la parte del XIII Cuerpo que había avanzado más allá de la frontera. Así, en la mañana del 24 de noviembre, Rommel en persona se puso al frente de la 21ª División Panzer, llegando por la noche a la frontera al sur de Sidi Omar, con el Afrika Korps siguiéndole. La llegada del Afrika Korps a la frontera causó el pánico en el mando británico: el General Cunningham solicitó permiso para retirar el 8º Ejército a Egipto, y solo la intervención personal de su superior, el General Auchinleck impidió la victoria de Rommel. Auchinleck decidió mantener el ataque, cambiar su esfuerzo principal desde el derrotado XXX Cuerpo de Ejército al XIII, y continuar el avance hacia Tobruk a caballo de la vía Balbia. La caída de Sollum había abierto esa vía logística y la 4ª División India (que avanzaba tras la 2ª División Neozelandesa) debería mantenerla abierta.
Además de la decisión británica, la situación en la frontera no era la esperada por Rommel. Sidi Omar ya había caído en manos británicas, y estaba guarnecida por la VII Brigada de la 4ª División India, reforzada por dos Grupos de Artillería con cuarenta y ocho 25-pounder. Cuando el 5º Regimiento Panzer intentó tomar la posición la mañana del 25, perdió la mitad de sus carros sin conseguir vencer la resistencia de los británicos. Además de ello, el Afrika Korps sufrió continuos ataques aéreos, pues la pérdida de los aeródromos avanzados ante el avance británico dejó la zona de la frontera fuera del alcance de los cazas alemanes.
En esta situación, la mañana del 26 de noviembre, la guarnición de Tobruk rompió el cerco para unirse a las vanguardias del XIII Cuerpo de Ejército en la zona de Belhamed y Ed Duda, al noroeste de Sidi Rezegh. Para hacer frente a esta crisis, el Jefe de Estado Mayor (accidental) del Panzerarmee, Teniente Coronel Westphal, que llevaba más de dos días sin contacto con Rommel o con el Jefe de Estado Mayor titular, el General Gause (otro efecto indeseable del mando desde la extrema vanguardia), ordenó a la 21ª División Panzer que regresase a Tobruk por la via Balbia, para atacar a la 2ª División Neozelandesa por la retaguardia, lo que hizo por el norte de Sollum, destruyendo elementos de la V Brigada Neozelandesa en Fort Capuzzo y continuando el avance hacia Tobruk. Pese a ello, Rommel seguía empeñado en mantener las operaciones en el área de Sidi Azeiz-Fort Capuzzo-Sollum, por lo que mantuvo allí a la 15ª División Panzer, que, el 27 de noviembre, capturó el Puesto de Mando de la V Brigada Neozelandesa en Sidi Azeiz, haciendo ochocientos prisioneros y capturando gran cantidad de material. Tras ese éxito, Rommel se concentró en solventar la crisis surgida en Tobruk, para lo que redesplegó a la 15ª División Panzer hacia Tobruk.
Como pocos días antes, la batalla se desarrollaría en la zona de Sidi Rezegh, pero las condiciones habían cambiado sustancialmente: el Afrika Korps había sufrido fuertes pérdidas, mientras que, en los días en los que Rommel había operado en la frontera, el XXX Cuerpo de Ejército había recuperado muchos de los carros dañados en las batallas anteriores, y que habían quedado abandonados en el campo de batalla, al tiempo que Auchinleck había enviado los carros que mantenía en reserva en Egipto. Así, la IV y la XXII Brigadas Acorazadas volvían a estar en orden de combate, mientras que la pérdida del control de los aeródromos cercanos por parte del Eje dejaba el aire en manos de la R.A.F. La gran ventaja de Rommel era que el Afrika Korps operaría reunido, mientras que los británicos seguían empleando sus carros en unidades dispersas.
Pese a su difícil situación, Rommel decidió destruir a la 2ª División Neozelandesa, vanguardia del XIII Cuerpo de Ejército, convencido de que la pérdida de esta Gran Unidad pondría fin a la ofensiva británica. Dos Brigadas neozelandesas, la IV y la VI, constituían la fuerza que había llegado a Sidi Rezegh. Así, el 28 de noviembre, la 15ª División Panzer conseguía tomar la posición de Ed Duda, separando a los neozelandeses de la guarnición de Tobruk. Al mismo tiempo, la 21ª División Panzer presionaba desde el este a los neozelandeses, y la Ariete lo hacía desde el sur. La situación de la 2ª División Neozelandesa parecía desesperada, pero la de los alemanes no era mucho mejor: la guarnición de Tobruk atacaba la retaguardia de la 15ª División Panzer, mientras que las IV y XXII Brigadas Acorazadas y la I Brigada Sudafricana (recuperadas de las pérdidas de la primera batalla de Sidi Rezegh) atacaban a su vez a la retaguardia de la 21ª División Panzer y de la Ariete. El día 30 de noviembre, la 15ª División Panzer, reforzada con los infantes de la División ‘Afrika’, conseguía ocupar la línea de alturas que dominaba Sidi Rezegh por el norte, haciendo insostenible la posición de los neozelandeses. Consecuentemente, el General Freyberg, jefe de la División, ordenó la retirada hacia el sureste, lo que hizo apoyado por los carros de la IV Brigada Acorazada y con fuertes pérdidas. Las fuerzas británicas en el área (los restos del XXX Cuerpo de Ejército y ahora los de la 2ª División Neozelandesa) se retiraron hacia el sur para reorganizarse. Sobre el papel, Rommel había vencido.
Sin embargo, la situación del Panzerarmee era crítica: la frontera con Egipto estaba en manos británicas, y los italoalemanes carecían de fuerza para recuperar las posiciones defensivas; las pérdidas sufridas impedían mantener el cerco de Tobruk y la toma de la ciudad estaba completamente descartada; con la pérdida de los aeródromos en el área de Tobruk, se había perdido el dominio del aire; los británicos estaban muy próximos a sus bases logísticas lo que auguraba una rápida recuperación, mientras que los suministros duramente acumulados para la toma de Tobruk se habían consumido; la larga línea de abastecimiento del Eje hacía imposible que el Panzerarmee pudiera recuperarse antes de que lo hicieran los británicos… Como consecuencia, Rommel decidió abandonar el cerco de Tobruk y defender el terreno elevado de Ain el Gazala, al oeste de Tobruk, una zona favorable a la defensa.
En realidad, la decisión de Rommel no fue ‘voluntaria’: tan pronto como los suministros fluyeron, los británicos comenzaron a hostigar con fuerza las posiciones alemanas. Además, la XXIX Brigada India ocupó el oasis de Jalo, al sur de Agedabia, amenazando la comunicación del Panzerarmee con Trípoli.
Así, el 9 de diciembre de 1941, Rommel ordenó a la División ‘Afrika’ que ocupase Agedabia, al tiempo que ordenaba al XXI Cuerpo de Ejército italiano (el XX Cuerpo de Ejército se había disgregado, con la Ariete integrada en el Afrika Korps y la ‘Trieste’ en el XXI) que ocupase posiciones defensivas en Ain el Gazala. El Afrika Korps cubriría el redespliegue, manteniendo a raya a la renacida 7ª División Acorazada y a la 4ª División India. Los combates se sucedieron en Gazala entre los días 11 y 15 de diciembre. Pese a que los británicos no consiguieron tomar las alturas, el desgaste sufrido y la escasez de combustible y municiones dejaban claro que la posición era insostenible: ni había munición para defender Ain el Gazala, ni combustible para que los carros pudieran combatir un posible desbordamiento por el flanco de desierto. Consecuentemente, el 15 de diciembre, tras fuertes discusiones con el mando italiano y con su superior, el Mariscal Kesselring, Rommel obtuvo el permiso para retirar el Panzerarmee a la zona de Mersa Brega, al oeste de Bengasi, para reorganizarse. Como se ha citado anteriormente, sin Tobruk, toda la zona de terreno al este de Bengasi tenía un valor militar nulo. En consecuencia, sin la posibilidad de tomar la ciudad y su crítico puerto, y ante la situación del Panzerarmee, Rommel tomó la difícil decisión de abandonar el cerco de Tobruk y volver al punto de donde había partido apenas unos meses antes.
La retirada del Panzerarmee Afrika se hizo bajo la presión incesante de la R.A.F. y con el temor permanente de un envolvimiento por el sur, como había sucedido en Compass. Cuando, el 20 de diciembre, la castigada 15ª División Panzer alcanzó Agedabia, la posibilidad de ese envolvimiento quedó anulada. Además, el 17 de diciembre un convoy que transportaba cuarenta carros de combate había llegado a Bengasi, lo que permitió a Rommel reconstituir esa División.
Los temores de Rommel no estaban infundados: el 23 de diciembre, los elementos de vanguardia de la 7ª División Acorazada alcanzaban Agedabia, intentando cortar la via Balbia en dirección a Bengasi, al tiempo que presionaban sobre la posición de Agedabia. Como en acciones anteriores, los británicos dividieron sus carros en varias columnas muy separadas, permitiendo a la experimentada 15ª División Panzer derrotarlas sucesiva y separadamente. No obstante, la potencia de combate del Panzerarmee Afrika no era suficiente para defender una posición muy expuesta – caso de Agedabia – frente a un ataque decidido, y, sin el control de Agedabia, Bengasi quedaba aislado de la retaguardia italoalemana. Consecuentemente, el 24 de diciembre Rommel evacuaba Bengasi. El 26 de diciembre, la 7ª División Acorazada atacaba Agedabia, encontrando una fuerte resistencia. Para entonces, el Afrika Korps contaba con setenta carros, mientras que los británicos podían desplegar más de doscientos. Sin embargo, la 7ª División Acorazada había perdido en los combates de Sidi Rezegh a casi todas sus tripulaciones de carros experimentadas y estaba muy necesitada de un periodo de reconstitución y reorganización. Además, en Agedabia, la situación logística era mucho más favorable para las fuerzas del Eje (mucho más cerca de su base logística de Trípoli) que para los británicos (dependientes de una larga y expuesta línea de comunicación). La cercanía de la zona de combate a las bases aéreas del Eje anuló la superioridad aérea de los británicos, y facilitó enormemente los combates a los italoalemanes. Como consecuencia de todo lo anterior, Rommel pudo defender con éxito Agedabia, pero, pese a ello, decidió retirarse a la mucho más segura posición de Mersa Brega, donde los pantanos de sal situados al sur de la ciudad dejaban una franja practicable de poco más de veinte kilómetros. Protegido su flanco sur por esos pantanos, el Panzerarmee Afrika podía concentrar sus reducidas fuerzas en la defensa de esa estrecha franja de terreno.
Conclusiones
Aparentemente, Crusader había supuesto una contundente derrota de Rommel. Sin embargo, para ambos bandos era evidente que el Afrika Korps había salido vencedor de la práctica totalidad de los combates, y solo el desgaste acumulado y las dificultades para reponer pérdidas, consecuencia de su compleja situación logística, habían forzado la retirada de Rommel. No obstante, los británicos habían aprendido muchas cosas de la forma correcta de ejecutar la guerra acorazada: su Artillería de Campaña había resultado un factor decisivo en muchos de los combates empeñados, y habían aprendido a coordinarla con sus carros, aunque fundamentalmente en defensiva. De la misma forma, en colaboración con la Infantería, había permitido dar capacidad contracarro a las hasta entonces indefensas formaciones de Infantería británicas. Sin embargo, seguían teniendo diferencias fundamentales con los alemanes. Para la Wehrmacht, las formaciones acorazadas eran el elemento decisivo en combate, por lo que debían emplearse reunidas y en el punto decisivo de la batalla. Por ejemplo, la retaguardia de las Divisiones Panzer cuando resdesplegaban la cubrían sus potentes cañones FlaK y PaK, no sus carros. De la misma forma, cuando Rommel detuvo la primera salida de la guarnición de Tobruk, empleó como apoyo a su Infantería a sus unidades de reconocimiento, no a sus carros, que reservaba para las acciones decisivas. En contraste, la idea británica de ‘tanks only’ implicaba que los carros no eran el elemento decisivo del combate: eran el elemento ‘único’. Esto hacía que cualquier acción, incluso secundaria o de apoyo, requiriese el empleo de unidades de carros. Como consecuencia, los carros británicos siempre operaron dispersos, y su superioridad numérica no llegó a materializarse más que en una mayor capacidad de absorber bajas.
El plan de Auchinleck era sustancialmente correcto, pero, en su ejecución, los británicos cometieron graves errores, siendo el principal de ellos el de dispersar sus unidades de carros. Si la 7ª División Acorazada hubiera estado reunida en su posición prevista cuando el 5º Regimiento Panzer atacó Gabr Saleh el 19 de noviembre, es muy posible que los alemanes hubieran perdido esa unidad (y, con ella, quizá la batalla en su conjunto). De la misma manera, la incapacidad de la IV Brigada Acorazada para mantener reunidos sus tres batallones de carros ese mismo día pudo llevar a una temprana derrota británica en el mismo lugar. Ejemplos similares aparecen a lo largo de todos los combates en esta operación.

Las limitaciones del mando desde la extrema vanguardia de Rommel también se reflejaron en esta batalla, siendo las principales de ellas la posibilidad de una valoración errónea de la situación táctica, valoración extraída a partir de una experiencia personal necesariamente incompleta y limitada, y la pérdida del contacto con su Puesto de Mando durante periodos prolongados de tiempo. Ambos problemas se paliaron en gran medida gracias a la gran calidad del personal de Estado Mayor alemán, y al propio funcionamiento del sistema de Estados Mayores alemán, que confería una gran autoridad al Jefe de Estado Mayor en ausencia del mando titular.
El apoyo aéreo, en el que los británicos habían depositado muchas esperanzas, tampoco dio el resultado esperado. Durante la operación Crusader el retraso entre la emisión de la solicitud de apoyo aéreo y la ejecución estuvo entorno a las dos horas y media, y los bombarderos dedicados a estas misiones hicieron apenas una salida diaria de media, por dos de los bombarderos dedicados a otras misiones. En realidad, la ejecución de estas misiones resultó más compleja de lo esperado: por un lado, los británicos nunca llegaron a dominar completamente el aire, de forma que las misiones de bombarderos requerían siempre escolta de cazas, que debía proporcionar alguna unidad de caza de la R.A.F., que, a diferencia de los bombarderos, no estaba reservada para misiones de apoyo a tierra, lo que obligaba a buscar alguna que estuviese disponible. Esto implicaba además la determinación de puntos de reunión en los que los bombarderos debían esperar a los cazas o viceversa, lo que consumía siempre un cierto tiempo. Puesto que la amenaza de la aviación italogermana nunca desapareció completamente, los aviones desplegaban muy dispersos en los aeródromos (para reducir la vulnerabilidad ante posibles ataques aéreos alemanes), y el combustible y el armamento también se dispersaron en amplias zonas, lo que implicaba retrasos adicionales para reabastecer a los bombarderos.
Las armas de los aviones de ataque a tierra tampoco eran las más adecuadas: se empleaba fundamentalmente la bomba de 250 kg., cuya potencia era excesiva para destruir un carro aislado, un obús o un camión (que eran los blancos típicos en el desierto, donde los vehículos operaban muy dispersos). Además de las bombas, se empleaban ametralladoras (en general de calibre 0.303’’, 7,65 mm.) cuyo efecto sobre los carros era mínimo. En consecuencia, estos ataques no eran muy efectivos, por tardíos y por poco destructivos. Sin embargo, tuvieron un importante efecto psicológico sobre los combatientes alemanes.
En realidad, las misiones ‘convencionales’ de la R.A.F. sobre los convoyes que se desplazaban desde Trípoli por la via Balbia tuvieron un efecto mucho mayor sobre las operaciones que las complejas misiones de apoyo aéreo próximo.
Como con Brevity y Battleaxe, el principal resultado a largo plazo que los británicos obtuvieron de Crusader fue ‘educativo’, y, como todas las lecciones que imparte el enemigo, el precio a pagar fue muy elevado.
