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Otra de Rusia: no somos dos, somos tres…

https://global-strategy.org/otra-de-rusia-no-somos-dos-somos-tres/ Otra de Rusia: no somos dos, somos tres… 2021-12-12 18:03:20 Josep Baqués Blog post Estudios Globales Rusia
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Cumbre entre Putin y Biden, esta vez telemática. Que no telepática. Xi Jinping, ausente, como Roosevelt en Munich. Que se peleen los demás. Además, el chino pensará que eso es cosa de Europa y que no va con él. Como Roosevelt en Munich. Algunos dirán que se trata de un inicio de artículo catastrofista. Pero no, es decir, no es cosa mía. Enseguida citaré a alguno de los catastrofistas, que es ruso, y está cerca de Putin.

Mientras tanto, miles de militares rusos moran en la frontera con Ucrania. ¿Para qué los puso Putin ahí? ¿Para empezar la tercera guerra mundial? Es Karaganov quién concluye uno de sus trabajos más recientes aduciendo que el riesgo de que estalle otra guerra mundial es “extremadamente alto”. Planteado en abstracto y sin fechas, es hasta probable (siempre que no calculemos cuán probable, claro). Porque venimos de dos de esas guerras en el último siglo (un pedacito de la historia de la Humanidad). Sin contar con la Guerra Fría, que no fue una guerra, peor mantuvo las espadas en alto. Pero Karaganov ya descuenta eso en su ecuación, porque en su opinión ya estamos inmersos, “sí o sí”, en una Guerra Fría. O, mejor, en la tercera oleada de la misma Guerra Fría iniciada en 1917 (no en 1945). Interesante argumento, por cierto.

Lo que no emplea Karaganov es el lenguaje de la zona gris, que no es Santo de la devoción de los hermanos ortodoxos (lo de “hermanos” lo digo sin ironía). Porque eso sería como ponerse delante de un espejo. En todo caso, el movimiento de tropas en la frontera es uno de los escenarios arquetípicos de la zona gris. El problema, en Ucrania -o en lo que antes lo era- es que ahí suele cumplirse uno de los peores augurios de la zona gris, esto es, la escalada hacia una auténtica guerra híbrida. En Crimea, es posible que la estrategia híbrida se resolviera solamente con zona gris. Pero en el Donbas sí se escaló. En ambos casos, la estrategia híbrida seguida por Moscú fue un éxito para el Kremlin: Ucrania, llamada a entrar en la OTAN desde 2008, sigue fuere de la misma.

El pasado nos ayuda a entender el presente. Pero el futuro tiene fama de impredecible. Salvo para los nuevos profetas (que suelen ser ateos) como Marx… o como Fukuyama. Ambos hegelianos, a su(s) manera(s). Profetas que suelen equivocarse (como Marx… o como Fukuyama). Lo cito porque Putin ha sabido cohesionar a buena parte de su población con gestos como el de no mover a la momia de Lenin de su mausoleo, siendo como es un “tipo de derechas” (Putin, digo). Pero abandonar la teología en pos de la (fracasada) Teleología no es óbice para plantear propuestas razonables de análisis. Entonces, la pregunta sigue en pie… ¿Qué pintan las tropas rusas pegadas a la frontera con Ucrania? E incluso, ¿qué pintan en ese guión los inmigrantes que los bielorrusos lanzan contra el muro polaco, de modo coetáneo? Por cierto, eso de emplear a masas de civiles como cobayas, a pie de calle, de plaza, o de frontera, es otro de los mecanismos “de cajón” de la zona gris.

En mi modestísima y probablemente equivocada opinión (eso sí, fundada), no es casual que estas acciones coincidan con la cumbre entre dos de los tres líderes más importantes del mundo. Xi Jinping, como siempre, mira hacia otro lado, para no quemarse. Como Roosevelt en Munich. Es el más listo de la clase. Pero Putin no se queda corto, acudiendo a la cita, porque lo que ha logrado es volver a entrar en la clase de los más listos. Lo cual tiene mérito, tras el desastre ruso de los años 90… y algo más hacia acá. Así, aunque la distancia entre unos EEUU evanescentes y un “Imperio del medio” ascendente (por un lado) y una Rusia resiliente (por otro lado) es muy grande, Moscú mueve la manija. El tercero en discordia define el futuro del mundo. Nada menos. Del mismo modo en que un partido menor, pero influyente a tenor de los resultados electores, define cuál será la coalición gobernante en la siguiente legislatura… siempre con ese partido dentro. Ya se sabe, no es necesario tener un gran porcentaje de escaños para gobernar.

Entonces, lo que Putin ha hecho a lo largo de estas semanas es comprobar hasta qué punto las cosas siguen igual que en la cumbre de la OTAN de Bucarest… en 2008. Y hasta qué punto la OTAN no está dispuesta a hacer concesiones. Dicho lo cual, los peces han picado en el anzuelo ruso.

Son muchos los que creen que el mayor error estratégico de Washington, OTAN mediante (víctima de su propio éxito, como tantas otras veces ha ocurrido con los vencedores a lo largo de la historia) fue prolongar su alargada sombra (de la mano, por cierto, de la UE) hasta las entrañas mismas del gran Oso dibujado por Magnus allá por el siglo XVI (demasiada historia como para ningunear según qué cosas). Entre los más críticos, buena parte de los teóricos realistas de la época (casi siempre, ciudadanos estadounidenses comprometidos con la seguridad de su propio país). Los políticos deberían hacer más caso a los académicos.

No podemos obviar (y, si lo hacemos, sería negligente) que la visión del mundo rusa sigue siendo mackinderiana. Por eso pacta con Alemania el Nord-Stream (no solamente es una cuestión económica, señores: es geopolítica). Y no es que a Mackinder eso le gustara: a ojos del británico, ése era el peor de los escenarios. Decía que el día en que se consume una alianza rusogermánica Europa se romperá en dos mitades, siendo la occidental, más mahaniana, la llamada a reaccionar contra ese proyecto.

Pero, para no llegar a ese extremo, Rusia plantea que mejor no tocar Ucrania. Y Polonia, mejor “neutralizada”. ¡Qué le vamos a hacer! ¡Rusia es como el escorpión de Schopenhauer! (Filósofo nacido, por cierto, en corredor de Danzig… ironías del destino…). ¡Es su carácter! Pero ese carácter depende de su ADN y el ADN de las grandes potencias (y hasta de las no tan grandes) está en su geografía.

Putin ha apretado las tuercas para comprobar que “nuestro” compromiso con Ucrania es firme. Pero también para comprobar la intensidad de ese compromiso… y para observar que no lo es tanto. Vayamos por partes, para entender la lectura que hace Putin: el compromiso es firme en los principios, que consisten en llevar “nuestra” lógica y “nuestras” instituciones hacia el Este, sin aparente final. ¿Eso incluye, a medio plazo y cuanto menos en lo que respecta a “nuestra” imaginería kantiana a la propia Rusia? Claro. Kant, por cierto, era de Kaliningrado… aunque entonces se llamara de otro modo… más ironías del destino…

Mala cosa, a ojos de Putin. Pero, no tanto porque -esa es la segunda reflexión de Putin- tampoco estamos dispuestos a poner toda la carne en el asador, ya que la respuesta a una agresión militar rusa en Ucrania vendría de la mano de (más) sanciones económicas. Y también de incrementar los efectivos aliados en la zona. ¡Menos mal que Ucrania no está dentro de la OTAN y no es de aplicación el a-5… pensarán muchos desde sus Cancillerías europeas! Por lo demás, ante tamaña contundencia en la respuesta planteada, en Rusia ya tiemblan de miedo (esto sí es una ironía).

Por cierto, la primera persona del plural, empleada en el párrafo anterior, responde a eso que los propios rusos llaman Occidente, en tono cada vez más jocoso. Pues, al parecer, ya no quieren ser parte de ello. Huntington, en su libro El choque de civilizaciones, todavía definía a Rusia como un Estado desgarrado (entre una esencia ortodoxa y una pulsión -como diría nuestro Ortega-, europeísta). Ahora bien… como apuntan Duguin, Primakov o Karaganov… en pocos años Moscú ha pasado de ser pro-occidental (con Yeltsin) a ser no-occidental (sin acritud, en los primeros tiempos de Putin y en la etapa Medvedev) a ser anti-occidental (hoy).

El problema es que no se trata de una mera descripción de los hechos: esos pensadores están cómodos así. Decepcionados con un Occidente autista, hambriento, pero decadente. Por eso (también por eso) cualquier otro aliado es mejor. Aunque se llame China y los números no salgan. Porque China es demasiado grande, demasiado poderosa y está demasiado cerca, como para que eso termine bien (Stephen Walt, en su libro The Origin of the Alliances plantea que ése en el peor escenario posible). Sin embargo, hace años que estamos arrojando a los rusos a los brazos de China. Precisamente, eso es lo que Brzezinski decía en su libro El gran tablero mundial que había que evitar a toda costa. Vivir para ver.

Así que Putin va a contribuir a dotar de un guión plausible al NCE de la OTAN. Por eso no es el más listo de la clase. Tras dos décadas de interinajes auspiciados por sucedáneos -la gestión de crisis y la “guerra” contra el terrorismo yihadista- la OTAN comenzó su andadura para balancear a la URSS y la podrá seguir para hacer lo propio con Rusia aliviando, de paso, a China, de ciertas presiones. Cosa que Pekín agradece. Porque es complicado ser enemigo de todo el mundo (a fuer de poco inteligente). Ya hemos dicho que Xi Jinping es el más listo del pelotón de los listos. Por eso mira los toros desde la grada. Como Roosevelt en 1938.

De manera que los Estados Unidos pierden la ocasión de que sea Rusia la que se relaje en su frente occidental, para que de ese modo Moscú se dé cuenta del órdago que tiene a sus espaldas (lo cual, también conviene a China). Mientas tanto (a consecuencia de ello) los gobiernos de Moscú y Pekín se comprometen a ir tirando por un tiempo más en lo que Duguin definía como una “alianza táctica” y Karaganov como una “amistad, que es casi una alianza”. Lo cual no conviene a Washington.

Y sí, son tres, no dos, los que se reparten el mundo. Hay que contar con China, y con Rusia, y los Estados Unidos deberían pensar en una ecuación con dos incógnitas que despejar. Pero están en la misma ecuación. No se pueden tratar por separado. De nada servirá.

Josep Baqués

Josep Baqués es Profesor de Ciencia Política en la Universidad de Barcelona y Subdirector de Global Strategy

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