Global Strategy Report, 7/2026
Resumen:Las Operaciones Multidominio fueron diseñadas para confrontar los dilemas que el adversario dispone en escenarios de competición estratégica, todo ello sin comprometer el status quo que pudiera provocar una escalada del conflicto. La Alianza da pasos de gigante en aplicar estructuras y procedimientos que permitan por una parte la mejora de las tasas de supervivencia ante estos escenarios complejos y la generación de dilemas al adversario que disloquen su toma de decisiones. Una de las líneas troncales de esta catarsis es la aplicación de la transformación digital, elemento transversal en todos los ejes tractores de las MDO. Otra de las líneas de trabajo es la disposición de la fuerza, como la dispersión de las capacidades en sus diferentes formatos. Finalmente, otra de las claves es la mejora en la comprensión de las nuevas superficies de confrontación que redunda en incremento de las sinergias en los efectos de los dominios terrestre, aéreo marítimo, espacial y ciberespacial junto con los entornos de la información y electromagnético. De esta forma, las MDO nos van a permitir garantizar la superioridad de la decisión sobre la base del mando orientado a la misión. Todo ello permitirá proporcionar la solución adecuada en cada momento gracias a la agilidad del modelo que da respuesta a los dilemas del adversario gracias a la conducción de las MDO.
Para citar como referencia: Nieto, Ignacio (2026), “Las Operaciones Multidominio durante la competición estratégica entre actores globales”, Global Strategy Report, 7/2026.
Introducción
Las Operaciones Multidominio (MDO) en el marco de la OTAN son la respuesta de la Alianza a los escenarios tanto en situación de paz como de crisis y de conflicto[1]. Representa una ambiciosa y novedosa forma de utilizar el instrumento militar para conseguir los objetivos estratégicos y políticos mediante la convergencia de los efectos que resultan de las acciones de naturaleza tanto militar como civil.
El concepto de las MDO ha evolucionado a la par del escenario estratégico, en especial en amplitud de cometidos y en complejidad a la hora de llevar a cabo aspectos como la coordinación y la evaluación de los efectos que se producen en los diferentes dominios y entornos, tanto en la parte que corresponde a los actores militares como a los civiles.
Las MDO deben dar respuesta de amplio espectro, en un campo de batalla que se ha incrementado en complejidad, no sólo por la llegada de nuevos dominios (ciber y espacio ultraterrestre) y entornos (de la información y electromagnético) sino también por la llegada de la tecnología y sus numerosas potenciales aplicaciones. Algunas tan impactantes como las que se engloban dentro del concepto democratización de la violencia[2] que describe el acceso a recursos militares a cualquier ser humano u organización pequeña y convertirlos en guerreros con capacidad de ejercer violencia contra nuestra población.
La emergencia de las operaciones multidominio
El carácter del conflicto ha mutado hacia formas más complejas con la irrupción de nuevas superficies de confrontación que erosionan la soberanía e integridad de las naciones. Estamos hablando de acciones que producen efectos en la dimensión[3] virtual o en la dimensión cognitiva, en ambos casos apenas existe amparo normativo o procedimental que regule la réplica militar, incluso en marcos de autodefensa.
Aparecen términos como guerra por otros medios, conflictos en la zona gris o el concepto de competición estratégica que suelen referir a los estados revisionistas y sus acciones en tiempo de paz para socavar el orden internacional o la cohesión política de occidente. Todos bajo la misma fórmula, que persigue la paralización del uso del instrumento militar, tanto en la ejecución como en la escalada en el uso de la violencia. Sustituyen al tradicional conflicto físico directo[4] pero en ocasiones se muestran más eficaces en la consecución de objetivos políticos.
La razón principal de este cambio en la morfología del conflicto provocada por nuestros adversarios es motivada por la descomunal ventaja en capacidades militares convencionales de los países occidentales, en especial en Estados Unidos. Nadie en su sano juicio puede competir con las capacidades convencionales de Estados Unidos. Si esta superioridad la ampliamos con las capacidades que proporcionan los países de la Alianza, se eleva a enajenación mental intentar entrar en un escenario de confrontación convencional de alta intensidad con la OTAN.

La ilustración número 1, obtenida[5] del Instituto Internacional para la Investigación de la Paz de Estocolmo (SIPRI[6] por sus siglas en inglés Stockholm International Peace Research Institute) muestra la sustancial diferencia entre Estados Unidos y el resto del mundo en gasto en defensa. Por ejemplo, Rusia en pleno conflicto bélico con Ucrania, después de dos años en los que ha podido gobernar su presupuesto e incrementarlo sustancialmente, dedica un 5,5 % del total del gasto mundial en defensa, hasta llegar a los 149 miles de M$. Estados Unidos invierte la friolera de 997 miles de M$ hasta llegar al 37% del total mundial.
Un escenario que, sostenidamente durante décadas, ha ido incrementando la robustez de cada uno de los elementos que conforman una capacidad. En clave OTAN, una capacidad se entiende como la integración de los diferentes elementos que se recogen en las siglas DOTMLPF-I; Doctrine, Organisation, Training, Materiel, Leadership, Personnel, Facilities, and Interoperability. Durante decenas de años los países de la OTAN se han esforzado por construir un instrumento militar muy perfeccionado en el combate convencional, gracias a la solidez de los diferentes elementos del DOTMLPF-I.
El continuum paz, crisis y conflicto.
Es de puro sentido común pensar que los adversarios de la OTAN no deseen arriesgarse a un enfrentamiento militar convencional de alta intensidad. Esto no supone renunciar a lograr la consecución de sus objetivos estratégicos, más al contrario, el nuevo entorno operativo le permite competir con los países occidentales. Las acciones en los nuevos espacios de confrontación facilitan la erosión de la cohesión de las Alianza sobre la base de generación de dilemas. Estos dilemas en su mayoría vienen derivados de la ausencia de normativa en la aplicación del instrumento militar ante la aparición de una fricción en áreas donde no existe apenas legislación en el uso del recurso militar, como el dominio ciberespacial o en el entorno de la información con sus efectos asociados en la dimensión cognitiva.

Esto nos lleva a un cambio de paradigma puesto que anteriormente uno de los principales instrumentos para la consecución de los objetivos políticos era la guerra. Apelando la famosa frase del general prusiano Clausewitz la guerra es la continuación de la política por otros medios[7]. En la actualidad, lo más lógico es crear estrategias en los nuevos espacios de confrontación que permitan alcanzar los objetivos políticos, sin escalar al conflicto bélico abierto. Aparecen en este
marco las famosas estrategias híbridas, las zonas grises y una multitud de conceptos nuevos que basan su eficacia en la búsqueda de vulnerabilidades asociadas a la deontología militar después de una prolongada observación de su comportamiento.
Uno de los conceptos más utilizados es la competencia estratégica, para definir esas fricciones entre los estados de paz y de crisis pero sin llegar al conflicto. Una competencia estratégica que se produce en tiempos de paz o, mejor dicho, de no conflicto, que consiste en una amalgama de instrumentos con los que debilitar al adversario[8]. En el marco de la OTAN este debilitamiento apunta al centro de gravedad que suele ser la cohesión política.
Desde la perspectiva del continuum paz, crisis y conflicto se podría ver de la forma que intenta representar la Ilustración número dos (las esferas no guardan escala entre los diferentes estadios del continuum, es evidente que las interacciones cognitivas en crisis serán mayores que en paz).
En tiempos de paz, las fricciones en la dimensión cognitiva son mucho más numerosas que las fricciones en la dimensión física. Adquiere mucha más relevancia la dimensión cognitiva que la dimensión física porque apenas existe la aplicación de la violencia física (hablando en plata, no hay bajas ni heridos). En tiempo de crisis, la dimensión ciberespacial incrementa sus fricciones y en menor medida la dimensión física. Cada fase del continuum tiene un tamaño de las esferas de fricción diferentes.
Podríamos inferir que en esas dimensiones (cognitiva y ciberespacial) no estamos en situación de paz, estamos en situación de crisis o de conflicto por la sencilla razón que existe un nivel de violencia nítido y claro en estas dimensiones. En tiempos de conflicto, la dimensión que impera es la física puesto que es previsible que la violencia física se incremente sustancialmente al aprobarse el uso de la fuerza y en algunos escenarios, los de alta intensidad, con mucha profusión.
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En general, se presta poca atención a los efectos que se pueden producir en la dimensión cognitiva en tiempos de competición estratégica. La sociedad no tiene cultura de la vulnerabilidad de la seguridad nacional por las acciones en el entorno de la información. Es generalizada la consideración de la desinformación como una amenaza a la seguridad nacional. No podemos olvidar la importancia de la dialéctica en la ideología de Marx y Engels para explicar la realidad y promover el cambio. En palabras de María Zarahova, portavoz del Kremlin, las “palabras irresponsables de líderes occidentales pueden tener consecuencias más destructivas que acciones militares”[9].
Este artículo gira en torno a la validez de las MDO en este marco de competición estratégica, entre potencias en escenarios que no traspasen el umbral del conflicto bélico. No en vano este fue unas de las razones más poderosas de crear las MDO, la respuesta a las agresiones en las nuevas superficies de confrontación.
Las superficies de confrontación
Las nuevas superficies de confrontación elegidas por los adversarios complican la respuesta militar ante una agresión con el instrumento militar y la escalada del conflicto. Las acciones en estos espacios de confrontación consiguen, casi siempre, un efecto paralizante en la toma de decisiones. Los dilemas a los que se someten las cadenas de decisión militares y políticas fuerzan a procelosas disquisiciones legales, políticas y de naturaleza variopinta que hace roma la teórica ventaja en la superioridad en capacidades militares.
Estas superficies de confrontación se pueden dividir en dos grandes áreas. La primera los denominados espacios globales comunes[10] entendidos como espacios naturales fuera de jurisdicciones nacionales. No son espacios sin jurisdicción, sino que la jurisdicción es débil o es complicado imponer las normas que, por regla general, han sido acordadas internacionalmente. La OTAN tiene declarados como espacios globales comunes el dominio marítimo, el aéreo, el espacial y el ciberespacial[11]. A estos declarados por la OTAN podemos añadir el espectro electromagnético (declarado por la ONU). A todos ellos se une el entorno de la información que es el área donde se desarrollan los efectos en la dimensión cognitiva.
Estas superficies son perfectas para generar fricciones sin que se produzca escalada del conflicto. En el marco de la Alianza, una escalada se corresponde el inicio del proceso de invocación del Artículo cinco, es decir la entrada en vigor del Artículo 4 sobre consultas. Durante las consultas, el embajador del país agredido debe dar explicaciones y las motivaciones que demuestren a los países aliados que es necesario invocar por parte del Consejo del Atlántico Norte el Artículo 5 sobre defensa colectiva.
La Alianza ha dado avances significativos en la articulación de mecanismos que nos permitan invocar, por ejemplo, un artículo cinco con un ataque ciber a pesar de no tener garantías en la atribución del ataque. La generación de dilemas está asociada a este tipo de fricciones por ejemplo una agresión cognitiva o una fricción en un espacio global común. En estos entornos, los cálculos políticos en la toma de decisiones se erosionan, especialmente cuando el adversario es una potencial nuclear.
Las MDO están adaptadas a estos entornos y permiten responder a estos escenarios con el instrumento militar. Las MDO representan la evolución doctrinal de las potencias occidentales después de un sesudo análisis del contexto estratégico. Aunque todos los países occidentales, de una forma u otra, abrazan los aspectos capitales de las MDO, existe mucha dispersión de conceptos que no permite mejorar tasas de interoperabilidad en los países de la OTAN.
La definición de MDO la encontramos en la principal publicación doctrinal de la OTAN“ la orquestación de actividades militares, en todos los dominios y entornos, sincronizadas con actividades no militares, para habilitar a la Alianza en alcanzar efectos convergentes a la velocidad pertinente”. En mi artículo anterior sobre la complejidad de las MDO[12], desglosaba esta definición en tres pilares, la convergencia de los efectos a la velocidad pertinente, la orquestación con fuerzas militares y la sincronización con los sectores civiles.
En este artículo nos vamos a centrar solo en el pilar de la creación de efectos convergentes a la velocidad pertinente en los dominios y entornos. Además, solo se explicará el potencial de las MDO en situación de ausencia de conflicto o guerra pues la forma de aplicar las MDO son diferentes y abordarlo en un solo artículo sería extraordinariamente extenso.
La ejecución de las operaciones multidominio.
Las operaciones multidominio son la respuesta occidental en contrarrestar las acciones que el adversario toma en diferentes dominios, no solo en conflicto sino también en crisis e incluso en periodos de paz y/o competición estratégica. La consecución de objetivos políticos y estratégicos de los adversarios en entornos por debajo de los cuales se puede utilizar el instrumento militar, en el caso de la OTAN, la invocación del artículo 5, es la línea preferida de acción del adversario[13].
La respuesta en estos escenarios de competición estratégica se puede aglutinar en tres ejes que habilitan a las MDO a operar en este complicado campo de batalla: la disposición de los recursos, la convergencia de los efectos en las dimensiones y la velocidad en la toma de decisiones.
Estos tres ejes se sustentan sobre el elemento capital que permite ejecutar las MDO; la tecnología; el elemento de ventaja estratégica sobre nuestros adversarios revisionistas y que desde el principio fue el corazón sobre el que constituir las operaciones multidominio[14]. Dentro de la tecnología uno de los principales activos de las MDO es la transformación digital que se convierte en el habilitador para conseguir la implementación del resto de líneas de acción asociadas a las MDO[15].
Esta tecnología nos va a permitir mejorar multitud de procesos, por ejemplo, multiplicar decenas de veces la adquisición de datos en cualquier dominio, en especial gracias a la hipersensorización que convierte el campo de batalla en transparente. Transparente resuelve el tema de la opacidad, pero no resuelve del todo el problema de la incertidumbre puesto que la ingente cantidad de datos complica sobremanera su procesamiento, en cualquiera de las áreas en las que utilicemos esos datos. La lógica respuesta a este dilema es recurrir a la inteligencia artificial, sin darnos cuenta de que no suele ser bienvenida cuando hablamos de procesos que regulan el uso de la fuerza, donde los riesgos a asumir van parejos a decisiones personales y no proporcionadas por algoritmos digitales de máquinas. Si queremos modificar este comportamiento es necesario actuar sobre la mentalidad o incluso sobre la cultura.
El despliegue en el área de operaciones
Durante los periodos de paz y de crisis, es vital comenzar la recopilación de datos que permita posteriormente batir los objetivos en las primeras fases del conflicto. De esta forma, sin apenas tiempo de respuesta, el adversario al inicio de las hostilidades estará bastante degradado en sus capacidades. Esta lógica ha permitido que los procesos de targeting hayan mejorado sustancialmente. Como asunción de planeamiento, es de esperar que aquellas localidades fijas, de los dos bandos, sean abatidas durante los primeros minutos del conflicto de alta intensidad.
El otro elemento que condiciona el despliegue de la fuerza son las burbujas A2/AD (Anti-Access/Area-Denial) diseñadas para mantener alejado al adversario de tal forma que sea incapaz de proyectar su poder militar. Las MDO fueron la respuesta inicial de contrarrestar estas áreas, en especial las de la Federación rusa[16]. Las MDO permiten romper esas burbujas gracias a aplicar outhinking[17] y dificultar sobremanera la toma de decisiones mediante la generación de múltiples dilemas que bloquea sus procesos de toma de decisiones del adversario.
La eficacia de estas áreas se basa en la capacidad de lanzamiento lejano de armas, el denominado long range engagement. Adicionalmente, existen otros impedimentos como la erosión en la libertad de movimiento de la fuerza, por ejemplo, negando el acceso a parte del espectro electromagnético mediante la perturbación de los sistemas de navegación satelitales. La distribución de fuerzas unido a sistemas alternativos y autónomos de navegación degradan la eficacia de estas burbujas A2/AD, ambas opciones son abrazadas por las MDO.
Una de las formas de mitigar la eficacia de las zonas A2/AD es la dispersión de la fuerza. En estos escenarios la conducción de las operaciones se lleva cabo mediante procesos distribuidos que resultan eficaces y muy robustos. Estos procesos están soportados por una fuerte digitalización que permita materializar la famosa nube de combate donde una multitud de sensores aportan datos que de forma mancomunada permiten a toda la fuerza su uso, por ejemplo, para el proceso de batir blancos de forma colaborativa.
A su vez, esta dispersión de la fuerza genera un fuerte dilema en el adversario que disloca por completo su conducción de las operaciones pues no puede obtener datos, situación que erosiona el conocimiento de la situación y degrada la toma de decisiones. Por estos motivos, la dispersión de capacidades permite adentrarse en áreas A2/AD sin asumir un importante nivel de riesgo como el que correspondería a las tradicionales fuerzas militares son fácilmente detectables y abatibles.
Cada dominio dispersa de forma diferente, no existe un modelo único. Por ello en la OTAN existen iniciativas como la que corresponde al ámbito marítimo con las MDO (Maritime Distributed Operations) [18] o aéreo con el ACE (Agile Combat Employement)[19] .
Los efectos de esta dispersión no solo se desarrollan en la dimensión física, eb este caso con dos efectos el primero dislocando el proceso de targeting adversario. El segundo efecto se consigue al mejorar la solución del targeting propio al disponer de más cobertura en la captación de datos. Además, se producen efectos en la dimensión cognitiva, por ejemplo en el campo de la disuasión, tanto por negación (imposibilidad de batir blancos) como por represalia (mejora del proceso de targeting).
La convergencia de los efectos.
Una de las principales características de las MDO es que trascienden al concepto de dominio y ven estos espacios de confrontación desde la perspectiva de las dimensiones lo que le permite abordar con más garantías aspectos plenos de integración de las capacidades[20].
La aproximación conjunta integra, prioriza y sincroniza las acciones en los dominios, pero no es capaz de integrar el esfuerzo de todas las capacidades militares sobre un mismo marco como si lo hacen las MDO gracias a su comprensión de los efectos que se producen en las dimensiones.
Esta forma de visualizar los conflictos aparece en la Estrategia de Seguridad de los Estados Unidos de 2022 cuando indica que Integration across domains, recognizing that our competitors strategies operate across military (land, air, maritime, cyber, and space) and non-military (economic, technological, and information) domains[21]. Aparece la integración de los cinco dominios unido a la integración de los instrumentos de poder civiles como son el económico, el de la información y el tecnológico. Esta última corresponde al tercer pilar de las MDO de la Alianza que es la sincronización con el sector civil.
Pongamos un ejemplo reciente, el objetivo de la operación militar reciente de Israel contra blancos de Hezbollah[22]. Se estima que se han abatido, en menos de diez minutos, más de cien objetivos de supuestos terroristas que estaban participando en una conferencia por Zoom[23]. El impacto que podríamos determinar, de forma muy esquemática, en las dimensiones sería
- Dimensión física: Eliminar cuantos más potenciales terroristas que atienden a la video conferencia.
- Dimensión cognitiva: enviar un mensaje inequívoco de superioridad tecnológica que va a derivar en perdida de la vida de aquellos que apoyen a Hezbollah, incluso con la mera participación en una videoconferencia.
- Dimensión virtual: Ampliación del conocimiento de las redes y procedimiento de comunicación con sistemas de comunicaciones. Negación del acceso al ciberespacio al adversario.
Este sería un planeamiento básico a nivel operacional, que no entiende de dominios, no le importa de donde van a salir los misiles ni quien participa en el proceso de targeting, compuesto por una variedad de capacidades como barcos, cazas o baterías terrestres. Un glosario inmenso de recursos, incluyendo espaciales, ciberespaciales y de guerra electrónica que trabajan de forma transparente a los dominios para conseguir los efectos deseados en las dimensiones virtual, física y cognitiva.
Esta velocidad en las operaciones demanda un fuerte cambio cultural pues pasamos de un modelo muy vertical, lento y muy poblado en las capas superiores a un modelo donde el empoderamiento de los niveles inferiores permite que se agilice mucho la decisión y los procesos fluyan constantemente, el objetivo es conseguir la agilidad en el cambio de procesos troncales de la institución.
Esta conducción de las operaciones es de una complejidad superior porque es capaz entender los efectos que las acciones producen en las dimensiones. Las acciones se integran priorizan y sincronizan y para ello se tiene en cuenta no solo los dominios tradicionales sino también el espacial, el ciberespacial y los entornos como el entorno de la información y el entorno electromagnético.
La clave, la toma de decisiones
Las diferentes unidades de la OTAN basan su eficacia en la toma de decisiones, no solo de sus mandos sino también del resto de su personal. El modelo deseable de toma de decisiones es complejo de implementar puesto que requiere cambios no solo de mentalidad sino culturales. A nadie se le escapa que los procesos que afectan a la cultura demandan mucho tiempo, mucho más de lo esperado en organizaciones internacionales con disparidad culturales. Existen multitud de ejemplos en la historia que demuestra que la superioridad en tropas o en capacidades no significa éxito en la guerra, en muchas ocasiones es necesario aplicar imaginación, creatividad e iniciativa[24] que es la base del mission command.
Las MDO nacieron con la premisa del mission command, en clave nacional se suele denominar mando orientado a la misión. Doctrinalmente su elemento capital es la libertad de decisión de las estructuras subordinadas sobre la suposición de que ha recibido instrucciones claras y que su acción va a contribuir a la finalidad de la misión. Este estilo de mando se basa en la confianza de los subordinados en su toma de decisiones que estimula la iniciativa y la creatividad[25] sobre la base de una correcta comprensión de las intenciones del comandante. De esta forma se consigue agilizar la maniobra que mejora la respuesta a la volatilidad de los entornos operativos.
El mando orientado a la misión tiene mucho que ver con el riesgo y la asunción del riesgo es inversamente proporcional al lugar en el que te encuentres en el continuum (paz, crisis y conflicto). En paz o competición estratégica el nivel de riesgo en la toma de decisiones suele ser mínimo, se impone el efecto risk aversion[26]. En estas situaciones las repercusiones de la inacción suelen ser limitadas. En conflicto, se exigen decisiones porque de lo contrario se pierden vidas y ese es un elemento objetivo que se castiga. Por ejemplo, en la dimensión cognitiva al poder afectar a audiencias muy amplias que pudieran condicionar decisiones políticas.
El problema es el modo en el que entrenas o juegas la partida en tiempos de teórica paz o en ejercicios y si fielmente sigues el lema de train as you fight and fight as you train. Si las estructuras de entrenamiento y adiestramiento están adaptadas a tiempos de paz, no se generarán las mejoras necesarias en el proceso de toma de decisiones para el conflicto. El reto sería aplicar el mismo proceso en todas las fases del continuum de tal forma que en competición estratégica se depuraran los procesos a aplicar en conflicto.
En tiempo de paz las estructuras de toma de decisiones se necrosan por el interminable proceso de asesoramiento y evaluación que permita reducir al mínimo el riesgo. La recurrente necesidad de disponer de diferentes asesoramientos (legal, cultural, político, estratégico ..etc.) unido a la revisión de los productos de inteligencia prospectiva, de evaluación operativa de la acción o de gestión de riesgo hace excesivamente largo un proceso que no se acompasa con la volatilidad de los escenarios y con la frenética evolución del entorno operativo.
Por si fuera poco, tenemos el gigante de la tecnología que en sus diferentes versiones apoya a la toma de decisiones. En clave militar el asesoramiento se basa en una lógica lineal sencilla donde el primer paso es conciencia situacional, lo que en inglés se denomina situational awareness (SA) definido en la OTAN como the knowledge of the elements in the battlespace necessary to make well-informed decisions. En la lengua de Cervantes se suele traducir por consciencia situacional, aunque quizás se entienda mejor conocimiento de la situación.
Desde la perspectiva de los dominios la base de este conocimiento es una representación gráfica de la Real Picture, es decir una imagen de dónde se encuentran las tropas, los barcos o las aeronaves. La tecnología permite multiplicar por varias decenas o millares los datos que contribuyen a esa picture. Datos que hay que procesar y eso es un problema, pero quizás menor, porque contamos con herramientas de IA que pueden aligerar el trabajo.
La segunda fase es el entendimiento de la situación que se denomina en inglés el situational understanding (SU), donde el experto introduce, después de la fase de análisis, su primera evaluación. El contraste de esa evaluación con otras áreas produce la propuesta de decisión de un estado mayor a su comandante, estamos en terrenos de Information and Knowledge Management (IKM). Un proceso en el que datos, conocimiento y experiencia se alían para la mejora de la toma de decisiones.
Este proceso hasta mediados de los 90 era la base del denominado arte operacional, ahora con la incorporación de dominios como ciber o espacio, el conocimiento situacional se complica porque el dominio ciberespacial es muy abstracto y modelos como la representación física de unidades no funciona como en el caso del dominio marítimo. Por otra parte, la interpretación humana de esos modelos en los dominios tradicionales es muy intuitiva, en áreas como ciber o cognitiva son extraordinariamente complejos de entender.
Trasladar el SA al SU en dominios como el ciberespacial o entornos como el de la información es un proceso complejo. La participación de los expertos en la evaluación para la decisión en estas áreas, que no son puramente militares, es una tarea compleja, en especial porque el campo de asesoramiento se amplía extraordinariamente y requiere de una diversidad de personal experto compleja de adquirir. Lo lógico es que el proceso se ralentice o que simplemente se obvie en beneficio de la continuidad de la conducción de las operaciones. La OTAN da paso de gigante con la creación de un Centro Integrado de Ciberdefensa que tiene como uno de los objetivos proporcionar la adecuada conciencia situacional[27].
Por último, hay que lograr mayores tasas de resiliencia en la toma de decisiones, un proceso en el que la supervivencia de los líderes es capital. Modelos como la dispersión garantizan la continuidad en el mando y control pero deben ser acompañados de modelos dinámicos en la estructura de mando y control que nos permitan cambiar de estructura a la velocidad que los dilemas acontecen porque siempre el objetivo del adversario será dislocar la toma de decisiones.
Conclusiones
Las Operaciones Multidominio se erigen como la respuesta doctrinal y procedimental de los países occidentales a los desafíos de los revisionistas en aras de conseguir el objetivo supremo de socavar el orden internacional. Su línea de acción preferida es la generación de dilemas, en periodos de competición estratégica que debilite la cohesión de la Alianza. Todo ello evitando que un error de cálculo pudiera provocar que esas fricciones produzcan escalada militar que pudiera derivar en un escenario de confrontación convencional, el cual es muy desfavorable hacia los países revisionistas ante la insalvable brecha tecnológica y en capacidades militares a favor de occidente.
Las nuevas áreas de confrontación, en especial el ciberespacio y el entorno de la información con la dimensión cognitiva asociada, complican y mucho la conducción de operaciones militares. La excelsa deontología de la OTAN en la conducción de las operaciones militares en los dominios tradicionales como el terrestre, aéreo o marítimo no se asimila al de otros dominios y entornos de nueva incorporación. No se ha logrado digerir estas superficies de confrontación en la ejecución de las operaciones militares.
Esta situación hace que ante una fricción en las superficies de confrontación la toma de decisiones se ralentice pues se mantiene con una fuerte dependencia a la aversión al riesgo en escenarios de competición estratégica. Es necesario desplazarse a modelos más orientados a la misión, mission command, sobre la base de la confianza en la cadena de mando y control que potencie la libertad de movimiento y la creatividad para solucionar los dilemas a los que nos somete el adversario. Además estas fórmulas van a lograr agilizar el proceso de toma de decisiones.
Toma de decisiones sobre la base de un buen conocimiento de lo que ocurre en las dimensiones (virtual, cognitiva y física) que deben beneficiarse en su comprensión de la tecnología mediante la implementación de procesos innovadores. La Alianza, de la mano de las MDO, está dando pasos de gigante en aspectos como la innovación o la transformación digital que permita conocer qué ocurre para poder decidir qué hacer.
Además, la OTAN navega de buen cariz con la creación de una panoplia de medidas de calado como la generación de nuevas estructuras adaptadas a los dominios emergentes como en el ciberespacio junto con iniciativas coherentes de la fuerza, como la dispersión, en sus diferentes versiones marítima o aérea.
MDO acompañadas de la dispersión digital y física de los procesos que nos va a permitir dislocar el proceso de targeting del adversario, trabajando de forma redundante y distribuida sobre la base de datos en la nube de combate. Además, la hipersensorización nos va a permitir disponer de superioridad en los datos que después del tratamiento con herramientas de la mano de la tecnología nos debe permitir obtener la superioridad en la decisión.
Estas arquitecturas, junto con los procesos de mejora en la toma de decisiones pivotadas sobre una robusta cultura de mando orientado a la misión, va a permitir que mediante la generación de dilemas al adversario se consiga reducir la eficacia de sus acciones en los diferentes dominios. A la postre el objetivo es dislocar sus procesos de toma de decisiones sobre la base de la complejidad y la cantidad de diferentes demandas de acción en un escenario de competición estratégica de los actores globales.
[1] «Multi-Domain Operations», NATO’s ACT. Accedido: 11 de abril de 2026. [En línea]. Disponible en: https://www.act.nato.int/activities/multi-domain-operations/.
[2] W. Thibeau, «The Democratization of Violence», DARC. Accedido: 12 de abril de 2026. [En línea]. Disponible en: https://defenseanalyses.org/work/the-democratization-of-violence/.
[3] «NATOTermOTAN». Accedido: 11 de abril de 2026. [En línea]. Disponible en: https://nso.nato.int/natoterm/Web.mvc.
[4] T. Singh, «Evolution of Multi-Domain Operations and Prospects for Application of Aerospace Power», J. Def. Stud., vol. 18, n.o 1, pp. 67-87, mar. 2024, [En línea]. Disponible en: https://www.idsa.in/wp-content/uploads/2024/05/18-1_Tejinder-Singh.pdf.
[5] X. Liang, D. Lopes Da Silva, L. Scarazzato, Z. Karim, y J. Guiberteau, «Trends in World Military Expenditure, 2024», SIPRI, Fact Sheet, abr. 2025. [En línea]. Disponible en: https://www.sipri.org/sites/default/files/2025-04/2504_fs_milex_2024.pdf.
[6] «SIPRI Military Expenditure Database | SIPRI». Accedido: 11 de abril de 2026. [En línea]. Disponible en: https://www.sipri.org/databases/milex.
[7] C. von Clausewitz, De la Guerra, 2021.a ed. Obelisco S.L., 2021.
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[9] R. Latinoamericano, «Rusia. Zajárova: A Occidente no le importa el daño causado por sus políticas», Resumen Latinoamericano. Accedido: 15 de abril de 2026. [En línea]. Disponible en: https://www.resumenlatinoamericano.org/2024/06/09/rusia-zajarova-a-occidente-no-le-importa-el-dano-causado-por-sus-politicas/.
[10] K. D. Scott, «Joint Operating Environment 2035: The Joint Force in a Contested and Disordered World», Accedido: 11 de abril de 2026. [En línea]. Disponible en: https://apps.dtic.mil/sti/html/tr/AD1014117/.
[11] I. Nieto Fernández, «El entorno electromagnético y los Global Commons», Ejército Tierra Esp., n.o 950 (jun.), pp. 24-31, 2020, Accedido: 13 de abril de 2026. [En línea]. Disponible en: https://dialnet.unirioja.es/servlet/articulo?codigo=7431053.
[12] I. Nieto Fernández, «Complejidad de las operaciones multidominio», Global Strategy. Accedido: 11 de abril de 2026. [En línea]. Disponible en: https://global-strategy.org/operaciones-multidominio/.
[13] «The U.S. Army in Multi-Domain Operations 2028», TRADOC, Pamphlet 525-3-1. [En línea]. Disponible en: https://api.army.mil/e2/c/downloads/2021/02/26/b45372c1/20181206-tp525-3-1-the-us-army-in-mdo-2028-final.pdf.
[14] M. Mayer, «Multi-Domain Operations, Emerging Military Technology and the Future of Manoeuvre Warfare», NATO Science and Technology Organization. Accedido: 11 de abril de 2026. [En línea]. Disponible en: https://www.sto.nato.int/document/multi-domain-operations-emerging-military-technology-and-the-future-of-manoeuvre-warfare/.
[15] P. Giordano, «Multi-Domains Operations Conference – What We Are Learning», NATO’s ACT. Accedido: 12 de abril de 2026. [En línea]. Disponible en: https://www.act.nato.int/article/multi-domains-operations-conference-what-we-are-learning/.
[16] «The Alliance’s Transition to Multi-Domain Operations – Joint Air Power Competence Centre». Accedido: 12 de abril de 2026. [En línea]. Disponible en: https://www.japcc.org/articles/the-alliances-transition-to-multi-domain-operations/.
[17] «Outthinking Adversaries: The Future of Warfare in a Multi-Domain World», www.army.mil. Accedido: 12 de abril de 2026. [En línea]. Disponible en: https://www.army.mil/article/289600/outthinking_adversaries_the_future_of_warfare_in_a_multi_domain_world.
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Editado por: Global Strategy. Lugar de edición: Granada (España). ISSN 2695-8937

